Nueva Vulcano: "Pasaremos a la historia por ser una generación inoperante"


KEPA ARBIZU
Lumpen



"Los peces de colores" es el tercer disco de Nueva Vulcano. Banda catalana que sabe moverse entre las melodías y la "suciedad" del punk-rock. Posiblemente estemos ante el disco que incline más la balanza hacia el primer aspecto. Artur responde a nuestra entrevista con la mordacidad y la clarividencia que traslucen muchas de sus letras.


El sonido de Nueva Vulcano siempre ha sabido conjugar la tensión y crudeza con la melodía y los estribillos. En “Los peces de colores” parece que ésta segunda ha tomado un poco más de protagonismo. ¿Estáis de acuerdo?

Sí, estoy de acuerdo en las dos cosas. Es la primera pregunta, llevar la contraria de entrada sería poco apropiado. Nos sigue interesando hacer canciones melódicas con algunas notas feas. Creo que en esta ocasión Santi García lo ha hecho sonar mucho más bonito de lo que nosotros mismos nos imaginábamos. Nosotros nos pensábamos que sería nuestro disco más punki.

La voz en este disco suena más en primer plano, más nítida. ¿Habéis cuidado ese aspecto especialmente?

Como sabes, no tengo demasiadas aptitudes para el canto. Tampoco se me da muy bien improvisar. En la grabación del "Juego entrópico" hubo algunas canciones que las canté por primera vez en el estudio y aquello me agobió un poco. También tuve que escribir demasiadas cosas a última hora... Intenté que no me ocurriera lo mismo esta vez, traerlo todo más a punto. También es cierto que me ha apetecido más hacer el mirlo en los ensayos, que la voz ha tenido más presencia e importancia en el proceso creativo. Puede ser que la influencia de Guided by Voices -a los que estoy escuchando ahora mismo- se haya notado en este aspecto. Me lo digo yo a mí mismo porque nadie ha parecido percibirlo. Aprovecho para recomendar este grupo a toda la nueva juventud moderna.

La duración de los temas, por norma general, no llega a los tres minutos. ¿Es una premeditada búsqueda de lo esencial, de contar sólo lo necesario?

Estábamos contentos con las canciones en el 7" "Los días señalados", en que las canciones eran más ligeras, menos misteriosas y más directas. Quisimos seguir ese camino. La letra no suele alargar o acortar la canción. La música manda más sobre la letra que la letra sobre la música. Casi siempre. Somos un grupo de punk-rock.

¿La canción “Te debo un baile” se puede entender como una declaración de intenciones respecto a buscar un camino musical más accesible, menos “difícil”, o tiene otro significado?

¡Muy buena interpretación! No había pensado así sobre la canción, pero me parece sintomático que la escogida como single pueda tener este significado. La escribí en un momento en el que me encontraba un poco indispuesto pero preparándome para animarme, pensando en gente a la que no veía mucho desde hacía tiempo. De hecho hubo un amigo antiguo que en uno de los conciertos de la gira me vino a decir que hacía un tiempo que me estaba volviendo un capullo inexpresivo y cuando estaba cantando "Baile" me pareció que la canción iba sobre aquello.

En alguno de los temas del disco lanzáis algunas críticas, bastante directas, a ciertos temas concretos (construcciones mastodónticas, apagones... ). ¿Es la reacción al hartazgo frente al modo en que están funcionando las cosas?

Da la sensación de que estamos haciendo las cosas bastante mal. Y de que las cosas antes eran más bonitas. Parece una trivialidad hablar así después de lo que pasó el siglo pasado en España, supongo que deberíamos estar lo suficientemente agradecidos a la democracia y a la modernidad como para no preocuparnos por otras cosas pero... No puedo remediarlo, me da la sensación de que tenemos la oportunidad de hacer algo y que no, que simplemente pasaremos a la historia por ser una generación inoperante. A veces tengo fe en que no será así, en que seremos la hostia y cambiaremos algunas cosas. También es lógico que nos hayamos querido relajar un poco, al menos mientras hemos podido.

Artur, pasas de cantar en inglés con Aina a Nueva Vulcano en castellano. ¿Es difícil ese tránsito, cuesta adaptarse?

No me di cuenta. Quizás me acojoné un poco, según sugiere algún capullo-amigo. No sé si soy muy valiente, me gustaría serlo más.

Vuestras letras conjugan lo poético con lo corriente. Transmiten la sensación de convertir lo difícil en, aparentemente, fácil. ¿Hay mucho trabajo detrás de ellas?

No sé si soy muy trabajador, me gustaría serlo más, también. Lo de "convertir en fácil" te lo agradezco mucho, es un gran halago, de verdad.

Nueva Vulcano da la sensación de ser un grupo formado por personas que se divierten haciendo música y tratando de consolidar una carrera poco a poco. ¿Qué sensación tenéis estando dentro de un mundo como el de la música, donde muchas veces las apariencias y la búsqueda del triunfo inmediato está a la orden del día?

Sí, el placer de pasar el rato juntos haciendo canciones es el motor del grupo. Esta mentalidad nos ha ayudado cuando hemos estado algo desenchufados. Por suerte los grupos que más nos han cambiado la vida no han podido nunca comprarse una casa con esto de la música. Sería poco lógico que nosotros -con menos talento- lo pretendiéramos. Pero no os preocupéis por nosotros, estamos bien. Estuvimos en el 25 Aniversario del Gaztetxe de Andoain con Inoren Ero Ni, en el restaurante Ca Pepe de El Saler con Betunizer, en los primeros conciertos de Vistalegre, amigos de hace tanto. Esto es más de lo que querría pedir.

La Iglesia pasa el cepillo al patrimonio


Nadie sabe a cuánto asciende el patrimonio del mayor terrateniente privado del Estado español, pero el oscurantismo y la dejación de la Administración están consiguiendo un imposible: que aumente a pesar de la pérdida de fieles


ALFONSO MUÑOZ
Diagonal




Según las estimaciones de los expertos, la Iglesia católica apostólica romana posee unos cien mil inmuebles (de los que los templos son sólo una cuarta parte) y al menos otras tantas hectáreas de fincas, que incluyen gran parte del suelo disponible de ciudades como Toledo, Burgos, Santiago de Compostela o Plasencia. La inexactitud de las cifras se debe a que la Conferencia Episcopal deja en manos de cada diócesis la contabilidad. Pero es que ni siquiera hay un inventario de los monumentos cuyo mantenimiento es sufragado por el Estado, a pesar de que en 1982 se firmó un acuerdo para hacer esa catalogación.

Lo que sí se está conociendo es que día a día, sigilosamente, los obispos están inscribiendo a su nombre edificios de todo tipo que hasta ahora eran de los municipios. La iglesia, que se construyó por cuestación popular y a manos de la gente del pueblo, o la casa del cura cuyos gastos durante siglos han corrido de parte del ayuntamiento, de pronto pasan a ser de titularidad eclesiástica.

Una ley insólita en Europa

Todo gracias al artículo 206 de la Ley Hipotecaria de 1946 que otorga a la Iglesia católica, y sólo a ella, el derecho de inmatricular un inmueble declarando simplemente que le pertenece. Hasta 1998 este procedimiento no se podía aplicar a los templos. Una incongruencia que el Gobierno de Aznar se encargó de corregir alegando que negarle la propiedad de sus legítimos bienes era “inconstitucional”. Aunque el ex presidente obvió una irregularidad más llamativa de esa Ley, que otorga poder de fedatario público a una institución como la Iglesia. Algo “insólito” en un Estado moderno, según denuncia la Plataforma de Defensa del Patrimonio Navarro. Sólo en esa comunidad, la Iglesia se ha apropiado así de más de mil inmuebles en una década. Pero en el conjunto del Estado puede hablarse de un expolio en toda regla: este procedimiento se hace sin ningún tipo de exposición pública y muchos municipios, especialmente los que cuentan con menos medios, no advierten el hecho hasta que ya han pasado dos años y el registro es definitivo. En Xàbia (Alicante), el Ayuntamiento sí se ha enterado de la maniobra y va a impugnar el registro de la iglesia gótica de San Bartolomé, fortificada en el siglo XIV por el pueblo y siempre conservada por los vecinos, según consta en numerosos documentos, algo que ha desatado la indignación en la localidad.

Otras corporaciones municipales son más generosas con la Iglesia mediante las permutas de terrenos. Es el caso de Madrid capital, que en diez años ha cedido 40 parcelas de suelo público valorado en 120 millones de euros a cambio de una finca en una zona protegida de la cuenca del Manzanares, cuya valoración no iría más allá de tres millones, según Izquierda Unida. “Pero lo que es aún más grave es que se cedan parcelas destinadas a necesidades vecinales”, afirma la formación, que recuerda el caso del barrio de Butarque (Madrid) donde la Iglesia tiene más de una docena de parroquias y obtuvo terrenos para una más cuando no había ambulatorio ni escuela infantil y sólo un colegio y un centro de mayores para 15.000 habitantes. “Si ha conseguido esas cesiones con una finca rústica, ¿qué beneficio obtendrá de sus posesiones en zonas como Valdebebas o El Bercial?”, se preguntan los promotores que se han encontrado en los planos de esas zonas de expansión de la capital con el nombre de la Iglesia como propietaria.

Pero hay casos más evidentes de pelotazos, como la recalificación de un colegio de las Carmelitas en Cáceres donde se levantará un Corte Inglés multiplicando la edificabilidad del área; o en Ávila, donde el Obispado va a ingresar 19 millones por la venta de unos terrenos recalificados en 2005 de rústicos a industriales a pesar de que el actual polígono de la ciudad todavía está al 60% de su desarrollo previsto.

A todo lo anterior hay que sumar el dinero que las distintas administraciones ceden a la Iglesia para la restauración y conservación de sus edificios. Un dinero que a menudo sale del 1% de los presupuestos que por ley cada municipio está obligado a destinar a bienes culturales y que, como comentan las asociaciones laicistas, no repercute en beneficios para la población: “La iglesia tiene derecho a construir y reformar las parroquias que quiera, pero que se lo paguen de su bolsillo, y si ya no pueden, que lo que se haga forme parte del patrimonio nacional”.

Privilegios fiscales

Capítulo aparte merece el trato fiscal al patrimonio inmobiliario de la Iglesia, que gracias a los acuerdos económicos del Concordato de 1979 es “francamente privilegiado”, como lo califica el catedrático de Derecho Alejandro Torres Gutiérrez, autor de varios informes exhaustivos sobre el tema, incluido uno encargado por la Fundación Alternativas, próxima al PSOE. Aunque estas recomendaciones duermen “en el suelo de los justos”, según comenta a DIAGONAL Torres Gutiérrez.

Hasta 2007, la Iglesia ha estado exenta de pagar el IVA, a pesar de que el derecho comunitario aplicable desde la adhesión de España en 1986 lo prohibía. “Han tenido que pasar 21 años hasta que se ha acabado con esta anomalía, con el consiguiente perjuicio para el erario”, recuerda este profesor. Para lograr otro pequeño avance han sido necesarias hasta cinco interpelaciones de la Comisión Europea por iniciativa de IU. Al fin, en octubre el Gobierno retiró la exención del Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras (ICIO) a los inmuebles de la Iglesia dedicados a “actividades económicas” como las emisoras de la Cope o los lucrativos hospitales privados, amén de los miles de colegios –donde el Estado subvenciona casi todo–. Pero el resto de edificios siguen sin pagar, ni ése ni el Impuesto de Bienes Inmuebles o el Impuesto de Sucesiones. Estas exenciones incluyen las casas de los sacerdotes, algo que dota a éstos “de un estatuto privilegiado respecto al del resto de los ciudadanos, incluso mejor que el de los funcionarios públicos”, lamenta Torres. “Este privilegio choca con dos principios constitucionales, el de laicidad del Estado y el de igualdad”.

Y precisamente las herencias, pero en este caso de los fieles, se están convirtiendo en uno de los principales ingresos de algunas diócesis. No es de extrañar, así, que la de Valladolid se abalanzara sobre el legado de dos hermanas que en su primer testamento designaban a la Iglesia como heredera, aunque después se retractaran. Tras un largo proceso, ganó la familia y la diócesis perdió una donación que equivalía nada menos que a cuatro años de su presupuesto ordinario, el que cuenta con los donativos como principal fuente de ingresos y que día a día disminuye con la pérdida de fieles.

El Howard más gótico


Valdemar edita 'Canaan negro y otros relatos'



ÁLVARO CORTINA
El Mundo




"Ningún terror a lo tangible y comprensible puede igualar al terror originado por lo invisible y desconocido". Hoy en día nadie (ni siquiera Antonio Banderas) puede impresionar con un comentario así. Pero en los años 20 y 30 la cosa era muy diferente. El joven Robert Ervin Howard (1906-1936) impactó seriamente en las imaginaciones americanas armado con una máquina de escribir y una experiencia vital más o menos insulsa en poblaciones (más o menos polvorientas) de Texas y Oklahoma.

Lovecraft, que colaboraba también en la ahora mítica revista de narraciones pulp 'Weird Tales', le enviaba a Howard cartas admirativas desde Nueva Inglaterra. Lo cierto es que escribían parecido. Ambos se desfogan en las frases. Si leen 'Canaan negro y otros relatos de horror sobrenatural' o (ahora en bolsillo)'Las extrañas aventuras de Solomon Kane', de la sección gótica de Valdemar, se ve muy claro su (quizá un poco anticuado, un poco humorístico) efectismo estilístico.

Expresiones del tipo "temor primigenio", o apariciones que son una "cosa infernal", o "formas de vida blasfemas", o "seres sacrílegos", o "terror inefable". Tanto en Howard como en Lovecraft tenemos la acechanza de ese algo que con su sola visión lleva a la demencia: "los abismos de la locura". Howard utiliza indistintamente palabras como vampiro, fantasma, diablo, no muerto. Si uno de estos "seres de pesadilla", productos del vudú, se aproxima de pronto usa el verbo "reptar". Busca connotaciones monstruosas, ¿quién quiere claridad?

Los ocho relatos editados componen el total del ciclo Solomon Kane. Aventuras por los páramos, con fantasmas sólidos, en la Inglaterra del siglo XVII o por un África irreal ("infernal", que diría el autor). Kane va por ahí con su sombrero como un Allan Quatermain puritano con "facciones saturninas", y ganas de prender su cañón de mecha. "La jungla miente como una mujer silvestre que atrae a un hombre a su perdición", dice en 'Sombras rojas'.

En la línea célebre de Conan el Cimerio, sus personajes exclaman: "Por los fuegos del Hades", o le llaman a una "Ramera del Infierno". Si alguien es un "oriental" como en 'El horror sin nariz' ojo, que trae sospecha. Por estos derroteros se mueve el tejano.

El relato 'Canaan el negro' y 'Los moradores bajo la tumba', ambientados en el sur americano, son de lo mejor de estos trabajos editoriales. En el primero, el sureño se interna en los manglares con su látigo blacksnake y: "tres demacrados gigantes negros me mostraban sus brillantes dientes y el lustre del acero desenvainado en sus manos". Caerá él bajo el "Hechizo de la novia de Damballah". Recuerda en algunos pasajes a 'La llamada de Cthulhu'. 'Los moradores bajo la tumba' es muy explícito en su título subterráneo.

'La cosa con pezuñas' no lo es menos. En este divertido intento de terror residencial se cuela un rayo de fantasía épica. El protagonista coge una espada antigua. Dice: "combatiré con esta espada, que en la Antigüedad segó la vida de brujas y hechiceros, de vampiros y hombres lobo, contra las mismísimas legiones del Infierno".

'La casa de Arabu', del antiguo Egipto, o 'La perdición de Dermond' dan cuenta el interés del autor por la Historia. En este último por sus raíces irlandesas (y por los fantasmas irlandeses). Y, como curiosidad, se puede señalar 'Aparición en el ring', ambientado en Nueva York, título representante de un género popular del pulp ya desaparecido: el del boxeo. Aunque sólo se abarque aquí a Howard en el ámbito del terror fantástico, se aprecia su versatilidad.

El diablo de la perversidad

En 'El fantasma del anillo' se puede uno acordar del "diablo de la perversidad" de Poe con semejante parlamento: "La mayoría de nosotros hemos sentido el impulso de saltar de altos edificios. Y en ocasiones las personas sienten una cegadora, infantil e irracional ansia de herir a alguien".

Como es sabido, Robert E. Howard sintió es impulso vivamente (y mortalmente). Con 30 años se voló la sesera con un arma prestada en el asiento delantero de su chevrolet. Frente al porche de su blanca casita de Cross Plains, Texas (hoy museo). Estaba casi arruinado y su madre agonizaba (muchos han visto en él a un Norman Bates versión maromo de 90 kilos). Fueron enterrados a la vez en junio de 1936.

20 años después su obra fue reivindicada (especialmente su saga de Cimeria y de la Atlantis), sistematizada y reescrita por Lin Carter y Lyon Sprague De Camp, entre otros. La imprescindible Valdemar ofrece al Howard más gótico, traducido directamente del original. Con su talento y con sus defectos. Aunque sus cosas "infernales" impresionen menos.