Muere Alex Chilton, pionero del 'power pop' norteamericano


El líder de la banda Big Star y ex integrante de Box Tops, de 59 años, sufría de problemas cardíacos


FERNANDO NAVARRO
El País




La muerte de Alex Chilton significa el adiós a uno de los grandes músicos de culto de las últimas cuatro décadas en la escena del rock. Chilton, que ha fallecido a los 59 años a causa de un problema cardíaco según informó la CNN, representaba al artista independiente y calavera, tan capaz de lo mejor como de cosas más intranscendentales, pero la memoria colectiva del mundo del rock le recordará siempre por su dosis perfecta de power-pop, tanto en solitario como en The Box Tops y, sobre todo, en los grandiosos Big Star. Sin alcanzar apenas repercusión mediática en los medios generalistas, Chilton tenía una más que considerable acogida entre los músicos y la prensa especializada.

Nacido en Memphis en 1950, pronto tuvo inquietudes musicales pero no se le puede considerar un músico original de la ciudad del country de Sun Records. Sus influencias llegaron del entorno del soul sureño y de más lejos: en plena adolescencia se entusiasmó por los sonidos de la Invasión Británica, encabezada por los Beatles, los Rolling Stones, los Zombies o los Who. De ahí nace su pletórica visión musical.

Con una banda de instituto llamada The DeVilles, da sus primeros y tímidos pasos musicales pero gracias a un manager hábil y a sus buenas maneras deciden tomárselo más en serio y forman The Box Tops. Tuvieron un importante éxito con el tema The Letter. Pop adolescente pero con un buen espíritu de soul. Lo que en Estados Unidos y Reino Unido se conoció como Blue Eyed Soul, una etiqueta que englobaba a artistas blancos influenciados por el R&B, al estilo del primer Van Morrison, y en la que entraban Joe Cocker o Eric Burdon, entre otros.

Sin embargo, el salto de calidad llegó con Big Star, una banda esplendorosa, una estrella musical tan radiante como fugaz. Formada en 1971, Big Star fue por encima de todo la conjunción de Chilton y Chris Bell, que apenas duró un par de años. Ambos dieron forma a un estilo melódico de grandes vuelos que sembraba las semillas del power-pop. Guitarrazos directos, voces sugerentes y magnífica capacidad para absorber al oyente entre reminiscencias psicodélicas. En un tiempo en el que se extendía las atmósferas progresivas de Yes, las composiciones conceptuales de Pink Floyd o la rudeza de Led Zeppelin, los acordes efusivos de Big Star insuflaban un rayo de esperanza al siempre delicado y excitante mundo de la orfebrería pop.

El problema fue que Bell dejó la formación por continuas disputas con Chilton, que tenía, según varios conocidos, una personalidad muy complicada. Bell murió repentinamente en 1978 pero Big Star seguirían adelante con Chilton al frente y más de una reunificación, la última prevista para este año en el prestigioso festival de South By Southwest.

Pese a todo, #1 Record o Radio City, publicados a principios de los 70, son dos álbumes que, de alguna manera, se sellaron en los corazones de muchos amantes del pop melódico. Las imperecederas píldoras de Big Star serían utilizadas por varias generaciones como verdaderos elementos de estímulo creativo. Sin ellas, tal vez, no se entenderían los trabajos de REM, Teenage Fanclub, The Posies, Replacements, Long Ryders o Weezer.

El espíritu errante y complicado de Chilton fue símbolo de una carrera en solitario de bastantes tumbos. Se dejó ver en la escena del punk de Nueva York o dedicó algunas de sus energías a nuevas labores en los mandos de la producción, como cuando trabajó con The Cramps. Varios de sus últimos trabajos estaban repletos de versiones que dieron perspectiva de su altibajo compositivo aunque auténtico sentido ecléctico. En España, no fueron pocas las bandas que le tenían como una referencia, entre ellas, Surfin' Bichos. Porque Alex Chilton era un músico de culto, mitad maldito, mitad pura bendición, como los mejores temas de Big Star.

Pola Oloixarac: "Me gustaría pensar que el presente es el mejor de los mundos posibles"


Escritora argentina, publica 'Las teorías salvajes'


IGNACIO OROVIO
La Vanguardia




"Debo hablar ahora –por razones de fuerza– de mi hermosura". Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977) sólo es autora de la frase. La suelta Rosa Ostreech, la voz que busca y narra Las teorías salvajes, primer y obús libro de Oloixarac: el personaje de la semana en la Barcelona literaria. Bloguera, cantante, actriz, filósofa… Llega de la mano de la joven editorial Alpha Decay apadrinada por Ricardo Piglia y como "última" revelación de las letras argentinas. El libro mezcla la historia de la filósofa Ostreech con la de dos parejas –dos guapos y dos feos– que se lían entre ellos, sazonado todo de peterpanismo, sexo, antropología y filosofía: pura y/o aplicada, en una pólvora que no se digiere en dos días.

¿Es una novela, un tratado…?

Decididamente es una novela, que haya teoría o que yo intente jugar una manera literaria de plantearla no le exime de ser novela. Es un experimento entre novela y teoria. En cualquier novela, o en algunas que a mi me importan, está la pregunta de qué significa lo que estás narrando y cuáles son las operaciones semánticas lógicas y ontológicas para poder narrar esa cosa. Puedo hacer una novela no autoconsciente de esas preguntas o que sí lo sea. Se trata de encontrar otro camino experimental de fundir novela y teoría. Para mí de hecho están fundidas.

¿Esperaba esta repercusión?

Estoy muy contenta y sorprendida. Contenta de que haya encontrado tantos lectores. Cuando le puse el punto final no estaba segura de dónde iba a publicarla. Todos me decían que sí, que la iban a publicar, que era buenísima… En Argentina te dicen una cosa y luego no hacen nada, eso me pasó con dos editotriales. Una de ellas se fundió y ni siquiera me avisaron. Así que ese punto final estaba un poco atravesado por ansiedad por mi parte porque a la gente le gustaba pero los comportamientos no se corrrespondían… Tenía la fantasía de que gustaría a muchísimos lectores… Ha gustado a muchos escritores y eso es muy especial. Eso significa que, además de entretener, esa busca experimental encontró prontamente un oído donde resonar. En general los escritores se preocupan más por cómo se funde novela y tratado. Pensé que si esto está pasando tan rápidamente es que funciona, que me salió bien.

¿Reescribió mucho o salió del tirón?

Reescribí durante tres años. Superedité, cada palabra fue cambiada mil veces adentro. Fue un trabajo enorme, muy encerrado. Cuando empecé a terminar empecé a sentir la necesidad de publicarla. Escribí desde muy chica y nunca me importó mucho publicar, pero con esta tuve la necesidad de que estuviera fuera, que era necesaria.

¿Habrá más?

Estoy escribiendo una novela sobre plantas.

¿Sobre plantas?

Sí, me encantan, en especial las orquídeas, tengo una colección de unas treinta. Las teorías salvajes salió en diciembre de 2008 y desde entonces estoy con él, ahora tengo ganas de encerrarme de nuevo, lo necesito muchísimo.

El libro es como una ametralladora en la que no queda títere en pie: la revolución sexual, el mundillo cultural de buenos aires, la política argentina… ¿Tiene el libro esa intención?

Mmmm, tenía la intucion que con la novela como género podía hacer cualquier cosa, que es una especie de órgano capaz de captar todas las cosas que me preocupaban, y que yo percibo como una misma cosa, unidas. La guerra que recorre las relaciones contemporáneas la veía como totalmente implicada con la manera en que se perseguía en los años 70, con la manera en que el gobierno y su discurso pontificaba y hacía un análisis políticamente más profundo de la situación. Es complicado que cuando tienes una guerrilla como la montonera o una organización cuyo fin es destituir al estado, desde el gobierno se propongan como los detentores de la paz del estado o los fundadores de la democracia, cuando ellos no buscaban la democracia … Hay una suerte de operaciones retóricas que atraviesan Argentina, de impostura, mistificación y mentira que me perseguían. No podía para de verlas, y como además atraviesan todas las relaciones y todas las tensiones, no podía dejarlas afuera. Yo tenía que dar cuenta de eso. Lo hacía con cierta urgencia porque ni desde la literatura ni desde el periodismo había análisis de esa cuestión. Eso es muy común en Argentina. Nadie se pone a observar el peronismo: cuando cae, es visto como un dictador y de pronto en la generación posterior es el adalid de las libertades. De 20 años en 20 nadie revisa lo que pasó antes. Y eso se ve también en las crisis: en 1989, 2001, ahora…. Nadie tiene una memoria de contínuo, la historia es como mera conciencia archivísitica… Nadie aplica una visión de conjunto.

¿Estaría de acuerdo en que es un libro post? Post-político, post-revolucionario…

Me gusta que se reciba así…No quería hacer una novela postmoderna, no lo es en absoluto. Por el contrario. Aunque fuera un sentido loco, quería que tuviera un sentido. Traté de ejercer la mayor distancia posible respecto al último paradigma de lo aceptable, que es lo posmoderno, que no comparto ideológicamente porque me parece un problema

¿Esa inococlastia esconde una cínica?

Nooooo! ¡No, no! Soy una romántica. Busco sentidos absolutos, que la novela, la política y la ética se fundan… ¡No puedes ser cínico, todo lo contrario!

"La campanilla hace clin, cual eructo de ruiseñor". ¿Cómo se le ocurrió?

Mmmmm… ¡Suena así! Como un pajarito. No fue voluntario, salió. Es realista.

¿Por qué esos apuntes antropológicos?

Hay una convención que supone que existe un discurso científico equiparable al de las artes. Al mismo tiempo, en los tratados de antropología, de hace cien años por ejemplo, la mayor parte de los términos y las categorías ¡son absolutamente ficticios! Son una manera de abarcar una idea que tienen mucho en común con las de una novela. Lo que pasa es que tienen otra intención. Uno puede apropiarse de estos discursos porque su capacidad nociológica en sí no es diferente a la de una novela. Es tan ficción como la de una novela. Si estás inserta en el mundo tienes que encontrar la manera de contarlo. Me divirtió contarlo de esa manera.

Aunque sólo sea el engranaje y la arquitectura literaria que utiliza induce a darse la esperanza de que nos queda la cultura…

Sí. Las relaciones violentas que viven, sobreviven y nutren a la cultura no implican desestimar la cultura como lugar de conocimiento. Hay que dejar de lado cierta hipocresía. Quizás estoy algo influida por algo que leí sobre la polémica entre taurinos y antitaurinos que hay aquí. Me gusta mucho ese debate. No me gusta ver morir a un animal, me muero de ganas por ir a una corrida… Me gusta el argumento de que es importante esa muerte delante de todos, porque vuelve real todas las muertes que necesitamos para poder vivir en tanto que humanos. Como humanos nos enseñoreamos sobre los otros y no es extraño que estén afuera, que nos explayemos y las mostremos… Sí que puede ser obsceno, es la desnudez de la muerte, pero es la manera con que yo me puedo relacionar con los objetos: hay una corriente de la metafísica que dice que todo debe ser mostrado, toda la verdad debe salir del closet. Pero quizás hay una idea de la verdad que implica esconderla, taparla o dejarla bajo un manto de otra cosa, que también sea verdadera. La literatura es una forma de conocimiento, y en ese sentido, no todo está perdido.

Aquí se la acusaría de citar filósofos para darse caché, o de bajárselos de wikipedia.

Yo creo que no es tan fácil fingir la erudición. Podrías pensar en mi texto como un hipertexto de wikipedia, pero no funcionaría. Esa acusacion no es empírica, no fue hecha así.

No es una acusación.

Ya, ya, pero al contrario. Hay cosas que veo en wikipedia que pueden paracerse, pero yo también busco la noticia, la novedad, si no… En Argentina también podrían haber dicho una cosa así. Para mí, la erudición de wikipedia no es comparable a la de mi libro. Yo quiero que mi novela siga afuera de sí misma, tengo una relación muy nerd con mis libros y cultivo eso. No creo que en wikipedia este el conocimiento.

¿De qué se nutre? ¿Borges, Bolaño, Conrad…?

Mis influencias… Son Hobbes y Carl Schmidt en lo filosófico. Bolaño, sí, es cierto. Cortázar me encanta, Borges… ¡lo amo! Es todo para mí, mi lectura de adolescente… En los 80 la gente estaba fascinada con Borges, era la totalidad del conocimiento y la gente lo usaba como si fuera wikipedia, usaba sus definiciones, lo leía, eso era ser borgiano. Yo quiero tener una relación fuerte con Borges pero más para examinar y experimentar sus ideas, no sólo leerlo en tanto que borgiana sino hacer algo más con el fantasma, que sea más que eso y su sombra terrible. Quiero tener algo más que una relación imitativa.

En algún lugar acusa a los "europeos" de dárselas de superioridad cultural…

Sí, ja, ja, eso pasa. ¿Vos estuviste?



¿Y como un gran señor catalán? Mmmmmmm, no… …bueno, los argentinos fantasean taaaanto con los europeos. Es un signo de rango. Por eso la novela se mofa un poco de esa tendencia argentina absoluta a adorar a lo europeo, a querer impresionar con eso.

En algun lugar he leido que la "acusan" de ser de derechas, o de cargar contra las izquierdas…

Eso es muy argentino. Ahora hay una supuesta forma bienpensante que dice que la izquierda es algo que no puede ser criticado. Nadie la critica y eso es un problema cultural grave porque es la cultura oficial. Si no tienes artistas que quieran decir algo en contra de la cultura oficial… Al mismo tiempo cuaja con la intencion oficial de querer separar entre buenos y malos, entre izquierda y derecha, y yo creo que no es necesario ser de un lado o de otro. Si critico a la izquierda, eso no me hace de derechas. ¡Al contrario! Las críticas más interesantes para la izquierda siempre han venido desde la izquierda. Es una miopía absoluta no darse cuenta de qué lado están hechas estas críticas, que en todo caso son para mejorar a la izquierda. Funciona a menudo el mensaje de que o estás conmigo o estás contra mí. Es terrible. Para la izquierda basta con tener ideales de la boca para afuera. Por ejemplo, el gobierno se dice muy progresista pero jamás han tenido en cuenta ningún derecho de la mujer, ni reproductivo, ni derecho al aborto…

¿Escribe para denunciar?¿Por qué escribe?

Empecé a escribir a los ocho años. A los 9 hice una novela, Dias de revolución. La historia de una familia que esperaba en su casa agazapada la llegada de los revolucionarios. Opté por filosofía por esas ideas perversas de Borges, que veía en las ideas el camino hacia la literatura. Opté por esa carrera pero sólo para escribir.

¿No es en el fondo un ensayo sobre la belleza?

¡Sí! Es cierto, es así.

¿Es un desquite, un vómito, tener que hablar sobre eso?

No, al contrario. Yo sentía que la belleza no estaba tematizada como yo la quería ver. Me divertía hablar de todo eso, me parece sumamente contemporáneo. Al mismo tiempo existe este bienpensantismo, estos ideales sobre la belleza… El mundo es horriblemente superficial y lo único que importa es ser guapo o inteligente… Cuando estás con alguien, cuando has establecido un puente, no importa ni la inteligencia ni la belleza.

Al final resulta que la narradora es una tal Rosa, cuya amiga Pola…

Jaja, sí. Voy a desvelar algo: ese recurso lo ví en El diablo se viste de Prada, en el libro hace algo parecido… "En los 70 no había manera de sonar cursi, podías mandarte que tu objetivo en la vida era ser un poeta maldito y nadie se te reía en la cara. Ahora es diferente".

¿Es mejor?

Creo que ahora somos más irónicos y esa ironía puede ser más rica nociológicamente. Implica relaciones más críticas con el mundo. No sé si eso es bueno. Tiendo a pensar que sí. De lo contrario puedo tener un ideal y matar a quien sea con tal de perseguirlo, al menos una mirada crítica… Es difícil vivir una época y amarla al mismo tiempo. Me gustaría pensar que el presente es el mejor de los mundos posibles, porque de esa manera puedes hacer algo por él. Y para cambiarlo, esa es una relación ética realista. Es diferente tener la mira en un ideal vacío o una nostalgia permanente del pasado, tenemos que amar nuestra época porque es la manera de hacerla mejor.

¿Escribe para cambiar el mundo?

Los filósofos han hecho mucho por cambiar el mundo y si ahora hay que transformarlo… ¡la literatura es la manera! Jaja.

Cómo los medios ocultan el mundo

PASCUAL SERRANO
Revista Pueblos




El último estudio de la empresa de sondeos The Pew Research Center mostró que la credibilidad de los medios de comunicación ha caído al nivel más bajo de los últimos diez años. Dos de cada tres estadounidenses creen que las historias que leen, ven y escuchan en los medios a menudo carecen de rigor y precisión. El 63 por ciento considera que las noticias suelen ser inexactas. El libro de Pascual Serrano Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo (Península), repasa a lo largo de 620 páginas la actualidad internacional para mostrar su distancia de lo que nos informaron. A punto de editarse su cuarta edición, a continuación reproducimos un fragmento de su primer capítulo "Así funciona el modelo"

En los periódicos y en los noticieros televisivos se cocina de muy mala manera, pero nuestra sociedad devora el alimento basura con total algarabía. Y con la mayor impunidad. No hay inspección sanitaria informativa, ni a los telediarios se les exige una etiqueta en la que se indiquen sus ingredientes o su elaboración, nada garantiza que la dosis de noticias que tomamos haya sido contrastada adecuadamente. Así lo interpretaba la profesora de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos, Concha.

¿Cuántos productos informativos conocemos que las autoridades hayan retirado del mercado debido a su mala calidad? La mayor parte de las noticias que nos llegan se elaboran resumiendo, sin crítica y sin contrastarlas, algo que una fuente interesada ha contado a los periodistas. Es decir, el periodista –generalmente muy mal pagado, no especializado, con gran presión de tiempo y un contrato precario, temeroso de perder su puesto de trabajo- va a un lugar al que le ha citado alguien que tiene interés en hacer saber algo, toma nota de lo que le cuentan, con frecuencia no puede preguntar, resume lo más llamativo y fácil de entender y con eso elabora la noticia. Si es mentira, no lo sabrá ni tendrá tiempo de comprobarlo antes de que la noticia se emita. Sólo en la comunidad autónoma andaluza las televisiones locales recibieron una inspección de trabajo y de un total de 145 casos encontraron 61 incidencias: trabajadores sin inscripción y alta en la seguridad social, falsos becarios, falsos autónomos... La inspección se realizó gracias a la presión de las organizaciones de periodistas de Andalucía y es pionera y única en España. Nada invita a pensar que el panorama en las grandes cadenas sea diferente.

Por otra parte, casi la cuarta parte de las fuentes consultadas son decorativas, sirven para adornar la información, darle color humano, rostro, poner una nota de gracia o curiosidad… es decir, nada informativo, lo que los especialistas llaman pseudofuentes (el 23 por ciento).

Y aún hay más, el escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski comparaba la situación de censura que vivió en su país durante el denominado socialismo real con el panorama actual en los medios. Según él, aquella censura ahora está maquillada por la manipulación. Si antes, en su Polonia natal, los gobiernos impedían la difusión de determinadas noticias, ahora mediante los silenciamientos, la frivolización, el desvío de la atención a asuntos menores, la marginación de intelectuales díscolos e incluso las mentiras, el panorama de desinformación de la misma víctima –el ciudadano de a pie- no ha mejorado. El catedrático de Teoría de la Comunicación y presidente del mensual Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, no ha dudado en calificar de crisis la situación actual de los medios de comunicación. Las razones hay que buscarlas en el control cada vez más descarado que los grupos accionistas tienen sobre las líneas editoriales, hasta el desarrollo de Internet o el fenómeno de la prensa gratuita, que en el fondo no supone otra cosa que aumentar la dependencia de la publicidad. Pero también está contribuyendo a esta crisis, y es el tema que abordamos en esta obra, la pérdida de credibilidad que ha llevado a una situación en la que “la parcialidad, la falta de objetividad, la mentira, las manipulaciones o simplemente las imposturas, no cesan de aumentar. Sabemos que no ha existido ninguna época dorada de la información, pero actualmente esas derivas han alcanzado también a los diarios de calidad”

El Derecho a la Información

El asunto no es baladí, recordemos que el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) establece el derecho a “recibir informaciones y opiniones”. En el caso español, nuestra Constitución es la primera en Europa que recoge el derecho a recibir una información “veraz”. Por lo tanto, si las noticias de nuestros medios no poseen la veracidad ni la calidad necesaria y las opiniones no están equilibradas, se estarán violando los dos pilares legislativos fundamentales de nuestra comunidad por mucho que sigan alardeando de libertad de prensa.

Ignacio Ramonet recuerda casos emblemáticos que sólo muestran la punta del iceberg del desastre mediático. En Estados Unidos, Jayson Blair, el periodista estrella que falsificaba hechos, plagiaba artículos de Internet y que incluso inventó decenas de historias, causó un perjuicio colosal al New York Times, que a menudo publicaba sus fabulaciones en portada. Pocos meses después estalló otro escándalo, aún más estruendoso, en el primer diario de Estados Unidos, USA Today. Su más célebre reportero, Jack Kelley, una estrella internacional que desde hacía 20 años viajaba por todo el mundo, que había entrevistado a 36 jefes de Estado y cubierto una decena de guerras había inventado cientos de relatos sensacionalistas detallando como hechos y situaciones vividas lo que sólo era fruto de su. En opinión de la socióloga Angeles Díez, una de las autoras del libro Manipulación y medios en la sociedad de la información, el sistema dominante no requiere siquiera de la manipulación, basta con ese “recorte de la realidad” que nos ofrecen como verdad única y el hecho de que han ido desapareciendo los espacios de interacción social (centros de trabajo, sitios de reunión, espacios colectivos), de forma que el ciudadano se encuentra solo e individualmente ante la televisión, la radio y el periódico.

La información como mercancía

Ryszard Kapuscinski, tras cuarenta años de experiencia, se preguntaba en su discurso de la ceremonia de entrega de los premios de periodismo Stora Jurnalstpriset, en Estocolmo, en qué medida los medios de comunicación son un espejo fiel del mundo. Este periodista polaco señalaba que las nuevas tecnologías, la instantaneidad y el directo habían cambiado las condiciones de la profesión periodística. “Desde que está considerada como una mercancía, la información ha dejado de verse sometida a los criterios tradicionales de la verificación, la autenticidad o el error. Ahora se rige por las leyes del mercado.

Así, los grandes medios de todo el mundo replicaron como verdaderas, sin comprobar, las afirmaciones de la Casa Blanca con las que justificaron su invasión de Iraq. Todo lo que desvelaba Michael Moore en su documental Farenheit 9/11 era información conocida que, simplemente, habían escondido debajo de las alfombras los medios de comunicación. Todo ello le lleva a Ramonet a plantear que “cada vez más ciudadanos toman conciencia de esos nuevos peligros y se muestran muy sensibles con respecto de las manipulaciones mediáticas, convencidos de que en nuestras sociedades hipermediatizadas vivimos paradójicamente, en un estado de inseguridad informativa. La información prolifera, pero sin ninguna garantía de fiabilidad. Asistimos al triunfo del periodismo de especulación y de espectáculo, en detrimento del periodismo de información. La puesta en escena (el embalaje) predomina sobre la verificación de los hechos”.

El 51 por ciento de los estadounidenses creía, poco antes de la invasión de Iraq, que Sadam Hussein había participado “personalmente” en los atentados del 11-S contra EE.UU, según reveló un sondeo de la cadena de televisión CNN y el periódico USA Today de marzo de 2003. Y meses después de empezada la guerra todavía quedaba quien creía que existían armas de destrucción masiva en el país árabe. Dos sondeos elaborados en el año 2006, uno de Los Angeles Times/Bloomberg y el otro de New York Times/CBS News, mostraron que la mitad de la población estadounidense era incapaz de adquirir, procesar y comprender información. En Europa el panorama no es mucho mejor. Según el barómetro anual del Real Instituto Elcano, publicado el mes de diciembre de 2007, el 64 por ciento de los encuestados estaba convencido de que España pertenecía al Consejo de Seguridad de la ONU y un 39 por ciento creía que Polonia no era miembro de la Unión Europea. Es sólo una muestra de las muchas que el estudio confirma sobre el nivel de desinformación de los españoles.

La profesionalidad peridística, a debate

Ante esto, la resignación de los profesionales es todavía más inquietante. En un seminario sobre Periodismo de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en mayo de 2008, el presidente de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), Jim Boumelha, y el presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), Fernando González Urbaneja, discreparon sobre la independencia de los periodistas. Mientras que el primero afirmaba que el periodista es en la actualidad “menos independiente” y que existe “cierta autocensura para poder sobrevivir”, el español lo negaba y ponía como ejemplo que “los medios estadounidenses reaccionaron ocho años tarde a la posición gubernamental sobre la guerra de Vietnam, y en el caso de Iraq sólo han tardado un año y medio”. Año y medio para desmarcarse de la posición del gobierno, gran ejemplo de profesionalidad periodística si los ciudadanos deben esperar ese tiempo para empezar a conocer las verdades.