"The Big To-Do", Drive by Truckers. La esencia del rock


KEPA ARBIZU
Tercera Información




El modo en el que el grupo norteamericano Drive by Truckers ha llevado su carrera musical perfectamente podría ser utiliza como ejemplo de perfección. Han seguido, y siguen, los pasos que toda banda querrían para sí.

Es a finales de los noventa cuando inician su andadura. Sus primeros discos serán los encargados de ir moldeando la forma particular de su música, rock clásico de fortísimas influencias sureñas y una “lírica” dedicada a diseccionar la vida de los habitantes de la América profunda. Poco a poco se van granjeando una serie de fieles seguidores, que si bien en un principio no fueron demasiados en número si afanados en dar a conocer la banda. El éxito y despegue definitivo llega con la concatenación de tres asombrosos discos que sirven para poner su nombre entre los destacados del rock actual. “Southern Rock Opera” es el ambicioso proyecto que acometen en el 2001, un doble disco que por medio de la historia de Lynyrd Skynyrd, influencia ineludible en Drive by Truckers, hacen una reflexión de la decadencia de la cultura sureña. “Decoration Day” puede ser tomado como una continuación en el sentido conceptual, pero esta vez en un ambiente más local y con personajes de duros reveses vitales. “Dirty south” pone el colofón a esta trilogía, un broche de oro hecho a base de rock abrasivo mezclado con un derroche de dramatismo.

Totalmente consolidados es a partir de estos años cuando se empiezan a producir algunas bajas, todas ellas respuestas con otras tantas incorporaciones. La más importante y significativa es la de Jason Isbell (actualmente con una interesante carrera en solitario), no sólo un componente más sino también una de las fuerzas creadoras de la banda. Lo que parecía ser un cambio dramático y desestabilizador resulta bien controlado por el conjunto consiguiendo no verse alterado en su labor creativa. Su nuevo disco, “The Big To-Do”, es el segundo con la mencionada ausencia. Anteriormente editaron “Brighter than Creation’s Dark” un buen disco de duración excesiva (19 canciones) y que en todo momento dio síntomas de llevar en su interior un álbum sencillo magistral.

En el actual es Patterson Hood el que ha tomado las riendas a la hora de componer los temas. La mayoría están escritos por él y utiliza la metáfora del circo, relacionado con el loco mundo del rock, para retratar diferentes estados de ánimo, casi todos ellos marcados por la dificultad de sobrellevar la vida y sus diferentes varapalos. La historia de un niño abandonado por su padre está detrás de “Daddy learned to fly”. Confeccionado con la habitual tela de araña que tejen con el sonido de sus guitarras y la contundencia en la percusión. Lo mismo sucede con “Birthday boy”, cantada por Mike Cooley, contrapunto sereno a la voz más ampulosa de Hood, y dedicada a las miserias de una stripper. El propio guitarrista también interpreta “Get downtown”, con un sonido más “rockandrollero”, donde luce el trabajo de Jay González en los teclados, gran incorporación la suya, dándole un aire clásico al tema donde confluyen influencias de Chuck Berry y Rolling Stones. También será importante su labor en “The fourth night of my drinking”, ésta más profunda y sentida evocando el espíritu de Neil Young, nombre esencial para entender a Drive by Truckers.

Las duras guitarras aparecen muy patentes en la directa y poderosa “This fucking job”, de explícito título donde se describen las consecuencias de la pérdida de un horrible trabajo por parte de un hombre. “(It’s gonna be) I told you so” está cantada por Shonna Tucker (al igual que “You got another”), bajista de la banda, e imprime, a pesar de las guitarras eléctricas, un sabor a pop de los cincuenta muy curioso. “After the scene dies” es uno de los momentos estelares del disco, un tema que conjuga lo que es este grupo en esencia, músculo y sensibilidad y en la que aprovecha para mirar, de una forma nada autocomplaciente, al mundo del rock.

“The big to-do” se cierra cos dos canciones realmente lentas. “The flying wallendas” con gran carga tanto de electricidad como sentimental y la acústica “Eyes like glue” interpretada de nuevo por Mike Cooley esta vez con un aire folk.

Cuando Patterson Hood explicaba este disco como más rockero y guitarrero que los anteriores seguramente se refería a que contiene más melodía, más optimismo sonoro. Por poner alguna pega a un grupo que roza la perfección, tal ve se eche algo de menos mayor profundidad en los temas, más de ese dramatismo que ellos saben controlar tan bien, pero esto, no deja de ser una floja excusa para intentar negar la perfección que parecen haber conquistado estos músicos.

Marie Ndiaye, Ganadora del Premio Goncourt : "No sé escribir de otro modo que con dureza"


CARLES GELI
El País




El único gesto espontáneo de Marie Ndiaye (Pithiviers, Francia, 1965) es una brevísima apertura desmesurada de ojos en alguna pregunta. El resto de esta mujer de padre senegalés, que la abandonó junto a su madre francesa, está bajo un control férreo total: brazos cruzados, hilo de voz, sobrio jersey negro bajo pendientes blancos, mirada de soslayo a su interlocutor cuando cree que no la ve... Son gestos que traducen, de alguna manera, su literatura, donde fluye, bajo aparente normalidad, angustia, humillación, odio.

Precoz escritora desde los 17 años, Premio Fémina 2001 (Rosie Carpe), única mujer con una obra en el repertorio de la Comédie Française (Papa doit manger, 2003), con Tres mujeres fuertes (Acantilado / Quaderns Crema, en catalán) fue la novena mujer (primera negra) en ganar el Goncourt (610.000 ejemplares en Francia). En el que dice la crítica que es su mejor libro para conocer su obra, se describen las historias de tres mujeres "sometidas a los demás, sí, que aceptan lo que viene pero que intentan proteger, como sea, su dignidad".

Pregunta. Aparte de mujeres muy duras con ellas mismas, sus protagonistas no pueden volar por sus maridos y padres, que inspiran miedo o respeto. ¿Hasta qué punto es autobiográfico?

Respuesta. El primer relato, el de Nora, es quizá el que más: el padre es una figura poderosa, casi de cuento de hadas; parece más un ogro que un hombre real. Todas las familias son complicadas, suelen concentrar la gama de sentimientos humanos: amor, odio, celos, lealtad... Por eso hay tantas en mi obra.

P. Pero ese entorno familiar acaba agobiando, humillando o haciendo que los personajes se odien más. Y esos estados impregnan gran parte de su obra. ¿De dónde surgen esas atmósferas?

R. No lo sé: nunca me he psicoanalizado; no sé qué hay en mí. Pero me gusta que mis libros molesten, inquieten, perturben, no quiero que el lector tenga sentimientos en blanco o negro sobre los personajes; no sé escribir de otro modo que no sea con dureza.

P. ¿Ni en sus libros infantiles?

R. Tampoco son muy dulces; los cuentos son casi los mismos, sólo el final es un poco más feliz: de pequeña no me gustaban los tristes. ¿Escribir como mecanismo de defensa? Sigo intentando comprender este mundo nada simple, poner orden en el caos. Y sí, una sociedad así hay que cimbrearla. Le garantizo que no es agradable escribir de este modo.

P. Un padre que vive en la rama de un árbol, diablillos o ángeles en las barrigas de los personajes... Siempre disemina algo maravilloso.

R. Me encanta introducir elementos fantásticos en historias realistas, por estética y porque todo lo maravilloso ayuda a explicar mejor que lo real. Intento hacer algo parecido a lo que en cine hace David Lynch.

P. No hay muchas referencias explícitas ni al feminismo ni al racismo en sus obras, pero aquí aparece más África, por ejemplo.

R. Esos temas están pero no se explicitan porque me preocupa más lo literario que lo identitario; hago novela, no ensayo. Eso se lo dejo a mi hermano [Pap NDiaye, historiador y especialista en la cuestión negra en Francia]. Si hasta ahora no ha salido más África es porque no la conocía: sólo fui una vez, con 22 años, a ver dónde vivía mi padre. Hace poco volví por un guión cinematográfico.

P. Desde hace tres años vive en Berlín porque, afirmó, le asfixiaba la Francia de Sarkozy. El domingo sufrió un duro revés en las elecciones regionales.

R. Los Gobiernos regionales ya eran de izquierdas hace tres años. No, el problema es que la derecha francesa es muy dura, sobre todo en lo económico, contra los pobres. La derecha ya no tiene ese componente cristiano, esa compasión o paternalismo que tuvo incluso en sus peores momentos. Cada vez se acerca más a la extrema derecha. Me preocupa más lo socioeconómico que lo racial.

P. Hay quien dice que exageraba con el tema Sarkozy, pero tras leer su obra pensé que era coherente porque, a lo mejor, para usted representa una dureza delicada, una violencia latente.

R. Sí, es eso.