La Tierra de las Damas Eléctricas (Electric Ladyland)


ALFREDO ROSSO
Con-Secuencias




Hace pocos días, Sony Music volvió a poner en las bateas de las disquerías que aún resisten el embate de la música sin formato la discografía fundamental de Jimi Hendrix, incluyendo un álbum que se editó en 1968 y que aún hoy, cuarenta y dos años más tarde, sigue siendo sinónimo de originalidad y experimentación musical, “Electric Ladyland”. El disco era doble en el formato de vinilo, pero hoy se lo consigue en un solo CD y, en la nueva edición, con el acompañamiento de un notable DVD que relata los entretelones de su grabación, con entrevistas a sus protagonistas. “Electric Ladyland” marcó un gran salto evolutivo en la carrera de Hendrix y también fue el último que grabó con la Experience, el trío que había formado a fines de 1966 junto a dos músicos ingleses, el bajista Noel Redding y el baterista Mitch Mitchell. Fue su última gran obra en estudio y creo que vale la pena recorrer en detalle las circunstancias que rodearon a la composición y grabación de sus temas.

Hacia fines de 1967 Jimi se encontraba en la envidiable posición de ser uno de los músicos de rock más famosos del mundo, con dos exitosos discos en su haber, “Are You Experienced?” y “Axis Bold As Love” pero había ciertos aspectos del show business rockero que no le gustaban demasiado al virtuoso músico de Seattle. El cansancio de las contínuas giras y las recepciones para la prensa se hacía sentir pero a Jimi le molestaba algo que tenía que ver más con la esencia de su música. Jimi quería concentrarse más y más en la experimentación y meterse en terrenos musicales más aventurados. Quería que el aspecto exhibicionista de su personalidad pasara a un segundo plano, que la gente se olvidase un poco del tipo que tocaba la guitarra con los dientes o que le había prendido fuego a su instrumento sobre el escenario y que se concentrase más en su música y en sus letras. Jimi tenía, además, una comprensión poco común del proceso del estudio de grabación y de la producción y deseaba también controlar mejor el aspecto técnico de sus discos.

Por esos días, Jimi había declarado: “mi éxito inicial fue un paso en la dirección correcta pero sólo eso. Ahora nuestros discos serán diferentes, empezando por la técnica de grabación. Sé exactamente lo que quiero escuchar en mis discos. Ahora, además de escribir las canciones, voy a producirlas.” Y agregaba: “en el nuevo disco quiero que haya más temas instrumentales y canciones más largas, porque no siempre podés expresar todo lo que querés decir en dos minutos. Quiero que sea un álbum doble, aunque a la grabadora no le guste mucho la idea”. Ya en un terreno filosófico, Jimi decía: “Nuestro propósito es tratar de lavar el alma de la gente. Queremos hacer de nuestra música una religión. Ya es algo espiritual y queremos que se nos respete por ello. La llamamos “Música de Iglesia Eléctrica.”

“Electric Ladyland”, tercer álbum de la Jimi Hendrix Experience se comenzó a grabar en los estudios Olympic de Londres en diciembre de 1967 y se completó en Nueva York en agosto del 68. Empezaba con el tema “And the Gods Made Love” (Y los dioses hicieron el amor), otro experimento de efectos sonoros como el de “Exp” en el álbum anterior, “Axis Bold As Love”. Jimi, un poco como abriendo el paraguas, le había dicho a los periodistas: “se van a decepcionar cuando escuchen el primer tema del álbum, porque comienza con una pintura sonora de los cielos que dura 90 segundos.” Continuaba con “Have you ever been to Electric Ladyland” (¿Has visitado la tierra de la Damas Eléctricas?), un tema que Jimi escribió durante las sesiones del disco previo de la Experiencie, pero que se grabó recién en junio de 1968 en the Record Plant, un estudio nuevo e independiente de Nueva York que tuvo al grupo de Hendrix como el primero de varios ilustres clientes. El tema tenía unos falsetes que recordaban al gran músico de soul Curtis Mayfield y a su grupo The Impressions, y hay un clima de relajado optimismo en la forma en que fluye la melodía. Esa atmósfera de etérea placidez contrastaba con la adrenalina de “Crosstown Traffic”, procreadop durante unas sesiones londinenses de fines de 1967. Le hace honor a su título, porque el ritmo frenético y marchoso reproduce la tensión del tránsito en el centro de una gran ciudad, metáfora que Hendrix utiliza en la letra para referirse a una persona que es tan densa de entendederas que el protagonista de la canción se siente atascado al tratar de comunicarse con ella, como si estuviese atrapado en un embotellamiento de tráfico. En el tema hacen coros Noel Redding, Mitch Mitchell y el guitarrista de Traffic Dave Mason. A continuación llegaba el primero de los blues cósmicos de Electric Ladyland, la versión primigenia versión de “Voodoo Chile” (Chico Vudú), con el invalorable aporte de otro músico de Traffic: su alma mater, el tecladista Stevie Winwood. El contrapunto entre el órgano de Winwood y la guitarra de Hendrix son el marco justo para la voz de Jimi que va tejiendo esta trama de misterio y ocultismo. El otro elemento fundamental del tema es la batería de Mitchell que no se contenta con llevar simplemente el ritmo sino que, además, aporta sus propios comentarios percusivos a la atmósfera del tema. En el bajo, en esta ocasión, estuvo el músico de Jefferson Airplane, Jack Cassidy.

Uno podría dividir temáticamente “Electric Ladyland” en dos grandes zonas: los temas expansivos, con abundante improvisación, y las canciones de métrica más convencional. Pero aún entre estas existe una gran variedad de estilos. El tema de Noel Redding “Little Miss Strange” podría haber encajado con facilidad en cualquier álbum del naciente rock psicodélico inglés de 1967 o ‘68. Se comenzó al final de una tortuosa gira por los Estados Unidos, una noche de mediados de abril del 68 en que Jimi estuvo ausente del estudio. Hendrix puso su parte de guitarra la semana siguiente.

La segunda gira de la Experience por Estados Unidos concluyó en Abril de 1968, tan sólo dos días después del asesinato de Martin Luther King. El 7 de abril, Jimi participó en un recital de homenaje al gran líder de la comunidad negra estadounidense en the Generation Club, un local del Greenwich Village de Nueva York, lugar al que regresaría varias veces para zapar con artistas como B.B.King, Paul Butterfield, Roy Buchanan y el tecladista Al Kooper, a quien Hendrix invitó a tocar el piano en la grabación del tema “Long Hot Summer Night” (Larga y calurosa noche de verano). El piano de Kooper está ubicado un poco atrás en la mezcla por lo que Jimi quizás un poco a la defensiva, declaró “el piano de Al está allí más para ser sentido que escuchado.”

El 27 de agosto de 1968, Hendrix estaba en el estudio de grabación cuando recibió la visita de Linda Eastman. La futura esposa de Paul McCartney era en aquel entonces una famosa fotógrafa, especializada en grupos de rock. Su visita tenía por objeto seleccionar las fotos que iban a ser utilizadas en el arte de “Electric Ladyland”. Ese mismo día, la Experience grabó un enérgico rock del bluesman de New Orleans Earl King titulado “Come On” pero también conocido como “Let the Good Times Roll”.

Por su parte, Gypsy Eyes” (Ojos gitanos) comenzó como un demo en Londres y las bases de la toma final fueron realizadas en Nueva York en abril del ‘68. Aquí Jimi se dejó llevar un poco con las posibilidades de los efectos de sonido y con la lujuria de tener doce pistas a su disposición, de tal forma que la realización del tema se extendió a lo largo de dos meses. El tema está dedicado a la madre de Jimi, Lucille, quien había fallecido cuando Hendrix era todavía un niño.

Al promediar “Electric Ladyland” aparece un tema que había sido grabado antes que el resto y de hecho era el único que ya había aparecido, en forma de simple, un año antes. Se trata de “Burning of the Midnight Lamp” (El arder de la lámpara de medianoche), un lujurioso experimento sonoro donde Hendrix utilizó clavicordio, pedal wah-wah y un coro inusualmente imponente. Al aparecer como single, el tema no tuvo un gran desempeño en el ranking, lo cual llevó a Jimi a despotricar contra la estructura de las listas de ventas, que hacen que una canción sea vista sólo en términos comerciales y no artísticos.

El lado tres del álbum original de vinilo comenzaba con “Rainy Day, Dream Away” (Día lluvioso, para soñar). El ingeniero del grupo, Eddie Kramer recuerda que fue compuesto en Miami, después que un recital fuera interrumpido por una lluvia torrencial. El grupo se retiraba de Gulf Stream Park -donde había tenido lugar el fallido show- y Jimi ya estaba escribiendo la letra... Poco después, en junio de 1968, Jimi subió como invitado a tocar con la Electric Flag, el grupo de Mike Bloomfield y Buddy Miles. La química con el baterista Buddy Miles fue buena y Jimi lo invitó a tocar en “Rainy Day, Dream Away” donde se destaca su beat exacto y marchoso. El tema tiene, además, una gran parte de wah-wah, a través del cual la guitarra de Jimi parece hablar y hay una parte de órgano a cargo de Mike Finnigan, quien tocaba en una banda de rhythm and blues llamada The Serfs y una intervención del saxofonista de Traffic, Chris Wood.

En seguida llegaba la suite en miniatura integrada por “1983 A merman I Should Turn To Be” (1983, me transformaré en un tritón) y “Moon turn the tides gentle gentle away” (Luna, mueve las mareas suavemente). Se trata de una historia de ciencia ficción donde Jimi contempla la posibilidad de escapar con su amada de una tierra devastada por la guerra hacia un mundo submarino: “no para morir / sino para renacer”, dice Jimi, en medio de otro blues sideral que se va transformando en una batería de efectos espaciales y sonidos diversos que cruzan el plano del estéreo.

Después de semejante imagería acuática y mística, Electric Ladyland retomaba su parte terráquea en el lado cuatro con “Still Raining Still Dreaming” (Todavía llueve, todavía sueño), la continuación de “Rainy Day, Dream Away”, donde Hendrix da rienda suelta a las posibilidades sonoras del pedal de wah-wah, acompañado por Buddy Miles en la batería y Mike Finnigan en los teclados.

La época en que se grabó Electric Ladyland marcó un momento de especial tensión en el clima social y político de los Estados Unidos, con las marchas estudiantiles en contra de la guerra de Vietnam y con las minorías negras luchando por la plena vigencia de sus derechos civiles, en un clima enrarecido y endurecido por el asesinato del líder Martin Luther King. La resistencia pacífica por la que había abogado King encontraba la resistencia del ala más combativa del movimiento, la de los Panteras Negras, cuyos miembros más extremos llamaban a combatir el fuego con el fuego, en el campo de la discriminación racial. Hendrix describe este clima de violencia latente en el tema “House Burning Down” (Una casa se quema hasta los cimientos). El dramatismo de la letra está acentuado por la agudeza de las guitarras e incluso por el ritmo marchoso, casi tanguero del tema.

Recién llegado de una presentación en Suecia, en enero de 1968 Hendrix visitó las oficinas de Apple, como invitado a una fiesta en honor al grupo Grapefruit que había sido contratado por el sello de los Beatles. Esa noche, en compañía de Dave Mason, Jimi escuchó por primera vez el álbum de Bob Dylan “John Wesley Harding”, recién editado, y quedó tan impresionado que decidió grabar con la Experience su propia versión del tema “All Along the Watchtower” (Desde el mirador), donde una vez más Dave Mason iba a figurar como invitado, tocando el bajo y la guitarra acústica. Con respecto al autor del tema, Jimi declaró: “Quien no guste de Dylan debería leer la letra de sus canciones, porque son poesía pura; están llenas de las alegrías y las tragedias de la vida.”

“Electric Ladyland” se cerraba con una canción acorde con la riqueza conceptual, musical y lírica de semejante álbum; uno de los temas que se ha convertido con los años en un clásico casi insuperable de la discografía de Jimi Hendrix. La segunda parte de “Voodoo Chile”, apodada en el disco “Slight return” (Leve retorno). La introducción de guitarra con wah-wah debe ser uno de las frases musicales más famosas de la historia del rock. Y lo que viene después es un perfecto balance de dramatismo lírico-musical. Ese chico vudú que se proclama superpoderoso y hasta inmortal en la letra, se proyecta a las alturas inimaginadas, armado sólo con su guitarra.

Quiero cerrar esta entrada comentándoles que “Electric Ladyland” se editó en octubre de 1968 y treinta y cinco días más tarde desplazó al “Cheap Thrills” de Janis Joplin en el primer puesto del ranking estadounidense, donde permaneció por dos semanas. Cuarenta y dos años más tarde, este tercer álbum de la Jimi Hendrix Experience sigue siendo uno de los grandes clásicos del rock de todos los tiempos.

Justificar a ambos lados

Las cosas tienen que cambiar



Entrevista con Karlheinz Deschner, autor de la "Historia Criminal del Cristianismo". Aspirar a una sociedad sin dios, sin mitos, sin religiones mentirosas militantes



WELTWOCHE
Traducción e introducción de Anahí Seri


Karlheinz Deschner nació en Alemania en 1924 y se licenció en filosofía y teología por la Universidad de Würzburg. Es autor de numerosas obras críticas con la Iglesia Cristiana, entre ellas la Historia Criminal del Cristianismo, obra inacabada que va por el noveno tomo, y a la que se ha podido dedicar gracias al apoyo económico de varios patrocinadores privados. En 1971 fue juzgado por difamación de la Iglesia, pero ganó el juicio, y en los últimos años ha recibido numerosos honores. La Fundación Giordano Bruno ha instituido un premio que lleva su nombre, y cuyo primer galardonado ha sido el biológo Richard Dawkins.

Sr. Deschner, ¿cuál es la esencia del cristianismo?

Karlheinz Deschner: La buena nueva con pintura de guerra. Incluye muchas leyendas bonitas, por ejemplo la historia de la resurrección, así como muchos mandamientos bonitos, por ejemplo el mandamiento del amor al prójimo, del amor al enemigo, el mandamiento de no robar, no matar y la astucia de no cumplir ninguno de estos mandamientos. El cristianismo es la fusión de un coro con una conflagración.

Pero, ¿qué tiene de malo el cristianismo hoy en día? Historia criminal del cristianismo es el título de su obra principal, que va ya por el octavo tomo. ¿La Iglesia no ha perdido mucha influencia, al menos en Europa occidental?

En primer lugar: yo no estoy describiendo el cristianismo actual, el que existe ahora, sino un pasado, es decir, a veces (y a veces no) algo un poco distinto. Pero lo que sigue siendo criminal del cristianismo actual son las repercusiones de su ideología, las muchas consecuencias de su demencia dogmática, que no se conforma solamente con la fe, sino que quiere hacer proselitismo, expandirse, conquistar. Lo que hoy en día sigue siendo criminal del cristianismo es su desastrosa moral sexual y social, su práctica de proteger dentro del vientre materno lo que luego se sacrifica en la guerra; como si en las tripas de las mujeres se criara la carne de cañón. Los grandes sacrificios de los pobres a favor de los ricos se convierten en pequeños sacrificios de los ricos a favor de los pobres. Lo que las iglesias pierden, o parecen perder, en Europa occidental, lo ganan en otros lugares, por ejemplo en “God’s own country” (la Tierra propia de Dios, N. de la trad.)

Hoy en día, ¿el Islam radical no supone un peligro mucho mayor?

Dejando de lado sus propios potenciales agresivos, que se entremezclan con la miseria socioeconómica del Tercer Mundo, en lo que respecta al Islam que ya casi se ve sólo, como en su día se vieron los judíos o los comunistas, en el papel del mal, casi del único gran mal, ¿no podríamos pensar que este papel les viene bien a determinados sectores occidentales, no podrían incluso haber alentado, en secreto, el peligro islámico?

Pero es evidente que muchos terroristas de hoy en día legitiman sus asesinatos a través del Islam.

Sí, de acuerdo con la opinión pública que predomina aquí. Pero un estudio que la Fundación Bertelsmann llevó a cabo en todo el mundo y que se publicó a finales de noviembre llega a otra conclusión. Este estudio no menciona como motivo principal de la violencia política (que en los últimos cinco años se ha triplicado) el fanatismo religioso, sino la pobreza, la mala administración y la represión. Según el estudio, el extremismo religioso, incluido el islámico, está aumentando, pero en conjunto sólo supone una cuarta parte de los grupos terroristas. La mayor proporción, un 36%, sigue correspondiendo a los movimientos nacionalistas.

¿Cómo ve usted la relación entre cristianismo, Islam y judaísmo? La violencia y la exclusión de los que piensan de otro modo, ¿está presente en todos los monoteísmos, o hay gradaciones?

Las tres religiones monoteístas tienen algo de intolerancia. Algo de violencia y violación. Debido a su idea de ser el pueblo elegido, tienen unas aspiraciones absolutistas que excluyen de entrada una auténtica tolerancia.

¿Qué le motiva a usted a lo largo de las décadas para este trabajo increíble? ¿La indignación?

¿Qué me motiva? Muy sencillo: la injusticia. Una injusticia que clama al cielo, que durante milenios se ha empaquetado en palabras pseudo piadosas, en mentiras escandalosas; los detalles se pueden leer en mis muchos libros críticos con el cristianismo.

Usted se define como agnóstico. ¿Qué quiere decir exactamente?

Como agnóstico, soy honrado y dejo abierta la pregunta sobre Dios y sobre la inmortalidad. No la niego, aunque para mí El no tiene una gran probabilidad. Pues si bien comparto con Shakespeare la idea de que hay más cosas en el cielo y en la Tierra de las que puede soñar nuestra filosofía, pienso, como Goethe, que no podemos explorar esa cuestión, que nuestro cerebro está demasiado limitado. “Del mismo modo” dice Darwin “podría especular un perro sobre el entendimiento de Newton”. Y no lo digo con afán de criticar a los perros.

¿Usted fue creyente antes? Y en ese caso, ¿cuándo dejó de serlo?

Fui creyente de niño. A los diez años quería ser cura. A los once ya no. A los quince años leía a Nietzsche, en la universidad a Schopenhauer y Kant. Con eso fue suficiente para despedirme del cristianismo. Y con lo que ya conseguí acabar con un residuo emocional que tampoco se debe subestimar es con la escritura de Abermals krähte der Hahn (El gallo volvió a cantar), en su mayor parte una historia de los dogmas del cristianismo temprano, en parte una historia comparada de las religiones; 25.000 horas de trabajo en cinco años.

¿La reforma supuso un avance, una humanización del cristianismo?

No, para nada. Significó continuar con los crímenes. Bien es cierto que Lutero desenmascaró las leyendas de los santos como cuentos. Pero mantuvo las leyendas bíblicas; la creencia en el diablo; en las brujas; el exterminio de los herejes; el antisemitismo, la guerra, la servidumbre, el príncipe. A eso se le llama reforma.

¿Y en Suiza? ¿Zwingli fue mejor?

Zwingli no quería que lo confundieran con Lutero, le sabía muy mal que los papistas lo llamaran luterano, pero no era tan independiente, al menos en la práctica. Al igual que Lutero se amparaba en los príncipes, él se amparaba en el Consejo de Zurich, la ciudad república autónoma. Al igual que Lutero combatía los levantamientos de los campesinos, al igual que Lutero actuaba en contra de los que bautizaban, al igual que Lutero (y que todos los cristianos auténticos) se mostró a favor de la guerra. Igual que Lutero, dividió las tierras y, a diferencia de éste, atacó con toda violencia a los católicos del interior de Suiza. Finalmente, opinaba que “la Iglesia sólo podía renovarse por la sangre". La sangre era siempre lo que más les deleitaba, sobre todo la de los demás.

¿Y Calvino?

Ay, ese asceta enfermizo, pálido, vestido de negro, que parecía no sentir nada por la naturaleza ni por el arte ni le gustaban las mujeres ni disfrutaba de la vida, que sólo sentía un ansia insaciable de poder, que sólo quería imponer sus teorías, su dictadura teocrática; fanatismo acérrimo, espionaje sistemático, castigar y meterse en lo más privado de las vidas de los demás. Basta con pensar en su comportamiento vil hacia Miguel Servet, reformista como él, médico y filósofo de la naturaleza, a quien por una diferencia teológica metió en la cárcel y luego lo quemó en la hoguera, dejando que ardiera vivo durante media hora, hasta que la víctima, que no paraba de gritar, se convirtió en una masa de carbón. Doscientos años más tarde, Edward Gibbon, el gran historiador de la Ilustración, afirma que este sacrificio “le conmovió más que los miles que murieron en las hogueras de la inquisición”.

Una sociedad atea, ¿es automáticamente una sociedad mejor?

No, desde luego que no. Pero una sociedad sin “Dios”, sin mitos, sin la base de unas religiones mentirosas militantes, me parece algo a lo que merece la pena aspirar. No sé si las cosas mejorarán si cambian. Pero cito a Lichtenberg: "Pero las cosas tienen que cambiar para poder mejorar".

Los casos de pedofilia, ¿son un fenómeno nuevo, o forman parte de la Iglesia?

Por supuesto que la pedofilia no es nada nuevo. Eso existe en la Iglesia desde que existe la Iglesia, incluso antes, en los tiempos del cristianismo primitivo. Si leemos las cartas de Pablo, las auténticas y las seis falsificadas, se encuentran, igual que en otras partes del Nuevo Testamento, todo tipo de “pecados” sexuales.

¿Las “perversiones” de los sacerdotes están relacionadas con el celibato?

Es muy posible. Pero la mayor parte de los célibes no le hicieron mucho caso al celibato, en lugar de renunciar a una mujer mantenían a montones de ellas, en cierto sentido el matrimonio de los clérigos es sustituido por un harén de clérigos. En el siglo VIII, San Bonifacio pilla a los curas con cuatro, cinco o más concubinas en la cama. Luego hubo en Basilea obispos con veinte, con sesenta y un niños, incluso los monasterios están llenos de mujeres, y las monjas le hacen la competencia a las prostitutas. En el siglo XIII, hasta los papas se lamentan de la indecencia del clero, les dicen que son peor que los laicos, la podredumbre de los pueblos. En el siglo XV, en el Concilio de Constancia, el que quema a Hus, participan además del Espíritu Santo setecientas prostitutas públicas, sin contar las que se trajeron los propios padres del Concilio.

¿Y los propios papas?

En el mismo siglo, el papa Sixto IV, el que construyó la Capilla Sixtina, que lleva su nombre, y también un burdel de mucho éxito, cohabitaba con su hermana y con sus hijos. ¡Y en 1476 introdujo la fiesta de la Inmaculada Concepción! Por descontado que después de las reformas tridentinas continuaron las bacanales del clero. Incluso en el año 1970, una asociación católica de Munich lamenta la hipocresía los sacerdotes católicos, que mantienen relaciones secretas similares al matrimonio.

Entonces, ¿está usted a favor de abolir el celibato?

Para nada. Yo, al igual que los papas, estoy totalmente a favor del celibato: el que quiera ser católico, el que quiera ser cura católico, que se aguante.

¿Se puede decir que el primer cristianismo fue bueno, pero que la Iglesia lo convirtió en algo malo?

Eso es lo que creen muchos. Pero, aparte de que el cristianismo no tiene nada, absolutamente nada de original (desde la Navidad hasta la ascensión, todo son plagios), ya el primer tomo de la Historia Criminal testimonio en casi cien páginas las luchas de los primeros cristianos contra el judaísmo.

Usted mismo es la mejor prueba del espíritu liberal del cristianismo. En el Islam, haría ya tiempo que le habrían colgado una fatua.

Y antes, en el cristianismo, me habrían excomulgado, o colgado, o quemado, durante siglos. Que nadie se confunda: hoy en día es sólo la relativa impotencia del clero lo que impide que quemen a sus enemigos.

¿Vivimos en una sociedad laica, o la religión sigue siendo un factor importante, o incluso que va a más?

No hace falta más que encender la televisión para ver el tratamiento que reciben las iglesias y sus dirigentes, el papa, el espacio que se les dedica, los comentarios... Por no pensar lo que ocurrirá entre bastidores.

El papa actual, ¿tiene cabida dentro de su historia?

Sí, en la medida en que parece que continúa en todos los aspectos esenciales la política de sus antecesores, sobre todo la terrible represión sexual que me temo que seguirá cobrándose víctimas mientras vivan y mueran los hombres. El legado de quienes le precedieron se documenta en mi obra Política de los papas en el siglo XX, de casi 1400 páginas.

Benedicto XVI, ¿podría romper, si quisiera, con esta lamentable tradición?


En contra de lo que se suele creer, no tiene tanta importancia quién encabeza la curia. Por más poder que tenga, su margen de actuación es limitado. Depende de todo el aparato burocrático y jerárquico, de tendencias políticas y teológicas, de pugnas dentro de la curia y fuera, en la iglesia de los obispos. En la práctica, el papa, aparentemente un autócrata, está atado por todos los lados, muchas veces las decisiones ya están tomadas antes de que él las pronuncie. Rara vez tiene el papa la capacidad de integrar los extremos, a menudo no es más que el órgano de ejecución de un bando u otro. En resumen, el Vaticano es una camisa de fuera para su soberano.

¿Se pueden dar cifras de la víctimas del cristianismo?

Si a las víctimas directas (paganos, judíos, musulmanes, herejes, brujas, indios) se le suman las indirectas, por ejemplo las de las dos grandes guerras del pasado siglo, que todas las Iglesias cristianas alentaron con insistencia, no cabe duda de que han sido varios cientos de millones de humanos; por no hablar de los animales.

Vamos a ver. Las víctimas de las dos guerras mundiales, ¿se las atribuye usted a la Iglesia? El régimen comunista de la URSS era ateo, y los nazis también estaban en contra de la Iglesia. Los cristianos estaban en su mayoría del lado de las víctimas, o se opusieron a los regímenes totalitarios.

Casi todo eso es cierto. Ahora bien, y ahí está la vergüenza, las Iglesias, la católica, la protestante y la ortodoxa, todo el clero colaboró con los regímenes que hicieron la guerra, fue una íntima colaboración por todos los lados.

Pónganos un ejemplo. ¿Qué papel desempeñó el papa durante la primera guerra mundial?

Pío X, fanático antieslavo, prácticamente metió a Austria en la primera guerra mundial. Y también el secretario de estado del cardenal Merry del Val, nada más estallar el infierno, dijo literalmente que “tenía la esperanza de que la Monarquía fuera hasta el final”. Hay documentos que lo prueban sin lugar a dudas. Y hay miles de sermones vomitivos animando a la guerra, que rebosan de fervor bélico y espíritu asesino. A las matanzas las llaman “primavera de los pueblos”, “tormenta de Pascua”, el silbido de las balas es “el canto de la misa”, los cañones “altavoces de la piedad que llama”, las trincheras son “la gruta de Getsemané”, el campo de combate es “Galgatá”, y el instante de la muerte, el “momento divino”. Ahí estaban los cristianos, pero eran víctimas y también culpables, ambos.

¿Y en la segunda guerra mundial?


Bueno, pues antes el papa había apoyado desde el principio, y había llevado al poder, a todas las bandas fascistas, en Italia, Alemania, España, las más deleznables en Croacia. Y al principio de la segunda guerra mundial Pío XII amenazó a “millones de católicos del ejército alemán”: “Han jurado, tienen que obedecer.” Les metió en la cabeza que el Führer era el jefe supremo de los alemanes y que negarle obediencia era pecado. Este papa no sólo expresó, en mitad de la guerra, gran simpatía por Alemania, sino también, literalmente “admiración por las grandes cualidades del Führer”. Incluso le transmitió a éste, a través de dos de sus nuncios, literalmente, que “no deseaba nada con más anhelo que su victoria.”

¿Por qué? ¿Por miedo, por adaptarse? ¿O perseguía la Iglesia sus propios fines?

Pío XII (propietario de una fortuna personal de ochenta millones en oro y títulos) tenía la esperanza de conseguir, en la segunda guerra mundial (25.000 muertos diarios, gasto diario de dos mil millones de marcos) lo que el papado no había conseguido con Habsburgo y el Káiser alemán: el gran objetivo de Roma, convertir en católicos los Balcanes y someter a la Iglesia rusa ortodoxa.

¿Cuál fue la reacción de la Iglesia rusa ortodoxa?

Se puso inmediatamente del lado de la URSS atea, del lado de Stalin. Pues es que, sean católicos, protestantes o ortodoxos, en realidad siempre se trata de lo mismo, de una sola cosa: el poder, el poder, el poder. Y así pues, se hizo una llamamiento a la población para que apoyaran a Stalin, y se celebraron misas para rogar a Dios por la victoria del Ejército Rojo. Un Concilio de 46 obispos le deseó “a nuestro queridísimo jefe José Stalin una larga vida”.

¿La religión nos atonta automáticamente? ¿O también puede ennoblecer a los hombres?

No sé, tal vez en algunas ocasiones ennoblece, sobre todo a aquellos que por sí mismos también se habrían ennoblecido. Pero los cristianos buenos son los más peligrosos, porque se los confunde con el cristianismo. Y todas las creencias absurdas, siempre, nos hacen un poco estúpidos.

Usted lucha contra la literatura de mal gusto, el modo de vida americano y la crueldad contra los animales. Estos distintos combates, ¿surgen de una fuente común?

Sí, así lo creo: surgen de un aparato sensorial especialmente sensible, de una gran repugnancia tanto de lo falso como de lo injusto.

Hablando de América, ¿piensa usted que la religión es un factor importante de la política de Bush?

Desde luego que sí. De eso no hay ninguna duda, dada la mentalidad de muchos americanos, que son tan propensos a la beatería. En cuanto al presidente mismo, lo considero suficientemente retardado como para creerse las cosas “religiosas” que dice. Por una parte. Por otra parte, lo considero una persona con tan poco personalidad como para no creerlo. Sin querer subestimar su falta de inteligencia, esto último me parece incluso más probable.
¿Qué le respondería usted a un niño que entrara en una iglesia y le preguntara lo que es?

Citaría a Nietzsche: la sepultura de “dios”. Un recuerdo petrificado de algo que muy probablemente no existió jamás.

Usted ha dedicado su vida a una obra inmensa. ¿Volvería a hacer lo mismo?


Pues me gustaría haberlo hecho de otra manera en algunos casos: mejor, mejor en el sentido formal. Y lo que más me habría gustado es, no luchar contra algo (algo tan necesario como combatir el cristianismo) sino a favor de algo: la liberación de los animales. Pues lo que les llevamos haciendo desde hace miles de años, a unos seres tan sensibles como nosotros, que se alegran y sufren como nosotros: permitirles que nazcan sólo para poder sacrificarlos y comerlos, eso es el mayor crimen de la historia de la humanidad, algo horrendo. Lo pienso todos los días, a menudo, pero no debo pensarlo mucho para no volverme loco.

Una persona como usted, que probablemente no cree en la vida eterna, ¿se enfrenta al hecho de que la vida sea transitoria y la muerte definitiva?

Sí, son cuestiones sobre las que reflexiono. Soy viejo. Está oscureciendo, y la luz es mi color favorito. Pero prefiero morir con miles de dudas que morir eufórico pagando el precio de la mentira.

¿Tiene usted un sueño?

Mi madre solía decir que yo era un soñador obstinado. Me hice mayor y tuve algunos sueños, entre ellos el sueño del progreso, de un mundo mejor. Ahora casi sólo hay un progreso con el que sueño: que los políticos y los curas no nos den miedo, sino risa.

Más cárceles, más presos y más mano dura a golpe de titular



Pese a que el Estado español tiene uno de los índices de criminalidad más bajos de la UE, su legislación se endurece siguiendo los debates generados en los medios, una solución rápida que no tiene en cuenta la realidad de la cárcel
ROSA MARQUÉS CARMONA
Diagonal



En plena tramitación del endurecimiento del Código Penal impulsado por el Gobierno, con el apoyo parlamentario de PP y CIU, son pocos los espacios informativos en los que se da cabida a las voces ciudadanas y del mundo del derecho que piden un mínimo de reflexión y rigor.

El endurecimiento de las penas se está legislando “a golpe de noticias sensacionalistas, bajo el sometimiento a la opinión pública que está, a su vez, a merced de los medios de comunicación”, como ha señalado estos días la asociación de Abogados Europeos Demócratas en el Congreso Internacional La cárcel en Europa celebrado en Pisa (Italia). Un mal extendido no sólo en el Estado español, sino en toda Europa y un hecho que en nuestro país llevan años denunciando asociaciones de familiares de presos y profesionales.

Pese a que los delitos graves han disminuido en los últimos 40 años –se producen menos de la mitad de violaciones, homicidios y asesinatos que entonces–, ahora, a cada uno de estos crímenes, se les dedica medio telediario o un programa de televisión completo, provocando una alarma social que, cada poco tiempo, justifica la exigencia del endurecimiento de las normas penales. Una vez más, las cifras: en el Estado existen 87 cárceles. Todas, excepto las de Cataluña, dependen del Ministerio del Interior (Instituciones Penitenciarias –II PP–). Según datos de la Secretaría General de II PP, en marzo de 2010 la población reclusa total era de 76.570 personas.

Desde 1990 se ha producido un incremento del 130% aunque el aumento de la población española, según el Instituto Nacional de Estadística, ha sido del 20%. ¿Qué delitos han cometido? En enero el cómputo de población penada era de 58.413 personas. Más de la mitad, es decir el 67,32%, está privada de libertad por robos, hurtos o tráfico de drogas –y no hablamos de grandes narcotraficantes–. Sin embargo, los delitos de homicidio (5,23%), contra la libertad sexual (6,22%) o contra el orden público un 2,96%, en el que se encuentra clasificado el terrorismo, sólo significan el 14,2% de la población presa. Es decir, la alta peligrosidad y la gravedad de los delitos de las personas que sufren la cárcel, y que subyacen las peticiones del endurecimiento del sistema penal, no responden a la realidad.

El Estado español, con una de las tasas más altas de población reclusa de Europa, tiene, sin embargo, uno de los índices de criminalidad más bajos. Un hecho que incluso se reconoce desde el Ministerio de Interior: entre julio de 2008 y junio de 2009 la tasa de criminalidad en el Estado español fue de 47 delitos por cada mil habitantes. La media europea está en 70,4. ¿Por qué entonces endurecer las penas cada vez más, alargándolas, abusando de la prisión preventiva, dificultando los beneficios penitenciarios… y continuar construyendo macrocárceles?

El hacinamiento

“La vida en prisión comienza en el momento del ingreso. Es el momento en el que la persona debe dejar atrás su identidad social para adoptar la nueva identidad de preso”. Pero ¿en qué consiste la “identidad de preso”? Lo explica con claridad uno de los pocos estudios realizados en Estado español para conocer la realidad carcelaria a través de los testimonios de los propios presos (Mil voces presas, 2002). Un estudio que encontró no pocos obstáculos por parte de Instituciones Penitenciarias, y que dejó patente que “existen dos visiones sobre la realidad carcelaria: una, la que trata de sostener y mantener la administración penitenciaria con todos los medios a su alcance –entre ellos los medios de comunicación–; y otra, la percibida por aquellos que soportan el control, dominio y represión de un sistema, el carcelario”.

La cárcel no evita la reincidencia, sino que la aumenta y se ceba sobre los grupos sociales más desfavorecidos, que son la clientela habitual de estas instituciones. El progresivo incremento de las personas presas –que roza ya las 5.000 por año– trae consigo uno de los principales problemas –aunque no el único–, el hacinamiento. Existe un nivel de ocupación que alcanza el 149% en algunas cárceles, con el agravante que supone el elevado número de personas encarceladas con enfermedades infecciosas, enfermedades mentales, drogodependencias –más del 60% de los reclusos–, etc., prácticamente desatendidos por unos funcionarios desbordados y desmotivados, en su mayoría, y en continuo conflicto sindical con la Dirección General de Instituciones Penitenciarias.

No es extraño que los casos de suicidio, sobredosis o muertes por el avanzado estado de una enfermedad –sin una atención médica a tiempo– se den a diario. En la actualidad, por cada 250 presos hay sólo un psicólogo, un médico, una trabajadora social... “Para paliar este hacinamiento el Gobierno propone la creación de 11 nuevas macrocárceles, en lo que será el mayor programa de construcción penitenciaria de la historia de España, de aquí a 2012”, tal y como denuncia la Asociación de Atención Integral a presos y ex presos Arrat. Según esta organización, el presupuesto para ello asciende a 1.647 millones de euros, que se sumarán a otros 1.504 millones ya aprobados anteriormente. “El problema es que si se sigue con el ritmo de crecimiento de la población penitenciaria –continúa Arrat–, llegado 2012 existirían 80.000 presos y el déficit de las celdas (24.000 plazas) sería, paradójicamente, superior al actual, de 15.000 por lo que habría que seguir construyendo más macrocárceles. ¿Pero a quién beneficia todo esto?”.

La soledad extrema, el aislamiento casi absoluto, la total ausencia de intimidad, el sometimiento radical –intensificado en el caso de los presos clasificados en primer grado, en los departamentos de aislamiento y en las durísimas condiciones de traslado de una cárcel a otra–, animalizan a la persona. Las torturas psicológicas y físicas a las que son sometidos en muchos casos, reducen la capacidad social de la persona a cero. La cárcel no sólo no evita la destrucción física y psíquica del individuo sino que, indirectamente, por su configuración, la facilita.

Dispersión

Por si fuera poco, el incumplimiento de la ley General Penitenciaria se produce con demasiada frecuencia: número de presos por celda, condiciones de ésta, criterios y métodos utilizados para el estudio, observación y clasificación de las personas presas, ausencia de tratamiento individualizado... A lo que hay que sumar los malos tratos físicos, bajo la apariencia de legalidad, que se dan en las cárceles. Además, casi la mitad de las personas presas no cumplen condena en cárceles situadas en la provincia donde se encuentra su domicilio, una situación que genera desarraigo familiar y un sufrimiento añadido que, desde Instituciones Penitenciarias, se justifica por la disponibilidad de plazas en unos u otros centros, pero que muchos presos consideran sanciones encubiertas –condenas dentro de las condenas– y obliga a los familiares a desplazarse cientos de kilómetros, con el coste económico que conlleva. Estos traslados –algunos de más de diez horas– se dan, por si fuera poco, en unos vehículos y en unas condiciones inhumanas que ponen en peligro la vida del preso. Si se conociesen los efectos de las cárceles muchas personas no permitirían su existencia.