Joe Sacco: "Quiero dar voz a los palestinos"


Tras narrar los conflictos de Palestina y Bosnia, el dibujante publica ahorael cómic Notas al pie de Gaza, que relata la masacre de 300 palestinos en 1956


GUILLAUME FORMONT
Público




Palestina es un país ocupado, destruido, azotado por la violencia de la guerra. Los palestinos son los rehenes de la fuerza militar israelí, de la mala fe de la comunidad internacional, de la corrupción y del extremismo de quienes se dicen sus portavoces. ¿Demasiado subjetivo? ¿Falta la supuesta y necesaria objetividad ante un conflicto?

"La objetividad no existe. Los periodistas creen que hacen bien su trabajo cuando consiguen las versiones de los dos lados, pero su labor no termina ahí. Hay que ir más allá, hay que mostrar lo que realmente está pasando en el terreno. No pretendo dar mi opinión sobre un conflicto, sólo soy honesto", zanja Joe Sacco, referencia mundial del cómic desde que relató, a principios de los años noventa, la vida cotidiana bajo las bombas en Palestina. En la franja de Gaza. Era la primera vez que viajaba a aquellos territorios.

Joe Sacco (Malta, 2 de octubre de 1960) regresó a Palestina, a Gaza, aquel minúsculo territorio de 40 kilómetros de longitud por apenas 12 de anchura que aparece todos los días en los medios de comunicación, para publicar Notas al pie de Gaza (Mondadori). Son más de 400 páginas de viñetas que bucean en lo cotidiano de la gente y sus memorias para intentar explicar la situación actual, para entender "cómo se sembró el odio en sus corazones". "Este libro es una manera de dar voz a los palestinos, mostrar sus vidas, ¡mostrar que son seres humanos!", explica Sacco a Público en una conversación telefónica desde su casa de Portland (costa oeste de Estados Unidos).

A principios de 2001, Sacco acompañaba a un periodista de la revista estadounidense Harpers para narrar cómo los habitantes de la ciudad de Khan Younis vivían la segunda Intifada, cuando la dirección de la publicación decidió suprimir las referencias al asesinato, en noviembre de 1956, de 275 palestinos a manos del ejército israelí. Hasta lo documentó un informe de la ONU. "Aquello me molestó, aunque no creo que fuera censura política, sino simplemente un problema de espacio", reconoce el autor. Y decidió regresar.

Entender el pasado

Notas al pie de Gaza es una investigación sobre un acontecimiento grave y sólo tenía las informaciones de la ONU. Había que comprobar lo que había pasado", añade. Entre noviembre de 2002 y marzo de 2003, Sacco viajó dos veces a la franja de Gaza, a Khan Younis y a Rafah, donde descubrió que también hubo una masacre de civiles: "Tenía que encontrar testigos de aquello para saber lo que realmente pasó. Entender el pasado es muy importante para comprender el presente. Porque hay algo que no cambia: la situación en Gaza siempre ha sido y es mala, la gente sufrió y sigue sufriendo".

El lector descubre, en blanco y negro, los recuerdos de personajes, como Saleh Shiblaq, antiguo militar; Khaled, que vivió años en la clandestinidad, y Mohammed Atwa El-Najeeli, que vio a su familia morir aquel día de noviembre y que sobrevivió a las balas israelíes. Entre otros muchos. Sacco los conoció en persona gracias a Abed, guía y traductor. "No elegí a los protagonistas, me eligieron a mí. Muchos encuentros fueron por coincidencia", confiesa.

La voz de los testigos

Su dibujo es preciso, duro, aunque no deja indiferente. Los rasgos de los protagonistas son un poco groseros. Recuerda al trabajo de Robert Crumb "es uno de mis héroes. Es capaz de pintar cualquier cosa y hacer sentir su existencia al lector", dice Sacco. El autor entra en las casas de sus testigos, el lector los escucha mientras va entendiendo la complejidad del conflicto.

Uno de los testigos de Sacco, Raesa Salim Hassan Kaloob, narra que era una adolescente cuando vio "a todos los hombres juntos, con la cabeza contra el suelo, y a los judíos que andaban entre ellos de un lado a otro. Si alguien se movía lo apaleaban. Les disparaban por encima de las cabezas". Y los fusilaron.

¿Cómo creerlos? ¿Quién miente y quién no? El propio Sacco siempre protagonista de sus obras plantea sus dudas en el cómic: "Se lo cuento todo al lector, quiero darle todas las piezas. Es verdad que iba a encontrarme con un problema de memoria, 50 años tras los hechos. La observación de los detalles de sus vidas, de lo que les rodea, es importe. No sólo baso mis historias en lo que me cuentan". Y, curiosamente, a Sacco nunca se le ve dibujar en el terreno. Toma notas, saca fotografías y graba las conversaciones.

"Las únicas veces que dibujo durante mis viajes es cuando resulta imposible sacar fotografías, como en los puntos de control militares. Escribo mucho, tenía centenares de páginas de apuntes para esta historia. Mi prioridad es tener la historia", explica Sacco. El proceso es largo: "Cuando vuelvo a casa, transcribo las cintas de las entrevistas, leo mis apuntes. ¡Tardo meses! Y luego escribo un guión; para este libro, necesité años". Tiene una editorial que lo respalda y que le financia sus viajes.

Edward Saïd (Jerusalén, 1935 - Nueva York, 2003) escribió sobre el trabajo de Sacco: "Sus imágenes son más gráficas que cualquier cosa que uno pueda leer o ver por televisión". El dibujante es consciente de la fuerza del cómic: "Las viñetas tienen fuerza, incluso en el sentido periodístico, porque los lectores están ahí, en Gaza. Pueden sentir la atmósfera con dibujos".

La dureza de la realidad narrada por Sacco casi lo convierte en un activista pro palestino, aunque al autor no le gusta nada: "No soy un activista, sino un dibujante que hace periodismo. Insisto, sólo busco la verdad". Y aunque esta verdad pueda molestar, Sacco nunca se sintió amenazado, ni por los israelíes, ni por los palestinos. "Era consciente de que era peligroso, pero nunca sentí que mi vida corría peligro. Algunos me critican; un historiador israelí me dijo que desconocía lo ocurrido en 1956, pero nadie niega que pasó.", asegura. Joe Sacco dedica su libro "al pueblo de Gaza".

Un capitalismo más político y desglobalizado


El ex presidente de la Red de Internacional de Comercio Justo, Antonino Perna, pasó por Buenos Aires y dejó sus impresiones sobre un nuevo paradigma económico, político, mixto y descentralizado. "Europa debe disminuir su estándar de vida y América latina está mejor políticamente", advierte

GUIDO CARELLI LYNCH
Revista Ñ




El sociólogo italiano Antonino Perna sufre en silencio y con desesperación el calor intenso del Hotel Bauen. Mientras habla y se apasiona, con moderación como se apasionan los académicos europeos, transpira, se enoja y larga sentencias suavizadas nada más que por una actualidad más preocupante. "Europa tiene que reducir su estándar de vida. Hay que adaptarse a una nueva división internacional del trabajo. Europa tiene que buscar un papel distinto al del pasado, como América latina", dice este especialista en economía "non-profit" (sin fines de lucro) y ex presidente de la Red Internacional de Comercio Justo.

"El mundo es otro", avisa. Se acabó el tiempo del crédito fácil y de ahora en más habrá que pensar la economía con una dosis de más humanismo. La economía y la democracia, dos entidades fatal y falazmente separadas. "Cuando se cayó el muro de Berlín la democracia como forma de gobierno se extendió en todo el mundo. El 90% del mundo tiene en lo formal democracias liberales, pero la esencia de esas democracias se desvalorizó. ¿Qué es la democracia, si hay una pequeña parte de la población que controla el voto y maneja las finanzas?", se pregunta, contesta e hilvana Perna, de paso por Buenos Aires para la reciente conferencia "Derechos Humanos y Democratización: entre público y privado, entre global y local", organizada por el Centro Regionale di Intervento per la Cooperazione, de Italia, y la Universidad Nacional de San Martín. No le cuesta demasiado argumentar, cuando tiene en la cabeza a su Italia, gobernada por el hombre más rico del país, con 6 canales de televisión sobre un total de 7 señales abiertas y, quien controla además el diario de mayor difusión de la nación.

"Esta es una etapa de transición en todo el mundo, hay un desequilibrio permanente. Por esto es difícil imaginar el futuro. Tenemos que buscar un nuevo equilibrio. No podemos pensar en regresar a los años 70 donde Europa y EEUU tenían el 70% de la producción mundial. No es justo, pero hay que pensar en un modelo de desarrollo distinto", sentencia.

-¿Qué es la economía non-profit y por qué va a ganar más espacio en esta crisis?

-La novedad positiva de la crisis es que ya no hay nada más que mercado y Estado. Hay un nuevo agente muy fuerte en Europa que es el sector non-profit. No son sólo cooperativas sino también empresas sociales que desarrollaron líderes nuevos muy capaces formados con experiencia concreta en el campo. Hay una nueva participación política a nivel local que no es entre dos partidos tradicionales sino que es una forma de ciudadanía en la cual los ciudadanos trabajan sobre un proyecto para su territorio, para su ciudad. A nivel nacional tenemos un problema, a nivel local tenemos una situación positiva, porque hay más participación.

-¿Cuál sería el problema nacional?

-Que la diferencia entre derecha e izquierda ya no es clara. Y la gente decide si vota a Sarkozy o a Merkel porque son más o menos fotogénicos. Es el modelo norteamericano. Obama es un hombre que suscitó expectativas en todo el mundo y su simpatía de comunicador tuvo mucho que ver. Pero un hombre no puede cambiar por sí solo el sistema.

-Usted compara esa fascinación por los personalismos como una adaptación de la teoría del Super-Hombre de Nietzsche...

- Es lo mismo. Nietzsche es el fundador teórico del nazismo, de la idea de que necesitamos un superhombre para superar el destino. Ahorita hay una derecha española que tienen eslóganes sociales y una izquierda que quiere cortar el gasto y la deuda. Ahora se invirtieron las cosas.

-¿Y cuando habla de una nueva división del trabajo a qué se refiere?

-A que tenemos un problema estructural, que es que el sistema productivo europeo se deslocalizó en los países de Europa del Este y en India. Un millón de trabajadores se quedaron sin trabajo en Italia, en España 3 millones perdieron su empleo. Alemania, que es más fuerte, también tiene problemas. Esto no puede continuar así. Tenemos una crisis ambiental y todo esto se puede afrontar con un nuevo desarrollo, con un equilibrio entre lo local y lo global. Todos los países tienen que depender menos de lo global. Europa depende del gas ruso. Hay que limitar la dependencia alimentaria, energética e invertir mucho más en la cultura, en la investigación científica que hay una caída magnífica. En Italia sobre todo pero es un problema de Europa que tiene que invertir más en esto. Se debe reducir la jornada laboral. Europa puede hacerlo, como en el pasado, porque alrededor del 70% de su producción se vende en Europa. Es una necesidad. Si los gobiernos europeos toman una solución puede ser ésta y más posibilidades de part-time, porque hay gente a la que no le sirve por una etapa de su vida o por elección. Si seguimos con el camino del pasado, no vamos a sortear la crisis.

-Usted apuesta a revitalizar la industria cultural europea o italiana, al menos: ¿por qué?

-Invertir en cultura significa crear industrias culturales como el cine, el arte, que es una tradición que se perdió en muchos países. En Italia es un desastre, en Francia hay problemas, porque ya no reciben inversiones estatales. No podemos jugar el papel que jugamos en el mundo del pasado. Ahora la industria está en China, en India. Es bueno que se redistribuya, pero al mismo tiempo hay que buscar soluciones para el trabajo de la gente.

-La democracia en Europa no funciona tan bien, según su visión. ¿cómo ve la democracia en América latina?

-En América Latina diría que la situación es mejor paradójicamente. Porque la democracia liberal que inventaron Europa y Estados Unidos, como ya comprendió Rousseau hace 2 siglos, vive sólo una libertad que se repite cada 2 o 5 años, cuando se va a votar. Para el parlamento europeo que ya lleva 30 años, votó menos del 50% de los habilitados. Hace veinte años era del 68%. Hay una abstención que demuestra que la ciudadanía no cree en la política. El pensamiento liberal está en una crisis profunda. En América latina hay países con nuevos e inesperadas, sectores sociales, con nuevas fuerzas culturales, que tienden al cambio real de la perspectiva y que tiene una participación vital. En Argentina o en Chile hay una posición política que no es tan clara y puede ser que se produzca el mismo fenómeno europeo, que se rechace la actitud política. América latina es más vital que Europa, pero el problema es la tasa de crecimiento de la población.