"Somedays the song writes you", Guy Clark (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Tiene que ser una sensación curiosa para un músico la de por una parte, estar en activo y sacando discos con relativa periodicidad en los últimos años, y a la vez ser considerado por algunos de tus coetáneos como una influencia clásica. Guy Clark tal vez no pertenezca a esa lista de nombres ilustres reconocidos universalmente, pero para el country, y en general para el rock clásico, sí entra dentro de ese grupo de artistas a los que se respeta y sirven como inspiración para diferentes generaciones. Es muy habitual verle mencionado al lado de genios de la talla de Johnny Cash, Townes Van Zandt, del que fue amigo íntimo, o Merle Haggard.

Estamos ante un personaje que tanto en sus labores de compositor como en las de intérprete se ha tomado la música muy en serio. Como si fuese un orfebre, la trata con dedicación y cuidado. Sólo es necesario ver que después de más de 30 años de carrera sobrepasa por poco la decena de discos. Sus orígenes no sólo están ligados al country, también mantuvo relación con músicos de blues, lo que como es comprensible, incide en su modo de componer y deja la impronta de esa mezcla de géneros.

Ya desde sus primeras grabaciones, sobre todo con el monumental “Old No1”, se convierte en uno de los nombres importantes del género. Su carrera transita lenta pero segura. Repleta de temas con su propio sello, no sólo musical, ya que es reconocible también su forma serena, pero con lirismo, de narrar historias cotidianas de hombres comunes.

En los últimos años ha creado a su alrededor una banda casi inmutable, en la que destaca el excelente guitarrista, Verlon Thompson. Para su recién estrenado trabajo, “Somedays the song writes you”, vuelve a rodearse de los habituales, y qué mejor que entre todos asumir también las labores de producción.

No hay que esconder que en esta nueva grabación la voz de Guy Clark da la sensación de haber sufrido un leve bajón. Se ve que le cuesta alcanzar la fuerza de otras veces y suena más apagado de lo habitual. Es de suponer que los años pasan factura.

El disco comienza con su canción homónima, una relajada y dulce melodía acompañada por una instrumentación puramente country (mandolinas, violines... ). Aquí la voz de Clark suena clara, dentro de su registro. En el mismo terreno se mueve la versión que hace del bello tema de su amigo Townes Van Zandt (“If I needed you”).

En “The guitar” o “Hemingway’s whiskey” tanto su modo de cantar como el acompañamiento se vuelve más sobrio. La primera relata la historia de un extravagante músico y las consecuencias que tiene en él una vieja guitarra comprada en una casa de empeños. Aquí Guy Clark se dedica prácticamente a recitar mientras que la segunda la interpreta con un tono mucho más oscuro y quebrado.

Como quedó claro al principio, a lo largo de su carrera la influencia del blues siempre ha estado presente y como no podía ser menos, aquí nos encontramos algunos temas que dejan entrever esa influencia. “All she wants” es un primer acercamiento leve, todavía no se hace patente del todo. Es en “Hollywood”, “Wrong side of tracks” y “One way ticket down” cuando el ritmo se vuelve más sincopado, la guitarra suena más oscura y punzante y aparecen instrumentos como la harmónica. El punto y final al disco lo pone la dylaniana “ Maybe I can paint over that”.

A uno le da por pensar qué resultado hubiera dado este excelente disco si hubiese sido grabado hace unos años, cuando la voz de Clark se notaba en perfectas condiciones. En comparación con “Workbench songs”, su anterior disco realizado hace tres años, se encuentra un peldaño por debajo y me temo que se trata por el tema mencionado. Aun así estamos ante otra muestra del talento del americano para crear grandes canciones y seguir haciendo más grande su clásica figura.

Mirko Bellis: «Todo el mundo se da cuenta de que el sistema falla, pero no se atreve a gritarlo»


Mirko Bellis es un productor periodístico, guionista y documentalista italiano con diez años de residencia en Madrid. Es Doctor en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de Trieste (Italia) y Master en Comunicación y Conflictos Armados de la Universidad Complutense. Su documental «El emperador está desnudo» es una invitación a reflexionar sobre la crisis que nos venden

NEREA GOTI
Gara




«El emperador está desnudo» es un documental sobre la crisis económica y financiera, que repasa los acontecimientos y desgrana las claves -no siempre contadas por los medios- de una recesión que no hemos provocado pero que estamos padeciendo y pagando, mientras los verdaderos responsables vuelven a salir reforzados. Se puede ver en Youtube y su director y guionista es Mirko Bellis.

¿Por qué un reportaje sobre la crisis ahora?

Estaba totalmente asombrado con la facilidad con la que desde los medios de comunicación, los políticos, empresarios e instituciones financieras daban un vuelco al discurso dominante. Durante décadas nos dijeron que el mercado se autorregula, que hay un funcionamiento perfecto y que los poderes políticos no tienen que inmiscuirse en los asuntos económicos. En pocas palabras, el discurso neoliberal que empezó en los años 80 con la época Reagan-Thatcher. Sin embargo, cuando estos poderes, muchas veces en la sombra, reclamaban ayudas multimillonarias a los gobiernos, estos sin casi ninguna condición, les «rescataban» con el argumento que de lo contrario se hundiría el sistema.

Estaba estupefacto ante un cambio tan importante en el discurso «oficial» y que no fuese acompañado por ninguna proposición alternativa real por parte de los poderes políticos ni por las fuerzas alternativas al sistema capitalista. Existe la esperanza de que quienes nos han llevado hasta este caos sean los que nos hagan salir de él. Yo tengo muy poca confianza.

¿Cómo surgió la idea de realizar este documental?

La idea que sustenta este trabajo es que desde los medios de comunicación de masas se le estaba dando al gran público una información que en muchos aspectos le superaba. Se le habla solamente de PIB, del índice bursátil, etc. Desde los medios se está propagando la idea de que los asuntos económicos son demasiado complicados para que el publico no especializado los pueda comprender. Por poner un ejemplo, cuando en España la crisis se hizo más aguda y el Gobierno de Zapatero puso en marcha las primeras medidas, desde los medios se decía que el Estado compraría a los bancos activos de máxima calidad por un valor de 50.000 millones de euros para así consentirles tener liquidez. Era una cifra escandalosa si la comparamos a las cifras del presupuesto del Estado en materia de politica social. Los medios repetían esto y me pregunté, ¿Realmente las personas en la calle saben lo que es un activo de máxima calidad de un banco? Llegué a la conclusión de que la mayoría no entendía muy bien lo que estaba pasando y se quedaba en la superficialidad de la información de los grandes medios.

¿Por qué eligió ese título?

Me pareció que era muy indicativo de lo que estaba pasando. Es decir, todo el mundo se da cuenta de que el sistema está fallando pero muchos, por miedo a las consecuencias, no se atreven ni siquiera a pensarlo, mucho menos a gritarlo. La prueba es que, salvo en contadas ocasiones, no hubo manifestaciones masivas en contra de las ayudas de los gobiernos a los bancos en ningún país europeo.

¿Qué quiere transmitir?

El documental va dirigido a un público que quiere informarse mejor respecto a la crisis económica más grave desde 1929. A quienes intuyen que desde los medios de comunicación de masas no les están contando todo lo que ocurre. No digo que mienten, simplemente les es suficiente presentar las noticias en unos formatos que, excepto los expertos, la mayoría no puede entender. El mensaje es que el ciudadano tiene que reflexionar que lo que los poderes políticos, económicos y mediáticos quieren que piense no se corresponde a sus intereses. A veces va decididamente en su contra.

¿Por qué a través de internet?

Por la facilidad de llegar a un público más amplio. En el documental hay claramente un mensaje bastante critico con los medios de comunicación de masas. Dudo mucho de que algún canal en España esté interesado en incluir en su programación un trabajo de este tipo. Pero, me parecería estupendo.

¿Qué espera del documental?

El objetivo es que lo vea mucha gente. Que alguno de ellos se replantee el sistema en el que vive y empiece a actuar de una forma diferente. Ya no se habla de clases sociales en este país. Sería bueno que los trabajadores, no solamente los parados, actuaran con mayor solidaridad entre ellos sin esperar la convocatoria de los sindicatos. Que hubiera más manifestaciones de repulsa contra una situación que ellos no han provocado pero que con toda probabilidad pagarán con un mayor coste. Sería bueno que todo el pueblo gritara, como aquel niño, que el emperador está desnudo y que el emperador no siguiese andando como si nada estuviese pasando.

¿Representa una visión antisistema?

Durante los momentos más álgidos de esta crisis, incluso Nicolás Sarkozy, habló de refundar el capitalismo, por lo tanto no pienso que este sea un trabajo con una visión `antisistema'. Preferiría considerarlo como una critica, una pequeña reflexión alternativa al sistema económico dominante.

Espacios públicos urbanos, prostitución y ordenanzas cívicas

GEMMA GALDÓN
Sin Permiso





Las imágenes publicadas la semana pasada en diversos medios de comunicación, denunciando la prostitución callejera en los alrededores de la Boquería han recrudecido el debate sobre le efectividad de la ordenanza cívica de Barcelona y la persistencia de las actitudes incívicas cinco años después de su aprobación.

Casualmente, este debate coincide con el encargo por parte del Home Office británico a un grupo de académicos de la Universidad de Glasgow de un estudio sobre el fracaso de las medidas de control del comportamiento en el espacio público. En el Reino Unido, dónde el Estado ha financiado la instalación de más de cuatro millones de cámaras de videovigilancia y las ordenanzas de comportamientos anti-sociales, como allí las llaman, hacen que cualquier ordenanza cívica de nuestro entorno parezca un juego de niños (limitan la libre asociación de más de dos mayores de seis años en la calle, por ejemplo, que deben dispersarse si así les es requerido), los gestores públicos confiesan su incredulidad y desorientación: tras años de seguir a rajatabla las doctrinas de ventanas rotas (Broken Windows) y de monitorizar y reglamentar los comportamientos en el espacio público, tanto el incivismo como la sensación de inseguridad no han ni siquiera disminuido.

No estaría de más que desde aquí también empezáramos a plantearnos estas mismas preguntas: tras cinco años de ordenanza en Barcelona, la mayor parte de las sanciones no llegan a cobrarse y los comportamientos que se pretenden censurar persisten (o empeoran, según algunas voces). Desde el punto de vista de la eficiencia y eficacia de las políticas públicas, es evidente que algo está fallando.

Sin embargo, a día de hoy la única propuesta en firme que ha salido del consistorio de la ciudad condal es la petición de instalar más cámaras de videovigilancia en el barrio del Raval, con el fin de atajar la “inseguridad, la prostitución y los comportamientos incívicos”. En 1984 la localidad de Bournemouth tuvo el honor de acoger la primera cámara instalada en Inglaterra; desde entonces, éstas se han generalizado hasta tal punto que se dice que las más de cuatro millones de cámaras del país filman a cada ciudadano una media de 300 veces al día (una cifra difícil de demostrar, pero quizás plausible teniendo en cuenta que la relación es de una cámara por cada 14 personas). Inglaterra, con el 1% de la población mundial, concentra el 20% de las cámaras de todo el mundo. No obstante, en Inglaterra, como aquí, los comportamientos que se pretendía atajar persisten.

Pero concentrémonos por unos segundos en las cámaras: en todas y cada una de las noticias que han aparecido en las últimas semanas sobre el tema de la videovigilancia en el Raval, las cámaras se proponen como elemento disuasorio de la actividad incívica/criminal, cuando en realidad la utilización de las imágenes se produce siempre a posteriori (y aún así, sólo son útiles en la resolución de 1 de cada 1000 delitos, según reconoció la Metropolitan Police londinense hace sólo unos días). Este efecto disuasorio es a veces atribuido a la creencia de que el incívico/delincuente dejará de actuar ante la presencia de cámaras, o a que los vecinos tendrán una mejor percepción (subjetiva) del nivel de inseguridad en la calle. La realidad, sin embargo, es que no disponemos de ningún dato que refuerce estas opiniones: los delitos y actos incívicos se cometen igual (en la calle de al lado o delante de la cámara con casco o capucha), en los casos en que las cámaras tienen algún impacto éste tiende a ser sobre los delitos contra la propiedad (robo de coches principalmente) y no contra las personas, y la percepción de seguridad sólo mejora en casos aislados y a corto plazo. A medio y largo plazo, pues, seguimos igual de asustados, los delitos se cometen igualmente y las arcas públicas se vacían (el sistema público de videovigilancia de Londres ha costado 200 millones de libras: es decir, cada caso resuelto gracias a las cámaras le cuesta al erario público 20,000 libras).

La creciente demanda de seguridad, sobre todo en el espacio público, por parte de la ciudadanía se ha convertido en uno de los ejes de las políticas públicas municipales de los últimos años. No puede negarse que disponer de espacios públicos abiertos y seguros es una de las condiciones que debería cumplir cualquier sociedad democrática –sobre todo porque los espacios públicos inseguros expulsan siempre a los más débiles. Pero esa demanda no puede convertirse en excusa para llevar adelante políticas que no resuelven problemas, que no tienen en cuenta la relación coste-beneficio y que no son evaluadas de forma regular para que la ciudadanía pueda determinar si mantenerlas tiene sentido. El debate actual puede ser un buen momento para poner todo esto sobre la mesa y explorar estrategias de verdadera recuperación del espacio público urbano, evitando la extensión por repetición en todo el país de unas ordenanzas que todos los actores implicados coinciden en que no funcionan, y que en otros países se está ya camino de replantear.

Las polémicas caras de Elia Kazan


H. LUMIERE
Hoy es arte




Elías Kazanjoglou (1909-2003). Gesto adusto detrás de una nariz grande que condicionaba el resto de un rostro que, según propia confesión, se mostraba siempre al borde del peor de los humores. Pero sólo en apariencia porque esa primera impresión quedaba eclipsada por una mirada inteligente en la que una chispa de sorna, como una especie de descreimiento del mundo, anidó siempre. Había nacido hace ahora 100 años en Constantinopla, la actual Estambul. El cine lo reconoce como Elia Kazan. Es uno de los grandes.

Exigencia y método

Actor en su juventud, escritor de éxito más tarde y director de teatro, Kazan encontró en el cine campo abonado para desarrollar una creatividad muy personal que trazó una huella que en muchos aspectos llega hasta nosotros y hasta la forma de hacer cine que hoy conocemos.

Su adaptación a la pantalla del drama teatral de Tennesse Williams Un tranvía llamado deseo, con la que Vivien Leigh logró la estatuilla a la mejor actriz, inauguró un forma nueva de abordar el realismo social y lo que desde una pantalla se puede decir: conflictos aparentemente sencillos de comunicación, sexuales, étnicos, de poder o cambio generacional, que al pasar por la mente y la personalidad de seres humanos inmaduros, disconformes o atormentados se transforman en dramas que trazan heridas incurables.

Exigente hasta la extenuación, defensor del método, la minuciosidad y la perseverancia en el trabajo, Kazan fue uno de los fundadores del mítico Actor´s Studio. Dirigió y sacó lo mejor de actores como Marlon Brando, James Dean, Kirk Douglas o Marilyn Monroe (que confesó que nunca nadie le había enseñado tanto sobre el arte de interpretar); colaboró con dramaturgos y escritores, como el ya mencionado Williams o Arthur Miller, y dejó para nuestro disfrute obras imperecederas como La ley del silencio; Al este del Edén; Esplendor en la hierba; Rio Salvaje; ¡Viva Zapata!; América, América o El compromiso. ¡Casi nada!

Caza de Brujas

El triste episodio hollywoodense de la llamada Caza de Brujas gravitó durante décadas sobre la figura de este hombre que había sido miembro del Partido Comunista Americano entre el verano de 1934 y la primavera de 1936, para volverse después confeso anticomunista.

Tras una primera comparecencia el 14 de enero de 1952 en la que se negó a dar nombres ante el ultraderechista e inquisitorial Comité sobre Actividades Antiamericanas dirigido por el senador McCarthy, -del que también era miembro destacado el que más tarde sería presidente Richard Nixon- , parece comprobado que el 10 de abril de ese año Kazan sí los dio y denunció a una serie de personas supuestamente allegadas o simpatizantes del comunismo.

Jamás se le perdonó este hecho pues se consideró que el testimonio de Kazan, que estaba en la cumbre de su carrera, podría haber ayudado a acabar con aquellos bochornosos interrogatorios. Sin embargo, con sus denuncias, que ni siquiera necesitaba para proteger una carrera brillante e imparable, consolidó aquellas terribles e injustas listas negras que acabaron con la vida profesional de un significativo número de actores, guionistas y directores.

Aunque públicamente no manifestó arrepentimiento por aquella acción, en sus interesantísimas memorias Mi Vida (publicadas en España por Ediciones Temas de Hoy) deja traslucir su pesar por algo que no debió de haberse producido. “Siento la necesidad de disculparme ante el mundo", escribió. "No sé si alguien podrá comprenderme. Crees que por haber estado quince minutos tirado en una zanja puedes comprender mi situación. Pero no es tan sencillo. Cuando yo me levanto, la zanja me persigue”, escribió apesadumbrado.

Pero lo hecho nunca se olvidó, en muchos ambientes comenzó a apodársele con crueldad como “la rata” y muchos años después, el 21 de marzo de 1999, cuando la Academia le concedió el Oscar honorífico, una mayoría de los asistentes a la ceremonia decidió permanecer sentado y mudo cuando Robert de Niro y Martin Scorsese recibieron a Kazan en el escenario para hacerle entrega de un más que merecido galardón a toda una trayectoria.

¡Justicia!, por favor

Controversia aparte, nadie, en justicia, puede negar que Kazan es uno de los grandes directores de la historia del cine. Un maestro de actores. Un escritor de calado. Un sofisticado intelectual que supo dotar al cine de perspectivas y temas que superan el mero entretenimiento para convertirlo en un foro abierto de debate. Un lugar privilegiado para la reflexión.

Y Kazan lo consigue de un modo personalísimo que capta al espectador, lo hace “parte de…” y lo envuelve en historias que a pesar del calado de lo que abordan son cualquier cosa, menos plúmbeas. El aburrimiento, y así lo expresó muchas veces, es uno de los principales enemigos de aquel que quiere contarle algo a otro.

Kazan buscó la complicidad y el gusto de quien observaba sus obras y lo logro con creces. Lo que nos contó se ha quedado ya para siempre con nosotros y eso, por encima de cualquier otra controversia, reclama la consideración de maestría. De grande entre los grandes. ¡Justicia!, por favor.