martes 1 de diciembre de 2009

"Them Crooked Vultures", Them Crooked Vultures (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




No es fácil encontrarse con un grupo que surja de la unión de tres músicos que en diferentes momentos han pertenecido, o pertenecen, a grupos verdaderamente relevantes en la historia del rock. Them Crooked Vultures cumple ese requisito. Formado a partir de una conversación entre David Grohl, integrante de Nirvana y ahora con los exitosos Foo Fighters, y Josh Homme, uno de los nombres más importantes del rock duro actual e integrante de Queens of the Stone Age, en la que instaba a este último a conocer al que fuera bajista de Led Zeppelín (John Paul Jones) y comenzar un proyecto conjunto.

Lo que en principio sonaba más como a una broma que a algo factible, al final acabó tomando forma. Primero fue la presentación en un concierto en Chicago, más tarde se expandió la idea por Internet y para finalizar la auto producción de lo que es su homónimo disco de debut.

Cuando se está ante un grupo como éste es lógico buscar pistas que delaten cuál de sus integrantes ha impuesto su criterio musical, parcial o totalmente, a la hora de abordar las composiciones. En esta ocasión no resulta complicado discernir este hecho. Josh Homme, aparte del letrista de los temas, es el que deja, con mayor fuerza, su impronta en el sonido global, llegando a asemejarse al que puede tener su propio grupo, cosa que para nada es una mala noticia.

“No ones love me & neither do I”, la canción que abre el disco, es un cruce entre el hard rock psicodélico y el sonido de los setenta. “Mind eraser, no chaser” se encarga de elevar la tensión, principalmente por medio del sonido espectacular que Homme saca a su guitarra, la que también dota al tema de gran dinamismo. “New fang” queda marcada por el ritmo sincopado y excitante que crea Grohl en la batería, al margen de su exhicibión al inicio del tema. “Dead end friends” se nutre de esa forma tan peculiar que tienen las melodías de Homme, enigmáticas y potentes.

Con “Elephants” comienza a notarse la influencia del blues- rock y por consiguiente de Led Zeppelín. En este tema ya se vislumbra, todavía no de manera clara, las reminiscencias de esos sonidos. En “Scumbag blues” se hace más evidente y se asemeja a los ritmos y sonoridades que practicaban Cream e Iron Butterfly entre otros. “Warsaw or the firs breath you take after you give up”, a pesar de su larga duración y los excesivos cambios rítmicos, también podría encajar dentro de esas características.

“Reptiles” e “Interlude with ludes” son dos temas que en cierto modo bajan un poco la fuerza hasta ahora existente en el disco. Transitan entre la psicodelia, los ritmos arabescos y los juegos musicales. “Spining in daffodils” se nutre del lado más oscuro del grupo, transmitiendo sensaciones similares a las de, por ejemplo, Alice in Chains.

Los llamados "supergrupos" siempre tienen que contar con la rémora que viene con su propia condición, demostrar que son algo más que un divertimento o algo pasajero. En este caso las declaraciones de los integrantes ya hablan de un segundo disco. En ese sentido consigue salvar el primer escollo, el de la temporalidad. Respecto al musical, estamos ante un buen disco de rock, una continuación o vuelta de tuerca al sonido de Josh Homme con Queens of the Stone Age. Por momentos creo que el disco se hace largo y en muchos temas las ansias por experimentar o por demostrar cierto tipo de virtuosismo lastran composiciones muy interesantes. En definitiva, con mayor síntesis estaríamos ante un gran trabajo, esperemos que en lo sucesivo sepan limar ese hecho.

El sida, ¿una epidemia secuestrada?



Revisar el discurso del VIH no es fácil por ser un tema socialmente sensible y no haber solución ideal




JORDI CASABONA (Fundació Sida i Societat)
El Periódico de Catalunya



Desde hace 21años, el 1 de diciembre celebramos el Día Internacional del Sida para mantener el debate sobre este problema. Pero ¿cuál es el debate y el discurso formal sobre la epidemia? En primer lugar, recordemos que, a pesar de que los actuales tratamientos antirretrovirales (ARV) han reducido drásticamente los casos de sida y las muertes por esta enfermedad, España sigue siendo uno de los cinco países de Europa con la tasa de casos de sida más elevada. Pero, curiosamente, el sida se ha alejado de los medios de comunicación, y el mensaje de que la epidemia sigue descendiendo gracias a los tratamientos es aún frecuente. Parece como si el éxito logrado con los ARV para convertir esta enfermedad en una infección crónica y procurar una buena calidad de vida a los afectados se haya extrapolado al propio curso de la epidemia. Pero, como indican los datos sobre VIH de las comunidades autónomas que los tienen, el número de nuevos diagnósticos se mantiene estable y en algunos subgrupos incluso ha aumentado.

En segundo lugar, es importante recordar que el sida ha sido uno de los catalizadores más importantes de la segunda mitad del siglo XX, no solo desde una perspectiva médica, sino también social, económica y política. La infección por el VIH ha servido para desarrollar nuevas técnicas de investigación, para defender derechos humanos y civiles, para crear una masa crítica sin precedentes entre los afectados, para cambiar radicalmente la forma de comunicación entre pacientes y médicos, para revisar las relaciones internacionales y el papel de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales; para forzar la corrección política del lenguaje y, en definitiva, para generar fondos y cambiar las agendas políticas. Nada de ello hubiese sido posible sin la excepcionalidad y la visibilidad que siempre han rodeado al VIH/sida. Un un buen ejemplo de ello es la creación de una agencia específica por parte de la ONU: la Onusida.

Sin embargo, en los países con acceso universal a los ARV la excepcionalidad, la corrección política del lenguaje y la visibilidad pueden pasar fácilmente de ser una herramienta de liderazgo para el cambio, a una finalidad. Se genera entonces un discurso políticamente correcto, pero vacío de contenidos y cada vez más alejado de los principios técnicos de la salud pública. Hace poco, un buen amigo homosexual me decía que es hora de decir claramente que los hombres que tienen relaciones con hombres son un «grupo de riesgo», porque, de otro modo, es muy difícil defender que se dé prioridad a las acciones dirigidas a este colectivo (en el que se ha producido un importante rebrote de infecciones). Hasta hace poco, este comentario habría sido imposible. De la misma forma, ahora hay que facilitar al máximo la realización de la prueba diagnóstica del VIH, puesto que la excepcionalidad en torno a esta prueba puede acabar reforzando las actitudes de estigmatización que se pretenden evitar. O, para seguir con ejemplos, si en los años 80 algunos sectores no aceptaban la explícita promoción del uso del preservativo, ahora resulta también difícil decir que la disminución del número de contactos sexuales es una manera más de disminuir la propagación del VIH.

Revisar el discurso nunca es fácil; especialmente cuando son temas socialmente sensibles y para los que no tenemos la solución técnica ideal. En efecto, los tratamientos por el VIH no son curativos y la única intervención preventiva que ha resultado eficaz en un ensayo clínico –incluyendo las vacunas– ha sido la circuncisión masculina en países de alta incidencia. Además, el sida magnifica las carencias de las sociedades y, por tanto, el discurso también está mediatizado. En nuestro contexto, la poca tradición en servicios comunitarios, la escasa cultura del debate y el consenso, el culto a la personalidad, la politización del debate técnico, la escasez de periodistas especializados y el dominio del paradigma biológico e individual sobre el social y de salud pública son algunas de las cosas que mediatizan el liderazgo y el discurso formal y, por tanto, la respuesta a la epidemia.

Por último, la corriente de opinión que se crea para usar los ARV también para prevenir la infección por el VIH añadirá importantísimos retos a la ya compleja respuesta hacia esta epidemia. El futuro inmediato de la prevención y control del VIH/sida y otras infecciones de transmisión pasa por la implementación de intervenciones que integren los aspectos biomédicos, los conductuales y los estructurales. Es un buen momento para revisar la respuesta. Para hacerlo hay que adaptar los mensajes a la evolución de la epidemia y de su contexto y a la evidencia científica de la que disponemos, evitar la autocomplacencia y asegurar que el discurso políticamente correcto vaya acompañado también de las acciones más adecuadas. Más allá de protagonismos, sigue siendo imprescindible la colaboración de todos: administraciones, especialistas, profesionales, afectados, activistas... Tenemos más conocimiento que nunca, pero no debemos dejar que el discurso y la visibilidad secuestren la respuesta.

800 barcos europeos y asiáticos esquilman de forma ilegal los caladeros de Somalia


La actividad de los "piratas somalíes", antiguos pescadores y ex miembros de la guardia costera reconvertidos al negocio de los rescates, desentraña un negocio aún mayor: el expolio pesquero



El 40% del atún consumido en España proviene del Índico, un negocio que mueve 450 millones de euros por año


SARAH BABIKER
Diagonal



Según el Grupo de Trabajo de Alta Mar (HSTF, siglas en inglés), en 2005 más de 800 barcos pesqueros sospechosos de pesca irregular, no documentada y no reglamentada operaban al mismo tiempo en aguas de Somalia. Por esa razón Somalia pierde al menos 300 millones de dólares al año, según la misma fuente.

El año pasado, el representante especial de la ONU en Somalia, Ahmedou Ould-Abdallah, condenó la pesca irregular practicada por buques de la UE y Asia, a quienes acusó de aprovecharse del vacío de poder. En este contexto citó el caso de un pesquero español capturado "mientras pescaba ilegalmente atún". Se refería al Playa de Bakio, retenido seis días en abril de 2008. El atunero se hallaba en aguas somalíes. Si bien las empresas armadoras niegan rotundamente realizar prácticas ilegales, parece que la percepción somalí es extendida: "Este barco ha estado pescando ilegalmente por mucho tiempo, pero afortunadamente ahora está en nuestras manos", declaraba uno de los captores del Alakrana. Existen diversas teorías sobre quiénes son estos "piratas". Muchos apuntan a que se trata de antiguos pescadores que, hartos de la pesca destructiva de las flotas extranjeras y de la falta de retribución por la explotación de los recursos marinos somalíes, empezaron a cobrarse su "particular tributo". Esta tesis la apoyaba en octubre el primer ministro somalí, Omar Abdirashid Ali Sharmarke, quien dijo que son muchos los países que están pescando ilegalmente en Somalia, empujando a antiguos pescadores a este negocio. Otros, como el investigador noruego Stig Jarler Hansen, en un informe reciente sobre piratería apoyado por el Ministerio noruego de Defensa, señalan que muchos son policías y guardacostas entrenados por peregrinos programas de cooperación para vigilar las costas. Al acabarse estos proyectos, cientos de somalíes se vieron con formación militar y sin sueldo. Ésta es también la teoría defendida por la investigación llevada a cabo por periodistas de Al Jazeera, Huffington Post y WardheerNews, incluida en la selección de las 25 noticias más censuradas de 2009. Sin embargo, los grandes medios de comunicación españoles no han ido más lejos de la imagen estereotipada de unos piratas que han descubierto un atractivo e increíblemente lucrativo filón en el negocio del secuestro y los rescates.

Banderas de conveniencia

De 33 buques de pesca y auxiliares de servicios en el Índico, 15 tienen bandera de Seychelles, Islas Mauricio y Antillas Holandesas, según constatan los datos de la Confederación Española de Pesca (Cepesca). Los otros 18 son de pabellón español. Para responder a las demandas de protección de estos últimos el Consejo de Ministros aprobó el pasado 30 de octubre un Real Decreto por el que se modifican los reglamentos de Seguridad Privada y de Armas, de modo que los servicios de seguridad privada contratados por los armadores de los pesqueros que faenan en el Índico pueden emplear armamento militar. Los primeros guardias de seguridad militarmente armados llegaron a Victoria, capital de Seychelles, el día 13 de noviembre. Los inquietos atuneros anclados en Seychelles les esperaban, así como a su armamento militar, para volver a echarse al mar sin miedo.

Más allá de su propia nacionalidad y la de sus barcos, estos guardias de seguridad tienen como misión proteger algo muy preciado. De las capturas en el Índico depende un negocio que mueve 450 millones de euros, según se afirma desde la organización interprofesional del atún (Interatún). Esta misma plataforma estima que la pesca de atún ha experimentado un considerable aumento en los últimos diez años, en gran parte a manos de la flota comunitaria. Esta flota, compuesta fundamentalmente por España (60%) y Francia (40%), captura unas 500.000 toneladas al año. La comunidad internacional lleva años buscando fórmulas para que haya seguridad y orden en los mares de Somalia y el golfo de Adén, algo difícil de conseguir. Desde 1991 no hay una autoridad que gobierne el país y los intentos de imponerla –la más reciente, la invasión etíope de diciembre de 2006 apoyada por EE UU– han sido catastróficos. Partiendo de este vacío de poder, la ONU aprobó el año pasado la Resolución 1814 que exhorta a tomar medidas a fin de “proteger la navegación para el transporte y el suministro de asistencia humanitaria” a ese país, y la 1816, que insta a los Estados miembros a actuar “contra la piratería”. En este marco empezó el 8 de diciembre pasado el mandato de la operación Atalanta, integrada por unos 1.200 militares de distintos países europeos. En 2010, la cifra podría alcanzar los 1.800 soldados.

La opción militar

La operación ha recibido críticas. El investigador noruego Hansen señala que con lo que cuesta mantener un barco en la zona se podría haber cubierto los sueldos de 100.000 policías en Putlandia (Estado autónomo situado en el extremo del Cuerno de África donde la piratería tiene una gran incidencia) durante seis meses.

Si la opción militar surgió después del fracaso del apoyo al Gobierno Federal de Transición somalí, la opción de la seguridad privada busca cubrir lo que la misión militar no cubre. Sobre todo si los protegidos se van a pescar a millas de la zona de seguridad, como decidió hacer el Alakrana. Mientras se busca el mejor modo de proteger a los barcos internacionales de la piratería, en Somalia reina cierto malestar porque ninguna de esas reflexiones parecen incluir una reivindicación antigua: que se tomen iniciativas contra otra piratería, la que se ceba en sus aguas.

VERTIDOS TÓXICOS EN SOMALIA

La población somalí no ha olvidado cómo en 2004 el tsunami sacó a la superficie contenedores de basura tóxica que quedaron varados en la costa del norte de Somalia, según informó el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas. Ésta era la prueba visible de que, como se sospechaba, las aguas somalíes se habían convertido en un enclave fácil para deshacerse de residuos incómodos. "Europa, a través de mafia italiana, se deshace de residuos tóxicos en aguas somalíes. En Europa procesar una tonelada de residuos tóxicos cuesta entre 2.000 y 3.000 euros; en Somalia 2,5 euros", denuncia José Vicente Barcia, encargado de prensa de Ecologistas en Acción.

CIFRAS DE UN EXPOLIO

11 son los buques que abandonaron la pesca en la zona desde que se agravaron los ataques. Entre ellos, el Playa de Baquio, según Interatun.

200.000 toneladas de atún al año son suministradas desde el Índico para el consumo español, gracias a una flota de factorías flotantes.

300 millones de euros al año es la estimación de las pérdidas que provoca la pesca pirata en Somalia.

60 millones puede costar un atunero de 100 m de eslora, una cifra inalcanzable para muchos países.

"Nunca descanso en noches de luna llena"

Entrevista a Paul Naschy, actor. Esta entrevista inédita se celebró a principios de octubre en Madrid



GUILLERMO ABRIL
El País

Estaba como un niño. Hiperactivo, sonriente, conversador. Algo pálido. El actor, productor, director y guionista Jacinto Molina llegó por su propio pie en compañía de su mujer, Elvira, que no le quitaba un ojo de encima. Él se dedicó a hablar sobre sus proyectos presentes y futuros: le acababan de poner su nombre a una calle en Estepona (Málaga); en una semana se marchaba a Sitges a presentar su cómic Alaric de Marnac, que había ilustrado Javier Trujillo; y allí en Sitges, contó, se vería por primera vez el tráiler de La herencia de Valdemar, una película de José Luís Alemán, en la que interpreta uno de los papeles clave y que se estrenará en enero. Esta entrevista inédita se celebró a principios de octubre, en el hotel Princesa de Madrid. Se despidió diciendo: "Todo el mundo me llama Paul". Paul Naschy.

Háblenos de La herencia de Valdemar. ¿Tiene algo que ver con su personaje Waldemar Daninsky, el mítico hombre lobo?

¡Para nada! La película está inspirada en la H.P. Lovecraft. Y paradójicamente, en ella interpreto al bueno. Hasta tengo una conversación con Lovecraft y todo.

¿En qué otros proyectos anda metido?

Estoy dando los últimos retoques a Empusa, la película que me ha hecho volver a la dirección, 30 años después. Escribí el guión hace un par de años y la estaba rodando Carlos Aured, pero, desgraciadamente, falleció en 2008. Entonces decidí volver a ponerme detrás de la cámara. Y empecé a rodarla casi desde el principio. Si todo va bien, de aquí a un mes estará lista.

¿Será una vuelta a su cine más clásico?

Creo que sí. De niños fantasmas ya estoy harto. Esta película irá en la línea de El baile de los vampiros. Aparece Lilith, la madre primigenia. Y en ella, las mujeres vampiros dominan la tierra. Tienen forma de gaviotas. Es una película dura. Empusa es esa vuelta al cine de los sesenta y setenta. Lo que me encanta del cine fantástico es que sea tan artesanal, tan de ingenio.

¿Qué le parece el cine fantástico de hoy?

Al cine de ahora le falla la magia, con todo hecho por ordenador. Recuerdo una vez, hace años, que queríamos rodar cómo unas ratas me saltaban encima. Y eran ratas de verdad. Me unté el cuerpo entero de grasa de caballo. ¡Y pegaban unos saltos! La gente me pregunta ahora que cómo lo hacíamos entonces... El nuevo hombre Lobo de Benicio del Toro sigue esta estela. Tiene buena pinta. Retoma el mito de Lon Chaney, mi antecesor. No sé si sabe que soy el actor que más veces ha interpretado al hombre lobo. He hecho 14 películas. Lon Chaney, ha sido el segundo, con siete.

¡14 películas de hombre lobo! ¿De dónde nació esa pasión?

Recuerdo que lo vi en el cine de pequeño. A Lon Chaney. Y dije: quiero ser eso. El hombre lobo. Dentro de la galería de monstruos clásicos es el que mayor fascinación despierta. Mire la diferencia: si aparece Frankenstein por la calle, lía la de Dios. Igual que la momia. Pero al hombre lobo no lo reconoces. Puede ser cualquiera. Puede tener hijos, y una familia. Y él no quiere ser un monstruo. Es apasionante su doble personalidad. Es como Jekyll y Hyde, pero anterior. Y, además, no es perverso. De pequeño, me impactó esa idea: "Pero si él quiere ser bueno...", pensaba. "Este pobre hombre, qué culpa tiene". No sé si conoce la vieja frase: "Hasta un hombre de alma serena puede volverse lobo si el acónito florece y brilla la luna llena". Una frase ancestral que ya se decía en los viejos tiempos.

¿Cómo se tomaron su cine en los sesenta?

Empecé a hacer un cine sobre el que había poca base. Chocó con la mentalidad española de la época. En una ocasión, un productor me dijo: "¿Por qué no te dedicas a la comedia?". Porque en aquella época todo el mundo hacía comedia. Y para sortear la censura, buscaba nombres exóticos y ambientaba las historias en el extranjero, aunque las rodara aquí. Pero a la postre, puedo decir que he vivido con dignidad. De lo que me ha gustado y he amado. Amo profundamente el cine fantástico.

¿Siente que no se le ha reconocido lo suficiente?

He notado en España una evolución positiva hacia mi cine y hacia mí. Sobre todo en la gente joven. Y en el extranjero ha sido otra cosa. Recuerdo mi primer homenaje en Nueva York, en 1999. ¡Me vinieron a recoger en limusina al aeropuerto! Yo no me lo creía. Y me alojaron en uno de esos súper hoteles, el New Yorker. Nada más llegar me puse a firmar autógrafos. Tres horas seguidas. Al día siguiente, a las 11 de la mañana, otra vez. La gente hacía cola a la puerta. Si hasta me prepararon un tampón con mi firma para que no me cansara de escribir. A lo que voy: puedo decir que soy un hombre afortunado. Porque aquella primera vez en Nueva York estuve acompañado de mis hijos, mi mujer y mi padre.

Después de tantos años, ¿hay algo que le falte por hacer?

Nunca rodé un western y me hubiera gustado. Es mi gran pasión. Llegué a publicar cuatro novelas de joven, bajo el seudónimo de Jack Mith. De estas de sudor y sol, que tanto me gustan. Y tengo pendiente un proyecto con mi amigo Cristopher Lee. Estamos a ver si hacemos una película juntos. Sobre un Don Quijote viejo. Hace poco le dije, Cristopher, ahora que ya has hecho de todo, ¿qué te parece hacer de Don Quijote? La película se va a llamar Mi perro Aquiles. Ya tengo la idea. Se verá todo a través de los ojos de un perro. Tendremos que hacerla pronto, porque tiene 87 años. Aunque a él no le gusta hablar nada de su salud y de su edad.

Creo que anda en otro proyecto, más íntimo...

Sí, acabo de empezar a buscar localizaciones y rodar recursos para Crotón el grande. Es una película que sucede en la posguerra española. Trata de un circo ambulante. Y cuenta la historia de un forzudo de la época, ya sin fuerza, y de un payaso sin gracia. En su más absoluta miseria, se dedican a robar tumbas. Como siempre, estará escrita y dirigida por mí. En mi escritorio, siempre a mano y en cuartillas. Como Juan Palomo.

Parece muy activo. ¿No descansa?

Nunca descanso en noches de luna llena. Mientras el cuerpo aguante pretendo seguir en la brecha.

"La literatura no es un manifiesto"

Rafael Chirbes y Uwe Timm, en la Biblioteca Nacional. - M. Patxot


PAULA CORROTO
Público

Alemania y España son dos países con una memoria delicada. Han tenido que esculpir con un buril doloroso los recuerdos de un régimen fascista, una guerra y muchos muertos.

También con literatura, con una novelística muy reciente que ha creado debate en ambos países. Entre los alemanes, porque, aunque hace tiempo que escribieron de la II Guerra Mundial y la posguerra, ahora ciernen su mirada sobre la Alemania dividida. Entre los españoles, porque, tras una época de vacío, en los últimos diez años no han dejado de aparecer novelas sobre la Guerra Civil con diferentes perspectivas.

Los escritores Uwe Timm (Hamburgo, 1940) y Rafael Chirbes (Valencia, 1949) han dedicado buena parte de su obra a dirigir la mirada hacia las etapas oscuras ¿Qué aporta la literatura a la memoria histórica? ¿Cuál es su función? ¿Qué pueden enseñar al lector la experiencia alemana y la española?

Lo primero que ambos resaltan para explicar su mirada es su ideología marxista. "No se puede explicar el alma del presente sin ver cómo se ha formado el pasado. Yo no hago novelas de posguerra. Y Uwe tampoco. Lo suyo es un análisis del alma humana", afirma Chirbes.

Enseguida se centran en el poder de la ficción. Para Timm, "en todas las novelas siempre hay una construcción de la realidad porque la objetividad exacta no existe". De ahí que señale que su novela Tras la sombra de mi hermano (Destino), en la que abordaba la muerte de su hermano en Ucrania durante la guerra, "lo que buscaba era analizar cómo me hubiera comportado yo en su situación. Lo importante de estas novelas es que siempre hay preguntas individuales detrás".

Chirbes está de acuerdo con su colega alemán. Para el valenciano, que en La caída de Madrid (2000) recogía las consecuencias del franquismo, "la novela tiene una función externa y social, pero debe surgir de una indagación personal. La novela que se escriba para presentar algo del exterior se queda vacía. Y eso le ocurre a Günter Grass".

Ambos escritores apuntan a que la literatura no debe utilizarse como un instrumento político. "Yo creo que toda novela forma parte del espectro político, pero no son un manifiesto, aunque el poder la utilice así", señala Chirbes.

Cambio de óptica

La razón es que esta utilización política provoca un posicionamiento de cara al lector. Y se establece un revisionismo con el que los dos se muestran muy críticos. Uwe Timm recuerda cómo, durante mucho tiempo, las novelas de su país apenas tocaron el tema del bombardeo a las ciudades alemanas. Era todavía el tiempo del silencio autoimpuesto por la culpa. También hubo otras novelas que renegaban del Holocausto. Por suerte, eso ha cambiado: "Ahora sería absurdo negar el Holocausto. Nadie sensato lo haría".

Chirbes piensa que en España esta problemática todavía se mantiene. Para él, la clave es que las novelas han llegado a la batalla política más maniquea. "Tenemos dos partidos clónicos, pero uno se ha arrogado como el adalid de la República y el otro se ha convertido en lo contrario. Y no se puede establecer esa dicotomía para ganar elecciones".

A pesar de todo, ambos escritores manifiestan que existe una madurez entre los escritores que ahora miran al pasado. Por un lado, Timm señala que, después de mucho silencio, "por fin se ha puesto el foco de atención en los criminales y no sólo en las víctimas. Y no me refiero a los grandes nazis. La pregunta es cómo la gente corriente pudo convertirse en criminal". Asimismo, alaba que jóvenes como Julia Frank y Uwe Tell-kamp escriban sobre una RDA que no fue tan idílica.

Para Chirbes, la salvación también está en los novelistas más jóvenes, como Ignacio Martínez de Pisón e Isaac Rosa. "Tras libros con una visión muy previsible, algunos autores la están tratando con consideración".

lunes 30 de noviembre de 2009

Carlos Barral, la cuidada voz social


KEPA ARBIZU
Lumpen




Muy probablemente la generación poética de los 50 sea el último movimiento artístico brillante que ha dado España. Como cualquier grupo de escritores adscritos a alguna corriente, son muchas las diferencias estilísticas entre ellos pero también existe una idea, actitud o forma determinada que marca a todos ellos. En este caso es la dramática y decisiva juventud vivida en años del franquismo lo que les llevó a desarrollar una fuerte conciencia social y una visión desesperanzada del ser humano, tratada con mayor cinismo o seriedad según el caso. Los diferentes libros, tanto recopilatorios como ensayos, publicados por Carme Riera son una consulta primordial para entender la obra y contexto de todos ellos.

Carlos Barral forma parte de la escuela de Barcelona, uno de los epicentros de dicho movimiento. Perteneciente, y relacionado, con las clases pudientes hereda la editorial familiar Seix Barral, la que utiliza, en plenos años de dictadura, para promover y dar a conocer a muchos, y variados, autores.

Junto a Caballero Bonald y a José Ángel Valente, estamos ante el miembro del grupo que más se centró en atender a la forma de su escritura, cuidando su lenguaje y dotándolo de complejidad, alejado de formas más coloquiales o irónicas como las de Gil de Biedma o Ángel González.

“Aguas reiteradas” y “Poemas previos” son sus primeros trabajos y en los que ya se atisban indicios de los parámetros que marcarán su estilo. Cuidado e intimista la sombra de Rilke ya se hace notar, al igual que su dedicación por centrarse en momentos cotidianos utilizados para interpretar sus sensaciones y sentimientos. El agua y los motivos marinos aparecerán a lo largo de toda su obra debido al gusto por tal disciplina (“En las aguas profundas/ en las ondas del sueño amurallado/ a menudo apareces/ y en el curso verde y olvidadizo de los ríos”). Su libro “Metropolitano” es el compendio de su primera obra, sirvió para juntar todo lo editado hasta la fecha, y además para perfilar definitivamente su escritura. El paso del tiempo, además de la relación entre naturaleza y ser humano, en la que este último la esclaviza en pro de su sociedad moderna, son los temas esenciales.

“Diecinueve figuras de mi historia civil” es sin duda su libro más representativo, o por lo menos en consonancia con su generación, y de mayor calidad. Centrado, como en los anteriores, en paisajes, momentos concretos y vivencias diarias, esta vez son utilizadas para mostrar, y casi golpear, la vida monótona y vacía de las familias burguesas, incluida la suya propia, en plena época franquista. Estamos ante la época más izquierdista de Barral. Eso se hace notar en su estilo, que deja de ser tan enrevesado y se vuelve más claro y cercano. El poemario comienza con una cita de Brecht, disipando todas las dudas sobre las intenciones que hay detrás, “Cuando hube crecido y vi a mi alrededor/ no me gustaron las gentes de mi clase/ ni mandar ni ser servido”. Y así transcurren las páginas, con una suerte de retratos costumbristas en los que se muestra el horror de esa época y la desidia de muchas personas frente a esa imagen. Los hay basados en la parte más cruda y expresados con horror, “Sangre en las ventanas” y “Pasillos”. Otros camuflados en historias de amor, “Le asocio a mis preocupaciones”, y alguno como ejemplo de un sentido del humor magnífico, como en la erótica-revolucionaria “Baño doméstico”. Se puede hacer un resumen de la desolación de aquella época, y de la necesidad de contarlo, por medio de estos versos, “Eran los tiempos de Auschwitz,/ los peores tiempos de la historia,/ y , aunque no se sabía,/ aunque nadie había podido oír / el graznido de los gansos junto a los crematorios, / no habían dejado a nadie relatar/ el último relámpago de los uniformes, no era en vano aquel día”.

Después de este poemario sus obras posteriores se centran en temas más personales y su estilo, de nuevo, se vuelve algo más barroco y retorcido. Sus poemas, tanto en “Usuras” como en “Lecciones de cosas”, están dedicados a reflexiones sobre el arte, cómo no la mar, la naturaleza y algo habitual entre los compañeros de su generación, una oda al alcohol, o mejor dicho a la resaca , “Evaporación del alcohol”.

Carlos Barral fue la voz más perfecta, en cuanto a técnica, de los escritores de la Generación del 50. Preocupado por la estética de su literatura siempre se fijó en ella, incluso cuando se acercó al realismo social.

La Audiencia Nacional, un tribunal político y especial


La Audiencia Nacional acapara las portadas de los periódicos y se ha convertido en un actor político al que la ciudadanía se va acostumbrando. Expertos internacionales han descalificado reiteradamente este tribunal que cada vez tiene más protagonismo en la vida política. Pero, ¿qué supone realmente la Audiencia Nacional?


PATRICIA MANRIQUE
Diagonal




En ningún país europeo existe un tribunal semejante a la Audiencia Nacional (AN). Si bien, en otros países que han vivido fenómenos de terrorismo o de delincuencia organizada, las legislaciones han ido incorporando salvedades para estos delitos –como excluir al jurado–, la competencia para entender de estos casos recae sobre juzgados ordinarios y ninguno ha creado tribunales centrales. Sin embargo, en el Estado español, al amparo de la lucha contra el terrorismo, la AN ha ido acumulando, bajo el signo de la excepción, competencias muy discutidas. La AN fue creada mediante Real Decreto-Ley el 4 de enero de 1977, el mismo día que se suprimía el denostado Tribunal de Orden público (TOP) de la Dictadura, del que resultó heredera en materia de represión política. Ya la misma creación de ese órgano judicial le valió abundantes críticas. Según señala el abogado Juan Manuel Olarieta, “en la legislación española, sea la franquista o la postconstitucional, no se pueden crear órganos judiciales por Decreto-Ley, de modo que el nuevo tribunal nacía viciado de ilegalidad”.

Pero sin duda la crítica más repetida es el carácter de tribunal de excepción de la AN. Cabe destacar cuatro motivos: que incumple el derecho al juez ordinario; que sus competencias se determinan sin ningún criterio; que favorece y acepta fórmulas inquisitivas de instrucción, como la incomunicación y la tortura; y, por último, que presenta dependencias políticas o, a la inversa, limita el ejercicio del poder ejecutivo.

El derecho al juez ordinario –que incluye el derecho al juez natural– es una pieza clave en el derecho al debido proceso, que garantiza una buena defensa y un buen ejercicio judicial y que el artículo 24.2 de la Constitución consagra. Implica que el juez competente para juzgar sea el del lugar donde se ha cometido el delito porque dispone de mejores medios para la instrucción (testigos, información sobre la sociedad en que se produce…). Y también porque esto “tiende a garantizar la independencia y la imparcialidad dispersando las competencias entre diversos órganos jurisdiccionales, evitando la concentración de funciones y poder”, según José María Asencio, catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Alicante.

Tribunal Excepcional

Aunque la AN tiene jurisdicción sobre todo el territorio español, su sede está en Madrid y concentra en un sólo edificio –el mismo en el que estaba el TOP y rentabilizando a muchos de sus funcionarios–, todas sus instalaciones. Esto, que además entraña una dificultad para quienes se ven obligados a desplazarse desde lugares alejados, “no tiene un sentido jurídico sino político”, sostiene el abogado catalán Jaume Asens. “Rompiendo el principio del juez ordinario con un tribunal especial se consigue que la ‘Razón de Estado’ pueda tener mayor incidencia en la orientación e impulso de las investigaciones y juicios de la Audiencia”.

Ante la violación del principio de juez ordinario, numerosos juristas abogan por la supresión de la AN. Otros, que creen que hay argumentos políticos y jurídicos suficientes –evitar la posible presión política y social– para apoyar esta excepción en el caso de delitos de terrorismo, proponen soluciones intermedias como que la AN no tenga todas las competencias de las distintas fases del proceso: suprimidos sus Juzgados de Instrucción –donde están los jueces estrella– ésta sería realizada por tribunales ordinarios de Madrid.

“Tribunales de excepción”

Uno de los fundamentos del derecho señala la prohibición de establecer un órgano jurisdiccional ad hoc para el enjuiciamiento de un determinado delito, lo que la doctrina denomina “Tribunales de excepción”. Y ésta sería justamente otra de las críticas recurrentes contra la AN. Según muchos abogados, al crear este tribunal, el objetivo de la UCD era tener un órgano heredero del TOP en materia de represión política y su principal función fue la de concentrar todo lo relacionado con delitos de terrorismo. Según el veterano August Gil Matamala, ex presidente de la Asociación Europea de Abogados Demócratas (AED), con la AN, “unos pocos jueces y tribunales dirimen las causas de más trascendencia penal y motivación jurídica, lo que les permite usar elementos excepcionales (prisión, medidas cautelares...). Es una concentración perniciosa y se ajusta a la legislación antiterrorista, excepcional, discriminatoria y que niega la igualdad, lo que requiere un tribunal de excepción”. Aunque es cierto que la AN, desde su creación, tenía atribuidas más competencias, el propio TS reconocía en 1989 que carecen de “un haz unificador inequívoco”. Así la AN trata delitos muy diversos, desde la corrupción a las mafias, pasando por delitos, por ejemplo, contra la Corona.

La polémica en torno a las atribuciones de la AN no ceja, ya que el propio tribunal reclama más competencias. Antes del verano, representantes de la AN reclamaron ocuparse de delitos como el tráfico de personas o el de bandas organizadas.

Politización de la Justicia

En lo relativo a las fórmulas inquisitivas de instrucción que favorece y acepta la AN han sido muchas las denuncias de diversos organismos de derechos humanos. El relator de la ONU para los derechos humanos en la lucha contra el terrorismo, Martin Scheinin, solicitó el año pasado la derogación del régimen de incomunicación de los detenidos y que se estudie el régimen especial de la AN y su monopolio, en detrimento de otros tribunales, de los delitos de terrorismo. A juicio del relator, esto conculca derechos y ahonda en deficiencias estructurales –dificultad para recurrir ante un tribunal superior– en el funcionamiento democrático de la Justicia. En una reciente conferencia organizada por Eskubideak, sección vasca de la AED, se señalaba la AN como “paradigma de la politización de la Justicia y de la judicialización de la política”. Y concluía, asimismo, que “su acción, que se puede calificar de creadora de derecho, genera la expansión de tipos penales”.

Un caso paradigmático lo constituye la labor directiva de la AN en la lucha contra el terrorismo. Así, la tesis de Garzón de que “todo es ETA”, que ha llegado hasta el Supremo, ha cambiado el concepto mismo de lo que es terrorismo. Para el abogado vasco Julen Arzuaga, “lo que fue la teoría de Garzón –no sin obstáculos– se convirtió en la teoría de la AN, para ser, a la postre, la teoría del Estado”. Al respecto, Scheinin alertó de la preocupante deriva del sistema legal español que califica como “terrorismo” –con definiciones “vagas y amplias”– delitos que no lo son.

Jueces estrella

La AN produce “jueces políticos”, en expresión del magistrado del TC Gimeno Sendra: jueces “inquisidores” que, con suma incidencia en la vida pública, se mueven por criterios no estrictamente jurídicos. Son los denominados “jueces estrella”, que marcan la vida política y la agenda de los medios de comunicación. Para Jaume Asens, “hay una hipertrofia de una acción judicial cargada de valores políticos y la AN se convierte en actor político de primer orden. Figuras como Garzón son propias del populismo justiciero, como nueva modalidad inquisitiva de la concepción de la justicia”.