Currantes al alcance de sus ojos

En los años cincuenta, los vuelos transatlánticos empezaron a ser regulares, relativamente rápidos y agradables. Nacía así lo que hoy llamamos pisaaropuertos, esa gente que se da a sí misma la impresión de vivir en París, Londres y Nueva York al mismo tiempo.


Irving Penn, célebre fotógrafo de lujo de la revista Vogue, era uno de ellos. Pero el tipo era listo, y descubrió en ese preciso instante algo que escapaba a los demás: el mundo real seguía existiendo en tierra, y podía ser transformado en glamour.

Feminismo y rock: las mujeres al poder

Toda historia tiene un principio. O no. Porque a veces, éste es enormemente difuso, especialmente si se trata de una expresión artística o un fenómeno contracultural. Tanto, que a menudo tiene que llegar alguien -generalmente un agudo periodista-, para ponerle fecha, lugar y nombre concretos, y así poder abarcarlo, catalogarlo y entenderlo.

En el caso del (revuelta de las chicas), el movimiento feminista surgido de la escena punk independiente norteamericana de principios de los noventa, ese lugar se situó al norte de EE UU. En concreto, en Olimpia, capital del estado de Washington, una ciudad de apenas 40.000 habitantes e importante presencia juvenil, en parte gracias a su escuela de arte, Evergreen State, una de las más liberales del país.


Los Ilegales, el corazón es un animal extraño


Siempre han estado ahí, en concreto desde finales de los 70, pero puede que durante la década pasada no se les prestase toda la atención que, ahora, con el anuncio de la gira de despedida tras 30 años, se les da.

Entrevista a Alain Krivine: "En el futuro habrá que luchar contra el mismo enemigo del 68"




Se dice de Alain Krivine (París, 1941) que es el último de los líderes de Mayo del 68, pero no es en aquella gran revuelta donde acabó su labor. Fue dirigente de la troskista Liga Comunista Revolucionaria (LCR) e impulsó la constitución del alternativo Nuevo Partido Anticapitalista (NPA).

El político francés Alain Krivine, inmerso en una gira para homenajear al filósofo marxista Daniel Bensaïd, «una persona que nunca lo hubiera aceptado», recaló en Bilbo, invitado por la revista «Viento Sur», y antes de ofrecer su conferencia valoró para GARA los frutos que dejó aquel Mayo del 68 y el estado de salud de la izquierda.

¿Qué queda de Mayo del 68?

En los países capitalistas avanzados, aunque no sean revoluciones, sigue habiendo revueltas de masas con unas caracte- rísticas anticapitalistas muy marcadas.

La primera enseñanza de Mayo del 68 fue una huelga general con millones de obreros ocupando las fábricas con banderas rojas. Fue algo que nadie había previsto y, por eso, es una de las ideas optimistas que nos dejó.

La segunda conclusión, menos optimista y más realista, es que aunque haya una huelga general, hay que tener objetivos y fuerzas organizadas capaces de ponerlos en marcha; en el 68 eso no existía. Ningún partido de izquierda quería tomar el poder en base a una huelga; tampoco en los sindicatos ni en la clase obrera o estudiantil se dieron formas de organización capaces de llegar al poder.

En conclusión, en un futuro habrá que luchar contra el mismo enemigo de Mayo del 68. Lo que entonces se consiguió por la puerta salió por la ventana, porque no hemos conseguido cuestionar el capitalismo. En aquel momento no estaba en crisis, ahora sí, y eso nos ayuda.

Hay que preparar un Mayo del 68, pero que alcance sus objetivos. Para eso, hay que insistir más en los aspectos negativos -en lo que faltó en aquel momento- que en los positivos.

¿Qué diagnóstico hace de la izquierda europea? ¿Cómo es posible que no logre repuntar en plena crisis, o cuando menos en sus estertores, de la por ahora última crisis global?

La izquierda reformista está en crisis en toda Europa, aunque pueda conseguir victorias electorales puntuales y superficiales. El gran problema de esa izquierda reformista es que no puede hacer reformas en tiempos de crisis. Es decir, la patronal no le deja más que unas migajas, con las que no se pueden hacer reformas.

De ahí se deriva una liberalización de la socialdemocracia porque, o bien los socialdemócratas se adaptan totalmente a la derecha -por ejemplo, en Grecia-, o desaparecen. Algunos dicen que se convierten en anticapitalistas, pero yo no les creo.

Ha venido a Bilbo para participar en el homenaje al filósofo marxista Daniel Bensaïd. ¿Qué aportó a ese debate en el seno de la izquierda mundial?

Primero, fue uno de los pocos intelectuales que aún seguía reclamándose marxista. Actualizó el marxismo de una manera no dogmática; lo empleó como un método de pensamiento y no como únicamente una receta de cocina, cerrada. Extrajo conclusiones revolucionarias optimistas pero, al mismo tiempo, razonables. Él lo llamaba la necesi- dad de los revolucionarios de tener una «lenta impaciencia».

Usted fue eurodiputado por la formación francesa LCR. ¿Qué opina del proceso de construcción europea?

En tanto que soy europeo e internacionalista, soy totalmente contrario a la Europa que se está construyendo ahora a partir de la Constitución y del Parlamento actual.

Durante los cinco años que fui eurodiputado y estuve en el vientre de la bestia, vi que todas las directivas -ya sea en el ámbito económico, social o represivo- no tienen más que un objetivo: salvar el sistema capitalis- ta europeo. No hay más que ver cómo, mediante esas directivas, se ha privatizado gran parte de los sectores públicos.

Usted fue uno de los impulsores de la formación NPA. Parece que, de momento, no ha satisfecho las expectativas creadas...

Hay que tener en cuenta que cuando se constituyó el NPA, hace poco más de un año, había menos de 3.000 afiliados a la LCR y era un período de movilización, con millones de jóvenes y trabajadores en las calles. Sobre esa base se construyó el NPA y, rápidamente, alcanzamos los 9.000 afiliados.

¿Qué influyó en ese auge y por qué cambió?

Teníamos dos grandes bazas. Por un lado, la movilización social y, por otro, un portavoz extraordinario: Olivier Besancenot. Pero hoy la situación ha cambiado totalmente: la mayor parte de las huelgas fracasaron -en un contexto muy parecido al de España, Italia y Grecia-, con una verdadera guerra social que están llevando a cabo la patronal y la derecha, y una incapacidad por parte de la izquierda para dar una respuesta general y radical.

Es verdad que, en esta tesitura, hemos perdido a gente, no tanto por desacuerdo político sino porque hace falta estar muy politizado para continuar militando y, sobre todo, porque no resultamos creíbles en el terreno electoral.

En las últimas elecciones cosechamos un resultado de 2,5% a nivel nacional, aunque eran bastante más altos en algunas zonas. Dos tercios de jóvenes y trabajadores se abstuvieron, y los que votaron, apostaron por partidos que tienen una mayor implantación institucional, es decir, el PS o los Verdes. El Partido Comunista y sus aliados han conseguido un 6%, su marca habitual, pero es una formación que cuenta con 7.000 cargos electos. Nosotros tenemos 80. Es decir, la popularidad del NPA es muy grande, pero no se refleja en las urnas.

¿Cómo piensan revertirlo?

No depende totalmente de nosotros y creemos que es clave que haya movilizaciones sociales. Un avance electoral depende del clima social.

También es verdad que ha habido algunos errores políticos, como el de la candidata que portaba el velo, que han retraído un cierto número de votos, entorno a un 1 ó 2%, pero es algo secundario. Por ejemplo, cada vez que entrevistaban a Besancenot en la televisión, solo se hablaba del velo dejando de lado los verdaderos problemas.

Un fotógrafo romántico llamado Lou Reed


Una exposición en Mallorca muestra sus últimas fotografías y su primer filme



GUILLAUME FOURMONT
Público




Lou Reed siempre ha tenido fama de bestia parda del rock'n'roll, pero como fotógrafo parece más bien un romántico un tanto naïf.

El Baluard Museu dArt Modern i Contemporani de Palma de Mallorca muestra a partir del jueves, y hasta el 30 de mayo, una exposición inédita en Europa: Reed. Romanticism, serie de 23 fotografías de paisajes del autor de Walk on the Wild Side. Todas ellas dedicas "al amor y a la pasión por mi mujer, Laurie Anderson".

Reed (Nueva York, 1942) aprovechó los momentos de soledad durante sus largas giras internacionales para retratar paisajes, aunque con un toque personal. Todas las imágenes, tomadas entre 2003 y 2009, fueron sacadas con una cámara digital con un filtro infrarrojo. El verde de los árboles se pone blanco y los bosques son casi sobrenaturales. El ambiente recuerda su trabajo para la adaptación musical y teatral de El cuervo, de Edgar Allan Poe. "Los árboles y el viento ondeando y bailando en Edimburgo me hacen pensar en la tormenta que me enamoró en Cork. Las perspectivas y el rango de blancos y negros son perfectos para un fan del cine noir", explica el músico estadounidense.

Con esta exposición, Reed no sólo quiere ser un romántico enamorado de su mujer, sino también uno de los del siglo XVIII, cuando los intelectuales querían ser poetas y usar las palabras para explorar el éxtasis y los tormentos del corazón y del alma. "Siempre había deseado estar con la cámara y experimentar el logro asombroso de las creaciones de la vida precipitadas a través de la belleza de la cámara", dice. Y concluye: "Es un amor que dura para siempre, es el amor de la lente de la nitidez, del calor del espíritu y de la profundidad y el sentimiento".

Un documental especial

Las fotografías plasman sus momentos de intimidad cuando está lejos de Nueva York, ciudad modelo de sus anteriores trabajos fotográficos. Pero la novedad de la exposición mallorquina es que muestra el debut de Reed como director de cine. El músico, autor de varias bandas sonoras, decidió ponerse detrás de la cámara para rodar un documental de 28 minutos muy personal.

Red Shirley narra el encuentro entre Reed y su prima Shirley, poco antes de que ella cumpliera 100 años. Codirigido por Ralph Gibson, el filme narra la vida de Shirley: cómo sobrevivió a dos guerras mundiales, cómo superó la muerte de su familia en campos de concentración nazis, su huida de Polonia, su llegada a Canadá, y su asentamiento final en Nueva York. Shirley trabajó allí de costurera y se convirtió en una militante feminista.

Reed acudirá el jueves a Palma, donde hablará de su filme con el público, y ofrecerá un concierto. El fundador de The Velvet Underground muestra en la exposición su atracción por lo desconocido y la belleza de lo natural. Su impulso es y será el amor por su mujer. Todo muy romántico.

Noticias dibujadas


La documentación de la realidad encuentra en las viñetas una nueva vía de imaginar su futuro. El Salón del Cómic de Barcelona mostrará el boom del periodismo gráfico a través de crónicas sobre el 11-M, los Balcanes, Gaza, Afganistán, Líbano o Irán



LUCÍA MAGIA
El País




Las desventuras del joven Stravos bajo la dictadura griega de los años treinta centran Rebétiko (Sins Entido), de David Prudhomme. En Notas al pie de Gaza (Mondadori), Joe Sacco cuenta las matanzas de civiles palestinos en 1956. Zahra's Paradise (de Amir y Khalil -seudónimos- , de momento sólo en formato webcómic en www.cimoc.com), la historia de una manifestante desaparecida después de las elecciones de junio en Irán, es la apuesta de Norma para los próximos meses. Los planes editoriales testifican que los cómics han dejado atrás el país de las maravillas.

El blanco que quiso ser Louis Armstrong


Traficante de marihuana y clarinetista pasable, ‘Mezz’ Mezzrow pasó a la historia por su autobiografía, crónica íntima y fundamental de los pioneros del jazz. ‘Really the blues’, considerada precursora de la generación ‘beat’, se edita íntegramente por primera vez en español


JESÚS MIGUEL MARCOS
Público




La primera conclusión que el lector extraerá del libro Really the blues es esta: cualquier cosa que nos han contado del blues es mentira. Ya no nos engañarán más. Porque el blues es un chaval negro, recostado en un colchón de cáscaras de maíz en un reformatorio de Michigan, que en mitad de una fría noche de principios de siglo XX no puede contener un gramo más de angustia y comienza a cantar: "Oohh, no voy a hacerlo más, / Oohh, no voy a hacerlo más, / Si no hubiese bebido tanto whisky / no estaría tirado en este duro suelo". Milton Mezz Mezzrow (1899-1972) era blanco, pero desde que lo encerraron en el reformatorio de Pontiac por robar un coche y escuchó los aullidos narcotizados de los negros su alma comenzó a cambiar de color.

"En más de una ocasión me vi allí tumbado, con el blues oprimiéndome el pecho, y bastó con que uno de ellos se pusiera a cantar para que el peso se disipase. Aquellos tipos sabían perfectamente qué hacer con el blues", dice Mezzrow en Really the blues (Acuarela / Antonio Machado Libros), la autobiografía que convirtió a este músico de segunda categoría en uno de los protagonistas imprescindibles del blues y el jazz de principios de siglo. Publicada originalmente en 1946 y considerada una de las grandes biografías de la historia de la música popular, Mezzrow le contó su historia al escritor Bernard Wolfe, que fue el encargado de mecanografiar una vida tan insólita como apasionante.

Really the blues es un documento único de la intrahistoria del primer jazz (Mezzrow participó en sesiones de grabación para sus amigos, gente como Louis Armstrong, Bessie Smith, Joe Oliver o Sidney Bechet), pero también una estampa de los bajos fondos de Detroit, Chicago o Nueva York, una crónica carcelaria, un tratado sobre drogas (suministraba marihuana a la escena del jazz y fue adicto al opio) y un libro de aventuras. Pero sobre todo, se trata del retrato de un peculiar personaje a medio camino entre el Roberto Benigni de La vida es bella y Forrest Gump, que se adelantó medio siglo el final del racismo.

Una extraña mutación

Porque Mezzrow, tras varios años de inmersión en el gueto de Harlem y casado con una chica negra, creía que era un negro. "Llegó verdaderamente a pensar que se le había abultado el contorno de los labios, que el pelo se le había erizado y endurecido y que su piel se había oscurecido. Se había reducido a pulpa (...) para emerger justo como lo contrario de su herencia original: un negro en estado puro", escribió Bernard Wolfe en el epílogo del libro.

"¿Una escuela de música? ¿Bromeas? Aprendí a tocar el saxo en el reformatorio de Pontiac". Mezzrow se metió en la banda de música haciéndose pasar por director de orquesta y empezó de corneta, despertando a sus compañeros de pasillo con el toque de diana. Cuando en 1940 volvió a la cárcel (por error: según él, siempre era inocente), pidió que le trasladasen al pabellón de los negros porque se consideraba uno de ellos. Y lo consiguió.

Mezz (como le conocían todos, nombre que acabaría formando parte de la jerga del jazz para designar cualquier cosa inusualmente buena) no se podía contener y se unía a los reos negros cuando entonaban espirituales. "Encajé con tanta facilidad, ligándome a las distintas armonías como si fueran parte de mí, que al concluir todos se pusieron a cacarear con regocijo", cuenta Mezzrow en el libro. Un enorme joven negro llamado Red sentenció: "Parece que el chico judío sabe también de qué va el rollo".

Con su inseparable clarinete a cuestas, el músico militó en numerosos combos de jazz y se relacionó con los pioneros del género, que en Really the blues quedan retratados en su intimidad. Cuenta Mezzrow que los camareros escondían los azucareros en cuanto Joe King Oliver, músico de referencia de Louis Armstrong (le llamaba Papa Joe), entraba por la puerta. Al parecer, Oliver tenía por costumbre comprar pan después de los conciertos y entrar en cualquier cafetería para hacerse bocadillos de azúcar. "Podía comerse dos o tres barras de una tacada, con sus correspondientes azucareros", escribe Mezz.

Su músico más admirado fue, sin embargo, Louis Armstrong, del que primero fue fan y luego amigo. Dice que cuando iba a casa de Satchmo siempre lo pillaba en el baño: "Ese hombre disfrutaba realmente de su baño y su afeitado. El modo en que se afeitaba me traía a la memoria aquella ocasión en que Louis estaba tocando y yo le rocé accidentalmente. Os juro que el cuerpo entero le vibraba como una de esas máquinas de los parques de atracciones que miden cuántos voltios puedes soportar".

En el libro Really the blues, Mezzrow confirma la leyenda (negada por Louis Armstrong) sobre el origen del popular ‘scat', la improvisación donde los cantantes dicen sílabas sin sentido. "Louis nos revelaría cómo ocurrió: durante la grabación se había acercado al micrófono y había empezado a cantar su parte vocal cuando se le cayó al suelo la partitura con la letra, por lo que no le quedó otra que improvisar hasta el final", escribe sobre el tema Heebie Jeebies.

Y ‘Mezz' llegó a París

Mezzrow es un experto en música y lo demuestra escribiendo páginas exquisitas sobre sus gustos y sus formaciones favoritas. En su carrera como músico tocó en varias orquestas y llegó a hacer giras por Europa. Muchos parisinos descubrieron a Louis Armstrong gracias a él: "Las compañías discográficas, en aquellos tiempos, ocultaban al mundo esta música maravillosa. Los discos de los grandes artistas de jazz negros siempre se presentaban por separado, bajo la nominación de música racial".

Mezz terminaría convenciendo a los taquilleros de un teatro parisino para que pusieran por los altavoces de la marquesina la versión de Ain't misbehavin' de Fats Waller ("provocó en la calle un atasco de varias manzanas") e introdujo en el estilo hot a un jovencito Hughes Panassié. Años después, este impulsaría los famosos Hot Clubs de Francia, que llegarían a extenderse por todo el mundo.

En Really the blues se intuyen rasgos de los escritores de la generación beat, que publicarían sus primeras obras una década después. Mezzrow también habla de drogas minuciosamente y en primera persona: suministraba marihuana a los músicos y terminó enganchado al opio. Sin embargo, si los beats se caracterizaban por la falta de escrúpulos y la laxitud de valores, en Mezzrow encontramos un ser humano entrañable, extremadamente vital y con especial sensibilidad hacia los parias. Como dijo Henry Miller, Really the blues "expresa un mensaje vigoroso y vital de alegría sin adulterar".


Wes Anderson firma su obra maestra. El director irrumpe con Fantástico Sr. Fox


La animación alcanza un nuevo hito de la mano de Wes Anderson con Fantástico Sr. Fox, extraordinaria adaptación en “stop motion” de un original de Roald Dahl. Las claves del universo del cineasta se reflejan en el filme: la necesidad de la búsqueda, la indagación en la familia y la belleza plástica


LUIS MARTÍNEZ
El Mundo




“Érase una vez un reino dominado por los efectos digitales, los milagros en 3D y las maravillas generadas por ordenador. Sus habitantes caminaban con cara de lenguados fuera del agua ataviados con unas bizarras gafas de colores. Un buen día, llegó un extraño muñeco con los ojos de porcelana, la piel gastada y la melena híspida...”. El cuento de la película Fantástico Sr. Fox bien podría empezar así. Por supuesto, se le podría añadir más de gracia y, quién sabe, una moraleja al final. De hecho, algo de fábula educativa tiene esta historia.

La última película de Wes Anderson es un raro experimento de animación. La casualidad (o la simple torpeza comercial) ha querido que una película que estuvo en la última edición de los Oscar, y que ya ha agotado su recorrido comercial en el ancho mundo, llegue ahora a España. Y que lo haga justo una semana después de la Alicia de Tim Burton.

Las dos películas tienen mucho de juguete caro para adultos. Sin embargo, no pueden ser más diferentes. Ambas están inspiradas en dos grandes de la literatura universal. La desgana, la falta de visión o la simple impostura ha querido que muchas veces tanto Lewis Carroll como Roald Dahl, autor de Fantastic Sr. Fox, sean colocados en la estantería de literatura “infantil”. Y esto más que un disparate es el síntoma de la enfermedad de nuestro tiempo, que ha convertido a los niños en algo blando, tontorrón y, por definición, incapacitado. Cuando estos dos autores escribieron, la infancia todavía no existía. Niños sí había. Ya saben, esos seres que gritan, corren y se baten contra un mundo que les puede. Poco a poco, crecen y dejan de ser una molestia. Luego, alguien decidió que el estado de excitación permanente de los críos era un bien a proteger y... llegó la infancia, algo, sea lo que sea, que hoy dura hasta los 30 años. Malo.

Decíamos que tanto Burton como Anderson comparten punto de partida: son autores que trabajan con materiales como el absurdo, el surrealismo y las asociaciones espontáneas; son cineastas que gustan de leer a escritores que discuten las normas más primarias. En efecto, esto lo hacemos de niños a cualquier edad. De este modo, los dos rastrean otras voces para conformar un universo propio. Y aquí se acaban los paralelismos. Mientras Alicia aspira a ser un juguete caro de última tecnología para deslumbrar a los ingenuos, Fantástico Sr. Fox quiere ser una delicada y autoconsciente rareza en un mundo, por definición, demasiado ajeno.

El punto de partida es brillante: discutir las propias claves de un cine (el de animación) que está camino de perder la gracia de, precisamente, la animación. El resultado es magistral. Fantástico Sr. Fox es una obra maestra. Quizá la mejor película que se pueda disfrutar en mucho tiempo. De hecho, más que una película se parece más a un poema visual de Joan Brossa: un juguete de cuerda al lado de una Playstation 3 o, si se prefiere, el recuerdo de la primera de las emociones al lado del primero de los olvidos. ¿No era esto, con sus disparates e imperfecciones, la propia vida?

Una metáfora con gracia
La cinta cuenta la historia de una familia de animales empeñada en reglar y pautar las exigencias de la vida natural al lado de las esclavitudes de la convivencia en sociedad. Y esto, argumento de Superzorro (tal y como se conoce en la traducción al español el libro de Dahl), se convierte en manos de Anderson en algo más que una ocurrente metáfora. Además, la metáfora tiene gracia. Y mucha. Y eso es importante. Y mucho.

Posmodernidad y barroco
De la mano de su guionista de cabecera, Noah Baumbach, el autor acierta con la ironía juvenil, ácida y pop de Academia Rushmore; recupera las actuaciones en stop-motion de The Life Aquatic e insiste en la reconstrucción e investigación de esos raros lazos afectivos que crea una institución como la familia, como en Los Tenenbaums. El universo que ha marcado toda su filmografía está perfectamente traducido a su último trabajo. Incluso se podría decir que Sr. Fox es casi una consecuencia natural de su trabajo.

Si se la compara con Viaje a Darjeeling, su anterior película, todo cobra sentido. Los personajes de Darjeeling se movían empujados por la necesidad de la búsqueda. Nada que no haya intentado cualquier artista honesto. La peculiaridad de Anderson consiste en convertir ese errar (que vale tanto para “andar vagando” como para “equivocarse”) en el fin que lo justifica todo; incluso, el estilo cinematográfico. Anderson presume de moderno porque sus personajes son conscientes de su papel de representación, de espejo, de síntoma y de enfermedad de algo, por necesidad, inaprensible: la propia expresión. Sus actores no imitan, no actúan, simplemente son. Y de este modo, el espectador es invitado a colocarse a su lado. Tanto el propio espectador, como el actor, como finalmente el director terminan por formar parte de una misma comunidad de pensamiento. Anderson no dicta, no dice. Simplemente muestra. Y, todo sea dicho, con muchísima gracia.

Era cuestión de tiempo que sus actores se convirtieran en muñecos, en máscaras, en representaciones de algo que no necesita ser representado, porque no es otra cosa que pura representación. ¿Posmodernidad o barroco? Las dos cosas. El Sr. Fox, cuya voz original corre a cuenta de George Clooney, no es más que la materialización de una idea brillante transformada en muñeco. ¿Complicado? Los juegos irónicos son así, como imágenes en espejos enfrentados: dan vértigo y provocan cosquillas.Genial la dirección de animación de Mark Gustafson, la fotografía de Tristan Oliver, las voces de Meryl Streep, Jason Schwarztman o Bill Murray y perfecta la música de Alexandre Desplat. La fábula tiene una simple y brutal moraleja: otro cine es posible. Érase que se era...

De madres, monjas, putas y ‘machorras’


Es una de las partes de la memoria histórica más olvidada: el control de la sexualidad de las mujeres durante el Franquismo y las grietas por las que el deseo sexual autónomo logró escapar para expresarse

BELÉN MACÍAS MARÍN
Diagonal




Bajo la atenta mirada de Dios, el Estado y el marido, las mujeres que vivieron el nacionalcatolicismo franquista cumplían para el régimen dos papeles bien definidos: o eran puntales del hogar, perfectas madres y esposas asexuadas al servicio del varón, o satisfacían, también al servicio del varón, los deseos no cumplidos por la ‘pin up’ ibérica de laca y delantal. Eran madres o prostitutas, cara y reverso de un modelo que negaba la sexualidad autónoma de las mujeres, condición imprescindible para que el sistema político y económico de la dictadura, el orden y la tradición se impusieran durante casi 40 años y cuyo rastro se puede seguir hasta la actualidad. Las mujeres libres que intentaron vivir su sexualidad fuera del matrimonio con fines reproductivos eran consideradas ‘mujeres de dudosa moral’, más bien putas o desviadas, castigadas y amenazadas con el peso del pecado, el delito o la enfermedad mental.

Un seminario organizado en Madrid, entre el 5 y el 9 de abril, por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ha intentado recuperar la memoria de la sexualidad de las mujeres durante la dictadura.

‘LIBRERAS’ Y ‘MACHORRAS’

Constituían la “transgresión de la transgresión”, en palabras de Dolores Juliano, antropóloga de la Universidad de Barcelona. Las lesbianas no servían al varón (ni al varón-estado ni al varón-hogar) ni cumplían el papel reproductivo deseado. “El Franquismo ni siquiera les da carta de naturaleza, no las reconoce como sujetos”, explica a DIAGONAL la directora de las jornadas, la socióloga de la UNED Raquel Osborne.

El camuflaje social, la invisibilidad y el silencio se van a convertir, sin embargo, en estrategias de resistencia para algunas mujeres. Es el caso de las ‘libreras’ catalanas, que se reconocían como lesbianas con este nombre cifrado en la Barcelona de los años ‘40 y ‘50. Mujeres, en su mayor parte trabajadoras, que organizaron redes de solidaridad cómplice entretejidas con los ambientes bohemios de la farándula del Paralelo para poder generar espacios de libertad en acampadas, cafés, playas...

Aunque la persecución sobre los hombres homosexuales se realizó de forma mucho más explícita con normas como la Ley de vagos y maleantes de 1933/34 (frente a la represión más difusa de las familias o la religión, que operaba de forma eficaz con las lesbianas), hacia finales del régimen, como señala la psicóloga e investigadora en la Universidad Complutense de Madrid Raquel Platero, “existía una alarma concreta hacia la disidencia sexual que suponen las mujeres que aman a otras mujeres y las mujeres masculinas o ‘machorras’, lo que es identificado como un problema en aumento”.

LAS ‘CAÍDAS’

La situación de miseria y la falta de hombres como sostenedores que deja la ocupación de los nacionales empuja a muchas mujeres de clase trabajadora a convertirse en mujeres ‘públicas’ en un país que repartió cartillas de racionamiento hasta 1952. El régimen deroga el decreto que había abolido la prostitución durante la II República en 1935 y reglamenta el sector con un registro específico y cartillas sanitarias para estas mujeres, con lo que se establece un férreo control social, policial y médico. La doble moral franquista permitirá la prostitución en los burdeles y mancebías, mientras que en la calle perseguirá a las mujeres ‘caídas’ hasta 1956, cuando el régimen manda cerrar las ‘casas de tolerancia’.

Después, como explica Jean-Loius Guereña, de la Universidad François Rebelais, de Tours (Francia), “la prostitución no desaparece sino que encuentra nuevas formas y, con precios más altos, reaparece en meublés, pensiones, con empleadas de tiendas de moda, camareras...”.

PSIQUIATRÍA Y ALCOBA

La psiquiatría militarizada del régimen, con Juan José López Ibor y Antonio Vallejo Nájera como máximos representantes, se encargó de apuntalar con coartadas pseudocientíficas la inferioridad mental de los disidentes políticos y las mujeres.

Vallejo Nájera sostiene que el psiquismo femenino tiene muchos puntos de contacto con el infantil y el animal y cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer, “despiértase en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas”.

Por fortuna, trabajos como el de uno de los primeros sexólogos españoles, Ramón Serrano Vicéns (1908- 1978), arrojan algo de luz sobre el comportamiento de las mujeres en la alcoba. Este médico de familia, cuya figura ha rescatado el sociólogo Jordi Monferrer, realizó 1.417 entrevistas a mujeres sobre su vida sexual desde los años ‘30 a los ‘60. Algunas de sus conclusiones resultan sorprendentes: más de un tercio de las casadas habían sido infieles, el 57,7% había tenido deseos extracoyungales reprimidos y casi un 36% de las mujeres había mantenido alguna relación lesbiana. Un 84% de las entrevistadas menores de 40 años se masturbaba, algo que para Serrano Vicéns equilibraba el espíritu y les daba claridad intelectual.

"American spiritual", Dirty Sweet (2010)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Hace tres años, un grupo de San Diego llamado Dirty Sweet, supuso una de las novedades más atractivas de esos momentos. “Of Monarchs and Beggars”, su debut, era un compendio entre el rock clásico y el hard rock más guitarrero. En ese abanico musical había espacio para el blues o el glam, todo ello perfectamente mezclado y alejado de clichés agotados o “poses” más o menos artificiales. En definitiva, era el anticipo de un grupo que daba síntomas claros de talento.

Por fin ha llegado el momento de corroborar , por medio de su segundo álbum, todas las expectativas creadas. Visto el resultado final surgen algunas dudas que no ponen en entredicho su calidad musical pero que talvez no llegan a cumplir las sospechas que muchos habían puesto en la banda.

“American spiritual” en vez de ahondar en el sonido que había ofrecido anteriormente opta por tomar un camino algo diferente. Por una parte se amplían un tanto las referencias, apareciendo el country y el folk. En principio nada de todo esto es malo, al contrario, lo que sucede es que a la hora de plasmarlo por medio de la producción el desenlace es demasiado “limpio”. Las guitarras pierden algo de contundencia y se centran en conseguir melodías más inmediatas. No se puede decir que sea un disco malo, ni incluso mediocre, simplemente no parece ser el ambiente en el que mejor se desenvuelva el grupo.

Lo dicho afecta al aspecto formal. Respecto a la idea que hay detrás de las canciones también se han esmerado en dar otra orientación al disco. Sin llegar a ser un álbum conceptual si tiene una argumentación común, centrada en la situación de crisis que se vive tanto en su país como en el mundo en general. Las letras son algo más reflexivas, encargadas de mostrar la realidad y dar una brizna de esperanza por medio de la música.

El inicio con “Rest sniper, rest” tira de fuerza, los cambios de ritmos habituales continúan y la voz de Ryan Koontz suena más chillona y aguda, cosa para nada criticable, al contrario, es uno de los puntos fuertes del grupo. Pero ya se hace patente una diferente manera de tratar los temas, más producidos y ornamentados. “You’ve been warned” consigue una melodía muy atractiva de mucho ritmo con ayuda de los coros. “Star-spangled glamour” es un tema de influencia glam, que acaba sonando algo saturado debido a la mezcla de acústicas y eléctricas algo deslavazada. “Please beware” es un tema bastante flojo que transita por los caminos del hard rock pero debido, sobre todo, a un estribillo muy comercial suena bastante descafeinada.

En cambio, en canciones como “An empty road” dan señales de un gran talento para los medios tiempos. Precisamente cuando suenan menos inmediatos consiguen unos réditos mucho más rentables. Cosa patente en la bonita “Marionette”, de ritmo más oscuro. De “American spiritual” se podría decir algo parecido, una especie de folk-gospel que en todo momento da la sensación de poder alcanzar mejores cotas si no estuviera tan tratada.

Estamos por lo tanto ante una pequeña decepción, a pesar de ser un buen disco, sobre todo porque queda en evidencia que son capaces de sonar mucho mejor que en este nuevo trabajo, demasiado centrado en crear un sonido muy trabajado donde no parece ser el mejor terreno en el que se desenvuelven. Escuchando las propias declaraciones del grupo en las que reconocen que están trabajando en nuevas canciones y que serán totalmente diferentes a lo escuchado, no se sabe si estar esperanzados o asustados.

¿Por qué no banca pública?

VICENÇ NAVARRO
Sistema Digital



Una noticia que seguro Ud. no habrá leído en los mayores medios de información del país es la del movimiento que está ocurriendo en EEUU (centro de la crisis financiera), que goza de gran apoyo popular, que propone la creación de bancas públicas, tanto a nivel estatal como federal. En parte, ello se debe al enorme descrédito que la banca privada tiene en aquel país. Según las últimas encuestas, los bancos están entre las instituciones menos valoradas en la sociedad estadounidense. A pesar de las enormes cantidades de fondos públicos que los bancos han recibido, todavía hoy es difícil para las pequeñas y medianas empresas, así como para la mayoría de la ciudadanía, conseguir crédito bancario. En lugar de utilizar los fondos públicos para cumplir esta función social (el ofrecimiento de crédito), los grandes bancos han utilizado tales fondos para continuar con sus comportamientos especulativos (que causaron la crisis financiera) y para incrementar todavía más los salarios y bonos de sus directivos. Como consecuencia, la hostilidad de la población hacia los bancos se ha acentuado todavía más.

Pero la otra razón de que haya un número creciente de representantes políticos que, presionados por la opinión popular, estén proponiendo crear una banca pública es la experiencia positiva de la banca pública en aquellos estados que tienen bancos estatales públicos. De ellos el más conocido es el Banco Estatal del estado de North Dakota, fundado hace noventa y un años, cuyo capital inicial se basó en los impuestos y tasas estatales que continúan siendo la fuente principal de aquel banco. Según sus reglas internas, tal banco estatal tiene prohibido realizar inversiones en actividades especulativas, exigiéndosele, además, que invierta en el propio estado de North Dakota. Ha sido uno de los bancos más solventes y menos afectados por la crisis financiera que sufre el país. Y también uno de los pocos bancos que previno la burbuja inmobiliaria, evitando las hipotecas basura (subprime mortgages) en su práctica bancaria. Tal como escribe Ellen Brown en su libro Web of Debt, tal banco público es responsable de que aquel Estado no haya sufrido la escasez de crédito que han sufrido la mayoría de estados en EEUU.

Ello explica que muchos otros estados están pensando en constituir bancos públicos similares. Ha aparecido, así, una ola de propuestas en los parlamentos estatales de varios estados (Vermont, Virginia, Michigan, Washington State), que proponen el establecimiento de bancos estatales públicos. Todas estás propuestas responden al hartazgo de la población hacia el sistema bancario actual y la utilización de fondos públicos para salvarlo. Reproduciendo el mismo enfado general, varios parlamentos estatales han prohibido que los fondos del estado se inviertan en bancos de inversión (Investments Banks) que consiguen sus beneficios a base de inversiones especulativas que ponen en riesgo los fondos públicos.

Y otro dato importante, que tampoco habrá leído en los mayores medios de información y persuasión españoles es que se empiezan a escuchar voces en EEUU que están pidiendo también que se establezca un banco público, voces que están encontrando una gran receptividad en la calle, e incluso en algunos sectores del Congreso (que no han sido captados todavía por los lobbies de la Banca). Entre estas voces está la del Premio Nóbel de Economía, Joseph Stiglitz, que en un artículo reciente en la revista The Nation indicaba que los 700.000 millones de dólares que se gastaron para ayudar a la banca, debieran haberse utilizado en establecer una banca pública, evitando así que EEUU tuviera el enorme problema de crédito que tiene hoy. Según Joseph Stiglitz este dinero podría haber supuesto la creación de un Banco Público, a partir del cual podría haberse alcanzado una actividad crediticia de 7.000 billones de dólares (siguiendo el criterio de seguridad de 1 a 10, incluso más conservador que el de 1 a 30 que ha sido la práctica bancaria generalizada). Tal cantidad significa una capacidad mucho mayor que la que hoy necesita el país. Concluía Stiglitz, en su artículo, que la ayuda a la banca no había sido, en realidad, una medida para facilitar el crédito, sino una intervención pública con el objetivo primordial de salvar a los banqueros y a los accionistas.

Estas noticias que Ud. no habrá leído en los mayores medios de información y persuasión españoles son muy relevantes para España también, pues la misma pregunta debiera hacerse en nuestro país. ¿Por qué el gobierno español ha invertido tanto dinero en salvar a la banca, con tan pocos resultados en facilitar el crédito? La población, así como los medianos y pequeños empresarios (los empresarios que crean más empleo en el sector privado en España), tienen enormes dificultades en conseguir crédito y ello a pesar de que el gobierno ha invertido enormes cantidades en ayuda a los bancos. Hubiera sido una medida mucho más eficaz y equitativa si el Estado español (con el dinero invertido en ayudar a los banqueros y a sus accionistas) hubiera creado un banco público, tal como, me consta, el Sr. Stiglitz sugirió a las autoridades españolas sin que, por lo visto, tuviera ninguna respuesta.

Y el hecho de que no lo hicieran es, una vez más, consecuencia del gran poder de la banca en España (el poder fáctico de mayor fuerza en nuestro país), liderado por el Banco de España, cuyo gobernador (nombrado por el gobierno socialista) es el máximo exponente del pensamiento liberal, pensamiento que ha causado la enorme crisis actual, y todavía hoy domina la cultura económica del país. La nacionalización de la banca o la creación de una banca pública es uno de los grandes tabúes, de los muchos que hay en la cultura política y mediática del país, que debiera desaparecer para permitir un auténtico debate sobre la situación bancaria en España, que, en contra de lo que promueve la sabiduría convencional en el país, necesita realizar cambios muy sustanciales en sus sistemas de propiedad, de gobierno y de funciones.

Mark Twain a los 100 años de su muerte


Considerado el padre de la narrativa estadounidense contemporánea, el próximo 21 de abril se cumple el primer centenario de la muerte de Mark Twain, cuyo nombre y novelas se asocian irremediablemente al ingenio y la aventura. José Antonio Gurpegui revisa su influencia decisiva en Hemingway, Faulkner o Bellow


JOSÉ ANTOIO GURPEGUI
El Mundo





“Toda la literatura norteamericana moderna viene de un libro de Mark Twain titulado Huckleberry Finn. Si lo lees, detente justo cuando al negro Jim se le separa de los chicos. ése es el verdadero final. El resto es un simple engaño. Pero es el mejor libro que tenemos. Toda la literatura norteamericana empieza con él. No había nada antes. No hay nada tan bueno después.” La apreciación se refiere, obviamente, a Huckleberry Finn de Mark Twain -seudónimo de Samuel Langhorne Clemens (1835-1910)- y fue realizada por Ernest Hemingway en Las verdes colinas de África (1935). Y eso que no es precisamente el autor de El viejo y el mar una fuente fiable y objetiva en sus apreciaciones literarias, ya que son más que conocidas sus filias y fobias -algo tendrían que decir al respecto Scott Fitzgerald y Sherwood Anderson-. Sin embargo, lo que resulta evidente es que Las aventuras de Huckleberry Finn (1885) marca el punto cumbre de las letras norteamericanas, consagrando definitivamente la “independencia cultural” que reclamara James Kirke Paulding a comienzos del XIX, e iniciada con La letra escarlata (1850) de Hawthorne y Moby Dick (1851) de Melville. No en vano, en una conferencia en Japón, en 1955, William Faulkner afirmó que Twain es “el padre de la literatura norteamericana… el primer escritor verdaderamente norteamericano, y todos nosotros somos sus herederos”.

Lo sorprendente, sin duda, es cómo un huérfano de doce años llamado Samuel Clemens, que abandonó sus estudios para trabajar como aprendiz en un modesto periódico local, piloto de barcos, soldado y viajero, se convirtió en una leyenda para millones de lectores, escritores y críticos gracias a sus crónicas periodísticas y a novelas tan populares como el ya mencionado Huckleberry, Las aventuras de Tom Sawyer o Un yanqui en la Corte del rey Arturo.

William Dean Howells, editor del influyente Atlantic Monthly y gran pope de la literatura norteamericana de entresiglos (XIX-XX), alabó efusivamente la publicación de Huckleberry Finn llegando a afirmar que se trataba de la primera obra de ficción que reflejaba con fidelidad la realidad e idiosincrasia norteamericanas. Howells, en estas cuestiones críticas mucho más fiable que Hemingway, abogaba por un modelo cultural literario norteamericano más próximo al regionalismo -en lo que vino a denominarse “color local”- que al urbanismo de Henry James, que acababa de publicar Washington Square (1881). Y de alguna forma la dicotomía Twain-James o James-Twain parece tener una sombra tan alargada que se proyecta hasta el siglo XXI. En cierta ocasión escuché a mi querido maestro Leopoldo Mateo mencionar cómo había constatado que aquéllos que sentían pasión por Twain aborrecían a James, y viceversa.

En el caso de Twain su influencia se circunscribe casi exclusivamente a Huckleberry Finn, pues el resto de sus obras, si exceptuamos algún que otro cuento incluido en La afamada rana saltarina del condado de Calaveras (1867), no logra ni tan siquiera aproximarse a las cotas artísticas alcanzadas en la historia del pícaro Huck y el esclavo Jim.

Con anterioridad a Twain, escritores como Francis Bret Harte, autor del divertido volumen The Outcasts of Pokerflat (1869) y Joel Chandler Harris y sus Historias del tío Remus (1880) ya habían explorado las posibilidades literarias del ambiente rural y fronterizo, de acuerdo a formas y modelos literarios distintos, no necesariamente antagónicos, al romanticismo de la primera mitad del siglo, pero es Mark Twain quien confiere su auténtica categoría al género.

Hamlin Garland fue uno de sus primeros y más aventajados discípulos y los cuentos de sus Main-Traveled Road (1891), y especialmente A Son of the Middle Border (1917) ofrecen una perspectiva de la América rural que complementa la del autor del Mississippi. También Charles W. Chesnutt en su injustamente olvidada The Marrow of Tradition (1901) mantiene interesantes deudas con Twain, tanto en lo referente al género literario como en lo sustancial del argumento al explorar la perversión social y personal que significa la esclavitud. Similar influencia a la que podemos encontrar en George Washington Cable, especialmente en obras como The Negro Question (1888).

En los autores del siglo XX la influencia de Twain resulta mucho más sutil. En el caso de Saul Bellow, por ejemplo, el título de una de sus más admiradas obras, Las aventuras de Augie March (1953) ya indica de forma más bien explicita dónde encontraremos el referente. Pero no es solo el título: la progresión del héroe desde la infancia a la madurez o ese ambiente picaresco que sazona la novela nos remiten directamente a Huck. También Ralph Ellison, autor de El hombre invisible (1952), afirmaba en un antológico ensayo que Twain “nos ha enseñado cómo capturar lo que es esencialmente norteamericano en nuestras costumbres y folclore”. Resulta interesante la valoración de este escritor afroamericano, sobre todo teniendo en cuenta las recientes valoraciones de jóvenes críticos que consideran a Twain un escritor racista…

Algo más objetiva resulta la también afroamericana Toni Morrison, premio Nobel, quien colaboró escribiendo la Introducción de Huckleberry Finn en el X volumen de The Oxford Mark Twain (1996), donde Shelley F. Fishkin editó los 29 volúmenes de sus obras completas. También Arthur Miller participó en el proyecto en los escritos pertenecientes a la Autobiografía: fue él quien me comentó que le habían contactado para escribir una de las introducciones y recuerdo perfectamente su comentario cuando, al hilo de lo que me acababa de decir, mencioné cómo el inmortal novelista parecía estar cuestionado a finales del siglo XX, “Natural -ironizó Miller-, nadie les prestaría atención si, como nosotros, dijeran que es el novelista más importante de las letras norteamericanas”. Esta enciclopédica edición de las obras de Twain resulta también ilustrativa al repasar la nómina de escritores que han participado. Además de los referidos Miller y Morrison, también han colaborado firmas tan prestigiosas y consagradas como E. L. Doctorow introduciendo Las aventuras de Tom Sawyer; Kurt Vonnegut en el volumen correspondiente a Un yanqui en la corte del rey Arturo; Bobbie Ann Mason, Malcolm Bradbury, Walter Mosley, Cynthia Ozick, Erica Jong; Lee Smith, Gore Vidal… Todos ellos reconocen no solo la importancia de Samuel Langhorne Clemens, Mark Twain, en la literatura norteamericana, sino en sus propias creaciones artísticas y en su concepción del arte y de los Estados Unidos.