viernes, 7 de mayo de 2010

Currantes al alcance de sus ojos



París expone obras de Irving Penn en los años 50, cuando la fotografía de lujo descubrió que el mundo real seguía existiendo y podía ser glamour

ANDRÉS PÉREZ
Público


En los años cincuenta, los vuelos transatlánticos empezaron a ser regulares, relativamente rápidos y agradables. Nacía así lo que hoy llamamos pisaaropuertos, esa gente que se da a sí misma la impresión de vivir en París, Londres y Nueva York al mismo tiempo.

Irving Penn, célebre fotógrafo de lujo de la revista Vogue, era uno de ellos. Pero el tipo era listo, y descubrió en ese preciso instante algo que escapaba a los demás: el mundo real seguía existiendo en tierra, y podía ser transformado en glamour.

A esa precisa y peculiar obra fotográfica realizada por Irving Penn en París, Londres y Nueva York en 1950 y 1951 dedica la Fundación Henri Cartier-Bresson de París una exposición, reveladora en todos los sentidos de la palabra. Bajo el título de Pétit métiers (algo así como "curros malpagaos" en español cheli), la institución fotográfica parisina muestra la colección de retratos de trabajadores muy descualificados, a menudo cargados de tizne, que el fotógrafo efectuó en los albores de la globalización.

La señora del aparcamiento, el joven carnicero, la portera, el bombero de una planta industrial, el carbonero, el policía, el camarero, la cabaretera, el que vende periódicos a gritos en la esquina... Están en los retratos todos los que curraban en los años cincuenta en las ciudades. Es decir, todos los que contribuían a que el mundo fuera mundo, y a que las calles estuvieran puestas cuando los pisaaeropuertos se levantaban a por el croissant, el brunch o el delicatessen. Tanto los de Londres, como los de París, como los de New York. Sólo faltan, en los retratos de Penn, el carterista y la puta. ¿Será por que Irving Penn los dejó fuera de la Humanidad y de su cámara oscura, o porque la señora comisaria de la exposición los pasó por alto?

En 1950, la revista Vogue envió a Penn a París para hacer los retratos de las colecciones de alta costura que ya atraían a los petimetres del mundo entero. Era su "curro alimentario", como suelen llamar los fotógrafos parisinos de hoy en día a esos encargos quizá no muy interesantes, pero superbienpagados con un pastón de la ostia.

Por aburrimiento, o por coherencia, se le ocurrió una idea: hacer traer a los trabajadores que había por todas las esquinas del barrio de su estudio, en el sur de la Ciudad de la Luz, y colocarlos en posición de retrato, en ese mismo laboratorio escénico. "Alejar a los modelos de su entorno natural e instalarlos en un estudio frente al objetivo no sólo tenía el objetivo de aislarlos; los transformaba", escribió el propio Penn a modo de teorización.

Ese trabajo que se prolongó en Londres y en Nueva York por espacio de dos años, en realidad tenía un precedente. Penn había iniciado en Cuzco, dos años antes, un proyecto con un límpido nombre: "Worlds in a Small Room".

A partir de Cuzco, y pasando por París, Londres y Nueva York, Penn acabó castigando con sus dichosos estudios también a los marroquíes, los benineses, los dahomeyanos y los sanfrancisqueños. ¡Hasta los extremeños tuvieron que pasar por la piedra, es decir por los estudios asépticos que invariablemente instalaba el fotógrafo, para llevar a ellos toda la diversidad del mundo, por separado y aislada!.

El modelo así colocado, pese a llevar su tizne, su juego de llaves, sus cuchillos de carnicero o sus amuletos de doncella africana del pueblo Tofinu, costas todas ellas que le enlazan a una realidad social, acaba convertido en una pureza estilizada ofrecida en sacrificio al templo del glamour y del papel satinado. Eso sí: con la perfección formal de Irving Penn y un trabajo de revelado complejo.

Anne Lacoste, comisaria de la exposición y miembro del Getty Museum que ha prestado los clichés, defiende a su polluelo. Recuerda que éste prosiguió el trabajo de Eugène Atget a finales del siglo XIX y de August Sander entre las dos guerras mundiales y que Penn "nunca tuvo la pretensión de retratar el mundo real".

"Es una búsqueda del prójimo sin par" con "un enfoque íntimo del mundo" y "estos retratos no sólo muestran una tipología de los oficios, sino que revelan una profunda igualdad entre los modelos, transformados en orgullosos iconos de los tiempos modernos", rezan los textos de presentación de la exposición.

martes, 27 de abril de 2010

Feminismo y rock: las mujeres al poder


20 años después de su aparición, el Riot Grrrl, género feminista que reivindicó el papel de las mujeres en el punk y el rock, sigue vivo. Ellas recogieron una semilla plantada mucho tiempo atrás


DANI CABEZAS
20 Minutos




Toda historia tiene un principio. O no. Porque a veces, éste es enormemente difuso, especialmente si se trata de una expresión artística o un fenómeno contracultural. Tanto, que a menudo tiene que llegar alguien -generalmente un agudo periodista-, para ponerle fecha, lugar y nombre concretos, y así poder abarcarlo, catalogarlo y entenderlo.

En el caso del (revuelta de las chicas), el movimiento feminista surgido de la escena punk independiente norteamericana de principios de los noventa, ese lugar se situó al norte de EE UU. En concreto, en Olimpia, capital del estado de Washington, una ciudad de apenas 40.000 habitantes e importante presencia juvenil, en parte gracias a su escuela de arte, Evergreen State, una de las más liberales del país.

El punto de partida

De entre la amalgama de festivales que ponen la nota de color a los veranos de Olimpia, apenas uno, el International Pop Underground Convention de agosto de 1991, estaba destinado a pasar a la historia. Allí, la organización dispuso un escenario en el que tocarían exclusivamente bandas formadas por mujeres. Por él pasaron grupos como Bratmobile, 7 Year Bitch o Suture, uno de los proyectos de Kathleen Hannah, que se iba a convertir en cabeza visible del movimiento al frente de la banda local Bikini Kill.

Todas aquellas jóvenes, muchas de las cuales apenas se conocían entre sí, plasmaron aquella noche sobre las tablas lo que venía gestándose por toda la geografía del país: la llamada "tercera ola" del feminismo calaba hondo entre las jóvenes de clase media, que plasmaban sus ideas en fanzines de bajo presupuesto (uno de los cuales se llamó precisamente Riot Grrrl). Al mismo tiempo, multitud de bandas formadas por mujeres manifestaban su derecho a expresarse artísticamente.

En sus letras clamaban contra la violencia machista, los abusos sexuales y los obsoletos cánones masculinos. Practicaban la ética Do it Yourself (hazlo tú mismo), característica del espíritu punk. Peleaban por hacerse un hueco en un mundo, el del rock, copado mayoritariamente por hombres y en el que, en multitud de ocasiones, la mujer ha jugado el papel de sex symbol o mera groupie. Pero no era fácil. A menudo les llovían los insultos del público, que las llamaba "putas", "perras" o "bolleras" . Ellas, en respuesta, se pintaban esas palabras en la ropa para despojarlas de su significado.

Chispa, auge, caída

A nivel social, el contexto era tan turbulento como apropiado para la revuelta. La campaña del grupo antiabortista Right to Live en defensa del juez ultraconservador Clarence Thomas, envuelto en un escándalo de acoso sexual, había puesto en pie de guerra a los colectivos feministas, que organizaron diversos festivales de protesta que contribuirían a la unidad del movimiento. Nombres como Iggy Pop, Pearl Jam o Fugazi tomaron parte en aquellos conciertos. Las chicas estaban dispuestas a tomar el poder, y tenían a poderosos aliados de su parte.

El término Riot Grrrl no tardó en saltar a los medios. La prensa amplificó las proclamas de los grupos, pero también tergiversó sus postulados y terminó metiendo en el mismo saco a bandas que poco o nada tenían que ver con la escena, como Hole, The Breeders o No Doubt. Ya a mediados de los noventa, el éxito de las Spice Girls y su autodenominado girl power terminó de desvirtuar el término.

Pioneras del pasado

Pese a la incuestionable labor de las Riot Grrrl de los noventa, el terreno había sido sembrado muchos años atrás. A finales de los sesenta, Janis Joplin puso la nota femenina a la generación hippy. En los setenta, Patti Smith aportó al rock su visión feminista e intelectual. A principios de los ochenta, la nueva ola de Blondie, con Deborah Harris al frente, trajo rebeldía sensual a los sudorosos conciertos del club CBGB neoyorquino. Y ya cuando la década agonizaba, Joan Jett se convirtió en inspiración para la incipiente revuelta de las chicas de los noventa.

La pregunta parece inevitable: ¿Qué queda hoy de aquella revuelta contracultural? "Todavía hay gente que te toma menos en serio por tener una cantante femenina", apunta Eva, vocalista de la banda underground madrileña No Aloha, de evidente influencia Riot Grrrl: "Para mí, aquel movimiento significa mucho, aunque ahora el feminismo tiene menos relevancia, ya que hay un camino recorrido". Se haya perdido o no parte de su espíritu original, la esencia Riot Grrrl permanece inalterable.

Toda historia tiene un final. O no. Porque a veces, las excepciones confirman la regla. El papel de las mujeres en el rock no terminó con las Riot Grrrls. Lejos de hacerlo, sigue construyéndose día a día con el objetivo de que, en un futuro quizá no muy lejano, sea innecesario reivindicar el papel de aquellas que pusieron la primera piedra para la igualdad real. También en el mundo de la música.

El referente masculino

Pese a que las mujeres fueron protagonistas absolutas del movimiento Riot Grrrl, los referentes masculinos jugaron un papel fundamental. Nombres como el malogrado líder de Nirvana, Kurt Cobain, o el cineasta John Cassavettes, célebre por sus investigaciones sobre la improvisación en sus películas (algunas de las cuales son abiertamente feministas, como Gloria), influyeron decisivamente en el pensamiento y la actitud de los grupos Riot Grrrl. El influyente músico Ian McCaye, líder de una de las más emblemáticas formaciones de hardcore de Washington D. C., Minor Threat, apoyó decididamente a Bikini Kill grabando su primer EP. Más allá de todo ello, muchos de los miembros de los grupos eran hombres, tan comprometidos con la causa feminista como sus propias compañeras de filas.

lunes, 26 de abril de 2010

Los Ilegales, el corazón es un animal extraño


XAVIER VALIÑO
Ultrasónica




Siempre han estado ahí, en concreto desde finales de los 70, pero puede que durante la década pasada no se les prestase toda la atención que, ahora, con el anuncio de la gira de despedida tras 30 años, se les da.

Además, se publica coincidiendo con todo ello, una caja recopilatoria con nueve compactos y un libro titulada 126 canciones ilegales, en la que se recoge toda su producción y algunas canciones inéditas. Al habla con Jorge Ilegal. Sin desperdicio, como siempre.

Tiempo de una caja con vuestras canciones, de gira de despedida, de recapitulación… ¿Cómo te sientes?
Me parece casi imposible que un grupo que ha corrido tantas aventuras peligrosas y descabelladas sobreviva tanto tiempo y pueda presentar una obra como ésta.

Buena portada la de la caja, con relación al primer disco. ¿Cómo surgió la idea? Supongo que el disparo equivale al fin del grupo.

Se cierra el círculo vital de Ilegales. El suicidio siempre me ha parecido el final más digno de todos los posibles.

¿Crees que se está prestando más atención ahora al grupo que en años anteriores?

La atención del público y de los medios de comunicación no siempre es la misma en todos los tiempos y en todos los mapas. A nosotros tampoco nos es posible mantener una corriente de novedades que mantenga la atención fija en el grupo durante treinta años... y si pudiéramos sería un coñazo.

Lo que ocurre en estos momentos es la coincidencia de muchas noticias alrededor del grupo, algunas muy llamativas, y además se nos reconoce un gran peso específico a nivel internacional.

¿Sientes que tu obra está lo suficientemente valorada?

El sector más inteligente y más interesante del público nos valora... El resto es mejor que no nos valore... ¡Qué se jodan los putos insectos!

¿De qué momento o disco de tu trayectoria te sientes más contento?

El corazón es un animal extraño es un disco fantástico, quizá el mejor que hemos hecho jamás, aunque no es el más conocido. La promoción de la discográfica de entonces era como para tirarse de los huevos.

¿Y qué preferirías olvidar de todos estos años?

Yo no soy de los que dice que no se arrepiente de nada; prefiero no olvidar para no volver a meter las patas en la misma mierda. Lo verdaderamente excitante sería enfrentarse a nuevas peleas con la experiencia adquirida y contemplar las nuevas heridas que se produzcan.

¿Qué hay de las canciones inéditas aparecidas en la caja?

Proceden de distintas épocas y se habían quedado fuera de sucesivos discos por diferentes razones; algunas se habían extraviado por negligencia y estupidez, otras habían sido excluidas por pura falta de espacio y, finalmente, hay cinco canciones totalmente nuevas. Últimamente son lo que más oigo. “Busco colores” me pone insecticida.

¿Cómo se cotiza hoy vuestro primer maxi y primer disco? ¿Qué te parece que se paguen así?
Sé que están buscados pero carezco de vocación contable... Eso sí, yo también me he hecho con ellos.

Por cierto, ¿recuerdas un concierto en el Chaminade, con Kike Turmix pasándote una botella? Fue la primera vez que os vi y no sé si era vuestra primera actuación en Madrid.

Fueron dos conciertos el mismo día. En el primero tocamos todo perfecto. En el segundo recuerdo que me zampé siete dexidrinas con abundante ginebra, esto me provocó un ataque de frío y de sensibilidad a la luz... Un amigo motero me dejó su traje y un ciego sus gafas. Hasta ahí, asunto solucionado, pero yo estaba convencido de que el mundo escoraba hacía la izquierda y toqué en una posición muy extraña. No importaba, todo el mundo estaba encantado y Kike Turmix me daba vino con anfetas. No fue el primer concierto en Madrid, pero pudo haber sido el último.

¿Se ha entendido bien al grupo en España? ¿Y en otros países? Parece que se os valora muy bien en Hispanoamérica.

La mayoría de las canciones proponen una segunda o triple lectura para captar su verdadero significado. Supongo que esto es un inevitable y necesario ejercicio de cinismo... que no siempre o no todo el mundo ha realizado. En otros países, el idioma no está tan corrompido por el abuso del argot pasota. La gente maneja mejor el léxico y la sintaxis y es mucho más capaz a la hora de entender; no sólo a Ilegales, sino cualquier otro texto. En España somos víctima de toda esa mugre gramatical que trajeron esos cochinos hippiosos.

¿Has conseguido lo que buscabas con el grupo en todos los aspectos o algo se ha quedado en el camino? Si lo has conseguido, supongo que tendrás una sensación de satisfacción personal completa, ¿no?

He conseguido mucho más de lo que había imaginado... Ya sabes, das unos pasos y consigues ver un poco más allá, luego descubres esto y aquello, que ves de cerca si tienes valor y fuerza para seguir acercándote. Valor y fuerza no me han faltado. Sentido común sí. Supongo que por eso creo que todo ha salido perfecto a pesar de lo que pueda parecer desde fuera. Sí, tengo esa sensación, pero habrá que ir en busca del futuro, allá donde se encuentre... Si empiezas a quedarte quieto, acabas por quedarte frío, muy frío.

Con lo difícil que parece mantener una carrera en la música, tú lo tuviste muy claro desde el principio. ¿Por qué los otros no lo consiguen? Si algo me pareció claro desde el principio que tú seguirías aquí después de todos estos años. ¿Tú lo tenías así de claro?

Todos los Ilegales estaban muy preparados. Sabían tocar, habían oído música de muchos estilos, conocían bien el equipo que manejaban y eran impermeables a maldiciones y alabanzas.

No podíamos fallar. En algunos momentos he pensado: “Voy a estallar ahora, pero no me dejaré caer”.

A lo mejor por el estilo del grupo no se nota tanto que has escuchado muchas cosas. ¿Qué música que no asociaríamos con Los Ilegales te llega?

Wagner, jazz incunable, tangos, polkas, música popular centroeuropea o medieval...

¿Y cuáles son esos artistas clásicos que os han marcado y a los que volvéis una y otra vez?

¡No vuelvo! Es inútil dejar marcas en el camino porque nadie regresa nunca. Si me preguntas por grupos que me produzcan placer al escucharlos, te diré Code Blue, Joe Jackson o cualquier buen soulero.

¿Algún descubrimiento últimamente?

Recuerdo algún nombre: The Postmarks. Me han producido ansias de llegar a casa para poder volver a poner el disco y alucinar con todo lo que se escucha y lo bien que suena.

¿Han ido cambiando tus gustos con el tiempo?

Cuanto más vivo, más cambio. Ciertamente, mis gustos han evolucionado mucho y creo que se notará especialmente cuando se publiquen mis primeros trabajos como Jorge Ilegal y Los Magníficos.

¿Serías capaz de decir alguna canción ajena en la que te hayas inspirado para una de las vuestras?

En este momento no se me ocurre ninguna.

Supongo que has vivido de la música todos estos años. ¿Alguna diferencia últimamente en estos tiempos tan revueltos?

Hemos cerrado un círculo completo. Lo primero es que en tiempos de crisis sólo se puede confiar en la autogestión, algo que Ilegales hemos practicado desde el principio, pues sólo hemos contado con las discográficas como socios, sin perder nosotros el control de nuestro trabajo. Lo segundo es que internet lo ha cambiado todo. Los medios de comunicación tradicionales han perdido capacidad de filtro; el público los está mandando a la mierda. Auguro gran cantidad de despidos.

¿Cómo ves la sociedad española actual, tan crispada, tan pendiente de los políticos? ¿Te influye lo que lees o la realidad para vuestras canciones o son más personales los temas que piensas que deben tratar las canciones?

Es lógico que los contribuyentes intenten controlar a todos esos chorizos de mierda. Al que roba se le llama ladrón. Mis canciones son más bien personales, aunque en la forma sí salen a flote algunas lecturas o algunos mensajes. Las canciones que escribo suelen explorar las más oscuras profundidades del yo.

¿Algún proyecto de documental, libro u algo especial sobre el grupo?

No hay nada seriamente planeado, pero publicaré al menos alguno de mis libros. Este sería un buen momento para Mi vida entre las hormigas.

¿Cómo te tomas la propuesta de tocar en el FIB Heineken?

Me parece un claro ejercicio congruencia la propuesta de Ilegales en el FIB Heineken. Años antes de que el festival existiese, estábamos tocando la misma música que algunos de sus más jóvenes cabezas de cartel... Me temo que muchos artistas de éxito del siglo XXI han ido a beber a las mismas fuentes donde nosotros ya habíamos empezado a saciarnos a finales de los 70.

Coméntanos sobre tu próxima aventura. ¿Cansado de 30 años en el rock?

Me temo que el rock nunca va a cansarme pero he caído en la cuenta de que existe la posibilidad de palmarla sin haber hecho otra cosa. Otros no pueden afrontar ni de broma el camino que ahora inicio. Cualquiera con un poco de oído puede darse cuenta de que la mayor parte de mis compañeros de profesión no dan ni el nivel para un karaoke. A mí me toca mover ficha e iniciar la aventura de recuperar caminos musicales abandonados; pero vivos y excitantes por ser poco frecuentados. Nos moveremos por toda la música europea y sobre todo hispana que sonaba en el periodo que va desde 1928 a 1962. Para hacerlo con propiedad, nos hemos armado con una colección de instrumentos de la época y todo suena acaballante; incluso nos hemos hecho unos trajes a medida para actuar con el máximo respeto a esa música y al público que la va a escuchar.

¿Punto y aparte para Ilegales o punto y final?

Me temo que resulta poco realista pensar en mantener dos bandas con repertorios de más de 50 canciones cada una. Si algún genio tiene la fórmula será recompensado con... ¡un barril de ron!

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de estos años en el mundo de la música?

Me resulta difícil elegir una sola, por eso quiero publicar un libro donde estén recogidas todas las historias, que llenarían más de una vida que no fuera tan rara como la que me he buscado. Te puedo hablar de fiestas al límite, de jodiendas con tías impensables, de peleas, de arruinarse y enriquecerse sin cambiar el gesto... Como no hay ‘la mejor anécdota’, y sólo por elegir algo vivido en un escenario, te contaré una carga policial con gases lacrimógenos durante un concierto de Ilegales en Colombia: la gente encendía hogueras con las butacas de la grada y los técnicos nos obligaban a fumar porros echándonos el humo a las narices, porque el humo contrarrestaba el efecto de los gases. En medio de semejante batalla campal, cogí el micro y conseguí parar a ambos bandos con un tono que no era precisamente apaciguador (me sentí grande, me sentí enfermo). Después, seguimos tocando y conseguimos terminar el concierto. No así 16 policías heridos graves y ni se sabe cuántos del público.

Entrevista a Alain Krivine: "En el futuro habrá que luchar contra el mismo enemigo del 68"


RUBÉN PASCUAL
Gara




Se dice de Alain Krivine (París, 1941) que es el último de los líderes de Mayo del 68, pero no es en aquella gran revuelta donde acabó su labor. Fue dirigente de la troskista Liga Comunista Revolucionaria (LCR) e impulsó la constitución del alternativo Nuevo Partido Anticapitalista (NPA).

El político francés Alain Krivine, inmerso en una gira para homenajear al filósofo marxista Daniel Bensaïd, «una persona que nunca lo hubiera aceptado», recaló en Bilbo, invitado por la revista «Viento Sur», y antes de ofrecer su conferencia valoró para GARA los frutos que dejó aquel Mayo del 68 y el estado de salud de la izquierda.

¿Qué queda de Mayo del 68?

En los países capitalistas avanzados, aunque no sean revoluciones, sigue habiendo revueltas de masas con unas caracte- rísticas anticapitalistas muy marcadas.

La primera enseñanza de Mayo del 68 fue una huelga general con millones de obreros ocupando las fábricas con banderas rojas. Fue algo que nadie había previsto y, por eso, es una de las ideas optimistas que nos dejó.

La segunda conclusión, menos optimista y más realista, es que aunque haya una huelga general, hay que tener objetivos y fuerzas organizadas capaces de ponerlos en marcha; en el 68 eso no existía. Ningún partido de izquierda quería tomar el poder en base a una huelga; tampoco en los sindicatos ni en la clase obrera o estudiantil se dieron formas de organización capaces de llegar al poder.

En conclusión, en un futuro habrá que luchar contra el mismo enemigo de Mayo del 68. Lo que entonces se consiguió por la puerta salió por la ventana, porque no hemos conseguido cuestionar el capitalismo. En aquel momento no estaba en crisis, ahora sí, y eso nos ayuda.

Hay que preparar un Mayo del 68, pero que alcance sus objetivos. Para eso, hay que insistir más en los aspectos negativos -en lo que faltó en aquel momento- que en los positivos.

¿Qué diagnóstico hace de la izquierda europea? ¿Cómo es posible que no logre repuntar en plena crisis, o cuando menos en sus estertores, de la por ahora última crisis global?

La izquierda reformista está en crisis en toda Europa, aunque pueda conseguir victorias electorales puntuales y superficiales. El gran problema de esa izquierda reformista es que no puede hacer reformas en tiempos de crisis. Es decir, la patronal no le deja más que unas migajas, con las que no se pueden hacer reformas.

De ahí se deriva una liberalización de la socialdemocracia porque, o bien los socialdemócratas se adaptan totalmente a la derecha -por ejemplo, en Grecia-, o desaparecen. Algunos dicen que se convierten en anticapitalistas, pero yo no les creo.

Ha venido a Bilbo para participar en el homenaje al filósofo marxista Daniel Bensaïd. ¿Qué aportó a ese debate en el seno de la izquierda mundial?

Primero, fue uno de los pocos intelectuales que aún seguía reclamándose marxista. Actualizó el marxismo de una manera no dogmática; lo empleó como un método de pensamiento y no como únicamente una receta de cocina, cerrada. Extrajo conclusiones revolucionarias optimistas pero, al mismo tiempo, razonables. Él lo llamaba la necesi- dad de los revolucionarios de tener una «lenta impaciencia».

Usted fue eurodiputado por la formación francesa LCR. ¿Qué opina del proceso de construcción europea?

En tanto que soy europeo e internacionalista, soy totalmente contrario a la Europa que se está construyendo ahora a partir de la Constitución y del Parlamento actual.

Durante los cinco años que fui eurodiputado y estuve en el vientre de la bestia, vi que todas las directivas -ya sea en el ámbito económico, social o represivo- no tienen más que un objetivo: salvar el sistema capitalis- ta europeo. No hay más que ver cómo, mediante esas directivas, se ha privatizado gran parte de los sectores públicos.

Usted fue uno de los impulsores de la formación NPA. Parece que, de momento, no ha satisfecho las expectativas creadas...

Hay que tener en cuenta que cuando se constituyó el NPA, hace poco más de un año, había menos de 3.000 afiliados a la LCR y era un período de movilización, con millones de jóvenes y trabajadores en las calles. Sobre esa base se construyó el NPA y, rápidamente, alcanzamos los 9.000 afiliados.

¿Qué influyó en ese auge y por qué cambió?

Teníamos dos grandes bazas. Por un lado, la movilización social y, por otro, un portavoz extraordinario: Olivier Besancenot. Pero hoy la situación ha cambiado totalmente: la mayor parte de las huelgas fracasaron -en un contexto muy parecido al de España, Italia y Grecia-, con una verdadera guerra social que están llevando a cabo la patronal y la derecha, y una incapacidad por parte de la izquierda para dar una respuesta general y radical.

Es verdad que, en esta tesitura, hemos perdido a gente, no tanto por desacuerdo político sino porque hace falta estar muy politizado para continuar militando y, sobre todo, porque no resultamos creíbles en el terreno electoral.

En las últimas elecciones cosechamos un resultado de 2,5% a nivel nacional, aunque eran bastante más altos en algunas zonas. Dos tercios de jóvenes y trabajadores se abstuvieron, y los que votaron, apostaron por partidos que tienen una mayor implantación institucional, es decir, el PS o los Verdes. El Partido Comunista y sus aliados han conseguido un 6%, su marca habitual, pero es una formación que cuenta con 7.000 cargos electos. Nosotros tenemos 80. Es decir, la popularidad del NPA es muy grande, pero no se refleja en las urnas.

¿Cómo piensan revertirlo?

No depende totalmente de nosotros y creemos que es clave que haya movilizaciones sociales. Un avance electoral depende del clima social.

También es verdad que ha habido algunos errores políticos, como el de la candidata que portaba el velo, que han retraído un cierto número de votos, entorno a un 1 ó 2%, pero es algo secundario. Por ejemplo, cada vez que entrevistaban a Besancenot en la televisión, solo se hablaba del velo dejando de lado los verdaderos problemas.

domingo, 25 de abril de 2010

Un fotógrafo romántico llamado Lou Reed


Una exposición en Mallorca muestra sus últimas fotografías y su primer filme



GUILLAUME FOURMONT
Público




Lou Reed siempre ha tenido fama de bestia parda del rock'n'roll, pero como fotógrafo parece más bien un romántico un tanto naïf.

El Baluard Museu dArt Modern i Contemporani de Palma de Mallorca muestra a partir del jueves, y hasta el 30 de mayo, una exposición inédita en Europa: Reed. Romanticism, serie de 23 fotografías de paisajes del autor de Walk on the Wild Side. Todas ellas dedicas "al amor y a la pasión por mi mujer, Laurie Anderson".

Reed (Nueva York, 1942) aprovechó los momentos de soledad durante sus largas giras internacionales para retratar paisajes, aunque con un toque personal. Todas las imágenes, tomadas entre 2003 y 2009, fueron sacadas con una cámara digital con un filtro infrarrojo. El verde de los árboles se pone blanco y los bosques son casi sobrenaturales. El ambiente recuerda su trabajo para la adaptación musical y teatral de El cuervo, de Edgar Allan Poe. "Los árboles y el viento ondeando y bailando en Edimburgo me hacen pensar en la tormenta que me enamoró en Cork. Las perspectivas y el rango de blancos y negros son perfectos para un fan del cine noir", explica el músico estadounidense.

Con esta exposición, Reed no sólo quiere ser un romántico enamorado de su mujer, sino también uno de los del siglo XVIII, cuando los intelectuales querían ser poetas y usar las palabras para explorar el éxtasis y los tormentos del corazón y del alma. "Siempre había deseado estar con la cámara y experimentar el logro asombroso de las creaciones de la vida precipitadas a través de la belleza de la cámara", dice. Y concluye: "Es un amor que dura para siempre, es el amor de la lente de la nitidez, del calor del espíritu y de la profundidad y el sentimiento".

Un documental especial

Las fotografías plasman sus momentos de intimidad cuando está lejos de Nueva York, ciudad modelo de sus anteriores trabajos fotográficos. Pero la novedad de la exposición mallorquina es que muestra el debut de Reed como director de cine. El músico, autor de varias bandas sonoras, decidió ponerse detrás de la cámara para rodar un documental de 28 minutos muy personal.

Red Shirley narra el encuentro entre Reed y su prima Shirley, poco antes de que ella cumpliera 100 años. Codirigido por Ralph Gibson, el filme narra la vida de Shirley: cómo sobrevivió a dos guerras mundiales, cómo superó la muerte de su familia en campos de concentración nazis, su huida de Polonia, su llegada a Canadá, y su asentamiento final en Nueva York. Shirley trabajó allí de costurera y se convirtió en una militante feminista.

Reed acudirá el jueves a Palma, donde hablará de su filme con el público, y ofrecerá un concierto. El fundador de The Velvet Underground muestra en la exposición su atracción por lo desconocido y la belleza de lo natural. Su impulso es y será el amor por su mujer. Todo muy romántico.

sábado, 24 de abril de 2010

Noticias dibujadas


La documentación de la realidad encuentra en las viñetas una nueva vía de imaginar su futuro. El Salón del Cómic de Barcelona mostrará el boom del periodismo gráfico a través de crónicas sobre el 11-M, los Balcanes, Gaza, Afganistán, Líbano o Irán



LUCÍA MAGIA
El País




Las desventuras del joven Stravos bajo la dictadura griega de los años treinta centran Rebétiko (Sins Entido), de David Prudhomme. En Notas al pie de Gaza (Mondadori), Joe Sacco cuenta las matanzas de civiles palestinos en 1956. Zahra's Paradise (de Amir y Khalil -seudónimos- , de momento sólo en formato webcómic en www.cimoc.com), la historia de una manifestante desaparecida después de las elecciones de junio en Irán, es la apuesta de Norma para los próximos meses. Los planes editoriales testifican que los cómics han dejado atrás el país de las maravillas. Se enfrentan al mundo, sin complejos, con ingenuidad, delicadeza e ironía. Y no lo hacen sólo para contar experiencias íntimas. Cuentan la realidad exterior, tratan temas sociales, como la prevención del cáncer (Alicia en la realidad, de Susanna Martín e Isabel Francla, Norma), o históricos, como la primera guerra de Líbano (el excepcional Yo me acuerdo, de Zeina Abirached, Sins Entido), los asesinatos en Ciudad Juárez (en 2009 llegó la segunda edición de Luchadoras -Sins Entido-, de Peggy Adam) o la corrupción de la política (El negocio de los negocios -Astiberri, 2009-, de Denis Robert y Laurient Astier).

"La fantasía ha perdido su batalla contra la realidad", dice Art Spiegelman, el autor de Maus, en el documental de Mark Daniels Comic books go to war (2009). En su piso de Manhattan, Spiegelman vive la caída de las Torres Gemelas. El cielo se le cae encima, junto con fantasmas que pensaba soterrados, él que había contado la historia de su familia judía acosada por los nazis como una caza entre gatos y ratones. "Había pasado los diez años precedentes a la entrada en el nuevo milenio evitando realizar tebeos, pero desde un cierto momento de 2002 hasta septiembre de 2003 no pude contenerme", cuenta en Sin la sombra de las torres (Norma). "Volvía a encontrarme suspendido en aquel punto donde entran en colisión la historia universal y la personal". Dark Horse, Chaos! , DC dedicaron entregas especiales al terrible atentado. Marvel salió a las calles con una portada completamente negra. The Amazing Spider Man #36 representa a los superhéroes, mitos invulnerables de virilidad y fuerza, impotentes frente el ataque de un enemigo imprevisto. Spiderman, Capitán América, Daredevil, Doctor Doom y Magneto llegan tarde al Ground Zero. La realidad ha ganado a la fantasía. Art Spiegelman no está solo. Un telón verídico se tiende de fondo a las obras por imágenes.

La última década conoce un fuerte auge de lo que los especialistas empiezan a llamar periodismo gráfico. Sin embargo, algunos ejemplos fundamentales de este género habían visto la luz antes.

Los retratos humanos de Will Eisner, los escorzos underground de Robert Crumb, indagados y dibujados con una riqueza de detalles que roza el documento antropológico, abren la vía a Joe Sacco (Palestina y Goradze). El japonés Keiji Nakazawa necesitó 30 años para representar el horror sufrido en Tenía seis años cuando la bomba atómica quemó a su familia y a todo el mundo que había conocido. "Tenía esas imágenes grabadas en mi memoria y necesitaba enseñarlas", escribe Nakazawa (Hiroshima, Ediciones Mangaline, 7 volúmenes). Joe Kubert ha dibujado personajes clásicos como Tex, Tarzán o Sargento Rock. Pero algo cambia cuando la guerra de los Balcanes irrumpe en su casa de Nueva York. Su amigo Ervin Rustemagic, productor y distribuidor de cómics bosnio, se queda atrapado en la Sarajevo sitiada por los serbios y le va comunicando por telefax su infierno. Kubert dibuja aquellos despachos desde el frente, dibuja el terror y la esperanza, la angustia de un padre que quiere salvar a su familia en Fax from Sarajevo, de 1997. Marjane Satrapi, en 1999, elige el tebeo para contar su infancia en Irán (Persépolis, Norma).

El siglo XXI recoge el desafío de la realidad. "El arte de las viñetas ha crecido muy lentamente", comenta David B. en BilBolBul, el festival de cómics de Bolonia. "Nació junto con el cine, pero mientras éste fue considerado algo serio y digno desde el principio, el cómic se quedó atrapado en el limbo de la diversión, bastante frívola. Ésta era su percepción social. A finales de los años ochenta arranca su rescate". Los libros de dibujos se sacuden el estigma intelectual que les "condenaba a tratar aventuras ficticias, con personajes fantásticos y caricaturescos. El cómic hoy se está liberando", afirma Susanna Martín.

En su edad de la razón, el tebeo intercepta la crisis de otro medio de expresión masivo, que hasta entonces había lucido la exclusiva en el testimonio de la realidad: el periodismo. "Los medios de comunicación tradicionales pasan por momentos difíciles, no el periodismo", matiza Patrick de Saint-Exupéry, veterano reportero de Le Figaro, fundador y actual redactor jefe de la revista trimestral francesa XXI. En un gran formato coloreado, más de 200 páginas de reportajes con textos, fotografías, ilustraciones y dibujos. Con apenas dos años de vida, vende 50.000 ejemplares. Saint-Exupéry tuvo la intuición de saciar con nuevos instrumentos formales la exigencia "de volver a las bases del periodismo, a la escritura narrativa. A las viejas pautas de: 'He ido, escuchado, visto, sentido y ahora te estoy contando esta historia porque creo que es importante". La apuesta por el periodismo gráfico es provocada "precisamente a causa del impasse de los medios tradicionales". La misma apuesta en Italia funciona en el semanal Internazionale, que envía a sus colaboradores dibujantes por el mundo y publica sus reportajes. Venden 100.000 ejemplares por semana.

Parece el castillo de los destinos cruzados: por una parte, el periodismo, que necesita volver al corazón del oficio; por otra, el cómic, por fin considerado creíble, tras años vividos como género de segunda. La documentación de la realidad encuentra en las tiras, en las viñetas, una nueva vía de imaginar su futuro. Aparte del valor artístico y llamativo del cómic, de la maquetación que permite asumir en dosis proporcionadas imágenes e información, hay algo intrínseco en el tebeo que lo hace particularmente apto para contar el mundo.

"La fuerza de nuestra manera de representar la realidad es la primera persona. Todos los yo que entran en la página hacen que el relato sea vivo, sentido. Quizás no imparcial, pero sí honesto", comenta Joe Sacco, que siempre se dibuja como un personaje más de sus investigaciones de campo. "Estamos bombardeados por informaciones sobre la guerra. Esto nos provoca dos reacciones enfrentadas: paranoia y anestesia", afirma el francés Emmanuel Guibert, también en Bolonia invitado por BilBolBul. "Nos hemos vuelto impermeables al sufrimiento humano, por defensa o descuido. Los cómics rompen este círculo vicioso". Sus historietas, como la aún inédita en España Des nouvelles d'Alain, sobre los gitanos del este de Europa y los Balcanes, paran de golpe el río fragoroso de la información. Se acercan hasta enfocar un detalle, a una persona, entrar en ello y usarlo como punto de vista para documentar lo que ocurre. La mirilla puede ser el mismo autor, como en el caso de Sacco, curioso, desubicado, humilde recogedor de historias. Puede ser un amigo que recuerda la II Guerra Mundial (La guerra de Alan, Emmanuel Guibert, Ponent Mon, 3 volúmenes). "Mi libro es fruto de la experiencia de mi amigo reportero Didier Lefèvre. Se llama El Fotógrafo y no Afganistán, 1986", ejemplifica Guibert hablando de su obra maestra. Patrick Chappatte se dibuja mientras construye sus espléndidos reportajes para el Herald Tribune y Le Temps. Siempre acompaña al lector de la mano de una persona amiga, con su nombre, sus sueños y miserias. Como Bruno, que por la noche vigila una mansión rica, por el día vive en una chabola en la periferia de Nairobi (Les vies des autres, inédito en España, se puede ver en www.bdreportage.com).

El reportero gráfico puede confesar tener frío, estar asustado o no entender las contradicciones de una situación. "Gracias a la personalización, el lector se identifica y se acuerda de un cómic más que de un frío artículo", afirma Guibert. Los salones vacíos de hotel dibujados por Guy Delisle en PyonYang (Astiberri, 2009) describen la dictadura norcoreana mejor que miles de palabras en una revista. Las manifestaciones de los maestros mexicanos se hacen comprensibles gracias a que Peter Kuper empezó "a ir de manera regular a la ciudad y a enviar correos electrónicos ilustrados que detallaban la realidad como yo la experimentaba", escribe en Diario de Oaxaca (Sexto Piso, 2009). La espera de Nicolas Wild en un hospital de Jalalabad cuenta en una sola plancha la extensión del opio en esa sociedad: un hombre alivia las penas de un enfermo con unos gramos de droga: "No tengo dinero para la morfina", se justifica en Kabul Disco (Ponent Mon, 2009).

Reporteros que van, ven, escuchan y cuentan. No pretenden comprender o juzgar. Usan su piel, sus ojos y oídos. Los cinco sentidos del periodista, diría Ryszard Kapuscinski, y sobre todo el sexto: la humildad, que se fija en los hombres. En los que, bajo el juego de poder, declaraciones y armas, siempre pierden. Las batallas de los superhéroes invulnerables quedan lejos, en otro universo. Como los dioses del Olimpo. Como en un inverosímil país de las maravillas.


viernes, 23 de abril de 2010

El blanco que quiso ser Louis Armstrong


Traficante de marihuana y clarinetista pasable, ‘Mezz’ Mezzrow pasó a la historia por su autobiografía, crónica íntima y fundamental de los pioneros del jazz. ‘Really the blues’, considerada precursora de la generación ‘beat’, se edita íntegramente por primera vez en español


JESÚS MIGUEL MARCOS
Público




La primera conclusión que el lector extraerá del libro Really the blues es esta: cualquier cosa que nos han contado del blues es mentira. Ya no nos engañarán más. Porque el blues es un chaval negro, recostado en un colchón de cáscaras de maíz en un reformatorio de Michigan, que en mitad de una fría noche de principios de siglo XX no puede contener un gramo más de angustia y comienza a cantar: "Oohh, no voy a hacerlo más, / Oohh, no voy a hacerlo más, / Si no hubiese bebido tanto whisky / no estaría tirado en este duro suelo". Milton Mezz Mezzrow (1899-1972) era blanco, pero desde que lo encerraron en el reformatorio de Pontiac por robar un coche y escuchó los aullidos narcotizados de los negros su alma comenzó a cambiar de color.

"En más de una ocasión me vi allí tumbado, con el blues oprimiéndome el pecho, y bastó con que uno de ellos se pusiera a cantar para que el peso se disipase. Aquellos tipos sabían perfectamente qué hacer con el blues", dice Mezzrow en Really the blues (Acuarela / Antonio Machado Libros), la autobiografía que convirtió a este músico de segunda categoría en uno de los protagonistas imprescindibles del blues y el jazz de principios de siglo. Publicada originalmente en 1946 y considerada una de las grandes biografías de la historia de la música popular, Mezzrow le contó su historia al escritor Bernard Wolfe, que fue el encargado de mecanografiar una vida tan insólita como apasionante.

Really the blues es un documento único de la intrahistoria del primer jazz (Mezzrow participó en sesiones de grabación para sus amigos, gente como Louis Armstrong, Bessie Smith, Joe Oliver o Sidney Bechet), pero también una estampa de los bajos fondos de Detroit, Chicago o Nueva York, una crónica carcelaria, un tratado sobre drogas (suministraba marihuana a la escena del jazz y fue adicto al opio) y un libro de aventuras. Pero sobre todo, se trata del retrato de un peculiar personaje a medio camino entre el Roberto Benigni de La vida es bella y Forrest Gump, que se adelantó medio siglo el final del racismo.

Una extraña mutación

Porque Mezzrow, tras varios años de inmersión en el gueto de Harlem y casado con una chica negra, creía que era un negro. "Llegó verdaderamente a pensar que se le había abultado el contorno de los labios, que el pelo se le había erizado y endurecido y que su piel se había oscurecido. Se había reducido a pulpa (...) para emerger justo como lo contrario de su herencia original: un negro en estado puro", escribió Bernard Wolfe en el epílogo del libro.

"¿Una escuela de música? ¿Bromeas? Aprendí a tocar el saxo en el reformatorio de Pontiac". Mezzrow se metió en la banda de música haciéndose pasar por director de orquesta y empezó de corneta, despertando a sus compañeros de pasillo con el toque de diana. Cuando en 1940 volvió a la cárcel (por error: según él, siempre era inocente), pidió que le trasladasen al pabellón de los negros porque se consideraba uno de ellos. Y lo consiguió.

Mezz (como le conocían todos, nombre que acabaría formando parte de la jerga del jazz para designar cualquier cosa inusualmente buena) no se podía contener y se unía a los reos negros cuando entonaban espirituales. "Encajé con tanta facilidad, ligándome a las distintas armonías como si fueran parte de mí, que al concluir todos se pusieron a cacarear con regocijo", cuenta Mezzrow en el libro. Un enorme joven negro llamado Red sentenció: "Parece que el chico judío sabe también de qué va el rollo".

Con su inseparable clarinete a cuestas, el músico militó en numerosos combos de jazz y se relacionó con los pioneros del género, que en Really the blues quedan retratados en su intimidad. Cuenta Mezzrow que los camareros escondían los azucareros en cuanto Joe King Oliver, músico de referencia de Louis Armstrong (le llamaba Papa Joe), entraba por la puerta. Al parecer, Oliver tenía por costumbre comprar pan después de los conciertos y entrar en cualquier cafetería para hacerse bocadillos de azúcar. "Podía comerse dos o tres barras de una tacada, con sus correspondientes azucareros", escribe Mezz.

Su músico más admirado fue, sin embargo, Louis Armstrong, del que primero fue fan y luego amigo. Dice que cuando iba a casa de Satchmo siempre lo pillaba en el baño: "Ese hombre disfrutaba realmente de su baño y su afeitado. El modo en que se afeitaba me traía a la memoria aquella ocasión en que Louis estaba tocando y yo le rocé accidentalmente. Os juro que el cuerpo entero le vibraba como una de esas máquinas de los parques de atracciones que miden cuántos voltios puedes soportar".

En el libro Really the blues, Mezzrow confirma la leyenda (negada por Louis Armstrong) sobre el origen del popular ‘scat', la improvisación donde los cantantes dicen sílabas sin sentido. "Louis nos revelaría cómo ocurrió: durante la grabación se había acercado al micrófono y había empezado a cantar su parte vocal cuando se le cayó al suelo la partitura con la letra, por lo que no le quedó otra que improvisar hasta el final", escribe sobre el tema Heebie Jeebies.

Y ‘Mezz' llegó a París

Mezzrow es un experto en música y lo demuestra escribiendo páginas exquisitas sobre sus gustos y sus formaciones favoritas. En su carrera como músico tocó en varias orquestas y llegó a hacer giras por Europa. Muchos parisinos descubrieron a Louis Armstrong gracias a él: "Las compañías discográficas, en aquellos tiempos, ocultaban al mundo esta música maravillosa. Los discos de los grandes artistas de jazz negros siempre se presentaban por separado, bajo la nominación de música racial".

Mezz terminaría convenciendo a los taquilleros de un teatro parisino para que pusieran por los altavoces de la marquesina la versión de Ain't misbehavin' de Fats Waller ("provocó en la calle un atasco de varias manzanas") e introdujo en el estilo hot a un jovencito Hughes Panassié. Años después, este impulsaría los famosos Hot Clubs de Francia, que llegarían a extenderse por todo el mundo.

En Really the blues se intuyen rasgos de los escritores de la generación beat, que publicarían sus primeras obras una década después. Mezzrow también habla de drogas minuciosamente y en primera persona: suministraba marihuana a los músicos y terminó enganchado al opio. Sin embargo, si los beats se caracterizaban por la falta de escrúpulos y la laxitud de valores, en Mezzrow encontramos un ser humano entrañable, extremadamente vital y con especial sensibilidad hacia los parias. Como dijo Henry Miller, Really the blues "expresa un mensaje vigoroso y vital de alegría sin adulterar".