Ecos de los bombardeos aliados en plena Europa

10º aniversario de la campaña militar de la OTAN en los Balcanes

DAVID LAZKANOITURBURU
Gara




24 de marzo de 1999. La OTAN inicia su campaña de bombardeos contra objetivos serbios. Diez años después, la apatía de la mayoría de la población serbia contrasta con el intento del Gobierno de Belgrado de revivir aquellos días y con las muestras de gratitud del Ejecutivo de Pristina a los aliados.

Todo el mundo temía la amenaza de bombardeos, pero nadie pensaba que tendrían lugar. Cuando escuché por primera vez las sirenas y vi las luces en el cielo, pensé que se trataba de un ejercicio». Así recuerda Igor Marovic, por aquella época estudiante belgradense contrario a Milosevic, el comienzo de los bombardeos de la OTAN contra objetivos serbios, hace diez años.

Los aliados justificaron esta operación, que duró once semanas y que no tenía precedentes en la historia de la Alianza Atlántica, en la necesidad de poner fin a la represión del Gobierno serbio contra la población albanesa de Kosovo.

La familia Llugaxhius, albanesa, recuerda los primeros raids en Pristina, capital de Kosovo. «La tierra tembló. Tras la primera explosión se fueron todas las luces. Entonces le dije a mi mujer: ya no estamos solos en esta batalla. El mundo está con nosotros».

Sin salir de Kosovo, Radoslav Radovic, serbio y habitante del enclave de Mitrovica, califica los bombardeos como una «venganza de Occidente contra la desobediente Serbia, que lo único que hacía era defender su integridad y su territorio».

Estos tres testimonios reproducen con fidelidad las tres principales visiones que perviven actualmente en torno a la campaña militar que comenzó el 24 de marzo de 1999.

La primera, que conjuga la incredulidad por lo ocurrido y una sensación de hastío, era visible ayer en las calles de Belgrado, donde la mayoría de la gente seguía con sus ocupaciones aparentemente ajena a la conmemoración del aniversario, audible con el ulullar de las mismas sirenas que presagiaron los bombardeos hace dos lustros. El sociólogo Vladanko Stosic participa de este clima de opinión: «Kosovo se fue, Milosevic murió en 2006 y nosotros seguimos a la cola de Europa luchando en batallas perdidas en lugar de mirar hacia el futuro», deplora.

Velja Ratkovic, militante liberal, coincide con esta opinión aunque pide que se mantengan para siempre las huellas de los bombardeos en las fachadas que albergaban los centros del poder de Slobodan Milosevic. «Así nos recordarán todo lo que pasó en aquella época, por doloroso que pueda ser».

Flores a los muertos serbios

Idénticas ganas de no olvidar pero con un signo completamente distinto congregaron ayer una manifestación convocada por el todavía pujante movimiento panserbio contra la OTAN en el centro de Belgrado para protestar por la «Guerra de Occidente a Serbia».

Oficialmente principal rival de las organizaciones que hacen de la idea de la «Gran Serbia» su principal leit motiv, el Gobierno pro-occidental de Boris Tadic se sumó a las conmemoraciones realizando actos de homenaje ante los monumentos a las víctimas militares, policiales y civiles de los bombardeos de la OTAN. Según el balance gubernamental, 2.500 civiles, entre ellos 89 menores -muchos de ellos albaneses-, murieron bajo las bombas, a los que habría que sumar los 1.002 miembros del Ejército y la Policía serbios. 12.500 personas resultaron heridas.

La OTAN puso en su punto de mira decenas de objetivos militares y gubernamentales y a infraestructuras civiles (puentes, cruces ferroviarios e instalaciones eléctricas), en un intento de doblegar al régimen de Milosevic, provocando unas pérdidas económicas de 22.000 millones de euros.

En una nueva vuelta de tuerca para intentar forzar el levantamiento popular contra su Gobierno, los aliados no dudaron en atacar viviendas y alcanzaron «por error» a convoyes de refugiados albaneses que huían de la represión serbia, a un autobús, un tren, un hospital... El ataque a la embajada china en Belgrado, presentado como el enésimo «error», fue otra muestra de hasta dónde estaba dispuesta a llegar la OTAN -capitaneada por EEUU- en aquella crisis.

Diez años después, los daños en la infraestructura no han sido totalmente subsanados y se calcula que sigue habiendo 2.500 bombas de fragmentación sin explotar en suelo serbio, con el consiguiente riesgo para la población. Eso sin olvidar la utilización por parte de la OTAN de armamento con uranio empobrecido, con el paralelo riesgo de provocar cánceres, tal y como recuerdan ONG europeas. «El ataque contra nuestro país fue ilegal, contrario al derecho internacional y perpetrado sin una decisión de la ONU», recordaba ayer justamente el primer ministro serbio, Mirko Cvetkovic.

«Los bombardeos aéreos no han resuelto los problemas en Kosovo y no han ayudado a instaurar la paz y el respeto a la ley. Al contrario, provocaron procesos de limpieza étnica, graves violaciones de los derechos del hombre y de la normativa internacional», añadía el jefe del Gobierno serbio.

De limpiezas étnicas

Cvetkovic se refería, sin duda, a la huida de decenas de miles de serbios de Kosovo tras la retirada serbia -a día de hoy sólo residen en el territorio 120.000 serbios- .

Obviaba, en todo caso, la feroz represión y limpieza étnica puesta en marcha por el régimen de Milosevic -cierto es que agravada tras el comienzo de los bombardeos- contra la población albanesa.

Años antes, la población albanesa de Kosovo respondió al creciente hostigamiento serbio a sus aspiraciones apoyando masivamente la lucha armada del Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK). Su campaña de atentados y ataques contra la presencia militar y policial serbia en el territorio fue pareja, durante años, con la creciente represión contra la población, de la mano de fuerzas regulares y de avanzadillas formadas por grupos paramilitares.

Matanzas como la de Racak -medio centenar de albaneses masacrados por fuerzas serbias en enero de 1999- forzaron el éxodo de decenas de miles de albaneses, que se convirtieron en centenares de miles al calor de los bombardeos.

Dos horas después del inicio de éstos, unidades especiales serbias asaltaron la casa de los Kelmendi, en el centro de Pristina, llevándose a Bajram, abogado defensor de los derechos humanos, y a sus dos hijos. Sus cuerpos serían hallados en una cuneta.

En la familia de Bequir Mirena, 17 varones de entre 19 y 54 años fueron secuestrados «dentro de un plan para ejecutar en masa a los hombres en edad de empuñar armas».

Los albano-kosovares cifran en miles los muertos por la represión serbia tanto antes como durante los bombardeos aliados.

El ataque de la OTAN «salvó al pueblo de Kosovo se un plan de exterminación cuyo escenario había sido fríamente preparado por los altos círculos políticos y académicos serbios», declaró ayer el presidente de Kosovo, Fatmir Sedjiu. Analistas occidentales coinciden al destacar que los aliados tenían en mente, al ordenar los bombardeos, la vergüenza por su inacción cómplice en torno a la matanza cuatro años antes de 8.000 musulmanes a manos de fuerzas serbias en Srebrenica (Bosnia) e insisten en destacar la negativa del régimen de Milosevic a firmar un acuerdo de paz con los representantes albano-kosovares en las negociaciones de Rambouillet, en los primeros meses de 1999.

Tanto el primer ministro kosovar, Hashim Thaçi, como el principal líder opositor, Ramush Haradinaj -ambos dirigentes de la organización armada UÇK- mostraron ayer su agradecimiento por la intervención aliada.

Una intervención que forzó la salida de Serbia del territorio, su ocupación por tropas aliadas y por una misión de la ONU y, un año después, la derrota electoral de Milosevic y su inmediata entrega a La Haya, donde murió en una celda en 2006 antes de que fuera juzgado por crímenes de guerra.

Diez años después, Serbia sigue sin renunciar a Kosovo, que afronta ya su segundo año tras la declaración de independencia del pasado febrero de 2008. Diez años después, las heridas siguen sin cerrar.

Crece la convergencia global de movilizaciones contra la reunión del G20

TOM KUCHARZ
Revista Pueblos



La crisis financiera mueve conciencias. Hace poco, 2.500 activistas participaron en el congreso “¿Está acabado el capitalismo?” de Attac en Berlín y 1.700 formaron parte del evento “Seis mil millones de caminos” en Londres. Mientras la crisis incrementa el desempleo y la pobreza, y la vida de millones de personas está amenazada por el fracaso de los países enriquecidos de abordar el Cambio Climático y reducir radicalmente sus emisiones de gases de efecto invernadero, se multiplican este tipo de eventos. Además, aumenta el ingenio de las acciones contra los responsables de esta crisis global. El pasado 12 de marzo, mientras arrancó en diferentes ciudades del Estado español la acción “Los Puntos Negros de la Crisis”, un grupo de activistas del Reino Unido, Irlanda, Francia, Suiza e Italia “invadió” el centro financiero St Paul’s de Jersey, uno de los paraísos fiscales más conocidos de la Unión Europea (UE) para presentar el Plan de Acción contra estos espacios de impunidad de la Red por la Justicia Fiscal, quien, junto con un grupo local, organizó una ruta explicativa para señalar los impactos sobre las economías nacionales de los diferentes bancos “offshore” en la isla.


John Hilary, de la organización británica War on Want, exige: “el escándalo de los paraísos fiscales tiene que acabar”. Sólo los cuatro grandes bancos ingleses (RBS, Lloyds TSB, Barclays and HSBC) tienen 170 filiales in Jersey. “Las arcas públicas pierden cada año 100.000 millones de libras esterlinas por evasión fiscal. Y, en vez de mejorar la capacidad de recaudar estos impuestos perdidos, el Gobierno laborista intenta cerrar más de 200 oficinas de Hacienda en el Reino Unido, despidiendo 25.000 personas”, añade. Jersey firmó apresuradamente un acuerdo con Londres para facilitar información sobre los impuestos, con la esperanza de desaparecer de la “lista negra” de paraísos fiscales, que están en el huracán del debate sobre las reformas del sistema financiero de la próxima Cumbre del G20, y que incluso el presidente de EEUU, Barack Obama, identificó como “lugares de probables evasiones de impuestos de los EEUU”. Para los países empobrecidos el no-pago de impuestos y de otras tasas, por parte de las empresas transnacionales, supone la pérdida anual de 280.000 millones de euros aproximadamente.

La “invasión” de Jersey era la primera de una serie de acciones previstas en el Reino Unido ante la reunión del G20. Para el 28 de marzo, una amplia coalición de más de 100 organizaciones ha convocado una manifestación bajo el lema “¡Las personas primero! Empleo, Justicia, Clima”. “Seguirán las actividades en la City (Centro Financiero de Londres) el 1 de abril, durante el “Financial Fools’ Day” (Día de los Inocentes para las finanzas), con acciones directas del movimiento autónomo y libertario bajo el lema “G20: Cataclismo en la City”. Además, habrá una Cumbre Alternativa, una manifestación contra la guerra -exigiendo la salida de las tropas de Iraq y Afganistán, el final de la guerra en Gaza y la abolición de todas las armas nucleares, y un campamento de acciones sobre el clima.

Siguiendo la declaración “No vamos a pagar por la crisis, que la paguen los ricos”, de la Asamblea de los Movimientos Sociales en el Foro Social Mundial, celebrado hace pocos meses en Belém (Brasil), se está desarrollando una semana de acción global contra el capitalismo y la guerra del 28 de marzo al 4 de abril. En Francia, Alemania y el Estado español, entre otros, se hará mayor hincapié en la movilización contra el G-20 el 28 de marzo. Muchas acciones contra las medidas anti-crisis se enlazan, además, con las marchas contra la OTAN, y sus bases militares, en su 60 aniversario el 4 de abril en Estrasburgo y otros lugares. Desde la Marcha Mundial de las Mujeres, explica Miriam da Silva Pacheco, “en Brasil organizaremos una acción el 30 de marzo, contra la guerra y la crisis, y en solidaridad con Palestina, en alianza con otros movimientos, como MST, CUT, CTB y los estudiantes”. Los movimientos sociales en América Latina están volcados en la movilización contra su propio "G20", la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, que reúne a mediados de abril a los presidentes del continente.

Movimientos y organizaciones sociales de la región suramericana, como Jubileo Sur, están preparando asimismo acciones de manera paralela a la reunión anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que celebra a finales de marzo su 50° aniversario en Medellín (Colombia), para denunciar y demandar justicia frente a las políticas del BID, sus impactos sobre la población y el medio ambiente, así como las consecuencias de la deuda externa y los programas de ajuste estructural de las Instituciones Financieras Internacionales.

En Roma se organizará una acción simbólica frente al Banco de Italia, centrada en la demanda de cerrar los paraísos fiscales. Antonio Tricario, de la Campagna per la Riforma della Banca Mondiale, opina que el Financial Stability Forum (FSF) se convierte en un problema mucho más grande que el Fondo Monetario Internacional (FMI), por lo que aboga por una acción concertada entre los movimientos para denunciar el FSF. Éste fue creado en 1999 para reunir gobiernos, bancos centrales, autoridades nacionales de supervisión de los mercados (como la CNMV), las instituciones financieras internacionales, comités de expertos, etc. Su objetivo: promover estabilidad financiera internacional, mejorar el funcionamiento de los mercados financieros y reducir riesgos sistémicos. Actualmente está presidido por Mario Draghi, Gobernador del Banco de Italia. "Es más fácil conocer la mente de dios, que lo que piensa y hace Draghi", ironiza Tricario.

"El mundo en crisis: economías y políticas para una transformación global" será el lema de la reunión alternativa a la Cumbre de los ministros de economía y finanzas de la UE (ECOFIN), a finales de marzo en Praga. "Necesitamos urgentemente alternativas", declara Glopolis, los organizadores del "Alternative ECOFIN", una iniciativa que ya se llevó a cabo desde 2006 en Viena, Berlín y Ljubljana. Hans-Jürgen Urban, del sindicato alemán IG Metall y miembro de Attac, dice que “la izquierda ha tenido razón” con las predicciones de los impactos de la economía financiera, “pero ahora estamos un poco desamparados”. Faltan los modelos sociales alternativos. Para Susan George, del Transnational Institute (TNI), es urgente que los movimientos sociales pongan en la agenda de la opinión pública las crisis que los medios de comunicación masivos y los Gobiernos han invisibilizado con la crisis financiera, como las desigualdades sociales, la crisis alimentaria y el Cambio Climático. “No tenemos otra posibilidad que hacer posible la justicia climática”, constata Meena Raman de Amigos de la Tierra Internacional. “Tenemos que conseguir reducciones domésticas de emisiones de gases de efecto invernadero en los países industrializados sin títulos compensatorios de emisiones” y “exponer la hipocresía de la Unión Europea en las políticas climáticas”, añade la representante del Third World Network en Ginebra, que se muestra optimista: “es un gran momento para los cambios y el activismo político”.

En Asia también se preparan acciones en torno a esa semana. Walden Bello, economista filipino y miembro de Focus on the Global South, opina que el “G20 no está legitimado para discutir el orden multilateral, sino la ONU”, además “revitalizar el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) es el camino erróneo”. Lo que la UE tiene que hacer, dijo Bello en un debate con la Comisión Europea, organizado el pasado 17 de marzo por el Transnational Institute en Bruselas, es “cancelar la deuda externa de los países del Sur, trabajar a favor de una conferencia de la ONU para un nuevo orden multilateral, congelar la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y las negociaciones de Tratados de Libre Comercio, apoyar las respuestas regionales a la crisis y detener el hostigamiento y las deportaciones de migrantes”. Aehwa Kim, de la Korean Alliance of Progress Movements informa que la Confederación Coreana de Sindicatos celebra el 28 de marzo en Seúl una manifestación contra las políticas neoliberales del gobierno y del G20.

Según Trevor Ngwane, del Soweto Electricity Crisis Committee (Suráfrica), “tenemos seis mil millones de razones para mejorar los derechos de las personas normales”. Luchar contra la crisis “es desafiar las privatizaciones donde la gente las sufre”, subraya. “En los antiguos barrios de la Apartheid, estamos luchando por las necesidades básicas, tales como agua, electricidad, educación y comida, y las ’grannies of Soweto’ (abuelas) han conseguido sacar a la multinacional francesa Suez de la gestión del agua, que hoy vuelve estar en manos públicos”, añade Ngwane.

También en EEUU, donde hay casi 20.000 despidos cada día, habrá protestas como la marcha a Wall Street, el 3 y 4 de abril, en el aniversario del Día de Martin Luther King -quien dio su vida para luchar por justicia económica y social-, con esta reivindicación: “Paremos el Negocio como siempre. Cuenta a los banqueros de Wall Street: Estamos hartos y cansados de que billones de dólares se vayan a los bancos y unos pocos peniques sean para la gente. ¡Demandamos empleos ya!”. La movilización reivindica además la Employee Free Choice Act (la Ley de Libre Elección del Trabajador), que facilitaría que los trabajadores se afilien a sindicatos. Asimismo hay una campaña “Dile al Secretario de Estado del Tesoro qué siente tu corazón” de la red contra la deuda externa Jubilee USA. Con mensajes personalizados, sobre todo de niñas/os, quieren “sensibilizar” al Gobierno de Obama que no olvide al Sur Global.

Como en casi todas las convocatorias, se constata la exigencia de regular democráticamente los mercados y el capital financiero. Sin embargo, no está claro si el objetivo es una “economía global de mercado más ecológica y social” o un cambio de sistema. “Es preciso, pues, dar un giro profundo en la orientación de nuestro futuro”, explica Ramón Fernández Durán de Ecologistas en Acción, “lo cual sólo será posible a partir de multitud de procesos de pequeña escala, desde abajo, que vayan contra la lógica dominante”. “En definitiva, se trataría de frenar el crecimiento económico e impulsar un decrecimiento controlado, reduciendo poco a poco el ámbito de la economía monetaria, recuperando el control social del dinero, sometiendo el mercado a la sociedad, desmantelando los grandes conglomerados empresariales, y estableciendo el control del trabajo sobre unos procesos productivos, rompiendo con la lógica del beneficio y de la mercantilización y acumulación constante”, explica Durán.

La última convocatoria contra el G20, el pasado 15 de noviembre, no ha sido tan masiva como las manifestaciones contra la guerra de Iraq en 2003, pero en el seno de los movimientos sociales se están discutiendo estrategias comunes para una nueva ola de desobediencia civil. Reforzado por el Foro Social Mundial de Belém, surgen múltiples convocatorias para denunciar y promover acciones contra las medidas de las élites políticas y el poder económico ante la crisis financiera. Y, tanto a nivel mundial, europeo como estatal, se están dando pasos importantes de coordinación y convergencia entre diferentes sectores sociales y políticos. Incluso, surgen nuevos espacios locales, como l’Assemblea Que la Crisi la Paguin els Rics de Catalunya (www.noalacrisi.cat) o la Red Anticapitalista de Galicia, y muchos foros sociales locales reanudaron su actividad para buscar respuestas a la crisis. Hace falta, sin duda, la máxima confluencia entre las diferentes organizaciones, redes y campañas. Como se hizo, por ejemplo, en la movilización contra la cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Seattle (EEUU) hace 10 años, cuando decenas de miles de manifestantes fueron capaz de bloquear, retrasar e influenciar aquellas negociaciones comerciales. En la actual situación de desesperación y crispación social, no tardarán en rebelarse –de forma masiva- los afectados, como desempleados, agricultores, inmigrantes o trabajadores, para exigir medidas contra los impactos de la crisis. Y, entonces, será necesario haber tejido alianzas sociales amplias. La crisis económica mundial es “una oportunidad histórica de transformación”, como bien resume la declaración con ese título redactada durante el 7º Foro de los Pueblos Asia-Europa en Pekín en octubre de 2008, pero hacen falta muchas respuestas unitarias para no “ceder este momento a grupos fascistas, populistas de derecha o xenófobos, quienes seguramente intentarán aprovecharse del miedo y de la cólera de la gente para sus fines extremistas y reaccionarios”.

En el Estado español

Varias decenas de movimientos sociales, partidos políticos y organizaciones sindicales se vienen reuniendo desde octubre de 2008 a nivel estatal y local. En Barcelona y Madrid (bajo el lema “No pagaremos vuestras crisis capitalistas. ¡Es hora de cambiar!), han decidido convocar a la ciudadanía a manifestaciones unitarias el sábado 28 de marzo, coincidiendo con otras similares en otras ciudades.

Crisis ecológica y alimentaria

En muchos lugares se vincularán las protestas contra el G20 con la lucha contra el cambio climático, la defensa del territorio y la Soberanía Alimentaria. Así, la Vía Campesina, moviliza mundialmente el próximo 17 de abril, “por los derechos de los campesinos y las campesinas” y “para oponernos a los acuerdos de libre comercio en África y en el resto del mundo”. Por otra parte, ha tenido lugar recientemente en Copenhague una reunión para seguir coordinando las movilizaciones internacionales, en los preparativos hacia, durante, y después, de la Conferencia sobre Cambio Climático de la ONU en la capital danesa, especialmente durante el Día de Acción Global el 12 de diciembre de 2009. En la declaración “¡Justicia climática ahora! ¡No a las ilusiones neoliberales, si a las soluciones de los pueblos!” de la Asamblea por la Justicia Climática en el Foro Social Mundial, se remarcó que “frente a los intereses deshumanizados e impulsados por el mercado de la elite global y el modelo dominante de desarrollo basado en un crecimiento y consumo interminables, el movimiento por la justicia climática reclamará los bienes comunes, y pondrá las realidades sociales y económicas en el corazón de nuestra lucha contra el cambio climático”.

Todo ello con la idea de “desenmascarar las falsas soluciones, alzar las voces del sur, defender los Derechos Humanos, y fortalecer la solidaridad”.

Acciones sencillas contra la evasión de impuestos

El cómico inglés Mark Thomas, organizó recientemente una protesta ante el edificio del Ministerio de Hacienda en Londres animando a los funcionarios de ocupar el inmueble y dejar de pagar alquiler porque su dueño evade impuestos. El gobierno inglés había vendido el edificio público hace años a una empresa financiera, con sede en Jersey, y que evade el pago de impuestos en el Reino Unido al gestionar sus cuentas en dicho paraíso fiscal -mientras el ministerio le abona, con dinero público, cada mes el alquiler por el uso de las oficinas en el edificio-.

Settecento Veneziano en la Academia


VÍCTOR NOVOA
Hoy es arte




La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) presenta hoy la exposición El Settecento Veneziano. Del Barroco al Neoclasicismo que abrirá sus puertas hasta el próximo 7 de junio. La muestra, organizada por la Fundación Banco Santander, cuenta con el comisariado de Annalisa Scarpa, conservadora de la Colección Terruzzi, y en ella podrán verse cincuenta y siete obras pertenecientes a los fondos del Museo Capodimonte y la Colección Terruzzi, todas ellas firmadas por pintores como Antonio Balestra, Gian Antonio Pellegrini, Sebastiano y Marco Ricci, Luca Carlevaris, Jacopo Amigoni, Antonio Canaletto, Francesco Guardi o Bernardo Belloto.

El siglo XVIII, Settecento en Italia, se presenta como un período capital para entender algunos de los modelos que definen la identidad de la pintura occidental. Modelos sujetos a distintos hechos no siempre fáciles de acotar, pues, tradicionalmente se acogen al sustantivo de “cambio”, el cual concuerda apropiadamente con un siglo lleno de ambivalencias, velocidades y necesidades. Factores, todos ellos, definidos por el nacimiento de la ciencia y el pensamiento modernos y configurados a través del arte, fenómeno que no sólo por aquel entonces empezó a gozar de las ventajas de quedar expuesto al uso y disfrute del gran público, sino que cumplió su labor de peritaje de una época, esto es, de crónica de todo esto que venimos perfilando

Italia, foco receptor de pintura

Si la palabra “debate”, en sus múltiples acepciones, siempre hubo de estar ligada al arte, en el siglo XVIII arremetió aún con más fuerza. Artistas y creadores, fueron por primera vez cuestionados acerca de su especificidad dentro de un mundo cada vez más racionalizado y estructurado, algo que quedó patente tanto en las nuevas academias de pintura como en los nuevos polos artísticos.

Ya no se hablaba tanto de Italia como foco emisor de pintura, sino como receptor de viajeros atrapados por el furor y la moda del Grand Tour. Viajes de aprendizaje y de toma de contacto con los maestros clásicos del Renacimiento que convirtieron a Venecia en un fetiche, en emblema de obligado peregrinaje cuya nota crucial estribaba en algo tan importante como era la “impresión” producida por la ciudad o, lo que es lo mismo, en decir y publicar que allí se había estado.

Ir a Italia y, concretamente, ir a Venecia, era navegar por la superficie de todos esos debates, connotación en ningún momento peyorativa, pues quedarse en esa superficie no era otra cosa que ser fiel al espíritu mismo de aquel lugar de Italia y, como no, a la estética que es, en definitiva, lo que en última instancia ha de definir el arte.

Tomar partido

Y precisamente, dentro de aquel cruce de modos de ver, jugaron un indiscutible papel todos estos pintores que, aún atentos a satisfacer todas aquellas demandas de la moda, tuvieron tiempo para tomar partido y pincel en los nuevos caminos que parecían abrirse en la pintura.

Mientras géneros mayores como la historia o la mitología seguían interesando, tomaron protagonismo otros como el retrato o el paisaje que, hasta entonces, habían gozado de menos fama. En el caso veneciano, destacaron los famosos vedutisti (vedutistas, tomadores de vistas) como Luca Carlevaris, Antonio Canaletto, Michelangelo Marieschi o Bernardo Belloto, todos ellos con personalísimos y matizables estilos y encargados de ofrecer a los viajeros (sus principales compradores) una imagen de Venecia. Imagen que cada vez iba siendo más reiterativa pero que, por el contrario, reinventaba su propio mito, ya que iba desdibujando y prescindiendo cada vez más del viejo sentido icónico como ciudad de San Marcos para penetrar en el mito, seguramente más “real”, de la ciudad del agua y los espejos. Ciudad del color y las ambivalencias de luz, “pozo de la pintura”, parafraseando a Ramón Gaya, que terminaba por ser consecuente con su propia simbología circunscrita a su única leyenda verdadera: la leyenda del ojo que mira.

Mirada de lejanía y proximidad

De todo ese universo veneciano de tratantes y mercaderes usureros, teatral y ambivalente, cada vez más alejado del tópico, dio testimonio precisamente un ilustrado español Leandro Fernández de Moratín, quien tras desembarcar en el Lido en octubre de 1794 dejó escritas algunas palabras a cerca de la “otra” Venecia y sus calles llenas de harapienta chusma “con espantoso rostro, que no se les puede ver sin asco y horror”.

Quizá por ello, la mirada de estos pintores husmeaba desde las azoteas de Rialto o por eso, precisamente, un pintor como Pietro Longhi, heredero del costumbrismo holandés, puso su ojo en los interiores domésticos. Por ello, quizá, la mirada veneciana del siglo XVIII es de lejanía o de extrema proximidad tal y como evidencia este pintor.

Pero, sin duda, el Setecientos en Venecia precipita un nuevo capítulo en la historia del gusto y la crítica de arte, pues tiene lugar dentro de la peligrosa aventura siempre discutida del Rococó, término anudado en pleno corazón del silgo XVIII sin el que, paradójicamente, pueden entenderse ciertas fórmulas de los otros dos estilos a los que “toca” y de los que, en definitiva, puede depender para su total abolición o consagración. Tales estilos son el Barroco y el Neoclasicismo.

La pintura anterior y posterior a 1750 estuvo, por todo ello, estrechamente vinculada con el principal elemento discusivo de la incipiente crítica de arte, es decir, con los textos de estética. Pensadores como Locke, Shaftesbury, Dubos, Diderot o Vico (entre otros) dieron testimonio de las fluctuaciones de gusto que por aquel entonces asolaban el mercado del arte. Un mercado polarizado en dos corrientes, una ligada más a la fantasía y juego del Barroco y otra más asociada con la mirada al pasado y la recuperación de lo severo.

Sendas maneras de decir, en definitiva, que el coleccionismo empezaba a estar cada vez más estratificado, como más estratificados y enfrentados empezaban a estar algunos de sus artífices que, en muchos casos y de manera errónea, creían estar muy seguros de su capacidad para dirigir a los artistas y moldear el gusto a su manera. Algo que no siempre salió bien y, cómo no, fue objeto de acaloradas charlas. Esta exposición de Madrid no da respuesta, por razones obvias, a tales problemas, pero sí discute desde las magníficas obras que exhibe con su propio valor cultural e institucional.

Diversidad de opciones

La misma Academia de San Fernando llegó a plantearse avanzado el Setecientos (ante la masiva llegada de aristócratas y aficionados al mundo de la especulación artística) si las Bellas Artes debían o no “pertenecer” a la esfera de los creadores o al mundo de sus consumidores. Hecho que, no olvidemos, llevó a Anton Rafael Mengs, máximo representante de la idea de “academia”, a alejarse de la institución… El caso de Venecia y España abriría otro apartado de interés marcado por la llegada de Giambattista Tiepolo a Madrid en 1762, quien atraído por el rey Carlos III pasará sus últimos nueve años de vida pintando los frescos del Salón del Trono del nuevo Palacio Real. Su estética tardo-barroca se opondrá también al gusto Neoclásico de un Mengs que, al no contar con el favor del nuevo rey, será protegido por el confesor Joaquín de Eleta.

Diversidad de opciones, en fin, trasunto de todo aquello que irradia desde los nuevos focos artísticos que, siempre, rescataron algo de Venecia, porque “siempre” quedaron seducidos por la estela de los Bellini, Lorenzo Lotto, Giorgione, Tiziano y Tintoretto, en definitiva, los verdaderos dioses de toda esta historia.

Francia acepta indemnizar a las víctimas de sus ensayos nucleares

Una ley reparará a quienes enfermaron por radiación en el Sáhara y la Polinesia


ANDRÉS PÉREZ
Público




El Gobierno francés dio ayer el primer y tímido paso que esperaban desde hace décadas las víctimas de sus ensayos nucleares militares.

El ministro de Defensa, Hervé Morin, presentó el anteproyecto de ley que prevé indemnizar a las personas aquejadas de cánceres y leucemias a consecuencia de su exposición a uno de los 210 ensayos nucleares atmosféricos o subterráneos que Francia efectuó en el Sáhara argelino, entre 1960 y 1966, y en la Polinesia francesa, entre 1966 y 1996.

Durante más de cuatro décadas, París negó cualquier responsabilidad en enfermedades y fallecimientos. Afirmaba haber tomado todas las precauciones para proteger a las personas expuestas a las pruebas pese a que numerosos testimonios indicaban que muchos cobayas a veces se encontraban a cientos de metros del lugar y sin protección y recurría sistemáticamente ante los tribunales cualquier decisión favorable a las víctimas.

Ahora, dijo Morin, Francia reconoce "cuatro problemas de confinamiento" de la radiactividad de los ensayos en el Sáhara es decir, liberación de partículas radiactivas y 10 episodios "de lluvias radiactivas significativas en zonas circunscritas".

Para el ministro, sólo "unos cientos de personas" entre los 150.000 militares y civiles participantes en los ensayos nucleares pudieron ser víctimas de cánceres a causa de esa irradiación. El Gobierno francés prevé una primera línea de indemnización de 10 millones de euros en 2009.

Disparidad en las cifras

"Trece años después del fin de las pruebas en el Pacífico y después del tratado de prohibición de los ensayos, ratificado por Francia, es el momento de que nuestro país encuentre la paz consigo mismo", dijo el ministro al anunciar su proyecto de ley.

La Asociación de Víctimas de Ensayos Nucleares (AVEN) y el grupo Moruroa e Tatou, principales colectivos en la batalla por el reconocimiento, admitieron que el anuncio constituye un "avance nada desdeñable" tras décadas de lucha.

No obstante, destacaron que las cifras de víctimas potencialmente indemnizables citada por el ministro se queda corta. Según AVEN, la tasa de cánceres entre los 150.000 civiles y militares implicados en los ensayos ronda el 35% (frente a una media nacional francesa del 17%), y además queda por contabilizar a los civiles saharianos y polinesios potencialmente afectados, que nadie ha escrutado.

Por otra parte, la AVEN y Moruroa e Tatou, que cuentan con 8.000 miembros, recordaron que el dispositivo anunciado por el ministro no prevé la participación de las asociaciones de víctimas en la comisión que examinará las demandas de indemnización.