Enterradores de CO2


Una planta francesa de captura de dióxido de carbono enciende la polémica entre la industria y los ecologistas. La instalación, cercana a la frontera española, quiere secuestrar 75.000 toneladas cada año


ANDRÉS PÉREZ
Público


A primera vista, la idea parece genial: capturar el CO2 que sale de las chimeneas y pone en peligro el planeta para inyectarlo en el subsuelo, aprisionarlo y evitar su efecto nefasto. Ahora bien, el problema se plantea de una forma totalmente diferente si es bajo la casa de uno donde la industria prevé encerrar el dióxido de carbono, letal en altas concentraciones. Este es el dilema que ha creado la polémica en Francia con la inminente apertura, cerca de la frontera española, de una planta piloto de Captura y Almacenamiento del Carbono (CCS) del grupo petrolero y gasista Total.

La gran compañía energética francesa ha finalizado la construcción de su planta piloto de Lacq, a menos de 100 kilómetros de la localidad aragonesa de Jaca. En ella, el gigante petrolero planea capturar cada año hasta 75.000 toneladas de CO2 procedente las emisiones industriales mediante el procedimiento de la oxicombustión, para luego condensarlo a presión e inyectarlo en el subsuelo, en una capa profunda dejada hueca por un yacimiento de gas natural, hoy agotado.

La demostración sobre el papel es impecable. El hueco en el subsuelo y la infraestructura para inyectar el CO2 existen. La instalación usa parte de las tuberías ya existentes, de cuando el gas natural iba en el sentido inverso, desde el subsuelo hasta la superficie.

Lo que no cuadra en este panorama, para varias asociaciones de residentes, agricultores y ganaderos de la región de Pau, es la insistencia de un gran grupo petrolero -con intereses obvios, pues- en anticipar el interés de esa tecnología antes de haber demostrado su inocuidad y su interés económico real.

Legitimar el petróleo

Para varias organizaciones ecologistas, entre ellas Greenpeace, subsiste además una duda clave para el planeta, vistos los miles de millones que la técnica exige. Según esos grupos, no está probado que el subsuelo mundial tenga capacidad para albergar más del 0,06% del CO2 de origen humano, principal responsable del cambio climático. Por ello, seguir invirtiendo en estas tentativas equivale, a su juicio, a caminar hacia un callejón sin salida, que sólo sirve para legitimar la industria del combustible fósil, ya sea petróleo o carbón.Por su parte, Total está a la espera del decreto que autorizará el inicio de las operaciones en la planta de Lacq, que ha costado 60 millones de euros y está lista para funcionar desde hace meses.

La Prefectura del departamento de Pirineos Atlánticos, donde se encuentra la central, afirma que "el decreto debería salir en las próximas semanas". Pero lo cierto es que los retrasos se van acumulando a causa de la fuerte presión ejercida por dos asociaciones locales que cuentan con el apoyo de la poderosa federación France Nature Environnement.

Todas ellas han escrito al presidente Nicolas Sarkozy para pedir un debate público sobre la utilidad real de la tecnología CCS antes del inicio de la experiencia piloto, y presentarán un recurso contencioso-administrativo contra el decreto de autorización en cuanto se haga público.Una portavoz de las asociaciones locales, Marie-Laure Imbert, explicó hace unos días el significado de esa amenaza de contencioso: "Está claro que esa técnica la están llevando adelante empresas de la energía fósil -Total, en Francia- para pintar de verde el sector y convencer de que se puede seguir consumiendo masivamente petróleoy carbón".

Según la ecologista, "encima de esos terrenos vive gente y hay viñedos", los del célebre Coteaux de Jurançon, "y una concentración del 20% basta para transformar el CO2 en letal". En su opinión, "la región es una zona sísmica y nadie ha garantizado que el CO2 no pueda fugarse, subir por las microfallas y reactivarlas". El Buró de Estudios Geológicos francés, principal autoridad pública en cuestiones de subsuelos, ha reconocido que el riesgo de activación de las microfallas es "débil". La firma Total no ha querido responder a Público las preguntas planteadas por los ecologistas.

Además de en Francia, se están llevando a cabo otros experimentos de captura en Alemania, Noruega, Holanda, Canadá y Japón, todos con apoyo público. Cuentan con el aval de personalidades como el director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, Jeffrey Sachs, quien dijo hace unos días en Nueva York que "si esta tecnología no funciona, la humanidad va a tener serios problemas".

Por último, la UE apoya esta tecnología. El proyecto CASTOR, que reúne a 30 socios públicos y privados de 11 países europeos, intenta probar desde 2004 con dinero de la UE que la captura permitirá reducir un 30% las emisiones de dióxido de carbono de la industria del continente para el horizonte 2020-2030.

"Together through life", Bob Dylan (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Siempre resulta complicado hablar de alguien como Dylan, que más allá incluso de su faceta musical es considerado todo un icono cultural. Capaz de superar esa suerte de desprecio al género “no culto” que suele haber en la mente colectiva y ser nombrado un "artista" sin ningún matiz.

Hoy sale a la venta, “Together through life”, su disco, en estudio, número treinta y tres. En cierto sentido se le puede considerar continuador de sus dos anteriores trabajos, sería demasiado decir que se trata de una trilogía pero sí que tienen muchos puntos en común que les hace formar parte de un “todo”. Primero el productor es Jack Frost, pseudónimo bajo el que se encuentra el propio músico. Todos ellos están muy apegados a los sonidos clásicos, cada uno con sus matices, pero siempre bajo un esqueleto muy definido. Tampoco hay que obviar la sensación de que en los tres discos tienen una importancia capital los músicos que le acompañan, diferentes en cada una de las grabaciones, pero siempre con la idea de ser claves en el resultado global. Si hay que compararlo con alguno de sus predecesores, las canciones actuales tienen más en común con el “Love and theft”, publicado en el 2001, que con su antecesor directo, “Modern Times”, en este último la manera de cantar de Dylan era algo más reposada, en cambio en el recién publicado su voz suena ronca, hiriente, y el blues y el rock prevalecen sobre cualquier otro sonido.

“Together through life” se gestó a raíz de la petición del director Olivier Dahan (creador de “La vie en rose”, biografía de Edith Piaf)) para que Dylan compusiera una pieza para su nueva película, “My own love song". No sólo aceptó tal propuesta, componiendo “Life is hard”, sino que fue el detonante para activar su inspiración y escribir otras nueve canciones.

Otro dato significativo que no hay que pasar por alto es que en esta ocasión las letras no son monopolio del propio Dylan, se ha servido de la ayuda de Robert Hunter, poeta y antiguo letrista de los Grateful Dead, que coescribe junto al estadounidense casi la totalidad de temas.

Antes comentaba la importancia que tenía en sus últimos discos la banda acompañante. En este caso sobresalen dos colaboraciones de altísimo nivel, por una parte el guitarrista habitual de Tom Petty, Mike Campbell, y por otra el acordeón de David Hidalgo, componente de Los Lobos, que ayuda a dar un sabor muy especial, toque fronterizo, al conjunto.

Nada más conocerse la noticia del nuevo disco y su adelanto, “Beyond here lies nothin”, ya empezó la polémica. Por una parte, Dylan, ese hombre que cargaba reiteradamente contra la actual situación de la música, su banalizacion y lo pernicioso de dejarse llevar por las comodidades de las nuevas tecnologías en detrimento de un mayor cuidado del arte en sí, cede su canción durante un tiempo para ser descargada y disfrutada por internet. Otro motivo de recelo, este sí verdaderamente musical, es el supuesto plagio de dicha canción. Por no extenderse demasiado, todo queda en que partiendo de una composición clásica del bluesman Howlin Wolf, se han ido haciendo diferentes cambios y versiones a lo largo del tiempo. El resultado, que es lo importante, es un blues cargado de fuerza y con unas bases rítmicas impactantes. Dentro del mismo estilo encontramos temas como "My wife’s home town”, cantado con sorprendente fuerza y con claras reminiscencias a Muddy Waters, en el tema tiene una gran importancia el sonido del acordeón, incorporándose al ritmo clásico de blues. “Jolene” recrea un sonido más cercano a la escuela tejana.

También aparecen canciones más reposadas, cantadas con menos crudeza. “Life is hard” es una de ellas, precioso tema entre romántico y melancólico ayudado por un dulce sonido de mandolina. "Forgetful heart” es una composición típica de Dylan, importancia de la guitarra eléctrica y fraseados muy separados. “I feel a change comin’ on” es un medio tiempo que viendo el título nos podría sugerir referencias a Obama y su cambio, pero queda descartado dicho significado por las propias palabras del autor negando tal cosa. Lo que sí recuerda, aunque sea en el título, es a la estremecedora canción de Sam Cooke, "A change is gonna come". Para terminar dos curiosidades que encontramos: una es “This dream of you”, donde queda más marcada la influencia fronteriza de Los Lobos por medio de Hidalgo y otra, el "casi rock" desvergonzado y de ritmo trepidante que es “Shake shake mama”.

Resulta encomiable que después de tantos años, casi cincuenta, Dylan todavía encuentre las fuerzas y las ganas para facturar un disco cuanto menos notable, sin dar ninguna sensación de repetirse, todo lo contrario, y sonando realmente crudo y con ganas. Además de todo esto no hay que olvidar que él sigue en los últimos tiempos recopilando y editando sus rarezas y dando a conocer música, a todo aquel que quiera, a través de su programa de radio. Hay personas por las que, al margen de las disquisiciones musicales que se quieran hacer, hay que quitarse el sombrero.

La gripe porcina y el monstruoso poder de la gran industria pecuaria

MIKE DAVIS
Sin Permiso




La gripe porcina mexicana, una quimera genética probablemente concebida en el cieno fecal de una gorrinera industrial, amenaza subitáneamente con una fiebre al mundo entero. Los brotes en la América del Norte revelan una infección que está viajando ya a mayor velocidad de la que viajó con la última cepa pandémica oficial, la gripe de Hong Kong en 1968.

Robándole protagonismo a nuestro último asesino oficial, el virus H5N1, este virus porcino representa una amenaza de ignota magnitud. Parece menos letal que el SARS [Síndrome Respiratorio Agudo, por sus siglas en inglés] en 2003, pero, como gripe, podría resultar más duradera que el SARS. Dado que las domesticadas gripes estacionales de tipo A matan nada menos que a un millón de personas al año, incluso un modesto incremento de virulencia, especialmente si va combinada con una elevada incidencia, podría producir una carnicería equivalente a una guerra importante.

Ello es que una de sus primeras víctimas ha sido la consoladora fe, inveteradamente predicada por la Organización Mundial de Salud (OMS), en la posibilidad de contener las pandemias con respuestas inmediatas de las burocracias sanitarias e independientemente de la calidad de la sanidad pública local. Desde las primeras muertes por H5N1 en 1997, en Hong Kong, la OMS, con el apoyo de la mayoría de administraciones nacionales de sanidad, ha promovido una estrategia centrada en la identificación y el aislamiento de una cepa pandémica en su radio local de brote, seguidos de una masiva administración de antivirales y –si disponibles— vacunas a la población.

Una legión de escépticos ha criticado ese enfoque de contrainsurgencia viral, señalando que los microbios pueden ahora volar alrededor del mundo –casi literalmente en el caso de la gripe aviar— mucho más rápidamente de lo que la OMS o los funcionarios locales puedan llegar a reaccionar al brote original. Esos expertos han observado también el carácter primitivo, y a menudo inexistente, de la vigilancia de la interfaz entre las enfermedades humanas y las animales. Pero el mito de una intervención audaz, preventiva (y barata) contra la gripe aviar ha resultado valiosísimo para la causa de los países ricos que, como los EEUU y el Reino Unido, prefieren invertir en sus propias líneas Maginot biológicas, antes que incrementar drásticamente la ayuda a los frentes epidémicos avanzados de ultramar. Tampoco ha tenido precio este mito para las grandes transnacionales farmacéuticas, enfrentadas en una guerra sin cuartel con las exigencias de los países en vía de desarrollo empeñados en exigir la producción pública de antivíricos genéricos clave como el Tamiflu patentado por Roche.

La versión de la OMS y de los centros de control de enfermedades, de acuerdo con la cual ya se está preparado para una pandemia, sin mayor necesidad de nuevas inversiones masivas en vigilancia, infraestructura científica y regulatoria, salud pública básica y acceso global a fármacos vitales, será ahora decisivamente puesta a prueba por la gripe porcina, y tal vez averigüemos que pertenece a la misma categoría de gestión "ponzificada" del riesgo que los títulos y obligaciones de Madoff. No es tan difícil que falle el sistema de alertas, habida cuenta de que, sencillamente, no existe. Ni siquiera en la América del Norte y en la Unión Europea.

Tal vez no sea sorprendente que México carezca tanto de capacidad como de voluntad política para gestionar enfermedades avícolas y ganaderas, pero ocurre que la situación apenas es mejor al norte de la frontera, en donde la vigilancia se deshace en un desdichado mosaico de jurisdicciones estatales y las grandes empresas pecuarias se enfrentan a las regulaciones sanitarias con el mismo desprecio con que suelen tratar a los trabajadores y a los animales. Análogamente, una década entera de advertencias de los científicos fracasó en punto a garantizar transferencias de sofisticada tecnología viral experimental a los países situados en las rutas pandémicas más probables. México cuenta con expertos sanitarios de reputación mundial, pero tiene que enviar las muestras a un laboratorio de Winnipeg para descifrar el genoma de la cepa. Así se ha perdido toda una semana.

Pero nadie menos alerta que las autoridades de control de enfermedades en Atlanta. De acuerdo con el Washington Post, el CDC [siglas en inglés del Centro de Control de Enfermedades, radicado en Atlanta; T.] no se percató del brote hasta seis días después de que México hubiera empezado a imponer medidas de urgencia. No hay excusa que valga. Lo paradójico de esta gripe porcina es que, aun si totalmente inesperada, había sido ya pronosticada con gran precisión. Hace seis años, la revista Science consagró un artículo importante a poner en evidencia que, "tras años de estabilidad, el virus de la gripe porcina de la América del Norte ha dado un salto evolutivo vertiginoso".

Desde su identificación durante la Gran Depresión, el virus H1N1 de la gripe porcina sólo había experimentado una ligera deriva desde su genoma original. Luego, en 1998, una cepa muy patógena comenzó a diezmar puercas en una granja de Carolina del Norte, y empezaron a surgir nuevas y más virulentas versiones año tras año, incluida una variante del H1N1 que contenía los genes internos del H3N2 (causante de la otra gripe de tipo A que se contagia entre humanos).

Los investigadores entrevistados por Science se mostraban preocupados por la posibilidad de que uno de esos híbridos pudiera llegar a convertirse en un virus de gripe humana –se cree que las pandemias de 1957 y de 1968 fueron causadas por una mezcla de genes aviares y humanos fraguada en el interior de organismos porcinos—, y urgían a la creación de un sistema oficial de vigilancia para la gripe porcina: admonición, huelga decirlo, a la que prestó oídos sordos un Washington dispuesto entonces a tirar miles de millones de dólares por el sumidero de las fantasías bioterroristas.

¿Qué provocó tal aceleración en la evolución de la gripe porcina? Hace mucho que los virólogos están convencidos de que el sistema de agricultura intensiva de la China meridional es el principal vector de la mutación gripal: tanto de la "deriva" estacional como del episódico "intercambio" genómico. Pero la industrialización granempresarial de la producción pecuaria ha roto el monopolio natural de China en la evolución de la gripe. El sector pecuario se ha visto transformado en estas últimas décadas en algo que se parece más a la industria petroquímica que a la feliz granja familiar que pintan los libros de texto en la escuela.

En 1965, por ejemplo, había en los EEUU 53 millones de cerdos repartidos entre más de un millón de granjas; hoy, 65 millones de cerdos se concentran en 65.000 instalaciones. Eso ha significado pasar de las anticuadas pocilgas a ciclópeos infiernos fecales en los que, entre estiércol y bajo un calor sofocante, prestos a intercambiar agentes patógenos a la velocidad del rayo, se hacinan decenas de millares de animales con más que debilitados sistemas inmunitarios.

El año pasado, una comisión convocada por el Pew Research Center publicó un informe sobre la "producción animal en granjas industriales", en donde se destacaba el agudo peligro de que "la continua circulación de virus (…) característica de enormes piaras, rebaños o hatos incremente las oportunidades de aparición de nuevos virus por episodios de mutación o de recombinación que podrían generar virus más eficientes en la transmisión entre humanos". La comisión alertó también de que el promiscuo uso de antibióticos en las factorías porcinas –más barato que en ambientes humanos— estaba propiciando el auge de infecciones estafílocóquicas resistentes, mientras que los vertidos residuales generaban brotes de escherichia coli y de pfiesteria (el protozoo que mató a mil millones de peces en los estuarios de Carolina y contagió a docenas de pescadores).

Cualquier mejora en la ecología de este nuevo agente patógeno tendría que enfrentarse con el monstruoso poder de los grandes conglomerados empresariales avícolas y ganaderos, como Smithfield Farms (porcino y vacuno) y Tyson (pollos). La comisión habló de una obstrucción sistemática de sus investigaciones por parte de las grandes empresas, incluidas unas nada recatadas amenazas de suprimir la financiación de los investigadores que cooperaran con la comisión.

Se trata de una industria muy globalizada y con influencias políticas. Así como el gigante avícola Charoen Pokphand, radicado en Bangkok, fue capaz de desbaratar las investigaciones sobre su papel en la propagación de la gripe aviar en el sureste asiático, es lo más probable que la epidemiología forense del brote de gripe porcina se dé de bruces contra la pétrea muralla de la industria del cerdo.

Eso no quiere decir que no vaya a encontrarse nunca una acusadora pistola humeante: ya corre el rumor en la prensa mexicana de un epicentro de la gripe situado en torno a una gigantesca filial de Smithfield en el estado de Veracruz. Pero lo más importante –sobre todo por la persistente amenaza del virus H5N1— es el bosque, no los árboles: la fracasada estrategia antipandémica de la OMS, el progresivo deterioro de la salud pública mundial, la mordaza aplicada por las grandes transnacionales farmacéuticas a medicamentos vitales y la catástrofe planetaria que es una producción pecuaria industrializada y ecológicamente desquiciada.

Mirada indulgente sobre el secuestro de patronos y el asalto de subprefecturas


El presentador del telediario nocturno de France2 trata de arrancar una llamada a la calma de un sindicalista de Continental. En la pantalla, la imagen de una subprefectura arrasada. El trabajador declina la propuesta y pide justicia para los despedidos. La crisis se encrespa y en la calle se muestra comprensión incluso ante el secuestro de patronos

MAITE UBIRIA
Gara



La empresa Continental ha optado por cerrar por un período de tiempo indefinido su planta de Clairoix (Picardía). Todo un sarcasmo para una compañía que desde el pasado 11 de marzo mantiene un nivel de producción simbólico, a la espera de ejecutar un plan de cierre definitivo que dejará sin empleo a 1.120 personas. La dirección de esta empresa de equipamientos de automóvil decidió ese día que echará la persiana tanto en la planta de Oise como en la alemana de Hannover, que emplea a cerca de 800 personas.

El motivo del cierre temporal de la factoría de Clairoix es el empeoramiento de la crisis social abierta por ese anuncio de clausura de la planta. Efectivamente, el tribunal de Sarreguemines (Moselle) echaba por tierra el martes el último recurso de que disponían los trabajadores para afrontar la pérdida de sus empleos.

La cólera con que los empleados acogieron esa decisión saltaba poco después a la cabecera de los informativos nocturnos de la televisión francesa. Por descontado, el grupo Continental no presenta un balance global de pérdidas que le permita justificar mínimamente una decisión como la adoptada en la planta de Oise.

Esa circunstancia, que se repite en no pocos cierres empresariales en el Hexágono, ha hecho que, a ojos de la opinión publica, la batalla de los trabajadores de Continental, como también la que llevan a cabo estos días los cerca de 300 empleados de un fabricante del sector de la electrónica, Molex, sean vistas con comprensión cuando no con abierta simpatía por una buena parte de la ciudadanía.

La entrevista de France2 fue una demostración del caldeado ambiente social que se vive en Oise, pero que amenaza a otros muchos centros del trabajo del Hexágono, donde la crisis se lleva por delante cada día los sueños de millares de trabajadores.

El presentador, David Pujadas, trató en vano de obtener una muestra de repulsa de un sindicalista de CGT al asalto por los trabajadores de la sala de recepción de la empresa y de la subprefectura de Compiègne. El trabajador respondió que eran las vidas de los trabajadores que en breve perderán su empleo las que habían sufrido una «premeditada campaña de destrozos y devastación». En ese punto, el presentador solicitó una llamada a la calma, invitación a la que el em- pleado de Continental respondido simplemente «no».

Visiblemente incómodo, el presentador despedía al entrevistado, a cuyas espaldas se mostraban las imágenes de varios de sus compañeros rompiendo enseres varios durante el asalto a los locales de la subprefectura de Oise.

La opinión pública

La opinión pública francesa observa con cierta comprensión unas acciones sindicales que en las últimas semanas han subido visiblemente de tono.

Aunque no es una práctica nueva en la historia sindical, desde hace semana se suceden los secuestros de patronos en empresas sacudidas por la crisis económica. En estos días, en los medios de comunicación se recuerdan las acciones que llevaron a cabo los sindicatos con motivo de las diversas reconversiones industriales que se han abordado en el Hexágono. En los años 70 se registraron cuatro secuestros de patronos en otras tantas factorías, en Lorraine; en los 80, los obreros retuvieron en la empresa de Usinor a varios directivos; al igual que hicieron los empleados de Air France con sus directivos.

En esta primavera de 2009 los secuestros de patronos se suceden. El último de ellos acabó el martes, cuando dos directivos de la factoría de Molex (Villemur) salían en medio de una sonora pitada de sus todavía empleados.

El de Molex es un caso de manual en la economía globalizada. El gigante americano achaca a la caída de ventas el cierre de la planta de Haute-Garonne. Sin embargo, hoy se sabe que mantiene en stock en una planta de Holanda parte de la producción de la planta francesa para, de manera encubierta, derivar hacia Nebraska esas piezas y, una vez completado el proceso de fabricación, sacarlas el mercado.

La CGT de Molex no duda en afirmar que, gracias al secuestro durante 24 horas del ayudante del gerente y de la directora de recursos humanos de la planta de Villemur-sur-Tarn «ya nadie puede decir que no conoce lo que hacen los patronos americanos con nuestra producción».

El investigador social René Mouriaux habla de una «necesidad de mediatización» para explicar el uso por los trabajadores de medios coercitivos para denunciar su situación. «En la era de la comunicación romper el silencio, salir del anonimato, es una necesidad mayor», sostiene.

En los medios se mantiene un discurso de cierta prudencia hacia esta escalada de tensión en los centros de trabajo. La política al uso de «condena de la violencia» sin más matices resulta quizás más difícil de mantener cuando se ve a trabajadores que peinan canas emprenderla a golpes en su empresa o en la subprefectura.

Un medio respetado en ámbitos financieros, «Les Echos» (www.lesechos.fr), ha lanzado incluso un sondeo para pulsar la opinión de sus lectores sobre los secuestros de patronos. El miércoles, los resultados de esa encuesta situaban a un 40% de los encuestados en contra de esas acciones. Mientras, el 6o% restante se dividía entre quienes confiesan entender tales medios aún no compartiéndolos y quienes los aplauden.

Por su parte, los trabajadores tratan de difundir sus propias informaciones a través de internet. Ese es el caso de la dirección http://www.contiblog.fr/ en la que se da cuenta de la protesta que llevan a cabo de forma ininterrumpida los empleados de Continental desde hace ya cinco semanas. Con esos medios, ciertamente menos potentes que los tradicionales, pero sin duda directos, tratan de hacer frente a la «oleada de mentiras». Con esa expresión se referían, esta vez en las columnas de www.rue89.com, a las manifestaciones realizadas por el primer ministro, François Fillon, que tras denunciar el saqueo de la subprefectura, atribuyó esa acción a una minoría.

«Podía haber dicho a mis compañeros que pararan, pero les dejé hacer (...) a costa de verse maltratadas las ovejas se han convertido en leones, y como es sabido los leones no se dejan llevar así como así al matadero», afirmó Xavier Mathieu (CGT). Según indicó, en el asalto tomaron parte «200 personas, apoyadas por otras tantas desde fuera».

Desde la CFDT, sindicato más bien moderado, se reprocha a Fillon que evoque ahora una mediación del Estado ante la compañía «cuando hace más de 10 días la intersindical ha remitido una petición en ese sentido que no ha tenido ninguna respuesta».

Las dudas que planean sobre la política del Gobierno de la UMP para enfrentar la crisis crecen cada día. Y, como era de esperar, desde PS y PCF, los primeros espadas se han apresurado a utilizar las protestas laborales como arma arrojadiza contra Fillon.

El gobierno

Por lo demás, las imágenes de ciudadanos franceses rompiendo mobiliario en una institución estatal han dejado fuera de juego el discurso de Sarkozy en Niza. Escoltado durante su visita por su ministra de Interior, Michèle Alliot-Marie, Sarkozy presentó sus ideas para mejorar la seguridad de la ciudadanía frente «al peligro que representan las bandas criminales organizadas». Mientras Sarkozy se esconde tras su discurso-refugio sobre la seguridad, el Observatorio Francés de Coyunturas Económicas acaba de publicar un informe que corrobora que «la economía francesa conocerá en 2009 la recesión más grave desde 1930». Con una previsión de 800.000 parados más entre 2009-2010, la agitación social promete ganar enteros.