"Adiós, adiós" Los Suaves


KEPA ARBIZU
Tercera Información




Tiempos algo revueltos han acompañado a Los Suaves en los últimos años. Al margen de los problemas internos de la banda, achacables en cierta medida a la deriva personal que llevaba Yosi, sus últimos discos realizados no alcanzaban el nivel esperado, lo que hacía que muchos de sus seguidores se mostraran algo impacientes. El título escogido para su último trabajo, “Adiós, adiós”, y los diferentes retrasos que ha sufrido su publicación, no hacía presagiar nada bueno.

Como sucede en muchas ocasiones, por más que todo estuviera en contra, las canciones son las únicas que pueden dictar sentencia a un grupo, y en este caso, los gallegos, con sus nuevas composiciones demuestran que los malos tiempos han pasado, o por lo menos han dejado de influir en la parte musical.

En este disco, el tándem perfecto que forman Yosi y Alberto Cejeiro, suena perfectamente empastado como no sucedía en muchos años. El primero mantiene el pulso entre su lírica descorazonada y su tono de voz rasgado y potente. El segundo, además de ejercer como productor, vertebra con su guitarra el sonido del conjunto, imponiéndole grandes dosis de contundencia, o emotividad, según se requiera en cada ocasión. Esto ayuda a que estemos ante un disco que recupera la emoción, y en cierto sentido la épica que la música de los gallegos suele llegar a transmitir. Así sucede desde el primer momento, en la brillante “Adiós, adiós”, la mezcla habitual de hard-rock y heavy se pone al servicio de un magistral retrato sobre la soledad humana (“Yo que nunca quise estar solo, tengo la soledad por amigo”).

“Cuando los sueños se van” y “Esa noche te perdí” se mueven por los mismos parámetros. La primera con más ritmo, pero ambas guardan en común unos estribillos perfectos, gracias en parte a la utilización de los coros, para ser cantados y de paso, poder entrar entre los clásicos de la banda. En “Frío como una llave”, un relato costumbrista de personajes sufridores, Yosi, como suele ser habitual, hace fraseos casi hablados donde toma más importancia la forma que el fondo. Todo ello en un contexto musical duro y contundente gracias a los riffs de guitarra.

“Corre Conejo corre”, un rock and roll vibrante lleno de adrenalina, suena a unos Leño pasados de revoluciones. De nuevo otra letra más que significativa centrada en uno de esos personajes marca de la casa, dirigidos por la mala estrella (“Todos hablan de su bebida, nadie habla de su sed”). “El último suspiro” es un ejemplo del embrujo que pueden llegar a tener Los Suaves cuando hacen las cosas bien. Otra vez con el recurso de hablar más que de cantar, construyen un medio tiempo emocionante, entre la oscuridad de la muerte y la luz de la esperanza.

Como ha sido norma habitual a lo largo de sus trabajos, también en éste hay lugar para las versiones. En esta ocasión se suma a la lista, desde Hendrix a los Cheyenes están en ella, un tema de Gary Moore, titulado para la ocasión “Se alza el trueno”. Originalmente no es una canción demasiado interesante y como la recreación del grupo es bastante fidedigna, mantiene los errores de la original, repleta de “tics” heavys.

El epílogo del disco corre a cargo de “Miau Miau” (de todos es conocido el gusto por los gatos del grupo). Perfectamente puede servir para explicar la dualidad de su música. La primera parte se trata de un tema instrumental y muy sentido que sufre una brusca ruptura transformándose en un sonido eléctrico y agresivo.

Hay que ser justos con Los Suaves, a la mayoría de bandas les gustaría contar con una carrera tan dilatada como la suya, repleta de buenos discos y con un número de seguidores más que aceptable, conformado tanto por viejos rockeros como por jóvenes generaciones recién llegadas. Su recién estrenado disco, y una vez aclarado por ellos mismos que su título no es señal de despedida sino de todo lo contrario, es un soberbio tratado de cómo mezclar la sensibilidad y la reflexión con la potencia que proporciona su estilo musical, tal y como llevan haciendo treinta años.