Jim Dickinson, el imprescindible músico y productor de Memphis

RAGTIME WILLIE
Requesound


La ciudad de Memphis ha parido y ha albergado gran cantidad de artistas que han conformado la música tal y como hoy la conocemos. Sin ir más lejos, Elvis estuvo vinculado a la ciudad desde los trece años, edad en la que se mudó desde Tupelo (Mississippi) con su familia. Fue, singularmente, el verdadero cruce de caminos de las cálidas corrientes musicales sureñas de Estados Unidos.

James Luther Dickinson, el morador del cuarto oscuro de hoy, nació en Little Rock (Arkansas) en 1941, pero cuando era un chinarrín se mudó a Memphis, como, probablemente no podía ser de otra manera. A pesar de que su madre intentó orientarle hacia el piano de una manera ortodoxa, el joven Luther pasaba horas escuchando al DJ de una radio local, el frenético Dewey Philips, quien pinchaba gospel, country y rock’nroll.

Su pasión por la música que escuchaba entre las sábanas, le llevó a aprovechar las lecciones de su madre para aplicarse a su música favorita, intentando tocar el piano como Jerry Lee Lewis. Después de acudir al instituto y de algunos escarceos esporádicos con compañeros musicales, Jim Dickinson (su nombre artístico) empieza a tocar en Memphis con apenas veinte años y ya es requerido en los estudios de grabación: graba varios singles con Sam Philips (el fundador y gerente de Sun Records), con los Jesters, tocando el piano y comandando las voces, aunque Jim no formaba parte del grupo.

Sin embargo, para la música que Jim interpretaba (fundamentalmente música con trasfondo negro, con añadidos country y rockabilly) corrían malos tiempos: la invasión de los grupos británicos acababa de producirse. Asevera Jim: “Lo que cambió mi percepción musical, en lo que llamamos la invasión británica, fueron los Yardbirds y los Stones, los grupos que tocaban blues, pues es lo que yo estaba haciendo por entonces. No era muy popular hacer ese tipo de música por entonces, pero, como la música folk, el blues era relativamente fácil de tocar así que tenía que hacerlo. Y, además yo ya tenía el pelo largo, así que……..”

Dickinson trabaja para el estudio de Chips Moman (ese genio en la sombra que ha tocado la guitarra para Elvis, Aretha, Bobby Womack y otros monstruos musicales, además de componer, fundamentalmente con Dan Penn canciones inmortalizadas por rabiosos cantantes soul, como la propia Aretha o James Carr), para John Fry y su estudio Ardent…….en definitiva, se convierte en un músico de sesión indispensable para casi toda la música que se producía en la ciudad durante los años sesenta, lo cual es mucho decir y da la medida de la importancia fundamental de este hombre en la música sureña.

En 1969, se topa con los Stones: “Fue a través del periodista musical Stanley Booth. Al final de su gira de 1969, estaban buscando un estudio en Memphis para grabar. Solamente tenían tres días para hacerlo y yo les sugerí Muscle Shoals, que no está en Memphis, por cierto, sino en Alabama”

El prestigio de Dickinson hizo que fuera el único “outsider”, la única persona fuera del círculo íntimo de los Stones, que asistió a las grabaciones. Es allí donde se graban “Wild Horses”, y es el tema en el que Jim aporta sus destrezas pianísticas; además, y bajo sugerencias de arreglos del propio Jim, los Stones graban una de sus canciones emblemáticas “Brown Sugar”.

Paralelamente a su fugaz pero mágico encuentro con los Stones, el prestigioso músico y arreglista de sesión forma su propia sección rítmica, los Dixie Flyers. Con ellos, se convierte en músico de sesión de Atlantic Records, en sus estudios de Miami y allí toca con Aretha Franklin, Carmen McCrae o Sam & Dave.

En 1972, lanza su primer álbum en solitario, el espectacular “Dixie Fried”, con emotivas versiones de Dylan, y colaboraciones de tipos como Dr John: un resumen personal de influencias sureñas y cálidos sabores negros y rockabilly. Un álbum indispensable y pivotal, aunque fatalmente olvidado. Afortunadamente, se puede pedir en Internet, en tiendas virtuales.

En los setenta, Jim comienza sus labores de productor, destacando su fructífera colaboración con el grupo de otro futuro morador del cuarto oscuro, el enigmático Alex Chilton, precoz cantante de los Box Tops y futuro cerebro de los Big Star; Jim les produce su álbum “Third”, en 1974. Pasa a producir a Willy De Ville, The Replacements….y entabla amistad estrecha con el gran guitarrista Ry Cooder, con el que colabora en labores de producción, arreglista y músico.

Convertido en gurú de referencia del sonido de Memphis, Jim no para de jugar con sonidos profundos del Sur. Y Dylan le reclama para su estremecedor “Time Out Of Mind”, en el que comparte teclados con otro grande, Augie Meyers.

Entre los jovencitos del lugar, Jim es ahora conocido por ser padre de Luther y Cody Dickinson, de los North Mississippi All Stars. Crea, junto a sus hijos, un estudio de grabación el Zebra Ranch, en el que los Mississippi graban parte de sus discos.

Es en el Rancho de la cebra donde actualmente Dickinson no para de realizar grabaciones, habiendo sacado un puñao de discos en solitario, junto a sus hijos colaborando con los Mississippi, y acogiendo proyectos que él considera interesantes.

Una figura fundamental, un precursor esencial de lo que ahora se conoce vulgarmente como “Americana”: “Creo que la gente hace discos por una urgencia, es su miedo a la muerte. Creo que la gente que hace discos busca, consciente o inconscientemente, la inmortalidad. La idea del éxito en el pop es tan seductora que quedas atrapado y no te das cuenta de ello. Conocí a punks que me decían “no me importa una mierda conseguir un hit”, bueno para un poco, nadie que empezara en el negocio musical quería ninguno. Todo es un compromiso, desde el principio hasta el final. Un disco, en sí mismo, es un compromiso. No es una actuación, es la grabación de una actuación”


Jugando a los soldaditos


AIDA M. PEREDA
Lumpen



La ministra de Defensa, Carme Chacón, ha dejado boquiabierto incluso al PP con su proposición de aumentar el número de soldados españoles en los conflictos internacionales. De ser así, España batirá el récord de efectivos en el exterior. No parece casual que ahora que EE.UU. va a desplazar sus tropas de Iraq a Afganistán, el Estado español se suba al carro para no dejar ni el mínimo resquicio de duda de que piensa apoyar a “su presidente del cambio” de forma incondicional. Es triste que el Gobierno socialista no atienda las voces de los ciudadanos. Al igual que desoyó Aznar los gritos de protesta de un pueblo unido en las manifestaciones contra la invasión de Iraq, Zapatero trata de excusarse alegando las supuestas diferencias de “legitimidad” entre una guerra y otra.

Según Chacón, el tope de 3.000 efectivos fijado en diciembre de 2005 (anteriormente era de 2.600) resulta ya “obsoleto”. ¿Desde cuándo las leyes tienen un período de vigencia tan caduco? ¿Acaso ha preguntado la ministra a los ciudadanos si creen necesario incrementar el gasto militar en tiempos de crisis? ¿Si desean extender la violencia disfrazada en uniformes “garantes” de los derechos humanos y matar civiles en defensa de la paz y el orden mundial?

A partir de 2009, con la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Defensa Nacional (LODN), será el Parlamento el que autorice cada misión y fije el número de militares necesarios. La titular de Defensa asegura que esta cantidad vendrá determinada “por la legalidad de la misión, por la voluntad de los españoles y por la capacidad de las Fuerzas Armadas”. Lo lamentable es este desacarado intento de tomarnos el pelo una y otra vez, como si no conociéramos el significado de estas tres premisas. La legalidad se puede inventar, la voluntad del pueblo se puede amordazar y la fuerza militar se puede imponer. De lo que habla es de establecer un tope que asciende a 7.700 militares, exactamente las cifras de alistamiento que nuestro flamante ejército maneja.

En la actualidad, España participa en seis “misiones de paz” y cuenta con 3.000 soldados desplegados en el exterior de forma permanente, concentrados en Afganistán (778), Líbano, Kosovo (623), Bosnia (341) y Chad. Sólo en 2008, el coste global de todas estas operaciones ha supuesto un gasto de 668 millones de euros (un 4% más que en 2007). Ahora, la ministra no sólo planea reforzar la presencia de efectivos españoles en Afganistán, sino también enviar un nuevo contingente a Somalia. Para variar, no existe debate en el Parlamento. Todos los grupos parlamentarios asintieron ante la iniciativa, excepto un tímido Gaspar Llamazares que se limitó a calificar el número de “excesivo”.