El peligro de perderse un libro, o ¿quién es Gabriel Sofer?


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Hoy traemos un libro decididamente maravilloso: 'Al final del mar'. Sorprendente si le añadimos el dato de que su autor sea desconocido: Gabriel Sofer . Algunos responderán a nuestra recomendación diciendo que ya hay muchos libros. Demasiados si uno siente aburrimiento y sensación de déjà vu, de haber leído ya todo lo que encuentra entre las novedades de las librerías. Se edita en España un número inabarcable de libros al año. De esta cifra es cierto que hay que suprimir —porque aquí hablamos de literatura— los libros de derecho procesal (por ejemplo), los que muestran paso a paso cómo ser infiel o hacerse rico sin morir en el intento (ni matar a nadie con las prisas), aquellos que explican la técnica para pescar truchas y de paso ser feliz en pareja, las 110 leyes espirituales para el viajero del metro, etcétera. Pero una vez apartado este amplio porcentaje, el número de novedades sigue pareciendo una barbaridad: los libros de ficción publicados durante un año en nuestro país (sin sumarle los clásicos obligados) no podrían leerse durante una sola vida. Entonces hay que hacer mucha criba, pero ¿cómo?

Si me permitís la intromisión, me gustaría preguntar cómo es que os guiáis en este extenso terreno para encontrar aquello que merece la pena. Porque lamentablemente este estupendo libro no ha tenido la repercusión que sin duda merece. Salvo honrosas excepciones que han destacado el placer de su lectura y su sorprendente calidad, si leéis los habituales suplementos culturales de periódicos, revistas sobre libros o preferís pasear por alguna librería, seguramente no hayáis tenido la oportunidad de cruzaros con los relatos de 'Al final del mar' (El Olivo Azul, 2009)

La silueta delgada del libro llama la atención entre el resto de autores del catálogo de la editorial El Olivo Azul , todos ellos extranjeros y con su merecido lugar dentro del panteón de los clásicos universales: en la Colección Narrativas del Olivo Azul encontramos a Conrad, Chesterton, Strindberg, Kipling, Victor Hugo, Schnitzler, Schwob, Apollinaire... y en medio Gabriel Sofer, absolutamente desconocido pero con las cualidades que distinguen a la estirpe de grandes narradores a los que acompaña.

Gabriel Sofer parece un tipo raro. En la información que sobre él se incluye en el libro encontramos algunos datos biográficos, pero no su foto, sustituida por una especie de retrato robot del autor. Pero dispuestos a entrar en el juego que nos propone, preferimos disfrutar de la escueta biografía como si de otro cuento más del libro se tratara. Planteamiento: nació en..., vivió en..., habla y sueña en varios idiomas y tiene una tendencia periódica tanto a mudarse de casa como a cambiar su nombre cada dos años. Nudo: no pudo defender su tesis sobre las implicaciones lógicas del concepto de infinito porque sus tutores se negaron a aceptar su exigencia de hacerlo no con su nombre (no sabemos cuál sería allá por 1996) sino bajo el de Doctor Fausto. Y desenlace: si nos gusta dudar (desde el punto de vista lúdico) de que el retrato sea suyo o de un vecino con el que se cruzaba en la escalera durante dos años, y de que los datos sean reales o parte de una ficción que complemente al libro, se debe a que después de leer y releer el libro no nos creemos que ésta sea su primera obra. Imposible. Puede que haya quemado muchas anteriores a ésta. Puede que, como se dice textualmente, se trate de "el primer libro que publica en España", o que sea el primero que escribe bajo el nombre de Gabriel Sofer y ya existan algunos más publicados al parecer por otro autor. Las posibilidades, puestos a imaginar, son muchas para este autor "poseído" por los más grandes del género: Kafka , Maupassant , Saki… No tenemos más remedio que concluir diciendo que 'Al final del mar', pudiendo serlo, no parece en absoluto un primer libro. Lo que no sabemos aún es con qué nombre esperar el siguiente del autor.

El marco temporal y geográfico de los distintos cuentos es amplísimo, aunque muchos de ellos coinciden en alimentarse de la tradición judía. En el irónico cuento 'Una cena de Pascua' parece proponerse una poética de la importancia de las narraciones en dicha tradición: la Verdad es para Dios y a los hombres sólo les quedan los relatos. Gabriel Sofer se muestra en ese caso como un maestro en las distintas formas de circunvalar esa perfección que nunca pertenecerá a los hombres. Es preciso, escueto pero nunca escaso en sus narraciones, conocedor de los medios necesarios para lograr la unidad de efecto en sus cuentos, y para mostrarlos después al lector sin costuras, exactos. De hecho, los pocos cuentos que no podrían calificarse de redondos en realidad parecen proponer algo distinto: no una unidad independiente y encerrada en sí, sino que prefieren jugar a hilvanarse entre ellos, a insertarse en algún punto de otro de los cuentos del libro. Por eso, por ejemplo, Ricardo Fabra, personaje que aparece en varios cuentos, lee en el autobús la novela que por 'Historia de un autor de libros' sabemos que escribió Juan Toledano y publicó un autor de renombre.

Nada de lo contado aparece por casualidad, al igual que muchas de las narraciones de los personajes de 'Al final del mar' parecen demostrar que existen unas leyes de la Historia que se cumplen inexorablemente, sí o sí, y en medio de las cuales el destino de los hombres parece reducido a que se ejecute esa voluntad superior. Los destinos particulares han de ser asumidos por Sarah Simon en el cuento que da título al conjunto, por Matías Peres —el narrador de 'La Esperanza'—, Gabriel Siván (en 'El incendio de Homero' parece que hasta los libros deben esperar silenciosos el futuro que tengan asignados), y por Juan Toledano cuando vea que el escaparate de una librería está lleno de libros escritos por él pero firmados por otro.

En el cuento 'El demonio de la Grandeza Española' se dice que "conocer algo no es hacer teorías, ni generalizaciones, sobre ese algo, no es verlo desde fuera, desde la seguridad de una distancia, sino que es experimentarlo uno mismo, comulgar y hacerse uno con ello, sentirlo en las carnes, perderse y desaparecer no para que ese otro te entre hasta bien dentro". Pues lo mismo sucederá con esta magnífica pieza literaria hasta que no se hagan con ella y les haga olvidar el ruido y el calor que asola nuestras calles, demostrando lo peligroso que sería perderse un libro como éste.