Theo Angelopoulos: "Mi generación creyó en la política para cambiar el mundo, y lo hemos empeorado"


JUAN SARDÁ
El Mundo




Maestro indiscutible, el autor de Los comediantes, El paso suspendido de la cigöeña, La eternidad y un día o La mirada de Ulises, Theo Angelopoulos, habló durante más de una hora con El Cultural en el Festival de Huesca, donde recibió el premio Luis Buñuel, para repasar una filmografía atenta a las convulsiones de la historia de Europa, y de su país, Grecia, en el siglo XX. Su visita coincide con la publicación en DVD del pack 1980-1986, con el que Intermedio completa la edición de una filmografía de la que queda pendien- te de estreno su última película, The Dust of Time, presentada en la pasada Berlinale. En la entrevista, el cineasta califica el tiempo actual como “vacío” y defiende la pureza del cine de autor.


El cine “intelectual” y sofisticado de Theo Angelopoulos (Atenas, 1935), se ha prestado siempre a todo tipo de comentarios pomposos que han enmascarado la capacidad de emocionar y conmover de un cineasta mucho más accesible de lo que pretenden algunos de sus pretenciosos escuderos. Incorruptible poeta del cine, retratista de los males que han asolado a Europa el siglo pasado, maestro del plano fijo y creador de imágenes bellísimas, el ganador de una Palma de Oro en 1988 por La eternidad y un día es también famoso por su ego y sus malas pulgas. Para los anales de la historia, la cara de pasmo de Andy García cuando, al entregarle el Gran Premio del Jurado de Cannes por La mirada de Ulises, en 1995, el griego espetó: “Si esto es lo que vais a darme, no tengo nada que decir”, para marcharse inmediatamente del escenario sin disimular su decepción. Casi veinticinco años después, es el mismo Angelopulos el que se presenta en un hotel de Huesca cinco minutos antes de la cita y mira al periodista con los ojos muy abiertos y una expresión algo atemorizante, como diciendo “a la primera pregunta idiota, me levanto y me voy”.

Afortunadamente, Angelopoulos no coge el portante e, incluso, sonríe de vez en cuando. El director aún tiene pendiente de estreno en España su última película, The Dust of Time (El polvo del tiempo), presentada en el último Festival de Berlín con escaso entusiasmo por parte de la crítica. Se trata de la segunda parte de una trilogía iniciada con la conocida Eléni (2004) en la que el cineasta regresa a uno de sus asuntos favoritos, las desgracias que han asolado a su Grecia natal y la zona de los Balcanes, territorio casi mítico en el que ha ambientado la mayoría de sus películas. Más allá de leyendas y patinazos puntuales, Angelopoulos atesora una filmografía que abarca algunos de los mejores hitos del cine europeo de todos los tiempos. De la belleza crepuscular de La eternidad y un día a la lúcida reflexión sobre la caída del comunismo de La mirada de Ulises (1995), pasando por la fuerza metafórica de la contundente Los cazadores (1977), el cine de Angelopoulos se ha mantenido impermeable a modas y vendavales para convertir la cámara cinematográfica en un segundo ojo capaz de profundizar en la realidad y extraer lecciones de humanidad.


Buñuel, el mito

- No deja de ser curioso encontrarle en un Festival modesto como el de Huesca.

- Todos tenemos nuestros mitos y uno de los míos es Luis Buñuel. Ser acreedor de un premio que lleva su nombre es un gran honor. Cuando era joven y estudiaba cine en París vi todas sus películas. Para ganar dinero, por aquella época trabajaba en la Cinemateca y allí lo vi todo. También a los grandes maestros americanos y europeos, pero Buñuel fue siempre un cineasta especial.

- ¿Reconoce su influencia?

- No de una manera directa pero seguro que sí. La primera película suya que vi fue El ángel exterminador y mantengo un recuerdo muy vivo de aquella experiencia.

- La defensa de la dignidad humana es quizá el tema central de todo su cine...

- Estoy de acuerdo.

- ¿Y cree que ha logrado cambiar en algo el mundo con sus películas?

- Idealmente, el cine sí puede abrir nuevas perspectivas y mejorar el mundo. Nuestra obligación como cineastas es abrir puertas, luchar y avanzar. Pertenezco a una generación que creyó en la política, en el socialismo, pero desgraciadamente no cambiamos nada. Mis hijos hablan de eso, de una utopía desvanecida. De hecho, creo que somos responsables de que hayamos ido a peor.

- ¿Y confía en las nuevas generaciones?

- Cada generación significa un nuevo comienzo. Estoy seguro de que, por lo menos, se intentará. La historia es extraña. Avanza en espiral. Hay momentos álgidos y momentos bajos. Actualmente vivimos en un momento terrible, de un gran vacío. La juventud de hoy se enfrenta a un panorama sin horizontes y carece de un sistema de referencia. En diciembre del año pasado hubo manifestaciones de estudiantes por toda Grecia. No sabían qué querían, era la expresión de un descontento profundo, como si pidieran algo en lo que creer.

- De todos modos, vivimos en una época mucho más pacífica y próspera de la historia de Europa que en muchos momentos del siglo XX.

- Hay una cierta comodidad material que antes faltaba. Pero la pregunta no es si hay o no hay guerras sino si la gente está contenta. Y la respuesta es que no.


Televisión y uniformidad

- Le veo a usted muy pesimista, ¿cree que el cine atraviesa también un mal momento?

- Vivimos en una dictadura de la uniformidad, propiciada en parte por la omnipresencia de la televisión y sus formas narrativas. Mi cine es lento, sí, pero en realidad está mucho más cerca de la capacidad de comprensión de los seres humanos. Estoy seguro de que si a un tipo que jamás ha visto películas, que no está contaminado por el mundo moderno, le enseñamos una de mis películas la entenderá mejor que cualquiera de Hollywood porque está adecuada al verdadero ritmo de la naturaleza humana. Es una cuestión de tiempo y de timing.

- ¿Qué culpa tiene Hollywood en esa uniformidad?

- Los americanos han sido muy listos y han logrado imponer una determinada manera de contar las cosas, la consecuencia es que han contaminado de una forma profunda nuestra forma de mirar. Ahora el público, influido también por la televisión, insisto, pide eso. El resultado es una falta total de educación estética. Lo vemos todos los días. Hoy la mayoría de películas escamotean el diálogo con la obra fílmica. Sucede todo tan rápido que no hay tiempo de pensar conjuntamente, que es lo que debe procurar un filme.

- El tiempo es un elemento clave en su filmografía. Usted suele mezclar distintos momentos y épocas. ¿Nunca le ha preocupado que eso pueda confundir al espectador?

- Y yo qué quiere que le diga, supongo que sí, que puede confundir. Yo parto de la idea de Heidegger de que el tiempo somos nosotros, con todo lo que ello implica. En este sentido, pasado, presente y futuro son, en realidad, una misma cosa. Voy a contarle una historia. En una ocasión estaba en Japón y fui invitado a cenar a casa del gran cineasta Nagisa Oshima. Acababa de perder a su mujer, a la que estaba muy unido. Nos sentamos a la mesa y allí estaba, en una esquina, una foto de ella. Para mi sorpresa, puso un plato en frente de su imagen para que comiera. Después le pregunté por su último guión y me dijo que primero tenía que leerlo ella. Ahí tiene usted un caso de cómo el pasado y el presente suceden al mismo tiempo. Lo mismo pasa con el futuro, ¿qué es? Una respiración después. Ya está aquí.

- ¿De dónde surgen sus películas?

-Es un misterio. Hay siempre un período de espera, en el que la idea me viene a la cabeza y acaba por cristalizar o no. Se parece al amor. Cuando estás abierto llega, si estás cerrado no penetra. Ese período de espera también sirve para calibrar la importancia de esa inspiración. Si es realmente extraordinario permanece. Por lo demás, la inspiración puede venir de cualquier parte. Por ejemplo, cuando estaba preparando El paso suspendido de la cigöeña (1991) había una escena de una boda a la que le estuve dando muchas vueltas porque quería algo realmente original. De pronto, recordé una noticia que había leído veinte años atrás sobre una pequeña isla de Creta a la que era tan difícil acceder en invierno que a sus habitantes el cura les daba misa o los casaba subido a un monte de la isla de al lado. Yo quise rizar el rizo y puse a la mujer a un lado y al marido al otro. El resultado fue maravilloso.

- ¿Hasta qué punto considera sus filmes obras de un único autor o trabajos colectivos?

- Es evidente que una película es un trabajo colectivo, desde los actores hasta los eléctricos hay mucha gente que participa. Pero yo siempre he creído en el cine de autor y considero que mis películas son creaciones mías. Por supuesto que hay un músico, pero el que escoge esa música soy yo. Actualmente, esa noción de autoría está atravesando una crisis grave. Para los directores cada vez es más difícil mantener el control sobre su película, pero yo no conozco otra forma de trabajar.

- ¿Por qué en todas sus películas hay un personaje que no tiene nombre?

- Porque ese personaje me representa a mí.


¿Demasiado intelectual?

- Suele mezclar la cultura popular y la alta cultura.

- Lo importante es la sinceridad, da igual que sea una canción tradicional o un poema de Rilke. Uno siempre corre el riesgo de ser demasiado intelectual. De pequeño tuve dos grandes influencias. Por una parte, mi tío, que era un erudito; por la otra, mi abuela, que era analfabeta y una gran contadora de historias. En este sentido, la gente suele considerar que mi trabajo surge de una planificación muy estricta. Es cierto que trabajo al máximo cada plano, procuro hacer composiciones que remiten a un universo pictórico, sin embargo, hay un grado de improvisación mucho mayor de lo que se suele pensar.

- ¿Está atento a las novedades cinematográficas?

- No tengo tiempo. Hacer mis propias películas y mis nietos me roban todo mi tiempo.

La FAO alerta sobre la compra masiva de tierras

Empresas multinacionales y países con abundante capital y escasez de tierras cultivables se lanzan a la compra compulsiva de terrenos fértiles en las zonas más pobres del planeta

STEFANIA MURESU
Diagonal




“El incremento de las compras masivas de terrenos en África y otros continentes aumenta el riesgo de que los pobres se vean desposeídos o se les impida el acceso a la tierra y el agua”. Ésta es una de las conclusiones de uno de los primeros estudios sobre la compra de enormes superficies de tierras en países de África, América Latina y el sudeste asiático por parte de grandes empresas y Estados importadores de alimentos. El informe, encargado por la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y publicado a finales de mayo, revela que este negocio ha crecido de forma exponencial en los últimos cinco años por parte de multinacionales, empresas locales –muchas filiales de empresas extranjeras– y de Estados con superavit de capital y déficit de tierra cultivable. Las compras de tierras casi siempre están acompañadas de expropiaciones. Según advierte este estudio, las legislaciones locales no protegen el derecho de acceso a la tierra de la población, dejando que los acuerdos entre empresas y gobiernos se hagan sin transparencia y sin el consentimiento previo de las comunidades rurales implicadas.

Daewoo en Madagascar

Sin embargo, las poblaciones afectadas no siempre permanecen expectantes. Además de la larga lucha del pueblo mapuche contra Benetton en Chile y Argentina, el caso de Madagascar es paradigmático. El 10 de abril de 2009, la multinacional surcoreana Daewoo Logistic anunciaba la cancelación del proyecto de inversión agrícola en Madagascar, negociado en noviembre 2008 con el Gobierno de Marc Ravalomanana. El acuerdo preveía la concesión durante 99 años de 1,3 millones de hectáreas para la producción de maíz y aceite de palma. A cambio de inversiones en infraestructuras y mano de obra, el Gobierno de Madagascar se disponía a ceder la mitad de las tierras fértiles de la isla.

La oposición popular y campesina no se hizo esperar. A través de una fuerte resistencia en defensa de los derechos de los ciudadanos y campesinos malgaches sobre sus tierras, la población se organizó en grupos como la Plataforma Nacional de las Organizaciones de la Sociedad Civil de Madagascar, el Colectivo por la Defensa de las Tierras Malgaches y Solidarité sur le Intervenants Foncier (SIF), que pertenece al movimiento internacional Land Coalition. Poco después, en marzo de 2009, el presidente que sostuvo el acuerdo con Daewoo, Marc Ravalomanana, abandonó el poder tras un golpe de Estado y masivas manifestaciones, en las que 100 personas resultaron muertas. El nuevo presidente, Andry Rajoelina, ex alcalde de la capital, hizo de la cancelación del acuerdo con Daewoo uno de sus principales eslóganes políticos. Actualmente, según los representantes de la plataforma SIF, el Gobierno de Andry Rajoelina no renuncia a continuar con planes semejantes, sino más bien revisar su ubicación.

El negocio de la tierra

Daewoo es sólo una de las últimas empresas extranjeras implicadas en este proceso de acaparamiento de tierras a nivel mundial, y Madagascar uno de los varios Estados del Sur amenazado por esta tendencia [ver información más abajo]. Lejos de los tiempos de la metrópoli, los Estados descolonizados viven ahora otro tipo de control sobre sus recursos, según denuncian innumerables organizaciones. La actuación de organismos como el Banco Mundial y el FMI durante las últimas décadas, forzando a países de la periferia a abrirse a los mercados mundiales, atrajo a numerosas multinacionales que ahora se benefician del negocio de la tierra y la demanda de agrocombustibles. El Banco Mundial, entre otras instituciones, defienden este modelo alegando que de esta forma se transmite dinero y tecnología a los países de Tercer Mundo. Junto a las empresas trasnacionales, los principales responsables del acaparamiento global de tierra son Estados que dependen de las importaciones de alimentos. Su crecimiento económico y demográfico junto a la escasez de recursos hídricos y agrícolas, han empujado a estos gobiernos a asegurarse reservas de alimentos a través de la compra de tierras a bajo precio en países extranjeros. Uno de los Estados más activos en la compra de tierras, según un informe publicado por la ONG Grain, es Arabia Saudí: ha comprado superficies en África, principalmente en Etiopía y Sudán, mientras que el holding saudí Bin Laden Group ha firmado en 2008 un acuerdo en nombre del Consorcio de Alimentos de Medio Oriente para invertir 4.300 millones de dólares en Indonesia, con la adquisición de 500.000 hectáreas (algo así como la Comunidad de Madrid) para la producción de arroz. China también está invirtiendo masivamente en la compra de tierras: sus inversiones abarcan dos millones de hectáreas (el equivalente a la Comunidad Valenciana) de cultivos entre el este de África, Filipinas y Asia Central. Otros países que se han lanzado a la compra de tierras fértiles son Egipto, Bahrein, diversos Estados del Golfo Pérsico, India o Japón, países generalmente con abundantes petrodólares y escasas zonas cultivables en relación a su población. En total, más de ocho millones de hectáreas han sido compradas recientemente. Corea del Sur figura en primer lugar, con 2,3 millones de hectáreas.

Cultivos para energía

La producción de agrocombustibles es una de las causas que han llevado a esta progresiva privatización. La complicidad de los gobiernos locales, otra. En declaraciones a DIAGONAL, Sue Branford, editora de la publicación Seedling de la ONG Grain, habla sobre el papel de los Gobiernos locales frente a la venta de tierras a gobiernos y empresas multinacionales: “Muchos Estados en el Tercer Mundo están siendo afectados por la crisis mundial, a pesar de que no hicieron nada para crearla. No pueden obtener crédito comercial y están siendo perjudicados por la caída de los precios. En tales circunstancias, una oferta de otro país para alquilar o comprar tierras es muy tentadora. Para nosotros puede parecer chocante que un país como Camboya, que tiene un grave problema interno de hambre, pueda consentir la venta de tierras para producir alimentos para otros países. En realidad, los países pobres se ven obligados a buscar soluciones a corto plazo, que no les traerán beneficios a largo plazo. Como resultado, muchos de estos gobiernos están facilitando la entrada de países extranjeros y multinacionales y ayudándoles a eludir los límites legales sobre la cantidad de tierra que un extranjero puede poseer”. Parece claro quién pierde en este negocio. Privados de las tierras, base de su supervivencia, decenas de miles de campesinos se ven obligados a dejar anualmente sus lugares de origen, cuando no son desplazados por la fuerza, para buscar en otros sitios, en las ciudades o como inmigrantes en los países enriquecidos, una alternativa al hambre.

Los gobiernos venden o arriendan la tierra normalmente con la justificación de que nadie la habita, cuando en la mayoría de las ocasiones está habitada o utilizada durante una parte del año por familias campesinas. “Estas familias”, continúa Sue Brandford, de Grain, “a menudo se ven obligadas a unirse al éxodo rural. Cuando pierden sus tierras, también pierden su conocimiento de la biodiversidad y las plantas locales. Otra consecuencia, por supuesto, es que, en el largo plazo, estos acuerdos pueden agravar el problema del hambre en la economía local, ya que significa menos tierra disponible para las necesidades alimentarias”. Como si fuera poco, las tierras compradas se dedican a los monocultivos, un tipo de agricultura industrial, que depende en gran medida de fertilizantes químicos, plaguicidas, y maquinaria agrícola, con un fuerte impacto en los ecosistemas y los modos de vida y de subsistencia tradicionales, según denuncian las organizaciones de defensa de la soberanía alimentaria.

AFECTADOS

Los principales países afectados por este fenómeno han sido hasta ahora Sudán, Pakistán, Kazajstán, Camboya, Birmania, Uganda, Filipinas, Indonesia, Laos, Turquía, Ucrania, Tailandia, Mozambique, Tanzania, Uganda, Zimbabue, Ruanda, Zambia, Madagascar, Nigeria, Camerún, Brasil, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Argentina, todos con graves problemas de desnutrición.

EL 10% DE ARGENTINA

Según la Federación Agraria Argentina, el 10% del territorio argentino está en manos de extranjeros. El terrateniente más grande del país es Benetton, con unas 900.000 hectáreas. En algunas provincias, la hectárea puede llegar a costar ocho dólares. Personajes como Ted Turner, Richard Gere y Matt Damon, empresas chilenas, europeas, norteamericanas y países como Malasia han aprovechado el bajo precio del suelo para comprar amplias extensiones de terreno a lo largo de todo el país.

CHINA A POR TIERRAS

En la primera mitad de 2008, el Ministerio de Agricultura de China redactó una medida oficial central para alentar a las empresas nacionales a adquirir (alquilando o comprando) tierra en el extranjero con fines agrícolas, especialmente para asegurarle a China el suministro de soja a largo plazo. Se suponía que cinco empresas estatales serían escogidas para llevar a cabo el plan. A mediados de año se supo que la medida quedó momentáneamente en suspenso, según un informe de la ONG Grain.

MUCHO PETRÓLEO

En marzo de 2008, los ministerios de comercio, economía y finanzas del Consejo de Cooperación del Golfo emitieron una recomendación conjunta de que los miembros de dicho Consejo consideran establecer una empresa conjunta o un fondo común para producir alimentos en el exterior, en el sudeste asiático, Brasil y otros países árabes, para abastecer el mercado del Consejo. También propusieron crear un equipo de trabajo para monitorear los proyectos, establecer una estrategia común, según Grain.

JAPÓN EN BRASIL

En noviembre de 2007, el conglomerado japonés Mitsui compró 100.000 hectáreas de tierras agrícolas en Brasil —el equivalente al 2% de la superficie cultivada de Japón— para la producción de soja. Las tierras están en Bahía, Minas Gerais y Maranhão. Mitsui compró la tierra a través del 25% de su participación en Multigrain SA, el comerciante de granos brasileño que formalmente cerró el trato. Los otros dueños de Multigrain SA son CHS Inc, una empresa estadounidense de energía y alimentos, y PMG Trading of Brasil.

Primo Levi: memoria del Holocausto

Ediciones El Aleph publica la 'Trilogía de Auschwitz'



ÁLVARO CORTINA
El Mundo



Escribió Umbral que la muerte es una epidemia rara e intermitente. En los industriosos campos de Auschwitz se convierte en cambio en algo motorizado, en un limpio guarismo, un flujo continuo, maquinal. La gente llega con el silbido de un nuevo tren y sale días después en carretillas, o en forma de negro humo de chimeneas crematorias.

Primo Levi (1919-1987) dedicó su vida a dar testimonio de aquellos territorios parcelados. Con ese algo de escénico que le da tanto foco, esa economía y racionalismo castrense, y ese decorado pobretón y despejado con torretas de fondo.

'Si esto es un hombre', primera estación de su 'Trilogía de Auschwitz' (El Aleph) explora, con el recuerdo aún caliente (es de 1947), aquella encrucijada en blanco y negro de cientos de miles de naufragios personales: húngaros, griegos, italianos, alemanes que forman filas bajo el frío sol polaco. "Sin pelo, sin honor, sin nombre", escribe.

Parece casi que versiona Levi a Manrique cuando habla de los individuos como arroyos que van a parar a las duchas de gas, que serían el mar, o sea, el morir. Una fatalidad tan extrema, semejante emblema de mortandad ha llevado también a los pesimistas a identificar vida y Holocausto. Woody Allen dijo un vez que la existencia es un campo de concentración: "Sabes que hagas lo que hagas no vas a salir de allí vivo".

Levi fue hecho cautivo por judío y sí conservó la vida en su tiempo de alambradas. La primera parada del veinteañero turinés fue el campo de concentración de Fossoli, y después de allí al matadero mayor. Nada más llegar se hicieron grupos según sexo y edad, se habla de Alemania a cuenta de un "amor nacional por las clasificaciones":

"Lo que fue de los demás, de las mujeres, de los niños, de los viejos, no pudimos saberlo ni entonces ni después: la noche se los tragó, pura y simplemente". Aunque Levi no suele emplear demasiadas metáforas así. Su modelo de redacción fueron los informes semanales que hacía en la fábrica donde trabajó a su vuelta. Es un relato inclemente y austero como los de Solzhenitsyn.

Hay retratos desvaídos de compañeros suyos. En un sitio así acabas debiéndole a alguien la vida o el pan. Pero invariablemente la atención se dirige a esa masa descarriada, terrible en sus dimensiones, en su anonimato, en su desconcierto. Entre ellos el autor reconoce a "los salvados y los hundidos". Este es el título de la tercera parte de su tríptico.

"Hoy pienso que sólo por el hecho de haber existido Auschwitz nadie debería hablar en nuestros días de Providencia: pero lo cierto es que, en aquel momento, el recuerdo de los salvamentos bíblicos en las adversidades extremas pasó como un viento por todos los ánimos".

En efecto es una devastación bíblica. También hay mucho de picaresca desesperada, de continuos robos al de al lado, de colas para comer potaje de habas. También del sueño pesado de aquellos hombres desasistidos en barracas multitudinarias:

"Ay de quien sueña: el momento de conciencia que acompaña al despertar es el sufrimiento más agudo. Pero no nos ocurre con frecuencia, y los sueños no son largos: no somos más que bestias cansadas".

Incide mucho Levi en la animalización. Los "kapos" golpean a los hombres vacíos, dolor sin conciencia, sin plegarias ya. "Nos golpean cuando estamos ya bajo la carga, casi amorosamente, acompañando a los golpes con palabra de exhortación y de ánimo, como hacen los carreteros con los buenos caballos". Su primera persona del plural es muy sentida. Dice: "Morimos miles de nosotros".

Sólo testimonio

No hay balances, ni estudio, ni conclusión histórica. Tan sólo testimonio personal (ese "morimos miles de nosotros"), testimonio del misterio de "dejarse guiar por las insospechadas fuerzas subterráneas que sostienen las estirpes y a los individuos en tiempos crueles". De vez en cuando pasa algún S.S por las páginas fumando un cigarrillo, sin mayor dramatismo.

No se llegó a aclarar si Levi se suicidó o si cayó por un descuido del tercer piso por el hueco de las escalera de su casa. Tres pisos son muy poca altura y los suicidas piensan en esas cosas. En todo caso así de inciertamente murió el hombre que sobrevivió a una de las mayores ruletas rusas de su siglo.

Aquellos hombres dolientes fueron un recuerdo tan descarnado que prefirió no contar otra cosa, se llevo el campo consigo. Quizá su vida de testigo fatídico de aquellas colas mudas de hundidos y salvados acabó siendo un poco como en la analogía de Woody Allen. Así, la muerte es una alambrada.

En cualquier caso su monumento al pueblo hebreo se alza junto con el de Viktor Frankl o con el de Spielberg. Un arte con corona funeral, un lugar común que suele sacar el lado meditabundo de las personas.

'Si esto es un hombre' concluye día a día ("19 de enero" y fechas próximas encabezan los últimos párrafos) con el barrunto de los cañones soviéticos que se acercan. Los aviones deshilachan las nubes de guerra y los pastores alemanes se inquietan. El tiempo descontrolado que sucede a su liberación se narra en la segunda parte, 'La tregua'.

Expansión del FIES dentro y fuera de las cárceles

CÉSAR MANZANOS BILBAO
Gara




El doctor en Sociología y miembro de Salhaketa César Manzanos valora la sentencia del Tribunal Supremo en contra del régimen carcelario FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento) y concluye que no obsta dicha sentencia para que la cárcel pueda funcionar al margen de la ley. Pero también afirma categórico que, aun así, nunca podrán suprimir los derechos a la dignidad y a la disidiencia.

La política carcelaria que se organizó a finales de los ochenta con Múgica como ministro de Justicia y Asunción como director de Prisiones, se fundamentó en la apuesta por la reproducción de un modelo carcelario asentado sobre tres criterios prioritarios: la contención, la necesidad de garantizar la gobernabilidad de la cárcel y el negocio de la penalización.

Ni que decir tiene que estas orientaciones han traído consigo la necesidad de sacrificar los derechos fundamentales de los reos no suspendidos en los fallos condenatorios. Estos tres criterios prioritarios se sustentan en dos pilares que se institucionalizaron en 1991.

Por un lado, el aún vigente Plan de Amortización y Creación de Macrocárceles que en la práctica ha supuesto la generalización del régimen de excepcionalidad, ya que funcionan como Cárceles de Máxima Seguridad aunque sean catalogadas oficial y eufemísticamente como Centros Tipo Polivalentes (separación de los reos según criterios disciplinarios).

La consecuencia directa ha sido la inversión de dinero público en el negocio privado de la industria carcelaria, que ha supuesto el incremento exponencial y sin precedentes de las tasas de población encarcelada. Estas tasas de encarcelamiento, en progresivo incremento durante la primera década del presente siglo y a un ritmo de crecimiento imparable, están en total disonancia con las tasas oficiales de criminalidad registradas en el estado que nos sitúa a la cabeza de las tasas medias de encarcelamiento de los países de Europa occidental, y sin embargo, registramos tasas oficiales de criminalidad muy por debajo de la media europea.

Ni que decir tiene que para ello ha sido imprescindible una política de endurecimiento de las penas para alargar el tiempo de reclusión y encarcelar a nuevos sujetos criminalizados, propiciada por el mensaje que las empresas mediáticas han hecho calar: «La sociedad pide más mano dura, más penas ante el alarmante incremento y crueldad de los delitos».

Por otro lado, el segundo pilar que sustenta la actual y futura política carcelaria es la creación de un sistema integrado de información y aislamiento (control directo dentro de la categoría administrativa FIES -Fichero de Internos de Especial Seguimiento-), inicialmente creada con el fin de tratar de neutralizar y/o eliminar a aquellas personas presas consideradas «no reinsertables».

Éstas son definidas como internos de control directo, dado que su actitud y actividad crítica y disidente con la institución carcelaria puede poner en peligro «el buen orden y funcionamiento del establecimiento», es decir, la gobernabilidad de la cárcel. Este primer experimento ha sido el ensayo para lo que progresivamente ha sido la extensión del control directo a la mayor cantidad posible de personas encarceladas.

Pero la extensión de régimen de aislamiento FIES equivalente a un régimen cerrado de incomunicación extrema y al seguimiento, vigilancia y tratamiento individualizado con fines de neutralización y liquidación de los «peligrosos» se ha ido progresivamente extendiendo también a otras categorías de recluidos: presos encarcelados por cometer delitos por motivaciones políticas o religiosas, reos catalogados como pertenecientes a la criminalidad organizada, etcétera. Todas estas categorías han sido utilizadas como disculpa para la paulatina extensión del régimen de excepcionalidad (aislamiento, medios coercitivos, regímenes cerrados, etcétera).

Jamás interesó regular legalmente el estatus de estos dispositivos de control interno aparentemente excepcionales. Al igual que jamás interesó desarrollar una ley procesal en materia de vigilancia penitenciaria que garantizara el derecho a la defensa de las personas encarceladas. El sistema carcelario necesita funcionar con elasticidad normativa, a golpe de circulares administrativas internas que puedan mutarse según las circunstancias y que, como ha demostrado la última sentencia declarando ilegal el régimen FIES, pueda permitir a la cárcel funcionar al margen de la ley.

Hoy puede derogarse formalmente el régimen FIES, pero ya está en funcionamiento la última gran fase de la total expansión del régimen carcelario de control directo a toda la población recluida. Abandonando definitivamente las ideologías reinsertadoras y convirtiendo en simbólicos los dispositivos para hacer posibles las garantías jurídicas de los derechos fundamentales (juzgados de vigilancia penitenciaria, turnos de asistencia letrada de oficio, etcétera) se consigue inyectar la sensación de impunidad a los reos, dándoles solamente la posibilidad de elegir entre dos opciones: domesticación y por tanto sometimiento a la disciplina y arbitrariedad carcelaria, o neutralización y/o aniquilación mediante la institucionalización de los regímenes de aislamiento y las sofisticadas técnicas de tortura física y psicológica.

Para ello se ha parido ya, tras nueve meses de gestación, el SISPE, una base de datos con informaciones íntimas y confidenciales sobre más de 62.000 personas presas y sus familiares. Estos sistemas no son nuevos, están importados de otros países que ya modernizaron, privatizaron y mercantilizaron sus sistemas carcelarios, como es el caso de Israel o los EEUU, entre otros.

Es la plasmación tácita en el ámbito de la ejecución penal de un sistema punitivo cuyo objetivo real es su propia autorreproducción mediante la utilización de la población encarcelada y potencialmente encarcelable (extensión de la penalización a nuevos sujetos o, mejor dicho, a todos los sujetos) como materia prima para la revitalización permanente de las millonarias tasas de ganancia de la boyante «industria del control del delito».

Quizás la sentencia judicial reciente en contra del régimen FIES, como tantas otras que finalmente han acabado en el Tribunal Constitucional (derecho al trabajo, condiciones de las conducciones, cumplimiento en lugares de origen, etcétera) sirvan simbólicamente para evidenciar cómo el sistema carcelario actúa de un modo sistemático al margen de las leyes para supuestamente luchar por hacerlas cumplir. Pero eso es anecdótico.

No nos engañemos. La extensión del régimen FIES a toda la población encarcelada y a su entorno social y familiar mediante la implicación policial es lo que se está organizando desde hace ya tiempo y como siempre a espaldas de los afectados y del conocimiento de la sociedad. Cabe destacar y subrayar que no sólo se controla a las personas cuando están dentro de prisión, sino que el seguimiento se realiza también fuera de la misma y se extiende a su entorno familiar, para lo cual el sistema policial actúa en estrecha coordinación con el carcelario.

Sin embargo, y con ánimo de adversar, hemos de felicitar a Madres Unidas Contra la Droga por llevar esta denuncia del FIES hasta el Supremo, porque el fallo sirve una vez más para hacerles saber, a quienes deciden sobre las políticas criminales y carcelarias, que podrán continuar con su macabro negocio lucrativo a costa de los impuestos de los contribuyentes y de arruinar la vida de las personas presas y sus familiares, pero que no conseguirán hacerlo a nuestras espaldas, que siempre, nos tendrán enfrente, puesto que los dos únicos derechos que no nos pueden violar y suspender son los derechos a la dignidad y a la disidencia. Como ya sabíamos hace más de 25 años y lo difundíamos en un cartel: «Todos somos FIES».