"Josephine", Magnolia Electric Co. (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Existen grupos que tienen que sobrevivir con el estigma de que su música, actitud, voz o la característica que sea, es, inevitablemente, equiparada con la de algún nombre ilustre. Poco importa si es real o un simple mecanismo del crítico de turno que al final ha terminado por “institucionalizarse”. Nada pueden hacer ante este hecho salvo asumirlo o convertirlo en una pesada carga. A Magnolia Electric Co, siempre le ha acompañado la sombra alargada, en forma de comparación, de Neil Young. Que la influencia del canadiense es obvia nadie lo niega, otro tema será hasta qué punto esencial.

Sería totalmente injusto despachar a este grupo con clichés poco meditados y dejarles escapar sin prestarles la atención que se merecen. Detrás de ese nombre se encuentra Jasón Molina, auténtico geniecillo inquieto que desde su primer grupo Songs: Ohaio, lleva realizando un country rock de alta calidad. Para nada se encarga únicamente de repetir formas clásicas e interpretarlas con solvencias. Al contrario, ha sabido añadirle elementos propios hasta convertirse en una voz, y palabra, muy personal y reconocible. Su música destila un halo de oscuridad y dramatismo, no en vano su mentor es Will Oldham, perfectamente ensamblado con formas más tradicionales. Además, otra característica que le hace peculiar es que sus letras no se centran en pérdidas, redenciones y demás “abecedario” habitual, sus obsesiones van más allá y suele tener una visión más social de los temas, centrándose a menudo en las vivencias de diferentes tipos de perdedores.

Tres años han pasado desde su anterior referencia, “Fading trails”. Para nada quiere decir que en ese intervalo de tiempo haya estado parado. Son varios Eps, además del Box-set lleno de “demos” y “caras b”, los que han visto la luz en estos años. A esto hay que sumarle, en sus propias palabras, las diferentes colaboraciones con otros artistas realizadas en este intervalo y que irán viendo la luz.

“Josephine”, su nuevo disco, de nuevo producido por el ya habitual Steve Albini, nace con la peculiaridad de que fueron Jasón Molina junto al bajista Evan Farrel, fallecido en el 2007, quienes idearon este trabajo. Este hecho hace que rápidamente se le haya considerado como un álbum conceptual, basado en la imagen, y recuerdo, del desaparecido. El propio cantante se ha encargado de negar tal hecho, o por lo menos no considerarlo como eje central. Con todo, es difícil no imaginarse, de manera romántica si se quiere, que hay cierto homenaje de despedida en todo él. Volviendo a lo estrictamente musical, lo que ambos pretendieron fue crear un disco más minimalista, cosa que para nada supone una precariedad de instrumentos, al contrario. Lo que sí es verdad es que sus melodías, sus ritmos, son más reflexivos, poco dados a los excesos (aunque el grupo nunca se haya distinguido por ese hecho).

Todo empieza con la delicada “ O! Grace”, donde piano y guitarra, con la aparición del saxofón, se conjuntan para crear un aire relajado con un deje sureño. Igual sucede con la más pausada “The rock of ages” o con “Song for Willie”. Tres ejemplos de la profundidad que pueden alcanzar las composiciones de Molina sin grandes alardes aparentes.

El adelanto del disco fue “Josephine”, en la que se descubre la siempre recurrente influencia de Neil Young, muy presente también en la áspera “The handing down”. “Whip-poor-Will” representa el lado más tradicional del grupo, guitarra acústica y slide para recrear un sonido netamente country.

El lado más “oscuro” e hiriente llega de la mano de “Knoxville girl” y de “Map of the falling sky”. Dos muy buenos temas que demuestran esa hondura que destilan las composiciones de este grupo, perfectamente manejadas con continuos cambios de intensidad. “Heartbreak at ten paces” también con su dosis de desasosiego, se perfila como el mejor tema del disco, una impresionante canción de desamor.

Estamos ante uno de esos discos que ya desde su portada nos indica que el camino que hay que recorrer para su disfrute está repleto de pequeños detalles que guardan grandes dramas. Jasón Molina sigue en su tarea de construir canciones que expanden de manera milimétrica su visión de la vida, muchas veces dolorosa pero siempre resguardada en un envoltorio placentero.

Japón primigenio, amoríos y muertos de Mishima

Alianza reedita 'El rumor del oleaje' del novelista nipón


ÁLVARO CORTINA
El Mundo




Yukio Mishima (1925-1970) describió en 'El rumor del oleaje' (Alianza) un hábitat arcádico en la isla de Utajima, en el Pacífico. Mujeres desnudas buceando, cogiendo conchas, como en una aparatosa coreografía silenciada de Busby Berkeley. Esta novela, como la obra completa del autor, se sitúa en la posguerra del imperio nipón humillado, pero aquí eso importa menos.

Es cierto que Utajima tiene su piedra caliza mellada por los obuses, pero la suya es una inercia de atolón descabalgado del progreso desde hace mucho. El protagonista crece en una familia decapitada por parte de padre, pero es primordial el discurrir elemental de la naturaleza. El templo shintoísta, culto primitivo del Japón, preside las montañas.

La historia de Shinji y Hatsue es la novela rosa de los progenitores opuestos, como en los amantes de Verona. Es la historia del pobretón que encandila a la chica bien y del sentido rito de presentes y de la intriga febril de las cartas una y otra vez leídas. El entorno es aquél de las mujeres buceadoras en el hechizo de un fondo coral, o el trazo errático que describen los pesqueros en su tránsito de faena.

El shintoísmo reconoce dioses en las bahías, en los desfiladeros, en el bosque y en la brisa. El océano o una avispa, por ejemplo, tienen un papel activo e imprescindible en esta trama. Sobre un acantilado se levanta el cementerio donde yace el padre, y día a día Shinji va a pescar meros y pulpos como un albañil del agua salada. Y un día se cruza con Hatsue y se monta el lío.

Es una isla donde reinan los gatos como mascota única, y donde se desconoce el hurto. Mishima se recrea en el animismo representativo del paisaje, aquí pone su tino y su ornamento. Cuando Shinji llora, la isla se moja con unas súbitas precipitaciones meteorológicas, como en aquella lluvia triste del poema de Verlaine. La piel esmaltada del mar embravecido es, por caso, un reto para lucir virilidad.

Como en 'El marinero que perdió la gracia del mar', hay también una piña de niños, que son hojarasca donde no prendió la guerra. Sus coloquios contienen leyendas innúmeras y fascinación por eso de inconcluso que tiene el conocimiento de lo real. La infancia y el misterio y las pioneras exploraciones: "Los días 16 y 18 de la sexta luna 7 tiburones de un blanco inmaculado aparecían de improviso en el pozo que daba al mar".

Se decía antes que los lagos son una ventana por la que miran los muertos a la vida, pero las islas comparten también imaginario con las tumbas del Hades. Acuérdense de esa pintura romántica de Arnold Böcklin, 'La isla de los muertos'. Cuentan las mujeres de la isla de Mishima que una de las buceadoras murió por haber visto algo en los fondos que los vivos no deben ver.

Hombre, un océano es el hermano mayor de un lago, y una isla es como un lago pero a la inversa, por un lado y por el otro se sugiere el territorio apartado que es frontera y encuentro entre los que sufren y aman y los que descansan el sueño eterno. El mar es un sepulcro que brama.

El rumor del oleaje se orquesta sobre los arrecifes y las piedras, y arriba yace el padre de Shinji, con los otros locales ancestros malogrados. La vida guarda siniestras relaciones con la muerte, y ambos bailan en ciclos perennes. Hay quien piensa en esto como en una de las formas de la melancolía. Este idilio contiene dosis importantes de este runrún trascendental.

De cuervos y gaviotas

Es el cuervo el animal funeral, y la gaviota es la esperanza del náufrago. El uno del panteón musgoso de Poe y la otra del puerto de Alberti, de la playa remota de Stevenson. La gente habla de las gaviotas como de ratas de mar, pero su canto es uno de los más bellos y evocadores. El mundo se hace más ancho y más ventoso, más oxigenado con gaviotas. Estas aves, sobrevolando el espigón, se harían inspiradoras para los enamorados imposibles (o posibles) de la isla Utajima, Shinji y Hatsue.

Este peñasco sostenido sobre el charco inmenso del Pacífico pacificado (con dos bombas nucleares) es escenario de amorío y hálito de ancestros ya idos y despliegue natural. Quizá haya una ventana en el agua quieta donde los muertos miran y allí se encuentran con las buceadoras desnudas y se miran a los ojos.

Sería ésa una estampa de marcado modernismo y simbolismo, con la sensualidad y la muerte entreverados. En 'Confesiones de una máscara' Mishima recuerda el éxtasis que le produjo ver el cuadro de San Sebastián asaetado.

Todo lo que enseña también alza otros velos, y entre velos tiene el autor a sus amantes Shinji y Hatsue, entre la feliz plenitud y la duración que se impone. Ya dijo Vinicius de Moraes que el amor es eterno mientras dura. El mar está lleno de cadáveres con peces dentro, pero a veces, venturosamente, regala besos:

"El agua fría y salobre se deslizaba por sus mejillas enrojecidas, recorriendo los pliegues de su nariz, y el muchacho recordó el sabor de los labios de Hatsue".

El negocio de ‘sol y playa’ se desplaza a Marruecos

Las macroestructuras turísticas que han devastado la costa española se desplazan al litoral marroquí con la complicidad del Gobierno y las empresas españolas

CAROLINA YACAMÁN
Diagonal




La zona del Magreb se ha convertido en los últimos años en un destino de creciente inversión de las empresas españolas, especialmente las del negocio turístico. En Marruecos, este proceso se ha fortalecido gracias al plan turístico Visión 2010 entre el Estado español y el país vecino, cuyo objetivo es llegar a tener para 2010 la cifra de 10 millones de turistas.

El Plan Azur, incluido dentro de esta alianza interestatal, tiene como finalidad modernizar los hoteles existentes, construir nuevas infraestructuras turísticas y desarrollar nuevas infraestructuras de transporte y comunicación.

Se tiene previsto construir en los próximos siete años seis nuevos complejos turísticos para fomentar el turismo de ‘sol y playa’, principalmente procedente de Europa. Todos estos balnearios además de hoteles, tendrán apartamentos turísticos o villas, así como un gran número de infraestructuras de ocio como campos de golf, centros comerciales y puertos deportivos en primera línea de playa.

En julio de 2008 se inauguró el primer complejo turístico, Mediterrania Saïda, situado el Norte de Marruecos frente a la costa de Almería, con una inversión de 1.691 millones de euros. Ha sido posible gracias a la inversión pública-privada en la que participan empresas españolas como Martin-Fadesa, Iberostar y Barceló. El próximo mes de octubre se inaugurará el segundo complejo Magazan, ubicado a 80 kilómetros de Casablanca y con una inversión de 600 millones de euros.

A lo largo de 2010 y hasta 2016, entrarán en funcionamiento los cuatro restantes complejos turísticos: Lixus, Essaouira Mogador, Cala Iris y Oued Chbika. Diversos grupos ecologistas, agrupados en la Plataforma Ecológica del Magreb, denuncian la clara amenaza a la que están sometidas las costas del sur del Mediterráneo y del Atlántico debido al avance de la expansión turística ligada a favorecer el turismo de ‘sol y playa’.

Consorcios españoles, holandeses, belgas y estadounidenses tienen el camino abierto para invertir en parajes naturales sin casi ninguna restricción en materia ambiental. Tal es el caso del complejo Mediterrania Saïda, inaugurado recientemente, que según el comunicado publicado por la mencionada plataforma ecologista ha transformado un área de bosque bajo y de dunas de alto valor ecológico, además de poner bajo amenaza la desembocadura en el Mediterráneo del río Mouluya. El complejo tiene prevista la construcción de tres campos de golf que extraerán el agua de la desembocadura del río Mouluya para regar estos campos, lo que causaría un grave impacto sobre los aportes de agua del río que es el más grande de la cuenca mediterránea en la región del Magreb, así como el de más longitud de Marruecos. Además tiene uno de los estuarios más importantes del Magreb. Este ecosistema es vital para la migración de diversas especies de peces, cuya supervivencia estaría amenazada, y también es un lugar de descanso, nidificación e hibernación para muchas especies de aves de interés mundial. Asimismo, dos tercios de todas las aves conocidas en Marruecos tienen en el estuario su hogar, según fuentes de la plataforma. Dentro del citado proyecto turístico se prevé la construcción de un colector para verter aguas residuales y fecales del complejo al río, lo que provocaría un aumento irreversible de la contaminación del agua.

Las previsiones sobre el aumento de las inversiones de empresas españolas en suelo marroquí no se limitan a la construcción de macroinfraestructuras turísticas. El pasado diciembre se firmó un nuevo acuerdo de financiación por valor de 500 millones de euros entre España y Marruecos que servirá para financiar proyectos sobre infraestructuras, energía y medio ambiente. Este nuevo acuerdo permitirá a las empresas españolas desarrollar los proyectos de financiación pública en suelo marroquí.

Uno de los proyectos que ya está en marcha es la construcción de 1.200 micro-centrales fotovoltaicas por la empresa española Isofotón. También se concedió el pasado mes de marzo por parte del Ministerio de Industria de España, 100 millones de euros que servirán para financiar la construcción de una central termoeléctrica por la empresa española Abengoa. Resulta paradójico que muchas de estas ayudas provienen del crédito Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD).