La última leyenda del rock


1989. Una banda ignota de Aberdeen graba con 600 dólares un álbum de debut, Bleach, que cambiará la historia de la música. 20 años después, los protagonistas revelan su génesis


KEITH CAMERON
El País




La pequeña casa de madera del 4.230 de Leary Way NW, en un barrio residencial de Seattle, no parecía el centro de una revolución. Pero un letrero confirmó a un veinteañero Kurt Cobain que era Reciprocal Recording. Aquí los grupos locales Green River y Soundgarden grabaron, para el sello indie Sub Pop, sus primeros discos, piedras angulares del estilo que cambió la música del final del siglo XX. El 23 de enero de 1988, Jack Endino, productor de esos discos, tenía un compromiso: grabar una maqueta para unos chicos de Aberdeen, un sombrío y aislado puerto maderero de 16.000 habitantes a 133 kilómetros de Seattle, en la costa del Pacífico. Uno de ellos, Cobain, había llamado para reservar diciendo que era amigo de Dale Crover, de The Melvins, quien tocaría la batería. The Melvins era el único grupo de renombre que había salido de Aberdeen, y a Crover se le reverenciaba. Por él, Endino aceptó la reserva, por lo demás poco prometedora. La banda ni tenía nombre.

En cuanto empezaron a trabajar, Endino se dio cuenta de tres cosas. La primera, lo alto que era el bajista Chris Novoselic (no empezó a llamarse a sí mismo Krist hasta 1993). La segunda, lo serio que era el cantante y guitarrista Cobain. Parecía muy joven, era muy tímido, y no daba muestras del típico ardor de las estrellas de rock. Pero claro, Nirvana venía del quinto pino. Si Seattle estaba aislada, Aberdeen estaba fuera del mapa. "Eran ingenuos y no se lo tenían muy creído", dice Endino. "Un grupo que crece en una zona rural, no recibe ningún refuerzo positivo por lo que hace. No hay bares donde tocar, ni conciertos, ni público; tienen que disfrutar de verdad y ser muy decididos". La tercera observación de Endino se produjo más o menos a los 71 segundos de empezar a grabar la voz de Cobain en una canción llamada If you must. "¡Vaya!, pensé. Este tipo tiene un grito genial, algo muy valioso en el rock and roll". En ese momento, nadie imaginaba hasta qué punto.

No había muchos artistas locales de los que Jonathan Poneman, socio de Bruce Pavitt en el sello en ciernes Sub Pop, no hubiese oído hablar. Así que cuando Endino mencionó al tranquilo con una voz increíble, Poneman se sintió lo bastante intrigado como para conducir hasta Reciprocal y hacerse con una cinta. En la etiqueta ponía "Chris, Dale y yo", aunque el grupo ya se llamaba Nirvana. Poneman empezó a escuchar la casete en el viaje de vuelta. Al cabo de unos 71 segundos oyendo If you must, su mandíbula casi golpea el volante. Entonces empieza este gran grito catártico y luego el estribillo, que no tiene mucho de estribillo. Me quedé pensando: "Oh... Dios mío".

Poneman organizó una reunión con Cobain y Novoselic para proponerles que Nirvana grabase un sencillo para Sub Pop. Planeó su primer concierto para el 24 de abril de 1988, como parte del espectáculo Sub Pop Sunday en la discoteca Vogue. El público estaba compuesto en su mayoría por músicos de Seattle que tenían curiosidad por comprobar cómo eran.

Lo que vieron fue a tres jóvenes nerviosos y de aspecto dispar. Novoselic, Cobain, de expresión lúgubre, un zurdo que tocaba una guitarra para diestros cogida al revés. Lo peor, el batería Dave Foster (otro oriundo de Aberdeen) llevaba bigote. La movida punk rock de Seattle era tolerante, pero los bigotes poseían unas inaceptables connotaciones de macho. "Nirvana se pone a tocar", recuerda el batería de Mudhoney, Dan Peters. "¡Menudo sonido de mierda! Acto seguido, llega el tipo del sonido presa del pánico, enciende la mesa de mezclas y los altavoces y, de repente, es como una explosión. Y ellos no tienen ni idea de lo que está pasando". Nirvana había subido al escenario a la hora prevista, sin tener en cuenta que la sala no estaba preparada. "Cualquiera que diga que vio ese espectáculo y supo que iban a ser grandes, miente", afirma Mark Arm. Poco después, Cobain hablaba de la actuación en una carta nunca enviada a Dale Crover. "Había un representante de cada grupo de Seattle observándonos. Nos sentíamos como si sólo les faltase ponernos nota".

La siguiente vez que Endino vio a Nirvana fue el 11 de junio de 1988, cuando el grupo llegó a Reciprocal para grabar su sencillo de debut para Sub Pop: una versión de Love buzz, del grupo holandés de los años sesenta Shocking Blue. Les acompañaba un nuevo batería, Chad Channing, de Bainbridge Island, un barrio residencial de Seattle separado del centro por un viaje en ferry, Channing encajaba en el perfil del grupo tanto por su alejamiento geográfico como por su aire de pirado; Bainbridge Island tenía una pésima fama por sus profundas raíces hippies.

Novoselic había descubierto la canción en un disco en oferta y pronto se convirtió en éxito del directo. La idea de convertirla en la primera publicación del grupo fue de Sub Pop. "Al no tener otras ofertas, Nirvana se avino a ello", dice Endino.

A Cobain lo que le cabreó fue el retraso en la publicación del disco. Sub Pop se había convertido en una empresa legal el 1 de abril. Para aumentar las ganancias, idearon el Sub Pop Singles Club, en el que los suscriptores pagaban por adelantado por una serie mensual de sencillos en edición limitada. El primero fue Love buzz/Big cheese, en noviembre de 1988, e inmediatamente se agotaron las 1.000 copias. Para entonces, los prescriptores como Mark Arm eran fans. "Lo primero que llama la atención es la voz de Kurt", afirma Arm. "Tiene esa cualidad indefinible".

Pero el ambicioso Cobain se sentía resentido. "Teníamos la impresión de que no conseguíamos nada tocando en clubes", escribía Cobain en otra carta no enviada, esta vez a Mark Lanegan, de Screaming Trees. "Sub Pop está teniendo problemas económicos y la promesa de un epé y un elepé en el plazo de un año no es más que una excusa chorra de Jonathan para evitar que tanteemos a otros sellos. Ocho meses después, por fin hemos sacado un maldito sencillo. Hemos enviado la maqueta, pero nadie ha respondido". Nirvana dudaba lo bastante del sello como para reservar tiempo en un estudio para grabar su debut con su dinero. Pero, conscientes de que ningún otro sello se había interesado en publicarles, también terminarían por abordar a Sub Pop y exigir un contrato.

Con un nuevo contrato, Nirvana decidió dedicarse a la música. Novoselic dejó su trabajo como pintor industrial y se había separado de su novia. Hacía maratonianos viajes de ida y vuelta en su furgoneta para recoger a Cobain en Olympia, luego a Channing, en Bainbridge Island, y volver a Aberdeen, donde ensayaban en una habitación que estaba encima de la peluquería de la madre de Chris.

Y así fue como el grupo se presentó en el estudio el 24 de diciembre de 1988. La grabación y la mezcla se realizaron en seis días y quedaron rematadas el 24 de enero de 1989. "Kurt escribía las letras en el último minuto", cuenta Novoselic. "Yo iba a por cerveza; luego terminábamos los temas y las voces, y a mezclar".

Endino les cobró 30 horas de trabajo, 606,17 dólares. Ser capaces de hacer un disco tan barato era motivo de orgullo. No tenían un céntimo, pero estaban decididos a pagarlo. Lo hicieron gracias a Jason Everman, un guitarrista antiguo compañero de colegio de Channing. Everman había ganado dinero como pescador en Alaska y se ofreció a cubrir los costes. Consideró que su jugada era, además de altruista, una inversión. Para agradecerle que les hubiese prestado el dinero, pusieron en la contraportada que había tocado la guitarra (no lo había hecho); hasta aparecía en la foto de la portada.

En el disco destacaba una canción, About a girl. Destacaba tanto que Cobain le pidió disculpas a Endino por ella. "Kurt decía cosas como: vale, para que todo el mundo lo sepa, es posible que también haga más cosas como ésta en el futuro. Era divertido el modo en que me la presentó: ahora voy a hacer una canción pop, ten paciencia conmigo? Y claro, yo sólo soy el tipo del estudio: ¡Vale, lo que sea, desde luego! ¡Genial! ¡Bonita canción!", dice el productor. "Kurt se sentaba dentro de la bañera y escuchaba Meet The Beatles", recuerda Novoselic. "Decía que había comprendido a The Beatles; lo que él pensaba que era esa fórmula".

En febrero de 1989, el grupo emprendió una breve gira (su primer viaje por carretera más allá del Estado de Washington). Mientras conducían por San Francisco, Cobain y Bruce Pavitt se fijaron en el cartel de una campaña de prevención del sida que instaba a los consumidores de drogas a "Bleach your works" (algo así como: "desinfectar las jeringas"). Serviría de inspiración para el título del disco: Bleach [lejía].

Bleach fue publicado el 15 de junio de 1989. Para entonces, Nirvana era un cuarteto: Jason Everman se había unido al grupo en febrero como segundo guitarrista. Pero sólo ocupó ese puesto cinco meses. Durante una agotadora gira por EE UU para promocionar Bleach, la relación se fue volviendo cada vez más tensa. En Nueva York, Cobain y Novoselic decidieron que Jason tenía que marcharse. Cancelaron la gira y emprendieron una vuelta de 50 horas por carretera. "La furgoneta seguía adelante. Y eso fue todo. Era como si se sobrentendiese que aquello ya no iba a repetirse. Nunca recuperó su dinero", reflexiona Novoselic.

Bleach es el disco de más éxito publicado por Sub Pop: más de 1,7 millones de copias vendidas. Las modestas ventas iniciales se multiplicaron gracias al impacto de su sucesor, Nevermind. Endino calcula que los 330 discos que ha hecho desde Bleach juntos no han recibido tanta atención. "Estoy contento de que suene tan bien teniendo en cuenta que sólo gastamos 600 pavos. Si sonase fatal, estaría muy disgustado, ¡Iggy Pop me dijo que era su disco favorito de Nirvana! Con eso me basta". Novoselic, ahora un activista político, escritor y músico ocasional valora el disco que él y sus amigos hicieron hace 20 años. "Es la quintaesencia del grunge", afirma, "pero tiene una sensibilidad pop que revela hacia dónde se dirigía el grupo. Eso es oficio para hacer canciones. Y es un tributo a Kurt Cobain, su visión y su habilidad como artista. El disco es su herencia".

España trafica mejor


Nuestro país ocupa el sexto lugar en el ranking mundial de exportación de armamento. Un informe de varias ONGs asegura que España vende armas a países en conflicto

GERVASIO SÁNCHEZ
Soitu




"A mí me parece muy hipócrita que un gobierno que habla de derechos humanos, de compromiso por la paz, de alianza de civilizaciones, se dedique a vender guerra, muerte y destrucción". Aunque todavía falta un trimestre para finalizar 2009, me atrevo a decir que ésta es la mejor frase que he escuchado durante todo el año. Su autor es un joven traductor de 29 años llamado Rafael Lafuente Blanco y, su interlocutor, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Ocurrió el 26 de enero en el programa 'Tengo una pregunta para usted' ante una audiencia de seis millones de televidentes.

El joven tuvo las agallas de recordarle al presidente que "es incongruente" que vayamos publicitando un discurso pacifista y, al mismo tiempo, seamos una de las principales potencias armamentísticas del mundo.

Desde aquel lejano día, España trafica mejor, ya que hemos escalado dos posiciones y ahora ocupamos el sexto puesto en el ranking mundial, después de Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido y Francia. Es posible que sea en lo único que hemos ascendido en las estadísticas mundiales en este aciago año. No es una razón para sentirnos orgullosos.

Rafael pidió a Zapatero que explicase, "no sólo con palabras bonitas", por qué su Gobierno ha duplicado la venta de armas. Un presidente muy incómodo (sus asesores no le habían preparado para ese tipo de preguntas) intentó escurrir el bulto con una frase hecha: "Nosotros tenemos una industria de armamento que exporta. Es insignificante la venta de armas a Israel...". Pero el joven no se amilanó: "¿Cómo de insignificante?". El presidente intentó minimizar las ventas armamentísticas. Rafael contraatacó con dureza: "¿Tiene usted una idea de cuántos civiles palestinos habrán matado nuestras armas?".

En ese mes de enero se había producido la invasión de Gaza, que podría costarle caro a los máximos responsables israelíes si prosperan algunas iniciativas internacionales. Zapatero respondió con otra frase hecha: "Estoy convencido de que el armamento que hemos vendido a Israel no se ha utilizado para eso". Rafael volvió a incomodarle: "¿Cómo lo puede demostrar?".

El duro intercambio duró 3,29 minutos, mejor dicho, casi un minuto menos, porque los últimos cincuenta segundos Zapatero se fue por los cerros de Úbeda y los gastó recordando lo maravilloso que es su Gobierno en el concierto de las naciones. Se atrevió a decir que "somos pioneros y líderes en la eliminación de las bombas de racimo", una afirmación dudosa, porque contradice lo ocurrido en los prolegómenos de la reunión de Dublín de mayo de 2008, en la que se pactó el texto definitivo del tratado internacional contra este tipo de armas.

Ambigüedad calculada

La delegación gubernamental española mantuvo una ambigüedad calculada hasta poco antes de la reunión. Las ONGs no sabían si la posición española sería abogar por una prohibición total de las bombas de racimo o defender un tratado con exclusiones que permitiese a las empresas españolas fabricar algunos modelos de bombas de racimo. Sólo la presión convenció a Zapatero de la inutilidad de su posición.

Recientemente, Amnistía Internacional, Intermón Oxfam, Greenpeace y Fundació per la Pau, cuatro organizaciones humanitarias no gubernamentales muy prestigiosas, han presentado un informe titulado "¿Se está cumpliendo la Ley? Análisis de las exportaciones españolas de armas en 2008" (PDF: 1,3MB). En él se hace un exhaustivo balance desde diciembre de 2007, cuando las Cortes Generales aprobaron la Ley de Comercio Exterior de Material de Defensa y Doble Uso (Ley 53/2007).

Toque de atención

Después de enumerar algunos avances positivos en el control de la venta de armas, el informe se muestra muy crítico ante "las transferencias a destinos preocupantes sin que se conozcan los criterios que han permitido estas exportaciones, según lo establecido por la ley".

La legislación es muy clara, ya que afirma que no deben venderse armas "cuando existan indicios racionales de que puedan ser empleadas en acciones que perturben la paz, puedan exacerbar tensiones o conflictos latentes, puedan ser utilizados de manera contraria al respeto debido y la dignidad inherente al ser humano, con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos, tengan como destino países con evidencia de desvíos de materiales transferidos o puedan vulnerar los compromisos internacionales contraídos por España".

En la lista de nuestros compradores, en cambio, hay países en los que existen conflictos armados, violaciones del Derecho Internacional Humanitario (DIH), graves violaciones de derechos humanos y altos índices de violencia armada. Entre ellos destacan Angola, Arabia Saudí, Argelia, Bolivia, Cuba, Colombia, Egipto, Estados Unidos —"su ejército se ha visto involucrado en violaciones de derechos humanos y del DIH en sus misiones en el exterior, como en Irak o Afganistán"—, Georgia, Ghana, India, Indonesia, Israel, Jamaica, Líbano, Marruecos, Pakistán, Paraguay —"frecuente destino de operaciones triangulares con países limítrofes"—, Senegal, Sri Lanka, Sudáfrica, Turquía y Venezuela.

El informe asegura que "la información proporcionada por el Gobierno sobre las ventas de material de defensa y de material de doble uso, incluyendo las armas de caza y tiro deportivo y sus municiones, sigue siendo insuficiente para realizar un control parlamentario efectivo". Además, no existe coincidencia entre los datos de Aduanas y las estadísticas oficiales en relación a las cantidades exportadas.

Es decir, podemos estar vendiendo más armas de las que declaramos. Si el Gobierno oculta datos al parlamento y a la opinión pública, tenemos derecho a pensar que nos está mintiendo. También podemos pensar que Zapatero es nuestro mejor traficante de armas. Y, para colmo, esta actitud hipócrita, como le dijo nuestro querido y valiente traductor Rafael, pone en duda su supuesto prestigio pacifista, destruye su talante y su discurso ético.

Apocalípticos, videntes y profetas de Harold Bloom


Taurus publica 'La religión americana'




ÁLVARO CORTINA
El Mundo




Harold Bloom entiende que los EEUU arrastran una genuina obsesión religiosa. "Quizá ninguna otra nación haya rechazado la muerte con una intensidad comparable a la nuestra", escribe en 'La religión americana' (Taurus).

No ha contado América con los heresiarcas reformadores de la teología europea. El protestantismo de las viejas colonias pobló su siglo (el XIX) de visiones y aparatosas profecías. La teología no ha conocido allí un sólido cultivo doctrinal. Hablando de Smith y de la Ciencia Cristiana, Bloom cita las cartas de san Pablo y el Apocalipsis de san Juan, y la cábala hebrea, y a Emerson, pero sus analogías refieren más a Blake y a Swedenborg.

El ensayismo erudito del autor no es exactamente didáctico. 'La religión americana' es un repaso deshilvanado, iluminado, a ratos irónico, a ratos admirativo, repetitivo, inagotable, inasequible y sustancialmente genial. Pocas veces se leen cosas así. Antes de entenderle a Bloom se le admira por su literatura, rico en retórica, en ingenio, en gratuidad, y en sabiduría, muy por encima de los burdos tópicos que nos alimentan. Por encima de su argumento está su personalidad literaria. Antes que estudioso es un gran escritor, y su trabajo es antes un gran libro (audaz, confuso, inspirado, digresivo) que un cotejo cultista.

"El judaísmo normativo es la religión de la ley oral, la poderosa interpretación de la Biblia expuesta por los grandes rabinos en el siglo II de la era común. El cristianismo es la religión de los padres de la Iglesia y de los teólogos protestantes que rompieron con la Iglesia, y católicos y protestantes por igual se unieron a los sabios rabínicos al ofrecer interpretaciones definitivas que desplazaron las escrituras". Así, la religión americana, unida íntimamente al espíritu nacional, es la única puramente bíblica, por encima del credo y de las Iglesias: "incluso cuando presenta y exalta textos alternativos".

Y tan alternativos. Joseph Smith ("genio religioso", repite Bloom admirando al profeta) aporta la doctrina más original de todas. No desciende de ningún Wesley, ni de ningún Calvino, ni de ningún George Fox. Le fue revelado que América experimentó 1000 años de cultura hebrea de 600 a.C. a 400 d.C. Jesús, en esos 40 días y 40 noches antes de su ascensión de los que tan poco hablan los evangelios, apareció en América y repitió el Sermón de la Montaña. Como se ve, muchos siglos antes de Colón.

Bloom insiste en que el Cristo americano ("más americano que Cristo") no es el Dios sufriente de la cruz. La representación americana de la cruz es aséptica, es una cruz vacía. El Cristo americano es un Cristo resurrecto que el individuo conoce en sí mismo. En el fondo el americano considera su yo tan antiguo como el mismo Dios, y la creación y la caída son la misma cosa. Su preocupación es una vuelta a lo primigenio. Es ésta una religión de soledad, de conocimiento interior.

Smith defendía la poligamia y la suya es una suerte de teomorfismo. Se intituló a sí mismo Rey del Reino de Dios. En 1832 los vecinos de Hiram, Ohio, lo embrearon y emplumaron. El mesías y sus adeptos sufrieron un éxodo y levantaron templos. Su historia es épica y febril como la historia de la frontera. A los 38 años una milicia lo asesinó en Illinois. Su doctrina devino pueblo, y su Sión se levantó en Salt Lake City, Utah.

Por otro lado, el adventismo del Séptimo Día prendió después del 22 de octubre de 1844, cuando se pensó (con base en el Libro de Daniel) que el milenarismo llegaría (como también ha dicho Fernando Arrabal en televisión). Esto es: 1000 años de paz desde la venida de Jesús al Juicio Final. Tras la decepción, Ellen White empezó a tener visiones. A sus ojos, Satán era "como una especie de bribón de mediados de siglo, caído de la respetabilidad de la clase media".

Aritmética del apocalipsis

Muchos pregonaron el fin del mundo y después volvió a salir el sol. La última aritmética apocalíptica de los Testigos de Jehová culminó también en una sonora decepción. "Puesto que, de todos modos, la existencia humana acabó en 1975, todos somos póstumos". Ácido, Harold Bloom.

O los pentecostalistas, presos del éxtasis del Espíritu Santo."El siglo XX se inició el 1 de enero de 1901 en Topeka, Kansas, donde Charles Fox Parham dirigía a los seguidores de su Escuela Bíblica de Santidad en una celebración extática del bautismo en el Espíritu Santo. Agnes Ozman, que no sabía chino, afirmó que durante los tres días posteriores estuvo hablando chino y escribiendo caracteres chinos". Aparte quedan los discursos televisivos del predicador episcopaliano Donnie Swaggart (los pueden ver en You Tube), puro"chamanismo americano", cuenta Bloom.

La incidencia de la cultura televisiva en la Convención Baptista Sureña, hijos nostálgicos de la Confederación del general Lee, se asocia aquí al fundamentalismo reinante del reverendo Criswell. "Te ahorrabas la carga de tener que leer la Biblia por ti mismo. Criswell lo haría por ti, y te aseguraría que su significado esencial era la infalibilidad". Se habla aquí de un odio al lenguaje y a la libre interpretación. Se busca a Cristo (al Cristo americano) más allá de la mediación, más allá de la ambigüedad, en uno mismo.

Bloom, judío agnóstico, repite varias veces, sorprendido, que 8 de cada 10 estadounidenses piensan que Dios les ama personalmente, que Dios les corresponde en el sentimiento. En los dólares y centavos del país se puede leer el lema: "In God we trust".

“La clase trabajadora española percibe salarios inferiores a los de la UE de los 15 y realiza jornadas laborales superiores”


Entrevista a Daniel Lacalle sobre el libro Trabajadores precarios, trabajadores sin derechos


SALVADOR LÓPEZ ARNAL
El Viejo Topo





Zaragozano, ingeniero aeronáutico, luchador antifranquista en las filas del PCE, miembro de la FIM, corresponsal de Manuel Sacristán, Daniel Lacalle ha publicado recientemente en El Viejo Topo Trabajadores precarios, trabajadores sin derechos. El contenido de este ensayo, y asuntos muy próximos, son los ejes de nuestra conversación.

Tú último libro, editado por El Viejo Topo, lleva por título Trabajadores precarios, trabajadores sin derechos. Se señala en la contraportada que es una aproximación a la situación de los trabajadores españoles, los que viven y trabajan en España, a comienzos del siglo XXI. ¿Podrías describir sucintamente la situación de los trabajadores españoles a comienzos de este nuevo siglo?

Los datos que se manejan en el libro, los de la introducción, corresponden a mediados de 2008. Desde un punto de vista estrictamente cuantitativo debe recordarse que, de forma sistemática y en los últimos años al menos, la clase trabajadora española percibe unos salarios medios inferiores a los de nuestro entorno económico, la Unión Europea de los 15, y realiza unas jornadas laborales medias superiores.

En lo relativo a la precariedad laboral, en sus aspectos de mejor cuantificación, nuestro país, con 23 millones de activos, 20’5 millones de ocupados y 17 millones de asalariados la situación era: 2’5 millones de parados en la Encuesta de Población Activa (EPA); 5 millones de asalariados con contrato temporal; más de 2 millones con ese tipo de contrato encadenado, la inmensa mayoría de las veces en claro fraude de ley; de los contratos indefinidos existentes unos 5 millones lo eran de conversión de temporal a fijo, subvencionados para los empresarios y con menos derechos para los trabajadores; 2’5 millones de trabajadores, asalariados o no, trabajaban con jornada a tiempo parcial de forma no deseada, a veces con divisiones impresentables, como en reponedores y limpiadoras de grandes superficies, que pueden ser de 8 a 10 por la mañana, al abrir, y por la noche, al cerrar, por no hablar del servicio doméstico o de los servicios de limpieza; la economía sumergida de forma permanente ha oscilado alrededor del 15-20% del PIB y ocupa a un equivalente al 12-18% del total de trabajadores en la EPA.

En cuanto a los derechos de los trabajadores…

Por lo que respecta a la falta de derechos, o incumplimiento de los mismos, valgan una serie de datos: el 10% de los asalariados percibe remuneraciones inferiores al Salario Mínimo, en figuras contractuales legalmente establecidas; el principio constitucional de “no discriminación” es un papel mojado, desde el punto de vista de salarios, jornadas y condiciones de trabajo no se cumple para las mujeres, los menores de 30 años, los titulados universitarios y los inmigrantes económicos; el 40% de los que no poseen empleo no aparecen reconocidos como tales en ningún sitio, y de los sí reconocidos, el 40% no recibe prestaciones de ningún tipo; en cuanto a la negociación colectiva, casi el 50% de los asalariados no están cubiertos por ningún convenio, un porcentaje aún mayor no puede elegir a y/o ser elegido como representante; las horas trabajadas realmente, en donde en absoluto se contabilizan los traslados hogar-lugar de trabajo, superan al máximo fijado por la ley, y las jornadas se alargan a voluntad de los empresarios sin contabilizar las horas extraordinarias, en multitud de ocasiones sin pagarlas (recordemos al Sr. Botín dirigiéndose a sus empleados desde una Junta General de accionistas para que trabajasen gratis una hora más al día, recogido y jaleado por todos los informativos de TV, radio y otros medios); en situación de subempleo, o sobrecualificación, se encuentran el 8% de los ocupados; y finalmente recordar que la nada despreciable economía sumergida existe en un terreno que no aparece en las estadísticas y en la que los derechos de los trabajadores sencillamente son inexistentes.

A todo ello habría que añadir las diferencias por clase social en lo relativo a cuestiones clave como la enseñanza y la sanidad. Y desde luego recordar que toda esta situación ha empeorado enormemente con la explosión de la crisis económica, global pero que en todos los análisis aparece como más dura y de más larga duración para nuestro país.

Cuando se habla de trabajadores precarios, ¿de qué precariedad estamos hablando exactamente?

La precariedad es algo más amplio que lo que reflejan los datos sucintamente expuestos. Para mí es inseguridad en el trabajo, en el puesto de trabajo, junto con la práctica imposibilidad de construir un proyecto de vida a partir del trabajo.

El elemento clave, para mí, es que las relaciones empleador-empleado se han ido individualizando para los últimos, lo que ha exacerbado la asimetría típica del capitalismo en esas relaciones, a favor de los empleadores y en detrimento de los empleados.

La precariedad del trabajo en España, ¿es similar a la de otros países europeos próximos? Pienso, por ejemplo, en Francia, Alemania o en Inglaterra.

Desde luego que no, es sensiblemente mayor, al menos a partir de todos los indicadores de Eurostat, lo cual no quiere decir que en esos países sea inexistente, y que no haya estado creciendo de forma continua en los últimos años.

¿Cómo han llegado a imponerse estas condiciones laborales? Las clases trabajadoras españolas, ¿están peor o mejor que hace, pongamos, 30 años?

Por supuesto que esto no ha sido algo que ha venido dado (por ejemplo, por las necesidades técnicas de la globalización) sino que ha sido una construcción social, de las clases dominantes, más bien de la minoría hegemónica de las mismas, como modo de asegurar su dominio y su hegemonía. Lo que pasa es que a diferencia del empresario permanentemente innovador que describieran en su día desde Marx a Schumpeter, por citar los ejemplos más notables, se ha hecho con una mentalidad rastrera, centrada en la rentabilidad monetaria a corto plazo, propia de un capitalismo muy maduro o sencillamente podrido.

Sobre las comparaciones en el tiempo, a pesar de que ayer mismo -22 de junio de 2009- un diario decía que los jóvenes trabajadores estaban en peores condiciones que sus padres, hay que tener mucho cuidado. La situación es siempre relativa a un tiempo y un espacio determinados. Es decir, la clase trabajadora puede estar en mejores condiciones, en términos absolutos, que hace 30 años y a su vez en peores condiciones en su participación de la renta nacional. Sobre lo primero habría que realizar un estudio comparativo serio y omnicomprensivo, sobre lo segundo se sabe a ciencia cierta que es así, por poner un ejemplo, desde 1994 a 2007 la renta de los asalariados ha disminuido del 54% al 50% de la renta total y la de los empleadores ha aumentado del 32% al 40% de la misma, el otro 4% lo han perdido los autónomos y similares; durante ese periodo los asalariados pasaron de 9,1 a 16´6 millones, con lo que el descenso de la renta per cápita para los trabajadores es mucho mayor.

Pero en el arco temporal que indicas, desde 1994 hasta 2007, han habido gobiernos del PSOE González, del PP Aznar y del PSOE Zapatero. ¿Observas variaciones en el ciclo? ¿Hay diferencias en las políticas laborales seguidas?

Las políticas económicas, y dentro de ellas las laborales, han sido prácticamente las mismas por parte de esos dos partidos, ambas dentro de lo que se ha dado en llamar “pensamiento único”. El que sean prácticamente iguales no quiere decir que sea indiferente quién de los dos toma las medidas.

Rafael Díaz Salazar habla de los trabajadores precarios como el proletariado del siglo XXI. ¿Es así en tu opinión? ¿Los no precarios son entonces trabajadores privilegiados, aristocracia obrera, gentes no proletarias?

Básicamente estoy de acuerdo con Rafael Díaz Salazar; de hecho yo he construido mi concepción de las clases trabajadoras en la España de finales del siglo pasado y comienzos de éste a partir de tres aportaciones fundamentales al conocimiento de las mismas: la de Andrés Bilbao, la de Rafael Díaz Salazar y la de Juan José Castillo.

Evidentemente, las clases trabajadoras siempre han contado con grupos y segmentos en situación sociolaboral que yo más bien llamaría semiprivilegiada. De nuevo, con el término “aristocracia obrera” hay que tener mucho cuidado, en donde y cuando se usa; yo siempre recuerdo el comentario de Eric Hobsbawn en su trabajo en el centenario de Lenin, en donde indicaba que ese término era un hallazgo básico y una herramienta conceptual fundamental para analizar a las clases trabajadoras, pero que Lenin se había equivocado en todos los ejemplos por él utilizados sobre la clase obrera en Inglaterra, que no coincidían con los datos empíricos reconocidos en la historiografía. Además, debe recordarse que, por medio del “ejército de reserva” de los peor situados el sistema empuja a la baja las condiciones de los mejor situados.

¿El precariado obrero es, sobre todo, femenino?

Afecta a todos los grupos de trabajadores, pero con mucha más intensidad a las mujeres; al menos eso surge de todos los datos manejados; sean cuantitativos o cualitativos.

¿Cómo afecta esta falta de derechos a los trabajadores inmigrantes? ¿Observas conflictos y contradicciones entre los trabajadores autóctonos y estos trabajadores recién llegados a España?

A los inmigrantes económicos, y sobremanera a los de los países menos desarrollados, les afecta de forma determinante, mucho más que a los trabajadores autóctonos y que a la inmigración económica desde nuestro entorno. Y aquí me gustaría romper una lanza por la labor de los sindicatos, desde su actuación en el conflicto de El Ejido (típico de lucha de clases, que no de problemática racial) hasta los Centros de Información de Trabajadores Extranjeros (CITE) por ellos gestionados.

Por otro lado, se diga lo que se diga, la inmigración, que en España ha sido y es fundamentalmente económica (vienen a trabajar y no a otra cosa), ha hecho que aumente el rechazo y el racismo en la sociedad, (vienen a quitarnos el trabajo, a ocuparnos las viviendas, a abusar de nuestra seguridad social, a robar y otros latiguillos semejantes), sin embargo estas posiciones no suelen darse en el trabajo ni en el puesto de trabajo; en lo que yo conozco, y a pesar de lo nefasto de la información de conflictividad laboral que existe en nuestros medios, no se han producido movilizaciones laborales de carácter racista.

¿Por qué es tan alta en España la siniestralidad laboral? ¿Por qué suele contar tan poco en medios de persuasión y en informaciones?

Agustín Moreno lo explicó perfectamente: con una Ley de Salud Laboral ya negociada y acordada íntegramente se aceptó sindicalmente que fuera modificada por el gobierno en aspectos sustanciales para reducir la siniestralidad (se eliminaron los delegados de los trabajadores en prevención con crédito horario propio, la prohibición de concursar a las empresas con accidentes) tras la cruzada desatada por CEOE para que no se aprobara, puesto que su pretensión era, y sigue siendo, el evitar el control, laboral y sindical de las condiciones de trabajo. Juan José Castillo ha insistido desde el principio de aplicación de la ley en su inoperancia si no se modificaban los sistemas de organización del trabajo, hoy en día en manos exclusivamente empresariales sin intervención de los trabajadores. Y desde luego, está el aumento permanente de la precariedad laboral como la base de la insoportable siniestralidad, para los trabajadores y para el conjunto del sistema, junto con la falta de inversiones materiales y de recursos humanos en la Inspección del Trabajo.

En cuanto al soporte mediático, hay que partir de la caracterización que hace Vicenç Navarro de que en España los medios de comunicación de masas no son tales, sino medios de adoctrinamiento de masas al servicio del gran capital. En esa perspectiva está claro que los accidentes laborales sobran, son una lacra social que no interesa en absoluto mostrar.

La precariedad, la falta de derechos a los que aludías, ¿afecta por igual a los trabajadores de (digamos) todas las comunidades autónomas españolas?

Desde luego que no. La precariedad laboral se da en todas las Comunidades Autónomas (CCAA), pero no con la misma intensidad y extensión. Existe una España en donde es muy elevada (Baleares, Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía, Castilla La Mancha, Extremadura, Canarias) y otra en donde es menor, a veces sustancialmente menor (País Vasco, Navarra, La Rioja, Cataluña, Aragón, Madrid) manteniéndose una brecha norte-sur de carácter histórico que no parece fácil de romper.

La razón de la diferencia es, entonces, básicamente histórica en tu opinión.

Veamos, lo que quiero señalar es que la brecha norte-sur se ha superpuesto al régimen político, es decir, fundamentalmente porque, salvo quizás en la II República no se ha ido a la raíz del problema, y por eso éste se ha perpetuado. De nuevo volvemos a la necesidad de señalar que si bien la brecha se ha mantenido, esto no quiere decir que las CCAA más desfavorecidas se hayan quedado estancadas, ni tampoco el que la magnitud de la brecha haya permanecido inamovible.

El malogrado Andrés Bilbao, compañero y amigo tuyo si no ando errado, habló del empleo precario como seguridad para la economía e inseguridad para el trabajo. ¿Qué quiso señalar con esta afirmación?

Partiendo de que, en su investigación, seguridad en la economía significa, lisa y llanamente, seguridad para los empresarios en la obtención de beneficios me parece una frase que sintetiza a la perfección la realidad

¿El trabajo –el trabajo precario, mal pagado, en malas condiciones de seguridad- es tema central, vertebrador, del mundo del trabajo?

Rotundamente no. Desde luego, no creo que el mundo del trabajo se vaya a vertebrar en torno al trabajo precario, que siempre ha existido como tal y nunca ha sido elemento vertebrador. Pero desde luego difícilmente lo va a hacer de espaldas a él y a los intereses de los trabajadores precarios. Del mismo modo que tampoco creo que se vaya a vertebrar de nuevo en torno al trabajo tradicional, propio del periodo que Eric Hobsbawn denominó “corto siglo XX”. Este sí que es un punto que necesita un largo y profundo debate.

Dibújanos entonces algunos vértices de ese debate que propones.

La clave del debate es recurrente. Después del hundimiento del así llamado “socialismo real”, ¿qué grupo o coalición de grupos sociales serían, por utilizar un término clásico, el “sujeto de la revolución”? Antes esto estaba perfecto claro, al menos para los marxistas, ese sujeto era el proletariado, ahora ya no lo es. Esto lo he tratado en un libro anterior (La clase obrera en España. Continuidades, transformaciones, cambios, El Viejo Topo, 2006, hoy prácticamente agotado) de forma específica y también en diferentes capítulos del que ahora comentamos: debe recordarse que los dos grupos que más han crecido en los últimos 30 años dentro de las clases trabajadoras son mujeres, trabajadores intelectuales, los cuales tienen como característica común el que su problemática supera la estrictamente clasista, es decir, como mujeres trabajadoras y trabajadores intelectuales tienen una serie de problemas y reivindicaciones que les asimila a las clases trabajadoras, pero como mujeres e intelectuales tienen otra serie de problemas y reivindicaciones que son comunes a todos ellos, sean trabajadores o no (problemas de la ciencia, la técnica y la cultura que afectan a toda la sociedad, problemas derivados de la sociedad patriarcal que afectan a la mujer pertenezca a la clase social a la que pertenezca. Lo mismo ocurre con los inmigrantes, cuya explosión dentro de la sociedad española es algo posterior, de hace unos 15 años, y que además son una serie de distintos grupos con problemas étnicos, lingüísticos, culturales y religiosos muy diferentes; pues bien, las mujeres las mujeres son ya casi el 45% de los activos, los trabajadores intelectuales superan el 33% y los inmigrantes casi el 20%, y las prácticas políticas y sindicales que plantean un cambio radical en la sociedad y más particularmente en el mercado laboral no han evolucionado en función de todas esas nuevas realidades.

Muy probablemente para reiniciar un debate más que necesario habría que volver al concepto de “hegemonía” planteado por Antonio Gramsci, que incluiría tanto el concepto ya comentado de grupo vertebrador de la clase como el de “sujeto de la revolución” (y que quede constancia que utilizo la palabra revolución como revulsivo a las propias debilidades de la izquierda transformadora actual, puesto que técnicamente no tiene nada que ver con la propuesta de toma del poder a través de la lucha armada), tomar en serio los planteamientos ecologistas, feministas, de cambio cultural juvenil y otros de los que, por desgracia, tanto se habla y tan poco se toma en consideración, y a partir de ahí ver que puede hacerse. De cualquier forma, soy consciente de que esto que aquí digo hace tiempo que se dice y se repite y empieza a convertirse en una propuesta vacía.

¿Por qué crees que el capitalismo ha hecho tan prescindibles a tantos trabajadores del mundo?

Yo creo que más que prescindibles ha pretendido hacerlos invisibles. La función de una ciencia social radical es precisamente sacarlos a la luz frente un discurso que los oculta, pero que necesita rabiosamente de su existencia.

¿Importa actualmente el trabajo bien hecho? No es una pasión, una noción inútil.

Creo que no importa, por mucho que lo digan, con la boca chica, los “gurús” del neoconservadurismo, a través de sus soliloquios sobre “calidad total” y otras zarandajas. El “instinto del trabajo bien hecho” de Thorstein Veblen, que tenía una fuerte componente social, ha sido sustituido por la rentabilidad monetaria a corto plazo, tanto para el empresario como para el trabajador, individualmente considerados.

¿Tienen las luchas de los trabajadores el mismo eco social que hace años? ¿Despiertan la misma solidaridad? ¿Por qué?

Desde luego que no, ni social ni laboral. La escisión del mercado de trabajo en dos y la individualización de las relaciones laborales tienen como objetivo, precisamente, romper cualquier posibilidad de solidaridad de clase

¿Qué opinión te merece el concepto de multitud acuñado por Antonio Negri?

Yo preferiría el de obreros y ciudadanos, de Andrés Bilbao. Es decir, la ciudadanía, que se obtiene y se ejerce de forma estrictamente individual, se superpone y ahoga a la clase social, cuya pertenencia se ejerce de forma colectiva y que, para la clase trabajadora, ha sido decisiva en la constante mejora de sus condiciones de vida y trabajo en los ya más de 300 años de historia del movimiento obrero

¿Sigue siendo la clase obrera el motor del cambio social? ¿Crees que las clases trabajadoras han jugado un papel importante en los cambios que se están operando en Venezuela, Bolivia o Ecuador por ejemplo?

Yo creo que sigue siendo un elemento esencial en el cambio social, no creo que hoy en día sea el motor, ni el eje director, del cambio social. Remedando una reflexión del ya citado Eric Hobsbawn, el cambio social no lo va a hacer y dirigir la clase obrera, pero no se va a hacer sin contar con ella y mucho menos en su contra.

Las clases trabajadoras han jugado un papel sustancial, no solo importante, en los cambios que se están operando en Venezuela, Ecuador y Bolivia, por seguir con el ejemplo, siempre y cuando no pretenda limitarse el concepto clase trabajadora a la exigua cantidad de asalariados de lujo de las petroleras multinacionales y similares, estos sí, aristocracia obrera en esos países

En una sociedad justa, fraternal, sin explotación, lo que antes llamábamos sociedad socialista, ¿cuál debería ser el papel de las clases trabajadoras?

Las clases trabajadoras seguirían siendo los dos tercios de la sociedad, la parte cuantitativamente más importante de ella y deberían, a partir de sus valores históricos todavía existentes o que tendrían que recuperar, reforzar esos elementos (justicia, fraternidad, no explotación) con otros más específicamente suyos (trabajo, equidad, solidaridad, por ejemplo).

Finalmente, déjame hacerte la pregunta del millón. Precariedad, paro creciente, trabajos alienantes, bajos salarios, vivienda imposible, un tercer mundo que no sale de su dependencia, pensiones cuestionadas, menor protección social,.. ¿Por qué no estalla la revolución en Occidente, en Oriente o donde sea?

Efectivamente es la pregunta del millón. En las relaciones entre las clases y entre las naciones se han producido cambios, hacia mejor, sustanciales, por ejemplo, en determinados países de América Latina, pero no se ha producido una revolución. Algo parecido podría decirse del África postcolonial, del mundo árabe y del sudeste asiático. La única que podría considerarse que continuaba existiendo, la cubana, vive en una agonía continua entre sus propios errores y debilidades y el ahogo al que está sometida por las potencias imperialistas (por retórico que esto parezca). Yo desde luego no me siento capacitado para responder a esta cuestión, que desde luego nadie dice que sea fácil ni sencilla, pero que sigue estando ahí.