Los Deltonos, la voz de la coherencia


IGNACIO REYO
Paisajes eléctricos magazine




Máximos abanderados del Rock sureño (en toda su amplitud) creado por españoles, Los Deltonos llevan ya más de veinte años bregando en territorio hostil para músicas que se desmarcan de la comercialidad, y que, además, tienen su punto de mira en la tradición estadounidense. Desde sus complicados inicios, perdiendo un juicio con su primera discográfica, La Fábrica Magnética, lo que les obligó a retirar del mercado su segundo trabajo, “Bien, mejor”, y actuar bajo el nombre de Fugitivos de la ley ante la imposibilidad de hacerlo bajo su verdadero epígrafe, los Deltonos han demostrado una fe inquebrantable en una propuesta que a cada disco, EP o single, crece y mejora.

Su líder, Hendrik Röver, ha compaginado la labor del grupo con diferentes proyectos, el último en solitario, conformando discos de características más intimistas y dulce sonido country. Para conocer mejor los gustos y discurso del invencible Hendrick, llamamos a su casa por tierras cántabras. Hendrick es un personaje curtido en mil batallas, que no deja lugar en sus respuestas a la imparcialidad. Puedes estar o no de acuerdo con él, pero desde luego, en estos tiempos tan terriblemente asépticos y políticamente correctos, hacen falta voces discordantes como la suya, endurecidas por la brusca experiencia del Rock en nuestro país, y las decepciones inherentes al negocio musical, incluido el cisma que está creando Internet en los creadores e intérpretes de canciones. Un tipo honesto, con todas las consecuencias, negativas y positivas, que eso conlleva.

El mes de septiembre actuaste como telonero del legendario Steve Earle en Madrid y Barcelona. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Fue como un master acelerado en Folk. La gente se va por ahí a hacer masters por universidades, pues lo mío es lo mismo, pero con Steve Earle,un auténtico maestro. En tres días aprendí más que en todos estos años de trayectoria que llevo.

Dime algo concreto que sacaras en limpio.

Aunque sea una guitarra acústica, no importa que la atices fuerte. (Risas)

¿Crees que ha perdido la inspiración en sus últimos álbumes?

No. Lo que pasa es que uno va pasando por etapas, e igual hay canciones menos resultonas. El disco de “Townes” me parece buenísimo, ha sabido reinterpretar el espíritu de las canciones deTownes Van Zandt pero dándolas su propio brillo.

Me refería quizá más a “Washington Square Serenade”. Ese fue un álbum totalmente de transición,precedido por su traslado a Nueva York, y que incluía piezas con una producción demasiado moderna, acompañándose de bases electrónicas. Fue un cambio muy drástico yajeno a su estilo musical, y es normal que muchos seguidores no se lo tomaran a bien.

Ya, puedo entender lo que me dices. Pues igual en vez de un disco de nueve y medio, era un disco de siete. Nadie es perfecto.

El año pasado editaste dos álbumes, “Buenos tiempos” con los Deltonos y“Esqueletos” en solitario. ¿En qué punto, musicalmente hablando, dirías que estás?

Simplemente avanzo. Reivindico ser músico como un oficio, como cualquier otro tipo de trabajo que requiere constancia, esfuerzo y evolución. Vas avanzando, mirando el futuro, y pensando en el siguiente paso.

En cierta medida, en tu carrera se puede hallar un paralelismo con los Black Crowes, en el sentido de empezar facturando un Rock sureño más bien festivo, y poco a poco ir introduciéndose más en las raíces de la música estadounidense.

Puede ser. Una vez que abrí el grifo del Folk,con “Esqueletos” volumen uno, deseaba continuar ese camino. “Esqueletos” no es más que el reflejo de un montón de canciones y sonidos que tenía ahí desde hacía muchos años. No me parecía justo obligar a los demás Deltonos a que les gustase el Bluegrass de repente, o que se convirtiesen en músicos acústicos. Por eso lo de “Esqueletos” lleva su propio camino. Los Deltonos, en el último disco, hemos vuelto a ser más rockeros que en “GT”. “Buenos Tiempos” es de los discos que más orgulloso estoy, viendo la extensa trayectoria en conjunto del grupo.

¿Habrá un nuevo disco de los Deltonos pronto?

No. Ahora digamos que mi música son dos engranajes complementarios, los Deltonos y los discos a mi nombre. Ahora el turno le toca a “Esqueletos” volumen dos.

¿Qué me puedes adelantar de este nuevo capítulo en solitario?

Llámalo folk americano, o música de raíces americana. Tengo ya veinte canciones maquetadas, voy a hacer un intento para hacer mi propio The mountain. He contactado con un grupo de Bluegrass de Bilbao, con los que voy a intentar hacer unas sesiones a ver si eso funciona y tiene salida. Básicamente es buscar nuevos estímulos dentro de sonidos conservadores. (Risas)

Estos últimos años, tanto en las revistas de tendencias como en otras publicaciones de carácter más serio, se ha puesto de moda el rollo americana, esa especie de nuevo Folk americano, con vetas de Pop, aire sureño…Realmente es un cajón de sastre. ¿Te ha gustado esa demanda, o crees que obedece más a una ley de sacar nuevas movidas musicales?

Lo del americana, cuando aquí empezó a salir artículos y portadas, en Estados Unidos estaba muriendo. En este país las cosas siempre llegan tres, cuatro años tarde. Ahora quizá tardamos un poco menos en enterarnos por Internet. Es cierto que hubo una cierta moda. Digamos que para hacer ese tipo de sonidos, sabiendo lo que haces, tienes que tener bastante bagaje musical, haber escuchado mucha música, no solo a Wilco y Son Volt. También debes saber de dónde vienen ambos. Eso es lo que les ha fallado a muchos grupos que han cogido y han dicho somos un grupo de…americana. Sí…pero no. La moda como tal, está pasada. Ahora lo que se lleva al parecer son cosas que más que canciones se podrían describir como delitos, del estilo un tal Joe Crepúsculo y similares. (Risas)

Lo que se ve es que ciertos grupos, como has comentado, son muy impostados. Has mencionado a Wilco y Son Volt. En la ecuación de sus escuchas podría mencionarse también a Jayhawks.

Esas son las tres bandas, exacto. Es el problema, a la mayoría de los grupos se les acabe la discoteca, y eso se nota en las canciones.

Se puede hablar de dos artistas que representan muy bien, cada uno por un motivo diferente, lo que ha supuesto el americana en este país. Quique González, que siempre ha abogado por ese estilo, y Bunbury, cuyo último disco, “Hellville De Lux”, acercaba su tipo de canción por primera vez a las raíces gringas.

Bunbury me parece un veleta que se amolda a lo que más conviene. Nunca he conectado con él. Toda su trayectoria es como ir picando de allí y allá, intentando ser el personaje del momento. González, en cambio, tiene una trayectoria más coherente, y conecto más con su música. Creo que tiene discos muy buenos. Incluso en los menos buenos, siempre destaca alguna canción, siempre puedes encontrar apuntes interesantes, composiciones notables.

Otra característica de los grupos que se han apuntado al americana, es cantar en inglés, porque según ellos, se sienten más cercanos a sus influencias y al sonido que intentan recrear, netamente americano.

Cantar en inglés… Moriré diciendo que no es más que una burda excusa para no tomarse la molestia, o el trabajo, de escribir letras en castellano. El castellano es un idioma mucho más difícil, tiene palabras más largas, y el mayor problema que tiene es que la gente te entiende (Risas). Ese es el mayor trago por el que muchos letristas no quieren pasar. Se escudan en otro idioma, sabiendo que la gente no los va a entender, y que diciendo cosas muy obvias puede sonar relativamente bien.

¿En qué te inspiras para la elaboración de las letras? Tienen un marcado carácter norteamericano y oscuro.

Leyendo novela negra y viendo películas en blanco y negro, de perdedores. Sobre todo, llevo muchos años estudiando todas las letras de country. Es una cuenta pendiente que tiene mucha gente, descubrir ese universo. Suelen ser historias muy intensas, y como aquí el inglés no es de uso mayoritario, y el country se desprecia normalmente como un género menor o circense, estas letras no tienen ninguna repercusión. Hay grandes retratos de sufrimiento de la gente, e historias de la vida muy duras.

En lo del country, volvemos a las reivindicaciones tardías. Gracias a los American Recordings de Johnny Cash, producidos por Rick Rubin, mucha gente empezó a mostrar algo de interés en esa música y en personajes como Hank Williams.

Sí, pero era algo un poco impostado. De repente todo el mundo llevaba la camiseta de Johnny Cash, o la camiseta de Hank Williams. Lo malo es que en general la gente no investiga más allá de eso. Lo de Johnny Cash me pareció bien, y Hank Williams me parece bien desde siempre. A nivel tanto de country, llámalo más tradicional, como el country rock, de finales de los sesenta, me parece la época más activa fue la que empieza en el sesenta y cinco, y termina en setenta y cinco. Están los mejores discos de Merle Haggard, George Jones, también tenemos a Gram Parsons, The Byrds y el grupo Poco. Me parece una de las etapas de la música más brillantes.

Uno de los grupos más en forma en la actualidad del rollo sureño, que se están ganando el apelativo de clásicos en vida, y de los que eres muy fan, son Drive-By Truckers.

Los Truckers me parecen un grupo muy coherente, solo tienes que ver su evolución. Es un grupo de oficio, de currantes. Patterson Hood tiene sus canciones aparte, como puedo tener yo mis Esqueletos. Lo que tenemos que hacer en este oficio es diversificarnos lo más posible y picar de todos los sitios que se pueda. Me han decepcionado un poco los discos de Jason Isbell en solitario. Sus canciones eran mis favoritas de los truckers, no sé qué ha pasado para no encontrar lo mismo en sus propios álbumes. Mi trucker favorito ahora mismo es Mike Cooley. Del anterior álbum, solo con sus canciones, ya había un disco sobresaliente.

Hay un sector de público, o incluso otros grupos americanos, que no aceptan del todo la propuesta de Drive-By Truckers, al sentir que no han vivido tan hondamente esas historias como para contarlas.

Bueno…no sé. A Patterson Hood su padre le ha podido contar muchas historias de primera mano (Su padre es David Hood, bajista de los míticos estudios Muscle Shoals Sound Studio, donde ha producido a los Rolling Stones, entre otros.N.del R.) . Mike es sobrino de Cooley, mítico violinista tejano fiestero. Han pasado su infancia en los setenta, en el sur, y tienen familiares que ha vivido muy directamente el desarrollo de la música americana del siglo pasado. No creo que se les pueda criticar nada, y menos en ese tema concreto.

Te lo comentada porque recuerdo una entrevista con el cantante de Legendary Shack Shackers hablando del tema. Decía que eran un grupo muy respetable, pero los sentía demasiado intelectuales, que parecía que facturaban música sureña para intelectuales y universitarios.

Bueno…Ya sabes cómo son las opiniones, hay para todos los gustos, y todo depende del momento y del cristal con el que se mire.

El otro grupo en boca de todo el mundo, desde hace tiempo, son los Gov’t Mule del superdotado Warren Haynes.

Con los años me he hecho algunos solos de guitarra (Risas), pero he aprendido a apreciar más las canciones que el virtuosismo musical. Gov’t Mule, y ese estilo de grupos me gustan, me gusta el sonido, pero para un rato.

Les faltan canciones.

Eso creo. Es mucha pirotecnia, que se disfruta, pero a veces me gustaría escuchar una historia.

Últimamente, en el rock español, parece que hay una especie de escena, una unión entre los grupos, incluso creando festivales, como aquel Grande Rock que organizó el cantante de Maggot Brain. Desgraciadamente, esa unión no se ve refrendada por la asistencia de más público a los conciertos de bandas estatales de Rock.

Lo que pasa en casi todas las ciudades es que hay más grupos que público. Lo que hacen los grupos es unirse entre ellos, e ir a sus propios conciertos, para poder crear piña y tener público. Estamos en un momento extraño. El problema sobre todo es la apatía de la gente, que prefiere quedarse con los ojos oblicuos delante de la pantalla del ordenador, y luego mamarse hasta las patas, en vez de empezar el fin de semana viendo un concierto, alternando un poco con la palabra.

¿Cómo describirías la trayectoria del grupo dentro de la escena española, desde vuestro primer álbum publicado en 1990, “3 hombres enfermos”, hasta el presente año?

Yo creo que también podría denominarla como coherente. Cada disco es la foto de un momento del grupo. Uno va viendo los discos, y observa las distintas fotografías, del grupo y de la gente que lo compone, de cómo van cambiando los sonidos, cómo se va evolucionando. Avanzando a veces, retrocediendo otras, pero siempre con la intención de buscar nuevas canciones que den algo más.

Estamos viviendo un tiempo de cambio total en cuanto al oyente de música, y a la distribución de la misma por parte de las discográficas, o de los grupos, debido a Internet. ¿Qué opinas del tema?

Tanto “Esqueletos” como “Buenos tiempos” son discos autoeditados, más que nada porque ya hemos tenido nuestra ración de pegarnos con gente, ya va siendo hora de no tener más conflictos. Y aún así he tenido problemas con la distribuidora…al final, todo lo que no haces tú directamente, da margen a que un tercero pueda meter la pata. El problema de fondo, es que la canción como creación musical está muy devaluada a los ojos de la gente. Para la mayoría no son más que tres megas de un mp3, y nadie piensa en el trabajo que hay detrás. Cuando la gente se queja de que los discos son muy caros, no se dan cuenta que hay muchos trabajos dependiendo de esos discos. Que los discos han sido caros siempre, es algo que sabemos todos, por supuesto, pero también uno puede elegir donde comprarlos, o comprarlos en el concierto…Es mucha pataleta de boquilla.

Estoy de acuerdo que el problema es el público, pero las discográficas también engañaron a los compradores, vendiéndoles el cuento de la mejoría del cd frente al vinilo, e hinchando los precios hasta límites absurdos.

Ya. Me parece bien, estoy de acuerdo con eso, pero cuánto tiempo lo vamos a usar como excusa. Todo este rollo de Internet y las descargas. Para empezar no entiendo muy bien cuánto de tonto hay que ser, para coger un disco de otro y pasar una tarde digitalizándolo, escaneando la portada…Qué tipo de afán, de propagación cultural es ese.

De todas maneras, un factor positivo de Internet, es que existen usuarios que se bajan un disco de un grupo, le gusta, y luego se hacen con toda la discografía del grupo. Dependiendo de la educación y curiosidad del usuario, puede ser una forma de promoción muy buena.

El problema es que a los grupos no se nos da la posibilidad de elegir. Es lo único que pido, poder decidir yo si quiero regalar una cosa, ponerla en la red o no. Es lo que más me fastidia, la gente se toma la justicia por su mano. Yo lo consigo, y lo pongo para que se lo descarguen un millón, sin preguntar a los interesados. Si quiero regalar algo, ya lo regalaré yo, no tengo necesidad de nadie ajeno.

Por vuestra idiosincrasia, y tu forma de tocar la guitarra, sorprende que no tengáis proyección internacional. Podríais tocar de tú a tú en Estados Unidos con grupos de allí.

Tampoco lo hemos intentado. Hicimos algún pequeño contacto, pero cantando en castellano nuestro mercado está aquí…Mercado por decir algo. (Risas)

Básicamente me refiero a vuestro sonido. Entiendo que la diferencia lingüística sea un inconveniente, pero el sonido que tenéis os podría abrir esa puerta.

Ya. Igual es que no hemos estado en el momento adecuado en el sitio justo, y no hemos conocido a la gente que podía montar esas cosas. La verdad es que cuando los pequeños sellos de España desplazan a sus grupos al Southwes Festival, a veces no entiendes muy bien el criterio de selección. Ellos sabrán. Si algún día nos llaman, estaremos encantados de ir.

En nuestro país hay un grupo con cierto paralelismo vosotros M-Clan. Empezaron siendo un abanderado del Rock sureño en España. La gente los veía como una respuesta de aquí a los Black Crowes, aunque yo siempre los vi más como…

Screamin’ Cheetah Wheelies.

Totalmente. La cuestión. ¿Te parece que se vendieron, dulcificando su sonido, haciéndolo más accesible para la radiofórmula y conseguir el éxito masivo?

Todo el mundo quiere vivir mejor, y M Clan antes de que les funcionara bien el tercer disco, pasaron mucha hambre. Toda esa gente que les criticó por haber pulido esas canciones, lo puedo entender, pero los critican desde la comodidad de su casa. No me parece que hayan perdido nunca el espíritu rockero. Fue su elección, con todas sus consecuencias, y lo llevan con la cabeza bien alta y tienen todo el derecho a hacerlo.

Para finalizar. ¿Qué nos vamos a encontrar en la gira actual?

Un directo basado principalmente en “Buenos tiempos”, pero como tenemos muchas canciones a las que recurrir mirando nuestro pasado, miraremos para atrás de vez en cuando.

¿Qué diferencias hay entre un directo actual vuestro, y uno de los de antes?

Hemos aprendido a tomárnoslo con más calma, y ahora suena más denso. A mí me ha ayudado mucho, al emprender mi carrera en solitario de cantautor, he aprendido a hablar entre canción y canción. (Risas)

El legado de Günther Anders


Repasamos la obra y las ideas de uno de los filósofos más sugestivos y reveladores de nuestra sociedad, el alemán Günther Anders, quien centró su obra en la antropología filosófica


CÉSAR DE VICENTE HERNANDO
Diagonal




El siglo XX acabó para Anders en 1945, fecha en la que la bomba atómica transformó a la humanidad en un resto del pasado. Al final de su vida había confirmado que la historia, el sentido, el trabajo, la realidad y cuantas cosas conforman nuestro mundo eran términos inadecuados para dar cuenta de la nueva era que se había inaugurado con la destrucción de Hiroshima y Nagasaki. “La posibilidad de nuestra aniquilación definitiva –escribió en el prólogo a uno de sus libros– es la aniquilación definitiva de nuestras posibilidades”.

Las reflexiones sobre el apocalipsis le ocuparon desde entonces pero, al contrario que la mayoría de los que escribieron y lucharon contra las consecuencias de la aparición de la bomba atómica, sus asuntos cambiaron: desde el inicial intento de establecer los principios de una ética suficiente en Más allá de los límites de la conciencia (1961), hasta las tesis sobre la legítima defensa en Violencia sí, o no (1987), donde señalaba que los responsables de esa amenaza, los Truman, los magnates de las industrias de armamentos, todos los que “mediante actos de terrorismo” nos ponían en peligro de muerte, debían ser igualmente intimidados. Entre medias lo intentó todo: la protesta pacífica contra la llamada “muerte nuclear”, la escritura de ensayos sobre la naturaleza social de nuestra ceguera ante la destrucción total, la discusión en periódicos, las acciones antinucleares, etc.

La condición social

Anders no fue solamente un autor enfrentado a la situación atómica. El ser humano había sido, desde sus primeros escritos de los años ‘20, el asunto central en una tentativa de antropología filosófica que había dejado atrás los horizontes teóricos de sus maestros Husserl y Heidegger. Su encuentro con la Teoría Crítica y su conocimiento de las obras de Benjamin y Lukács le orientaron hacia una indagación más precisa que desembocó en una ontología de la condición social del ser humano. Los primeros resultados de sus investigaciones, algunos nacidos de su propia experiencia como trabajador en fábricas norteamericanas y otros tomados del análisis del dominio de la técnica en los años ‘40, se publicaron en 1956, en el primer tomo de La obsolescencia del ser humano. Lo esencial de este libro puede resumirse en la cita con la que se abre: “los condenados a muerte pueden decidir libremente si quieren, para su última cena, que las judías sean servidas dulces o saladas”. Los cuatro ensayos que se incluyen en él muestran la impotencia del ser humano para cambiar su condición, pues su libertad sólo les permite elegir aquello que no afecta en absoluto a la misma.

La nueva condición humana se caracteriza por la vergüenza de la imperfección de la vida humana, por el origen natural de la misma, frente a la perfección de objetos y máquinas, que –aunque perecederos– son sustituidos mecánicamente permaneciendo esencialmente iguales. Desde esta perspectiva, la ingeniería humana trataría de solventar este “defecto”. Pero la nueva condición está determinada también por una voluntad de Hybris, por una exagerada confianza en el progreso y la técnica, que define un nuevo imperativo categórico, muy distinto al de Kant: “actúa de tal forma que sirva a la necesidad de la máquina”, lo que nos convierte en piezas de esa máquina, cuya expansión conforma una máquina total que acaba por identificarse con el mundo. El sistema capitalista, descrito en Los muertos (1965), aparece como el más desarrollado sistema maquínico de la historia, tan capaz de organizar la aniquilación de millones de seres humanos en los campos de exterminio nazis como de preparar la obsolescencia programada de los objetos para mantener la producción.

La vida dañada de la nueva era Anders trató de mostrar el funcionamiento del sistema social a través de las condiciones de existencia, estableciendo que lo que nos informa y deforma no son sólo las imágenes retransmitidas a través de la radio y la televisión, sino la misma estructura y funciones concretas de ambas. En ellas, el mundo nos es dado. Las noticias, programas e imágenes que nos suministran, como el gas, la electricidad o el agua, a través de estos medios, han sido seleccionadas, purificadas y preparadas para nosotros como realidad. Las noticias son mercancías y “la tarea de quienes nos traen la imagen del mundo consiste en componer para nosotros un Todo falso a partir de múltiples verdades parciales”. Somos seres sin relación con el mundo real. El principio que atraviesa la obra de Anders dice que “lo que podemos hacer es mayor que aquello de lo que podemos crearnos una representación”.

Esta tesis le sirvió para establecer un objetivo para el pensamiento crítico: dilatar nuestra imaginación y contraponer una ética de la responsabilidad que se enunciara, como aparece en Nosotros, los hijos de Eichmann (1964): “no puedo representarme el efecto de esta acción, luego se trata de un efecto monstruoso, luego no puedo asumirlo, luego he de revisar la acción planeada, o bien rechazarla, o bien combatirla”. Con ello señalaba la reflexión ética que debe hacerse en un sistema productivo fragmentado donde el trabajador alienado no tiene una idea del producto final. Y, sobre todo, establecía una función precisa para el trabajo intelectual, que no estaría dividido y que no tendría una especificidad, ni contenidos propios de cada género o tipo de discurso: Anders consideró la literatura, la filosofía, el arte o la ciencia en función de lo que cada situación requiriera.

Destino siniestro

Desde su regreso en 1950 a una Europa devastada por la guerra y el hambre, Anders trabajó infatigablemente en libros y en revistas como filósofo de la situación. Se desesperó sin rendirse. Interpeló al mundo sobre un destino siniestro que era ya una posibilidad. A pesar de una artritis que apenas le permitía utilizar los dedos, continuó escribiendo para todos y no solamente para el mundo académico. De hecho nunca ocupó una cátedra y rechazó los premios y reconocimientos que no tenían una justificación política o intelectual. Günther Anders, nombre con el que empezó a firmar en los años treinta sus colaboraciones periodísticas, acabó siendo el autor de toda su obra desde mediados de siglo, ocultando el nombre con el que fue inscrito cuando nació en Breslau (Alemania) en 1902: Günther Stern.

La escuela de robinsones del desobediente Henry Thoreau


Alianza y Cátedra editan las obras clave del clásico americano


ÁLVARO CORTINA
El Mundo




Cuando las serpientes empezaban a sacudirse el letargo de la hibernación, en marzo de 1845, Henry David Thoreau (1817-1862) tomó prestada un hacha y se fue a talar pinos para construirse una casa. También urdió prosas sobre los bosques de Maine, sobre su paso en canoa por el río Merrimack y sobre una excursión al Cabo Cod, pero su estancia de 26 meses en su cabaña junto a la laguna Walden tiene un lugar muy especial, fundacional y mítico, en los anaqueles de la Literatura americana.

"Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme sólo a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, para no descubrir, cuando tuviera que morir, que no había vivido". 'Walden' (Cátedra) y 'Desobediencia civil' (Alianza) son divagaciones, soflamas en realidad, a favor del campo, de la ociosidad y del individuo. El yo levanta aquí su tótem, entre sauces y pajarillos.

En su 'Sonata de Concord', el gran compositor Charles Ives buscó retratar musicalmente a varias celebridades de la Nueva Inglaterra, rostros de daguerrotipo: Emerson, Hawthorne o los Alcott. Al final del movimiento 4º, dedicado a Thoreau, suena sobre el piano atonal una flauta. Es la flauta del druida excéntrico que recorría orillas y veredas, la flauta de Thoreau, dios Pan sin lujuria. Dice: "He sido un adorador tan sincero de la aurora como los griegos".

Thoreau escribe en 'Walden' sobre sus cultivos de judías, sobre su maizal, sobre su bricomanía, sus gastos, sus pormenores y chapucillas, y sobre las percas bajo el agua o la lechuza. Tomaba el agua de la charca con un cazo (acaso queriendo beberse algún lucero reflejado), y escuchaba la estampida metálica y de olla express de los ferrocarriles cercanos.

Su tiempo no eran dólares en volandas, como el del puritano Benjamin Franklin, sus días de Walden abolieron a los incontinentes cangrejos cronométricos del minutero. Durante su primer año allí ni siquiera leyó libros. Contemplaba, simplemente. El tiempo verbal de su relato rebasa indistintamente las lindes del pasado y del presente.

Para Rousseau, la botánica y el verde fueron un bálsamo frente a la neurosis. Thoreau, que en algo renueva el mito del ginebrino (aunque su discurso se arrima más a Locke), pretende una integridad perdida bajo el imperio de lo falso. "Siempre he lamentado no ser tan sabio como el día en que nací", escribe. Y, sin ser Max Weber, advierte: "Pero ¡mirad!, los hombres se han convertido en las herramientas de sus herramientas".

'Desobediencia civil', de 1848, está escrito dos años después de haber ido a la cárcel (aunque en seguida se pagó la fianza) por no pagar impuestos. Le indignaba el esclavismo sureño y aborrecía el ataque a México. En el calabozo reflexionó: "Yo veía al Estado como a un necio, como a una mujer solitaria que temiese por sus cubiertos de lata y que no supiese distinguir a sus amigos de sus enemigos. Perdí todo el respeto que aún le tenía y me compadecí de él". Renegó. Henry Miller, que lo admiraba, consideró: "está más cerca de una anarquista que de un demócrata, un comunista o un socialista".

Ley de Esclavos Fugitivos de 1851

En la edición de Alianza se incluyen textos como 'Una vida sin principios' (que pueden complementarse en su alegato con 'En defensa de los ociosos', de Stevenson, y ciertos pasajes de Julio Camba), y otros dos más. Estos artículos posteriores son más contextuales del problema de la aprobación de la Ley de Esclavos Fugitivos de 1851. Son 'Esclavitud en Massachusetts' y 'Apología del capitán John Brown'.

El eremita romántico Thoreau, el salvaje flautista antisudista de Concord, que había sido jardinero de Emerson, y profesor, granjero y excéntrico profesional se puso el resto de su vida repartiendo la llama de la controversia por ateneos y camarillas. Sin deponer las armas jamás. Su legado ha sido más bien moral, la escuela de robinsones que es 'Walden' busca una identidad que se refleja en las brisas forestales, en el pantano inmóvil. Es el mito americano del "outlaw", del fuera de la ley.

Cuando en 'Malas tierras', Martin Sheen y Sissy Spacek huyen del pueblo y construyen su granja en la naturaleza, no hacen más que despertar el espíritu desobediente de 'Walden'. El animismo de Thoreau nos asocia irremisiblemente al paisaje: "La vida está en nosotros como el agua en el río". El balance, al final de su vida fue positivo y aleccionador: "Mi vida ha sido el poema que habría escrito". No existe mayor justificación estética del género autobiográfico.