Inger Christensen, la poeta que se inspiraba en las matemáticas


PEDRO POZA
El Mundo



En casa de Inger Christensen se cantaba mucho. Ésa, decía ella, fue probablemente la razón que permitió que la hija de un modesto sastre de la ciudad danesa de Vejle, en la península de Jutlandia, desarrollase una sensibilidad casi sobrenatural hacia el idioma y se convirtiese no sólo e la más importante poeta nórdica contemporánea, sino e la más relevante del último milenio, es decir, desde la aparición del anónimo poema mitológico Völuspá (La profecía de la mujer sabia) entre los años 800 y 1200.

"Es un poco extraño que alguien se haga poeta cuando procede de un ambiente en el que apenas había libros y donde nunca se debatían cuestiones literarias o intelectuales", declaró en 1999 en una entrevista del diario Politiken. Y quizá lo más extraño no es que se dedicase a la poesía pese a criarse en una familia modesta en tiempos en que Dinamarca padecía un paro terrible, sino que se convirtiese en la poeta que fue, capaz de combinar versos de diáfana sencillez con las más complejas construcciones métricas que puedan imaginarse.

Christensen completó sus estudios de magisterio en 1958, especializándose en alemán y matemáticas, y trabajó como maestra en la Escuela de Arte de Holbaek. En 1962 apareció Lys (Luz), la primera de las seis colecciones de poemas que publicó durante su carrera. En 1964, Evighedsmaskinen (La máquina de la eternidad), la primera de sus tres novelas.

Ese mismo año decidió dedicarse por entero a la literatura, pero su interés por las matemáticas perduró más allá de las aulas y marcó decisivamente los poemarios que entre 1969 y 1991 la consagraron a nivel internacional. Desde entonces, la autora aparecía cada año en todas las quinielas como favorita para ganar el Nobel de literatura, que al final nunca le dieron.

Aparecido en 1969, el escuetamente titulado Det (Eso) marcó un antes y un después en su carrera. Una obra única, piedra angular de la literatura danesa, que combinaba la contemplación sensual con sistemas matemáticos y observaciones políticas. Inger Christensen exigió que la edición inicial reprodujese fotográficamente los folios que durante años había rellenado co su máquina de escribir IBM.

Los versos más politizados de Det, críticos con la progresiva deshumanización de la sociedad, fueron adoptados por sectores de la izquierda danesa identificados con el Mayo del 68 francés. La última pintada de la época que los reproducía sobrevivió en el barrio copenhagués de Noerrebro hasta hace sólo un par de años.

Alfabet
(Alfabeto), editada en 1981, está considerada como la segunda de sus obras capitales. En ella utilizaba el alfabeto y la secuencia numérica de Fibonacci, por lo que el número de versos de cada poema es el total de los dos precedentes: el primero tiene un verso, el segundo dos (1+1=2), el tercero tres (2+1=3), el cuarto cico (3+2=5), y así sucesivamente.

En 1991, culminó su trío de obras maestras con Sommerfugledalen. Et requiem (El valle de las mariposas. Un Requiem), para la que se sometió nada menos que la arcaica métrica de la corona o ciclo de sonetos, que consiste en una serie de 14 sonetos derivados del soneto madre. Trataba la vida, la muerte y el dolor a través de la observación de los distintos tipos de mariposas. Fue su último libro.

Inger Christensen, poeta, nació en 1935 en Vejle (Jutlandia, Dinamarca), donde murió el 2 de enero de 2009.