Estos cuadros los puede pintar una niña

La australiana Aelita Andre sólo tiene dos años y sus obras ya cotizan en una galería de Melbourne. Hoy se prepara para su primera exposición individual. ¿Estamos ante un nuevo prodigio del arte o simplemente se trata de una broma para vender cuadros a 2.000 euros?




Todo es de color

Aelita es australiana, tiene dos años y derrocha su creatividad en el salón de casa de sus padres, Michael Andre y Nikka Kalashnikova. Ellos decidieron poner a su alcance todos los materiales el verano pasado, cuando tenía 19 meses y no paraba de entrometerse en los trazos de estos dos aficionados a la pintura y cineastas ocasionales. Ya ha vendido diez cuadros en una galería de Melbourne.


QUINO PETIT
El País


Es de noche en Melbourne (Australia) y Aelita Andre no está para entrevistas. Sólo tiene dos años y es incapaz de articular una frase con sentido. Ya es hora de que se vaya a la cama. Sus padres aún tardarán un rato en conseguir que se duerma. Después volverán con nosotros para ejercer de portavoces. Mientras tanto, queremos proponerle un juego: aparte por un momento los ojos de esa foto de la derecha, donde aparece una niña vestida con su pijama rosa y las manos embadurnadas de pintura al óleo y acrílicos. Enfoque su mirada únicamente hacia las imágenes que ilustran esta página. Repare en sus formas abstractas, en las combinaciones de color. Tómese su tiempo. Piense sólo en estos cuadros. Intente valorarlos con independencia de su autoría.

Se acabó el juego. Usted está ahora ante la misma situación en la que se encontró Mark Jamieson, director comercial de la galería Brunswick Street de Melbourne, a finales de octubre del año pasado. Fue entonces cuando la fotógrafa australiana Nikka Kalashnikova, madre de la protagonista de esta historia, llevó a su oficina los trabajos de una supuesta artista emergente llamada Aelita Andre. Él se interesó por aquellas pinturas hasta el punto de aventurarse a montar una exposición colectiva con algunas obras de aquella desconocida para principios de 2009. Mandó imprimir las invitaciones, organizó los preparativos del cóctel inaugural y se puso en contacto con los medios de comunicación locales. Días más tarde, la señora Kalashnikova le confesó que aquellos 15 lienzos cuyos vivos colores tanto le cautivaron habían sido concebidos por su hija de dos años.

Mark decidió seguir adelante con todo. Dejó colgadas las obras en su galería hasta finales de enero con el mismo nombre de la autora, pero desvelando su verdadera edad. Las medidas rondaban una media de 90×50 centímetros, con precios que oscilaban entre 180 y 2.000 euros. Algunas llegaron a venderse antes de la inauguración de la exposición y han levantado un formidable revuelo. ¿Estamos ante un nuevo prodigio del arte o se trata de una nueva broma a expensas del mercado?.

Los padres de Aelita han conseguido que se quede dormida. Un rato antes nos acercaron su vocecilla y sus llantos a través del auricular del teléfono. Prefieren tomarse un tiempo antes de responder a algunas preguntas por correo electrónico. Aseguran que su hija ya hacía estas cosas desde antes de comenzar a caminar. Solía entrometerse entre los esbozos de estos dos aficionados a la pintura y cineastas ocasionales que rondan la cuarentena. El verano pasado, cuando la nena tenía 19 meses, se convencieron del potencial de su trabajo y pusieron todos los materiales a su alcance. Hoy afirman que antes de cumplir dos años en enero, ella había pintado solita todos los cuadros que han formado parte de su primera exposición colectiva. Nikka Kalashnikova argumenta que ocultó al galerista en un primer momento la verdadera autoría de aquellos lienzos porque quería que su hija "fuera juzgada por sus propios méritos".

El catedrático de psiquiatría infantil Jaime Rodríguez Sacristán, hoy jubilado, ha accedido a nuestra petición de analizar un vídeo de Aelita colgado en la página web www.aelitaandreart.com, creada por sus padres, donde aparece dando rienda suelta a su creatividad. La pequeña desparrama tubos de pintura. Mancha sus manos. Las esparce por la tela. Y se ríe. "Parece algo excepcional, pero querría tener más datos provenientes de personas ajenas al entorno de esta niña, comprobar la veracidad de todo esto desde fuera y seguir su evolución", reflexiona Rodríguez Sacristán tras el visionado. "Lo que resulta difícil de creer es que antes de empezar a andar se pueda hacer algo con un valor artístico y formal".

Mark Jamieson, el galerista que ha puesto a la venta sus obras, ha defendido el valor artístico de su representada en declaraciones al periódico australiano The Age: "Es difícil juzgar el arte abstracto. Existe una aproximación formal y otra de forma libre que proviene de una base más intuitiva. Y si pensamos en esta última, quizá alguien de dos años pueda hacerlo también como alguien de 30". Lo que Jamieson no ha consentido es responder a El País Semanal sobre cuánto dinero se ha embolsado por la venta de estos cuadros en su galería, ni mucho menos pronunciarse sobre la posibilidad de que todo esto no sea más que una operación de marketing en la que él haya podido participar.

El director del Museo Nacional Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, sí tiene una opinión sobre esta última cuestión: "A mí, esto me parece una clarísima estrategia de marketing, como la que ha podido realizar Damien Hirst al saltarse a los galeristas y poner su obra a la venta directamente en una casa de subastas. Y en estos artistas, el resultado suele ser más comercial que bueno". Borja-Villel también tiene respuesta para la afirmación de Jamieson sobre el arte contemporáneo: "Su argumento es erróneo, ya que no hay arte bueno que no sea culto; yo mismo llevé al Macba una exposición con obras de la colección Prinzhorn realizadas por enfermos mentales que, junto a los niños y a otras personas al margen de la sociedad, se convertirían en exponentes del art-brut. Lo bueno que puede tener el arte infantil es que su creación se halla aculturada, y lo que en este caso podría derivar en el desarrollo de unas aptitudes interesantes corre el riesgo de acabar reducido a un pequeño monstruo. Si el mercado ha sido capaz de destrozar carreras de artistas consolidados, me parece peligroso que toda esa maquinaria entre en la esfera de esta niña. Me provoca miedo. Y me da pena".

El escritor Carl Honoré, de 41 años, ha dedicado su último libro, Bajo presión (RBA), a analizar cómo educamos a nuestros hijos en un mundo hiperexigente. Una historia sobre por qué los adultos siempre tienden a controlarlo todo, sobre cómo han secuestrado la infancia de los niños de una forma nunca vista hasta ahora. La idea del argumento le sobrevino cuando una profesora le dijo un día que su hijo de siete años era un joven artista superdotado. "Pronunció la palabra mágica: superdotado. Se usa con demasiada alegría, cuando en realidad hay muy poca gente que la merezca. Sentí un vértigo terrible", recuerda Honoré por teléfono desde su casa de Londres. "Todos podemos perder la orientación en cualquier momento. Decir eso a un padre moderno puede llevarle a perder el sentido común. Tener una facultad, un don, ha dado paso a ser un superdotado como fin en sí mismo".

Honoré se ampara en metáforas del tipo padre quitanieves para definir a quienes marcan un camino perfecto en la vida de sus hijos. Se trata de la hiperpaternidad, algo que este autor ve reflejado en la actitud de los progenitores de Aelita. "Su caso es interesante. Subraya la obsesión de los padres por modelar y pulir a sus hijos, por explotar su talento hasta la última gota. Es el empeño por crear un niño diez. Aunque, por otra parte, ¿por qué negarle la posibilidad de ver sus obras en una exposición? Lo que pasa es que no se trata exclusivamente de la obra de una niña pequeñita. Alguien ha puesto a su disposición los materiales necesarios para ejecutarla, ha preparado las telas e impregnado el color de fondo de cada cuadro. De alguna forma, se ejerce una especie de dirección sobre ella".

Sus padres se niegan a considerar que le presten ayuda de algún tipo. "Lo que sí hacemos es abrir los tubos de pintura, porque sus manitas no tienen todavía suficiente fuerza. Pero ella elige después cada color y lo esparce con sus manos, con sus pinceles y sus espátulas?. Michael Andre y Nikka Kalashnikova también ponen nombre a cada lienzo. Águila, Corona, La gran hormiga, Mi segunda primavera... Y proclaman: "Aelita ha echado por tierra el concepto del arte y amenaza a muchos creadores mayores que ella, de quienes estoy seguro que preferirían no tener que competir con una niña de dos años".

- ¿Qué están haciendo ustedes con el dinero recaudado tras las ventas de la exposición?

- Está guardado en un fondo destinado a su educación, para que haga uso de él cuando ella sea mayor.

"Mi hija volverá a coger el pincel mañana", sentencia con orgullo Kalashnikova. "Ahora está enfrascada en un cuadro muy grande. Y se prepara para su primera exposición individual, que se celebrará el próximo mes de abril en la misma galería". Algo que el director comercial de Brunswick Street Gallery, Mark Jamieson, ni confirma ni desmiente; simplemente, dice estar harto de todo esto. Para el psiquiatra infantil Rodríguez Sacristán, "a estas edades evolutivas resulta imposible predecir lo que pasará con ella; puede que continúe desarrollando un talento o que abandone totalmente la pintura".

Aelita, en cambio, no tiene nada que decir. Nada, al menos, que podamos entender. Se ha quedado dormida, ajena a todos los circos que crecen a su alrededor sin que ella lo sepa.

"Las películas de Hollywood se limitan a estimular el sistema nervioso periférico de los espectadores" Entrevista a Emir Kusturica


MARCOS MAYER
Revista Enie



Emir Kusturica parece compartir el carácter nómade de sus personajes, sobre todo los de raigambre gitana. De allí que esta entrevista tuvo varias partes, fragmentación a la que contribuyó un aparato de telefonía celular poco adaptado a las frecuencias transoceánicas. El primer intento fue cuando el director de Underground se hallaba en Belgrado y el fondo de vasos hacía suponer que era un momento de brindis. Cuando el hartazgo por las preguntas y respuestas mal comprendidas es inmenso y las reiteraciones parecen ser interminables, un chiste acerca de la incomunicación establece un primer paréntesis. La siguiente conversación, también un tanto turbulenta, es con el cineasta en plena gira con su grupo, "No Smoking Orchestra", esta vez desde Lisboa. Un par de brevísimos contactos en Buenos Aires completaron la complicada entrevista. Cuando aún faltan conocerse en la Argentina sus dos últimos filmes – Maradona por Kusturica y Promise me this – el realizador de Gato blanco, gato negro trabaja en la construcción de un mundo aparte de aquel que le disgusta tanto, y se divierte haciéndolo.

—Usted dijo durante una entrevista que las películas de Hollywood no le plantean preguntas a sus espectadores. ¿Qué clase de preguntas plantea usted en sus filmes?

—Las películas de Hollywood no aluden a ningún sentimiento humano profundo. Se limitan a estimular el sistema nervioso periférico de los espectadores. Ha pasado ya mucho tiempo desde que han perdido toda dimensión artística. Se ha transformado en una industria sin más y sin plantearse ningún otro objetivo que no sea puramente comercial. Por mi parte, sigo tratando de hacer arte pese a que es algo que está pasado de moda y a lo que se considera cosa del pasado. Hoy se pasan películas en los teléfonos celulares. Es lógico, entonces, que los diferentes cines y los autores de películas se hayan convertido en piezas de museo. Trato de crear mi propio mundo con las personas, las cosas, las experiencias y las situaciones que amo. Intento proyectar a través de las historias que cuento mis sentimientos más profundos. No separo personajes buenos y malos, trato de que cada uno de ellos tenga su oportunidad de que se vea su manera de encarar la vida. Trato de hacer comedias a partir de situaciones tremendas. Y allí planteo los interrogantes que me preocupan. Por supuesto, no tengo las respuestas.

—En su última película, Promise..., los personajes positivos son los jóvenes y los viejos. Su propia generación aparece pintada con rasgos muy negativos. ¿Cree y espera que los jóvenes arreglen aquello que arruinaron sus padres?

—Se puede encontrar una división similar en Gato negro, gato blanco: los abuelos y los nietos no están contaminados, son bondadosos y cálidos, mientras que mi generación ha quedado marcada por el mal. Esta es una aproximación de mi división en personajes que sigo manteniendo porque los chicos y los ancianos son aceptados fácilmente por los espectadores que los sienten muy cercanos. Tanto al comienzo como al final de sus vidas, los seres humanos pierden interés en las cuestiones económicas, dejan de lado toda codicia a diferencia de lo que ocurre con la edad madura. Pero esos jóvenes han de crecer y transformarse en adultos.

—También en Promise... aparece un conflicto entre la ciudad y el campo. Usted dijo hace un tiempo que está cansado de vivir en ciudades. ¿Qué hay de malo en ellas?

—El deseo en retirada, la neurosis, pánico, estrés, la codicia, son todas palabras que caracterizan a cualquier ciudad del planet a, y a sea una pequeña ciudad como la que aparece en la película o una megalópolis como Buenos Aires o Nueva York. Nadie conecta estas palabras con la naturaleza, porque en la naturaleza todo está en armonía. Todo esto me hace sentir que es tiempo de retirarse hacia la naturaleza. Serbia es de los últimos sitios en Europa en cuyos campos puede respirarse algo de aire puro. En las ciudades falta el oxígeno, lo que afecta el cerebro de los que viven en ellas. Por eso construí mi propia aldea, donde reúno el cine y la vida.

Kusturica alude a Küstendorf y definió así en 2004 las características de ese lugar situado entre colinas serbias al sudoeste de Belgrado: "Perdí mi ciudad durante la guerra. Fue por eso que me planteé construir mi propia aldea. Tiene un nombre alemán: Küstendorf. Tendrán lugar allí seminarios destinados a quienes quieran aprender a hacer cine, conciertos, cerámica, pintura. Es el lugar en el que viviré y al que cierta gente podrá venir de tanto en tanto. Sueño con un lugar abierto a la diversidad cultural que se oponga a la globalización". La ciudad es hoy una realidad y arrastra el destino paradójico de ser absolutamente mediterránea y llamarse "Ciudad costera". Además funcionó como set para la filmación de La vida es un milagro.

—Actualmente estamos trabajando en el Segundo festival de cine y música y los invitados serán Jim Jarmusch y Oliver Stone. Van a asistir estudiantes de todos los lugares del mundo y allí tendrán la oportunidad de mostrar sus trabajos, tal como ya ocurrió el año pasado. Nuestra experiencia con el festival anterior fue impresionante. Siete días de arte a pleno, películas y músicas parecieron darnos el derecho para hablar del exilio de Küstendorf, de que es el mejor lugar para huir de la industria. A cierta distancia de allí inauguramos el cementerio de las malas películas. El año pasado enterramos allí Duro de matar IV , pero todavía no decidimos a quién le va a tocar este año, pero temo que el cementerio termine por ser demasiado pequeño considerando la enorme cantidad de películas espantosas que se han estrenado. Lo puse en lo alto de una colina y creé allí mi propio set para hacer mis películas de un modo realista. Felizmente no se parece en nada a Hollywood que es un lugar que ya no es en absoluto realista.

También Küstendorf es una fábrica de proyectos: uno de los más llamativos es la producción de jugos frutales orgánicos, a los que bautizó con nombres de figuras de la política. "Dado que decidimos hacer una bio revolución en la producción de jugos frutales era lógico que eligiéramos los nombres de aquellos que simbolizan lo revolucionario. Así, el jugo de frambuesas se llama Che Guevara, el de zarzamoras lleva el nombre de Tito y así sucesivamente, de Fidel Castro a Lenín. En nuestro Küstendorf sólo puedes beber y comer los productos naturales que fabricamos. En cierta oportunidad, un visitante pidió una Coca-Cola y se le informó amablemente de que no la producimos simplemente porque no tenemos la receta."

Hay ciertas constantes en el cine de Kusturica. La apuesta a los jóvenes, la trama intensa entre tonos de la música y del relato, un cartel que cierra sus filmes con la leyenda "happy end".

—¿Qué significa el letrero "Happy end" que cierra sus películas? ¿Se trata de ironía o de esperanza?

—Es esperanza. La muerte siempre puede esperar. Por primera vez quise que una de mis películas tuviera un verdadero final feliz y como en Gato negro, gato blanco, creo que hacer Promise... tiene algo de psicoterapéutico. Es al menos así como lo siento. Es lo que hacemos con nuestra música.

—¿Cómo fue la experiencia de la realización del filme acerca de Maradona?

—Maradona es mucho más que un futbolista y que un deportista famoso. Por mucho tiempo fue una especie de reivindicador de los humillados y los perseguidos, esos pueblos entre los que veía al mío. No me interesaban las historias baratas y sensacionalistas en torno de quien es hoy el personaje más popular del planeta. Hay demasiadas de esas historias, basta con abrir cualquier diario o revista. Me interesaba su persona, su forma de ser, su manera de ver las cosas y su fuerza para sobreponerse a todo lo malo que le pasó en la vida. Debo admitir que cuando lo tuve cerca me fascinó. Es una de las personas más intensas y sentimentales que conocí en toda mi vida. Con esa fuerza y esa forma de encarar la vida, no sorprende que haya terminado por ser el mejor futbolista de todos los tiempos. Me hizo muy feliz ser parte de la vida de Maradona, y ver que está mucho mejor que en la última década. Para mí fue muy importante, porque cuando era joven fue uno de mis pocos héroes, la concreción de todos los sueños que pueden existir alrededor del fútbol. Pese a haber sido un hábil mediocampista, hoy juego poco, tengo 53 años y mis músculos se resisten a saltar como antes.

—La música parece ocupar un lugar impor tante en sus películas. ¿Hay una relación entre interpretar música y dirigir películas?

—La música es como una hermana de la película. Ambos artes tienen una construcción, una composición y una arquitectura similar, y también se parecen en la forma en que hacen emocionar a la gente. Me gusta tanto la música como las películas. A veces, prefiero tocar que rodar un filme. Simplemente porque con las películas, la gestación es dolorosa, mientras que con la música la alegría está presente desde el comienzo hasta el final. Después de todo, se termina el rodaje, el armado y es como si uno se desprendiera de la película. Con la música pasa algo distinto, en cada concierto se reanuda la comunicación con la audiencia y, con nuestro grupo, generalmente renovamos la alegría en cada tema que tocamos.

"En la realidad de la división sexual de las tareas, las mujeres son las primeras que sufren, en sus casas, en el campo y en los suburbios"

Entrevista a Aminata Traoré, madre del altermundismo africano

FÉRIEL BERRAIES GUIGNY
New African (Traducido para Rebelión por Caty R.)




Dramane Aminata Traoré es una política y escritora maliense que nació en 1947 en Bamako. Intelectual comprometida, fue ministra de Cultura y Turismo de Malí bajo la presidencia de Alpha Omar Konaré. Conocida como una de las principales figuras del altermundismo africano, la maliense lucha en todos los frentes: OGM, algodón, privatizaciones, conservación del patrimonio cultural, divulgación. Tras su obra Lettre au président des Français à propos de la Côte-d'Ivoire et de l'Afrique en général (Carta al presidente de los franceses sobre Costa de Marfil y África en general), publicada en 2005, donde analizaba las crisis africanas y más especialmente la que se desencadenó en septiembre de 2002 en su «pre-carré», L’Afrique humiliée (África humillada) es su último ensayo-denuncia que pone al descubierto las relaciones entre Francia y sus ex colonias. Igualmente destapa las heridas de una África magullada por la globalización salvaje. En L’Afrique humiliée, Aminata Traoré denuncia la especial responsabilidad de Francia frente a las crisis africanas y señala directamente el ya célebre « discurso de Dakar » pronunciado por Nicolas Sarkozy, y también a Brice Hortefeux (ministro francés de Inmigración) y a Erik Orsenna, por su capítulo sobre Malí en su libro Voyage aux pays du coton. La obra de Aminata Traoré es un grito de amor e indignación por un continente siempre saqueado con el pretexto de la ayuda al desarrollo. Nos hemos entrevistado con ella para hablar de su lucha por África y su necesario levantamiento.


Incluso después de la descolonización, África sigue sufriendo una segunda violación que no es imaginaria en absoluto. ¿Para cuándo la emancipación frente al norte? ¿Es una utopía alcanzable?

El ensayo que titulé Le viol de l’imaginaire (La violación del imaginario) pretendía demostrar hasta qué punto nosotros (los africanos) estamos engañados y nos engañamos nosotros mismos mirándonos en el espejo que nos tienden las potencias occidentales y nos atragantamos de palabras. Un doble lenguaje y un doble rasero presiden la gestión de los negocios del mundo y les permiten a menudo imponer sus opiniones y sus reglas. Al interiorizar las imágenes que nos devuelven y los planteamientos que nos hacen, les echamos una mano en el saqueo del continente y en la transformación de nuestras sociedades en el sentido de sus intereses.

En definitiva los dos fenómenos, violación del imaginario y empobrecimiento del continente, van de la mano. Somos vulnerables porque somos flexibles y maleables debido a la falta de confianza en nosotros mismos y nuestros valores culturales. Pero la cuádruple crisis que sacude al mundo –financiera, energética, alimentaria y ecológica- demuestra que nuestros dirigentes se han equivocado de objetivos intentando imponer en todo el mundo su modelo de superproducción, devorador de energía, creador de desigualdades e insostenible. ¿Debemos seguir obedeciéndolos? ¿No deberíamos aprovechar esta crisis para renovar el pensamiento crítico y emanciparnos? Esta perspectiva no sólo es realizable sino, desde mi punto de vista, imprescindible. Sólo necesitamos valentía política, una visión estratégica y la voluntad de cambiar radicalmente la situación de subordinación de nuestro continente. Todos los aspectos de nuestra existencia –alimentación, educación, salud, alojamiento, vestimenta, urbanismo…- requieren un cuestionamiento, y también un ejercicio de creatividad y reconstrucción.

¿Usted dice que por un lado hay una Europa de los valores y por el otro una África de las tinieblas?

Estoy convencida de que la mayoría de los valores a los que se nos ha empujado a volver la espalda, especialmente la humildad y la sobriedad (en vez de la ostentación, el consumismo y el despilfarro), así como la solidaridad y el reparto, nos serán de una gran utilidad a lo largo de este siglo XXI, siglo de todos los peligros. No pretendo que esos valores nos sean específicos, pero sé por experiencia que la supervivencia sólo es posible en la mayoría de nuestras comunidades porque prevalecen esos valores frente a las dificultades. Por eso pienso que nuestro continente no debe perder la esperanza. Además de sus inmensas riquezas naturales, sus poblaciones reivindican los valores socioculturales que son otros remedios para los males infligidos a las relaciones sociales y al ecosistema. Será necesario explorarlos y valorar sus funciones en la vida en conjunto y en el bienestar.

¿Cómo puede recuperar África su destino? ¿La solución es el panafricanismo? ¿Qué hay de la cooperación sur-sur?

El balance de los últimos 50 años de ensayos de desarrollo es bastante ejemplarizante en cuanto a la imperiosa necesidad de explorar otra vía. Es necesario, efectivamente, ser dogmático para creer, a la vista del estado actual del planeta, que no hay alternativas al pensamiento único que equivale a intolerancia, violencia y sufrimiento de la humanidad.

Entonces, la primera etapa de esta búsqueda de alternativa es, desde mi punto de vista, un balance honrado y riguroso de las políticas económicas que ha sufrido el continente en nombre de un desarrollo que todavía seguimos esperando. Dicho balance deberá hacerse también sobre las «transiciones democráticas». Porque en la política, como economía, nos hemos convertido en consumidores de ideas procedentes de los países e instituciones financieras. Digamos, como Joseph Ki Zerbo, que «nosotros dormimos en la estera de los demás» Ese mimetismo sigue enriqueciendo a los ricos con los que nos endeudamos y nos empobrecen material y espiritualmente. Nuestro «desarrollo económico» hasta ahora ha consistido en producir en función de las necesidades de los ricos. La crisis alimentaria no es más que la consecuencia lógica de esta extraversión en el ámbito de la agricultura.

El resultado del marasmo y el aplastamiento del continente no está sólo en la hemorragia (de la deuda, materias primas), sino en la «relocalización» de nuestras economías, su enfoque sobre los bienes y servicios que necesitamos; la producción creará necesariamente los empleos. Por lo tanto, no se trata de replegarnos sobre nosotros mismos, sino de redefinir las prioridades.

El panafricanismo señala el interés de ser nosotros mismos, solidarios frente a la adversidad y los retos mundiales. En ese sentido deberá inspirarnos en la búsqueda de alternativas adecuadas para nosotros.

En cuanto a la cooperación sur-sur, por ahora, miramos hacia los polos de concentración de las riquezas naturales, es decir, el norte. No sabemos mirarnos y apoyarnos mutuamente y menos comerciar entre nosotros, por falta de confianza en nosotros mismos. El choque político e intelectual que se impone deberá conducirnos a revisar nuestro punto de vista sobre nosotros mismos y a encontrar las respuestas adecuadas a nuestros problemas.

¿Qué piensa de la «Chináfrica»? ¿Cree que habrá un chino-colonialismo peligroso en el futuro?

Estuve allí, no me impresionaron demasiado los edificios que crecen como champiñones, los bienes y servicios en abundancia y el consumismo desenfrenado. ¿Hay que envidiar a esa China? ¿Hay que temerla? El coste social y ecológico del modelo chino es tal que debemos ser muy prudentes.

Sin embargo, respeto la manera en que los dirigentes chinos resisten y se imponen, aunque veo en ese modelo que China despliega una amenaza para nuestros países debido a sus inmensas necesidades de materias primas. Pero de ahí a hablar de una «Chináfrica» que sería más o menos similar a la «Francáfrica» hay un paso que yo no cruzaré. No creo que China tenga la intención de desarrollar con nuestros países las mismas relaciones de dominación que las antiguas potencias coloniales.

Esperanza sí, pero sin hacerme demasiadas ilusiones ni en cuanto a la generosidad china ni a los principios políticos que acordemos, en tanto que pueblos, de los márgenes de maniobra que necesitamos en la definición de las relaciones de cooperación. Porque no tengo la impresión de que los dirigentes chinos estén preocupados por la vida de la población. No tengo la impresión de que la China liberal escucha al pueblo chino. Pero pienso que las relaciones entre África y China pueden ser mucho más igualitarias. Ellos pueden estar en condiciones de comprender nuestra voluntad de autonomía si encontramos el medio de formular claramente esta exigencia.

Debería existir fuera del liberalismo salvaje de tipo occidental y francés, una alternativa. Yo voy más lejos y sostengo que África es un continente de futuro si aprende a preservar mejor sus recursos, que son inmensos, y a negociar mejor su destino, y sobre todo si saca el máximo de enseñanzas materiales y económicas de los países desarrollados que han desembocado en el individualismo, un gran aislamiento y a veces en la desesperanza.

¿La ideología de Sarkozy sobre la seguridad ha destruido la política africana de Francia, que todavía permanece actualmente? ¿Qué queda de la política africana de Francia?

Es difícil delimitar los contornos de la política actual de Francia aparte de la inmigración escogida de Nicolas Sarkozy. Cuanto más se avanza, más refuerza él los obstáculos. Estamos en una situación que consiste para Francia y las otras naciones ricas e industrializadas en tomar del sur, incluida África, lo que necesitan, sin reparos y sin ningún miedo de agravar la situación en los países de origen. Estamos preocupados por las medidas del presidente francés sobre la inmigración, que ha hecho extensivas a los demás países miembros de la UE, a través de la Directiva del retorno y el Pacto europeo sobre la inmigración y asilo.

Es una manera para los más poderosos de hacer un frente común dirigido a cerrar los caminos a los residentes de países donde siguen saqueando las riquezas. Pero las élites que consiguen abrirse camino en el mundo cruel del capitalismo globalizado no se dan cuenta de que los ganadores de este sistema no tienen amigos, sino intereses.

¿Qué opina del encarnizamiento mediático de Occidente con respecto a Mugabe?

En el tratamiento de la información sobre Zimbabue, pudimos comprobar hasta dónde pueden llegar los dominantes en la utilización de los medios de comunicación para conseguir sus objetivos. La elección presidencial es el momento más importante de la vida política de los Estados, la de Zimbabue debía permitir a EEUU, Gran Bretaña y sus aliados acabar con el jefe de Estado africano que le gobierna. El voto tenía que conseguir lo que no consiguieron las sanciones económicas, la injerencia y la presión diplomática.

¿Por qué esa intransigencia con Robert Mugabe en un contexto donde todas las economías están asfixiadas y numerosas elecciones amañadas? Porque el dirigente de Zimbabue estorba considerablemente en un contexto internacional dominado hasta ahora por los intereses económicos y geoestratégicos de las potencias occidentales. Su respuesta a la cuestión territorial es un precedente nefasto que hay que suprimir y al propio presidente se le cataloga como un insumiso a quien hay que eliminar.

Con sus esfuerzos y su parcialidad en la crisis de Zimbabue, hasta el punto de utilizar, además de la oposición, los medios de comunicación, las sanciones económicas, el Consejo de Seguridad, la Unión Africana, el G8… las potencias occidentales pusieron al descubierto lo que muchos ya sabíamos: su voluntad de hegemonía. China y Rusia, que así lo entendieron, utilizaron su derecho de veto en el Consejo de Seguridad para bloquearlos. Un aroma de guerra fría flota en el ambiente.

Una cierta África sigue colaborando ¿Cuál es su sentimiento?

Esa África que ha entendido mal que Francia no tiene amigos sino intereses, me aflige. Desgraciadamente se recluta entre aquellos que lo único que quieren es controlar el poder, quieren acceder al poder y hablar en nombre de todos nosotros. Siguen convencidos de que no hay alternativas al «todo mercado», y sin embargo, si se observa el campo político francés en particular y el europeo en general, se ve claramente que no hay unanimidad y que en realidad la mayoría de los franceses no tiene confianza en la globalización neoliberal. Entonces, hay que creer que hay personas más papistas que el papa. También hay que observar que esa África está compuesta por una minoría de ganadores que han logrado hacerse un sitio en el sistema y que se desestabilizan sin remedio cuando se les invita a pensar de otra forma la economía, la política y la apertura al mundo.

Los medios de comunicación occidentales insisten en el «afro-pesimismo» y ciertos dirigentes de África no hacen nada por cambiar este dato, ¿Qué habría que hacer?

Los medios occidentales están a las órdenes de los países más poderosos y de las multinacionales que dominan a la mayoría de ellos.

Sin embargo hay que constatar que también fuera de África la desinformación y el adormecimiento de las conciencias forma parte del juego a todos los niveles y en todos los ámbitos.

El sistema de manipulación que utilizan a menudo no tiene nada de sorprendente cuando se trata de África. Se trata de justificar las relaciones de dominación presentando constantemente al continente como una víctima de sí mismo.

La apisonadora que está en marcha nos permite pensar que podemos establecer nuestra propia opinión y crear dentro de nuestras fronteras los medios para controlar y sancionar a nuestros dirigentes. No debemos dejar esta prerrogativa a las naciones ricas, especialmente a las antiguas potencias coloniales y a EEUU.

Cuando se observa a las democracias occidentales, forzosamente hay que reconocer que los medios sólo agasajan a los dirigentes de los países ricos teniendo en cuenta, por supuesto, su posición y su ideología. Pero los terrenos sobre los que los dirigentes del norte conducen a los medios occidentales están, la mayoría de las veces, relacionados con los objetivos más importantes: Las guerras de Iraq y Afganistán les valieron a GW Bush y Tony Blair una condena unánime en numerosos medios, mientras que en Francia, por ejemplo, las deslocalizaciones, las privatizaciones, el poder adquisitivo, las jubilaciones y los suburbios, entre otros, están en el centro del debate político. La vida privada y las cuestiones personales son secundarias con respecto a los grandes desafíos cuando se plantean e influyen en la opinión sin que predominen las cuestiones nacionales sobre los objetivos mundiales.

Los dirigentes del hemisferio sur, y más particularmente de África y Oriente Próximo, a menudo son objeto de una personalización a ultranza impregnada de satanización, sin debatir el fondo del asunto que se debería aclarar a la opinión pública internacional, como la cuestión de la tierra en Zimbabue o el petróleo en Iraq, Sudán y el Chad, por ejemplo. Los medios independientes que se preocupan de que surja una opinión pública bien informada sobre los grandes retos del siglo XXI, deberían centrarse menos en el desarrollo de las elecciones que sobre la voluntad y la aptitud de los protagonistas políticos de poner en marcha opciones económicas conformes a los intereses de sus poblaciones. En Zimbabue, como en Darfur, Chad, la República Democrática del Congo y otros, hablan de sus derechos sin hacer referencia a la deuda externa o a las condiciones comerciales globales que los condenan a la miseria. En cuanto a los medios de comunicación africanos, en general se comportan como una caja de resonancia que repite el discurso dominante.

La pelota está en el campo de los profesionales de los medios de comunicación africanos, así como en el de los no africanos que se han dado cuenta de que el mejor servicio que se puede rendir a los africanos actualmente es ayudarles a comprender mejor el estado real de sus países y del continente en el mundo, con el fin de evitar extraviarse en combates secundarios.

El continente estuvo en el orden del día, una vez más, justo al final de la cumbre del G8 en Sharm El Sheikh. En todos los casos las perspectivas se ensombrecieron ¿Qué opina?

El continente africano, una vez más, fue instrumentalizado y atraído por el club de los ricos que para hacerse una buena foto aparentan ayudar. El G8 consiguió esta vez, sobre todo, descubrir ese juego al reconocer abiertamente que no cumplió sus promesas de incrementar la ayuda pública al desarrollo que hicieron sus miembros en 2005 en Gleneagles (Escocia). Concluyeron que lo harán mejor a partir de ahora, pero es difícil creerlos teniendo en cuenta las enormes dificultades en las que se debaten ellos mismos.

Los jefes de Estado africanos a quienes volvieron a ofrecer un asiento, hicieron lo que les correspondía recordándoles las promesas incumplidas, pero al hacerlo aparecen en la posición de mendigos que serán juzgados, acorralados y sancionados por los «donantes», que de esta forma roban a los pueblos de África su derecho de control sobre sus gobernantes.

Los jefes de Estado africanos que estuvieron en Hokkaido (Cumbre alternativa al G8 celebrada en Japón, N. de T.) deberían haber recordado contundentemente que África no tendría necesidad de ayuda si no fuese saqueada alegremente en el marco de un comercio internacional donde las reglas juegan a favor de los países ricos. Pero no pueden hacerlo en la medida en que la mayoría de ellos han mordido el cebo de la mercantilización del mundo y lo aprovechan en beneficio de sus clientes, parientes y amigos. Las perspectivas anunciadas en la Cumbre de la Unión Africana han surgido en el marco de un liberalismo económico que permite, cada vez más, el saqueo del continente y el enriquecimiento de un puñado de africanos mientras que otros cientos de millones son condenados al paro, al hambre, a la enfermedad y al exilio.

Koffi Annan y el «African progress report», señalan previsiones alarmistas del avance del hambre y las enfermedades en África, sin contar los riesgos de los cambios climáticos, todo esto ¿no provoca el riesgo de generar conflictos en el futuro?

Seguramente lo peor está por llegar si no damos pruebas de valentía política, espíritu crítico y perspicacia en el análisis de los errores de apreciación y estrategia que están en el origen de las crisis que sacuden el mundo. La revolución verde, en la cual cree Koffi Annan, también debe ser examinada desde este ángulo.

¿Usted opina que Occidente es responsable de los conflictos en Kenia? ¿Qué piensa entonces de lo que pasó en Sudáfrica?

Para hacerme entender, me gustaría que se considere la influencia de las instituciones financieras internacionales y de las potencias occidentales en la economía mundial y, dentro de ésta, en nuestros países tomados individualmente. Kenia, Sudáfrica y casi todos los países africanos, entre ellos el mío, se engancharon desde hace años a las políticas de apertura económica que han agravado el desempleo, la pobreza y las tensiones interétnicas. Pero nadie ayuda a las víctimas africanas del liberalismo salvaje a comprender los engranajes de este sistema para defender mejor sus intereses. Al contrario, en las elecciones se les da la ocasión de pelearse con los dirigentes y matarse unos a otros instigados por líderes que no tienen perspectivas que ofrecerles. Quienes tienen la oportunidad de observar el continente más allá de la deformación que presentan los medios de comunicación raramente van más allá del buen desarrollo de las elecciones y el tribalismo, y concluyen que todos nuestros países están bajo la apisonadora de un liberalismo forzoso, alienante y corruptor.

No hay nada bueno ni estable en nuestros países. Y en definitiva es por esta razón por la que los países más prometedores desde el punto de vista de los liberales terminan explotando bajo la presión de las injusticias, las privatizaciones y las exclusiones. El estallido de los suburbios, de los flujos migratorios, nacen de esos mecanismos que las políticas y sus socios capitalistas no quieren ver.

Y la hora de las elecciones no es nunca la del balance las reformas porque conviene que los pueblos lo ignoren. Ningún país africano está a salvo de la violencia bajo una forma u otra, tanto si las elecciones son democráticas como si no lo son, también la ausencia de falta de información y de educación cívica y política impiden a los electores juzgar a los que tienen el poder y a los que aspiran a defender los intereses nacionales en un mundo de depredadores.

La «caza al extranjero» que surgió en Sudáfrica tiene su origen, en parte, en la misma desinformación y falta de preparación de las poblaciones para analizar su situación en otros términos distintos de las medidas de los extranjeros.

Los adversarios de Mugabe y los analistas, aunque están convencidos de las fechorías de los políticos neoliberales, no han dudado en concluir que él es el responsable de la situación.

En realidad Sudáfrica, que está jugando a fondo la carta del neoliberalismo, ve cómo se incrementa, de un día para otro, el abismo entre la minoría blanca y los nuevos ricos por un lado, y la inmensa mayoría de los negros (incluidos los sin tierra) por el otro.

¿Cuál es el papel y el lugar de la mujer africana en la evolución de nuestras sociedades? ¿Qué opina de la lucha de algunas mujeres como Wangari Maathai ? ¿Quiénes son las mujeres africanas que le inspiran? ¿Cree que las esposas de los jefes africanos serían adecuadas para plantear buenas propuestas y actuaciones interesantes en África?

Existe un gran esfuerzo de renovación de la reflexión que hay que hacer sobre la situación de las mujeres y la cuestión de la igualdad. Lo mismo que es difícil promover la democracia y el respeto de los derechos humanos en un orden mundial desigual y violento, es difícil plantear el papel de las mujeres, inmersas en una lógica de mercado que les priva de educación, cuidados, salud, empleo y alimentos. En la realidad de la división sexual de las tareas, las mujeres son las primeras que sufren, en sus casas, en el campo y en los suburbios de las ciudades. Padecen las consecuencias de la degradación del medio ambiente teniendo que ir a buscar el agua y la leña cada vez más lejos. La tasa de mortalidad maternal durante el parto sigue siendo escandalosamente elevada en África. Sin olvidar el pesado tributo que pagan, por falta de medicinas, a las enfermedades curables y al sida. En caso de conflictos armados en nombre de una democracia a la baja, se ven obligadas a huir con sus hijos y sufren violencias tanto en su campo como en el del adversario.

En tiempos normales los males de los sueldos de miseria, la rebaja de los precios de los productos agrícolas y otros perjuicios afectan a las mujeres, que están al pie del cañón de noche y de día. Aunque sólo fuera por la situación de las mujeres y los niños, los políticos deberían actuar con honradez y sentido de la justicia en la lectura de los hechos, los papeles y las responsabilidades.

Las numerosas acciones emprendidas en nombre de las mujeres y en su beneficio en los ámbitos más diversos, ciertamente les aportan un alivio, pero no son más que parches provisionales mientras persistan las guerras depredadoras y las luchas fratricidas por la parcela de poder y las migajas que los poderosos del mundo permiten a nuestros países.

Tengo mucho respeto por Wangari Maatai y por Vandana Shiva , de la India, por su compromiso en el frente del medio ambiente y la biodiversidad. Pero de todas las africanas, realmente es mi madre la que más me ha marcado.

En cuanto a las esposas de los jefes de Estados quiero evitar, como en relación con sus maridos, caer en los clichés que pretenden que todos ellos son malvados y corruptos. Lo que pasa del lado de los hombres se verifica entre las mujeres; a menudo tendemos a valorar demasiado la capacidad de los jefes, sus mujeres, sus hijos o sus cercanos para arreglar ciertos problemas y el liberalismo mafioso obligado de los mercados.

Para cambiar los hábitos y las políticas en la cumbre, en la base tenemos que comprometernos en un debate de fondo sobre la cultura política que nos permita controlar y disciplinar a nuestros dirigentes si no queremos que los bomberos pirómanos que dirigen las naciones ricas nos roben esa prerrogativa además de las riquezas que rebosan en el continente.

La solidaridad con los sin papeles desafía la ley

SUSANA HIDALGO
Público




"Me negaré a acatar una ley que es una aberración y supone una regresión en la ética ciudadana". El que habla es Javier Baeza, uno de los sacerdotes de la parroquía de San Carlos Borromeo (Entrevías, Madrid), y se refiere a la recién anunciada reforma de la Ley de Extranjería que perseguirá a aquellos que sean solidarios con los inmigrantes en situación irregular y promuevan su permanencia en España. La norma no especifica si se refiere a particulares o también a ONGs o congregaciones religiosas.

Las multas por acoger a un sin papeles pueden llegar hasta 10.00 euros, pero Baeza, que acoge en su casa a cinco inmigrantes sin recursos (uno de ellos no tiene papeles) afirma rotundo que no acatará la ley y que se declarará insumiso. No está solo. Recientemente se ha creado la plataforma Salvemos la Solidaridad, que agrupa a profesores universitarios como Julián Ríos o José Luis Segovia, fiscales como Félix Pantoja o actores como Guillermo Toledo y que califica la nueva norma como "intimidatoria".

La plataforma ha recogido en pocos días más de 2.000 firmas en contra de esta persecución. "El objetivo de esta norma es intimidar a los ciudadanos para que nieguen toda forma de apoyo a la persona en situación irregular y ésta se quede sin ningún tipo de ayuda, es decir, en la calle, sin comida, ni vestido, ni dinero", sostiene el manifiesto escrito por los miembros de Salvemos la Solidaridad.

Pero incumplir la ley tiene consecuencias. "La primera es meter miedo a la población: Si no cumplo la ley, tendré antecedentes penales, o si no pago, deudas con la Hacienda Pública", afirma Baeza. A su lado, escuchan muy atentos Mohamed, Abdennabi y Remigio. Los dos primeros son marroquíes y viven en casa del sacerdote. Remigio es de Guinea Ecuatorial, tampoco tiene recursos y va muchos días a comer a casa de Baeza.

En los bajos de un camión

Mohamed, además, no tiene papeles. "Me expulsaron a Marruecos, pero en septiembre me colé en el puerto de Ceuta en los bajos de un camión y volví a casa de Javier", explica. El sacerdote asegura que aún se acuerda del día en que le abrió la puerta: "Llegó lleno de grasas y quemaduras por el viaje en el camión. Lo primero que hizo fue agarrarse a una barra de pan duro que vio en la cocina". Los inmigrantes tienen claro qué pasaría si la solidaridad termina siendo censurada. "Salimos de nuestro país, no es gusto dejar a tus amigos, tu barrio. Nos quieren quitar lo poco que tenemos", sostiene Abdenabi que, aunque ahora tiene tarjeta de residencia, ha estado sin papeles.

Pilar y Roberto

Otros que tienen en su casa a varios inmigrantes sin papeles que dependen económicamente de ellos son la pareja formada por Pilar Sánchez y Roberto Borda, miembros de Salvemos la Solidaridad. "En casa viven cuatro inmigrantes y otros tres vienen todos los días a comer. Del total, hay tres que no tienen tarjeta de residencia", explica Pilar, que también está dispuesta a declararse insumisa.

"Además, impulsaremos una campaña de autoinculpaciones, para que se pueda sumar la gente que, sin acoger a inmigrantes, sea solidaria con el planteamiento", agrega esta abogada, que piensa que así la administración se echará para atrás. "No creo que nos vaya a sancionar a todos", afirma.

Pilar considera que la reforma de la Ley de Extranjería no plantea la vía más adecuada para terminar con las mafias y que lo que pretende el Gobierno central es "meter miedo".

Lo mismo piensan los inmigrantes en situación irregular que viven en un piso del norte de Madrid gestionado por la ONG La Calle. Kunta, camerunés de 30 años, conoce la reforma y cree que está "muy mal". "Sin la asociación yo estaría durmiendo en la calle", cuenta este hombre, que era electricista en su país y que aquí no encuentra trabajo.

En el salón de la casa, Kunta (apodo que ha tomado de mítica serie Raíces) está acompañado por otros seis subsaharianos y por Marta Ramos, trabajadora social. "El Gobierno pretende meternos miedo con la ley, pero nosotros vamos a seguir haciendo nuestro trabajo", asegura Ramos, para la que la reforma de la Ley de Extranjería es "una locura y un atentado contra la intimidad y la solidaridad". La ONG tiene unas setenta plazas de acogida para inmigrantes en situación vulnerable y también trabajan con menores extranjeros llegados en patera hasta Canarias. Jacob, de Ghana y de 28 años, es otro de los beneficiados por las acciones de esta asociación. "Aquí me dan de comer y me han pagado también el abono transporte", explica.

En su país Jacob era profesor de inglés y ahora ha empezado a dar clases. Pero habla de ello asustado porque no tiene papeles. Él y sus compañeros no quieren salir en las fotografías mostrando su cara porque tienen miedo. "Desde que llegaron a España se les ha tratado como criminales, cuando lo único que han cometido es una falta administrativa. Pero eso es lo que la policía les ha inculcado y hay que convencerles de que no han hecho nada malo", concluye la trabajadora social.

La denuncia de las ONG:

Una reforma que castiga la acogida

-Según el artículo 53.2 c) del anteproyecto aprobado por el Gobierno, será una infracción grave “promover la permanencia irregular en España de un extranjero”.

-El texto añade: “Se considerará que se promueve la permanencia irregular cuando el extranjero dependa económicamente del infractor y se prolongue la estancia autorizada más allá del periodo legalmente previsto”.

-El texto del nuevo artículo sólo hace una salvedad: “Se tendrán especialmente en cuenta todas las circunstancias personales y familiares”. De esta forma, el Gobierno pretende dejar libre de sanción a quienes ayuden a un familiar.

-Según expertos juristas, este texto podría castigar cualquier muestra de solidaridad, y dejaría al arbitrio del juez considerar cuándo se comete la infracción de mantener a un irregular económicamente.

-Además, según señalan desde el departamento jurídico de la federación de ONG Red Acoge, no sería lícito multar a quien no tiene culpa –el ciudadano que acoge– por una infracción que comete un tercero –el inmigrante que prolonga su situación irregular en España–.

-Este nuevo artículo equipara ante los ojos de un juez a quien mantiene económicamente a un irregular con el que falsea el empadronamiento de un inmigrante, o bien con quien contrata sin permiso a un ‘sin papeles’.

-A estas tres infracciones se les podría imponer la misma sanción: hasta 10.000 euros.