"A woman a man walked by", PJ Harvey & John Parish (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Hace trece años que John Parish dejó de ser “únicamente” multiinstrumentista y productor de PJ Harvey para convertirse, desde ese momento, en coautor de canciones. Como es lógico, él se encargaba de la parte musical y ella ponía la letra y voz.

En esa época, el año 1996, editaron "Dance hall at louse point", disco repleto de cambios de ritmos, diferentes entonaciones de voz y un sinfín de “ruidos” que aparecían a lo largo del trabajo. El resultado final era algo deslavazado y carente de la fuerza esperada, precisamente por eso, su intento de acaparar demasiadas formas no acababa de resultar atractivo.

“A woman a man walked by”, al igual que su predecesor, nace justo después de que Parish haga las labores de producción para la cantante inglesa. Si hace años se editaba tras "Bring me your love", en esta ocasión, surge a rebufo del “White Chalk”.

PJ ha demostrado, según el transcurso de los años, que no es una persona que esté cómoda encerrada en unos mismos límites a la hora de componer. En sus propias palabras, se sentía morir cuando entraba en esa época de composición automática donde le salían canciones con aparente facilidad.

No hay más que echar un vistazo a sus últimos discos, para ver cómo ha ido saltando de formato en formato. Si hace tres años sacaba "Uh Huh her", un disco contundente, guitarrero y directo, su último en solitario, "White Chalk", era minimalista, más trágico y con el piano como elemento canalizador. Tras éste, ahora llega la colaboración con Parish.

Todo surge con el tema elegido como single, “Black hearted love". Buena composición, muy rockera y cantada de una manera limpia, lo que le haría encajar perfectamente en el "Stories from the city, stories from the sea". Aun siendo el adelanto, no es para nada significativo de lo que encontramos al desmenuzar el disco. Según vamos avanzando aparecen diferentes “sensaciones”. Hay un empleo de excesiva instrumentación, lo que da sensación de saturación, y como ya pasara en su anterior disco conjunto, no ayuda a construir unos mimbres sólidos. “Sixteen, fifteen, fourteen"” es una de las más conseguidas, se trata de un ritmo tortuoso, acompañado de una voz ansiosa junto al acompañamiento de mandolina y unas palmas que van incrementando su intensidad. “Leaving california”, "The soldier" y "April", encarnan los momentos más tranquilos, sin mucha orquestación y cantadas con fragilidad. Poco más interesante vamos a encontrarnos, muy al contrario nos topamos con algunos disparates como “The chair”, saturadísima de sonidos y nada atractiva. Algo parecido sucede con las exageradísimas "Pig will not" y " A woman a man walked by/The crow knows where all the little children go", donde aparecen guitarras chirriantes y PJ canta desafiante y violenta casi pareciendo activista del movimiento "riot girl".

Así pues, la suma de todas sus canciones no da un resultado demasiado satisfactorio, hay momentos que piden nuestra atención pero no es suficiente para lo que se espera de PJ Harvey. Es lo que tiene estar en continuo cambio y buscando nuevas salidas, a veces una pierde el rumbo y toma el camino equivocado o poco afortunado.

El Montseny estrena una moneda local

ALFONSO LÓPEZ ROJO
Directa



El deseo de potenciar una economía colaborativa, justa y ecológica es el motivo que ha comenzado a unir a los habitantes del Montseny con el propósito de restablecer lazos sociales de confianza que faciliten la comunicación y el intercambio. Estos son los principios que han dado lugar al nacimiento de la Eco Xarxa Montseny, una asociación de ciudadanos y ciudadanas que ha apostado por la creación de una moneda local: el ecoseny.

El origen de la iniciativa es bien reciente. Todo comenzó cuando, el pasado 4 de enero, veinticinco vecinos del macizo montañoso se reunieron en Can Bancell -una masía cercana a la población de Montseny- para establecer sinergias y fortalecer su conciencia ecoregional. Durante la reunión, presidida simbólicamente por una cocina solar, va a surgir la idea de comenzar a tejer una red que, por un lado, sirva de nexo de las iniciativas que ya funcionaban en la zona y, por otro, propicie la puesta en marcha de cinco proyectos interrelacionados.

Esta red emergente se define como un “movimiento social para el intercambio de productos y servicios y para la potenciación de la ecología y la creatividad de las personas”. Y sus cinco proyectos son estos: la creación de una cooperativa de consumo que potencie los productos locales; la comercialización de estos productos a través de una red exterior de distribución que incluye la venta on-line; la creación de una red de Internet libre y sin hilos; la creación de una red de ecología y educación que colabore en la defensa del espacio natural del Montseny y, finalmente, la creación del ecoseny, una moneda social que propicie el funcionamiento de una red local de intercambio.

La energía siempre circula

El ecoseny comenzó a circular en forma de billete en la primera Feria de Intercambio que se celebró en la Costa del Montseny, una de las poblaciones más pequeñas de la zona, el pasado domingo 22 de marzo. La idea de introducir una moneda alternativa se debe a Dídac Sánchez-Costa, un sociólogo con una experiencia dilatada, adquirida en Chile, la Argentina y el Brasil: tres países en los que el fenómeno de las monedas paralelas adquirió un gran relieve a partir de 1995.

Actualmente, en muchos los lugares del mundo se han iniciado experiencias similares basadas en el intercambio multirecíproco. Y es que, a diferencia del trueque clásico, el uso de monedas locales permite establecer intercambios simultáneos entre distintas personas y con distintas escalas de valor. La diferencia esencial entre las monedas alternativas y el dinero oficial es que con las primeras no se puede especular y, por tanto, no tiene sentido acumularlas.

Por eso -como observa Dídac Sánchez-Costa- las monedas paralelas se convierten en una buena manera de conseguir que la energía positiva siempre circule en el espacio social. Y es que, en primer lugar, contribuyen a restablecer el sentimiento de comunidad al mismo tiempo que cuestionan la cruda mercantilización de las relaciones sociales desde su ámbito más genuino, que no es otro que el de la vida cotidiana.

La vinculación directa con la ecología y el principio de sostenibilidad de este proyecto comunitario, que tratará de extenderse a toda la ecoregión del Montseny a través de la labor pedagógica de la xarxa y la celebración de eventos locales, toma fuerza y actualidad por su relación con los propósitos de movimientos como el Decrecimiento o Transition Towns.

“Transition Towns”

Éste último movimiento ha tomado fuerza en los últimos años en el Reino Unido a través de pueblos y ciudades que, desde la iniciativa ciudadana e incluso municipal, han comenzado un proceso de transición hacia formas de vida más sostenibles que, entre otros propósitos, incluyen: la disminución de la huella ecológica, el descenso energético y el uso de energías alternativas o la relocalización fomentando una economía de proximidad. Pequeñas ciudades como Totnes, Lewes o Brixton ya tienen su moneda local. Quién sabe, pues, si la nueva red ecoregional y el recién estrenado ecoseny son el inicio de un movimiento similar en Catalunya.

España descubre a Fazal Sheikh


FABRIZIO NICOLÁS
Hoy es arte



Primero piensa y luego actúa o, lo que es lo mismo, conoce a sus retratados –siempre integrantes de comunidades desfavorecidas del mundo en desarrollo–, se implica con ellos, convive, comparte sus condiciones, comprende su realidad y, por último, aprieta el disparador de su cámara. Es Fazal Sheikh (Nueva York, 1965), un fotógrafo consagrado por la crítica internacional pero casi desconocido en España, que hoy abre al público la exposición retrospectiva más ambiciosa e importante realizada hasta la fecha en las salas de Azca de la Fundación Mapfre en Madrid.

Fazal Sheikh: leyendo imágenes es el título de esta muestra que ha sido comisariada por Carlos Gollonet y que, según el propio fotógrafo, es una “sipnosis demasiado perfecta” de su carrera, ya que reúne el conjunto de su obra organizada por series que dan fiel testimonio de las geografías recorridas por su cámara.

Por primera vez, se produce un diálogo entre todos sus proyectos, desde sus inicios con las series de Kenia (1989-1991) y Sudáfrica (1989), hasta sus más recientes trabajos realizados en India entre 2005 y 2008, pasando por Afganistán, Nepal, Pakistán, Somalia o Brasil, países en los que busca representar la dignidad de los retratados y personalizar sus conflictos para que el espectador rompa con sus ideas preconcebidas al contemplar la pobreza

Estilo inconfundible

Trabaja únicamente en químico, “al menos de momento”, recalca el autor, utiliza sólo película en blanco y negro, seguramente porque la información que añade el color no aporta nada a su mensaje, cambia de cámara indistintamente y se sirve en exclusiva de iluminación natural para realizar sus fotografías.

Todos los protagonistas de las imágenes de Fazal Sheikh posan relajadamente ante a la cámara, de manera frontal, sobre sencillos fondos que hacen que toda la atención del espectador se detenga en ellos; la mirada del retratado se encuentra serenamente con la del artista y éste la traslada al espectador. Para ello, utiliza una composición extremadamente cuidada, en la que los contrastes de blancos y negros propician unos resultados espectaculares, de extremada belleza.

Con el paso del tiempo, sus obras han ido evolucionando. El mismo artista que comenzó centrando su atención en refugiados de distintas partes del mundo ha ido abriendo su “diafragma”, preocupándose en los últimos años por la discriminación que sufren las mujeres indias desposeídas de todo derecho y condenadas a sobrellevar una vida difícil.

Asimismo, su arte ha ido evolucionando con los años hasta llegar a un estilo absolutamente personal e inconfundible, basado en un primer plano extremo, en el que el rostro ocupa prácticamente toda la superficie. Parece sentir una mayor confianza y seguridad que le permite aproximarse a los retratados que en muchos casos reflejan de manera nítida en sus pupilas la figura del fotógrafo.

Gran documentalista

Como buen documentalista, sus fotografías van acompañadas de la palabra, necesaria para transmitir el mensaje que busca comunicar, con unos textos que describen el contexto que rodea a las fotografías: el lugar, el acontecimiento, los datos históricos, la persona que retrata... En 1998 añadió un componente más y empezó a recoger las historias que sus protagonistas le iban contando, para asociarlas de manera directa con sus rostros. Es precisamente de esta asociación entre imagen y palabra de donde surge el mayor contraste.

Estas imágenes, que representan historias trágicas y violentas con una asombrosa dignidad humana, han llamado la atención de la crítica, llegando a las paredes de algunos de los museos más importantes del mundo, como la Fundación Henri Cartier-Bresson de París, el Museum of Contemporary Art de Moscú, el Nederlands Fotomuseums de Roterdam, la Tate Modern de Londres, The Art Institute of Chicago o el Internacional Center of Photography y el Metropolitan Museum of Art (MoMA), ambos de Nueva York. Paralelamente, Fazal Sheikh ha recibido dos de los más importantes galardones que reconocen el trabajo de un fotógrafo: el MacArthur Fellowship y el Henri Cartier-Bresson International Grand Prix.

Catálogo ambicioso

Con motivo de esta exposición, se ha editado la publicación más ambiciosa y completa de la obra de Fazal Sheikh, un catálogo cuyas imágenes van acompañadas por textos del asesor de fotografía de la Fundación Mapfre y comisario de la muestra, Carlos Gollonet, de Liz Jobey, periodista, crítica y editora especializada en fotografía, y Eduardo Cadava, profesor de la universidad de Princeton (EE.UU.).

El G-20 y el Fondo Monetario Internacional

VICENÇ NAVARRO
Sistema



Uno de los temas de discusión en la reunión G-20 ha sido el papel que el Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene que jugar en la resolución de la enorme crisis económica y financiera que el mundo está experimentando. Y una de las propuestas que se han aprobado ha sido incrementar sustancialmente los fondos disponibles a esta institución para poder ayudar a los países que se enfrentan a situaciones de gran stress financiero. En principio parecería que esta medida es positiva, pues un número creciente de países se encontrarán en esta situación. Y entre ellos los países llamados subdesarrollados serán los más necesitados.

Ahora bien, tal como ha señalado Mark Weisbrot del “Center for Economic and Policy Research de Washington”, esta medida podría ser un gran error a menos que el FMI cambiara sustancialmente el criterio que ha utilizado para distribuir tales fondos. Durante muchos años este criterio ha contribuido a empeorar la situación de los países que tal institución “ayudaba”. La lista de tales países es muy larga. Durante todos estos años de dominio del pensamiento económico liberal, el FMI (junto con el Banco Mundial) ha sido el instrumento de promoción de las políticas liberales que perjudicaron a aquellos países. Las recetas (aparecidas como criterios condicionantes de la supuesta ayuda) del FMI incluían la privatización de las empresas públicas, la desregulación de los mercados financieros, la eliminación de cualquier tipo de proteccionismo, y la priorización de la economía de los países subdesarrollados basada en las exportaciones en lugar del consumo doméstico (con el fin de conseguir las divisas con las cuales pagar la deuda de tales países a los centros financieros de los países desarrollados). Estas políticas públicas han sido sumamente negativas, creando un gran sufrimiento a las clases populares de aquellos países. Así, en Asia, tales políticas del FMI empeoraron la crisis financiera de Indonesia, Tailandia, Corea y Filipinas. En Europa las mismas políticas liberales perjudicaron enormemente el standard de vida de las clases populares de Rusia (la esperanza de vida de aquel país se redujo en ¡seis años!, como consecuencia de la aplicación de tales políticas). En América Latina, tales políticas hundieron todavía más la economía de Argentina y de otros países, lo cual explica el enorme rechazo hacia tales políticas por parte de la población, responsable del cambio de signo político en la mayoría de aquellos países donde tales políticas se llevaron a cabo. Es importante subrayar que estos países escarmentaron de aquella experiencia y nunca jamás han pedido “ayuda” de nuevo al FMI.

Estas prácticas liberales han continuado hasta hoy. Así, las famosas condiciones de “austeridad” (que es el lenguaje para llevar a cabo aquellas políticas) se han incluido en las “ayudas” a Pakistán, al Salvador y a los países del Este de Europa (que han visto ya varias protestas populares en contra del desarrollo de tales políticas). Es importante contrastar lo que el FMI ha estado exigiendo a los países subdesarrollados con lo que está ocurriendo en los países desarrollados, donde sus gobiernos -frente a la crisis económica- están aplicando políticas de carácter keynesiano (tales como la expansión del gasto público y el crecimiento de la demanda interna, con recuperación de medidas proteccionistas) opuestas a las políticas liberales. Cuando tal contraste de exigencias se señala al FMI, la respuesta de tal institución ha sido (al menos hasta hace poco) que lo que “podían hacer los países desarrollados no podían hacerlo los países subdesarrollados”. Argumentaba el FMI que las políticas expansivas en los países subdesarrollados empeorarían la situación, al crecer las importaciones que incrementaría la negatividad de su balance de pagos al no poder equilibrarse tal aumento con el aumento de exportaciones, consecuencia de la recesión internacional. Esta respuesta que el FMI daba en contra de las políticas expansivas en los países subdesarrollados asumía que tales países no debían disminuir las importaciones a base de medidas proteccionistas, las cuales estaban prohibidas en las condiciones impuestas por el FMI Tal postura en contra del proteccionismo era la madre del cordero, es decir, era el punto central de la política liberal del FMI. Es alentador que últimamente el FMI ha cambiado de políticas, pasando de defender la austeridad de gasto público (promovida por el anterior director del FMI, Rodrigo Rato, percibido ampliamente por la comunidad internacional como uno de los peores directores que ha tenido el FMI) a favorecer la expansión de tal gasto (bajo la dirección del nuevo director, Dominique Strauss-Kahn). Este cambio es positivo. Pero el FMI mantiene su fundamentalismo en contra de las políticas proteccionistas necesarias para permitir el desarrollo de aquellos países.

Como Stiglitz y muchos otros economistas han señalado, no ha habido ningún país en el mundo que haya roto con su subdesarrollo sin recurrir al proteccionismo. La evidencia de ello es abrumadora. Como ha mostrado elocuentemente Ha-joon Chang en su excelente libro “Bad Samaritans. The Myth of the Trade and the Secret History of Capitalism” (2007), lo que el “libre comercio” y la desregulación de los mercados comerciales y financieros ha significado para los países subdesarrollados ha sido la entrada de los intereses económicos y financieros de los países desarrollados en sus mercados destruyendo su capacidad productiva. Y esta es la consecuencia del “libre comercio” del FMI. Dar más fondos a tal institución puede significar incrementar más la influencia de tal fundamentalismo que ha dañado y continúa dañando a las clases populares de los países subdesarrollados.

Una última observación. El FMI ha sido una correa de transmisión del Ministerio de Hacienda (Secretary of the Treasure) del gobierno federal de EE.UU., situación que alcanzó niveles extremos bajo la dirección de Rodrigo Rato. Históricamente, el director del FMI, aunque siempre ha sido un europeo, lo aprueba en la práctica el gobierno federal. La Unión Europea podría, en caso de que lo deseara, cambiar esta situación (pues sus votos podrían saltarse el veto de EE.UU.) pero nunca lo ha hecho, en parte para no antagonizar al gobierno federal de EE.UU., en parte porque tales políticas favorecen también a sus intereses comerciales y financieros. La profundidad de la crisis está cuestionándolo todo, incluyendo la propia existencia del FMI Estamos viendo una movilización (desapercibida como ocurre con frecuencia en los medios de información y persuasión españoles) a nivel mundial para la eliminación o reforma profunda del FMI Componentes de esta movilización incluyen: a) la campaña a favor de la eliminación de la deuda externa (que supone un enorme sacrificio a países que tienen que consumir a veces más de una tercera parte de sus ingresos en pagar sólo los intereses de tal deuda); b) las reformas propuestas por la comisión de las Naciones Unidas, presidida por Joseph Stiglitz que excluye al FMI del sistema de ayuda a los países en vías de desarrollo, desarrollando otro como alternativa; y c) la más importante, el desarrollo de bancos regionales en Asia (The Asian Monetary Fund) y en América Latina (con la colaboración de Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay), que están creando el Banco del Sur que sustituya al FMI en aquellas regiones. Todas estas son medidas que muestran el gran fracaso que el FMI ha significado en los últimos treinta años como promotor del neoliberalismo. La crisis de este último explica la crisis del primero. (Para una ampliación de la temática cubierta en este artículo, ver Sección “Neoliberalismo y Globalización” en mi blog www.vnavarro.org).

Hollywood apunta a Wall Street

Los guionistas aprovechan el “tirón” de las estafas

LUIS MARTÍNEZ
El Mundo



El cine de Estados Unidos vive un resurgir del activismo político y tira sus dardos no tanto a los gobiernos como a las multinacionales, causantes en buena parte de la actual crisis económica. Filmes en cartel como Duplicity, de Tony Gilroy, y otros a punto de estrenarse como The International, de Tom Tykwer, o Sicko, de Michael Moore, fijan su objetivo en los escándalos financieros.

Un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma. Hay frases que hacen pensar. ¿Cómo se las habrá arreglado el traductor con el diccionario de sinónimos para llegar a este galimatías? It's a mystery, it's a mystery wrapped in a riddle inside an enigma!

Situémonos. JFK, de Oliver Stone. Joe Pesci, en su acostumbrado papel de ser visceralmente desagradable, intenta poner orden conceptual entre tanto caos formal. No puede y, para dar fe de ello, utiliza un trabalenguas similar al que Churchill empleó para referirse a su idolatrada Rusia. El director de la película, todo sea dicho, tampoco se aclara. Al final, los hay que salen del cine convencidos de que Kennedy se suicidó. Y aquí la frase del principio.“Un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”.

La sospecha es así. Desasosiega, enreda, confunde. De alguna forma, Oliver Stone resume, y hasta parodia involun- tariamente, una de las más nutritivas obsesiones que ha presidido un determinado thriller que tiene sus mejores ejemplos en la década de los setenta. La idea motriz es el complot, la certidumbre de que siempre es otro el que mueve los hilos. Detrás de cualquier falsa apariencia de certeza, el sistema nos domina. Basta recordar La conversación (Coppola, 1974), Los tres días del Cóndor (Sydney Pollack, 1975), Marathon Man (John Schlesinger, 1976) o The French Connection' (William Friedkin, 1971) para entender lo creativa que puede ser la paranoia.

Un nuevo panorama. Entonces, era la CIA, el FBI o el KGB las organizaciones que manejaban el cotarro, ahora el panorama es otro. Tony Gilroy con su modélico Michael Clayton, perfecto remake de la conspicua "conspiranoia" de los 70, y con su reciente Duplicity; Tom Tykwer de la mano de The International; o el omnipresente Michael Moore merced a Sicko, la última entrega de sus docudrama de autor a vueltas con el poder omnímodo de la industria farmacéutica, dan martillazos sobre el mismo clavo. Básicamente, la idea es, de nuevo, la misma vieja amiga: nos creemos libres, pero no, alguien en la sombra decide por nosotros. ¿Y quién es el lobo? Las grandes corporaciones. En la globalización que nos asiste, se lee en cada uno de los filmes citados, la Democracia (así, en genérico solemne), que antes caía víctima de los organismos diseñados precisamente para su defensa (la CIA y compañía), está ahora en manos de ejecutivos demasiado globalizados para mostrar clemencia. Ellos deciden por nosotros. La idea es antigua. Aunque la verdad, no tanto. Lo nuevo es que con una crisis global de dimensiones estratosféricas, el asunto ha pasado de lo teórico a lo urgente y sangrante.

Tras el gozoso delirio de los setenta -cine grave soportado por un Hollywood revolucionario, contestón e impertinente-, llegaron los ochenta y con ellos los mensajes sin doblez. John Rambo no conoce de sospechas. Los vietnamitas masacrados, tampoco.

Habría que esperar bastante hasta volver a reconocer las trazas de la conspiración. Y no hablamos de los juegos de acertijos al modo y manera de El código Da Vinci. Al fin y cabo, todo lo que se tenía que decir sobre las sociedades secretas quedó bien dicho (y con mucha gracia) por Chesterton en El hombre que fue Jueves. La segunda edad conspirativa llegó de la mano de Jason Bourne, el espía sin identidad.

En 2002, Doug Liman rodaba la primera adaptación de las novelas de Robert Ludlum, El caso Bourne. Poco más tarde, Paul Greengrass convertía al hombre sin memoria y sin nombre en icono del cine moderno. El cerebro limpio de un Bourne a la búsqueda de su identidad actúa como la mejor y más acertada imagen del hombre sin atributos que toda buena y radical teoría conspirativa necesita para funcionar. Recordemos con Marx, Freud y Nietzsche, que no hay conciencia, no hay sujeto, no hay conocimiento. Tony Gilroy, antes de director, guionista precisamente de la saga Bourne, imagina en Duplicity la vida de dos espías retirados. ¿Para quiénes trabajarán ahora? Para las grandes corporaciones farmacéuticas. Con estos mimbres, el siempre habilidoso director confecciona un atribulado, complejo y, finalmente, efectivo juego de espejos. Todos son engañados, el espectador juega a perderse entre diálogos falsos, actuaciones que parecen verdad y propósitos inciertos. Cuidado, es una comedia, se diría que la versión post-moderna de Charada.

Impostura política. The international, más sentida, más seria, como corresponde a un alemán (esta es la nacionalidad del director Tom Tykwer), se mueve entre los mismo márgenes. Los antes agentes de orden ya no saben los propósitos de sus acciones, no saben para quien o contra quien disparan. Todo es mentira. ¿Y Sicko? Aquí, Michael Moore repite jugada. Como en Fahrenheit 9/11, el objetivo es descubrir la impostura de la política. Manda gente distinta a la que usted ha votado. La diana esta vez es el insalubre sistema de salud americano dirigido por las aseguradoras y los conglomerados farmacéuticos. Y en el fondo, cómo no, la incompetencia, ya un recurso retórico, del siempre patán Bush.

En las tres películas de estreno reciente, el hilo conductor (cada una con su cuota correspondiente, no equivalente, de acierto y error) es la sensación de pérdida. Como en Bourne, no hay más referencias para la acción que el vago recuerdo de una verdad olvidada. En cualquier caso, siempre queda, aunque de forma lejana, la borrosa memoria de un punto de apoyo, de certeza moral. De hecho, tanto en The international como en Duplicity, al final se aclara quién es el bueno y quién el malo. Moore no se espera a tanto, la certeza moral es él.

Ninguna de ellas da el paso decisivo. No hay verdad más allá del desconcierto. Dios, “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”.

La crisis que no solucionará el G-20

El Fondo Mundial contra el Sida , la Malaria y la Tuberculosis no consigue en Cáceres los 5.000 millones de dólares necesarios para garantizar la financiación de sus programas

AINHOA IREBERRI
Público




En 2007 murieron en el mundo cerca de cinco millones de personas de sida, malaria y tuberculosis. La buena noticia, ante esta cifra, es que hay un organismo que parece haber encontrado la manera de gestionar con eficacia las ayudas de los países ricos a la lucha contra estas enfermedades. La mala es que, debido a la crisis económica, existe un déficit de casi 5.000 millones de dólares (unos 3.875 millones de euros) entre los fondos necesarios para financiar sus programas.

El organismo que podría obrar el milagro se llama Fondo Mundial de Lucha contra el VIH/sida, la malaria y la tuberculosis (FM) y es ahora mismo el principal financiador contra estas pandemias. Desde el pasado lunes, y hasta ayer, se reunió en Cáceres junto a los países donantes, 30 en la actualidad, que le han confiado sus fondos para que los gestione

El objetivo de la reunión era evaluar si los Gobiernos cumplirían con los compromisos adquiridos con el FM para el periodo 2008-2011, fijados en la reunión previa, celebrada en Berlín en 2007. España sacó buena nota al comprometerse a donar 600 millones de dólares y en Cáceres anunció a través de la Secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Soraya Rodríguez que acababa de aprobar 213 millones de dólares para el año 2009. Estas cifras le convierten ahora mismo en el quinto donante mundial y, si el compromiso se mantiene tal y como parece, le harán ser el cuarto cuando finalice 2010.

Ni España ni el resto de países participantes en la reunión han decidido, pese a las crisis económica, rebajar sus ayudas al FM. Pero el problema de la financiación sigue ahí. Esto es lo que provoca que las ONG y el propio Fondo reclamen a los países más generosidad.

El homólogo francés de Rodríguez, Alain Joyandet, coincide con estos organismos civiles en una posible solución: establecer un modelo de financiación del Fondo que se base en un reparto equitativo del FM y no en las aportaciones voluntarias que cada Gobierno decida hacer.

Decisiones vinculantes

Y es que si algo diferencia al FM desde su creación en 2002 es su preocupación por la sostenibilidad de los programas que desarrolla o, lo que es lo mismo, que en enfermedades donde las herramientas de prevención tiene que mantenerse por muchísimo tiempo a veces, para siempre esa ayuda no se quede en un capricho filantrópico.

Por eso, una de las obsesiones del director ejecutivo del FM, Michel Kazatchkine, es que las ayudas a estas tres enfermedades estén en la agenda política de todos los países, lo que incluye la cumbre del G-20 que empieza mañana en Londres. "Estaremos muy atentos a cómo reaccionan los países participantes ante esta cuestión", explicó Kazatchkine, quien recordó que en esta misma cumbre en Okinawa, en 2000, se trató por primera vez el problema de las enfermedades infecciosas. "Hemos escrito a Gordon Brown para comunicarle los objetivos conseguidos", declaró.

Una de las características del Fondo Mundial es la capacidad de autocrítica. Por eso, su director no duda en decir que, si no se consigue solucionar el déficit, habrá que mejorar la forma de administrar los fondos recibidos. También cree que es necesario "duplicar" los esfuerzos de movilización ya que "sólo 13 de los 27 países de la Unión Europea son donantes del Fondo Mundial".

Respecto a la situación española, Soraya Rodríguez no fue capaz de comprometerse a ampliar más el presupuesto aunque dejó la puerta abierta siempre que sea "siendo partícipes de un esfuerzo colectivo". Las ONG españolas presentes en Cáceres habían exigido al Gobierno la aportación de "al menos, otros 100 millones" de dólares.

Pero, ¿qué pasará realmente si no se consiguen los fondos necesarios? ¿Se suspenderán los programas de acceso al tratamiento antirretroviral, a las terapias antituberculosis o la distribución de mosquiteras impregnadas con insecticida? Kazatchkine cree que, llegado al caso, "habría que poner a los países en lista de espera y financiar los programas según vayan llegando los recursos y según la valoración de cada iniciativa por parte de los comités independientes de expertos".

La independencia es, precisamente, otra de las características que diferencia al FM de algunos organismos financiadoras que distan mucho de estar bien vistos por las ONG. Es el caso del Fondo Monetario Internacional, que el representante regional para América Latina de la Alianza Internacional para el VIH/sida definió como "perverso", en lugar de "previsible", calificativo que aplicó al FM.

Los programas que financia el Fondo Mundial son propuestos por el país receptor de las ayudas, siempre en una línea coordinada con el Plan Estratégico de cada país. Tras la evaluación por parte de expertos independientes, una vez que se decide otorgar una ayuda ésta está sujeta al cumplimiento de los objetivos fijados. Entre otras cuestiones, vigilan muy de cerca la corrupción, hasta el punto de que han llegado a interrumpir programas ante la sospecha de desvío de fondos.

El conde de Lautréamont y el ansia de infinito

La editorial Alianza publica una nueva traducción de 'Los cantos de Maldoror'


ÁLVARO CORTINA
El Mundo



El conde de Lautréamont dijo haber visto a Dios cuando miraba hacia lo alto, entre las constelaciones. Lo describe impudoroso, antropófago y animal en los 'Cantos de Maldoror':

"Sumergía sus pies en una gran charca de sangre en ebullición en cuya superficie emergían bruscamente, como tenias a través del contenido de un orinal, dos o tres cabezas prudentes que se bajaban enseguida, con la rapidez de una flecha".

Los 6 'Cantos...' (editados por Alianza) conocieron su alumbramiento editorial en 1868, cuando su autor Isidore Ducasse (Lautréamont y su título nobiliario eran sólo pseudónimo) contaba 22 años. Muy poco después, otro joven esteta e inmoralista, Rimbaud, daría a conocer sus 'Iluminaciones' y 'Una temporada en el infierno'.

Sobre estas escandalosas e inexplicables prosas poéticas cuelga la misma aureola maldita, la misma apología de la enfermedad y de la disidencia. Floraciones temperamentales y adolescentes en dos breves carreras con larga estela de influencias. Dice Lautréamont:

"¡Yo utilizo mi ingenio para pintar las delicias de la crueldad!"

Leon Bloy lo encontraba: "descabellado, negro y devorante", y Breton, ya en el siglo XX, difundió sus 'Cantos' como protosurrealismo (como pasó con el Bosco), por encima incluso del ígneo Rimbaud. De Ducasse poco se sabe.

Hijo de diplomático galo, nació en Montevideo y se formó en pequeñas poblaciones de provincia de Francia. Murió a los 24 años. Parece increíble que en un habitante de lugares (en especial por entonces) tan tranquilos, pueda haberse gestado la insania profética de Lautréamont. Si bien, el tedio puede ser un gran revulsivo.

Otra cosa que se puede adelantar sobre él, sobre su enigma, es su afición zoológica. 'Los cantos de Maldoror' (abreviación de "Mal d'aurore", "Mal de aurora") son un bestiario de 185 animales. Algunos ni existen, y de hecho, las notas del traductor, Ángel Pariente, sirven básicamente de diccionario faunístico. El escenario podría ser un osario, o un légamo anfibio y sin sol, o un infierno estrellado.

Recomienda Ducasse/Lautréamont dejarse largas las uñas y destripar bebés y su océano es una "inmensa magulladura sobre el cuerpo de la tierra". Hace copular a hombres y tiburones, y cuenta cómo un bulldog viola a una chica. Los perros, explica, ladran por "ansia de infinito" y los 'Cantos...' tienen este mismo objeto.

"Si la tierra estuviera cubierta de piojos, como lo está de granos de arena la orilla del mar, la raza humana habría desaparecido en medio de dolores terribles. ¡Qué espectáculo! Y yo, con alas de ángel, inmóvil en los aires para contemplarlo". Comprenderán que haya quien piense que el joven Lautréamont murió consumido por el desafuero de la droga.

Este muchacho temerario no sólo eleva su loa en honor del "buen sentido al revés", que dirían los surrealistas, sino también hacia la luz incólume de la aritmética: "Oh matemáticas severas, no os he olvidado desde que vuestras sabias lecciones , más dulces que la miel, penetraron en mi corazón como una refrescante ola".

La estética de la contradicción

Impera, imperioso, el espíritu esteticista de la contradicción sin esclusas, del nudo infame que une los excesos en la sombra irracional de los opuestos imposibles. La contradicción como combate, y el combate como mórbida expresión de lo bello. Vindicación del caos, de lo informe y del vicio: "hice un pacto con la prostitución para sembrar el desorden en las familias".

Se trata de grandilocuentes cantos a la noche. La noche y la ultratumba de las lechuzas en asalto, de los ojos opalinos en el pozo, de las tarántulas, de la pederastia, de las danzas macabras del opiómano: "si después de la muerte no hay otra vida, ¿por qué la mayoría de las noches veo abrirse las tumbas y a sus habitantes levantar suavemente las cubiertas de plomo, para respirar el aire fresco?".

La noche aciaga del poeta misántropo, del Zaratustra que ladra con los perros su ansia de infinito, que preconiza la majestad del último de los hundimientos, guirnalda y aurora de mortandad. Y Dios aúlla:

"Os he creado, y tengo todo el derecho a hacer lo que quiera con vosotros. No me habéis hecho nada, no digo lo contrario. Os hago sufrir porque me gusta".