EEUU descubre a Ensor

La belleza de lo raro. Con una visión macabra de la realidad, en su obra siempre hay espacio para la crítica social


ISABEL PIQUER
Público




Entrar en el mundo de James Ensor es entrar en una feria grotesca de personajes esperpénticos y extravagantes, un carnaval siniestro de esqueletos danzantes. Es tal la fuerza del pintor belga, objeto de una amplísima retrospectiva en el MoMa, que sus cuadros consiguen disparatar la estructura simétrica y ordenada del museo neoyorquino y llevársela en un torbellino alegre y mórbido, una cacofonía de colores y barbaridades.

Ensor (Ostende 1860-1949) fue una figura crucial en la vanguardia belga del siglo XIX y precursor del Expresionismo del XX. Su trabajo tan peculiar, su trayectoria individualista, difícilmente catalogables, influyeron a artistas tan diversos como Paul Klee, George Grosz, Alfred Kubin o Emil Nolde.

Nada es del todo real en la obra de Ensor. Una naturaleza muerta, el retrato de una tranquila tarde de verano esconden la sospecha de una dimensión extrafalaria que el pintor disfruta revelando.

La muestra que el MoMA inaugura este domingo incluye cerca de 120 obras que cubren la etapa más fructífera del pintor, de 1880 hasta mediados de 1890. Aquí están sus escenas fantásticas y fantasmagóricas de máscaras inquietantes y personajes exagerados, aunque se echa en falta la pintura que le dio a conocer, Entrada de Cristo en Bruselas (1888), propiedad del museo Getty de Los Ángeles.

"La diversidad del trabajo de Ensor le ha permitido escapar de las clasificaciones, tanto artísticas como históricas", subraya la comisaria de la exposición, Anna Swinbourne, "es parte del atractivo especial que ha seducido tanto al público como a los otros artistas".

Excepto por los tres años que pasó en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, Ensor vivió toda su vida en Ostende, incluso durante las dos guerras mundiales. Instaló su estudio en la casa familiar, encima de la pequeña tienda de recuerdos y curiosidades de su madre, donde entre otras cosas, vendía máscaras a los turistas y veraneantes. Los vaudevilles de gira por el balneario, entonces extremadamente popular, y por lo visto los trajes algo excéntricos que solía ponerse su abuela, componían parte de su universo.

Contra las normas

Ensor empezó pintando retratos, pero su carrera se volcó rápidamente hacia lo irreverente y pronto se involucró en el grupo vanguardista Les XX (Los Veinte), cuya meta era animar nuevas tendencias artísticas en Europa, sobre todo después de que los salones oficialistas rechazaran sus trabajos. El grupo no duró mucho, apenas diez años pero estos le sirvieron para tomar contacto con sus contemporáneos, los maestros impresionistas que tanto influyeron en su obra. Monet, Renoir, Rodin entre otros expusieron para el grupo.

A mediados de los ochenta, Ensor, víctima de una úlcera y de un profundo desengaño sentimental después de que su familia no le dejara casarse con la mujer a la que se había prometido, volvió a la pintura religiosa. Y ahí descubrió la luz.

Fue entonces cuando se dedicó a trazar los tormentos de Cristo para mostrar su rechazo y disgusto con la sociedad, toda una serie de bocetos y cuadros que culminaron con el enorme Entrada de Cristo en Bruselas. En uno de los gigantescos dibujos que se pueden ver en el Moma, Cristo aparece rodeado de una muchedumbre amenazante que recuerda las pinturas negras de Goya, bajo un cartel de Charcutería Jerusalén.

Influido por los colores impresionistas y la imaginería grotesca de maestros flamencos antiguos, como El Bosco y Bruegel, se dedicó a desarrollar temas y estilos vanguardistas de las situaciones que más tenía a mano. Las fiestas de Ostende, que le producían repulsión y rechazo le permitieron representar a la humanidad como algo estúpido, amanerado, vano y odioso, retratando a los individuos como payasos o esqueletos, y reemplazando los rostros por las máscaras de carnaval, las que vendía su madre, desfigurados por pinceladas violentas.

Descaro sin concesiones

"Las máscaras significan para mí la frescura del color, suntuosas decoraciones, gestos salvajes y sorprendentes, expresiones sobresaltadas, turbulencias exquisitas", comentó el pintor en vida. Experimentaba constantemente; a veces volvía a trabajar antiguas obras, con collages o con nuevas técnicas cambiando totalmente el original. Años después de pintar su autorretrato con un sombrero a flores en 1883, le añadió un nuevos elementos que dieron a la obra un espíritu cercano a Rubens.

La carrera de Ensor fue intensa y corta, pero no dejó de pintar sátiras despiadadas. Su imaginación grotesca no tenía límites para ridiculizar a los poderosos de la época. En el Alimento Doctrinario (1889) no duda en retratar al rey y otras figuras de la política belga, el ejército, la iglesia, defecando tranquilamente sobre un grupo de ciudadanos. En Los Jueces Sabios (1891) critica sin reparos el sistema judicial corrupto de la época y los magistrados aparecen sentados frente a una mesa con restos de cadáveres.

Nadie se libra de la burla, ni los médicos que aparecen como unos matasanos histéricos sacándole las entrañas a sus pacientes, ni los músicos, mimetizados en bestias amorfas, ni los cocineros, sirviendo, en una de las estampas, un pescado con la cara del propio Ensor.

No dejaba títere con cabeza, literalmente. No hay tema que escape a su profunda y despiadada ironía ni siquiera él mismo, objeto de su propia sorna. Muchos de sus amigos y contemporáneos se encontraron colgados en el mundo extraordinario del pintor. Sus ataques contra el sistema, contra el rey, la religión y el ejército, fueron extraordinariamente duros, pero los ciudadanos de a pie tampoco escaparon de su humor, a veces escatológico, como muestran las imágenes de la muerte y la peste abalanzándose sobre una muchedumbre histérica.

El triunfo de los desheredados


MAHMUD SENADJI
Oumma


Este mes de junio ha estado marcado por dos discursos y dos convocatorias electorales principales cuyas consecuencias pueden dibujar la orientación del futuro mundial con respecto al problema central de nuestra época: ¿Diálogo o guerra de civilizaciones? El lugar geográfico del conjunto de esos acontecimientos es Oriente, y en el corazón de dichos acontecimientos la relación del Islam y Occidente, de la cual el conflicto entre Israel y Palestina es el símbolo más elocuente.

El primer acontecimiento fue el discurso programático de Obama en El Cairo, lugar simbólico, cuna de las civilizaciones, del cruce de religiones y de la simbiosis entre la tradición y la modernidad. En su alocución dirigida a los musulmanes, el presidente estadounidense recordó el alcance espiritual, el mensaje pacifista del Islam y la aportación de esa civilización a la cultura mundial, señalando que los musulmanes de hoy se han alejado del espíritu de ese mensaje. El aspecto cultural de su discurso tenía una finalidad política cuya idea central es la reconciliación de los musulmanes con el Islam, una reconciliación que tenga como modelo político a los países moderados, como el caso de Egipto, y la no violencia como filosofía de combate, puntos de referencia para una refundación de la relación de Estados Unidos con los países musulmanes.

Esta filosofía reduce el conflicto israelí-palestino a un conflicto de derechos cívicos y pasa por alto su naturaleza colonial. Dicho conflicto, de esencial colonial, sobrepasa a sus únicos protagonistas (israelíes y palestinos) para poner en evidencia la relación en la que se engloba: Occidente-Islam. El alcance programático del discurso de Obama en El Cairo se dirigía sobre todo a influir en la orientación de las elecciones en Líbano e Irán, una orientación que se comprueba conforme con la estrategia estadounidense en la región. El discurso de Obama dirigido esencialmente a los musulmanes una semana antes de las elecciones libanesas e iraníes, pretendía influir con toda su fuerza para conseguir el fracaso de la oposición en Líbano, con Hezbolá a la cabeza, y el triunfo de los reformistas en Irán.

Con la ayuda de los países árabes «moderados», el dinero de Arabia Saudí, un sistema electoral arcaico y una presión internacional sin precedentes, en Líbano se consiguió el objetivo. Por su configuración étnica y su constitución histórica, Líbano es receptivo a los aires de Occidente. Hezbolá, por medio de su líder Hassan Nasralá, aceptó la vía de la legalidad y se sometió a la voluntad popular expresada por las urnas, demostrando que el espíritu democrático y político de Hezbolá tiene como único axioma que ninguna voluntad puede prevalecer sobre la elección del pueblo. Se ha escrito mucho sobre la fuerza militar de Hezbolá y su capacidad de imponer un orden político en Líbano, pero la realidad demuestra que la organización está profundamente anclada en el tejido sociopolítico del país y que la fuerza victoriosa que derrotó a Israel acepta su justo lugar de oposición en el tablero político interno.

Los movimientos islamistas, que se considera que poseen una esencia dictatorial, aceptan legalidad de las urnas, reconocen su derrota y mantienen toda su confianza en la administración del país que proyectaban gobernar. El guión libanés no se ha reproducido en Irán. Lo que era previsible. Ahmadinejad era el candidato favorito y todo le destinaba a un segundo mandato. Lo importante era transformar su victoria cierta en un auténtico proceso del régimen. Mucho antes de las elecciones ya se lanzó la idea de que una probable victoria de Ahmadinejad sólo podía ser producto de un «rellenado de las urnas». Una campaña mediática orquestada con esmero daba la impresión de que Teherán estaba más cerca de Occidente que de la Revolución y sus dirigentes.

No ignoramos la dinámica social de la sociedad iraní, de la que una parte, principalmente la juventud de las ciudades, aspira a un cambio; y no es una parte pequeña, ya que representa el 33% de los sufragios emitidos. Pero esa dinámica no puede prescindir de otra verdad: Irán no se reduce a una parte de la juventud de Teherán. Las elecciones iraníes, al contrario de lo que se dice aquí y allá, principalmente sobre el fracaso y la condena de la República Islámica, se inscriben en el espíritu de la Revolución de 1979, porque marcan la victoria definitiva de los desheredados.

Las personas que votaron a Ahmadinejad no tienen acceso a Internet, no se miran en la vida de las estrellas, no poseen móviles multifunción, no lucen brazaletes y no padecen la falta de libertad, sino la falta de justicia social. No tienen el espíritu vuelto hacia Occidente, sino hacia ese hijo del pueblo y esa Revolución que ha convertido al hijo de un herrero en el servidor de un pueblo, un pueblo determinado a transformar la historia del mundo.

Por lo tanto, la reelección de Ahmadinejad se inscribe en la fidelidad a la Revolución Islámica de 1979. Los hijos de los desheredados de 1979 quieren seguir los ideales de sus padres. Lo que les faltaba a los iraníes, y al mundo, en la época del sha no era la idea de libertad, sino la de justicia. En nombre de la Ilustración y la filosofía liberal, occidente ha hundido al mundo durante más de tres siglos (la esclavitud y la colonización) en un mar de injusticia. La victoria de Ahmadinejad es la victoria del pueblo. El triunfo definitivo de la Revolución Islámica. De la soberanía popular. De la idea de la justicia.

Como en una gran parte del mundo musulmán, particularmente en el mundo árabe, la juventud de Teherán vive, según la expresión de Marc Côte, en un espacio que mira hacia Occidente. Así, al contrario que en el universo árabe, el modelo del pueblo iraní no está en la refinada juventud con sus aspiraciones a la modernidad, sino en el Irán profundo y su cultura musulmana. Lo que se critica de Ahmadinejad se sitúa más en su condición social y en su promesa de luchar contra la corrupción, que en sus elecciones políticas.

Fue bajo el reinado de Khatami, el promotor de la idea del diálogo de las civilizaciones, cuando se clasificó a Irán en el centro del eje del mal. Y es la determinación de Ahmadinejad en su enfrentamiento con el orden injusto del mundo la que ha aumentado su popularidad y ha inculcado en los iraníes el sentimiento de que deben traducir su fuerza en una misión para un mundo más justo.

Ahmadinejad era casi un desconocido en 2005. Como tal ganó las elecciones presidenciales contra Khatami. Rafsandjani, repudiado por las elecciones legislativas y presidenciales, sólo pretendía defender sus intereses. Entonces, ¿cómo se explica la alianza del conjunto de los candidatos presidenciales y del campo reformista contra Ahmadinejad? Desde 1979, Irán nos tiene acostumbrados a elecciones limpias y la administración ha demostrado, a lo largo de todas las elecciones que se han celebrado en Irán, que nunca ha estado al servicio del gobierno, sino al servicio del pueblo.

Ahmadinejad siempre ha ejercido sus funciones políticas desde la legitimidad popular. ¿Podemos admitir que una persona, frente a los desafíos que esperan a Irán, se pueda seguir considerando servidora del pueblo a sabiendas de que ha robado su victoria? ¿Podemos comparar a la administración iraní con la de un país árabe cercano (Egipto) o lejano (Argelia), que sin ninguna duda han hecho y deshecho las elecciones al gusto de los príncipes y con la bendición de las capitales occidentales?

La vieja guardia, la nobleza del régimen, de alguna forma se niega a admitir que el hijo de un herrero, el pueblo sin más, los desheredados, la representen. El pueblo necesita su representación y sólo llega a la conciencia de sí mismo bajo la égida de una élite ilustrada. Según esa corriente de pensamiento y su vinculación con Occidente, con Ahmadinejad y el guía de la Revolución Islámica, Irán está condenado al fracaso.

En esa oposición también se diseña la orientación filosófica asignada a la Revolución. Los reformistas, al crear la ilusión de una victoria en las elecciones, puesto que ya las habían ganado en el terreno mediático después de lanzar el descrédito sobre el régimen (sin que el resultado estuviese a su favor), quieren reapropiarse de la Revolución, aburguesarla y confinarla en el marco del Estado-nación. «Iranizar» la Revolución Islámica y convertir a Irán en el alfa y omega de la acción política.

La pretensión de aburguesar la Revolución tiene como telón de fondo el espíritu de la Revolución Francesa. La tendencia estaba presente en el movimiento revolucionario, pero relegada a un segundo plano por la grandeza de Jomeini y el aliento de espiritualidad política de la Revolución. La occidentalización contra la que se sublevó el pueblo iraní en 1979 ha acabado ganándose a una franja de la población por medio de la globalización.

La occidentalización del mundo durante los dos últimos siglos se asocia con la modernidad. La modernidad en el mundo musulmán ha dado lugar a una dominación del Estado contra la sociedad y de esa forma se ha convertido en un obstáculo mayor para la emancipación del pueblo y la llegada de la democracia. La modernidad política en el mundo musulmán se ha revelado antipopular en la práctica. Tratado como un siervo, el pueblo sólo puede optar por la resignación, el servilismo, el exilio, el suicidio o la cólera asesina.

Esta ecuación occidentalización-modernidad es la que Irán desdeña y rechaza. El triunfo de Ahmadinejad marca la victoria definitiva de la llegada de la espiritualidad política como factor determinante de la globalización. Así, constituye el cumplimiento de la Revolución Islámica de 1979. Contra la modernidad política surge el Islam político. Si «el Islam político es incapaz de responder al desafío de la modernidad política» es porque en él está la negación. La modernidad política entendida como secularización de la política y separación de las esferas engendra inevitablemente la exclusión del pueblo como actor político y aúpa a una minoría occidentalizada, dominadora y arrogante, a la vanguardia depredadora de las riquezas de la nación.

La globalización es un mazazo al dúo occidentalización-modernidad. La victoria de los desheredados en las elecciones iraníes tiene la tarea filosófica de liberar al mundo de las garras ideológicas de la modernidad política. La globalización, por la elección de Ahmadinejad, es una salida definitiva de la teoría filosófica de la historia entendida como el futuro mundo de Occidente.

El mundo, ahora más que nunca, padece una escandalosa falta de justicia. El mundo necesita a Irán. Al Irán de Ahmadinejad, que otorga a los desheredados del mundo la voz de la que carecen. La reelección de Ahmadinejad marca el cambio mundial y el desplazamiento hacia un horizonte social donde la justicia es el bien supremo. La libertad, tal como se despliega en la filosofía occidental, ha terminado convirtiendo el mundo en una selva. El último de los acontecimientos señalados es el discurso de Netanyahu, que muestra descarnadamente el rostro de Occidente rebosante de suficiencia, dominador y arrogante.

Dicho discurso podría haber reconciliado a los dos campos políticos contrarios en el mundo árabe. Occidente no ha expresado ninguna crítica al citado discurso. La reacción de Occidente y el mundo árabe a las palabras de Netanyahu desplaza el asunto israelí-palestino de un conflicto político regional hacia su verdadera naturaleza: Oriente-Occidente. A la imagen de la antigua Grecia, se enfrentan dos verdades. El conflicto no da lugar a ninguna revelación filosófica. La escena es trágica.

La modernidad política ha causado estragos durante siglos al considerar como un credo la cita de Pascal: «Verdad a este lado de los Pirineos, error al otro lado». Un representante de ese dogma, Alexandre Adler, en la presentación de su libro Le monde est un enfant qui joue, el miércoles 17 de junio en la librería Kleber de Estrasburgo, interrumpió mi intervención y me impidió exponer mi pensamiento. Después de escucharle durante hora y media, no se dignó concederme dos minutos. Bastó con que entendiera que las elecciones iraníes representan el triunfo de los desheredados para dictar sentencia: yo no tenía derecho a la palabra.

La modernidad política, donde quiera que se manifieste, nunca admite más reinado que el de su verdad. Ayer Gaza, hoy Irán: se repite el mismo guión. El universo orwelliano extiende su dominio sobre la escena mediática. Con el objetivo de estudiar la realidad occidental, el libro 1984 de Orwell se aplica sobre la concepción de la verdad en el pensamiento occidental. Tanto en la forma marxista como en la liberal, el totalitarismo es consustancial a la verdad occidental. Los partidarios de la modernidad política siempre se oponen, bien con golpes, elecciones amañadas o detención de los procesos electorales, a la soberanía popular. Irán no es Ucrania, ni un país árabe ni el Irán de 1953.

Ya es hora de que Occidente aprenda a considerar sus verdades como productos de su historia. Y la historia de Occidente no es la historia del mundo. La victoria de Ahmadinejad tiene como objetivo filosófico el advenimiento de otra verdad en el escenario mundial. La que Alexandre Adler no me permitió decir en Estrasburgo y Oumma me permite escribir.

Fascinante fascismo


RAMÓN COTARELO
Nodo 50




El problema que plantea la vida y la personalidad de Leni Riefenstahl es el de la medida de responsabilidad y culpabilidad en que incurren artistas, y artistas geniales como ella cuando ponen su arte al servicio de un régimen odioso y tiránico y contribuyen a glorificarlo actuando de propagandistas. Es muy conocido el caso de Leon Furtwängler de quien se dice que, al no haberse exiliado y continuar dirigiendo e interpretando música en el III Reich, en el fondo contribuía a legitimarlo.

Cuando leí las memorias de Leni Riefenstahl (Memoiren, Albrecht Knaus, Munich y Hamburgo, 1987, 926 págs) hace ya unos años tuve la clara impresión de que se trataba de un texto exculpatorio en el que Frau Riefenstahl intentaba sobre todo justificarse, ocultar su estrecha vinculación con el III Reich en general y con Hitler y Goebbels en especial y subrayar aquellos rasgos de su trayectoria posterior que pudieran presentarla como una mujer abierta, sin prejuicios raciales y demócrata. Todo eso era evidente en el libro. Bastaba ver cómo hablaba de los Nubas del Sudán para darse cuenta de que sólo una racista puede creer que se quitará la fama de tal y de nazi a base de fotografiar negros desnudos y alabar su belleza. Pero eso era una impresión, muy nítida desde luego, más sólo una impresión que se obtenía de la lectura del libro. Para probar que éste era falaz, que se había escrito para redibujar la biografía de Leni Riefenstahl, la directora preferida de Hitler, se necesitaría una investigación en profundidad. Que es lo que ha hecho Steve Bach con este libro (Leni Riefenstahl, Circe, Barcelona, 2008, 455 págs.).

El problema que plantea la vida y la personalidad de Leni Riefenstahl es el de la medida de responsabilidad y culpabilidad en que incurren artistas, y artistas geniales como ella cuando ponen su arte al servicio de un régimen odioso y tiránico y contribuyen a glorificarlo actuando de propagandistas. Es muy conocido el caso de Leon Furtwängler de quien se dice que, al no haberse exiliado y continuar dirigiendo e interpretando música en el III Reich, en el fondo contribuía a legitimarlo. Y si esto puede decirse de Furtwängler a pesar de que él se limitaba a dirigir e interpretar la música clásica alemana, qué se dirá de Leni Riefenstahl que rodó filmes expresamente dirigidos a glorificar el régimen nazi (como La victoria de la fe, El día de la libertad y, sobre todo, su obra cumbre, la genial El triunfo de la voluntad) o bien orientados a la misma glorificación pero indirectamente, como en Olimpiada.

La obra de Bach, minuciosa y muy bien documentada, trata de dar respuesta a esta cuestión a base de hacer un retrato psicológico completo del personaje contrastando las informaciones que proceden de la propia Leni con lo que dicen de ella sus contemporáneos y cotejando asimismo lo que dice con lo que hace en cada momento. Tengo la impresión de que la biografiada, a pesar de todo, ha conquistado al biógrafo, algo que me explico perfectamente porque en buena medida me sucede a mí: tras haber leído mucho sobre y de Leni Riefenstahl, visto sus películas, sus libros de fotos del África, no tengo dudas de que fue (y, probablemente siguió siendo su larguísima vida) una racista, nazi y gran admiradora de A. Hitler; tampoco de que además era un carácter inestable, que oscilaba entre la exaltación y la depresión, infantil y narcisista. Tenía un afán mórbido por la gloria, la popularidad, las candilejas. Pero era un genio. Sólo El triunfo de la voluntad merece figurar (y de hecho figura) entre las diez mejores películas de todos los tiempos. Y lo mismo pasa con Olimpiada con sus cuatro horas de duración, sobre aquellos juegos olímpicos en los que el héroe absoluto para berrinche soberano de Hitler fue Jesse Owen, un atleta negro. Uno siente cierta recriminación moral cuando admira los planos, el montaje, el ritmo, la belleza de El triunfo de la voluntad y se piensa que con esa película se glorificaba la barbarie de la tiranía nazi. En términos más generales la pregunta es si la obra de arte está por encima del juicio ético o debe someterse a él. Y, en lo que a mí respecta, la respuesta es imposible porque es sí y no al tiempo. El triunfo de la voluntad es una obra de arte y, al mismo tiempo, glorifica el nazismo. Y no de forma adjetiva o indirecta sino de modo directo, consciente y sustantivo.

De la exhaustiva investigación de Bach se sigue que Leni Riefenstahl tuvo desde siempre, desde su niñez, una vocación artística que siguió von pasión, vocación que intentó encauzarse primero como bailarina y luego como actriz hasta que se fijó en su condición de directora. Los años en que Riefenstahl trabajó como actriz sobre todo de las películas de la serie llamada alpina, por ejemplo La montaña sagrada, que la lanzó al estrellato mundial, fueron los de su formación como directora. Y el hombre que más influyó en ella y el que le enseñó cuanto aprendió fue el más famoso director de películas alpinas, Arnold Fanck (p. 62). Y así llegó a dirigir e interpretar al tiempo La luz azul, consiguiendo un gran éxito y consagrándose como directora. El impacto que La luz azul causó en él es lo que llevó a Hitler a decidir que Leni Riefenstahl sería quien dirigiera sus películas. Fue un buen juicio, típico de los nazis que tuvieron siempre y desde el principio un gran sentido para la propaganda política (115). Así alcanzó la gloria de La fuerza de la voluntad, un documental sobre el Congreso del partido nazi en Nurenberg en 1934 sobre la que Bach dice lo siguiente: "Ella procuró obtener reconocimiento de su arte al tiempo que rechazó, hasta el final de su vida, toda responsabilidad moral por su contenido o sus consecuencias. Sólo contaba una cosa: había realizado una película ejemplar, llena de imágenes seductoras que, por inquietantes que sean para nuestros ojos, no se han disipado con el tiempo, sino que sobreviven a las cenizas y las tumbas que con justicia pueden juzgarse como parte de su legado." (p. 171).

Bach demuestra no solamente que la imbricación de Riefenstahl en el nazismo fue total, en contra de lo que ella sostuvo siempre después, durante la desnazificación y posteriormente, sino que había hecho lo que luego negó haber hecho. En concreto, recién nombrada corresponsal de guerra, autorizada a filmar la entrada de los alemanes en Polonia, siempre negó haber presenciado la matanza de Konskie, un pueblito polaco en el que los nazis asesinaron a tiros a un grupo de civiles judíos a quienes antes obligaron a cavar su propia fosa (p. 228); sin embargo, lo hizo. Más adelante, en el rodaje de su película de ambiente español Tierra baja siempre negó haber utilizado como extras a gitanos sacados de un campo de internamiento a los que no pagó por su trabajo y que luego fueron enviados a campos de exterminio de los que sólo regresó un puñado de ellos. Pero fue verdad. (p. 245).

De hecho Riefenstahl pasó los últimos 58 años de su vida (que fue larga, pues murió en 2003 con ciento uno) justificándose, reescribiendo su pasado, reinventándose. Lo cual tampoco debió de ser muy difícil para ella que, según viene a decir Bach, aunque no sea concluyente, tuvo que falsificar su "Prueba de descendencia", un documento obligatorio en tiempos de los nazis para probar que no se tenía ascendencia judía, para ocultar a una abuela que lo era (p. 143). Dice el autor que Leni se aferró a su leyenda de mártir inocente perseguida (p. 291) pero la verdad es que, efectivamente fue perseguida. Cada vez que trató de poner en marcha algún proyecto, se le frustraba; se le retiraban las invitaciones a festivales o a dar conferencias y pleiteó cientos de veces tanto para recuperar los derechos de sus obras que le habían sido confiscados como para querellarse por injurias. Unas veces ganó, otras perdió; unas veces llevaba razón, otras no. Pero el hecho es que, después de Tierra baja, ya no volvió a dirigir película alguna y hubo de transferir sus dotes creadoras a la fotografía, con los libros sobre los nubas, que fueron éxitos mundiales y, por último, la fotografía submarina, a la que se dedicó ya con ochenta años y que le permitió rodar un documental que también tuvo mucho éxito, aunque es bastante kitsch para mi gusto. La pregunta ahora es quién haya perdido más impidiendo que Riefenstahl volviera a dirigir una película, el mundo o la propia Riefenstahl.

El recurso a los nubas como medio de exculparse también vino movido por un genuino afán creativo. Había visto una famosa foto de un nuba desnudo a caballo sobre los hombros de otro al que había vencido, una foto de Robert Rodger, uno de los fundadores de Magnum, junto a Henri Cartier-Bresson y Robert Capa y decidió que iría en busca de los nubas y los fotografiaría para demostrar que no era racista (p. 316). Pero no lo consiguió. A raíz de la aparición del libro The last of the Nuba en los Estados Unidos Susan Sontag publicó un ensayo sobre las "inquietantes mentiras" que había en el libro de Riefenstahl y que se llamó Fascinante fascismo. (pp. 326/327). Un acierto de título.

Este mismo sería también el punto de vista de otro crítico, Wilhelm Bittorf que en un artículo en Der Spiegel titulado Blut un Hoden ("Sangre y cojones"), decía: "El entusiasmo -e incluso adicción- con el cual Leni celebró una vez los cultos de los nazis y los cuerpos de los participantes olímpicos lo dedica ahora a los cultos y los cuerpos de los nubas... Para ella los nubas son, en definitiva, mejores nazis, bárbaros más puros, los verdaderos teutones."( p. 329). Puede parecer injusto pero algo de eso hay. Y, al mismo tiempo, las fotos de los nubas son bellísimas.

La obra de Bach hace también un recorrido por el Berlín de la república de Weimar que no está mal y traza unas pinceladas del III Reich con bastante acierto. Pero el mérito esencial del trabajo es haber un trazado un retrato realista de Leni Riefenstahl, su intensa vida, su vocación creadora, su lucha por reinventarse (sin conseguirlo), su inestabilidad emocional sus complicadas relaciones amorosas que llegaron hasta el final, con un cámara checo al que sacaba más de cuarenta y cinco años. Un libro que quiere ser una crítica a la biografiada y acaba siendo un homenaje.

Por último, la traducción es detestable; está demasiado pegada al inglés y repleta de errores de bulto, de esos de "falsos amigos" muchos de los cuales mueven a risa como confundir "actual" con "real" (p. 220), ignorar que en español los "juicios marciales" se llaman "consejos de guerra" (p. 231) o llamar obstinadamente a Baviera "Bavaria" (passim). A la larga, una tortura.

Ismail Kadaré, Premio Príncipe de Asturias de las Letras

El autor albanés se ha impuesto a Cees Noteboom, Antonio Tabucchi, Ian McEwan y Milan Kundera


J. RODRÍGUEZ MARCOS
El País




El escritor albanés Ismail Kadaré (Gjirokaster, 1936) acaba de obtener el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. El autor de El palacio de los sueños se impuso al holandés Cees Noteboom, el italiano Antonio Tabucchi, el británico Ian McEwan y el checo Milan Kundera. El jurado concede a Kadaré este galardón, dotado con 50.000 euros y la reproducción de una estatuilla de Joan Miró, "por la belleza y el hondo compromiso de su creación literaria".

"Ismaíl Kadaré narra con lenguaje cotidiano, pero lleno de lirismo, la tragedia de su tierra, campo de continuas batallas. Dando vida a los viejos mitos con palabras nuevas, expresa toda la pesadumbre y la carga dramática de la conciencia. Su compromiso hunde las raíces en la gran tradición literaria del mundo helénico, que proyecta en el escenario contemporáneo como denuncia de cualquier forma de totalitarismo y en defensa de la razón", señala el acta del jurado.

Kadaré es, sin duda, el albanés más famoso del siglo XX, un título que durante años le disputó Enver Hoxha, el dictador con pretensiones literarias que, a partir de la ruptura con Moscú en 1960, convirtió su país en la kafkiana reserva material de la esencias estalinistas. Aquella ruptura pilló a Kadaré estudiando literatura universal en el Instituto Gorky de Moscú. De regreso a Tirana, el narrador se volcó en la escritura de su primera novela, El general del ejército muerto, publicada en 1963 y convertida 20 años más tarde en una película dirigida por Luciano Tovoli y protagonizada por Marcello Mastroiani. No en vano, la obra narra la historia de dos militares italianos que intentan devolver a su patria los restos de soldados muertos y enterrados en Albania durante la Segunda Guerra Mundial.

Kadaré había vivido con nueve años la ocupación alemana de su país (tema al que dedicó Noviembre de una capital), pero fue la dictadura comunista la verdadera piedra de toque de su obra. En sus propias palabras, "la dictadura y la verdadera literatura sólo pueden cohabitar de una forma: devorándose día y noche una a otra". En la novela El palacio de los sueños, publicada en 1981 y considerada por muchos como su obra maestra, denunció el régimen burocrático y autoritario de Albania. Con todo, él nunca se ha considerado un autor político. Y se diría que durante años la dictadura de Hoxha, tampoco.

Aunque, en sus propias palabras, su fama en el exterior le sirvió como escudo salvavidas en el interior, su solicitud de asilo político en Francia en octubre de 1990 -un año después de la caída del Muro de Berlín- originó una conmoción en su país por más que las autoridades calificaran el hecho como el "acto privado de un particular". Según las crónicas del día, nada más llegar por los teletipos la noticia a Tirana, sus libros fueron retirados de las librerías donde ocupaban un puesto de honor en los escaparates sólo disputado, de nuevo, por las obras completas, en 80 volúmenes, del gran timonel Hoxha .

Instalado en París, Kadaré asistió al derrumbe homérico de un régimen cuya ruina convirtió los Balcanes en un volcán que, dormido durante años, entró finalmente en erupción. Autor de obras comos La hija de Agamenón y Esquilo. El gran perdedor, el autor albanés ha demostrado con la ayuda de los clásicos griegos -los vecinos balcánicos más ilustres- la vigencia de un mundo marcado por la guerra y el drama de la libertad.

"Homero", ha dicho, "fue el primer autor que se ocupó de dar cuenta del horror de un conflicto que enfrenta a su propio país con otro. Y lo hizo con una imparcialidad absoluta. Fue ése su mayor logro y lo que convierte sus obras en textos radicalmente modernos. Su libertad, su independencia a la hora de dar cuenta del drama. En realidad, Homero sigue siendo para muchos un autor incomprensible porque la suya no es la lógica que sirvió después para tratar de las guerras, la lógica de la victoria y de la derrota. Lo que él contó estaba más allá de todo eso, no le importaba tanto la victoria total, ni la derrota total".

Las contradicciones del capitalismo

Firme defensor de la intervención militar de Occidente contra los serbios de Kosovo , Kadaré se ha empeñado también en iluminar las contradicciones de la instalación del capitalismo en su país, un asunto al que dedicó Frías flores de marzo, una ácida visión del vacío moral que llegó de la mano de la transición. "Me siento decepcionado", declaró en una entrevista, "pero no como el resto del mundo. Porque no me esperaba algo tan maravilloso como la gente, por lo general, se esperaba. Los pobres han tenido una desilusión total porque, cuando la libertad es un sueño, es muy bella, muy hermosa. Mientras que todo el mundo sabe que la realidad poscomunista no era tan hermosa como se pensaba. La gente se ha vuelto más realista, se puede decir que el periodo de desilusión ya ha pasado. Ha comprendido que es necesario trabajar para construir la vida, no basta con tener la libertad. Es una máquina en ocasiones muy difícil de mantener".

Candidato varias veces al Premio Nobel, Kadaré recibió en 2005 el primer Premio Booker Internacional, el más prestigioso del mundo anglosajón, imponiéndose a autores como Gabriel García Márquez o Günter Grass. En España, donde publica fundamentalmente en editoriales como Alianza y Siruela, su nombre va inseparablemente unido al de Ramón Sánchez Lizarralde, su traductor, que en 1993 obtuvo el Premio Nacional de Traducción por la versión de una obra suya: El concierto.

Petrocaribe no es sólo petróleo

HEDELBERTO LÓPEZ BLANCH
Rebelión




Por primera vez en el hemisferio sur americano existe un mecanismo que mediante la cooperación y la solidaridad entre sus miembros, les permita enfrentar la profunda crisis capitalista mundial y a la par brindar inigualables beneficios para el progreso económico y social de esos países.

La recién concluida VI Cumbre de PETROCARIBE efectuada en San Cristóbal y Nieves, marcó una nueva etapa en la profundización, ampliación y generación de nuevos mecanismos para enfrentar las actuales y futuras dificultades al trascender el tema energético y expandirse en aras de resolver las dificultades sociales, científicas, tecnológicas, ambientales y alimentarias.

Es decir, tratar de solventar en forma conjunta sus necesidades más perentorias, sin presiones y amenazas como ha ocurrido con las políticas de saqueo y explotación impuestas por Estados Unidos y sus organismos financieros (Banco mundial y el Fondo Monetario Internacional) contra los países de la región desde hace más de un siglo.

Surgido en 2005 por iniciativa del presidente venezolano Hugo Chávez Frías, en la actualidad esa institución la integran Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Cuba, Dominica, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, Nicaragua, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y Las Granadinas, Santa Lucía, Surinam y Venezuela.

Estos países reciben crudo venezolano en condiciones muy ventajosas, con un financiamiento que llega al 40% cuando el precio del petróleo supera los 50 dólares, al 50% si sobrepasa los 80 dólares y al 60% cuando la barrera se sitúa en 100 dólares. El plazo de financiamiento es de 25 años y la tasa de interés que se aplica es de sólo 1%.

El intercambio comercial alcanza los 7 000 millones de dólares y los suministros de crudo han pasado de 59 000 barriles día en 2005, a 118 000 barriles diarios en 2008, un incremento 105%”.

El ministro venezolano del Poder Popular para la Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, informó que debido a ese mecanismo ya existe un ahorro de 1 400 millones de dólares en esas naciones lo que ha permitido incrementar las inversiones en los 18 miembros para apoyar el desarrollo. Además, se eliminaron los intermediarios y la especulación en materia energética.

El fondo PETROCARIBE, orientado desde un principio para disminuir las grandes secuelas sociales y económicas que han dejado en esos países (sin incluir a Cuba) las políticas neoliberales impuestas por Washington, ha aportado más de 222 millones de dólares para 84 proyectos de desarrollo que se ejecutan en 11 de los países miembros. Ramírez explicó que la Institución evalúa constantemente las formas de comercio justo para que el intercambio de bienes y servicios por factura petrolera cree mecanismos de comercio, sin asimetrías ni desigualdades como sucede en el sistema capitalista donde unos pocos obtienen riquezas en base a los problemas de otros.

A sólo tres años de su fundación, se avanzó de proyectos y creación de infraestructura, principalmente plantas de llenado de gas licuado, refinerías, plantas de almacenamiento y distribución de crudo y derivados, además de plantas de generación de energía eléctrica. Proyectos sociales en educación y salud se adelantan en todas esas naciones, y se hace énfasis en resolver la grave situación alimentaria en momentos en que esos productos se encarecen en el mercado internacional.

En una reunión con los ministros de Agricultura y Alimentación efectuada en Honduras en julio de 2008 se escogieron 13 proyectos prioritarios en la región, cuyo financiamiento cuenta con un fondo de 50 millones de dólares . En ese sentido, uno de los acuerdos más importantes de la VI Cumbre fue el de la necesidad de profundizar y acelerar la ejecución de planes en materia alimentaria, así como los del eje agroindustrial, orientados a resolver deficiencias en el procesamiento y almacenamiento de alimentos en los países que más adolecen de ello. Con ese fin se dispuso la creación de un fondo complementario, producto de la factura petrolera, para capitalizar el Banco del Alba, el cual se convierte en el mecanismo rector que financiará los proyectos de infraestructura para el suministro de petróleo y crudo, así como los de carácter social.

El Banco del Alba asume un importante rol en la implementación de estrategias sociales en beneficio de las mayorías, en una actitud completamente diametral a las políticas exigidas durante décadas por el FMI y el BM.

En los próximos meses se estudiará una propuesta realizada por el presidente venezolano para que el comercio justo entre los países miembros se sustente con una moneda común que podría denominarse Petro y permitiría una mayor integración y facilidades en los intercambios.

En aras de ampliar el panorama informativo entre sus miembros, se elevó la propuesta de levantar una estrategia comunicacional, orientada a intercambiar noticias y a difundir avances y logros para de esa forma contrarrestar el “encadenamiento mediático continental del que todos los gobiernos y pueblos progresistas somos víctimas”.

PETROCARIBE, al igual que la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) avanzan por los caminos de la integración regional donde priman la búsqueda de soluciones conjuntas a los graves problemas que vive la humanidad (hambre, miseria, insalubridad, inequidad, violencia) y que se acrecientan con la actual crisis económica-financiera.

Resulta innegable que con esas políticas justas, PETROCARIBE, como expresó Chávez, continuara consolidándose y generando nuevos mecanismos para enfrentar los desafíos y elevar el nivel de vida de sus pueblos.