‘Edén al oeste’, Costa-Gavras (2009)




AIDA M. PEREDA
Lumpen




Con ‘Edén al oeste’, el último filme de Costa-Gavras, el cineasta griego afincado en Francia sigue el camino que ya exploró con Arcadia (2005), un drama sobre el desempleo. En esta ocasión, nos invita a reflexionar sobre otra de las realidades más dolorosas de la actualidad, la inmigración, pero la reviste de manera amable en forma de cuento, con una historia cruda aliñada con humor.

Es cierto que la última etapa de este realizador (que incluye cintas como ‘Amén’, ‘Mad City’ o ‘La caja de música’, entre otras) ha resultado más anodina, pero no debemos olvidar obras imprescindibles del cine político, no exentas de polémica, como ‘Z’, ‘Los raíles de la muerte’, ‘La confesión’, ‘Estado de sitio’ o ‘Desaparecido’. En 'Edén al oeste', ha optado por envolver su denuncia en un filme social. El propio Gavras explicaba en una entrevista su “cambio de rumbo” de este modo: “Cuando hacía películas como 'Z', estaba defendiendo banderas, denunciando injusticias, tomando partido en el contexto de un mundo donde todo parecía tomar la senda del "progreso", donde todo se hacía con "la mejor intención". Así que era importante mostrar que la "mejor intención" también contenía "la peor". Hoy, la sensación es que todo va a peor. No queríamos contribuir a esta visión dramatizándola más. Al darle un tono más ligero y mezclándola con algunos momentos de gran violencia, intentamos que el problema de la inmigración fuera menos asfixiante para acercarnos a este "hombre problemático" desde un ángulo diferente.”

Así, en ‘Edén al oeste’ Gavras mantiene su compromiso intelectual en una película que puede considerarse como su obra más personal, ya que habla de un tema que le toca de cerca, pues emigró de Atenas a París en 1956, aunque él advierte que desde entonces las cosas han cambiado mucho y que ahora se difunde interesadamente un temor infundado frente a la inmigración.

Partiendo de Elías, un sinpapeles anónimo, el director construye una crítica satírica sobre la sociedad y su manera de relacionarse con un desconocido en situación de auxilio. A lo largo del filme habrá todo tipo de comportamientos, desde personajes que no dudarán en aprovecharse de él, hasta personas que tratarán de ayudarle (a su manera o de forma interesada).

La odisea personal de Elías, no muy distinta de la contada por Homero, comienza asímismo en el mar, en este caso el Mediterráneo, a bordo de una embarcación donde se encuentra hacinado con otros camaradas que al igual que él sienten la necesidad de comenzar una nueva vida alejada de sus países. Pero pronto todas sus esperanzas se truncan.

El título, que hace referencia al nombre del gran resort al que naufraga el protagonista tras huir del barco, encierra en sí mismo una metáfora despiadada. El "Edén" o paraíso que busca Elías no se corresponderá para nada con el hotel, ya que aunque al principio parezca que pueda llegar a encajar, no tarda mucho en vislumbrarse que es imposible que sea aceptado y se convierta en uno de los suyos.

En este complejo hotelero de gran lujo, se perfilarán unos clientes de alto nivel adquisitivo que se ofrecerán a colaborar en las labores de la policía, que busca a los inmigrantes que huyeron del carguero para deportarlos. Sin embargo, el protagonista se salva de esta persecución brutal y se integra primero como un trabajador del hotel y luego como un cliente más. No correrá la misma suerte uno de sus amigos, que será capturado en la macabra caza que emprenden los clientes como si fuese una más de las actividades incluidas en sus vacaciones. A favor de Elías juegan sus rasgos occidentales y su atractivo físico, un arma de doble filo que actuará claramente en su contra en otras ocasiones.

El encuentro más crucial será con un mago francés que marcará el destino de su viaje. Él le dirá que si va a París vaya a verle. Desde ese momento, Elías verá en esta invitación su oportunidad de establecerse en Europa, y al llegar allí, tratará de cumplir ese sueño.

Riccardo Scamarcio, el responsable de encarnar a Elías, es un actor italiano de gran popularidad en su país por sus papeles en series de la televisión italiana, pero menos conocido en España (‘Mi hermano es hijo único’ o ‘Manuale d’amore 2’). En este papel, demuestra no sólo una gran expresividad, sino además un registro cómico al más puro estilo de Chaplin, a partir de gestos naturales y una mudez constante, originada en su caso por desconocimiento lingüístico. Gavras consigue inspirar compasión y ternura por un personaje del que el espectador desconoce su pasado y su origen, con el fin de dotarlo de un aire universal. De hecho, el cineasta cuenta que la lengua en la que habla Elías con su amigo no existe. Al parecer debe ser francés en orden inverso y con algunos cambios en su estructura gramatical.

‘Edén al oeste’ es en definitiva, una radiografía muy aconsejable de ver, que hace patente la sensación de persecución y el miedo de los inmigrantes a una sociedad que les humilla y abusa de ellos hasta que se dan cuenta de que deben defenderse para ser libres.

Antonio Arias: "Si no te lanzas al vacío no sabes cuánto tiempo aguantas en el aire"


El cantante de Lagartija Nick debuta en solitario con 'Multiverso'. El álbum, que habla sobre Astronomía, se grabó parcialmente en el observatorio de Calar Alto, en Almería. Asegura que le encantaría viajar al espacio, pero que es "miedica"


MIRENTXU MARIÑO
20 Minutos




Su banda le ha aupado muchas veces hasta tocar el cielo, así que ahora ha decidido quedarse en él un rato. Antonio Arias, líder de Lagartija Nick, debuta en solitario con un experimento científico llamado Multiverso, un disco grabado en parte en el observatorio astronómico de Calar Alto (Almería) que pone música a poemas y estrellas. Es su forma de contribuir al Año Internacional de la Astronomía (AIA).

¿Cómo sienta lo de volar solo?

Me apetecía mucho, pero más que trabajar solo, trabajar al revés. Con un grupo la dinámica natural es, por ejemplo, grabar primero las bases a ciegas, sin ver la estructura de la canción; cuando se hace al revés, puedes verla hasta el final e incluso grabar varias baterías, algo que me apetecía mucho. Estando solo se pasa más miedo y piensas que te va a salir mal, que se va a torcer o que vas a perder la pasta, pero también es verdad que si no te lanzas al vacío no sabes cuánto tiempo aguantas en el aire.

Aunque llamó a Jota de los Planetas, a Lori Meyers…

Soy un poco corporativo, siempre llamo a los mismos. De todas formas hace poco, en Granada, he colaborado con unos bajos en el último disco de Jota y esta gente. Siempre hay una comunicación y un rollo bastante bueno entre nosotros. Estoy muy satisfecho y muy contento con el resultado.

¿Y su grupo?

En Lagartija hemos tenido tres o cuatro años muy fuertes y no era necesaria una sobreexposición, la cosa se puso seria. Supongo que querrían haber tenido más presencia en Multiverso y tampoco iba a dejarlos de lado. Tenemos proyectos para marzo o abril del año que viene, pero aquí encontré una hueco para lo que yo quería, algo más pequeño, que se pudiera barajar con las manos. Lo hemos pasado fenomenal.

Su proyecto era algo complejo…

Hasta que esto no se lleva en las manos hay mucho de "no va a salir", pero al final tiras para adelante. Me cuidé bien de tener una buena base con los poemas, de una calidad de texto muy alta: difícil sería que nos los cargáramos. Hablé con los implicados, con Natalia Carbajosa, José Emilio Pacheco, etc. y les mandé los temas, pero no para pedirles permiso, sino porque podía aprender muchísimas cosas. A veces necesito parar un poco, aprender y tener recursos para escribir las letras, que es lo más complicado. Ya lo decía John Lennon, cuando tienes algo que decir ya está hecha la canción.

¿Se ha financiado usted la aventura?

Empecé financiándola, quería imponer mi ritmo a la hora de editar y componer. Pero luego me asocié enseguida con la compañía, llega un momento en el que si quieres que las cosas salgan a tu manera… En cualquier caso, es un proyecto que sale más por las ganas que por ningún sistema de mercado, no ha habido ninguna presión. Tuve esa libertad y el milagro ha ocurrido.

¿Todo se lleva mejor si uno mira a las estrellas?

Hay una filosofía desde la atmósfera para abajo y otra desde la atmósfera hacia arriba. No sólo me interesaba cantar de forma poética con lenguajes futuristas o astronómicos, sino que lo que cantase fuese cierto, que los fenómenos fuesen verdad.

No es la primera vez que habla del Universo.

Había un disco de Lagartija Nick donde ya hicimos un conato entrando en contacto con Pedro Duque. Ya habíamos utilizado este lenguaje para expresar situaciones personales, interiores o bastante cotidianas, pero no para hablar de lo que en realidad ocurre fuera. La visión de Stanley Kubrick es la de un universo estático, como una balsa de aceite, en donde no ocurre nada, basado en la ciencia ficción filosófica. Sin embargo, gracias a José Antonio Caballero, astrónomo que me ha ayudado en el disco, vi que existe un movimiento frenético en la galaxia. Fuera de la luz de la ciudad hay un universo que está devorando continuamente y regenerándose.

¿Esto le viene de pequeño?

Siempre hemos visto ovnis donde había globos sonda; siempre me ha interesado mucho, sobre todo el querer ser un pionero de esos que salían en las series de aquellos tiempos. Lo que pasa es que ahora la labor de los astronautas es muchas veces la de fontaneros del espacio, arreglar y cambiar las pilas. Hay una canción del disco, Laika, en la que sientes pena por el perro a pesar de que hay mucha gente que ha muerto en el espacio, en naves como el Apolo. Hay una épica bastante gloriosa en todo esto.

¿Sabe que ya puede comprar su billete con Virgin para ir al espacio?

Sí, y no son caros… (risas). Debe ser impresionante, pero yo en el fondo soy bastante miedica, y cuando estoy en Argentina pienso que no voy a poder volver a mi casa, que algo pasará, así que imagínate desde el espacio... Richard Branson es otro visionario que nos quiere cercar el Universo. Parece que la Tierra tiene cataratas, sólo ve a través del Hubble y los telescopios que están fuera de la atmósfera, que además está contaminada por la luz, el cambio climático, etc. Así que es muy difícil explicar algo que cada vez se aleja más de nosotros.

¿Cómo es grabar en un observatorio?

Me ha parecido una experiencia única, porque no conozco ninguna grabación que se haya realizado allí. Gracias a Caballero pude acceder a Calar Alto y grabar tres temas. Por otro lado, una de las ventajas de ser músico es que puedes sentir la fuerza del sitio, la fuerza telúrica de la Tierra en ese momento. Es un templo a la tecnología en el que se busca, en un cierto modo, a un dios ecuación, que no quita al que todos conocemos. Estar allí redimensionaba las letras, que ahora comprendo mejor: no anuló mi visión fantasiosa del asunto, sino que la tridimensionalizó.

Se ha hecho un master en Astronomía…

Estoy en ello, pero es más palique que otra cosa.

¿Impactará este disco como lo hizo Omega?

Fue un disco parecido a este porque cogió vida propia y se desarrolló, ha ido creciendo y creciendo, pero el calado de Omega es distinto, porque ha llegado a la cultura popular de una manera muy fuerte. Lo seguimos interpretando después de 15 años, le ha tocado a mucha gente el corazón, aunque con la voz de Enrique Morente es fácil. Yo ahora no pretendía eso, en absoluto.

¿Se ha implicado en algo más con el AIA?

Intento arrimarme, meterme donde no me llaman. Es un tema que me apasiona, pero en soledad no creas que se avanza mucho. Yo tengo un telescopio, pero vivo en un tercero y eso me impide ver cualquier cosa. Y aunque lo vea, necesito alguien que me lo explique.

Viaje hacia el abismo personal y colectivo: “La noche de los tiempos”, de Antonio Muñoz Molina


JORDI COROMINAS I JULIÁN
Corominasijulian.blogspot




Hace frío en Madrid. En Estados Unidos la estación es anonimato. Ignacio Abel es un hombre sólo en el mundo, cargado de recuerdos que una maleta no puede llevar. Su pobreza estética y su alienación española son el mal de un país en guerra, enfrentado al irraciocinio por exceso de retórica y salvajismo contrario a reformas.

Leer La noche de los tiempos de Antonio Muñoz Molina me ha hecho pensar mucho en dos cuestiones fundamentales. La primera se refiere al estado de la literatura española y al debate entre jóvenes y consolidados. La prosa del ubetense contiene una naturalidad cargada de experiencia y madurez que permite reflexionar sin alardes, escribiendo desde una desnuda solidez que quiere contar la historia de un tiempo y su tensa atmósfera para explicar o intentar entender los motivos de la catástrofe. La Guerra Civil asoma otra vez y asiste a su cita más que anual vestida de cotidianidad, con traje de altos vuelos. Cabe suponer que cada narrador que trata el tema de los temas busca dar con la visión definitiva del conflicto. Es imposible. Moriremos y las generaciones venideras continuarán con la cantinela, y probablemente así sea porque nunca hemos sido claros con esos tres años, presentes en nuestra educación sentimental desde una vertiente anecdótica que ofrece muchos datos, lágrima fácil y escasas certezas. Nos sobran los motivos, pero también hay que intentar entenderlos si queremos ser honestos con la Musa Clío, la gran protagonista de un relato colectivo difícil de hilvanar por su abrumadora importancia que supera personas y las engulle sin piedad.

Para resultar creíbles en esta batalla conviene armar con mucha precisión el contexto y el alma de los personajes. Ignacio Abel es válido para la causa, un hombre templado que observa con inevitable pasión la antesala de la carnicería. Arquitecto de origen humilde, vive en el barrio de Salamanca y sigue con devoción las obras de su proyecto más ambicioso: La Ciudad Universitaria. Abel es un español que mira más allá y abraza valores modernos. Ha estudiado en la Bauhaus, tiene amistad con altas figuras político-culturales y detesta la rancia tradición nacional-católica encarnada por su familia política, obstinada en negar el progreso y alentar desde su mediocridad la defensa de un orden caduco. Su vida ha alcanzado una plenitud agridulce. Su cenit profesional contrasta con la rutina casera, con una mujer a la que no ama y unos hijos que le preocupan bastante menos que sus ocupaciones laborales. La ruptura llegará bajo el signo del amor. Judith Biely irrumpirá y ya nada será igual. La americana es joven y curiosa. Sus preguntas e inquietudes obtienen respuestas que ayudan al lector a situarse en el ambiente de 1936, cuando el Frente Popular gobernaba y la calle se llenaba constantemente con proclamas políticas que alimentaban hambres revolucionarias de varios colores, todos nefastos.

El romance es como un puente conector hacia la huida de una realidad desagradable y angustiosa, fuga que se concretará cuando el arquitecto emigre a Estados Unidos para edificar una biblioteca en un campus. Las citas furtivas y el deseo manifiestan la voluntad de aislarse del mundanal ruido y disfrutar de un sueño dentro de la pesadilla que se cierne en el horizonte. Durante más de quinientas páginas leemos caricias, arrumacos, besos, carantoñas y anhelo físico, aunque lo importante, reiteramos, es lo que flota en el aire, una lluvia tóxica que explotará el 18 de julio, golpe de Estado fascista que coincide con el fin de la relación a escondidas, como si lo palpable y conocido se desvaneciera y sólo quedara lugar para sangre, fusiles y el delirio. Ese día de estallido bélico y amargura sentimental Ignacio Abel asumirá la soledad como divisa impuesta por las circunstancias y cruzará otro peaje en su camino hacia el desapego al comprobar que sus esperanzas de una República reformadora y democrática se van al garete porque las pasiones políticas no entienden de leyes y sí de proclamas, uniformes y venganza, pura y dura. En este sentido el pensamiento del protagonista muestra cómo, desde su retiro neoyorquino, analiza Muñoz Molina el problema del ruedo ibérico, donde todos fueron grandes farsantes imbuidos por no muy nobles ideales, mentirosos de escándalo que tanto en un bando como otro engañaban a sus semejantes para difundir que todo iba bien en la senda hacia la victoria.

En ocasiones Ignacio Abel puede recordarnos al Aschenbach de La Muerte en Venecia. Ambos pasean por ruinas pletóricas, rebosantes de energía, ignorantes de sus límites decrépitos. Son estandartes de una humanidad quimérica, muñecos de tinta que aspiran al orden que debería existir si todo fuera perfecto. Su utopía topa contra un muro hecho de verdades dolorosas donde padecen y desaparecen porque la función no va con ellos, la realidad les supera porque no contiene en su interior la esencia del bien o la belleza. Estos personajes tienen en su haber la potencia del ideal que nunca será y tendría que ser, el magnetismo de quien cree en una cierta justicia que los demás no comparten porque se dejan sumergir, frágiles como el barro, en el fragor de la existencia, animales inércicos que prefieren el combate descamisado al pensamiento positivo. Abel y Aschenbach son oasis en un triste desierto, exiliados mentales que lloran en silencio por culpa de la locura que todo lo invade e impide crecer a nuestra desdichada especie.

La noche de los tiempos es una obra de dimensiones épicas. Lo es por su extensión y por lo que pretende. El tono neutro y pausado es su principal fuerza al generar un discurso político que amonesta el pasado con sutileza, poniendo los puntos sobre las ies para intentar comprender el porqué del desastre. La lentitud inicial del relato se aviva cuando se desencadenan los acontecimientos. La parte dedicada a ese terrible mes de julio es memorable por su alternar noticias periodísticas con la evolución de la trama, dando a la novela una velocidad vertiginosa y envolvente, sobre todo en esos nebulosos fragmentos de Madrid en armas, con Abel vagando intentando recabar información de su amor mientras el pueblo toma el inicio de las hostilidades como una gran fiesta que cimentará la futura revolución. Esa parte de la novela alcanza grandes momentos narrativos de inusual intensidad, pero luego el tempo decae y volvemos a sumirnos en pausas que parecen posos con llantos silenciosos, donde el reloj mueve sus agujas con lentitud a medida que se acerca el punto y final, como si con ese ritmo el narrador quisiera transmitir con más bestialidad la agonía republicana, dama violada por unos y por otros. Ignacio Abel reposa en una casucha norteamericana donde se sobresaltará por última vez mientras en España las tropas nacionales destruyan su querida Ciudad Universitaria.

El enfoque que Muñoz Molina da a esta eterna temática guerracivilista es sumamente interesante porque aúna didactismo y la novedad de quien prefiere escarbar más en los motivos que no en batallas o efemérides históricas que al ser noveladas quedan deformadas e irreconocibles, bien por partidismo, bien por no atenerse a la objetividad que requiere un asunto de tamaña importancia. Sí, lo sé, siempre seremos subjetivos, pero cabe la posibilidad de narrar lo más cruento de España con intención de aprehender y no erosionar. Los tópicos a veces son ciertos y esa comprensión es la única manera posible de aprender errores pretéritos, usándolos para mejorar y advertir a los que vendrán, que a buen seguro lo harán mejor que nosotros.

Un hotel de lujo que incumple la Ley de Costas


Hace dos meses se inauguró el Hotel Vela, una instalación de lujo que ha multiplicado el precio de los inmuebles y amenaza el tejido social histórico de la Barceloneta

VIÇENT CANET
Diagonal




Barcelona tiene un problema de modelo social, económico y urbanístico. Las autoridades municipales, denuncian desde los movimientos sociales de la ciudad, han puesto a la capital catalana, más que nunca, al servicio de los intereses de los grupos inmobiliarios y del turismo.

Un ejemplo de todo esto es el Hotel Vela, inaugurado hace poco más de dos meses, una instalación de lujo en medio de un barrio popular y de origen pescador como la Barceloneta. “El Vela orientará el comercio de la zona hacia el turismo con alto poder adquisitivo, incrementará los precios de la vivienda e intensificará el fenómeno de los apartamentos turísticos”, afirma Gala Pin de la Plataforma en Defensa de la Barceloneta.

La plataforma ha interpuesto un contencioso administrativo en el que solicita el derribo de esta edificación o bien que se someta a debate público cuál debe ser el uso de Vela. Se acusa a las autoridades de incumplir la Ley de Costas y de convertir a usos privados un espacio de titularidad pública donde no se permitían edificaciones hoteleras.

En este espacio antes del Hotel Vela había un restaurante popular donde se podía ir a pasar el día y llevar comida de casa “y ahora ese espacio se ha privatizado para los más ricos”, afirma Emilia Llorca, presidenta de l’Associació de Veïns de l’Òstia, de la Barceloneta quien añade que “el barrio no ganará nada con el Vela”. Pin señala que el rechazo de los vecinos a esta nueva operación es muy amplio, “la gente aún recuerda cuando, según la Ley de Costas, se restringieron los usos de la playa para los chiringuitos, y no se entiende que ahora se permita esta construcción”.

Falta de transparencia

Desde la Plataforma se acusa al Ayuntamiento de tener prácticas poco democráticas y nada transparentes. El Plan Especial Nova Bocana, que modificará la imagen del barrio, deja “en manos de las empresas inmobiliarias la remodelación urbanística de la Barceloneta, sin que haya un planteamiento social o garantista”, afirma Pin. También indica que el Plan “de los ascensores” (para incluir ascensores en muchos edificios antiguos del barrio) se ha realizado sin la más mínima perspectiva social y que podría acabar expulsando a muchos vecinos por no poder asumir el coste de la reforma.

Este plan, por ahora paralizado, ha despertado un amplio rechazo entre los vecinos. Para Pin, la Autoridad Portuaria de Barcelona tiene una influencia excesiva y poco transparente en las decisiones del Gobierno municipal, “los ciudadanos debemos disponer de mayores controles”, añade.

Vecinos al abordaje

Durante la inauguración de este hotel se realizaron diferentes actos de protesta como una sardinada popular o un ‘abordaje’ por tierra, mar y aire. El objetivo de estas acciones era sensibilizar a la población, aunque el hotel es ya una realidad que está afectando al barrio. A día de hoy, denuncia Llorca, se pagan alquileres por valor de mil euros por pisos de 30 metros, y ya se está vendiendo la Barceloneta como una marca para restaurantes de precios prohibitivos.

“El tejido social del barrio se está rompiendo con el Vela”, afirma Llorca. “Aún quedan pendiente la resolución del contencioso administrativo presentado. Además seguiremos con las acciones de protesta, porque nuestra crítica va más allá del Vela, es una crítica a un modelo de ciudad donde predominan los intereses privados, la falta de transparencia y donde existen claros déficits democráticos”, concluye.