Nobuhiro Suwa


Triunfa una nueva generación de cineastas nipones




CARLOS REVIRIEGO
El Cultural


Por fin llegan a España tres de las cuatro películas, 2 Duo, M/Other y Un couple parfait, del japonés Nobuhiro Suwa. Lo hacen en formato de DVD en un pack que permite conocer a uno de los cineastas más interesantes e innovadores del panorama internacional. Es la punta de lanza de una generación nipona con nombres como Naomi Kawase o Kore-eda.

Una idea: la pareja en crisis sigue siendo el gran motivo del cine. Ninguno de sus exploradores ha agotado la materia porque es inagotable. Murnau, Stahl, Sirk, Bergman, Rossellini, Rohmer, Cassavettes, Pialat... Para ellos, las relaciones afectivas, sus turbulencias (morales, psicológicas, sentimentales), siguieron siendo el gran misterio de los hombres y el gran motivo para hacer cine. Porque la cámara interroga, perfora en los cuerpos y los rostros hasta extraer energías invisibles, escudriña el mundo interior y nos revela secretos.

A ello se ha dedicado también el cine en construcción de Nobuhiro Suwa, cineasta nacido en 1960 en Japón y confeso heredero de la modernidad cinematográfica. Sus exploraciones de las convivencias en pareja –editadas ahora por Intermedio formando una trilogía: 2/Duo (1997), M/Other (1999) y Un couple parfait (2005)– arrojan al hombre del tercer milenio preguntas que hoy casi nadie, en el cine, se plantea sin caer después en la complacencia. Incluso Wong Kar-wai parece haber cedido.Preguntas de respuesta inarticulable, que sus personajes no en vano insisten tercamente en hacerse el uno al otro. Al final, se cuestiona Suwa, ¿qué es lo que distancia la felicidad de la crisis, la crisis de la felicidad? Ese margen, fino y resbaladizo, es el que Suwa se propone trasladar a la pantalla para que atrape a un espectador siempre indefenso frente a las certezas del corazón. En 2/Duo, la distancia la proporciona un concepto: el matrimonio. En Un couple parfait, otro: la separación. En M/Other, la tercera persona es un niño de nueve años, fruto de un matrimonio anterior. Fuera del pack ha quedado el tercer largometraje del director japonés, H/Story, un remake contemporáneo de Hiroshima, mon amour realizado por un cineasta nacido en Hiroshima. Sea en uno o en otro largometraje, la pareja como entidad siempre se ve amenazada por una fantasmagoría o una encarnación que toma el control.

En la tendencia del cineasta japonés por el fuera de campo, por colocar a sus amantes detrás de cristales, enfrentados al espejo, ocultos por paredes, puertas o sombras, pero aún así de algún modo siempre visibles, descansa la intuición de un cine que concede tanta importancia a las formas como a los temblores de las emociones que quiere transmitir, un cine para el cual la destrucción del amor no debe contarse sin la intervención, por ejemplo, de un espejo roto o una cama deshecha.

Capturar la inmediatez

¿Cómo podemos indagar en el secreto de la intensidad de sus películas? Una intensidad no impuesta, que surge del interior de las imágenes. Su método de trabajo podría servirnos como punto de partida. Para su debut tras las cámaras, Suwa escribió un detallado guión que arrojó a la papelera instantes antes de comenzar a rodar. Decidió proporcionar a los actores un marco general y dejar el resto en sus manos, proponiendo así una autoría colectiva del guión. El resultado, 2/Duo, es un filme cuya verdad no sólo viene dada por la energía de unos cuerpos que no obedecen, sino que crean, de unas relaciones orgánicas (entre los actores y los personajes que componen) que avanzan siempre con asombrosa inmediatez. Suwa no cambiará de método en sus siguientes propuestas, que se cifran en unos intérpretes–creadores llamados a explorar sus límites frente a una cámara generalmente impasible –la gramática de las películas de Suwa no entiende del plano-contraplano, es un entramado de planos-secuencia–, pero que también tiembla y cruje cuando lo hacen sus personajes. Parece milagroso, de este modo, que en once días de rodaje y filmando diálogos improvisados en un idioma, el francés, que el director no entendía, pudiera extraer una película tan hermosa y consumada como Un couple parfait, donde Valeria Bruni-Tedeshi y Bruno Todeschini representan unos avatares contemporáneos de la Ingrid Bergman y el George Sanders de Te querré siempre. Dice Suwa que no necesitaba entender, que eran los movimientos, la elocuencia, la pasión de los actores lo que transmitían todo lo que hay que transmitir a la cámara para el desarrollo de la historia y sus emociones. Un cine físico, sin duda, entregado a la dinámica de los cuerpos de un modo más estilizado, sí, pero no menos perceptible que el de Cassavettes.

Suwa filmó Un couple parfait en HD y DV y marcó un hito en el empleo de la tecnología digital en la gramática del cine contemporáneo. Su compromiso con las texturas de la imagen hunde sus raíces en la trascendencia formal de su cine, heredera de una modernidad que, como señala José Manuel López en el libreto editado por Intermedio, hizo que el cine pasara de “mirar” a “palpar”. La noción de película como superficie material, que absorbe también del cine experimental norteamericano, le empuja a Suwa a tomar soluciones como quemar planos, cortar repentinamente a negro o crear estridencias sonoras en sus películas.

A estas alturas, no hay duda de que el cine de Oriente ha tomado gran parte del relevo de esa modernidad que alumbró y poco después abandonó Europa. La afiliación de Suwa a la imagen como entidad, y no como el vehículo de un relato, es la que intuimos asimismo en otros cineastas japoneses contemporáneos, a los que se incluyó en la generación del Novísimo Cine Japonés surgido en los años noventa, como Naomi Kawase (Nara, 1969), Hirokazu Kore-eda (Tokio, 1962), Shinji Aoyama (Kitakyushu, 1964) o Takasi Miike (Yao, 1960).

Relevos orientales

Si Suwa se propone delimitar los espacios que separan el desgarro de la armonía, Kawase viene dedicando su prolífica obra a evocar las ausencias de una vida marcada por el abandono de sus padres al poco de nacer. Con casi treinta películas en su cuenta, un conjunto del que puede extraerse su biografía íntima, la autora de Suzaku (1997), con la que recogió la Cámara de Oro del Festival de Cannes, ha navegado por las aguas del documental, del diario fílmico o el autorretrato, del home-movie y de la ficción de autor, esbozando una aproximación al mundo (a su mundo) que se debate en las difusas fronteras de lo real y lo imaginado. En este sentido, su extraordinario filme Shara (adquirible en un pack editado por el BAFF), o el corto Tarachime (donde filma el nacimiento de su hijo) son conmovedoras ofrendas para el cine. De Kawase tan sólo se ha estrenado en las salas españolas, el año pasado, su último filme, El bosque del luto (2007), si bien el Festival de Gijón le dedicó casi al mismo tiempo una retrospectiva. No mucha más atención le han dedicado las pantallas españolas a Hirokazu Kore-eda, pero las dos películas estrenadas, Nadie sabe (2004) y Hana (2006) –pendiente queda la última, presentada en Venecia, Still Walking, un drama familiar que desprende madurez ozuniana–, establecen al menos la tipología de un autor capaz de imprimir su huella en proyectos tan dispares como un claustrofóbico y realista drama de abandono infantil y una artificiosa gran producción de samuráis.

En Kore-eda, que anunció su talento al mundo con la deliciosa fábula de ultratumba Alter Life (1998) –en el pack del BAFF–, los discursos entre documento y ficción también se hibridaban felizmente, y nos colocan frente a un cineasta que está dispuesto a moldear los los retos Y los caminos del cine contemporáneo sin quitar la vista de la tradición, tanto la del cine oriental como la del occidental.

La trascendencia del trabajo actoral, sus respiraciones y distancias frente a autores que entienden al intérprete como un cómplice creativo y no como una herramienta, parecen reforzar las líneas creativas de esta generación ya madura de cineastas japoneses, como también se encargó Shinji Aoyama de dejar claro en su obra de culto Eureka (2000), o en trabajos posteriores como Eli, eli, lema Sabachtani? (2005) y Sad Vacation (2007). Objetos de culto de la nueva cinefilia, algunos de los filmes que han dado un fuerte impulso al cine japonés, también representan un revulsivo para las ambiciones y los caminos del cine contemporáneo.

El Opus Dei conserva su caché

La prelatura fundada por Escrivá de Balaguer sigue presente en la vida pública del Estado español


PABLO ELORDUY
Periódico Diagonal

La influencia del Opus Dei en el Parlamento ha caído enteros durante el Gobierno del PSOE. No obstante, la Obra mantiene su influencia empresarial mediante centros de gestión y fundaciones.

Robert De Niro, Nicolas Cage o Antonio Banderas, cualquiera de estos tres actores podría ser José María Escrivá de Balaguer en la gran pantalla, o al menos es lo que anunciaba uno de los foros cinematográficos del Opus Dei. La película se planteó como una respuesta al ataque mediático más importante que ha sufrido el Opus en 80 años: El Código Da Vinci, una ficción que escoció en el seno de la Obra y que, para algunos analistas, la sumió en una crisis de vocaciones acentuada por la mayor popularidad de otros movimientos de la ultraderecha católica, como los Legionarios de Cristo y Camino Neocatecumenal, los numerosos ‘Kikos’.

No obstante, el Opus cuenta en la actualidad con más de 80.000 fieles oficiales, de los cuales 1.750 son sacerdotes. Más de la mitad de los seguidores de la Obra, ahora dirigidos por el prelado Javier Echevarría, viven en Europa. América es la segunda fuente de militantes, con más de 28.000 individuos adscritos al grupo. Oficialmente, la prelatura es una organización “sin ánimo de lucro”, si bien su fundador recomendaba emplear lo que él llamaba “el Santo sablazo” para financiar sus “obras de caridad”; misiones orientadas casi exclusivamente al proselitismo.

Políticos afines

Escrivá aseguraba desde el púlpito que él no se metía en política. Sin embargo, la nómina de afiliados al Partido Popular relacionados con el Opus es extensa. Ex ministros como Federico Trillo, Juan José Lucas, Cristóbal Montoro, Margarita Mariscal de Gante, Isabel Tocino o Romay Beccaría, y otros ‘populares’ de la vieja guardia como Ana Mato o el ex director general de la policía y actual Conseller de la Generalitat valenciana, Juan Cotino, aparecen en las quinielas de supuestos allegados al grupo. Junto a tan notorio elenco, otros partidos cuentan con sus propios “sospechosos”, como el embajador de España en el Vaticano, Francisco Vázquez, del PSOE, que ha participado en charlas para defender el compromiso con la libertad de Escrivá, y personalidades de otros grupos como CiU, UPN o EA también son simpatizantes, colaboradores o allegados a este grupo. Los mismos rumores –inevitables cuando se trata de una organización que cohabita con el secreto– situaban al propio José María Aznar como “afecto” al Opus; no en vano, sus hijos se educaron en colegios de la prelatura (excepto el pequeño Alonso, que estudió con los Legionarios) y su esposa, Ana Botella, es sobrina del supernumerario José Botella.

En más altas esferas suele recordarse la larga relación entre la Obra y la casa real. François Normand recordó en su libro El poder del Opus que el rey Juan Carlos tuvo como preceptor a un miembro de la Obra, Anael López Amo, así como el apoyo del Opus durante el proceso de sucesión de Franco. Un sacerdote de la prelatura, Federico Suárez, fue capellán de la Zarzuela, y otro miembro, Álvaro del Amo, fue el encargado de la educación del príncipe Felipe. La amistad de la secretaria personal de la reina, Laura Hurtado de Mendoza, que pertenece al Opus, con la periodista Pilar Urbano pudo influir en la elección de esta última como biógrafa oficial de la Reina. La misma periodista arremetía en 1994 contra los “maricas”, las “machihembras” y los “sarasas recomidos de sida”.

Escuelas y fundaciones

Urbano se apresuró a explicar que el 80% de los beneficios de su biografía irían a parar a obras benéficas. Se refería a la Fundación Senara, que gestiona un colegio con el mismo nombre en el barrio de Moratalaz (Madrid), una sociedad de la prelatura que recibe, además de las donaciones de Urbano, distintas ayudas de Comunidad y Ayuntamiento de Madrid, así como de las obras sociales de Cajamadrid y La Caixa.

El Opus funciona en el Estado a través de diversos grupos para la educación: Centros Familiares de Enseñanza, Fomento de Centros de Enseñanza, Attendis, Institució Familiar o el Grupo COAS entre otros. Estas sociedades se encargan de la gestión de centros privados, a los que numerosos cabildos y comunidades han cedido el usufructo de terrenos. Recientemente, la Comunidad de Madrid, gobernada por Esperanza Aguirre, otorgó a la Fundación Educatio Servanda, presuntamente vinculada con la Obra, 26.000 metros cuadrados para la construcción de un nuevo colegio en el municipio de Alcorcón. Esta fundación recoge en su web una guía práctica para la objeción a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, caballo de batalla del universo Opus junto a temas como la investigación con células madre, el aborto o la eutanasia.

La Universidad de Navarra, otra entidad sin ánimo de lucro, recibe millones de euros de financiación pública para proyectos de investigación. Asociada a la universidad navarra, está la IESE Busines’ School, escuela de negocios de prestigio internacional. La principal vía de financiación de la Prelatura es a través de fundaciones y organizaciones no gubernamentales, así como de las aportaciones de sus numerarios, supernumerarios y allegados. La página web Opus Dei Awareness Network aporta un amplio listado de Fundaciones vinculadas al Opus que operan en EE UU y en países como México, Argentina, Italia o Inglaterra. Como ejemplo, una de las ONG de la Obra, Séniors Españoles para la Cooperación Técnica (SECOT) recibe fondos del Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Industria, el Instituto de Crédito Oficial o la Unión Europea, entre otros. Según Agustina López, coordinadora de Opus Libros, una web crítica con la prelatura, las ONG del Opus “dicen que van a ayudar a los pobres de Perú y en realidad lo que hacen es abrir una escuela para captar numerarias auxiliares o dicen que ayudan a jóvenes campesinos para que tengan acceso a la educación, y lo cierto es que lo que hay detrás es un seminario para conseguir futuros sacerdotes agregados”.

Empresas y jueces

El presidente del Banco Popular, Ángel Ron, declaró al aterrizar en su cargo que “el Opus Dei no influye para nada y dudo que haya influido (en la gestión) en el pasado”, sin embargo el vicepresidente de la entidad, Luis Herrando y Prat de la Riba, es hermano del vicario regional de la Obra. Más empresas o corporaciones importantes en cuyos organismos directivos hay o ha habido allegados al Opus son FCC, BBVA, ONO o Europa Press, y organismos como el Fondo Monetario Internacional, la Unesco, la ONU o el FBI, cuyo director durante el mandato de Clinton, Louis Freeh (miembro del Opus) organizó, entre otras operaciones, el asalto contra la secta de David Koresh en Waco (Texas). Como señalan las fuentes consultadas, lo más habitual es que los allegados nieguen pertenecer a la Obra, salvo que sea demasiado evidente.

Uno de los que ha negado su filiación es el presidente del Consejo General del Poder Judicial, propuesto por el PSOE, Carlos Dívar, que explicó durante su toma de posesión la ventaja que tenía respecto a ateos y agnósticos a la hora de juzgar: “Los católicos, obedeciendo al Papa, nunca nos equivocamos”. Otros magistrados en la órbita del Opus Dei son el ex vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) José Luis Requero (que participa activamente en actos del movimiento antiabortista), la presidenta de la Audiencia de Vizcaya, Ana Iracheta, o el ex fiscal general del Estado, Jesús Cardenal.

“Todo el dinero del Opus Dei es dinero negro”


Entrevista a Alberto Moncada, autor de la 'Historia oral del Opus Dei'

PABLO ELORDUY
Periódico Diagonal



Moncada reconoce que meterse con el Opus Dei “es un deporte” aunque hoy prefiere dedicar el tiempo a su trabajo como presidente de Sociólogos sin Fronteras.

Moncada estuvo en la Obra durante los ‘50. Ahora califica al Opus “como una extraña secta civil que controla a sus miembros solteros hasta límites inverosímiles”. Considera que el Opus no influye en la vida política tanto como lo hizo durante las dictaduras de Franco en España o Pinochet en Chile o como lo viene haciendo la Conferencia Episcopal desde las legislaturas de Aznar.

¿Ha entrado el Opus en un período de recesión?

Me da la sensación de que la gente está abandonando el Opus en desbandada. Hay una contradicción entre una primera generación cercana al poder y lo que pasa en la actualidad, que es un poder limitado que se concentra en la red de colegios que tiene. Yo le doy mucha importancia a sus centros de formación empresarial. Aparte del de Barcelona [IESE], hay en México, en Navarra, etc. Estos colegios han sabido dar con ese tipo de gestor neoconservador, capitalista a ultranza y muy leal que interesa a las empresas. Luego están las profesiones más conservadoras, por ejemplo la judicatura, donde hay personajes especialmente conservadores que son un trozo de Opus. Ese tipo de fundamentalismo funcionó muy bien con el Papa polaco, que les hizo muchos favores, como crearles esa independencia de los obispos territoriales o la ‘turbocanonización’ de Escrivá. Ahora ya no está tan claro, porque este Papa ya no es tan amigo.

¿Por qué dice que es una secta y no un grupo católico más?

Como secta, es un grupo cerrado, donde no hay democracia interna, en la que los miembros están totalmente subordinados a lo que dice el superior. Evidentemente, la mayoría de los observatorios de sectas ya lo tienen clasificado como tal. A medida que la gente se informa, se va limitando su alcance.

¿Les han afectado las últimas películas críticas?

La situación de las mujeres en el Opus es muy siniestra y eso es lo que aparece en Camino. Es un reflejo muy bueno de lo que es el fanatismo, de cómo cogen a una niña y la manipulan hasta su muerte. En cuanto a la respuesta del Opus, ahora han sido más listos: se han callado, han puesto a la familia de la niña a dar la cara, pero ellos se han inhibido. Han aprendido del error que tuvieron con El código Da Vinci.

¿Sólo hay gente de derechas en el Opus?

Ellos no han inventado nada, simplemente cogen el Concilio de Trento y lo aplican hasta las últimas consecuencias. Son muy poco amigos de luchar contra los pecados del dinero: hay gente del Opus muy sinvergüenza, siempre la ha habido, pero eso se perdona. Se obsesionan por lo que tiene que ver con la obediencia, con el sexo, es decir, con la moral tradicional. Han tenido varios escándalos financieros, ahí está Ruiz Mateos, por ejemplo, que tuvo problemas porque dijo que había dado dinero para salvar al Papa Juan Pablo II. Ellos no quieren que se diga nada de la contabilidad del Opus. Por ejemplo, todo el dinero del Opus es negro. Alguien del Opus tiene la obligación, como casado, de dar el 10% de sus ingresos. Pero nunca les dan un recibo. Tienen una contabilidad falsa: lo que ganan no va al fisco. El Opus es un paraíso fiscal.

Roger Wolfe: "Mi poesía mezcla rigor y sordidez"


CARLOS PARDO
Público


Roger Wolfe (Inglaterra, 1962) no es un poeta al uso, y quizá por eso es tan bueno. La propia manera de presentar Noches de blanco papel. Poesía completa (1986-2001) en Huacanamo, una editorial que empieza su andadura, tiene que ver con su actitud clara y descarnada. Como su poesía, que revolucionó el panorama español de los años noventa. Se sienta delante de un café comentando que las mudanzas son "tan malas como los divorcios", y en cuanto la fotógrafa le pide pose, "no te va doler", podemos decir que comienza la entrevista: "El dentista duele más", dice.

¿Hablamos otra vez del realismo sucio?

Mmm. Me cansa. Es un termino mal aplicado, como muchos que vienen de EEUU. Fue una etiqueta inventada por el director de Granta para una selección de narradores, minimalistas cotidianos: Carver, Tobias Wolff, Richard Ford... El único poeta del grupo era Carver, muy buen poeta por cierto. Cuando en 1992 apareció mi libro Días perdidos en los transportes públicos, un crítico dijo que era realismo sucio, simplemente porque para él era escatológico. Me compararon sin que hubieran leído sus poemas, me temo con Bukowski. Pero Bukowski no es realismo sucio. Él es más clásico. Más sórdido.

¿Cómo usted?

Creo que con Bukowski tengo una "confluencia". Aunque lo leí tarde, hay muchas afinidades, más temperamentales que estéticas. Intento que mis poemas estén bien trabados, sean rítmicos. Una mezcla de rigor y sordidez.

¿Y qué leíste antes? Como dices, aunque sórdido, tu lenguaje es muy cuidado.

En español, a Rubén Darío, el maestro. Los clásicos. Manrique. Cernuda y Salinas. Y sobre todo Blas de Otero, el Blas de Otero formal y duro de Ancia.

¿Y tus orígenes natales?

Eliot y Larkin, con el que también siento afinidad. Pero antes leí franceses, Baudelaire, Verlaine. Y antes aún escuche las letras de Lou Reed, de Burning. Viví los ochenta y eso era otra cosa. Creo que en poesía nadie ha retratado de una manera realista la intensidad de la movida, ni lo que vino después.

Nadie, excepto usted.

Bueno, no he sido profesor. Para mí la realidad no era el ensimismamiento elegíaco, sino la violencia doméstica, el paro, el alcoholismo. No es premeditado. Desde luego no elijo los temas adrede, pero en España había pudor. La realidad debía pasar un filtro de buen gusto. Creo que el primer poema que leí como una liberación fue La malcasada, de Luis Alberto de Cuenca. Cuando dice que ella se aburre con los amigos de su marido: son colegas de Juan en IBM...


Tu poesía también presentó nuevos temas a la poesía española de los noventa. Tras ella se pudo escribir de tantas cosas...

Eso es cierto, aunque no me gusta adjudicarme paternidades. Con Arde Babilonia, que tuvo mucha repercusión, digamos que amplié lo que se consideraba digno de entrar en un poema. Mi realidad no era la de un profesor.

¿Y cuál era?

He vivido de milagro. Hace ya muchos años que no bebo. Viví la movida. Una generación que estaba bebiendo y drogándose, caótica y divertida. No tenía tiempo ni ganas de hacer vida literaria.

Dicen que su nuevo libro es el mejor. Ha estado a punto de publicarse en dos editoriales muy prestigiosas.

Pero al final nada. Querían tocar demasiadas cosas. Debo de estar mal acostumbrado. Siempre me habían dejado escribir lo que quería. Parece el fin de la literatura y el nacimiento de la producción industrial de textos, que no me interesa.