El autor favorito de Mitterrand


Rescatada la obra de Gómez Arcos, escritor español. Censurado por Franco, triunfó en el exilio


TEREIXA CONSTENLA
El País




Cada nueva novela se recibía con un viejo ritual: la visita del chófer del presidente de la República al domicilio del escritor para recoger un libro dedicado. François Mitterrand admiraba a aquel autor español que escribía en francés: Agustín Gómez Arcos (Enix, Almería, 1933-París, 1998), que triunfó en su voluntario exilio en Francia y fracasó en España, arrinconado en la esquina de los malditos.

Contra esa marginación pugna la editorial Cabaret Voltaire desde 2007, cuando publicó El niño pan (traducción de María del Carmen Molina Romero), al que siguieron El cordero carnívoro (2008), Ana no (2009) y, ahora, La enmilagrada (traducciones de Adoración Elvira Rodríguez). Gómez Arcos murió tras haber publicado 14 novelas en francés, haber sido finalista del premio Goncourt con dos obras -la editorial catalana publicará una de ellas, Escena de caza (furtiva), el próximo año-, haber sido condecorado con la Orden de las Artes y las Letras francesas con grado de caballero (1985) y oficial (1995) y ser estudiado en los liceos. Murió, en suma, como un escritor prestigioso y fue enterrado en el cementerio de Montmartre.

En España estaba muerto hacía mucho tiempo. Muerto para la cultura: sólo dos obras habían sido traducidas al español, Un pájaro quemado vivo (Debate, 1986) y Marruecos (Mondadori, 1991). Muerto en Enix, el pequeño pueblo de Almería que ya ni le recordaba y donde había nacido en una familia numerosa represaliada por su republicanismo. Muerto en Barcelona, la ciudad a la que se habían mudado tras la posguerra y de la que desapareció un buen día para abandonar los estudios de Derecho y consagrarse al teatro. Muerto en Madrid, donde brilló como dramaturgo (escribió 15 obras y ganó el Premio Nacional Lope de Vega en 1962 y 1966) y se estampó contra la férrea censura franquista.

Gómez Arcos había muerto incluso cuando Franco ya se había muerto. Eso era lo que más le enojaba. En 1985, en una visita a Madrid, con los socialistas en el Gobierno y a pesar de su buena relación con Felipe González y del estreno teatral de algunas de sus obras, lamentaba: "Me han cerrado todo con el mismo estrépito con que lo hizo el franquismo. Los políticos españoles han dejado sin contenido a la palabra libertad. Se pueden leer y ver obras en las que los personajes dicen tacos, muestran las tetas y se drogan. Pero en lo que respecta a la política, hay una censura feroz".

"Siempre fue un outsider que no aprovechó su éxito, pero a pesar de la parte cínica y la mala leche, le hubiera gustado ser reconocido en España", defiende Antonio Duque, el actor que alimentó durante 40 años su amistad con el escritor. Se habían conocido en el café Gijón y se convirtieron en inseparables. En Madrid compartieron piso con Miguel Narros, pero luego Duque arrastraría a Gómez Arcos a Londres y, en pleno 1968, a París. "Llegar y echar a correr todo fue uno", bromea el actor. Antes de irse, Gómez Arcos le escribió una carta a Manuel Fraga, a la sazón ministro de Información y Turismo, para quejarse del ninguneo que sufrió. Demasiado radical para la dictadura, pero también demasiado radical para la Transición, donde aún no había espacio para la memoria histórica que impregna la obra de Gómez Arcos, anticlerical, izquierdista y homosexual. "En aquel momento, España no quería mirar atrás y él no lo entendía porque ya había democracia", precisa Miguel Lázaro, coeditor de Cabaret Voltaire. Atrapado en esa relación ambigua con su país de origen, Gómez Arcos visitó con cierta frecuencia España en los noventa. Recibió algún reconocimiento tímido, pero los temas de sus obras estaban lejos de interesar en un momento en que el pasado seguía acechando sobre los cogotes. Su peripecia era atípica: pastor, estudiante modélico, prometedor dramaturgo, camarero buscavidas en Francia y profeta en tierra extraña, capaz de doblegar una lengua ajena como si fuera propia. Escribía sobre incestos, derrotados, homosexuales, luchadores y represiones.

Miguel Lázaro cree que la carga biográfica pesó como una losa sobre su vida y su literatura. "Cuando acaba la guerra tiene seis años y ve las consecuencias para su familia, cómo se cambia del tiempo de ilusión en que su padre era el alcalde republicano y su madre la panadera a otro de encarcelamientos y penurias", compara. Esa transición es patente en El niño pan, tan autobiográfica que causó una sublevación en su pueblo natal, Enix, cuando se publicó hace tres años. "No cambia nada, usa los nombres y los motes reales de familias que siguen allí", afirma Lázaro. Molestó tanto que se recogieron numerosas firmas para pedir que le retirasen su nombre a una calle y el nombramiento de hijo predilecto. El destino de los malditos.

"The Monitor", Titus Andronicus (2010)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Titus Andronicus fue una de las gratas sorpresas aparecidas hace un par de años. “The Airing of Grievances”, su disco debut, era una extraña mezcla entre el punk más afilado y militante, el rock americano y la música folk más animada y bailable. Si a eso le añadimos su descaro, y falta de complejos, para ampliar sus referencias no sólo musicales sino literarias, ya tenemos a una banda que por lo menos se sale de los parámetros habituales.

No es algo habitual la aparición de discos conceptuales, mucho menos en grupos jóvenes y más raro todavía si el tema que hilvanan las canciones hace referencia a hechos político-históricos. En este caso los norteamericanos se atreven en “The monitor” (título que lleva el nombre de un acorazado de guerra) a usar la guerra civil americana, más en concreto la batalla de Hampton Roads, como punto de encuentro de sus composiciones. Parten de esta idea concreta hasta desarrollarla desde una visión universal, cómo la historia de un país creada sobre la guerra y las batallas influye en sus habitantes y en el modo de entender la vida.

Estamos ante un proyecto muy ambicioso, cosa que queda patente tanto en el número de músicos de otras bandas que aparecen en el disco (Hold Steady, Wye Oak, Vivian Girls...) como en la utilización de un sin fin de instrumentos, todos bajo la misión de crear sensaciones y ambientar las historias que relatan las canciones. Si en su primer disco adolecían de cierta inconsistencia, en éste sucede lo contrario, se trata de un álbum mucho más maduro y donde la divergencia de estilos no ensombrece un poderoso resultado final.

No parece casualidad que en un trabajo con un significado tan pensado el primer tema lleve el nombre de uno de los discursos más famosos de Obama, “A more perfect union”. En él nos encontramos las características del grupo, tensión punk, no hay más que oír el modo descarnado en el que canta Patrick Stickles, y unas guitarras con sonido de indie-rock. A medio camino entre la borrachera de cantina y el romanticismo bélico se encuentran otros tema como “Titus Andronicus forever”, un pildorazo breve pero de intenso estribillo.

“No future part three: Escape from no future” añade otras referencias al contenido del disco. En esta ocasión hay un poso de folk lánguido evidente. Suena a unos Two Gallants electrificados. En “Richard II” hay algo de ese dandysmo canalla que tan brillantemente escenificaban The Pogues, más evidente todavía en “Four score and seven”, la que parece extraída de un disco de cánticos irlandeses. Eso sí, todo pasado por la trituradora sonora de Titus Andronicus.

“To old friends and new” es la canción más lenta del disco. Interpretada por Jenn Wasner (Wye Oak) le da un tono más romántico. “...And ever” es otro tema de muy corta duración donde entra en escena una instrumentación muy clásica de rock and roll, el piano y el saxofón, lo que confiere al tema un ritmo muy bailable. El epilogo lo pone “The battle of Hampton Roads”, con casi 12 minutos de duración se acerca al rock americano crudo que puede recordar a Replacements.

Puede que estemos ante un disco con unas pretensiones demasiado excesivas y algo grandilucuentes pero tanto la temática como el modo de acercarse a ella, así lo pide, y viendo el resultado final no se le pueden poner grandes “peros”. Lo que hace un par de años fue una grata sorpresa, con este segundo álbum se consolidan como una realidad y como un grupo a tener muy en cuenta.

Los magistrales relatos del guerrillero Walsh


Veintisiete Letras reúne por primera vez los 'Cuentos completos' del argentino. Todo un maestro del género se revela tras la leyenda de combatiente Montonero. Descifró la operación de la CIA y previno la invasión de Bahía de Cochinos. El militante revolucionario nunca dejó de escribir relatos


MATÍAS NÉSPOLO
El Mundo



Hace hoy exactamente 33 años caía acribillado Rodolfo Walsh, en Buenos Aires y a plena luz del día, poco después de arrojar al buzón su célebre 'Carta Abierta a la Junta Militar', en la que denunciaba las torturas y el terrorismo de Estado al cumplirse un año del golpe de Videla. Su cuerpo jamás fue encontrado y pasó a engrosar la lista de 30.000 desaparecidos, pero su nombre se convirtió en leyenda.

La leyenda del escritor comprometido, pionero de la no ficción en castellano, que se adelantó una década al llamado New Journalism con 'Operación Masacre' (1957). El periodista, amigo de la Revolución cubana, fundó la agencia Prensa Latina junto a Jorge Masetti, García Lupo, Onetti y García Márquez. El criptógrafo que descifró la operación de la CIA y previno la invasión de Bahía de Cochinos. O el militante de Montoneros que, en los años de plomo, creó la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA) para combatir con información el terror militar.

Lo cierto es que el guerrillero Walsh no empuñó un fusil, sino una vieja Remington. No disparó balas, sino palabras que quedaron en buena parte sepultadas por el mito. "La obra de Walsh ha sido muy mal leída tanto por sus más fervientes admiradores como por sus detractores", dice la editora de Veintisiete Letras Viviana Paletta, autora del esclarecedor prólogo a sus 'Cuentos completos'. El sello madrileño conmemora el aniversario de su muerte con la edición, por primera vez en un solo volumen, de toda su narrativa.

La vida a salto de mata y clandestina de sus últimos años le impidió a Walsh dar su ansiado salto a la novela. Sin embargo, sus 'Cuentos completos' lo revelan como un maestro indiscutible de las distancias cortas, incluso en sus facetas menos conocidas como el relato fantástico y el cuento breve de corte humorístico. La obra reúne además de sus cuatro libros de relatos publicados en vida: 'Variaciones en rojo' (1953), 'Los oficios terrestres' (1965), 'Un kilo de oro' (1967) y 'Un oscuro día de justicia' (1973), una veintena de cuentos desperdigados en diversas revistas.

Traductor de Chandler y Hammett, dramaturgo, periodista, Walsh personificó más que ningún otro escritor latinoamericano la tensión entre la torre de marfil de la literatura y la urgencia de la acción política. Un conflicto que resolvió -sobre todo a partir de '¿Quién mató a Rosendo?' (1967), obra de testimonial en la línea de 'Operación Masacre'- a favor de la acción política llevando el compromiso sartreano hasta las últimas consecuencias. Sin embargo, el militante revolucionario nunca dejó de escribir relatos. Y ambas esferas, la del periodista de investigación y la del narrador, se beneficiaron mutuamente.

Así como Walsh echó mano de los procedimientos típicos de la ficción literaria como la intriga, el suspense y la reconstrucción de escenas y diálogos para dar vida a sus obras testimoniales y a sus textos de combate, la dimensión política y los recursos de la no ficción apuntalan sus mejores relatos. El cuento 'Esa Mujer', incluido en 'Los oficios terrestres', narra el diálogo entre "un general de apellido alemán" y un periodista obsesionado por entrar el cuerpo de "una muerta" célebre que jamás se nombra, pero que sin duda es Eva Perón. Y el mismo Walsh aclara en una nota que "la conversación (...) es, en lo esencial, verdadera".

Relatos como 'Fotos', sobre la reacción de los estancieros terratenientes ante Perón, o 'Cartas', sobre los teje y manejes de la oligarquía agraria y los caciques locales durante la llamada "década infame", se construyen sobre documentos testimoniales y adquieren pleno sentido en el contexto político. Incluso en sus piezas más autobiográficas, como la llamada "saga de los irlandeses" basada en su experiencia infantil en internados religiosos, la dimensión política es crucial. "El pueblo aprendió que estaba solo", dice el narrador de 'Un oscuro día de justicia' cuando los jóvenes internados se dan cuenta de que ningún mayor vendrá a librarlos del cruel celador. Un mensaje muy claro lanzado por Walsh poco después de la muerte del Che Guevara.

Lo mismo puede afirmarse hasta de sus largos relatos policiacos de 'Variaciones en rojo', -tres breves "novelas policíacos deslumbrantes", como las llamó García Márquez- donde la denuncia del poder criminal del dinero y la corrupción intrínseca del sistema capitalista es evidente. Y la misma destreza en el manejo de la condensación y la elipsis se percibe en el Walsh narrador, como en el Walsh militante autor de textos de combate. Seguramente porque el escritor perseguía el mismo fin por dos caminos opuestos: "la eficacia", como explica la editora Viviana Paletta, "la eficacia en la denuncia y la eficacia en el texto literario, en un trasvase absoluto de recursos e intenciones".

La Iglesia y el genocidio ruandés

NICOLE THIBON
Público




Hay que tener una buena dosis de inconsciencia para zambullirse en la historia del genocidio perpetrado en 1994 en Ruanda por la mayoría hutu contra la minoría tutsi. Pero es de actualidad : según un informe de la ONU de noviembre de 2009, las milicias del Frente Democrático de Liberación de Ruanda (FDLR) “habrían recibido regularmente apoyo político, logístico y financiero de gente vinculada a las fundaciones católicas El Olivar e Inshuti” y fondos provenientes “directamente e indirectamente del Gobierno de las islas Baleares”. Hoy dirige el país el presidente tutsi Paul Kagamé; pero las milicias hutus –acusadas de saqueos, asesinatos, violaciones y raptos de niños en el Kivu congolés– se empeñan en retomar el poder. Lo que realmente asombra es la implicación de sectores de la Iglesia católica en la política de ese país africano.

Desde la colonización y evangelización de Ruanda, el país de las “mil colinas”, hacia el año 1900 (poblado por un 80% de hutus y un 10% de tutsis) la Iglesia jugó un papel no sólo religioso sino político. En su trabajo, los misioneros católicos se toparon con la resistencia de los tutsis y gozaron en cambio de una gran benevolencia hutu. Si bien no se puede acusar a la Iglesia de haber creado las categorías o “razas” hutu y tutsi, han contribuido a arraigar y justificar la división de dos grupos que jamás se habían enfrentado a lo largo de siglos sino en trifulcas de intereses entre agricultores tutsis y pastores hutus. En nombre de las etnias, etnólogos y misioneros pensaron haber hallado en África un terreno en el que aplicar las teorías raciales propias del siglo XIX.

En 1931, la Iglesia obtuvo la destitución del rey tutsi Muyinga, contrario a la cristianización de su pueblo. Numerosos clérigos y miembros de la jerarquía se implicaron en la propagación de “esquemas racistas”, por ejemplo en la obra del Padre Albert Pagès o del obispo Léon Classe. Después del Padre Loupias, el abate Alexis Kagamé propagó esquemas racistas en la lengua local. En 1933, los padres blancos fundaron el periódico católico Kinyamateka que más tarde propagaría la ideología “Parmehutu” en donde el tutsi es un “no cristiano”, “anti-blanco”, “mentiroso”, “inteligente y artero”; mientras que el hutu es “trabajador”, “indígena dócil”, “amigo del blanco”.

Con el monopolio absoluto de la enseñanza, la Iglesia multiplicó la formación de abates y seminaristas hutus, con el fin de realizar en Ruanda un “reino de Cristo” y en 1946 el rey Mutara III escogido por la Iglesia, consagró oficialmente el país a “Cristo Rey”. La conversión al catolicismo se volvió la puerta obligada para acceder a cualquier empleo colonial. El colonizador y la Iglesia habían logrado hacer de Ruanda un país casi 100% católico y un modelo para África llamado “la joya de África”.

Pero el viento de independencia que soplaba en los años cincuenta reforzó el nacionalismo “comunista” y “ateo” de los tutsis. En 1957, los hutus cercanos a la vicaría ruandesa redactaron un manifiesto según el cual los tutsis son intrusos llegados del Nilo, a donde han de regresar. El sermón sobre la Caridad de 1957 de monseñor Perraudin y su carta pastoral racista de cuaresma del 11 de febrero indujeron directamente la “matanza de Todos los Santos” de 1959, durante la cual paisanos armados de machetes quemaron las haciendas de los tutsis, dejando decenas de miles de muertos y no menos refugiados. Cuando en 1963 los refugiados tutsis intentaron volver a Ruanda, ahora república independiente, decenas de miles fueron asesinados en la “Navidad roja”. A partir de la independencia, el dominio de la Iglesia se acentuó, en particular el de su ala derecha, el Renouveau Charismatique y el “departamento secreto” del Opus Dei. En 1973 se puede hablar del régimen hutu del presidente Habyarimana como de una dictadura católica de un país casi 100% católico.

En las actas del 16 de mayo de 1997 de la comisión parlamentaria belga, numerosos testimonios acusan directamente a la Iglesia católica y sus ramificaciones. Sacerdotes, obispos, arzobispos, abates, curas, misioneros, miembros del Opus fueron oficialmente acusados de complicidad, pasiva o activa, en el genocidio de 1994. Según el investigador belga Pierre Galant, 816 machetes fueron comprados y distribuidos por Caritas-Ruanda en 1993. El padre blanco Johan Pristil, partidario ferviente del “hutu-power”, participó en la creación de la Radio “Mil colinas” y tradujo Mein Kampf al Kinyaruanda, y vio a los tutsis como a los “judíos de África”. Se hallaron 30.000 cadáveres en su parroquia en Nyumba. La radio “Mil colinas” –o “radio de la muerte”– predicó la matanza día tras día. Monseñor Misado fue arrestado en 1999 por su participación en el genocidio y las hermanas Mukangango y Mikabutera por haber entregado a los tutsis refugiados en sus conventos. El abate Seromba fue condenado a cadena perpetua. Genocidas notorios se esconden y son protegidos en conventos, monasterios y parroquias. En Francia, el abate Munyeshyaka y otros están protegidos por las autoridades civiles y católica, así como Rekundo en Ginebra, exfiltrado por “Caritas Catholica”, Nahimana en Florencia y Bellomi en Brescia: unos 50 sacerdotes genocidas ruandeses lograron huir a Europa y Canadá.

¿Pedirá perdón la Iglesia católica por su política africana y el genocidio de Ruanda?

"The Big To-Do", Drive by Truckers. La esencia del rock


KEPA ARBIZU
Tercera Información




El modo en el que el grupo norteamericano Drive by Truckers ha llevado su carrera musical perfectamente podría ser utiliza como ejemplo de perfección. Han seguido, y siguen, los pasos que toda banda querrían para sí.

Es a finales de los noventa cuando inician su andadura. Sus primeros discos serán los encargados de ir moldeando la forma particular de su música, rock clásico de fortísimas influencias sureñas y una “lírica” dedicada a diseccionar la vida de los habitantes de la América profunda. Poco a poco se van granjeando una serie de fieles seguidores, que si bien en un principio no fueron demasiados en número si afanados en dar a conocer la banda. El éxito y despegue definitivo llega con la concatenación de tres asombrosos discos que sirven para poner su nombre entre los destacados del rock actual. “Southern Rock Opera” es el ambicioso proyecto que acometen en el 2001, un doble disco que por medio de la historia de Lynyrd Skynyrd, influencia ineludible en Drive by Truckers, hacen una reflexión de la decadencia de la cultura sureña. “Decoration Day” puede ser tomado como una continuación en el sentido conceptual, pero esta vez en un ambiente más local y con personajes de duros reveses vitales. “Dirty south” pone el colofón a esta trilogía, un broche de oro hecho a base de rock abrasivo mezclado con un derroche de dramatismo.

Totalmente consolidados es a partir de estos años cuando se empiezan a producir algunas bajas, todas ellas respuestas con otras tantas incorporaciones. La más importante y significativa es la de Jason Isbell (actualmente con una interesante carrera en solitario), no sólo un componente más sino también una de las fuerzas creadoras de la banda. Lo que parecía ser un cambio dramático y desestabilizador resulta bien controlado por el conjunto consiguiendo no verse alterado en su labor creativa. Su nuevo disco, “The Big To-Do”, es el segundo con la mencionada ausencia. Anteriormente editaron “Brighter than Creation’s Dark” un buen disco de duración excesiva (19 canciones) y que en todo momento dio síntomas de llevar en su interior un álbum sencillo magistral.

En el actual es Patterson Hood el que ha tomado las riendas a la hora de componer los temas. La mayoría están escritos por él y utiliza la metáfora del circo, relacionado con el loco mundo del rock, para retratar diferentes estados de ánimo, casi todos ellos marcados por la dificultad de sobrellevar la vida y sus diferentes varapalos. La historia de un niño abandonado por su padre está detrás de “Daddy learned to fly”. Confeccionado con la habitual tela de araña que tejen con el sonido de sus guitarras y la contundencia en la percusión. Lo mismo sucede con “Birthday boy”, cantada por Mike Cooley, contrapunto sereno a la voz más ampulosa de Hood, y dedicada a las miserias de una stripper. El propio guitarrista también interpreta “Get downtown”, con un sonido más “rockandrollero”, donde luce el trabajo de Jay González en los teclados, gran incorporación la suya, dándole un aire clásico al tema donde confluyen influencias de Chuck Berry y Rolling Stones. También será importante su labor en “The fourth night of my drinking”, ésta más profunda y sentida evocando el espíritu de Neil Young, nombre esencial para entender a Drive by Truckers.

Las duras guitarras aparecen muy patentes en la directa y poderosa “This fucking job”, de explícito título donde se describen las consecuencias de la pérdida de un horrible trabajo por parte de un hombre. “(It’s gonna be) I told you so” está cantada por Shonna Tucker (al igual que “You got another”), bajista de la banda, e imprime, a pesar de las guitarras eléctricas, un sabor a pop de los cincuenta muy curioso. “After the scene dies” es uno de los momentos estelares del disco, un tema que conjuga lo que es este grupo en esencia, músculo y sensibilidad y en la que aprovecha para mirar, de una forma nada autocomplaciente, al mundo del rock.

“The big to-do” se cierra cos dos canciones realmente lentas. “The flying wallendas” con gran carga tanto de electricidad como sentimental y la acústica “Eyes like glue” interpretada de nuevo por Mike Cooley esta vez con un aire folk.

Cuando Patterson Hood explicaba este disco como más rockero y guitarrero que los anteriores seguramente se refería a que contiene más melodía, más optimismo sonoro. Por poner alguna pega a un grupo que roza la perfección, tal ve se eche algo de menos mayor profundidad en los temas, más de ese dramatismo que ellos saben controlar tan bien, pero esto, no deja de ser una floja excusa para intentar negar la perfección que parecen haber conquistado estos músicos.

Marie Ndiaye, Ganadora del Premio Goncourt : "No sé escribir de otro modo que con dureza"


CARLES GELI
El País




El único gesto espontáneo de Marie Ndiaye (Pithiviers, Francia, 1965) es una brevísima apertura desmesurada de ojos en alguna pregunta. El resto de esta mujer de padre senegalés, que la abandonó junto a su madre francesa, está bajo un control férreo total: brazos cruzados, hilo de voz, sobrio jersey negro bajo pendientes blancos, mirada de soslayo a su interlocutor cuando cree que no la ve... Son gestos que traducen, de alguna manera, su literatura, donde fluye, bajo aparente normalidad, angustia, humillación, odio.

Precoz escritora desde los 17 años, Premio Fémina 2001 (Rosie Carpe), única mujer con una obra en el repertorio de la Comédie Française (Papa doit manger, 2003), con Tres mujeres fuertes (Acantilado / Quaderns Crema, en catalán) fue la novena mujer (primera negra) en ganar el Goncourt (610.000 ejemplares en Francia). En el que dice la crítica que es su mejor libro para conocer su obra, se describen las historias de tres mujeres "sometidas a los demás, sí, que aceptan lo que viene pero que intentan proteger, como sea, su dignidad".

Pregunta. Aparte de mujeres muy duras con ellas mismas, sus protagonistas no pueden volar por sus maridos y padres, que inspiran miedo o respeto. ¿Hasta qué punto es autobiográfico?

Respuesta. El primer relato, el de Nora, es quizá el que más: el padre es una figura poderosa, casi de cuento de hadas; parece más un ogro que un hombre real. Todas las familias son complicadas, suelen concentrar la gama de sentimientos humanos: amor, odio, celos, lealtad... Por eso hay tantas en mi obra.

P. Pero ese entorno familiar acaba agobiando, humillando o haciendo que los personajes se odien más. Y esos estados impregnan gran parte de su obra. ¿De dónde surgen esas atmósferas?

R. No lo sé: nunca me he psicoanalizado; no sé qué hay en mí. Pero me gusta que mis libros molesten, inquieten, perturben, no quiero que el lector tenga sentimientos en blanco o negro sobre los personajes; no sé escribir de otro modo que no sea con dureza.

P. ¿Ni en sus libros infantiles?

R. Tampoco son muy dulces; los cuentos son casi los mismos, sólo el final es un poco más feliz: de pequeña no me gustaban los tristes. ¿Escribir como mecanismo de defensa? Sigo intentando comprender este mundo nada simple, poner orden en el caos. Y sí, una sociedad así hay que cimbrearla. Le garantizo que no es agradable escribir de este modo.

P. Un padre que vive en la rama de un árbol, diablillos o ángeles en las barrigas de los personajes... Siempre disemina algo maravilloso.

R. Me encanta introducir elementos fantásticos en historias realistas, por estética y porque todo lo maravilloso ayuda a explicar mejor que lo real. Intento hacer algo parecido a lo que en cine hace David Lynch.

P. No hay muchas referencias explícitas ni al feminismo ni al racismo en sus obras, pero aquí aparece más África, por ejemplo.

R. Esos temas están pero no se explicitan porque me preocupa más lo literario que lo identitario; hago novela, no ensayo. Eso se lo dejo a mi hermano [Pap NDiaye, historiador y especialista en la cuestión negra en Francia]. Si hasta ahora no ha salido más África es porque no la conocía: sólo fui una vez, con 22 años, a ver dónde vivía mi padre. Hace poco volví por un guión cinematográfico.

P. Desde hace tres años vive en Berlín porque, afirmó, le asfixiaba la Francia de Sarkozy. El domingo sufrió un duro revés en las elecciones regionales.

R. Los Gobiernos regionales ya eran de izquierdas hace tres años. No, el problema es que la derecha francesa es muy dura, sobre todo en lo económico, contra los pobres. La derecha ya no tiene ese componente cristiano, esa compasión o paternalismo que tuvo incluso en sus peores momentos. Cada vez se acerca más a la extrema derecha. Me preocupa más lo socioeconómico que lo racial.

P. Hay quien dice que exageraba con el tema Sarkozy, pero tras leer su obra pensé que era coherente porque, a lo mejor, para usted representa una dureza delicada, una violencia latente.

R. Sí, es eso.

Marie-Monique Robin: «Lo 'light' lleva aspártamo, un veneno»


En el 2008 desenmascaró en el documental ‘El mundo según Monsanto’ a la multinacional de las semillas transgénicas. Sigue investigando lo que comemos y aún está más alarmada


NÚRIA NAVARRO
El Periódico de Catalunya



Le obsesiona lo que comemos, entre otras cosas porque es hija de campesinos de Gourgé, un pueblo cercano a Poitiers (Francia), pero también porque tiene tres hijas a las que no quiere «envenenar». Con una cincuentena de reportajes en su expediente, entre los más reconocidos figura el documental sobre Monsanto, producido por la cadena Arte, que esta semana se volvió a proyectar en el Institut Francès de Barcelona. (Península ha editado la versión libro).

–No se ha demostrado que los transgénicos sean nocivos.

–No se ha podido. El doctor Arped Pusztai, del Instituto Rowett, de Aberdeen, descubrió que las ratas alimentadas con patata transgénica desarrollaron defectos en el sistema inmunológico. ¡Desmantelaron el laboratorio! Pasó algo parecido con Manuela Malatesta, en Italia, que estudiaba la soja transgénica.

–Su demonizado Monsanto sí ha hecho estudios.

–Son estudios realizados durante tres meses, un plazo adecuado para valorar la toxicidad aguda. Pero para medir la toxicidad crónica hay que emplear al menos dos años de trabajo y 10 millones de euros. Aun así, Europa está en contra de los transgénicos, excepto España.

¿Por qué España es diferente?

–Cómo decirlo para no ofender...

–Suéltelo sin más.

–España se encuentra en una situación similar a la de Francia hace 30 años, cuando llegó la llamada revolución verde. La modernidad para ustedes es importante, y creen que es moderno el uso de transgénicos.

–Estamos atrasados, vaya.

–Digamos que la preocupación medioambiental que sacude Francia y Alemania no ha llegado aquí. Ahora trabajo en la relación entre la exposición a productos químicos que entran en la cadena alimentaria (herbicidas, pesticidas, plásticos, aditivos) y el cáncer, la esterilidad, el párkinson, la obesidad... ¡Está totalmente confirmada! Y España es el país con más cáncer de testículos asociado a los pesticidas.

Visto el panorama, ¿qué no se lleva usted a la boca?

–Una cola light, por ejemplo. En toda la comida light, desde los yogures al chicle sin azúcar, hay aspártamo, que es un auténtico veneno. Se ha demostrado que en animales provoca leucemia y tumores cerebrales.

–Más hallazgos para no dormir.

–Hay que evitar envases que contengan bisfenol A, una hormona sintética que se inyecta en el plástico para endurecerlo. Su uso es frecuente en biberones, botellas de agua, fiambreras, en el interior de las latas de maíz... ¡Dentro de un año se hablará mucho de esta molécula! Es un perturbador endocrino peligroso, en especial para las embarazadas.

–¿Cómo de peligroso?

–Los residuos de la hormona sintética atraviesan la placenta –que no es la barrera inexpugnable que creíamos– y el feto las absorbe. Durante la formación de los órganos, la hormona sintética usurpa el lugar de las naturales, y activa el crecimiento, pero mal. De modo que el niño nace bien, pero a la larga sufre cáncer, obesidad, diabetes. Y están también los herbicidas...

–No sé si preguntarle más.

–Unos 80.000 productos químicos fueron puestos en el mercado tras la segunda guerra mundial. En España, el franquismo funcionó como barrera protectora; pero el resto de países abrazó con alegría la vida moderna. No fue hasta finales de los 50 cuando toxicólogos de la OMS empezaron a estudiar aditivos y pesticidas y trazaron el código alimentario.

–La dosis hace al veneno.

–Eso dijo Paracelso en el siglo XVI, y en función de esta premisa se trazó la reglamentación de químicos. Pero ahora sabemos que las hormonas sintéticas actúan a un nivel que nunca se había testado. Puede ser que con uno no pase nada y con una milésima resulte letal. Además, de los 80.000 químicos solo se ha estudiado un 8%. Los toxicólogos deben trabajar en otro paradigma.

–Y mientras tanto, ¿qué hacemos?

–Repensarlo todo. El 90% de las enfermedades crónicas están ligadas al medioambiente y al estilo de vida tóxico que llevamos. El director de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer de Lyón dice que en los últimos 20 años se ha duplicado el cáncer. En la India no hay casi cánceres, porque no comen basura, no consumen en plástico, no usan pesticidas (excepto Punjab).

–Seamos positivos. ¿Qué comemos?

–¡Sólo orgánico!

–¿No será todo esto un pasatiempo de ricos? ¿Un sustituto ideológico?

–Hay demasiados datos científicos que demuestran lo que digo.

–Lo orgánico es más caro.

–Nunca se calcula el precio real de la agricultura intensiva. El equipo es caro, el suelo muere a base de fertilizantes, y luego están las semillas, el transporte, el impacto en el medioambiente. Desde hace poco el Banque Agricole, reacio a todo esto, apuesta fuerte por los agricultores orgánicos. Mire, usted y yo estamos acabadas, pero no hay que hipotecar a las generaciones futuras.

"Un profeta", sobrevivir tras unos barrotes


Tahar Rahim, su protagonista, debuta en este filme convirtiéndose en un actor muy prometedor



AIDA M. PEREDA
TerceraInformación



’Un profeta’ se sumerge en las celdas de una institución penitenciaria para elaborar una metáfora sobre la supervivencia en su estado más primario. Jacques Audiard (director de ’Mira a los hombres caer’ o ’De latir mi corazón se ha parado’) se sirve de un grupo de reclusos como trasfondo para hablar de los problemas de integración en el grupo y al mismo tiempo, les erige como representación de una sociedad cada vez más desadaptada. El filme cuestiona además el ideal de "reeducación" en la cárcel y demuestra que su paso por ella, lejos de reparar, pervierte y potencia las habilidades delinquivas.

Aunque las historias carcelarias, que siempre han tenido mucho tirón, se enmarcan en unos tópicos a los que se recurre antes o después, ’Un profeta’ se presenta fresca e impactante desde el primer momento. Filmada con una estética sobria y natural, introduce a un personaje de apariencia débil, Malik El Djebena, en una prisión dividida en dos bandos: el de los corsos y el de los árabes. Aunque su intención es pasar desapercibido, pronto se verá amenazado de muerte por el líder corso, César, quien le encomendará un primer encargo a cambio de convertirle en el protegido. Por ello, Malik deberá luchar entre lo que él considera lo correcto y lo que los demás le piden para ganarse su confianza y respeto y conseguir escalar en el entramado jerárquico organizado por los propios presos. El aprendizaje de Malik se hará palpable a lo largo del filme, pues veremos cómo su asimilación del código interno es tal que no dudará en llevarlo a cabo y actuar por su cuenta. Todo lo aprendido le servirá en sus permisos al exterior, que se convertirá en una prolongación de su experiencia en reclusión.

Comparada con la trilogía de ’El padrino’ por el intrincado mafioso que sostiene ambas películas, ’Un profeta’ conecta sin embargo con la ejemplar trilogía de Coppola en su interés por indagar en la organización de la delincuencia, pero no se parecen en forma ni en fondo más allá de las convergencias de Don Corleone con el jefe corso. En mi opinión, sí hay cierta similitud con ’La haine’ (’El odio’), una película que viaja a los suburbios de un "idílico" París donde tratan de sobrevivir los inmigrantes de segunda generación.

Escenas de gran crudeza salpican el filme, con agresiones físicas y verbales por doquier. Es difícil olvidar el momento en el que el jefe corso (interpretado por un soberbio Niels Arestrup, de ’La escafandra y la mariposa’) grita encolerizado a su discípulo: "¡Si comes es gracias a mí, si sueñas, piensas, vives, es gracias a mí!" La violencia explícita llega a alcanzar cotas extremas, pero sin embargo, resulta justificada en todo momento para hacer más real y creíble la historia. Como contrapunto, se intercalan escenas totalmente oníricas que, aunque atormentan la conciencia del protagonista, ofrecen un respiro al espectador frente a dos horas y media de angustia.

En el reparto destaca la interpretación novel de Tahar Rahim, quien da vida a este Malik tan fuerte y vulnerable que le ha valido reconocimientos como el Premio del Cine Europeo y el César a Mejor Actor y Mejor Actor Rebelación. Y aunque al final ’Un profeta’, que ha conseguido el Gran Premio del Jurado en Cannes y nueve Premios Cesar, no se ha llevado el Oscar a la Mejor Película Extranjera, lo cierto es que merece la pena verla.

"Cada vez hay más respaldo y apoyo social a la tortura"



Jorge del Cura, portavoz de la Coordinadora para la Prevención de la Tortura. El activista denuncia la criminalización del movimiento contra los abusos del Estado


ÁNGEL MUNÁRRIZ
Público


Jorge del Cura, portavoz de la Coordinadora para la Prevención de la Tortura (CPT) y miembro fundador del centro documental sobre la misma, es una voz de máxima autoridad en la lucha contra los abusos físicos y mentales y los tratos crueles y degradantes. Fue coordinador de la Acción Popular contra los GAL, uno de los portavoces de la Coordinadora Solidaria con las Personas Presas y presidente de la Asociación contra la Tortura. Comisarías, prisiones, centros de internamiento de inmigrantes y en general cualquier espacio de impunidad del Estado están en su mirilla. Los informes de la CPT son empleados por Amnistía Internacional (AI) y la Secretaría de Estado de EEUU para denunciar que en España sigue habiendo tortura. Hace dos semanas, la Diputación de Sevilla censuró un ciclo de la CPT porque dijo la institución participaban personas "supuestamente vinculadas al entorno abertzale".

¿Le sorprendió la censura?

Es delirante la alusión al "entorno abertzale" en referencia a Salhaketa, que ayuda a presos sociales. Ane Ituiño [candidata por ANV en Bilbao en 2007] venía como abogada a contar su experiencia. Y, que yo sepa, ser abertzale no es delito ¡por ahora! Ese concepto del entorno es diabólico.

¿Lo sufre la CPT?

Se descalifica a todo el movimiento basándose en la acusación de que hay proterroristas. La CPT integra a 45 colectivos de todo el Estado, y sólo el 5% o el 6% de las denuncias que nos llegan tiene que ver con detenidos incomunicados por supuestos delitos de terrorismo. Logran que todo el tema sea tabú, cuando el 36% de los casos afecta a gente que simplemente discute con un policía y acaba golpeado, detenido y acusado de atentado. No preguntamos por su delito a nadie, porque la tortura es intolerable siempre. En Colmenar Viejo, vinieron tres chavales a los que la Guardia Civil había maltratado. Sus padres eran falangistas y ellos creían que no íbamos a ayudarlos. ¡Si nos da igual! Nadie nos llamó profalangistas por ayudarlos.

¿La tortura es un fenómeno extendido en España?

Aunque es difícil precisar el número exacto de casos, los mil que nosotros conocemos al año nos permiten afirmar que sí. Además, pocos inmigrantes denuncian, porque conlleva una contradenuncia y te expulsan o te quitan los papeles. Los presos de segundo grado, si denuncian, se exponen a perder el grado y los beneficios. En zonas rurales, donde no suele haber asociaciones de derechos humanos, hay pocas denuncias. Hay más en Madrid, Catalunya,Euskadi, Andalucía...

¿El fenómeno va a más?

Se denuncia más, pero a la vez crece su apoyo y respaldo social, sobre todo cuando la tortura se utiliza en lucha contra el terrorismo.

O cuando se pide apretar a detenidos, como en el caso de Marta del Castillo.

No tenemos datos sobre la actuación policial en ese caso, pero he leído en algunos medios eso de que hay que "sacarles la verdad como sea". ¿Pero qué es eso? Habrá que buscar la verdad con todos los medios legales.

En los juicios, ¿es difícil romper la presunción de veracidad del agente?

Sólo es posible con testigos, partes médicos Y hay un problema. El detenido es llevado al hospital por los policías, así que el médico no se atreve a hacer informes exhaustivos y el detenido se calla. Los médicos forenses, en los juzgados, también hacen exámenes muy superficiales.

¿Sirven de algo las cámaras en comisaría?

Son fáciles de eludir. En las zonas de incomunicados, no hay. Los policías no golpean donde saben que hay. Se vio en Roquetas, cuando le daban a [Juan Martínez] Galdeano en el ángulo que no se grababa. La ventaja de Les Corts [la comisaría barcelonesa de los mossos] es que no sabían que había cámaras. Por eso se vio lo que se vio.

Willy Toledo, al hilo de sus polémicas declaraciones, comparó a España y Cuba.

La CPT sólo se encarga de la tortura en el Estado español ¡y bastante tiene con eso! Lo ocurrido con Zapata es inaceptable, pero también la falsa idea de que las democracias no torturan.

Muere Alex Chilton, pionero del 'power pop' norteamericano


El líder de la banda Big Star y ex integrante de Box Tops, de 59 años, sufría de problemas cardíacos


FERNANDO NAVARRO
El País




La muerte de Alex Chilton significa el adiós a uno de los grandes músicos de culto de las últimas cuatro décadas en la escena del rock. Chilton, que ha fallecido a los 59 años a causa de un problema cardíaco según informó la CNN, representaba al artista independiente y calavera, tan capaz de lo mejor como de cosas más intranscendentales, pero la memoria colectiva del mundo del rock le recordará siempre por su dosis perfecta de power-pop, tanto en solitario como en The Box Tops y, sobre todo, en los grandiosos Big Star. Sin alcanzar apenas repercusión mediática en los medios generalistas, Chilton tenía una más que considerable acogida entre los músicos y la prensa especializada.

Nacido en Memphis en 1950, pronto tuvo inquietudes musicales pero no se le puede considerar un músico original de la ciudad del country de Sun Records. Sus influencias llegaron del entorno del soul sureño y de más lejos: en plena adolescencia se entusiasmó por los sonidos de la Invasión Británica, encabezada por los Beatles, los Rolling Stones, los Zombies o los Who. De ahí nace su pletórica visión musical.

Con una banda de instituto llamada The DeVilles, da sus primeros y tímidos pasos musicales pero gracias a un manager hábil y a sus buenas maneras deciden tomárselo más en serio y forman The Box Tops. Tuvieron un importante éxito con el tema The Letter. Pop adolescente pero con un buen espíritu de soul. Lo que en Estados Unidos y Reino Unido se conoció como Blue Eyed Soul, una etiqueta que englobaba a artistas blancos influenciados por el R&B, al estilo del primer Van Morrison, y en la que entraban Joe Cocker o Eric Burdon, entre otros.

Sin embargo, el salto de calidad llegó con Big Star, una banda esplendorosa, una estrella musical tan radiante como fugaz. Formada en 1971, Big Star fue por encima de todo la conjunción de Chilton y Chris Bell, que apenas duró un par de años. Ambos dieron forma a un estilo melódico de grandes vuelos que sembraba las semillas del power-pop. Guitarrazos directos, voces sugerentes y magnífica capacidad para absorber al oyente entre reminiscencias psicodélicas. En un tiempo en el que se extendía las atmósferas progresivas de Yes, las composiciones conceptuales de Pink Floyd o la rudeza de Led Zeppelin, los acordes efusivos de Big Star insuflaban un rayo de esperanza al siempre delicado y excitante mundo de la orfebrería pop.

El problema fue que Bell dejó la formación por continuas disputas con Chilton, que tenía, según varios conocidos, una personalidad muy complicada. Bell murió repentinamente en 1978 pero Big Star seguirían adelante con Chilton al frente y más de una reunificación, la última prevista para este año en el prestigioso festival de South By Southwest.

Pese a todo, #1 Record o Radio City, publicados a principios de los 70, son dos álbumes que, de alguna manera, se sellaron en los corazones de muchos amantes del pop melódico. Las imperecederas píldoras de Big Star serían utilizadas por varias generaciones como verdaderos elementos de estímulo creativo. Sin ellas, tal vez, no se entenderían los trabajos de REM, Teenage Fanclub, The Posies, Replacements, Long Ryders o Weezer.

El espíritu errante y complicado de Chilton fue símbolo de una carrera en solitario de bastantes tumbos. Se dejó ver en la escena del punk de Nueva York o dedicó algunas de sus energías a nuevas labores en los mandos de la producción, como cuando trabajó con The Cramps. Varios de sus últimos trabajos estaban repletos de versiones que dieron perspectiva de su altibajo compositivo aunque auténtico sentido ecléctico. En España, no fueron pocas las bandas que le tenían como una referencia, entre ellas, Surfin' Bichos. Porque Alex Chilton era un músico de culto, mitad maldito, mitad pura bendición, como los mejores temas de Big Star.

Pola Oloixarac: "Me gustaría pensar que el presente es el mejor de los mundos posibles"


Escritora argentina, publica 'Las teorías salvajes'


IGNACIO OROVIO
La Vanguardia




"Debo hablar ahora –por razones de fuerza– de mi hermosura". Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977) sólo es autora de la frase. La suelta Rosa Ostreech, la voz que busca y narra Las teorías salvajes, primer y obús libro de Oloixarac: el personaje de la semana en la Barcelona literaria. Bloguera, cantante, actriz, filósofa… Llega de la mano de la joven editorial Alpha Decay apadrinada por Ricardo Piglia y como "última" revelación de las letras argentinas. El libro mezcla la historia de la filósofa Ostreech con la de dos parejas –dos guapos y dos feos– que se lían entre ellos, sazonado todo de peterpanismo, sexo, antropología y filosofía: pura y/o aplicada, en una pólvora que no se digiere en dos días.

¿Es una novela, un tratado…?

Decididamente es una novela, que haya teoría o que yo intente jugar una manera literaria de plantearla no le exime de ser novela. Es un experimento entre novela y teoria. En cualquier novela, o en algunas que a mi me importan, está la pregunta de qué significa lo que estás narrando y cuáles son las operaciones semánticas lógicas y ontológicas para poder narrar esa cosa. Puedo hacer una novela no autoconsciente de esas preguntas o que sí lo sea. Se trata de encontrar otro camino experimental de fundir novela y teoría. Para mí de hecho están fundidas.

¿Esperaba esta repercusión?

Estoy muy contenta y sorprendida. Contenta de que haya encontrado tantos lectores. Cuando le puse el punto final no estaba segura de dónde iba a publicarla. Todos me decían que sí, que la iban a publicar, que era buenísima… En Argentina te dicen una cosa y luego no hacen nada, eso me pasó con dos editotriales. Una de ellas se fundió y ni siquiera me avisaron. Así que ese punto final estaba un poco atravesado por ansiedad por mi parte porque a la gente le gustaba pero los comportamientos no se corrrespondían… Tenía la fantasía de que gustaría a muchísimos lectores… Ha gustado a muchos escritores y eso es muy especial. Eso significa que, además de entretener, esa busca experimental encontró prontamente un oído donde resonar. En general los escritores se preocupan más por cómo se funde novela y tratado. Pensé que si esto está pasando tan rápidamente es que funciona, que me salió bien.

¿Reescribió mucho o salió del tirón?

Reescribí durante tres años. Superedité, cada palabra fue cambiada mil veces adentro. Fue un trabajo enorme, muy encerrado. Cuando empecé a terminar empecé a sentir la necesidad de publicarla. Escribí desde muy chica y nunca me importó mucho publicar, pero con esta tuve la necesidad de que estuviera fuera, que era necesaria.

¿Habrá más?

Estoy escribiendo una novela sobre plantas.

¿Sobre plantas?

Sí, me encantan, en especial las orquídeas, tengo una colección de unas treinta. Las teorías salvajes salió en diciembre de 2008 y desde entonces estoy con él, ahora tengo ganas de encerrarme de nuevo, lo necesito muchísimo.

El libro es como una ametralladora en la que no queda títere en pie: la revolución sexual, el mundillo cultural de buenos aires, la política argentina… ¿Tiene el libro esa intención?

Mmmm, tenía la intucion que con la novela como género podía hacer cualquier cosa, que es una especie de órgano capaz de captar todas las cosas que me preocupaban, y que yo percibo como una misma cosa, unidas. La guerra que recorre las relaciones contemporáneas la veía como totalmente implicada con la manera en que se perseguía en los años 70, con la manera en que el gobierno y su discurso pontificaba y hacía un análisis políticamente más profundo de la situación. Es complicado que cuando tienes una guerrilla como la montonera o una organización cuyo fin es destituir al estado, desde el gobierno se propongan como los detentores de la paz del estado o los fundadores de la democracia, cuando ellos no buscaban la democracia … Hay una suerte de operaciones retóricas que atraviesan Argentina, de impostura, mistificación y mentira que me perseguían. No podía para de verlas, y como además atraviesan todas las relaciones y todas las tensiones, no podía dejarlas afuera. Yo tenía que dar cuenta de eso. Lo hacía con cierta urgencia porque ni desde la literatura ni desde el periodismo había análisis de esa cuestión. Eso es muy común en Argentina. Nadie se pone a observar el peronismo: cuando cae, es visto como un dictador y de pronto en la generación posterior es el adalid de las libertades. De 20 años en 20 nadie revisa lo que pasó antes. Y eso se ve también en las crisis: en 1989, 2001, ahora…. Nadie tiene una memoria de contínuo, la historia es como mera conciencia archivísitica… Nadie aplica una visión de conjunto.

¿Estaría de acuerdo en que es un libro post? Post-político, post-revolucionario…

Me gusta que se reciba así…No quería hacer una novela postmoderna, no lo es en absoluto. Por el contrario. Aunque fuera un sentido loco, quería que tuviera un sentido. Traté de ejercer la mayor distancia posible respecto al último paradigma de lo aceptable, que es lo posmoderno, que no comparto ideológicamente porque me parece un problema

¿Esa inococlastia esconde una cínica?

Nooooo! ¡No, no! Soy una romántica. Busco sentidos absolutos, que la novela, la política y la ética se fundan… ¡No puedes ser cínico, todo lo contrario!

"La campanilla hace clin, cual eructo de ruiseñor". ¿Cómo se le ocurrió?

Mmmmm… ¡Suena así! Como un pajarito. No fue voluntario, salió. Es realista.

¿Por qué esos apuntes antropológicos?

Hay una convención que supone que existe un discurso científico equiparable al de las artes. Al mismo tiempo, en los tratados de antropología, de hace cien años por ejemplo, la mayor parte de los términos y las categorías ¡son absolutamente ficticios! Son una manera de abarcar una idea que tienen mucho en común con las de una novela. Lo que pasa es que tienen otra intención. Uno puede apropiarse de estos discursos porque su capacidad nociológica en sí no es diferente a la de una novela. Es tan ficción como la de una novela. Si estás inserta en el mundo tienes que encontrar la manera de contarlo. Me divirtió contarlo de esa manera.

Aunque sólo sea el engranaje y la arquitectura literaria que utiliza induce a darse la esperanza de que nos queda la cultura…

Sí. Las relaciones violentas que viven, sobreviven y nutren a la cultura no implican desestimar la cultura como lugar de conocimiento. Hay que dejar de lado cierta hipocresía. Quizás estoy algo influida por algo que leí sobre la polémica entre taurinos y antitaurinos que hay aquí. Me gusta mucho ese debate. No me gusta ver morir a un animal, me muero de ganas por ir a una corrida… Me gusta el argumento de que es importante esa muerte delante de todos, porque vuelve real todas las muertes que necesitamos para poder vivir en tanto que humanos. Como humanos nos enseñoreamos sobre los otros y no es extraño que estén afuera, que nos explayemos y las mostremos… Sí que puede ser obsceno, es la desnudez de la muerte, pero es la manera con que yo me puedo relacionar con los objetos: hay una corriente de la metafísica que dice que todo debe ser mostrado, toda la verdad debe salir del closet. Pero quizás hay una idea de la verdad que implica esconderla, taparla o dejarla bajo un manto de otra cosa, que también sea verdadera. La literatura es una forma de conocimiento, y en ese sentido, no todo está perdido.

Aquí se la acusaría de citar filósofos para darse caché, o de bajárselos de wikipedia.

Yo creo que no es tan fácil fingir la erudición. Podrías pensar en mi texto como un hipertexto de wikipedia, pero no funcionaría. Esa acusacion no es empírica, no fue hecha así.

No es una acusación.

Ya, ya, pero al contrario. Hay cosas que veo en wikipedia que pueden paracerse, pero yo también busco la noticia, la novedad, si no… En Argentina también podrían haber dicho una cosa así. Para mí, la erudición de wikipedia no es comparable a la de mi libro. Yo quiero que mi novela siga afuera de sí misma, tengo una relación muy nerd con mis libros y cultivo eso. No creo que en wikipedia este el conocimiento.

¿De qué se nutre? ¿Borges, Bolaño, Conrad…?

Mis influencias… Son Hobbes y Carl Schmidt en lo filosófico. Bolaño, sí, es cierto. Cortázar me encanta, Borges… ¡lo amo! Es todo para mí, mi lectura de adolescente… En los 80 la gente estaba fascinada con Borges, era la totalidad del conocimiento y la gente lo usaba como si fuera wikipedia, usaba sus definiciones, lo leía, eso era ser borgiano. Yo quiero tener una relación fuerte con Borges pero más para examinar y experimentar sus ideas, no sólo leerlo en tanto que borgiana sino hacer algo más con el fantasma, que sea más que eso y su sombra terrible. Quiero tener algo más que una relación imitativa.

En algún lugar acusa a los "europeos" de dárselas de superioridad cultural…

Sí, ja, ja, eso pasa. ¿Vos estuviste?



¿Y como un gran señor catalán? Mmmmmmm, no… …bueno, los argentinos fantasean taaaanto con los europeos. Es un signo de rango. Por eso la novela se mofa un poco de esa tendencia argentina absoluta a adorar a lo europeo, a querer impresionar con eso.

En algun lugar he leido que la "acusan" de ser de derechas, o de cargar contra las izquierdas…

Eso es muy argentino. Ahora hay una supuesta forma bienpensante que dice que la izquierda es algo que no puede ser criticado. Nadie la critica y eso es un problema cultural grave porque es la cultura oficial. Si no tienes artistas que quieran decir algo en contra de la cultura oficial… Al mismo tiempo cuaja con la intencion oficial de querer separar entre buenos y malos, entre izquierda y derecha, y yo creo que no es necesario ser de un lado o de otro. Si critico a la izquierda, eso no me hace de derechas. ¡Al contrario! Las críticas más interesantes para la izquierda siempre han venido desde la izquierda. Es una miopía absoluta no darse cuenta de qué lado están hechas estas críticas, que en todo caso son para mejorar a la izquierda. Funciona a menudo el mensaje de que o estás conmigo o estás contra mí. Es terrible. Para la izquierda basta con tener ideales de la boca para afuera. Por ejemplo, el gobierno se dice muy progresista pero jamás han tenido en cuenta ningún derecho de la mujer, ni reproductivo, ni derecho al aborto…

¿Escribe para denunciar?¿Por qué escribe?

Empecé a escribir a los ocho años. A los 9 hice una novela, Dias de revolución. La historia de una familia que esperaba en su casa agazapada la llegada de los revolucionarios. Opté por filosofía por esas ideas perversas de Borges, que veía en las ideas el camino hacia la literatura. Opté por esa carrera pero sólo para escribir.

¿No es en el fondo un ensayo sobre la belleza?

¡Sí! Es cierto, es así.

¿Es un desquite, un vómito, tener que hablar sobre eso?

No, al contrario. Yo sentía que la belleza no estaba tematizada como yo la quería ver. Me divertía hablar de todo eso, me parece sumamente contemporáneo. Al mismo tiempo existe este bienpensantismo, estos ideales sobre la belleza… El mundo es horriblemente superficial y lo único que importa es ser guapo o inteligente… Cuando estás con alguien, cuando has establecido un puente, no importa ni la inteligencia ni la belleza.

Al final resulta que la narradora es una tal Rosa, cuya amiga Pola…

Jaja, sí. Voy a desvelar algo: ese recurso lo ví en El diablo se viste de Prada, en el libro hace algo parecido… "En los 70 no había manera de sonar cursi, podías mandarte que tu objetivo en la vida era ser un poeta maldito y nadie se te reía en la cara. Ahora es diferente".

¿Es mejor?

Creo que ahora somos más irónicos y esa ironía puede ser más rica nociológicamente. Implica relaciones más críticas con el mundo. No sé si eso es bueno. Tiendo a pensar que sí. De lo contrario puedo tener un ideal y matar a quien sea con tal de perseguirlo, al menos una mirada crítica… Es difícil vivir una época y amarla al mismo tiempo. Me gustaría pensar que el presente es el mejor de los mundos posibles, porque de esa manera puedes hacer algo por él. Y para cambiarlo, esa es una relación ética realista. Es diferente tener la mira en un ideal vacío o una nostalgia permanente del pasado, tenemos que amar nuestra época porque es la manera de hacerla mejor.

¿Escribe para cambiar el mundo?

Los filósofos han hecho mucho por cambiar el mundo y si ahora hay que transformarlo… ¡la literatura es la manera! Jaja.

Cómo los medios ocultan el mundo

PASCUAL SERRANO
Revista Pueblos




El último estudio de la empresa de sondeos The Pew Research Center mostró que la credibilidad de los medios de comunicación ha caído al nivel más bajo de los últimos diez años. Dos de cada tres estadounidenses creen que las historias que leen, ven y escuchan en los medios a menudo carecen de rigor y precisión. El 63 por ciento considera que las noticias suelen ser inexactas. El libro de Pascual Serrano Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo (Península), repasa a lo largo de 620 páginas la actualidad internacional para mostrar su distancia de lo que nos informaron. A punto de editarse su cuarta edición, a continuación reproducimos un fragmento de su primer capítulo "Así funciona el modelo"

En los periódicos y en los noticieros televisivos se cocina de muy mala manera, pero nuestra sociedad devora el alimento basura con total algarabía. Y con la mayor impunidad. No hay inspección sanitaria informativa, ni a los telediarios se les exige una etiqueta en la que se indiquen sus ingredientes o su elaboración, nada garantiza que la dosis de noticias que tomamos haya sido contrastada adecuadamente. Así lo interpretaba la profesora de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos, Concha.

¿Cuántos productos informativos conocemos que las autoridades hayan retirado del mercado debido a su mala calidad? La mayor parte de las noticias que nos llegan se elaboran resumiendo, sin crítica y sin contrastarlas, algo que una fuente interesada ha contado a los periodistas. Es decir, el periodista –generalmente muy mal pagado, no especializado, con gran presión de tiempo y un contrato precario, temeroso de perder su puesto de trabajo- va a un lugar al que le ha citado alguien que tiene interés en hacer saber algo, toma nota de lo que le cuentan, con frecuencia no puede preguntar, resume lo más llamativo y fácil de entender y con eso elabora la noticia. Si es mentira, no lo sabrá ni tendrá tiempo de comprobarlo antes de que la noticia se emita. Sólo en la comunidad autónoma andaluza las televisiones locales recibieron una inspección de trabajo y de un total de 145 casos encontraron 61 incidencias: trabajadores sin inscripción y alta en la seguridad social, falsos becarios, falsos autónomos... La inspección se realizó gracias a la presión de las organizaciones de periodistas de Andalucía y es pionera y única en España. Nada invita a pensar que el panorama en las grandes cadenas sea diferente.

Por otra parte, casi la cuarta parte de las fuentes consultadas son decorativas, sirven para adornar la información, darle color humano, rostro, poner una nota de gracia o curiosidad… es decir, nada informativo, lo que los especialistas llaman pseudofuentes (el 23 por ciento).

Y aún hay más, el escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski comparaba la situación de censura que vivió en su país durante el denominado socialismo real con el panorama actual en los medios. Según él, aquella censura ahora está maquillada por la manipulación. Si antes, en su Polonia natal, los gobiernos impedían la difusión de determinadas noticias, ahora mediante los silenciamientos, la frivolización, el desvío de la atención a asuntos menores, la marginación de intelectuales díscolos e incluso las mentiras, el panorama de desinformación de la misma víctima –el ciudadano de a pie- no ha mejorado. El catedrático de Teoría de la Comunicación y presidente del mensual Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, no ha dudado en calificar de crisis la situación actual de los medios de comunicación. Las razones hay que buscarlas en el control cada vez más descarado que los grupos accionistas tienen sobre las líneas editoriales, hasta el desarrollo de Internet o el fenómeno de la prensa gratuita, que en el fondo no supone otra cosa que aumentar la dependencia de la publicidad. Pero también está contribuyendo a esta crisis, y es el tema que abordamos en esta obra, la pérdida de credibilidad que ha llevado a una situación en la que “la parcialidad, la falta de objetividad, la mentira, las manipulaciones o simplemente las imposturas, no cesan de aumentar. Sabemos que no ha existido ninguna época dorada de la información, pero actualmente esas derivas han alcanzado también a los diarios de calidad”

El Derecho a la Información

El asunto no es baladí, recordemos que el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) establece el derecho a “recibir informaciones y opiniones”. En el caso español, nuestra Constitución es la primera en Europa que recoge el derecho a recibir una información “veraz”. Por lo tanto, si las noticias de nuestros medios no poseen la veracidad ni la calidad necesaria y las opiniones no están equilibradas, se estarán violando los dos pilares legislativos fundamentales de nuestra comunidad por mucho que sigan alardeando de libertad de prensa.

Ignacio Ramonet recuerda casos emblemáticos que sólo muestran la punta del iceberg del desastre mediático. En Estados Unidos, Jayson Blair, el periodista estrella que falsificaba hechos, plagiaba artículos de Internet y que incluso inventó decenas de historias, causó un perjuicio colosal al New York Times, que a menudo publicaba sus fabulaciones en portada. Pocos meses después estalló otro escándalo, aún más estruendoso, en el primer diario de Estados Unidos, USA Today. Su más célebre reportero, Jack Kelley, una estrella internacional que desde hacía 20 años viajaba por todo el mundo, que había entrevistado a 36 jefes de Estado y cubierto una decena de guerras había inventado cientos de relatos sensacionalistas detallando como hechos y situaciones vividas lo que sólo era fruto de su. En opinión de la socióloga Angeles Díez, una de las autoras del libro Manipulación y medios en la sociedad de la información, el sistema dominante no requiere siquiera de la manipulación, basta con ese “recorte de la realidad” que nos ofrecen como verdad única y el hecho de que han ido desapareciendo los espacios de interacción social (centros de trabajo, sitios de reunión, espacios colectivos), de forma que el ciudadano se encuentra solo e individualmente ante la televisión, la radio y el periódico.

La información como mercancía

Ryszard Kapuscinski, tras cuarenta años de experiencia, se preguntaba en su discurso de la ceremonia de entrega de los premios de periodismo Stora Jurnalstpriset, en Estocolmo, en qué medida los medios de comunicación son un espejo fiel del mundo. Este periodista polaco señalaba que las nuevas tecnologías, la instantaneidad y el directo habían cambiado las condiciones de la profesión periodística. “Desde que está considerada como una mercancía, la información ha dejado de verse sometida a los criterios tradicionales de la verificación, la autenticidad o el error. Ahora se rige por las leyes del mercado.

Así, los grandes medios de todo el mundo replicaron como verdaderas, sin comprobar, las afirmaciones de la Casa Blanca con las que justificaron su invasión de Iraq. Todo lo que desvelaba Michael Moore en su documental Farenheit 9/11 era información conocida que, simplemente, habían escondido debajo de las alfombras los medios de comunicación. Todo ello le lleva a Ramonet a plantear que “cada vez más ciudadanos toman conciencia de esos nuevos peligros y se muestran muy sensibles con respecto de las manipulaciones mediáticas, convencidos de que en nuestras sociedades hipermediatizadas vivimos paradójicamente, en un estado de inseguridad informativa. La información prolifera, pero sin ninguna garantía de fiabilidad. Asistimos al triunfo del periodismo de especulación y de espectáculo, en detrimento del periodismo de información. La puesta en escena (el embalaje) predomina sobre la verificación de los hechos”.

El 51 por ciento de los estadounidenses creía, poco antes de la invasión de Iraq, que Sadam Hussein había participado “personalmente” en los atentados del 11-S contra EE.UU, según reveló un sondeo de la cadena de televisión CNN y el periódico USA Today de marzo de 2003. Y meses después de empezada la guerra todavía quedaba quien creía que existían armas de destrucción masiva en el país árabe. Dos sondeos elaborados en el año 2006, uno de Los Angeles Times/Bloomberg y el otro de New York Times/CBS News, mostraron que la mitad de la población estadounidense era incapaz de adquirir, procesar y comprender información. En Europa el panorama no es mucho mejor. Según el barómetro anual del Real Instituto Elcano, publicado el mes de diciembre de 2007, el 64 por ciento de los encuestados estaba convencido de que España pertenecía al Consejo de Seguridad de la ONU y un 39 por ciento creía que Polonia no era miembro de la Unión Europea. Es sólo una muestra de las muchas que el estudio confirma sobre el nivel de desinformación de los españoles.

La profesionalidad peridística, a debate

Ante esto, la resignación de los profesionales es todavía más inquietante. En un seminario sobre Periodismo de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en mayo de 2008, el presidente de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), Jim Boumelha, y el presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), Fernando González Urbaneja, discreparon sobre la independencia de los periodistas. Mientras que el primero afirmaba que el periodista es en la actualidad “menos independiente” y que existe “cierta autocensura para poder sobrevivir”, el español lo negaba y ponía como ejemplo que “los medios estadounidenses reaccionaron ocho años tarde a la posición gubernamental sobre la guerra de Vietnam, y en el caso de Iraq sólo han tardado un año y medio”. Año y medio para desmarcarse de la posición del gobierno, gran ejemplo de profesionalidad periodística si los ciudadanos deben esperar ese tiempo para empezar a conocer las verdades.

"No guts, No glory". Airbourne, mucho más que un cliché


KEPA ARBIZU
Tercera Información




Hay algunos grupos que desde siempre han tenido que cargar con el estigma de que su estilo es muy repetitivo, y por monolíticas, acaban por sonar todas las canciones igual. Ejemplos hay varios, aunque suelen ser Ramones y AC/DC los dos nombres más recurrentes cuando se toca este tema. Es cierto que ambos utilizan unos parámetros muy definidos y poco dados al cambio o a extravagancias , pero también lo es que cualquiera que quiera profundizar en su sonido será capaz de encontrar diferencias o connotaciones entre unas y otras composiciones.

Airbourne es una banda joven procedente de Australia a la que se le achaca ser poco más que un clon de sus paisanos AC /DC. Así que todo lo anteriormente dicho se les suele aplicar a ellos, incrementado por el hecho de ser tildados de “copia”. Es cierto que el tono de voz de Joel O’ Keeffe puede sonar como una mezcla de Brian Johnson y Bon Scott y que muchas de las estructuras musicales guardan grandes similitudes a las de los hermanos Young. Sería injusto no decir que también son otras muchas influencias las que aparecen reflejadas en el sonido de los australianos, desde Rose Tattoo hasta Judas Priest por citar dos ejemplos.

Su segundo disco, recién editado, tiene la difícil tarea de mantener la fuerza de su antecesor, “Runinn’ Wild”, y por otra parte de conservar el nivel de éxito que han alcanzado. Comparados ambos, el actual mantiene las mismas coordenadas que el primero, su estilo, como no podía ser de otra manera, no tiene grandes cambios, si acaso por medio de la consolidación suena algo más duro y agresivo. Había ciertas dudas de la labor del productor, Johnny K, ya que es conocido por trabajar con grupos de un sonido “post grunge” bastante edulcorado (Staind, 3 Doors Down) y no se sabía muy bien cómo sabría tratar un rock tan clásico y descarnado. Viendo el resultado final su incidencia en el grupo no ha sido reseñable, manteniendo intacta su idiosincrasia.

El propio Joel O’ Keeffe, guitarra y voz, explicaba que “No guts, No glory” pretendía transmitir por medio de canciones el estilo de vida que lleva un grupo como Airbourne, basado en largas giras en la carretera, fiestas, alcohol y música a gran volumen. Como anécdota que sirve para ejemplificar lo dicho, los componentes de la banda se instalaron a vivir en el propio estudio de grabación. Pero todo esto, que no son más que palabras, queda refrendado desde el primer tema del disco “Born to kill”, construido con un sonido potente de guitarra y mucha energía.

Como es de esperar, hay un grueso de canciones que irremediablemente evocan a AC/DC, voz chillona y cruda, riffs robustos, estribillos coreables y un sabor en el fondo a viejo blues. Estas son las características que aparecen en temas como en el explosivo “Bottom of the well” (uno de los momentos estelares del álbum), “Chewin’ the fat” o “Steel town”.

El lado más heavy y salvaje lo reservan para composiciones como “Raise the flag”, donde la percusión y el bajo crean un ritmo muy “trotón” que le imprime mucha aceleración al resultado final, y que hace recordar a otros compatriotas suyos como son Rose Tattoo. “It ain’t over till it’s over”continúa con ese espíritu desbocado, aquí llevado hasta el último extremo en un tema sin un segundo de respiro como si de unos Motorhead a mil revoluciones se trataran. En “Armed and dangerous” asistimos a cómo la voz de O’ Keeffe literalmente se desgañita en otra canción de alto voltaje y con final apoteósico.

No hay duda de que Airbourne no aparecerá en las revistas y suplementos que promocionan la música como si de pases de moda se tratase, ni falta que hace. A pesar de sus limitaciones, de no inventar nada dentro del rock, aquel que crea con rotundidad en la frase “stoniana” de “It’s only rock and roll but I like it”, encontrará en este disco muchos minutos de disfrute.

'El buscavidas', obra capital del cine norteamericano


ADRIÁN MASSANET
Blog de cine




Claro que te emborrachaste. Tenías la mejor excusa en el mundo para perder. No hay ningún problema si pierdes con una buena excusa. Ganar, puede ser una gran carga. Puedes soltar esa carga cuando tienes una excusa. Lo único que tienes que hacer es aprender a sentir pena por tí mismo. Uno de los más populares deportes de interior: sentir pena por uno mismo. Deporte disfrutado por todos, especialmente los perdedores natos.”

- Bert Gordon

Este demoledor discurso, que es un mazazo de verdad incontestable, despiadado, demoledor, lo pronuncia un personaje fascinante, al que da vida el gran George C. Scott, un tipejo despreciable y ruin hasta extremos inimaginables, que se alimenta del talento y de la pasión de otros. Sin duda, hay muchos individuos abyectos como él en el mundo, que utilizan sin escrúpulos a cualquier pringao que nazca con un don, con el único objetivo de hacer dinero. Aquí, Gordon saca tajada, porque puede, y le da mucho dinero, primero del Gordo de Minnesota (inolvidable Jackie Gleason), y luego de Eddie Felson, al que llaman “el rápido”.

Sin duda, una de las películas más turbias, moralmente, y más sórdidas, visualmente, de toda la historia del cine americano. Su director, Robert Rossen, había sufrido el desprecio de sus colegas de profesión, por haberse ablandado y haber “dado algunos nombres”, en la infame caza de brujas orquestada por el demente senador McCarthy. Y en 1960 había regresado a su país, después de autoexiliarse a Europa. ‘El buscavidas’ sería su penúltima película como director. Y nunca estuvo tan descarnado, tan verdadero, tan impresionante. ‘El buscavidas’ cabalga junto a ‘The Searchers’, ‘El apartamento’ o ‘Sed de mal’.

En realidad, Eddie quiere vencer al que, en teoría, es el mejor del país. El Gordo. Seguramente no lo sea a un nivel profesional. Pero hay prestigios que en los bajos fondos tienen más valor que en la burguesa vida real. Y ese es uno de ellos, pues sus credenciales se acuñan con sangre y navajazos. Algo parecido a este duelo intentó hacer Curtis Hanson en la estimable ’8 millas’, con un primer duelo fallido, y la preparación para el segundo, que dura toda la película. Pero no llegó a esto ni por asomo, porque la tragedia de Eddie es, siempre, él mismo, y Paul Newman, interpretándole, logra una de esos milagros que se llaman belleza.

Creer en uno mismo

Es decir, estamos en una historia que va sobre creer en uno mismo. Pero además de eso, sobre amarse a uno mismo, que viene a ser idéntica cosa. Y a Felson eso no se le da muy bien, precisamente. El título original, ‘The Hustler’, no puede ser más estimulante. Aunque el español tampoco le viene mal a esta historia. Por muy buen jugador de billar que sea, Eddie se siente un perdedor, un deshecho, y eso nadie lo puede remediar, aunque el extraño ángel redentor personificado en la menuda figura de Sarah Packard (trágica Piper Laurie) lo intente una y otra vez, inasequible al desaliento.

Porque esto, en el fondo, es un relato mitológico. Por el alma de Felson pugnarán su despiadado “socio” (su dueño, con la correa de espinas bien apretada), el siniestro Bert Gordon, y la extrañamente dulce, extraviada y generosa Sarah, mientras él se debate entre uno y otro, y acaba perdiéndolo todo. Aunque, por supuesto, a Eddie siempre le restará una cosa para recompensar a su dignidad: vencer de una santa vez al Gordo de Minnesota. Pero como en todo relato trágico, lo importante no es que le venza, sino el camino que tiene que recorrer para darse cuenta de que puede hacerlo.

Dos partidas muy diferentes entre sí, aunque ambas duren varias horas, y manejen miles de dólares. Pero lo importante nunca fue el dinero, aunque Bert Gordon, que es el dueño de ambos, no se de cuenta. La mesa de billar como escenario mismo, en el que las pasiones y las redenciones tienen lugar y se fusionan, para dar sentido a una vida que, fuera de ese cuadrado, no tiene sentido ninguno. El billar no como lienzo, sino como marco de la expiación, de la culpa, de la fraternidad, de la miseria humanas.

Un estilo sobrio y conmovedor

Si Rossen hubiera podido desarrollar una carrera más fluida y más libre, seguramente su nombre ahora estaría al lado de Billy Wilder y Howard Hawks, por ejemplo. Pero ya no importa. Importa hablar de que ‘El buscavidas’ sí poseía una mirada libérrima y desesperanzada. La de un hombre que ya lo había vivido todo, y al que solo le quedaba un escalón más en su vida, el de la muerte, que escenificó en la lírica ‘Lilith’.

En ‘The Hustler’ Rossen se introduce con valentía estremecedora, brutal, en la vida de un hombre sin pasado y sin futuro, que vive el presente como puede, y que, según sus propias palabras, “no reconocería el amor ni aunque se cruzase con él en la calle”. Y lo hace apoyado en una memorable música Jazz de Kenyon Hopkins, que le otorga un acompasado ritmo, casi ligero, a la historia, con un profundo contraste con lo que está contando. Y, claro, la fotografía de Eugene Shuftan, cuyo blanco y negro tantos han querido imitar, y la dirección artística de Harry Horner, nos trasladan a un mundo sin esperanza, frío y descorazonador, con interior espesos, que se pueden cortar a cuchillo.

Rossen filma con unos encuadres de una precisión asombrosa, logrando una profundidad de campo pocas veces vista antes de 1961, pero imprescindible para poder contar las aristas emocionales de esta historia, y el desasogiego y la tensión de un jugador de billar y de un buscavidas. Hay algo teatral en su puesta en escena, pero algo que le beneficia: entregar a sus actores el protagonismo absoluto de la puesta en escena, en lugar de intentar asombrarnos con ella. La sobriedad es la norma, en la conquista de una conmoción para el espectador, que se nos sirve por la dolorosa verdad de las cosas que nos cuenta.

En el velódromo de la vergüenza



El filme 'La rafle', que recrea la detención de 13.000 judíos en París en 1942, reabre en Francia las heridas por la colaboración con los nazis



ANA TERUEL
El País


"¡Pero qué bonita es Francia!". El grito, sarcástico y repleto de indignación de un espectador, suena en la oscuridad de una sala de cine parisiense. En la pantalla corre el año 1942 y un gendarme francés propina una paliza a una mujer judía en un campo de retención en las afueras de París. La escena forma parte de La rafle (La redada), película estrenada en Francia la semana pasada. Dirigido por Roselyne Bosch, retrata por primera vez sin tapujos una de las páginas más oscuras -y durante décadas, tabú- de la historia reciente de Francia: la redada del Velódromo de Invierno de París, la mayor realizada en territorio francés y en la que fueron detenidos más de 13.000 judíos, la mayoría mujeres y niños.

La batida se inició a las cuatro de la mañana del 16 de julio de 1942. Durante dos días, los agentes franceses fueron casa por casa con la orden de "actuar con la máxima rapidez, sin palabras inútiles y sin ningún comentario". "Mi madre les suplicaba, pero yo me di cuenta de que no serviría de nada", recuerda en el filme Anna Traube, una de las supervivientes, que entonces tenía 20 años.

Los solteros fueron trasladados directamente a Drancy, al norte de París, escala previa a la deportación a los campos de concentración alemanes, mientras que las familias acabaron en el Velódromo de Invierno, entonces situado junto a la Torre Eiffel. "Era infernal, el ruido, la gente que lloraba, que gritaba, los niños que jugaban en la pista central", recuerda Traube.

Más de 8.000 hombres, mujeres y niños sobrevivieron sin agua ni comida hacinados durante cinco días en el Velódromo. Anna Traube logró huir gracias a la ayuda del responsable de saneamiento, Gaston Roques, y del médico judío de la Cruz Roja, David Sheinbaum, interpretado en la película por Jean Reno. Los que no pudieron escapar fueron trasladados a campos de detención y de ahí a Auschwitz. Del gigantesco Velódromo no queda ni rastro. Fue derruido en 1959 y sólo una pequeña placa conmemorativa da constancia de lo que ocurrió aquel verano de 1942. De la redada tan sólo queda una fotografía, en la que se ven los autobuses que transportaron a las familias.

Aquel traumático episodio no entró en los libros de historia escolares hasta la década de los ochenta. En 1995, el presidente Jacques Chirac se decidió a reconocer la responsabilidad francesa en la deportación de judíos. "La locura criminal del ocupante fue, lo sabemos, secundada por franceses, por el Estado francés", recalcó, en un histórico discurso. Al ser el primer filme en apuntar a la responsabilidad francesa, La rafle ha recibido un tratamiento especial. Profesores y alumnos han sido invitados a diferentes preestrenos, la productora prevé una serie de acciones didácticas y cuenta, entre otros, con el apoyo de la región parisiense.

Los diarios se han llenado de cronologías recordando la serie de redadas que se realizaron en Francia durante la II Guerra Mundial. La radio se ha abierto a los testimonios de los supervivientes y los principales canales de televisión han dedicado programas especiales a la salida de la película, aprovechando la ocasión para hacer un trabajo de memoria colectiva. La cineasta, de origen catalán, se ha nutrido de los testimonios de supervivientes como Anna -interpretada en la película por la joven griega Adèle Exarchopoulos- o Joe Weismann -el pequeño de 11 años, protagonista del filme y al que da vida Hugo Leverdez-, que logró escapar del campo de detención. La película recuerda así que los que llevaron a cabo la redada, aunque en territorio ocupado por los nazis, eran policías franceses bajo las órdenes del régimen colaboracionista del mariscal Pétain. Cierto es que el Gobierno respondía a la exigencia alemana de entregar un cupo determinado de judíos, pero suya fue la iniciativa de incluir en la redada, por primera vez, a menores de 16 años. De los 13.000 judíos detenidos, más de 4.000 eran niños. La motivación -recalcada en la cinta- no era otra que evitar cargar con el problema de los huérfanos.

Pero la obra también se esfuerza en honrar a los héroes que se arriesgaron para salvar la vida de sus vecinos, como una portera que avisó de la llegada de la policía, una pareja de prostitutas que salvó a una madre con su bebé o la enfermera Annete Monod, interpretada en la cinta por la actriz francesa Mélanie Laurent.

Cine iraquí, o cuando la realidad supera la ficción


MÓNICA G. PRIETO
El Mundo




¿Cómo recrear en una hora y media de cinta la locura de guerra, invasión, fanatismo, odio y venganzas que se apoderaron de Irak entre 2004 y 2008? Para Mohamed al Daradji, director de 33 años, no resulta nada difícil.

Los protagonistas de su última cinta, 'Amor, Guerra, Dios y Locura', son el vivo ejemplo de las fatalidades que ha confrontado Irak: no terminan de sortear un peligro para encarar otro. En un momento de la película, tres de sus personajes son secuestrados a las afueras de Bagdad, a orillas del Tigris, por militantes de Al Qaeda. Tras arrebatarles todas sus pertenencias, los extremistas comenzaron a sopesar qué hacer con ellos: las posibilidades son secuestrarles y obtener más dinero o matarles y arrojar sus cadáveres al agua.

Durante horas son hostigados y amenazados con pistolas, hasta que un disparo se escapa: alcanza el pie de uno de nuestros protagonistas, que pierde el sentido. En ese momento, la milagrosa aparición de un coche de la policía provoca la desbandada de Al Qaeda.

La policía les lleva al hospital del Karj, uno de los principales en la capital. Cuando iban a ser ingresados, un guardián del hospital miembro de una milicia- se percata del apellido suní de los jóvenes. Avisa a su grupo, Jala al Faquir, cuyos miembros acuden al hospital y sin más dilación los secuestra. En la mezquita de Al Braza, donde esta milicia chií relacionada con el Consejo Supremo de la Revolución de Irak [partido político religioso, en aquel momento en el Gobierno] tenía su particular feudo, los tres jóvenes son torturados: sus verdugos les acusan de pertenecer a Al Qaeda.

Tras cinco horas de golpes, los chiíes avisan al Ejército norteamericano: les cuentan que tienen en sus manos a tres líderes terroristas. Y así es como son secuestrados por tercera vez, esta vez por uniformados de Washington, que les conducen a la base de Al Muthana. Allí son amenazados y maltratados, pero uno de ellos muestra su pasaporte holandés. La embajada se activa, y tras cinco días de detención y tres secuestros consecutivos, nuestros protagonistas recobran la libertad.

Cuando la vida supera a la ficción, debe resultar difícil recrear las experiencias propias sin que los demás piensen que todo se trata del fruto de la imaginación. Es lo que le debe ocurrir a Al Daradji, porque el argumento de su última película se limita a describir sus experiencias, junto a su sobrino y técnico de sonido Ahmed y Amir, el maquillador de su equipo, cuando se disponía a grabar en diciembre de 2004 su película "hlaam" ganadora de varios premios.

Ahmed sigue teniendo la cicatriz de la bala de Al Qaeda en su pie, y los tres mantienen con vívida lucidez la dramática experiencia en sus memorias. "Sólo la intervención de la Embajada holandesa nos salvó", recuerda Mohamed, contactado por teléfono en La Haya, donde pasa largas temporadas, interrogado por aquellos eventos.

El cine iraquí comienza a renacer gracias a esfuerzos como los de Mohamed al Daradji y su equipo, ejemplo de iraquíes empeñados en salvar su país aportando normalidad al horror. Al Daradji, que abandonó Bagdad en 1995 para afincarse en Holanda con su familia y estudió cine en Gran Bretaña, decidió abandonar la comodidad europea para regresar a su Irak natal en 2003, cuando el Ejército norteamericano acabó con el régimen ocupando el país.

Su primera creación fue 'Ahlaam' ('Sueños', 2005), la historia de los tres días previos y posteriores a la invasión situada en el hospital psiquiátrico de Bagdad, la desgarrada historia de la tragedia de un pueblo bajo la paranoia de la dictadura. La película mereció cinco premios.

La segunda, 'Hijo de Babilonia' ('Son of Babylon', 2009), el relato de la búsqueda de una mujer kurda de los restos de su hijo, desaparecido en una de las campañas fraticidas de Sadam Husein, recibió el aplauso del público y el reconocimiento de la crítica internacional: dos en el Festival Internacional de Cine de Berlín y una nominación en el Festival de Sudance. La parte más emocionante, para el joven director, fue el estreno en Irak.

"Un millar de personas acudieron a verla al Teatro Nacional de Bagdad, fue un momento increíble, y ya se ha proyectado en todo el sur de Irak, a veces al aire libre, a veces en tiendas habilitadas para tal efecto". Las cifras pueden parecer ridículas para Europa, pero en un país donde salir de casa puede costar la vida gracias a un coche bomba, un suicida, un tiroteo o un bombardeo requiere especial mérito salir al cine.

La gratificación para Al Daradji y su equipo proviene de constatar la voluntad de los iraquíes de normalizar sus vidas.

"El público reacciona positivamente pese a las limitaciones: en un país tan grande como Irak, sólo tres cines permanecen abiertos", lamenta el director. "Por eso hacemos lo posible para presentar nuestras películas en universidades, bases militares, jardines públicos y también en lugares que han sido escenario de explosiones".

Al Daradji lamenta que el actual Gobierno, y en especial el Ministerio de Cultura, no fomente las artes, ahora que una inestable normalidad se empeña en permanecer en Irak desde 2009 pese a los sobresaltos de los atentados. "Sólo los esfuerzos individuales sacan adelante el cine, no hay ningún tipo de subvención estatal".

Pero él es la prueba de que el talento se impone incluso sobre las bombas.

«En las sociedades capitalistas el derecho al trabajo es una falacia»


El autor de libros como «Itoiz: de la desobediencia civil al ecosabotaje» o «Diccionario del Paro y otras miserias de la Globalización», publicó a finales del 2009 «69 razones para no trabajar demasiado». Afirma que la propuesta de trabajar menos es cualquier cosa menos frívola


AMAIA ZURUTUZA
Gara




El escritor madrileño Jose Antonio Pérez afirma en su libro que la contrapartida que se le ofrece hoy a la clase trabajadora asalariada a cambio del esfuerzo laboral que realiza es precariedad para hoy y para el futuro. En su obra «69 razones para no trabajar demasiado» recopila lo que filósofos y pensadores han dicho sobre lo que Paul Lafargue denominó «el vicio del trabajo». Afirma que si leyésemos a estos maestros y actuásemos en consecuencia, posiblemente el capitalismo caería sin necesidad de revoluciones.

Contribuir a elaborar un discurso alternativo a los viejos mitos de la centralidad del trabajo. Hablo del trabajo asalariado, el realizado por cuenta, disciplina y beneficio ajenos. En el pacto del Estado de Bienestar, el trabajo fue la contrapartida que la clase asalariada aportó al sistema a cambio de condiciones laborales aceptables, pensiones de jubilación y servicios esenciales como sanidad y educación. Pero el mundo de los negocios ha roto descaradamente el pacto, y nos ofrece hoy un horizonte sin seguridad en el empleo, ni pensiones futuras, ni servicios públicos de salud. No hay más que ver la propuesta de trabajo sin derecho a prestación por desempleo ni cotización a la Seguridad Social que acaba de presentar la patronal CEOE.

¿A qué se refiere cuando habla de no trabajar demasiado?

Jamás se me ocurriría pedirle a un Mozart o a un Neruda que atenuáse la intensidad de su obra creadora. Pero el empleado por cuenta ajena trabaja excesivas horas con el fin de producir beneficio al empleador, lo que Marx llamó plusvalor. ¿Dónde han ido a parar los beneficios de la productividad y las modernas tecnologías? Es hora de plantar cara a tanta sinvergonzonería reduciendo ese esfuerzo del cual se aprovechan no sólo el patrón directo, sino banqueros y especuladores de toda calaña y condición.

Afirma que la propuesta de trabajar menos tiene una vieja tradición filosófica.

Es preciso leer a maestros del pensamiento como Sócrates, Epicuro, Séneca, Tomás Moro, Henry D. Thoreau o Bertrand Russell, entre otros filósofos y pensadores de diversas épocas para entender lo que el impagable Paul Lafargue denominó «el vicio del trabajo». Aparte del desprecio de los griegos hacia el trabajo manual, la mayoría de los autores de la Antigüedad y del Humanismo se decantan por la moderación del esfuerzo. Séneca pregunta en De vita brevis `¿No te avergüenzas de reservarte para las sobras de la vida, destinando a la virtud sólo aquel tiempo que para ninguna cosa es de provecho? Mientras tú estás ocupado huye aprisa la vida, llegando la muerte, para la cual, quieras o no quieras, es forzoso desocuparte'. Una reflexión actualizada por John Lennon es esa canción dedicada a su hijo: «La vida es lo que va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes».

¿Cómo podría un empleado por cuenta ajena reducir su trabajo?

Sin organización, está perdido. Hasta 1853, la jornada en las empresas de Estados Unidos era de 11 a 14 horas. En 1870 se creó la sección estadounidense de la Asociación Internacional de los Trabajadores, que reivindicaba lo que se llamó las Tres Gracias (ocho horas de trabajo, ocho de ocio y cultura, ocho de descanso). Ese fue el origen del llamamiento a la huelga general del 1 de Mayo de 1886. En respuesta a la misma, fueron ahorcados cinco sindicalistas. Uno de ellos, August Spies, mientras le cubrían la cabeza con la capucha, dijo: `Llegará un tiempo en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que ustedes estrangulan hoy'. El capitalismo está hoy crecido porque los trabajadores, es decir, la mayor parte de la ciudadanía, ha escuchado los cantos de sirena neoliberales que les prometían enriquecerse con «un capitalismo popular» y lo que se ha obtenido es inseguridad social. Frente a la globalización neoliberal hay que dejarse de tonterías, y antes de que nos estrangulen a todos, recuperar el mensaje de Spies uniendo fuerzas en un movimiento internacional de resistencia.

¿Qué diría que es lo que a día de hoy se le ofrece a la clase obrera a cambio de su esfuerzo laboral?

Precariedad para hoy, a base de bajos salarios y pésimas condiciones laborales, y precariedad para el futuro, al poner en cuestión los sistemas públicos de salud y pensiones. Ésa es la espuria Tierra Prometida hacia la que nos invitan a caminar los profetas neoliberales. En el colmo de la desfachatez, no hace mucho que intentaron colar de rondón en el Parlamento Europeo la ampliación de la jornada de trabajo a 65 horas semanales! Una propuesta que ultraja la memoria de dos siglos de luchas y sacrificios de los trabajadores para conseguir, entre otras conquistas sociales la jornada de 40 horas a la semana.

¿Qué opina del viejo principio «quien no trabaja no come»?

Eso lo dijo Pablo de Tarso en una de sus cartas a los Tesalonicenses, una de las primeras comunidades cristianas que debía vivir de una forma bastante anarquista, tomándose al pie de la letra lo que dice el Evangelio: `Mirad las avecillas y los lirios del campo, no trabajan y sin embargo nuestro Padre vela por ellos'. Ese principio tiene validez moral sólo en formas de vida comunitaria, donde, si uno deja de trabajar, perjudica al resto. La regla paulina figuraba en la Constitución de la Unión Soviética, aunque, eso sí, vinculada a la garantía del Estado de procurar un puesto de trabajo a cada persona. Pero en las sociedades capitalistas, el derecho al trabajo es una falacia. No hay oportunidades para todos en ese «artefacto del empleo» manejado por los dueños de los medios de producción.