Matisse, los años voluptuosos

Sensual, colorista. El pintor de ‘La Danza’ descubre en el ocaso de su vida la belleza del desnudo. Obras nunca expuestas en España muestran su etapa en Niza en una gran exposición


JULIA LUZÁN
El País




La estancia está inundada de luz. Entre biombos y sillones de mimbre, un hombre de cabello ralo, bigote y barba encanecidos, con traje, corbata y una bata blanca a modo de guardapolvo, sujeta un bloc en sus rodillas mientras dibuja a una bella mujer desnuda. Matisse (1869-1954), el gran pintor francés, aparece en su estudio de Niza retratado en 1939 por un prometedor fotógrafo, Brassaï. Wilma Javor, una joven húngara, posa sin pudor mientras el ya anciano artista aparece abstraído en lo que más le interesa, la figura humana.

Atrás ha dejado sus monumentales obras como La danza o La música, los cuadros bidimensionales, en azules y verdes con las figuras en bermellón. El pintor vive estos años encerrado en sí mismo. Busca, posiblemente, alejarse de la realidad. Todo ha cambiado en su mundo tras el ciclón de la I Guerra Mundial. Matisse, que ha perdido a sus clientes rusos , Shchukin y Morozov, a causa de la Revolución, reflexiona sobre el sentido de su pintura. Se plantea dar un giro y dedicarse a trabajar en lo que él llama pintura de intimidad. Abandona el estudio de Issy les Moulineaux, cercano a París, y viaja a Niza en busca de una nueva forma para representar la profundidad.

Matisse trabaja sistemáticamente en esos años en el desnudo femenino: "Mi pintura, que en sus orígenes había partido de cierta exuberancia, se había desarrollado hacia la claridad y la sencillez. Se apreciaba claramente un deseo de abstracción cromática para conseguir formas cálidas y lúcidas en las que el arabesco debía ser el protagonista... Sí, debía tomar aliento, abandonarme con toda la tranquilidad y olvidar lejos de París mis preocupaciones...". Matisse se vuelca en racionalizar la simplificación, transformar la razón en serenidad, y se decanta por el color puro y la linealidad.

En Niza encuentra de nuevo la luz, la alegría de vivir. "Travail et joie", dirá a sus amigos. En la Costa Azul pinta su serie de odaliscas, un homenaje a Delacroix, Ingres y Renoir. Ellas "fueron los frutos abundantes de una nostalgia feliz, de un bello sueño viviente y, al mismo tiempo, de una experiencia vivida en el éxtasis casi completo de los días y las noches, en el encanto de aquel clima extraordinario".

Tomás Llorens, comisario de la que será una de las grandes exposiciones de la temporada en el Thyssen, museo que dirigió hasta 2005, ha planteado un recorrido por la obra de Matisse de 1917 a 1941, su periodo menos conocido. "Intento demostrar en esta muestra", afirma Llorens, "que la obsesión del color puro en Matisse no era tal. Trato de desmontar esa imagen del pintor basada en que la pintura del siglo XX tiene que pasar del naturalismo a la abstracción, que ha de olvidarse de los efectos de profundidad para ir a la bidimensionalidad y al color puro. En el caso de Matisse no es verdad. Él era un hombre muy reflexivo, publicó en varias ocasiones sus opiniones sobre la pintura, y en ningún momento habló de abstracción. Es más, en alguna ocasión incluso la rechaza. La conclusión a la que he llegado es que no hay una evolución lineal en Matisse. Sus primeras pinturas estaban más próximas a la herencia impresionista y a Cézanne, al que admiraba. Y en Cézanne había una manera de tratar la profundidad que no tenía que ver con la perspectiva. Ésa es la herencia que Matisse trata de desarrollar".

Matisse vive en Niza la segunda mitad de su vida. Lejos de la familia, de Amélie, su mujer, y de sus hijos. Solo en habitaciones de hotel con su caballete y sus pinturas. No se le ve por el paseo de los Ingleses, apenas por las calles estrechas de la ciudad mediterránea. Es su etapa más introspectiva. Le vienen a la mente las proféticas palabras del precursor del simbolismo, Gustave Moreau: "Usted va a simplificar la pintura", vaticinó. Y eso era lo que él buscaba, aturdido por su fama de fauve, de colorista puro: "He trabajado tantos años para que luego alguien diga: Matisse no es más que eso...". Matisse, el atormentado. Un hombre introvertido, inseguro, reflexivo. "Es un artista cuya obra está basada en su sensualidad y voluptuosidad, pero con una relación difícil, muy cerebral", afirma Tomás Llorens.

Marcel Proust acababa de publicar Por el camino de Swann, el primer volumen de En busca del tiempo perdido. Uno de los personajes de la novela, el esteta Bergotte, aparece obsesionado con la pintura de Vermeer. La siesta y el fauno, el poema de Mallarmé, era un lugar común en la cultura del París de comienzos del siglo XX. Debussy compone por entonces su Preludio para la siesta del fauno. El ruso Diaghilev lo traslada a la danza, y Nijinsky lo baila. El arte del bailarín sirve de inspiración a los artistas del momento. Matisse no escapa de este delirio. Ilustró las poesías de Mallarmé, pintó para Shchukin La ninfa y el fauno, y en 1935 quiso retomar el tema en un gran cuadro que no acabó nunca. Los conceptos simbolistas, el sueño, la realidad, el contraste entre razón e inspiración, se adueñan de la pintura de Matisse, que busca así el éxtasis, la inspiración.

Una nueva vuelta de tuerca en las influencias del pintor. Bebió del impresionismo, también de Turner -al que descubrió en Londres cuando fue allí en viaje de bodas en 1898-, del arte musulmán, de Seurat y Van Gogh, o de su descubrimiento de las estampas japonesas ("la revelación me ha llegado siempre de Oriente"), pero sobre todo de Cézanne, "el buen Dios de la pintura". Tanto lo admiraba que siempre tuvo en su casa -hasta 1936, en que lo donó al Museo de Bellas Artes de París- las Tres bañistas de Cézanne. Le costó un gran esfuerzo económico. Gertrude Stein dijo de forma malévola que lo compró con la dote de su esposa. Lo cierto es que empeñó un anillo con una gran esmeralda, la mejor joya de Amélie, para poder comprar la obra.

Hasta 1916, Matisse trabaja en obras de gran formato, La danza, La música, Los marroquíes o Las bañistas en el río. De joven, cuando paseaba por el Museo del Louvre, su punto de referencia era Chardin, y éste vuelve a ser crucial para él en sus primeros años de Niza, en esa tradición de la pintura de intimidad y silencio que tanto paralelismo guardan con las obras de Vermeer.

En aquellas habitaciones de hotel donde dibujaba una y otra vez figuras de mujer, Matisse retoma su fijación con las ventanas -"el exterior y el interior se funden en mi sensación"-, el tema que descubrió en Colliure con sus amigos Derain, Gris y el escultor Maillol. De ellos hablaría seguramente con un joven Picasso, al que encontró en París hacia 1905, en casa de la escritora y coleccionista de arte estadounidense Gertrude Stein. En aquella época, Matisse era el maestro, el principal rival de Picasso. Durante un tiempo vivieron pegados el uno al otro, pensando y trabajando a la par. "Las cosas que nos dijimos Picasso y yo durante esos años nunca se volverán a decir, y si se dijeran, nadie sería ya capaz de entenderlas. Éramos como dos montañeros atados a la misma cuerda". Luego se distanciaron y entre ambos surgió una fuerte rivalidad. Pero cuando murió Matisse, en 1954, Picasso dedicó un cuadro al que fuera su amigo, La sombra sobre la mujer: una ventana, un violín y una odalisca.

En Niza, Matisse tropezó con una dificultad. Necesitaba modelos profesionales. Tuvo que buscarlas en las compañías de los ballets rusos. La primera que posa para él es Antoinette; después, Laurette; luego será Lidia, una rusa con la que tuvo una relación más estrecha. Al borde del Mediterráneo resurge en su pintura el tema de la ventana. Llorens lo resalta en la exposición del Thyssen. "Alberti decía que el cuadro tenía que ser como una ventana en la pared. Cézanne fue el primero en alterar ese concepto de la visión, y eso es lo que admira Matisse. Intenta desarrollar la percepción visual. Quiere trabajar en la línea de la pintura holandesa del XVII, como la de Vermeer, pero lo que más le interesa es la figura humana y el desnudo".

Un sensual Matisse disfraza a las mujeres a las que pinta como odaliscas, un homenaje a Delacroix y a Ingres, porque quiere conservar de su etapa anterior, la de la pintura decorativa, el sentido del ornamento. Son desnudos impregnados de voluptuosidad que señalan a Matisse como un apasionado lector de Baudelaire. Su primer cuadro lo tituló con un verso del poeta, Lujo, calma, voluptuosidad, la estrofa que se repite en La invitación al viaje. La pintura absorbe la vida de Matisse. Busca fórmulas diferentes: "Trabajé como impresionista pintando directamente de la naturaleza; más tarde traté de lograr concentración y una expresión más intensa en la línea y el color. Para ello he tenido que sacrificar en parte otros valores: la materia, la profundidad espacial, la riqueza del detalle. Ahora desearía agruparlos todos". Matisse habla de "voluptuosidad sublimada" -una clara referencia a Freud- en su relación con las modelos; es más, afirma sentirse "impregnado", y por eso siempre dibuja a dos palmos de la modelo.

Mientras el artista se hunde en su pintura, el mundo cambia a su alrededor. Él lo percibe, pero se siente alejado de todo. En 1930, la Fundación Barnes de Estados Unidos le encarga una nueva versión de La danza, su obra fetiche. Regresa a los comienzos, al estilo decorativo, aunque esta vez mucho más abstracto.

En 1933, una vez finalizada la obra, trata de volver a su pintura de intimidad y comienza sus "dibujos a rayas", a lápiz o a pluma. Su sueño pierde fuerza y se vuelca en el dibujo. Se va alejando de la realidad para concentrarse en un mundo de signos. En 1941, después de un año a las puertas de la muerte tras sufrir una operación para extirparle un tumor de duodeno, vuelve a trabajar y lo hace como quien deja una herencia. Se concentra en el dibujo utilizando términos musicales: el tema y las variaciones. El tema son dibujos a carboncillo, grandes, muy trabajados y simplificados. Y cuando ya tiene el tema, ejecuta las variaciones, de un solo trazo, como una escritura. "La música y el color no tienen nada en común, pero siguen caminos paralelos. Siete notas, con alguna ligera modificación, bastan para escribir una partitura, ¿por qué no podría suceder lo mismo con la plástica?".

Son años convulsos. Picasso pinta el Guernica; Miró, las Constelaciones. Los conflictos sociales se suceden; España está en guerra; Hitler alcanza el poder. En 1940, las tropas alemanas entran en Francia. Matisse encuentra refugio, una vez más, en Niza. Su mujer y su hija han sido detenidas por la Gestapo acusadas de colaborar con la Resistencia. A él, el Gobierno de Vichy le deja en paz. Atormentado, enfermo y desengañado, pasa sus últimos años entre dibujos y pinturas. Es el final de una etapa. De su vida.

'Matisse: 1917-1941' puede verse en el Museo Thyssen-Bornemisza del 9 de junio al 20 de septiembre

Las mentiras de la nuclear de Garoña

LADISLAO MARTÍNEZ LÓPEZ
Viento sur



La central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) lleva funcionando 38 años. A principios de julio se termina la licencia de explotación vigente y el Consejo de Seguridad Nuclear y el Gobierno deben decidir sobre su futuro. Los promotores pretenden alargar la vida de la planta durante 10 años más, pero han encontrado la oposición de las ONGs ecologistas y de importantes sectores sociales. Sectores del propio PSOE, liderados por el ex ministro Jesús Caldera han manifestado el deseo de que se proceda a su cierre.

Ante esta situación, los propietarios de la central han realizado una campaña histérica en la que han señalado que el precio de la electricidad subiría un 10 % en este país si se procediera al cierre de la central. A pesar de que salta a la vista que es una evidente exageración (la planta produjo en 2008 menos del 1,5 % del total de la electricidad consumida en nuestro país pese a haber funcionado al límite de lo técnicamente posible), la prensa le ha concedido una enorme relevancia. Se trata de atemorizar a la población cuando se sabe que la electricidad subirá en julio…por motivos bien distintos. Lo hará para contener el déficit tarifario, por debajo de los 3500 millones de euros de acuerdo con lo establecido en decreto-Ley que todo el mundo conoce, paradójicamente, como el del bono social (RDL 6/2009, ya convalidado por las Cortes).

Cuando se conoce el funcionamiento del sistema eléctrico español, la sorpresa se convierte en indignación. Lo que realmente ocurrirá es que los usuarios apenas notarían el cierre de la planta, pero sin embargo se produciría una enorme merma en los beneficios de sus propietarios. De ahí su histeria.

En efecto, en el marco legal vigente en nuestro país (Ley 54/97 del primer gobierno del PP) se establece un sistema de "oferta competitiva" para atender la demanda prevista para cada período de media hora. De acuerdo con ello el "operador de mercado", ordena las ofertas de los productores de electricidad por los de precios solicitados y escoge las más baratas para atender la demanda. A todas las centrales que hayan sido requeridas para funcionar -y con independencia del precio que se haya indicado-, se les pagará el precio solicitado por la instalación más cara que haya sido necesario poner en marcha. Es decir, todas las centrales que funcionen cobrarán lo que pida la más cara entre las más baratas.

Por eso, si se cerrara Garoña, que sólo posee 466 MW, lo que realmente ocurriría, la mayor parte del tiempo, es que una nueva central de gas en ciclo combinado sería requerida para funcionar. El precio con y sin Garoña lo fijarían dos centrales de gas en ciclo combinado (con módulos de unos 400 MW) cuya diferencia sería muy pequeña. La subida del precio del mercado mayorista también lo sería. Además habría que recordar que, en las horas en las que está parada, su influencia en el precio de la electrcidad es nula. Los usuarios, apenas lo notaríamos.

Paradójicamente sus propietarios lo notarían mucho. Garoña es una central ya amortizada que para su funcionamiento sólo incurre en costes variables (fundamentalmente combustible y mano de obra) que son mucho menores que los correspondientes a la central que fija el precio del mercado mayorista. Sus márgenes de beneficios son siempre enormes… y eso es lo que les duele a sus propietarios. Moriría la gallina de los huevos de oro.

Tiene su ironía recordar que si funcionara el viejo sistema de reconocimiento de costes, conocido en su momento como el marco legal estable, la incidencia del cierre de Garoña sería mayor, aunque nunca del 10 %. Porque hasta 1997, se pagaba por cada kWh en función del coste que costaba generarlo. Y sin embargo en muchos otros aspectos se trataba de un sistema mucho menos irracional que el de oferta competitiva actual.

El gobierno no tiene por tanto ningún motivo para no proceder al cierre de Garoña. No hablamos de encarecimiento de la electricidad, hablamos de merma de sus beneficios. Y al otro lado queda nuestra seguridad y nuestro medio ambiente.

Entrevista a Mike Ness (Social distortion)


JORDI MEYA
Rockzone



Hablar con Mike Ness es hacerlo con una leyenda viva del punk rock. Así que cualquier excusa es buena para poder charlar con él. En este caso, aunque por desgracia todavía no se vislumbra en el horizonte un nuevo disco de Social Distortion, el motivo es su próximo gira que los traerá a Madrid, Barcelona y Barakaldo a principios de Junio.


En junio estaréis tocando en España. ¿Qué podemos esperar de los conciertos y qué recuerdos tienes de nuestro país?

El caso es que sólo hemos estado allí dos veces y con diez años de diferencia, creo. Así que para mí es difícil tener una idea real del país. Además llegamos, tocamos y nos fuimos. Pero recuerdo que me gustó y la verdad es que tengo muy buen presentimiento con esta gira. La última vez que estuvimos en Europa, George Bush era nuestro presidente y me sentía un poco avergonzado. Ahora me siento mejor (risas). En cuanto a los conciertos serán el típico show de SD con mucha energía. Intentaremos escoger canciones de nuestros treinta años de carrera que la gente quiera escuchar, aunque seguro que nos olvidaremos de alguna (risas)

Tuve la suerte de veros la primera vez que vinisteis en la gira de White light, white heat, white trash , por aquel entonces, la verdad es que poca gente os conocía por aquí. Ahora, en cambio, ya se os ve totalmente consagrados. ¿te sorprende ver hasta donde habéis llegado?

Desde el principio queríamos ser un grupo que llegara a todo el mundo, no sólo a los punk rockers. Pero claro, éramos la élite, pensábamos que éramos más que la masa (risas), pero yo siempre he admirado a The Clash, que aunque tenían un mensaje político mucho más fuerte que el nuestro, hacían canciones para todo tipo de gente. Creo que cada persona tiene algo que ofrecer al mundo y yo tampoco quiero escribir para un público determinado , sino para todo tipo de personas.

Aunque vais a salir de gira, lo vais a hacer sin un disco nuevo de estudio. Estáis yendo a poso de tortuga...

(Risas) Yo no diría eso. Lo que pasa es que hemos girado mucho, somos un grupo que trabaja mucho. No es como si hubiéramos sacado un disco hace cinco años y nos hubiéramos quedado sentados en casa. Cada año hemos girado y la única manera de hacer un disco es parar, componer, ira un estudio y grabarlo. Me hubiera gustado tener un disco nuevo en 2008 pero no pudo ser, y ahora ni siquiera sé si lo tendremos listo para 2009.

Pero tienes nuevas canciones escritas

Si, unas cuantas. Pero todavía no sé si son suficientes para hacer un gran disco.
Quizás tenga el 75 % de un gran disco, Para cada disco nuevo me ha gustado poder tocar temas nuevos durante un año o dos, para poder ir sintiendo los temas como míos. Además, creo que a la gente también le gusta escucharlos antes, porque así, cuando tienes el disco, ya reconocen algunos temas.

Se ha rumoreado que estabas considerando hacer un disco acústico con SD

Quizás algún día lo haga. Pero para el próximo creo que necesitamos un disco de rock fuerte. Quizás luego podemos hacer un disco acústico.

Y tienes planes para hacer otro disco en solitario

He pasado buen aparte del 2008 girando en solitario, algo que no había hecho en ocho años. Me gustaría hacer otro disco, pero de nuevo me falta encontrar tiempo.

Dado que Johnny Wickershman y Bren Handing te han acompañado en tu gira en solitario ¿hay demasiada diferencia entre un show de Mike Ness y uno de SD?

Sí, son muy diferentes. Hay parecidos porque intento utilizar todo lo que he aprendido en 30 años e carrera para la Mike Ness Band, pero el sonido es mucho más country. Es la misma energía, pero con una dinámica diferente. Creo que tocar juntos en mi banda hace que seamos mejores cuando tocamos con SD. Hemos encontrado un buen equilibrio.

Siempre te ha costado mucho mantener una formación estable para el grupo. ¿Cómo han afectado todos esos cambios al funcionamiento del grupo? ¿Es muy distinto ahora a como era antes?

Reemplazar a Danny (Danell, guitarrista original que falleció de un neurisma cerebral en el 2000, ndr) fue el cambio más importante, tanto a nivel personal como musical. Por suerte pude encontrar a Johnny, que era la persona adecuada. En cuanto a la sección rítmica, al principio siempre había intentado usar a gente con la que me llevara bien con la esperanza e que también supieran tocar (risas). Ahora más bien busco a gente que sean buenos músicos y luego aprendo a ser sus amigos. A partir de respetarlos como músicos me es más fácil llevarme bien con ellos. Tocar con buenos músicos te hace mejorar. Creo que todos intentamos ir siendo cada vez mejores. Ahora tenemos a este chico, Adam (Willard), a la batería que tocaba con Rocket from the crypt, así que estamos a tope.

Tras 30 años de carrera ¿sigue siendo la banda tan importante para ti la como al principio, cuando no tenías nada más, o ahora juega un papel secundario respecto a tu familia, ¿por ejemplo?

Sigo sintiendo la misma pasión que entonces. Pienso tocar hasta que muera. Sigo sintiendo el grupo como una parte fundamental de lo quien soy. Obviamente, mi familia es igual de importante y es duro de combinar. A veces envido a la gente que tiene un trabajo normal, vuelve a casa y puede cenar tranquilamente con su familia. Cuando vuelvo de gira me cuesta dos semanas adaptarme ala vida normal.

¿Y sigues identificándote con todas las canciones o hay algunas que quizás ves como un poco inocentes o infantiles?

La mayoría me siguen pareciendo muy reales, pero hay algunas que me resultaría extraño catar. Siempre he intentado hacer canciones atemporales que pueda cantar cundo sea viejo o que, aunque cambien los temas, sigan siendo relevantes. No es fácil.

Fuiste de los primeros punk rocker en reivindicar a Johnny Cash cuando nadie le hacía ni caso. ¿Cómo has vivido ese resurgimiento de su figura?

Recuerdo que cuando hicimos “Ring of fre” mucha gente nos criticó, en plan, SD haciendo una canción country? Tío escucha la letra y calla. Así que ahora sólo siento ganas de decir “joderos”, está bien que la gente conozca la música de Johnny Cash, supongo que más vale tarde que nunca. Toda la música está conectada, el blues con el jazz, el jazz con el rock, el rock con el country

¿Cómo te sientes cuando otros músicos te citan como una influencia? ¿te hace sentir viejo?

(risas) No, pienso que es genial. El tío de Alkaline Trio me hizo una gran entrevista para un artículo sobre mí, tomamos café, nos hicimos fotos... me hizo sentir bien.

¿Estás al tanto de los nuevos grupos?

Más o menos. Pero los escucho con cierta sospecha (risas). Hay grupos que me gustan como los White Stripes o Los Hives, que hacen cosas originales. Pero siempre llego un poco tarde. No me compré mi primer disco de Nirvana hasta que Cobain había muerto.

¿Se te hace raro ver en qué se ha convertido la escena punk?

Cada uno tiene una definición de lo que es el punk. Cada uno hace su interpretación.
Ahora es simplemente otro estilo de música más como el rock o el pop, pero al que se le reconoce un significado social. De el mismo modo que en los 50 no era admisible que el rock fuera cantado por negros y tuvieron que buscar jóvenes blancos para hacerlo aceptable, con el punk pasó un poco lo mismo. Para mí el punk consistía en cambiar la cosas que nos gustaban. Era una revolución musical, pero nadie nos dirigía, éramos como un tren fuera de control, pero a pesar de ello creo que conseguimos cambiar la cosas. Peor con esos cambios vinieron muchas promesas falsas y todavía hay cosas en el mundo sobre las que exhibir y los ideales del punk siguen vigentes. Al mismo tiempo, ese estilo de vida casi acaba con mi vida. Cuando yo empecé, hacerse punk era casi como unirse a la mafia, parecía atractivo desde fuera, era sexo, dogras, rock and roll... pero también tenía s que pagar un precio.

En tu caso, estuviste enganchado a las drogas durante mucho tiempo. ¿Qué te hizo cambiar?

El dolor

¿Temiste en algún momento que la ausencia de dolor te impidiera escribir buena canciones?

No, lo que lo que más me preocupa era cómo podría divertirme sin drogas ni alcohol. Pero una vez que comprobé que era posible pasarlo bien sin eso, fui muy feliz. Y descubrí que tener la mente clara, de hecho, me ayudaba a conectar mejor con mis sentimientos y escribir sobre ellos. Hace casi 20 años que estoy limpio y no me gustaría volver atrás para anda, pero estoy seguro de que podría volver a caer.

Cuando a día de hoy coges una guitarra para componer ¿cuánto hay de espontáneo y cuánto de oficio?

Sigo escribiendo con el corazón. Eso es lo principal. Pero es importante crecer tanto intelectual como emocionalmente. Creo que a medida que me he hecho mayor, me he convertido en un mejor compositor.

¿Es duro físicamente aguantar una gira estas alturas?

No te voy a mentir, es duro (risas), además solemos tocar seis noches a lasa semana.
Sólo tenemos un día para recuperarnos. Damos el 100 % cada noche y hay días que te sientes que lo has dado todo la noche anterior y no te queda nada dentro. Por suerte, la adrenalina acaba saliendo, pero no es fácil.

¿Hay noches en las que sientes que no has dado todo lo que debías?

De vez en cuando sale algún concierto raro, pero yo sigo creyendo que el 50 % de un concierto es el público. Pero en nueve de cada diez conciertos nuestro público responde muy bien, lo que hace que nosotros respondamos. Tenemos esa suerte.

Mucha gente joven seguramente os va a ver porque sus grupos favoritos son fans vuestros. ¿Qué pasa por tu cabeza cuando miras a primer afila y ves u chaval de 15 años?

Que es un chaval listo (risas). Ir a un concierto de SD es como ir a la escuela.

Se dice que la canción “Kids of the black hole” de los Adolescents está basado en el apartamento donde vivías de joven. ¿Es cierto? ¿Podrías describirlo?

Si, es cierto. Era un apartamento de un habitación en el que nos reuníamos un montón de punk rockers para escuchar música, pintarrajear las paredes, hacer todo tipo de cosas que no deberíamos. Era nuestro lugar de reunión. En aquellos días, éramos muy pocos, así que los revolucionarios necesitábamos un punto de encuentro

Tus canciones hablan mucho de la calle, la parte oscura de California, pero al mismo tiempo hablas de ello con un punto de romanticismo. ¿Dónde acaba la realidad y empieza el mito?

Lo que está claro es que no canto sobre Dysneylandia. Siempre he tenido una relación de amor y odio con el lugar donde vivo. A veces veo su lado hermoso y pienso que Orange County es uno de los mejores lugares del mundo, y entonces veo a un idiota con un adhesivo de George Bush en el coche y recuerdo que no todo es tan bonito (risas)

Como vuestro disco, “Somewhere between heaven and hell”

Exacto. Vivimos entre el cielo y el infierno.

Un 'sheriff' contra los Bancos

El ‘sheriff’ se hartó. Dijo que no pensaba ejecutar más órdenes de desahucio que afectaban a pobre gente. Thomas Dart se ha enfrentado a los bancos y se ha convertido en un héroe en EE UU, una especie de nuevo Robin Hood

YOLANDA MONGE
El País



El sheriff llamó a la puerta. Le abrió un hombre joven, de treinta y tantos años, con un bebé de seis meses en pañales en cada brazo. Agarrado a su pierna, con cara de susto, se aferraba otro hijo de cinco años. Unos pasos más atrás, sorprendidos y con un bocado de cena todavía en la boca, habían acudido a la inesperada llamada a la puerta un cuarto hijo de 11 años y la esposa y madre de los anteriores. Tenían el tiempo justo para recoger sus pertenencias y salir de la casa. Eso era lo que el sheriff había ido a decirles. Eso era lo que el sheriff debía hacer: ejecutar el desahucio. Pero el sheriff dijo no. Se acabó.

El sheriff Thomas Dart, del condado de Cook, en Illinois (Estados Unidos), se negó a llevar a cabo más desahucios de "inocentes" a los que el banco no había notificado con tiempo o a quienes, sencillamente, el casero engañaba y, mientras no pagaba su préstamo, seguía cobrando la renta del inquilino, que ahora sufría las culpas ajenas.


El índice de desahucios en el área metropolitana de Chicago -Condado de Cook, que, con cinco millones de habitantes, es el segundo más grande del país- había permanecido casi estable durante 10 años. Pero a partir de 2006 el número comenzó a crecer y pasó de cerca de 19.000 en ese año a más de 32.000 en 2008. La proyección para éste superará con creces los 43.000. Todo por culpa de la crisis de las hipotecas subprime y una crisis económica no vivida desde la Gran Depresión de los años treinta.

Dart desafió a los tribunales y enfadó a los banqueros, que le acusaron de no hacer su trabajo y le amenazaron con llevarle ante un juez. Pero el sheriff insistió en su declarada moratoria y sobre su mesa comenzaron a amontonarse los cientos de desahucios que la ley exigía ejecutar. "Nadie puede hacerse una idea de lo sorprendida que se queda una familia cuando una noche cualquiera está en su sala de estar viendo tranquilamente la televisión y de repente llaman a la puerta; creen que es un vecino, pero se encuentran conmigo y seis tipos de uniforme negro que les notifican que tienen que dejar su casa", explicó Dart el pasado noviembre a los medios de comunicación, a los que les faltó tiempo para calificarle como un moderno Robin Hood que ayudaba a los más desfavorecidos.

Su actuación ha provocado que la revista Time le incluya en su lista de las 100 personas más influyentes del año pasado. Su nombre se encuentra dentro de la sección Líderes y revolucionarios, junto al del primer ministro de Irak, Nuri al Maliki; la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente estadounidense, Barack Obama. Cuentan en Time que cuando le llamaron para notificarle el nombramiento hace unos días, Dart, de 46 años, estaba en casa cuidando de sus cuatro hijos y su mujer, en cama, de baja médica, haciendo reposo por el embarazo de su quinto hijo.

"Es un honor", dijo un humilde Dart. "Pero sobre todo es algo muy importante para la oficina del sheriff, ya que valora todo el duro trabajo que mis agentes han llevado a cabo y la cantidad de horas que les han robado a sus familias para poder dedicarse a esto".

Dice el 'sheriff' Dart que cada día se hizo más difícil cumplir con su trabajo. Cada vez era peor. Más duro. Siempre había niños pequeños por medio, siempre había madres solteras que se estaban dejando la piel para salir adelante y que, de repente, se veían sin un techo. Niños sentados en las aceras en plenas noches de invierno. Familias con todas sus pertenencias en medio de la calle rogando que no se las robaran mientras buscaban un medio de transporte que les llevara al albergue más cercano. Mujeres que cargaban a sus pequeños en brazos y que metían apresuradamente un par de pijamas y pañales en el bolso para aventurarse carretera abajo sin atreverse a mirar atrás. "Gente inocente", subraya Dart.

"Mi conciencia no me permitía seguir participando en algo tan injusto". Estamos hablando de gente cuyo alquiler se comía casi todo su salario y a la que no le quedaba casi ni un centavo para comida y gastos, mientras el propietario del inmueble hacía meses que no cumplía con sus obligaciones bancarias y no pagaba la hipoteca. Gente que de un día para otro acababa en la calle cuando había pagado todas y cada una de sus facturas. También gente que, por la crisis, era incapaz de hacer frente a las deudas y a la que no se le concedía ni un mínimo plazo para adaptarse a la nueva situación. "Decidimos que no íbamos a seguir formando parte de algo tan injusto", insiste visiblemente enfadado Dart.

le escucharon. Bien porque los medios de comunicación han estado haciendo mucho ruido, bien porque alguien consideró que era lo que había que hacer. Los tribunales estuvieron de acuerdo en diseñar un plan que diera a los ocupantes de las casas susceptibles de desahucios un tiempo razonable para que pudieran buscar un alojamiento decente. Para que familias enteras no acabasen en albergues donde las condiciones de vida son espartanas y a veces se ven obligadas a separarse, pues en algunos centros no se aceptan adolescentes por temor a conductas violentas.

"Los desahucios se hicieron conocidos porque de repente llegaron en aluvión. Hasta ese momento siempre habían sido un problema de otro", explica. "Pero de la noche a la mañana se convirtieron en un problema de todos y en todo el país".

Dart testificó el pasado noviembre ante el Congreso de Estados Unidos dentro de unas comparecencias que trataban de arrojar luz sobre la grave crisis económica. Su intención, según sus palabras, era "poner cara al conflicto" que estaba arruinando la vida de miles y miles de personas. "El caos financiero del que hablaban los senadores, la crisis de la industria bancaria que denunciaban los periódicos, tenía una traducción concreta. Ese caos se estaba trasladando a las calles de una manera que nunca antes se había vivido".

El periódico 'Chicago Tribune' dijo de él que era un "hombre con ambiciones políticas". Desde su salto mediático a la escena nacional mucho se ha especulado sobre sus intenciones de entrar en el firmamento de las estrellas políticas con sueños de elevarse, incluso, hasta la Casa Blanca. Él sonríe y declina con humildad que esa posibilidad esté cercana. "No veo la vida de esa manera. Lo importante para mí es poder hacer algo que cambie las cosas, esté donde esté. Soy feliz con lo que hago ahora".

Sea evitar desahucios injustos o denunciar casos de prostitución, el sheriff Dart no baja la guardia. "Nos impactó ver cómo un espacio como la web Craiglist, que llega a tanta gente educada e informada, se usaba para un fin tan terrible como el abuso de mujeres". El caso contra Craiglist está en los tribunales. Mientras tanto, Dart ha lanzado un "equipo de intervención" que ofrece consejo, asistencia financiera y cobijo a las prostitutas para que puedan romper la espiral que las mantiene en las calles.

Como él mismo dice, la oficina del sheriff estaba siendo infrautilizada. Eso ya no sucede. Al menos en el condado de Cook.

"Last exit to Happyland", Gurf Morlix (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Gurf Morlix pertenece a ese grupo de músicos conocidos, y alabados, por sus compañeros de trabajo pero desconocidos para el público ya que buena parte de su carrera ha transcurrido en un segundo plano al servicio de los demás.

El neoyorquino ha colaborado, ya sea en forma de instrumentista o de productor, con un sinfín de músicos de todos los estilos. Entre sus trabajos destacan los realizados con Jerry Lee Lewis, Jim Lauderdale, Mary Gauthier, Buddy Miller y sobre todo formar parte de la banda de Lucinda Williams, donde tuvo un papel considerable en uno de los discos más importantes de los 90, “Car wheels on a gravel road”, que aparte de sus calidad, es una de las obras claves para entender el florecimiento actual que sufre el country rock.

Todo este currículum no ha sido suficiente para conseguir que sus discos individuales consigan despegar y tener el éxito que merecen. Desde el año dos mil lleva dedicándose a sacar sus propios trabajos, y no ha sido hasta el “Cut n shoot”, 2004, cuando ha empezado a hacer algo de ruido mediático y a tener un leve reconocimiento.

Su estilo se inició dentro de unos parámetros ortodoxos del country. Con el paso del tiempo, ha ido dándole una forma más personal, incluyendo muchos matices del rock y del blues, y sobre todo buscando su propia manera de cantar, ya que su pericia con la guitarra y otros instrumentos venían avalados por su longeva carrera. Su voz, hoy por hoy, suena rugosa, personal y el lado sombrío que tiene su música se refleja perfectamente en ella. Si hubiera que marcar un punto concreto en el que se vislumbró su identidad, sería en su anterior disco, (si obviamos un instrumental editado entre ambos) “Diamonds to dust”, que en cierta medida, sirve como predecesor del actual.

Para “Last exit to happyland”, su nuevo trabajo, ha querido demostrar,y dejar claro, que ésta es una realización propia, así que, no hay mejor manera que hacerse cargo de todo (escribir las canciones, tocar todos los instrumentos y producir) salvo de las percusiones que corren a cargo de Rik Richards. Para bien o para mal, desea ser el único responsable del resultado final.

Es inevitable, para entender sus canciones, no mencionar a artistas de su quinta, que al igual que él, siguen en un estado óptimo musical. El Guy Clark contemporáneo, el de “Workbech songs”, y Steve Earle, por ejemplo, son dos referentes ineludibles. Así queda demostrado en “One more second” y “Crossroads”, (un homenaje a aquel viejo bluesman llamado Robert Johnson que decidió vender su alma para tocar blues como el mismísimo diablo), construidas con un ritmo de guitarra sobrio pero contundente y una voz rasgada y personal como no se le conocía hasta ahora.

“Walkin’ to New Orleans” y “Drums from New Orleans”, en ésta los coros los realiza Ruthie Foster, son dos canciones dedicadas a esa zona de los Estados Unidos, la segunda desde un perspectiva más personal y la otra con el tema Katrina en la memoria. Aquí se acerca sigilosamente a un sonido más pantanoso, como no podía ser menos con esas referencias en los títulos, cercano al de Tony Joe White o Dr John.

En contrapeso a este sonido tan desgarrado aparece la colaboración de Patty Griffin, que con su aportación, convierte “She’s a river” y “I got nothin’”, en dos temas más melódicos. La mezcla de tonos a la hora de cantar, como si de bella y bestia se tratara, tienen un fantástico resultado.

En medio de todo esto aparece la “springsteeniana”, más en el fondo que en la forma, “Hard road” y la triste “Voice of midnight”, donde colabora, esta vez levemente, Patty Griffin, que sirve como despedida al disco y como homenaje a los amigos desaparecidos.

Gurf Morlix sigue defendiendo paso a paso, disco a disco, el derecho a ser considerado una voz importante dentro del country rock que se realiza actualmente. Todo lo que ha aprendido acompañando a otros músicos, lo pone al servicio de darle consistencia y calidad a su carrera en solitario, como queda demostrado en este fantástico “Last exit to happyland”.

Entrevista con Don DeLillo. Apocalipsis al nivel de la calle


MATILDE SÁNCHEZ
Revista Ñ




Caminar ahora por la zona del Ground Zero ya no sólo habla del 9/11. Ahora es además una metáfora –grotesca, por lo textual– del "derretimiento" de los mercados. El sitio participa como ningún otro de lo que el filósofo y urbanista francés Paul Virilio llamó el accidente global , la catástrofe local que se centuplica en lugares apartados en virtud de un relato colectivo ejemplarmente dominante. Crisis de crisis encadenadas a las que se suman ahora las narrativas de la alarma sanitaria, todo ello alimentado y producido por las cadenas de noticias, en tiempo real, las 24 horas. No es la vida estrictamente; es la realidad, mitad inevitable y mitad inducida, de las pantallas y pizarras electrónicas de Times Square. Ese es el universo DeLillo: el Apocalipsis "al nivel de la calle".

Nadie tuvo mayor antena que este escritor, nacido en el Bronx pero hoy vecino de Brooklyn, para narrar las corrientes que alientan en la multitud, ya se trate de una estampida ecológica o de la marea de fanáticos rumbo al superclásico de béisbol. Exploró todas las posibilidades del accidente, incluido el avatar de los mercados y encontró la forma y el lenguaje para representar las grandes avenidas del presente –y digo avenidas porque ningún otro autor norteamericano auscultó con tanta sutileza los devenires de la ciudad cosmopolita, un camafeo del mundo a escala, en este, el tiempo que Jacques Derrida llamó "modernidad tecnocapitalista".

El primer libro que lo dio a conocer en grande fue Ruido de fondo , con el que ganó el National Book Award en 1985. Allí una familia bien acolchada en el consumo y los paraísos suburbanos de pronto se ve lanzada al éxodo. Y en 1991 vino el premio Faulkner del Pen Club para la extraordinaria Mao II . Aunque tramos del Muro de Berlín todavía no habían sido demolidos, él había aislado en plena Guerra Fría los elementos "futuribles" del presente, en la mejor tradición visionaria de George Orwell. Varias novelas de DeLillo presentan a terroristas y conjurados internacionales: de hecho, la conspiración es la unidad mínima de la política. ¿Pero hasta qué punto puede seguir llamándose ficción a sus cuadros con presagios, en los que la televisión y la sociedad del espectáculo ya son parte de nuestra fisiología? Su obra, muy pronto emparentada con la de Thomas Pynchon (con quien se dice que juega al poker una vez por semana, aunque él lo desmiente), no parece nutrirse tanto de la tradición literaria de su país como de los titulares de los diarios, leídos con un ojo radiográfico. DeLillo es un marciano ante la caja boba. Los medios y la realidad que éstos construyen han sido, junto con la ciudad, su objeto de inspiración y espanto. Pero cuando se lo mencione a él va a negar que sus libros surjan de ensoñaciones futuristas a partir de los titulares –como sí le ocurre a Lauren Hartke, protagonista de Una artista del cuerpo –, sino de una gran cantidad de estímulos que no puede rastrear.

Después de Submundo , su gran obra coral, escribió novelas intimistas basadas en la precisión de los climas y un diálogo en hilachas; es decir, enfocó las consecuencias del "tecnocapitalismo" en la subjetividad. Es el caso de Una artista del cuerpo , Cosmópolis y El hombre del salto , y de cuatro obras teatrales representadas en diversos escenarios pero inéditas en castellano.

"Me convertí en escritor por el solo hecho de vivir en Nueva York y atender a las cosas buenas, prodigiosas y aterrorizantes que la ciudad logra ensamblar", explica. Prefiere enmascarar sus lecturas con un tono diminutivo que no llega a falsa modestia, con ese gesto de muchacho mayor nacido en el Bronx, hijo de inmigrantes italianos: todo en él es suave y a la vez callejero y el rostro sugiere a un ex rufián reencauzado, sin otra secuela que unas mejillas poceadas. Nuestra charla tuvo lugar en abril en las oficinas de la agente literaria que lo acompaña desde Americana , su primera novela.

Impacta releer "Cosmópolis": Eric Packer, protagonista de la conectividad global, sostiene que el presente es cada vez más difícil de encontrar. Fue succionado para dejar lugar al "futuro de los mercados incontrolados y de un desmesurado potencial inversor". En su Nueva York aparece la ciudad mutiétnica en la que cabe el mundo, pero Packer se siente más en casa ante el goteo de cotizaciones bursátiles de Corea, Japón y Rusia. En el brillo hipnótico de la pantalla líquida ve "el resplandor del capital cibernético". En " Jugadores" , de 1977, el esposo se ve envuelto en un atentado contra la Bolsa de Comercio y su mujer trabaja en el WTC. El matrimonio contempla un avión acercándose demasiado a las Torres Gemelas: "Parece que fuera a chocar", observan. Su realismo es muy próximo a la ciencia ficción.

Para mí la diferencia entre géneros es muy borrosa, en verdad. En Jugadores , el supuesto vaticinio no surge de una teoría previa sobre las finanzas sino de una experiencia al nivel de la calle. Yo tenía un amigo corredor de valores que se pasaba cada mañana en la Bolsa, estamos en los años 70. Yo tenía la idea de un personaje comisionista y él me llevó al piso, algo que hoy no sería posible. Aunque estuve allí apenas una hora, pude entender cómo funcionan la ansiedad, los nervios, la conmoción, la presión intensísima de la vida de los agentes entre las 9 y las 15. Lo sorprendente era lo irreal de toda la situación, los movimientos de gente real haciendo cosas que están más allá de mi entendimiento, su carácter de burbuja, su virtualidad. En la Bolsa no hay nada, ahí no está el dinero, es inmaterial, y sin embargo, gobierna el mundo. Esa visita fue crucial.

Usted ha sido comparado con Ballard y Orwell por este carácter visionario; ¿cómo funciona el radar?

Cada uno de mis libros llega primero como una visión tridimensional. La calle no siempre es la fuente. A veces tengo una idea, otras es una foto que me impacta, como en El hombre del salto , la foto del trabajador que sale de las torres con el portafolio cubierto de polvo. Es misterioso. De hecho, lo que me encanta de la ficción es este misterio: ¿De dónde diablos llegan las ideas? Siempre es difícil saber si uno tomó el camino correcto en la ficción. Claro que el camino correcto no existe, sobre todo si uno va por el comienzo.

En "Los nombres", de 1982, se vislumbra que el mundo está por dar un giro drástico aunque aún no se vea adónde. Se trata de un texto de la Guerra Fría, con personajes de expatriados marcados por la paranoia y los oficios clandestinos.

Lo escribí a fines de los 70. En mi vida y en eso que llama mi carácter visionario, fue importantísima la experiencia de emigrar por tres años a Grecia. Renovó por completo mi manera de hacer ficción y me convenció de la enorme relevancia de la literatura. Tendría que esforzarme mucho y más. El hecho de que estuviera en un país con otro idioma me hizo prestar mayor atención al mío.

Alguna de sus novelas sugiere que usted se inspira en cierto residuo ficcional de las noticias, digamos, en el reflujo de un informativo tal como aparece en un sueño. ¿Fecharía en esa estadía griega la percepción de una globalidad que reptaba bajo la Guerra Fría?

En Atenas tuve una gran perspectiva del terror político y religioso que nos rodeaba. Eran los años de la revolución en Irán y el Líbano estaba en guerra. Atenas estaba llena de refugiados de Beirut y había coches bomba y protestas antiamericanas a toda hora. Ahora que están dando Hunger , el filme notable de Steve McQueen, recordé que entonces las protestas por los militantes del IRA estaban a tope y la embajada norteamericana tenía pintadas con. "Liberen a Bobby Sands", el independentista irlandés que hizo la huelga de hambre. Todo ello fue a dar a Los nombres en base a entradas cotidianas que yo registraba casi como en un diario. Me hizo mucho más consciente de la disciplina que se necesita para crear una novela significativa. Sólo después llegó Libra , cuyo tema, el asesinato de J. F. Kennedy, un hecho de semejante magnitud histórica, me hizo sentir todo el peso de la responsabilidad. El escritor debería sentir siempre la exigencia de los antecedentes literarios. Si uno escribe en inglés, debe tener presentes a los maestros, nombres como James Joyce.

¿Tuvo un llamado del compromiso?

–Sí y no... Libra : la empecé al enterarme de que Lee Harvey Oswald, el asesino del presidente Kennedy, vivió y creció en el Bronx, como yo y por los mismos años. Oswald vivía apenas a cinco cuadras de mi casa cuando él tenía 13 y yo 16. Eso me dio la sensación de estar sumergiéndome en un momento crucial de la historia de mi país. Nunca antes me había concebido como esa clase de escritor. Entonces volví a mi viejo barrio y a la casa del asesino de Kennedy. Supongo que eso sigue siendo el nivel de la calle...

Las Torres Gemelas aparecen en pie en tres de sus novelas, antes de aparecer en ruinas en "El hombre del salto". Siempre son una instancia tétrica del circuito urbano.

Es que las vi levantarse en el horizonte, con eso bastaba... Nunca fui optimista sobre el influjo de las Torres. Mi esposa y yo vivíamos en la calle 32 en ese momento, a casi treinta cuadras, y estábamos construyendo una terraza. No bien la construcción superó cierta altura, ya se podía apreciar que era un ejemplo de arquitectura catastrófica, tan descomunal y omnipresente. La única manera de que pudiéramos soportarlas era por su dualidad, una sola habría sido enloquecedora. Al menos siendo dos, se neutralizaban y suavizaban por su diálogo de luces en espejo.

Volvamos a "Cosmópolis". Packer apuesta su fortuna contra el yen. Se publicó en 2003 y fue leída como un retrato de George Soros cuando perdió los dos mil millones apostando contra el rublo. Pero ahora se la lee como su novela sobre las Torres.

¿Cuándo fue lo de Soros? No tenía ni idea, él no fue mi referente. ¿Sabe cómo surgió ese libro? Con la idea de hacer una novela sobre la pesadilla del tránsito entre el este y el oeste de Manhattan en un día laborable. En una de mis caminatas por la ciudad me encontré ante un nuevo edificio resplandeciente en la 47 y la Primera avenida. Me dije, "Podría ser la vivienda de un multimillonario". La segunda cuestión: a comienzos del 2000 era el delirio de las limusinas blancas. Me dije, "¿Qué pasa, qué hace esta gente en estos ridículos autos descomunales, un pasajero y un conductor en un espacio de diez metros de largo que no deja sitio a nadie? Entonces imaginé a un tipo brutal y al mismo tiempo capaz de conmoverse con la buena poesía –seguramente porque mi librería favorita, el Gotham Book Mar t, que fue devorada por la expansión inmobiliaria, quedaba justo en la 47. Hay más que eso, claro, pero quiero decir que así surgió. La estructura nunca está allí al comienzo, es una construcción lenta.

Allí aparece otro de sus temas, la exploración de una sexualidad muy maquinal, propia de la era de la hiperconexión, ¡casi una pornografía de videojuego! Packer se mueve en altas esferas inmateriales pero coge como un robot en la limo, en un callejón, en una toma de desnudo masivo que evoca una producción de Spencer Tunnick.

Sexo, tiempo y dinero, ¿eh? Llegué a inventar una teoría... Usted conoce el dicho, el tiempo es dinero. Cosmópolis refleja la descomunal importancia que el dinero cobró por estos años, hasta cambiar nuestra percepción del tiempo. El tiempo empezó a pasar más rápido al comienzo del siglo XXI. Eso se vuelve literal en el libro, cuando el personaje ve en su televisor de la limo cosas que aún no han sucedido. El tiempo rebasó sus límites convencionales. Esto es posible porque el mundo occidental tiene esta fijación obsesiva.

¿Cree que el dinero, y no la tecnología, aceleró el tiempo ?

Ambas cosas van juntas, desde luego. Fecharía el cambio de nuestra percepción temporal en los primeros años del presente siglo pero no en el comienzo. Esto fue evidente para mí cuando los dueños de las corporaciones empezaron a recibir más respeto y consideración que los jefes de Estado. Packer está viendo pasar toda su vida en un día, por eso todo es tan intenso, incluso el sexo. Por un lado, él da el sexo por sentado, es algo que se debe hacer; pero por el otro, sexo y dinero son las únicas cosas que lo hacen respirar. Por eso el sexo tiene una cualidad tan tecno; Eric le pide a su guardaespaldas que le dispare con una arma de utilería, para experimentar, cuando jamás le pediría que lo apuñale; no es tecno, la sangre lo espanta.

Después de "Submundo", usted narró relaciones de intimidad y encierro con unos pocos personajes, algunos en soliloquio. ¿Cómo se vuelve a escribir después de una obra así?

Como se vuelve siempre... En mi caso con una idea: una pareja tomando el desayuno a la mañana, la forma en que se mueven en el espacio familiar, la clase de conversación abreviada de quienes se conocen bien. Con Una artista del cuerpo empecé a interesarme mucho en el tiempo. Es tan difícil escribir sobre el tiempo. En esa novela, el Sr. Tuttle anda en busca de una dimensión del tiempo que no es la nuestra. Algunos lo interpretan erróneamente como fruto de la imaginación de la protagonista pero para mí no lo es. Tuttle es de lo más real, sólo que vive en una dimensión fuera de las que nosotros consensuamos como realidad. Tuttle ve todo el tiempo lo que va a ocurrir porque él vive allí, sin pasado, presente ni futuro; y esa es su enfermedad congénita. Fue Einstein quien observó que el tiempo es una ficción; nos reinventamos el tiempo cada mañana para conservar la cordura.

¿Y el espacio? Usted y yo podemos hablar sin saber en qué punto nos encontramos. La presencia del otro ya no es fehaciente. Hoy día somos ubicuos por primera vez en la historia. Podemos ser personajes de Philip Dick.

Especialmente si uno vive en la ciudad, la tecnología vuelve el tiempo más intenso y, sobre todo, inmediato. Es cierto que el espacio también se ha vuelto ficcional. Los relojes digitales separaron el tiempo del espacio. En el reloj de números, la distancia de la aguja relacionaba el tiempo restante para una cita con un tramo material, el que espacio que le faltaba recorrer en el cuadrante. De algún modo, uno encajaba las actividades de modo imaginario allí. Ahora el espacio a recorrer, el tiempo que falta transcurrir ya no está en el instrumento. Es numérico y por lo tanto, virtual.

"Una artista del cuerpo" no les gustó a los críticos de su país. La consideraron europeizante.

Creo que esa no la entendieron... En cambio, en Europa motiva adaptaciones para danza, ópera, lo que se le ocurra. No podría decirle por qué me dediqué a los individuos. Pero en todos esos libros, sabía que tendrían pocos personajes y que serían pequeños.

Aunque usted había trabajado el tema, "Submundo" es su novela sobre la Guerra Fría.

Esa sí que surgió de los titulares... En 1951 hubo un histórico partido de béisbol entre los Dogers y los Giants. Cuarenta años después, a raíz del aniversario, volví a recordarlo, yo sentía la picazón misteriosa de que podía llegar a escribir sobre él. Fui a la biblioteca y encontré que en la edición del día posterior, el 4 de octubre, el New York Times había hecho su tapa con dos titulares que competían en idéntico número de líneas, uno, el partido, el otro, la noticia de que los soviéticos habían detonado una bomba atómica en Kazhajstán. La simultaneidad me golpeó. Me lanzó estilo apóstol, "Ve a predicar por el mundo ..." Así fue como me embarqué durante cinco años en esa novela gigantesca. Y por eso la Guerra Fría se convierte en algo tan significativo para el libro, por la detonación. En cambio, Mao II surgió de la foto de un casamiento colectivo de la secta Moon en Corea. La vi y me inquietó, ¿qué diablos hacen todos estos chiflados juntos? Parecían un batallón, salvo que se estaban casando. No eran soldados, eran seiscientos novios.

En sus libros, la identidad del otro, con sus creencias y valores, suele ser una variable de la seguridad urbana, se trate de un terrorista o de un chofer inofensivo. ¿Cómo recibe el regreso de la religión como razón política en el mundo entero?

Bueno, ese otro mundo se siente amenazado por nuestro credo científico; consideran sobre todo que nuestra velocidad contemporánea y los derechos de la mujer ponen su mundo en peligro. Tomemos por ejemplo la clase de religiosidad de los terroristas en el 9/11; el personaje de Hamad, en El hombre del salto , está convencido de que la muerte es más fuerte que la vida y eso lo tiñe todo. Por otro lado, es cierto que cuesta creer y explicarse cómo persiste el fundamentalismo en casa, al punto de negar el darwinismo. La novedad es que algunos autores realmente ilustrados ahora alumbraron este concepto del Diseño Inteligente, a fin de terciar entre esos mundos tan contrapuestos. Usted debe tener en cuenta que los Estados Unidos es un país enorme y sus partes avanzan en eterna reacomodación. A los que llevan varias generaciones en este suelo se sumó la inmigración europea y ahora la asiática; ese cóctel continúa con nuevos ingredientes. Pero claro, hay sectores que no tienen ganas de readaptarse.

¿Ve un futuro para los libros bajo la nueva velocidad?

Tiendo a creer que la literatura trasciende su momento histórico. En cada buen libro hay fragmentos que serán muy significativos para el lector dentro de 30 años. Quien sabe cómo será el mundo en 50 años, quién sabe si habrá lectores... Es más imprevisible de lo que uno imagina. En mi juventud la tendencia general era estudiar en una escuela de cine. Ahora, con la crisis, ¡todos los jóvenes quieren estudiar derecho! Quién lo hubiese dicho, en mi época era lo menos cool del mundo.

Una de las grandes originalidades de su narrativa es el tratamiento del diálogo, de un realismo lacónico y con un montaje veloz. Y lleva ya escritas cuatro obras de teatro. ¿Cómo es pasar de la novela a la dramaturgia?

Uff, creo que si no fuera novelista el teatro me resultaría insoportable pero es interesantísimo entrar en el espacio teatral y aprovechar el intercambio. En los ensayos al principio uno se fastidia porque los actores no han leído la obra de uno y uno cree que están arruinando todo. Pero después ellos se reacomodan. Y además es disparatado ver cómo en una función el público se mata de risa y en la siguiente no se oye una mosca, es misterioso. Todas mis experiencias con el teatro han sido muy buenas.

Ninguno de sus libros fue llevado al cine, algo insólito porque son muy cinematográficos.

Bueno, piénselo de otro modo; quizá he sido afortunado... Siempre hay interés pero en todos los casos quienes se entusiasman son directores independientes, que no consiguen fondos para hacer producciones costosas. En cambio siempre hay pedidos europeos para convertir Una artista ... en danza o en ópera.

"Libra" : la historia y la política aparecen como "la suma de todas las cosas que no nos dicen"; es decir, patrañas, una fabricación. En los últimos años la política de su país parecía moverse ya no en la paranoia sino en una lógica criminal casi obscena. Pienso en el nacionalismo beligerante de estos años y también en ese tipo de sadismo que se vio en las imágenes de Abu Graib; tortura con los códigos del porno hardcore.

La gente quiso creer que una política de fuerza como la de Bush la pondría a salvo de otro ataque como el de las Torres. A la gente no le molestó el ataque a Afganistán de 2003, lo justificaron. Pero la invasión de Irak fue otro asunto. El público no quería protestar, había una necesidad de creer en el gobierno olvidando por completo que fue esa misma gestión, sus agencias de inteligencia y sus viejos personajes de la Guerra Fría, los que permitieron que el ataque del 9/11 ocurriera. Tal era la atmósfera que llevó a su reelección en 2004, tan enigmática para el resto del mundo. Entretanto, en el intento de protegernos, emplearon la tortura y abominaron de nuestra Constitución en sus maniobras. No hay que descartar que esas prácticas lleven a juicios políticos.

En "Ruido de fondo" usted lo observa en un diálogo: la tecnología es un factor de domesticación y de conformismo. Luego estalla el accidente de seguridad industrial. "Nos hemos vuelto muy maleables", leemos.

Es que ante la aptitud tecnológica nos volvemos inocentes como niños y muy supersticiosos. Cada invento tecnológico se convierte retrospectivamente en lo que necesitábamos con desesperación. En ese sentido nos hace perder autonomía de maniobra, nos atrofia en modos que no podemos advertir conscientemente. La gente que vive con un celular en el bolsillo, al nivel más sencillo, ya no sabe desempeñarse sin él. Yo no uso celular, ni procesador; escribo con una máquina de tipos muy grandes que me permiten ver la cualidad gráfica, el valor de las letras y su patrón en la página. Otra de las lecciones de Grecia, apreciar el alfabeto en su valor escultórico.

Usted no tiene asesinos seriales sino homicidas muy dedicados, al estilo Oswald o el Benno Levin –¿Bin Laden?– que mata a Packer. Los seriales ya parecen cosa del pasado. Hoy es el tiempo de los jóvenes asesinos múltiples al voleo: ¿serán ellos el nuevo fenómeno "futurible"?

Ah, culpa de la tecnología, ya lo ve... (risas). Muy sencillo, la juventud está muy holgazana; a estos asesinos les da pereza contar...

Un artesano del cine

Pedro Costa sitúa sus filmes entre la ficción y el documental


FRANCES RELEA
El País



El estudio del realizador está en un viejo inmueble del centro de Lisboa. Un piso de techos altos y suelo de madera, que un día albergó una óptica, es el taller donde el cineasta da forma a sus películas, a caballo entre el documental y la ficción. Sentado junto a la mesa de montaje, con una vista privilegiada a la plaza de Rossio, Pedro Costa (Lisboa, 1959) no se inmuta cuando le comento que la revista Cahiers du Cinéma lo ha presentado como uno de los nombres más relevantes del cine portugués de los últimos años. Es consciente de su condición de cineasta de minorías, con una obra poco acomodaticia para exhibidores y distribuidores, que retrata "tal cual" a la gente que vive mal.

En España no se ha estrenado ninguna de las películas de Pedro Costa, llamado a ser uno de los protagonistas de esta edición de PhotoEspaña, que se inaugurará el próximo 3 de junio en el Matadero de Madrid, con un cortometraje y tres de sus audiovisuales (a partir de material rodado para las películas). Al mismo tiempo, la Filmoteca proyectará toda su obra cinematográfica en un ciclo dedicado al realizador portugués. "Como mis películas son cada vez menos vistas, y tengo menos acceso a las salas comerciales, acepto participar en muestras como PhotoEspaña". Acaba de regresar de Cannes, donde presentó en la Quincena de Realizadores su última película Ne change rien (2009), un retrato de la actriz y cantante francesa Jeanne Balibar. "La conocí hace siete años, cuando grababa el primer disco. No es un documental musical al uso, como los Rolling Stones filmados por Scorsese, ni el clásico a base de entrevistas. Me interesaba otra cosa. Quería hacer una película sobre el trabajo de una cantante que me gusta mucho, como hice anteriormente una película sobre el montaje de cine. Quería darle una forma diferente".

Costa siente devoción por el trabajo de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, la pareja de cineastas franceses que hasta el último día trabajaron en la mesa de montaje con la moviola. En su película ¿Dónde yace tu sonrisa escondida? (2000), rinde homenaje al trabajo del matrimonio. Toda una lección de cine. Los tres comparten una manera de entender y hacer cine: planos fijos, estáticos, largos, sonido directo, actores no profesionales, austeridad en el montaje, sin concesiones. "Pretendo trabajar como antes, como si estuviera en una mesa de montaje de cine, y con una pequeña cámara de vídeo como si filmara con una de 16 o 35 milímetros. Es posible, porque las máquinas son máquinas y quien hace la película es la persona". En 1997 filmó su última película en cine, Ossos. Compró una pequeña cámara de vídeo por mil euros, y desde entonces es el realizador y el operador de sus películas. Los equipos humanos y materiales se redujeron drásticamente, y actualmente trabaja con cuatro o cinco personas.

"Intenté encontrar mi Hollywood, y acabé encontrándolo". Fue en África, en Cabo Verde, antigua colonia portuguesa. Durante el rodaje de Casa de Lava (1994), en la isla de Fogo, comenzó la mutación de Pedro Costa. "Sentía que no estaba haciendo la película que quería. Hice algo irracional y arriesgado. Empecé a boicotear la propia película, al productor, a todo el equipo, a mí mismo. Cogía la cámara, me iba de buena mañana con tres técnicos de imagen y uno de sonido, mientras más de 30 personas quedaban esperando. Sentí también que me gustaba más filmar a personas sin experiencia en el cine que a actores profesionales".

Tras el rodaje de Casa de lava, conoció Fontainhas, un barrio de inmigrantes caboverdianos en la periferia de Lisboa, hoy demolido. Allí se produjo el gran cambio personal y profesional de Pedro Costa. "Encontré una especie de comunidad, de solidaridad, de alegría extraña, tristeza, violencia, y también ternura". Durante 10 años Costa trabajó con los habitantes de aquel barrio para hacer las tres cintas que componen su trilogía más importante: Ossos (1997), En el cuarto de Vanda (2000) y Juventud en marcha (2006). "Estando allí, todos los días aprendes cosas y no todas buenas. Por ejemplo, siento que emocionalmente me volví más violento, y políticamente, también".

Costa pretende hacer algo que el cine hace poco, difícil de describir, que no es el documental, "me parece débil formalmente", que no es ni una cosa ni otra, "ni mucho arte ni poco trabajo". ¿Y el público? "Pienso en personas antes que en espectadores o público. No consigo que muchas personas estén dispuestas a ver mis películas sin una idea preconcebida. Desgraciadamente, el 90% de las personas que entran en una sala esperan ver lo que ya vieron. Cuando ven algo diferente se asustan y se marchan".

La cadencia de la muerte


TIPOS INFAMES
Soitu




Todo comenzó en 2005, más concretamente, el día de Todos los Santos, cuando en la localidad de Herat, al oeste de Afganistán, se iba a producir un coloquio literario. Sin embargo, la muerte inesperada de una de las ponentes hizo que el acto tuviera que cancelarse con el sentimiento trágico de lo que se trunca sin llegar a ser.

Hasta aquí nada raro puede deducirse de este hecho, salvo la tragedia luctuosa que toda defunción conlleva. Sin embargo si escarbamos un poco averiguaremos que la fallecida respondía al nombre de Nadia Anjuman, su edad no era superior a un cuarto de siglo, y su muerte no se trató de un golpe fortuito y desafortunado de la natura, sino que fue provocada por la ira furibunda de su marido.

El salvaje asesino, hombre culto y educado que "permitía" la asistencia de su esposa a tertulias, no pudo más. Un comentario de su suegra hizo que de manera brutal terminara ipso facto con la vida de la que supuestamente más quería y después, como el manual de buen cobarde indica, se intentó suicidar con una inyección de gasolina. Uno de los invitados a Herat y amigo de la víctima, al enterarse de suceso, acudió al hospital penitenciario donde agonizaba el hombre. Allí junto a su cabecera reflexionó "Si yo fuera una mujer, me quedaría aquí a su lado, esperando verlo reventar". Esta fue la historia que Atiq Rahimi vivió y el germen de su última novela, ganadora del último premio Goncourt.

El escritor afgano afincado en Francia desde la invasión de su patria, publica esta obra con el título simbólico de "La piedra de la paciencia". Ese elemento "confidente" sobre el que depositamos nuestras desgracias y que algunos identifican con La Meca. Ese libro de confesiones ilícitas que acaba por destruirse para liberarnos definitivamente de nuestros males. Y así es como actúa un moribundo talibán encamado en la cuarta novela, primera escrita en francés, de Rahimi.

Cuidado por su mujer, el guerrillero en estado vegetal por una bala en la nuca descansa en la humilde casa de algún lugar de Afganistán. Su esposa le cuida al son de la respiración pausada con la cadencia del paso de las cuentas de su rosario. Entre las llamadas a la oración, el cuidado de las hijas y las visitas a su tía, pasan lentamente los días. Ella rodeada del bélico entorno, toma a su esposo como esa piedra de la paciencia en la cual desahogar sus secretos más ocultos y oscuros.

Una historia en la cual, el hombre antes independiente y director de vida doméstica queda relegado a una figura dependiente, un pelele en manos de su esposa, la tradicional mujer sumisa que aceptó como pudo una vida marital bastante tormentosa. Es en este momento, junto al letargo de su marido cuando desahoga su ser. A modo de biografía consigue revelar sus sentimientos y emociones adquiriendo la palabra unas dimensiones que jamás pudo pensar. Es con su propia narración cuando se da cuenta de la realidad que ha padecido tantos años. El final trágico, como no podía ser de otra forma, nos recuerda que la violencia está más que presente en el mundo bajo distintas máscaras, la más lamentable la que se disfraza bajo la apariencia del amor.

La historia que este escritor, admirador de "El Amante" de Duras, nos traslada supera las fronteras territoriales y culturales. Nos recuerda a la confesión, esta vez ante un difunto de cuerpo presente en la obra de Delibes "Cinco horas con Mario"o en formato epistolar las cartas al hijo muerto que Camilo José Cela tuvo a bien escribir con el título de "Mrs Caldwell habla con su hijo". Obras todas ellas con un marcado carácter redentor (la necesidad de contar para autosalvarse), una angustia vital contenida que explota en determinados momento bajo reproches calmados por supuesto amor y la presencia del protagonista (fallecido o a punto de morir) que es el centro de la novela y sin el cual no podría mantenerse la estructura narrativa.

Alabamos en este caso a Siruela , que ha acertado traduciendo y publicando en castellano este magnífico premio Goncourt. Sabida es nuestra admiración por este certamen, pero más aún por aquellos editores que saben mantener una coherencia en su actividad. Esperamos que podáis disfrutar de este ejemplar y que desveléis su interior con la paciencia y tranquilidad que merece o que aprovechéis el fin de semana para pasear por la Feria del Libro, que abre sus puertas como cada año en Madrid.

Chechenia, la paz de los cementerios

Moscú proclama el fin de la guerra en la república caucásica. Allí ha practicado durante años una represión brutal ante la que EE UU y Europa han hecho la vista gorda. Pero la savia del cardo checheno sigue viva

JUAN GOYTISOLO
El País



El pasado 16 de abril, Moscú anunció oficialmente el fin de la guerra contra el terrorismo en Chechenia. Desde la proclamación unilateral de su independencia por el ex general de la aviación soviética Djohar Dudáiev en 1991, consecutiva a la desintegración de la URSS, la historia de la pequeña república autónoma se compone de una sucesión de campañas militares, golpes de mano de la guerrilla, treguas precarias y nuevas rupturas de hostilidades. Hoy la paz reina en Grozni -una paz cuyo coste sólo puede calibrar quien haya puesto los pies allí: barrios enteros de la capital arrasados por el fuego de tanques, aviones y helicópteros, aldeas destruidas, familias diezmadas, decenas de millares de jóvenes torturados y desaparecidos en los siniestros puntos de filtración-.

"Cucarachas chechenas", los denominó el ministro de Defensa de Yeltsin, Pável Grashov. Otros mandos militares y líderes políticos, no menos patriotas, reclamaban asimismo la necesidad de "extirparlos como un tumor canceroso", de "exterminarlos como perros rabiosos" o "borrarlos de la faz de la tierra". Con la entronización de Putin, el lenguaje cambió pero la ferocidad represiva, no. Con el oportunismo que le caracteriza, se apuntó a la Cruzada bushiana de "la guerra contra el terror". Ustedes con Al Qaeda, nosotros con el yihadismo caucásico. Confiando la gestión de la brutalidad de las armas a las milicias a sueldo de Ramzán Kadírov chechenizó la guerra y puede presentarse ahora ante la opinión pública rusa y sus socios occidentales como el gran artífice de la normalización.

La campaña iniciada en diciembre 1994 para "restaurar el orden constitucional" y acabar con un régimen de "criminales y bandidos", concebida por Yeltsin y Grashov como un simple paseo militar en una velada bien arrosée, convirtió a Chechenia en uno de los puntos del planeta en el que la especie más bien inhumana a la que pertenecemos manifestó con mayor saña su potencial infinito de crueldad. Hablar de una política de exterminio de todos los varones jóvenes (y también de docenas de mujeres, niños y ancianos) sospechosos de "bandidaje", primero por el Ejército ruso y luego por los escuadrones de la muerte del actual presidente checheno, Ramzán Kadírov, no es una exageración. Los asesinatos, secuestros, violaciones, torturas, pillajes, aparecen ampliamente documentados en los informes de la Comisión de Derechos Humanos en la que milita Yelena Bonner, viuda de Sájarov, así como en los del Pen Club ruso y Amnistía Internacional.

La suerte corrida por los dirigentes independentistas chechenos ilustra el cinismo y la falta de escrúpulos de los amos del Kremlin, envalentonados por el silencio vergonzoso de la comunidad de naciones: el asesinato en marzo de 1996 del presidente Dudáiev, víctima de un cohete aire-tierra guiado por la emisión del teléfono a través del cual conversaba con el supuesto mediador ruso Constantín Vorónoi, "hazaña" que combinaba la alta tecnología digital con el gangsterismo más bárbaro; el de su sucesor interino, Selijman Yanderbíev, liquidado en 2004 por sicarios rusos en Qatar, en donde había buscado refugio; el de Aslán Masjádov, ex jefe del Estado Mayor de Dudáiev -conocido por sus posiciones moderadas y pragmáticas, opuestas al yihadismo de Shamil Basáiev-, elegido presidente en los primeros y tal vez últimos comicios libres celebrados en Chechenia en 1997, rematado como un perro en Tolstói Yurt en febrero de 2005, son tres ejemplos de esta expeditiva "pacificación" llevada a cabo por Yeltsin, Putin y el cachorro checheno del último, el jan Kadírov.

Entre las imágenes más duras de muerte y destrucción de la pequeña república caucásica, la de Aslán Masjádov, caído de espaldas, pecho al aire y brazos en cruz, rodeado de botas de sus matones -foto que guardo en mi lugar de trabajo como recordatorio del sufrimiento de este pequeño pueblo de un millón y medio de almas al que me siento unido por un sentimiento cuyas raíces tal vez se remontan a mis primeras lecturas y ensoñaciones- cifra toda mi amargura ante la furia ciega de la historia. ¿Será necesario recordar que en la Cumbre sobre Terrorismo, Democracia y Seguridad reunida en Madrid un mes más tarde ninguno de los dignatarios allí reunidos alzó la voz contra el crimen erigido como sistema de gobierno por un Estado allí presente? El tema de los derechos humanos desaparece de la orden del día de tales asambleas cuando choca con los intereses energéticos de las democracias occidentales, lo mismo en el caso de Rusia que en el de la tiranía de Guinea Ecuatorial.

Algunos testimonios posteriores a mi estancia en Chechenia -cerrada hasta hoy a la prensa, salvo en "visitas guiadas"- arrojan una luz cruda sobre los métodos empleados por Ramzán Kadírov para alcanzar la paz recién anunciada por el Kremlin: la denuncia por Sophie Shihab, corresponsal de Le Monde en Moscú, de las torturas llevadas a cabo por los cosacos -¡volvemos a los tiempos de Pushkin y Lérmontov!- a presuntos bandidos y criminales caucásicos, "con todas las costillas rotas y dedos y orejas cortados", a quienes se aplica luego, si sus familias no pagan rescate, la ley de fugas; las imágenes de horror y desolación de Manon Loizeau en su filme Grozni, crónica de una extinción rodado clandestinamente con la ayuda de un puñado de mujeres chechenas; las crónicas reunidas con el título Diario ruso de Anna Politkóvskaya, la periodista asesinada con toda impunidad en su domicilio de Moscú por los sayones de Ramzán Kadírov por la valiente denuncia de sus ejecuciones extrajudiciales, torturas, crímenes y arbitrariedades... Estas tres mujeres (¡y luego se habla de "sexo débil"!) nos dicen que la paz reinante en Grozni es la de los cementerios. Como respondía un personaje de Tolstói, también una mujer, en Haxi Murat a quienes comentaban las proezas guerreras de los cosacos y soldados del zar: "¿Qué guerra? Son ustedes unos asesinos, esto es todo".

El terrorismo de Estado del actual presidente checheno no se limita a la eliminación de los ya escasos guerrilleros independentistas que resisten en las zonas montañosas del sur: se ceba sobre todo con quienes colaboraron con la administración federal rusa tras la segunda ocupación de 1999 y entraron en conflicto con él. La relación de víctimas expuesta por la corresponsal de este periódico en Moscú evoca los peores tiempos del estalinismo cuando la larga mano de los servicios secretos soviéticos asesinaba fuera de las fronteras de la URSS personajes molestos como Trotski o Andreu Nin. El caso de Umar Israilov, acribillado a balazos en Viena, quizá sea el más espectacular y representativo: después de haber sido torturado con descargas eléctricas por el propio Ramzán Kadírov en la "base deportiva" de Gudermés, logró refugiarse en Austria y presentó una denuncia de los métodos de gobierno del sátrapa en el Tribunal de Derechos Humanos del Consejo de Europa. Según reveló a The New York Times poco antes de su muerte, existe una lista de 50 personas, compuesta por el líder de la "nueva Chechenia", destinadas a acabar como él. La "normalización" del país y la reconstrucción de Grozni, en donde Kadírov ha edificado la mayor mezquita de la Federación Rusa, sirven así de pantalla para un sistema de terror, intimidación y chantaje que desmiente la versión triunfalista de esta paz inicua.

Muchas veces me he preguntado el porqué de mi querencia, casi obsesión, con un país tan lejano, cuyos recuerdos, como los de la Guerra Civil de mi infancia, reiteran sus apariciones en los duermevelas y afloran a la superficie de mi labor literaria. Podría contestar: las imágenes efímeras, y a posteriori trágicas, de aquellos con quienes me crucé brevemente allí, o la lectura frecuente de Puschkin, Lérmontov y mi asiduidad a Haxi Murat, la obra maestra de Tolstói; pero quizá la respuesta más justa sería la evocación del paisaje del camino que lleva a Vedenó y Bamut, a la orilla del impetuoso río Argún, entre los montes cubiertos de abetos de los contrafuertes del Cáucaso.

La belleza insólita del lugar -pese a la presencia de unos tanques rusos calcinados que rememoraban el drama de un pueblo condenado desde hace más de dos siglos a la amargura de la derrota y del exilio, sin que se resigne a ello- es misteriosamente distinta a cuantas cordilleras he contemplado en mi vida. Alejandro Dumas no pecaba de hipérbole ni de exaltación romántica cuando escribía: "Es lo más agreste y sobrecogedor que nunca he visto ni siquiera imaginado en mis sueños más locos". Tolstói, de nuevo Tolstói, nos da la clave de su imantación y de su fuerza indomable, en abrupto contraste con el hado de la derrota y opresión que marca la suerte de sus habitantes: allí brota, coriáceo y tenaz, el cardo aplastado una y otra vez por el carro brutal de la historia, pero cuya savia no se rinde.

Joseph Roth, el verbo de la decadencia



IÑAKI URDANIBIA
Gara




La Primera Guerra Mundial, la pérdida de sus seres queridos y la anexión de su país por los nazis, fueron algunos factores decisivos en la vida y escritura de Joseph Roth (Brody, 1894 - París, 1939), un autor que se decantó por la apuesta por el humanismo y la cultura en una carrera marcada por la tristeza y la nostalgia por los tiempos pasados.

El 27 de mayo de 1939 murió hospitalizado en París, el escritor –uno de los más destacados del imperio austro-húngaro– de “Job”, que se había convertido en un verdadero clochard, debido a la pobreza y al alcoholismo. «Así soy realmente maligno, borracho, pero lúcido. Joseph Roth».

Nombrar a Joseph Roth es nombrar la Primera Guerra Mundial, a la vez el fin del imperio austro-húngaro, y los primeros destellos de lo que, al cabo de los pocos años, sería la barbarie nazi. Quien había nacido en un pueblecito de Galitzia, cercano a la frontera de la Rusia zarista, el 2 de setiembre de 1894, procedía de un padre austriaco y de una madre judía. En su país cursó estudios de filosofía y literatura, finalizándolos en Viena.

Llegada la Primera Guerra Mundial se alistó como voluntario en el Ejército austriaco y fue detenido en Rusia, conociendo así de primera mano los tiempos y las personas, de la revolución que entonces se ponía en marcha. Más tarde, liberado, volvería a su país y se dedicaría a escribir y al periodismo en distintos medios y en distintos países como corresponsal. La anexión de su país por los nazis hizo que comenzase su peregrinar, su errancia que le hizo vivir en varias ciudades europeas en hoteluchos de mala muerte hasta que se asentó –es un decir– en la capital del Sena, que es donde falleció. La «pérdida de la patria» (nacido en los márgenes fronterizos de un imperio, su condición de judío, su habla alemana... muestras todas ellas de su desplazamiento) a la que ha de sumarse la de sus seres queridos, entre otros su esposa, diagnosticada como esquizofrénica, fue liquidada aplicándosele las leyes eugenésicas, hizo que la tristeza cobrase carta de naturaleza en su alma, junto a la nostalgia de unos tiempos pasados, más tranquilos, menos violentos y salvajes en su irracionalidad.

En muchas ocasiones sus escritos se cruzan con su propia biografía, y desde luego con el escenario histórico en el que le tocó vivir, o mejor padecer. Es así como en “Fuga sin fin” se puede ver a un soldado detenido en Ucrania que asiste como prisionero a los avatares de la revolución soviética; tras su vuelta encuentra su patria cambiada y así lo va a reflejar en su “Tela de araña”, en donde el ambiente cuartelario anuncia el crecimiento de un desaforado nacionalismo que, al cabo del tiempo, vencerá en su expresión racista de los vecinos germanos y sus acólitos locales; sin olvidar su brutal “Tarabas”. Se ve que en los escritores de aquella geografía y de aquella época las atmósferas militares les resultaban fuente de inspiración como reflejo de lo que en ellos se fraguaba. Me vienen a la cabeza “Las tribulaciones del joven Törless”, de Robert Musil, o algún texto de Stefan Zweig.

Su experiencia en tierras soviéticas hizo que mirara al socialismo con cierta simpatía, lo que le llevó a firmar algunos artículos suyos como “Joseph el rojo”; firma y elogios de los que luego se arrepentiría, tras conocer algunos años después la evolución de las doctrinas iniciales a formas de dictadura nada admirables, ni justificables.

La apuesta por el humanismo y la cultura va a ser una constante en su quehacer y es ello –como apuntaba líneas más arriba– lo que le va a llevar a oponerse a las supuestas salidas que únicamente llevan a la negación de los otros, a su eliminación física y cultural (sus obras eran quemadas en la Alemania dominada por el nacional-socialismo).

Si su condición de judío tuvo importancia en esta vida errante, fue malgré lui, ya que, para él, tal no era sino un mero accidente, como escribiese a su compatriota y también escritor Stefan Zweig: «Mi judaísmo nunca me pareció nada más que un atributo accidental, algo así como mi bigote rubio –que lo mismo podía haber sido negro–. Nunca sufrí por ello. Nunca me enorgullecí por ello». A pesar de esas significativas afirmaciones, sí que se pueden ver en sus escritor leyendas judías revisitadas y puestas en sus días, así la del santo “Job”, o plasmaciones varias del mito(?) del judío errante, o su descripción de los ambientes vividos en su niñez en medio de la comunidad judía. Precisamente de ese libro escribió alguien que de eso sabía mucho, Thomas Mann –recuérdese su “José y sus hermanos”– «no es posible hacer justicia a su sutileza poética, pero puedo responder de sus méritos literarios extraordinarios».

Y como el personaje bíblico, al escritor le cayeron mil maldiciones que le hicieron desplazarse de un lado para otro, como señera figura del desarraigo, que supo plasmar en sus obras con verbo directo, sencillo y que llega al lector sin necesidad de esfuerzo por parte de éste. Y así transcurrió su vida hasta la entrega de su testamento, que se abrió tras ser enterrado el muerto, “La leyenda del santo bebedor”, en la que se cruza la vida precaria y alcohólica de un clochard, que camina hacia el pago de una deuda hacia una francesa santa católica –Roth se había convertido al catolicismo en sus últimos años–…«denos Dios a todos nosotros, bebedores, tan liviana y hermosa muerte».

Democracia decorativa a la europea

PABLO ELORDUY
Diagonal




Durante la última legislatura, las sedes europeas han albergado un buen número de exposiciones. La más sonada fue una en la que cada país aparecía representado por un tópico: una pelota de fútbol simbolizaba a los italianos, una tableta de chocolate a los belgas, una gran plasta de hormigón definía a España. En el Parlamento Europeo (PE), dos exhibiciones más han reforzado la imagen de este país ante sus 26 socios: una sobre el Real Madrid y otra a mayor gloria de la tauromaquia. Aparte de esas dos significativas muestras, el papel del Estado español en Bruselas ha sido puesto en entredicho con motivo del Informe Auken, precisamente a cuenta de la construcción, y también merced a la Directiva de tiempo de trabajo, ya que éste es uno de los pocos países europeos en los que las excepciones u Opt out legalizan jornadas semanales de hasta 72 horas.

Al margen de esos episodios, el ciclo termina con una constatación, y es que el efecto del “Ya somos europeos” parece haberse diluido: el propio presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durão Barroso, al mostrar su preocupación por los bajos índices de participación en las elecciones, se lamentó de que “hasta España, uno de los Estados miembros más ‘euroentusiastas’, parece haber perdido su favor electoral”.

El analista político Gustavo Búster considera que el divorcio entre las élites que dirigen la UE y la ciudadanía “responde al déficit democrático en el que se asienta el actual proceso de construcción europea y su estructura institucional”. En el mismo sentido, Attac denuncia que la representatividad del Parlamento cede el papel predominante “a otras instancias europeas que imponen sus criterios, generalmente de manera opaca”, instancias no electas como la Comisión, el Consejo Europeo o el Banco Central.

Lo que diga la Comisión

El organismo que preside Durão Barroso, miembro del Partido Popular europeo, se arroga las principales competencias. Ése es el parecer de los promotores de la campaña “UE pa’qué, pa’quién”, que subrayan el hecho de que el Consejo Europeo y la Comisión “mantienen la mayoría del poder legislativo y ejecutivo, mientras que el Parlamento sigue cumpliendo un papel subalterno”. En esta línea, Antonio Carretero, secretario de Acción Social de CGT, considera que “la toma real de decisiones no es cosa del Parlamento, sino de las instituciones diseñadas específicamente para dirimir las diferencias entre lobbies y bloques políticos dominantes: la Comisión, el Banco Central e incluso los tribunales de justicia de la UE tienen más capacidad real de incidir en las políticas que el Parlamento Europeo, reducido a mero órgano consultivo, informativo y de ratificación de lo pactado en las otras instancias”. Erika González, de OMAL-Paz con Dignidad, incide en que el Parlamento cumple sólo un papel de “maquillaje democrático”, mientras que la Comisión se ocupa de imponer los intereses comerciales europeos, reconocidos como fundamento de la UE en el Tratado de Lisboa. De este modo, la Comisión, “muy alejada de la población”, como denuncia González, es la encargada de defender las políticas de la UE como bloque comercial en las rondas de negociación de acuerdos de libre comercio como el que está a punto de ser rubricado con países de Centroamérica y el Caribe.

Desde Attac, sin embargo, se defiende que la Eurocámara ha servido al menos para “limitar algunos retrocesos sociales” en el caso de la Directiva de servicios (conocida como Directiva Bolkestein), y “oponerse a la Directiva portuaria”. No obstante, desde este grupo se reconoce el escaso poder decisorio del Parlamento, toda vez que esta cámara tiene competencias compartidas con el Consejo para la aprobación de reglamentos y directivas, algo que, de hecho, impide que la Eurocámara promulgue leyes. En lugar de eso, el Parlamento dota a los Estados miembros de Métodos Abiertos de Coordinación, considerados “leyes blandas”, que marcan las estrategias a los parlamentos nacionales. Erika González recuerda que casi todas las Directivas aprobadas por el Parlamento “han promovido la privatización de servicios públicos, generando ciudadanías de primera y segunda clase”. Para Carretero, esperar que un grupo de “políticos profesionales” vaya a mejorar las condiciones de las clases trabajadoras “no sólo es una ilusión, sino una causa cómplice en la creciente pérdida de derechos laborales, sociales e incluso civiles, como se demuestra en el tratamiento discriminador y represivo de la UE para con las poblaciones migrantes”. Asimismo, desde la campaña “UE pa’qué, pa’quién” se denuncia que las competencias comunitarias otorgan una coartada a los gobiernos locales que de esta forma “podrán culpar a instancias superiores ‘inalcanzables’ de los desarrollos legislativos claramente contrarios al bienestar ciudadano”.

El poder de Lisboa

Vaclav Klaus, presidente de República Checa, señaló en una intervención en la Eurocámara que el Tratado de Lisboa profundizará en “una alienación todavía más grande en las instituciones” y aumentará la distancia “no sólo geográfica” entre los ciudadanos europeos y los políticos de Bruselas y Estrasburgo. Pero Klaus, a pesar de ser un pope del neoliberalismo, es considerado uno de aquellos euroescépticos que, según Durão Barroso y el presidente de la Eurocámara, Hans-Gert Pöttering, se harán fuertes en el Parlamento –junto a “los extremistas”– si la participación en los próximos comicios es escasa. Y es que, pese a la llamada de los presidentes, el barómetro europeo muestra que la intención de voto actual es la menor desde que se elige el Parlamento. No obstante, si se aprueba el citado tratado, algo que depende de Irlanda y de la propia República Checa, aumentarán sustancialmente las políticas que quedarán sometidas a codecisión. El texto aumentará las competencias de un Parlamento que, por número de votos, representa a cada vez menos ciudadanos europeos. Según el eurobarómetro publicado por la cámara el 27 de marzo, el 53% de los encuestados se declaraba no interesados por los comicios y el 47% de los ciudadanos no sabía o creía que los diputados no son elegidos por sufragio universal. Mientras tanto, la Eurocámara sigue haciendo esfuerzos por recortar la distancia que les separa de la población. En los próximos días, una exposición sobre Volvo distraerá a los visitantes que se acerquen a la sede de Bruselas.

LAS ‘GRANDES DECISIONES’ DEL PARLAMENTO EUROPEO

Comercio

En las Disposiciones generales relativas a la acción exterior de la Unión, el Tratado de Lisboa explica que la UE aboga por “la supresión progresiva de los obstáculos al comercio internacional”. El objetivo, paralizadas las rondas de negociaciones en la OMC, es avanzar en tratados de libre comercio bilaterales.

Agricultura

La Política Agraria Común supone el 43% del presupuesto de la Unión, aproximadamente 55.000 millones de euros. En 2008, entre el 5% y el 10% de ese presupuesto fue a parar a millonarios como la reina de Inglaterra y las familias Martínez de Irujo o Fitz-James Stuart.

Fronteras

La Directiva de Retorno, aprobada en 2008, estableció cláusulas que, como denunciaron diversos organismos y grupos, vulneran los derechos humanos de las personas migrantes. Esta Directiva ha marcado la línea que han seguido los Gobiernos de la Unión a la hora de redactar y modificar sus Leyes de Extranjería.

Copyright

La defensa de los derechos de autor es una de sus grandes premisas en los últimos años. En abril, el pleno abogaba por ampliar la protección de los derechos de las grabaciones musicales hasta 70 años. También, en octubre de 2008 se aprobaron las “enmiendas Harbour”, pese a la oposición de los internautas.

Emisiones C02

En diciembre de 2008 la cámara aprobaba un plan para combatir el calentamiento global, en 2020 se debe reducir un 20% la emisión de CO2. Pero el Parlamento, a cambio, deja abierta la posibilidad de compra de derechos de emisiones a terceros, y se debate la vuelta a la energía nuclear como freno al CO2.

Mary Pickford, la primera 'starlet' de Hollywood

D.W. Griffith la descubrió para la gran pantalla y la hizo reina del cine mudo. Participó en más de 200 filmes y ganó un Oscar por su primera película hablada. Sus exigencias contribuyeron a modernizar el modelo de negocio en Hollywood. Cofundó United Artists y la Academia de Cine, institución que entrega los Oscar. Se retiró de la interpretación a los 41 años y vivió aislada


FRAN CASILLAS
El Mundo




Hollywood jamás ha conocido a una mujer tan poderosa como Mary Pickford. La menuda actriz no sólo participó en más de 200 filmes, sino que contribuyó a definir la industria del cine tal y como la conocemos, gracias a sus exigencias contractuales y a la fundación de United Artists y la mismísima Academia que otorga los Oscar. Este viernes se cumplen 30 años de la muerte de Pickford, mujer astuta y ambiciosa, luz primigenia en el firmamento de divas cinematográficas.

Gladys Marie Smith (su verdadero nombre) nació en Canadá en 1892 y desde niña vivió de la interpretación. Su familia atravesaba EEUU en trenes cochambrosos, uniéndose a compañías teatrales itinerantes y llevando una existencia eminentemente precaria.

Su nombre artístico, compuesto por la versión anglosajona de su segundo nombre y por el apellido de soltera de su madre, comenzaría a sonar con fuerza cuando sus dotes interpretativas atrajeron el interés de un pionero del séptimo arte como D.W. Griffith. Él la contrató para los estudios Biograph, cautivado por la intimidad y sencillez que derrochaba ante la cámara.

Griffith no se arrepintió de su apuesta, pues Pickford apareció en 100 largometrajes entre 1909 y 1910, causando un impacto inmediato. En aquella época, los nombres de los actores no se publicitaban en los carteles, así que las salas, para amortizar la popularidad de la joven, anunciaban en una pizarra la proyección de filmes protagonizados por 'la chica de los rizos de oro'. Su melena dorada era todo un icono, hasta el punto de que cuando se cortó el cabello a finales de los años 20, 'The New York Times' recogió la noticia en portada.

Solicitaba aumentos de sueldo como quien pide la hora

El éxito de Pickford alimentó su codicia. En 1911 abandonó Biograph para firmar por IMP (germen de Universal), pero pronto denunció a la productora para librarse de su contrato, alegando que lo había firmado cuando era menor de edad. Lo cierto es que se había dejado seducir por una tentadora oferta de Majestic: 225 dólares semanales y un empleo para el actor Owen Moore, su primer marido.

Majestic fue otra etapa efímera. Insatisfecha con los estándares creativos de la compañía, regresó al abrigo de Griffith en 1912, aun aceptando una rebaja en sus emolumentos. Un dato insólito si valoramos que Pickford solicitaba aumentos de sueldo con el mismo desparpajo con que se pide la hora. Sin embargo, a veces es preciso dar un paso atrás para tomar impulso: la actriz protagonizó algunos de sus filmes más memorables en esta segunda época con Griffith.

Asentada como la dama del cine mudo, Pickford ficharía por la futura Paramount en 1913. Tres años más tarde, su contrato ya le otorgaba pleno control sobre sus filmes, desde la supervisión del guión al montaje pasando por el casting. Fue además la primera actriz en recibir un porcentaje de los beneficios de una película.

Pickford era una mujer influyente, un rasgo que el gobierno yanqui supo explotar convenientemente. La actriz batió récords vendiendo 'bonos de la libertad', esto es, recaudando fondos para la entrada de EEUU en la Primera Guerra Mundial.

Douglas Fairbanks fue el gran amor de su vida

Otro actor que la acompañaba en sus discursos era Douglas Fairbanks, con quien inició un romance. Y es que su matrimonio con Owen Moore naufragaba. Los problemas conyugales afloraron por el alcoholismo de él, envidioso de la fama de su esposa. Además, siempre se ha creído que Pickford sufrió un aborto, lo que explicaría su posterior incapacidad para quedar embarazada.

Ni ella ni Moore superaron nunca ese episodio traumático. Vivieron una larga temporada separados, aunque el divorcio se demoraría varios años. Eso sí, una vez formalizado, Pickford tardó menos de un mes en pasar de nuevo por el altar para casarse con Fairbanks, el gran amor de su vida.

Por entonces, Pickford ya había abandonado Paramount. Era una emprendedora congénita y se había aliado con Griffith, Charles Chaplin y el propio Fairbanks para crear United Artists, una empresa que revolucionó el modelo de negocio cinematográfico, facilitando el acceso a salas de realizadores independientes. Hasta entonces, eran los propios estudios quienes monopolizaban las pantallas.

En 1927, Pickford fue una de las 36 personalidades que fundaron la Academia de Hollywood. Los felices años 20 fueron especialmente dichosos para la adorada actriz. En papeles de niña, de madre, de mujer pérfida, de incauta, de esclava o de prostituta, su magnética presencia siempre hipnotizaba a los espectadores. Sus honorarios por película se situaban ya en siete cifras. Y entonces llegó el sonido.

El cine sonoro precipitó su retirada de la interpretación

Como suele suceder con las modelos y los futbolistas, Pickford perdió gran parte de su atractivo cuando se vio obligada a abrir la boca. "Añadir sonido a las películas es como ponerle pintalabios a la Venus de Milo", llegaría a afirmar. Y eso que en 1930 ganó el Oscar a la mejor actriz por su primera película hablada, 'Coquette'. Claro que sólo tres años después, Pickford ya era una jubilada.

Su declive como intérprete corrió paralelo al de su relación con Fairbanks. Habían estado demasiado expuestos al ojo público, y "Douglas sólo sabía afrontar los problemas de un modo: huyendo", diría Pickford. Al final, ni siquiera las fiestas con invitados ilustres como George Bernard Shaw, Albert Einstein, Amelia Earhart o Arthur Conan Doyle pudieron maquillar el fracaso.

Pickford se casaría una tercera vez, con Charles 'Buddy' Rogers (actor, cómo no), y juntos adoptarían dos hijos a los que ella despreciaba (el niño era enano y la niña tenía los dientes torcidos). En realidad, Pickford nunca se olvidó de Fairbanks, a quien ensalzaba continuamente. Es más, a veces se confundía y llamaba Douglas a su nuevo marido.

Contra todo pronóstico, Pickford y Rogers permanecieron juntos durante más de cuatro décadas. Pero para entonces ella se había convertido prácticamente en una reclusa. Apenas salía de su mansión y concedía visitas a personas contadas. Cuando se le otorgó un Oscar honorífico en 1976, la Academia tuvo que enviar a un cámara a casa de Pickford para grabar su escueto mensaje de agradecimiento.

Aquel vídeo fue una de las últimas veces que el público pudo ver a Pickford, que falleció en 1979. Tenía 87 años, pero los latidos que se apagaban eran los de aquella niña que había cautivado al universo con su dulzura y determinación. En su adiós definitivo, resonaba el eco de las palabras que pronunció al retirarse del cine: "No me siento exactamente satisfecha, pero estoy agradecida".