"En las películas de guerra siempre olvidamos el lado humano"

Lu Chuan, director de 'Nanjing Nanjing: Ciudad de Vida y Muerte'




JORGE PLANELLÓ
El Mundo


Lo que siempre se dice sobre la masacre que perpetraron los japoneses en Nanjing en 1937 son las cifras de muertos, las torturas o las violaciones arbitrarias sobre la población. En cambio, contar por qué ocurrió este episodio tan vivo en las relaciones entre China y Japón no es tan frecuente y todavía nada fácil.

Si no, que se lo pregunten a Lu Chuan, director de la última película ganadora de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, que se estrenará en España el 19 de marzo. El título lo dice todo. 'Nanjing Nanjing: Ciudad de vida o muerte' muestra sin tapujos la violencia que acabó con la vida de más de 300.000 personas en la que fuera por unos años la capital del país. Pero no olvida poner énfasis en la naturaleza humana de los culpables, en la contradicción entre la barbarie y el hueco que hay para sentimientos como el amor.

Con este trabajo, Lu Chuan se ha visto atrapado entre un éxito indiscutible en las taquillas de China y por otra parte las duras críticas por la perspectiva que ha adoptado para explicar la tragedia. El personaje más controvertido es Kadokawa, un soldado japonés que, a la vez que tiene responsabilidad en las atrocidades del ejército, se enamora, se deja llevar por la compasión y es incapaz de ocultar sus miedos y dudas. De fondo también se cuenta la historia de John Rabe, un alemán que protegió a numerosos chinos.

La historia del soldado Kadokawa, tan controvertida a ojos de algunos, ¿es tan representativa de lo que ocurrió?

Leí diarios y cartas privadas que muestran que eran personas normales que echaban de menos a sus familias, que incluso les gustaba la comida local. En China se me ha criticado por mostrar simpatía hacia los japoneses. No creo que sea una crítica justificada. Siempre hacemos películas de guerra basándonos en la crueldad de las personas, pero olvidamos el lado humano. Y creo que cualquiera que hace películas tiene derecho a mostrar ese lado sin ser criticado.

De esta película se ha llegado a decir que era japonesa, aunque rodada por un chino...

Me siento sorprendido. En esta película sólo hay una persona normal entre el ejército japonés. El resto están locos. Creo que no se ha entendido correctamente. Que sólo toman esta película en base a Japón y a los japoneses y sus argumentos me asustan. Algunos dicen que soy un traidor. Eso me hace sentir bastante herido. Pero he recibido mucho apoyo de mis productores. Pese a todo, procuro concentrarme en mis trabajos y suelo sentir que hago bien lo que hago, que transmito bien el mensaje que quiero.

A menudo se la compara con la 'Lista de Schindler', pero en versión china...

Me encanta la 'Lista de Schindler'. Es un como libro de texto para mí. Después de ver esta película quise entrar en la academia de cine. Me enseñó cuál es la responsabilidad que un director de cine tiene que tener acerca de cómo mostrar la guerra para que las próximas generaciones aprendan de la guerra.

¿Cuál es esa responsabilidad?

El director debería ayudar al público a ver la brutalidad de las masacres pero también hacer todo lo posible para que se vea que cualquiera podría cometer un crimen si no nos mostramos alejados de la propaganda. Antes de hacer la guerra tenía la sensación de que sólo ciertas personas pueden hacer el mal. Pero con está película he querido contar que todos podemos vernos involucrados fácilmente en la guerra y tener que apretar el gatillo para matar a alguien.

¿Cómo espera que el público reciba esta película en Occidente?

Los europeos pueden ser objetivos. Si hiciera una película en la que mostrase a un nazi como alguien humano sería diferente. La acogida en Europa ya ha sido perfecta, más allá de mis expectativas. He leído críticas de otros países y he visto que mi película ha sido perfectamente entendida fuera.

¿Por qué cree que este trabajo merece la pena de ver para personas de otros países tal vez no tan familiarizadas con lo que sucedió?

Esta película ayudará a que se comprenda mejor el comportamiento de los japoneses en la guerra. La audiencia europea está familiarizada con lo que pasó allí, pero lo que pasó en Asia, donde todos sufrieron la guerra, fue incluso peor. Además, en Europa ya se pidió perdón por el Holocausto. Pero aquí el gobierno japonés juega el papel de víctima.

Hacia el final de la historia uno puede ver a los soldados japoneses bailando, cantando, y tocando tambores. ¿Qué significado tiene esta escena?

Es una metáfora de cómo el Gobierno, el emperador, tiene el poder de generar una locura general de este tipo.

¿Qué ha supuesto para ti la Concha de Oro conseguida en el festival de San Sebastián?

Nunca lo voy a olvidar. He pasado cinco años trabajando en esta película y para mí es muy especial. En China ha sido criticada por ser controvertida y se le han cerrado las puertas en muchos festivales locales. Después del premio, los medios internacionales han prestado mucha más atención y el 99 por ciento la han apoyado. Además, la actitud de los medios y de algunas personas del Gobierno en China también ha cambiado desde entonces.

¿Ya está todo dicho de Nanjing, o hay más que contar?

Aún hay muchas historias. Por ejemplo la de John Rabe, que fue como un padrino que salvó a muchas personas en plena masacre.

¿Te has dejado inspirar por algún otro título para rodar 'Nanjing Nanjing'?b Por ejemplo, en el caso del Holocausto, 'El Hundimiento' también supuso una visión atrevida hace unos años.

No quise que ninguna película me inspirase para no estar influenciado, pero leí muchos documentos históricos.

En tu haber ya hay tres largometrajes: 'Missing Gun', 'Kekexili', 'Nanjing Nanjing'. ¿Y ahora qué?

Ahora estoy haciendo una película sobre la dinastía Qin. Mostrará la historia de cómo el primer emperador Han derribó a los Qin.

Javier Marías: "Los trabajadores se desloman como no lo habían hecho en los últimos 40 años"


XAVI AYÉN
La Vanguardia




Los soldaditos de plomo invaden todos los rincones de la casa madrileña de Javier Marías, incluso la cocina. En la mesa, reposa su máquina de escribir electrónica. El escritor, tras la publicación en un solo volumen de "Tu rostro mañana" -su novela de 1.328 páginas- recibe a este diario para hablar de "Los villanos de la nación" (Los Libros del Lince), una selección de los textos que, sobre temas políticos, éticos y sociales, ha publicado en diferentes medios de comunicación desde 1985. Marías (Madrid, 1951) denuncia, entre otras cosas, "la gran opresión de nuestros días": cómo el trabajo se come cada vez más territorio de lo que antaño fue vida privada.

-¿Qué importancia da a sus escritos sobre actualidad?

-A uno le sirve a veces de desahogo. Tengo la sensación de que tienen pocos efectos prácticos. Pero hay mucha gente que los agradece, que me dicen que les da alivio ver que alguien dice ciertas cosas. Uno siente ahí que tiene cierta obligación de decir lo que piensa de verdad. En cambio, en las novelas, no, no me responsabilizo de ellas como ciudadano. Hay un narrador que cuenta y unos personajes que dicen las cosas que quieren. Aunque cada vez hay más confusión y hay lectores que me recriminan opiniones de mis personajes. La ficción se había distinguido siempre de lo real pero ahora cada vez hay más personas que no realizan tal distinción.

-Ya en 1985 decía que no hay que depositar grandes esperanzas en los gobiernos.

-Tener entusiasmo por un gobierno viene a ser una ingenuidad o producto de la desesperación. Cada vez hay un descrédito mayor de la clase política, no sólo en España; en otro artículo propongo que haya la posibilidad en las elecciones de también votar en contra de un partido, y que, en el recuento, se le resten los votos negativos a cada formación. Sería lo más adecuado y lo más justo, hay un número creciente de personas que o bien no votan o cuando votan lo hace en contra de una opción.

-Usted presumía, en los 90. De no haber votado a ninguno de los tres grandes partidos que hay en España.

-Eso ya no podría suscribirlo. No tengo ningún inconveniente en decir que en el 2004 voté contra el PP, tras la segunda legislatura de Aznar, atroz desde cualquier punto de vista, al final dije: que venga cualquiera pero que no sean estos.

-Se ocupa bastante de describir la atmósfera de los años 80. ¿Qué hemos heredado de esa época?

-Yo la llamo la edad del recreo. El valor básico era hacerse guapo, para lo cual a veces hay que ser rico. Como el niño que quiere tener éxito con los compañeros. Se dio un proceso de infantilización de la sociedad que se ha coronado ahora. Ha ido a más la ausencia de responsabilidad por parte de todo el mundo ante cualquier cosa. La gente reclama su libertad de moverse, hacer, decir, iniciar negocios, irse a sitios peligrosos y en el momento en que les sucede algo, dicen: que el estado me lo arregle. Pero el estado somos los demás. Piden que les saquen las castañas del fuego, de modo impertinente, nadie agradece nada. Los pescadores que trabajan en aguas no protegidas no son diplomáticos ni gente empleada por el estado. Me parece muy bien que se les quiera ayudar, pero no que haya una reclamación hacia el estado, como si este fuera responsable de que estuvieran allí. Nadie asume sus actos, nadie se responsabiliza de nada. Si invierto en una cosa y me timan, ¿por qué el estado me ha de devolver el dinero? Jugamos a ser mayores de edad hasta que hay algún problema. Otro lacra es que cualquier periodista o político puede decir una cosa y luego la contraria sin que nadie les pida cuentas, porque nadie recuerda ni lo que acaba de pasar.

-¿Tampoco los libros?

-Una novela se hace de modo artesanal, puede llevar años, y cada vez hay una mayor divergencia entre la forma en que vamos trabajando, que esencialmente es la misma que en el siglo XVII, y la manera en que esas cosas se consumen. Hay un desfase. Un librero, a los tres meses de la salida del tercer volumen de Tu rostro mañana, que me ha llevado tres años de trabajo, me dijo que eso ya era prehistoria, de la temporada anterior, como quien dice.

-¿Por qué critica ciertos aspectos de la solidaridad?

-Critico sus trampas. Aquí debajo de mi casa hay varios señores tumbados en el suelo a los que ningún transeúnte echa una mano. Nuestros pobres son concretos, sucios y desagradables, no los tocamos porque podrían transmitirnos su desesperación pero, eso sí, efectuamos donaciones a Haití. No es muy simpático decirlo, pero me produce un efecto contraproducente ver cómo todos los famosos del mundo entero se vuelcan como un solo hombre en Haití, y empiezan a donar dinero de manera ostentosa. Tengo la sensación de que estas solidaridades son mecánicas, que hay más deseo por parte de quienes la practican de mirarse al espejo y pensar qué majo soy que verdadera voluntad de ayudar y verdadera empatía. A mí me suena a falsedad, a medalla que se pone la gente a sí misma. Uno tiene el impulso de enviar un poco de dinero a Haití, y lo haces, privadamente, pero piensas: ¿qué es esto? Uno acaba desconfiando de los propios movimientos más altruistas del espíritu por el abuso que se hace de ellos.

-El trabajo y sus efectos negativos es otro de sus temas recurrentes…

-Hablo con mis amistades de toda España, y todos están igual, tengan el trabajo que tengan o cobren mucho o poco: no paran, no tienen tiempo de nada, trabajan sin cesar y cada vez les cunde manos. Amplían sus jornadas no para ganar más sino para dar abasto al trabajo diario. Apenas tienen ocio y están permanentemente agotadas, medio enfermas o desquiciadas. Es el gran mal de nuestros días. Las personas que están hoy a sueldo se desloman como no se había visto en los últimos 40 años. Es la opresión más grande que vive la gente corriente hoy: cómo el trabajo se nos va comiendo la vida. Con la crisis ha ido a más, y existe el miedo a perder el puesto, con lo que se renuncia a derechos sociales básicos.

-¿Usted sigue sin email ni móvil?

-Sí. Me niego a utilizar móvil, tengo uno solamente para los viajes, pero el número lo tienen mis hermanos y tres personas más. Me parece una forma de esclavismo: estar localizable permanentemente, que no haya ratos de silencio, en los que nadie sepa dónde está uno, caminando por la calle, mirando las musarañas, en el cine. No ser localizable me parece normal, una manera de descansar. La prueba de que el móvil es una herramienta de esclavización es que son las empresas los que se los ponen a sus trabajadores. Y no utilizo el ordenador porque voy viendo que lo del email es lo mismo: me dicen que, por la mañana, uno se encuentra unas cantidades fabulosas de correos. ¿Cómo puede haber 40 emails en tu buzón cada día? La gente procura contestarlos y, si no, tiene el agobio de que no lo ha hecho. Estas cosas, que se han vendido como facilitación de las tareas, son trampas verdaderas. A la gente se le crea pánico al vacío, a la soledad, y acaban siendo víctimas del síndrome de Estocolmo, si entendemos como secuestradores a los empresarios. Me parece atroz.

-¿Los artículos contribuyen a su fama de conflictivo?

-Me ven como áspero, pendenciero, grosero. No es una imagen grata. Da la impresión de que la gente no lee bien, te contestan a cosas que no has dicho. En vez de de leer, reaccionan. Semana que pasa, semana que hago nuevos amigos. Me llega mucha irritación. Hay muchas personas que cuando me conocen personalmente, aunque sea un par de minutos, me dicen: "Ah, pues eres muy normal, creía que eras muy arrogante". No sé bien, en realidad soy cortés y a veces incluso supongo que puedo ser cordial. Pero, al escribir, uno dice cosas impertinentes porque no tiene sentido escribir para decir lo que todo el mundo ya sabe, lo que todo el mundo ya piensa, lo que toca.

-¿Y a usted qué le irrita?

-No sé. Hay una serie de cosas que siempre habían sido de derechas, reaccionarias, retrógradas, puritanas y, de pronto, han resucitado presentadas como de izquierdas, como si fueran propuestas avanzadas. Las mismas cosas que la iglesia ha impuesto durante muchos años, que les ponen otra vestimenta progre y ya está.

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo, si se ve un culito en un anuncio, dicen que es una denigración de la mujer. ¿Pero por qué va a ser una denigración? Que aparezcan siempre mujeres en los anuncios de hemorroides, dentaduras postizas y dietas de adelgazamiento me parece más denigrante. Que aparezca un cuerpo de mujer agradable, en cambio, es una especie de aprobación y enaltecimiento de la mujer. La libertad es una cosa muy importante y eso es atentar contra la libertad.

-Su artículo sobre la prostitución también levantó ampollas…

-El minero o el estibador también alquilan su cuerpo, ¿verdad?¿Acaso no alquilamos todos algo? Partir de la base de que es más humillante y grave el alquiler del sexo es tener una idea puritana del conjunto del cuerpo humano. A nadie le parece humillante alquilar las piernas de un pisador de uva. Hablo, por supuesto, de los casos en que alguien opta voluntariamente por ejercer la prostitución, si te obligan es monstruoso. Es humillante que, por extrema pobreza, las personas hagan cualquier cosa, como recoger la fresa por dos euros al día. La pobreza es humillante, pero diferenciemos: ¿quien se vale de su sexo hace algo peor? Me huele a chamusquina.

-Habla también de la superstición de lo legal…

-Sí, lo vemos con el asunto de Vic y la resistencia a empadronar a los sinpapeles. Responden: es que es legal. Pero es que hay cosas legales que no son legítimas. Lo legal puede ser mañana ilegal, y al revés. Un ejemplo que me ponía mi padre: si el gobierno decide que va a vender el museo del Prado a un jeque árabe, probablemente pueda ser legal, porque es de su propiedad, pero sería intolerable. Haber sido elegido también se utiliza como excusa: dicen que si les faltamos al respeto faltamos al respeto a los electores. Pues no: usted, para ser democrático, debe gobernar democráticamente cada día y, si no lo hace, usted no es democrático. No se le puede derrocar porque le han elegido, pero debería usted comportarse. Berlusconi no es un gobernante democrático, como tampoco Hugo Chávez. Ser elegido es indispensable pero no suficiente. En 1960, Franco habría ganado unas elecciones de calle. El país era sociológicamente franquista, también Cataluña.

-Usted denuncia que se quieran publicar listas de delincuentes con penas cumplidas.

-Sí, de violadores, pedófilos… Esa propuesta me escandalizó. Si alguien ha cumplido una pena, ha saldado sus cuentas con la sociedad ¿qué es eso de seguirlo criminalizando? Si vuelve a delinquir, que se le vuelva a detener. ¿Por qué no los a los banqueros estafadores? Me parecen verdaderos atentados contra la libertad y la justicia. Es como que un preso sufra vejaciones en prisión: nos hemos acostumbrado a que sea violado, que se convierta en un drogadicto… Pero a nadie se le ha condenado a eso, sino a la privación de libertad y nada más. El estado debería ser responsable de la seguridad de esos individuos. Y no lo es. No ha lugar a que estemos señalando con el dedo a alguien para siempre, impidiéndole que se reinserte.

-Habla también de la censura que usted ha sufrido como opinador…

-No hay censura estatal ya, sino privada. De hecho, es anticonstitucional, podría haber denunciado a la empresa que lo hizo, pero nadie lo lleva a ese extremo. Fue un artículo sobre la iglesia y la religión que decidieron no publicar y entonces decidí que yo me iba de aquel medio.

-¿Es el único episodio?

-Hay varios ejemplos de censura comercial, que se quedan en el ámbito privado: una vez me dijeron que quitara el nombre de unos grandes almacenes en un artículo, porque se arriesgaban a perder la publicidad. Eso es frecuente. En Francia una revista me pidió un artículo sobre la moda y, al final hacía unas bromas diciendo que no recomendaba que salieran los modistos a saludar en los desfiles porque ante tales adefesios, la gente se asustaba, y citaba casos identificables, uno con una coleta y un abanico y me dijeron: "esto quítalo". Conozco gente a la que le han pedido que rebaje el tono de un artículo sobre una exposición, porque en el patrocinio de la muestra participa la misma caja que paga la revista en buena medida. Es una cosa bastante común, bastante histérica y bastante intolerante.

-Cuando habla de que un escritor no puede saber si su editor le engaña en las liquidaciones, resuena su vieja rencilla con Jorge Herralde…

-Me temo que eso ha pasado muchas veces en la historia, y todavía sigue siendo así. Los autores no tenemos manera de saber los libros que vendemos, es muy difícil, a uno le informan de que se ha hecho una tirada determinada de ejemplares, se puede pedir el resguardo del impresor, pero se sabe que hay algunos impresores que ponen lo que les dice el editor porque, si no, pierden el volumen de trabajo procedente de dicho editor. Nunca hay una seguridad absoluta. Pero uno no puede ir por la vida con desconfianza, es un horror ir por la vida creyendo que te engañan. Pero llega el momento en que tienes la convicción de que es así, ves las cifras que no casan, no tienes pruebas para ir a un tribunal pero sí la certeza.

-Se mete también con el ayuntamiento de Barcelona…

-Soy más salvaje con el de Madrid. Lo de Barcelona no es que sea muy grave, pero esa campaña de "Us parla la platja" me dio un poco de vergüenza ajena, y propia, porque soy muy cercano a Barcelona, viví allí varios años, he tenido editores, mi agente literaria, y hasta mi pareja vive allí y es catalanoparlante. El ayuntamiento de Barcelona ha vivido gran consternación porque el turismo de tres al cuarto es cada vez más grosero; pero cómo no van a ir medio desnudos si el ayuntamiento hizo una reglamentación según la cual es perfectamente legal ir desnudo por la ciudad, la consecuencia es que hay dos individuos que van desnudos por Barcelona, uno va en bici con el pito tatuado. ¿Cómo se van a quejar ahora de que los turistas vayan en tanga? Si hacen ustedes leyes ridículas… Hay gente para todo, no pido que encierren al que sale desnudo, pero qué necesidad hay de hacer una ley para protegerlo? Barcelona es un poco chorras en algunas de estas cosas, de Madrid digo cosas peores, así que me va a permitir la frase.

-Para acabar, una pregunta literaria. Lo de publicar su última novela en tres entregas, a medida que las escribía, demuestra una enorme auto-confianza, ¿no? ¿Qué sucede si quiere hacer cambios en capítulos anteriores?

- Si descubría que me convenía algo diferente no podía rectificar, porque ya estaba publicado el libro anterior. Pero no ha sido tan distinto, tengo esta manera de escribir un poco rara y un poco suicida, voy improvisando en gran medida y no me permito cambiar nada de lo que he escrito con anterioridad. No hago una segunda versión de los textos. Trabajo mucho cada página pero luego va a la imprenta tal como ha quedado. Aplico el mismo principio de conocimiento a las novelas que el que rige en la vida: a los 50 dices: 'ojalá me hubiera casado con esta persona, hubiera aceptado aquel trabajo…' pero te tienes que conformar, ser consecuente con lo que has hecho.

¿Tecnología militar contra inmigrantes?


La Unión Europea (UE) pide asesoramiento a fabricantes de armamento para saber si su tecnología de vigilancia puede servir para controlar el movimiento de inmigrantes indocumentados en viaje al territorio del bloque

DAVID CRONIN
IPS




Frontex, el organismo responsable de la gestión de las fronteras de la UE, organizará un encuentro en España en junio en el que varios fabricantes de aviones no tripulados presentaran sus productos.
Los aviones con cámaras fueron diseñados con fines bélicos y se utilizan mucho en Afganistán, Palestina y Pakistán, pero Frontex evalúa cómo adaptarlos a la vigilancia fronteriza.

Hasta ahora, la agencia nunca utilizó esa tecnología, pero, según una fuente de la agencia, ésta analiza qué "valor agregado" puede aportar a la labor realizada por la guardia costera de los países miembro de la UE.

Se les presta una "atención especial" porque pueden ayudar a vigilar barcos por más tiempo que los equipos usados actualmente, añadió la fuente.

Frontex no es el único organismo europeo interesado en recurrir a aviones no tripulados.

La policía de Merseyside, condado del norte de Inglaterra, se jactó a principios de este mes de haber sido la primera fuerza en utilizar esa tecnología para detener a un presunto delincuente. Pero el caso causó controversia cuando se supo que no tenía licencia de uso.

La organización de derechos humanos Amnistía Internacional declaró esta semana su preocupación frente a la posibilidad de que Frontex recurra a tecnología militar de vigilancia para evitar el procesamiento de solicitudes de asilo en Europa.

"¿La usan para cumplir con sus obligaciones en materia de derechos humanos?", dijo a IPS el director de la oficina de Amnistía en Bruselas, Nicolas Beger. "De no ser así, es un problema", remarcó.

La Comisión Europea, órgano ejecutivo de la UE, publicó el miércoles un plan para fortalecer a Frontex, según el cual los gobiernos del bloque deberán poner a disposición de la agencia barcos y aviones.

Frontex, creada en 2005 para coordinar a las autoridades de los países de la UE que gestionan las fronteras, podrá comenzar de forma gradual a comprar o rentar sus propios equipos.

Los migrantes no "son criminales", sino "gente que viene en busca de una vida mejor", señaló Cecilia Malmström, comisaria europea de asuntos interiores. "No se ha tomado absolutamente ninguna decisión sobre el uso de aviones no tripulados", respondió al ser consultada sobre por qué se probaba tecnología con fines bélicos para el control de migraciones.

"Los derechos fundamentales no deben ser infringidos" por Frontex, señaló. Además habrá un responsable independiente presente cuando la agencia asista en la expulsión de algún solicitante de asilo rechazado, apunto.

"No excluyo para nada que Frontex haya cometido errores antes", añadió.

En junio del año pasado, la agencia coordinó la Operación Nautilus, en la que un barco con unas 75 personas fue interceptado en el mar Mediterráneo a la altura de la costa italiana, mediante helicópteros alemanes Puma. Fue la primera iniciativa de ese tipo en la que la agencia obligó a los inmigrantes a dar marcha atrás y volver a Libia.

Organizaciones de derechos humanos criticaron entonces a Frontex porque fue incapaz de garantizar que las autoridades libias dieran a esas personas la posibilidad de pedir asilo.

El derecho internacional estipula que todas las personas tienen derecho a solicitar protección en caso de persecución en un país distinto al suyo.

La investigación sobre los aviones no tripulados pone de relieve el "enfoque de seguridad" que se le da en Europa al debate sobre las migraciones, señaló Bjarte Vandvik, del European Council on Refugees and Exile (Consejo Europeo para Refugiados y Exiliados, ECRE, por sus siglas en inglés), organización que trabaja con solicitantes de asilo.

"No podemos aceptar que la gente sea devuelta y pueda ser torturada o morir sin siquiera haberles dado la oportunidad de escuchar sus razones", apuntó. "Se la rechaza de las fronteras de Europa sin saber si buscaban protección o empleo y una vida mejor, lo que no es un delito", añadió.

Algunos políticos dan a entender que la UE está "inundada" con más solicitantes de asilo de los que puede albergar, pero, de hecho, los pedidos cayeron de forma abrupta en los últimos dos decenios.

En 1992, cuando la UE tenía sólo 12 miembros, se registraron 550.000 solicitudes. Pero en 2008, cuando el bloque está integrado por 27 países, hubo 238.000, y los datos provisorios indican que en 2009 hubo 223.000 pedidos.

Hubo "mucho mito y alarmismo" sobre la llegada de inmigrantes a Europa, señaló Beger, de Amnistía. Hay una "muy severa falta" de reconocimiento de que los solicitantes de asilo y otros inmigrantes son seres humanos, añadió.

La política de la UE apunta de forma "desproporcionada a devolver a la gente, en vez de respetar su derecho de asilo, lo que hace que los inmigrantes asuman mayores riesgos en su intento de ingresar a Europa", subrayó Beger.

Alfredo Abad, de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, acusó a la UE de "gran hipócrita" al proponerse, en los últimos años, construir un sistema común en materia de asilo, al tiempo que trata de impedir la llegada de inmigrantes.

Un Bob Dylan poliédrico en "I’m not there"

Crítica de la película inspirada en la vida del cantante de Minnesota





AIDA M. PEREDA
TerceraInformación


Tres años ha habido que esperar para que se estrene en España ’I’m not there’, el biopic más atípico hasta la fecha de Bob Dylan (’Don’t look back’ y ’No direction home’). Todd Haynes construye el puzzle más caótico y metafórico de uno de los cantautores más importantes de la historia de la música. No es la primera vez que Haynes recurre a un icono de este tipo. En 1998 filmó ’Velvet Goldmine’, donde recreaba la época del glam rock, con David Bowie e Iggy Pop a la cabeza. Once años antes ya había filmado ’Superstar: The Karen Carpenter Story’, donde contar los problemas de anorexia de la cantante de The Carpenters le costó una demanda de su hermano, Richard Carpenter. Aprendida la lección, para hacer ’I’m not there’ pidió la autorización expresa del cantante estadounidense.

Haynes reinventa a Dylan a través de cuatro personajes (Arthur, Woody, Jack y Jude) que dan a conocer algunos de los momentos más cruciales de su vida. Según su realizador, Arthur representa la influencia de Rimbaud en su carrera y habla de las motivaciones sociales y políticas de sus letras utilizando citas de algunas de sus entrevistas. Woody es un niño negro que encarna las aspiraciones de sus inicios. Jack (Christian Bale) escenifica el comienzo del éxito, la época de las grandes canciones protesta de principios de los sesenta recogidas en ’The Freewheelin Bob Dylan’ y ’The times they are a-changin’. Robbie (Heath Ledger) da vida a su faceta más íntima, y Jude (Cate Blanchett) recrea la crisis existencial del cantante cuando su carrera se consolida y al mismo tiempo se ve resentida por las críticas. Para salir de ese pozo se refugia en la religión y aparece Jack veinte años después convertido en un evangelista, el pastor John, que da cuenta de su conversión al cristianismo y de la época donde se pasa al gospel con álbumes como ’Slow train coming’, ’Saved’ o ’Shot of love’.

Todos estos personajes son Dylan, el Dylan complejo y poliédrico que, aunque no aparece en la película como tal, es el protagonista indiscutible de la cinta a pesar de la ambigüedad del título. ’I’m not there’ hace referencia a una canción grabada con The Band en el festival de Woodstock de 1967, pero que no fue editada. "Evoca el famoso verso de Rimbaud e ilustra el descolocamiento personal y la estrategia de múltiples Dylan que la película utiliza", explicaba su director.

Uno de esos Dylan es el interpretado por Cate Blanchett. Hay que recordar que este papel le valió la Copa Volpi a la Mejor Actriz en el festival de Venecia y consiguió una nominación a los Oscar como Mejor Actriz de Reparto en el año 2007. Y ahora que podemos ver su actuación, es ciertamente impactante, puesto que no es habitual ver a una mujer ataviada como un hombre (Gwyneth Paltrow consiguió también un Oscar por su papel en ’Shakespeare in Love’), pero ya sabemos el gusto de los especialistas por las caracterizaciones y los personajes extremos. En mi opinión, me hubiese impresionado más ver a la Blanchett con toda su belleza y femineidad haciendo del músico en su época más andrógina.

En el reparto destaca además el desaparecido Heath Ledger con una actuación soberbia, donde, ayudado por el buen hacer de Charlotte Gainsbourg, deja entrever los vericuetos más reprochables del cantante. También merece la pena mencionar a Christian Bale, y a Richard Gere, quien interpreta a Billy, el forajido de la película ’Pat Garrett & Billy The Kid’ para la que Dylan compuso su banda sonora. Julianne Moore, indispensable en filmes de Haynes como ’Safe’ o ’Lejos del cielo’, aparece en este caso en un minúsculo papel, haciendo de Alice, una cantante folk amante de Dylan.

Con todos estos ingredientes, Haynes elabora una pseudo-biografía sobre Bob Dylan en dos horas y cuarto de imágenes de gran belleza visual, donde se pasa del blanco y negro al color con el mismo sinsentido con el que se entrelazan las etapas del poeta de Minnesota. Los dibujos más logrados son sin duda los que recrean su vida sentimental y su faceta profesional. A través de Heath Ledger queda más definida su relación con las mujeres, en especial con la madre de sus hijos, y Cate Blanchett refleja su actitud en los conciertos, su relación con la prensa y sus coqueteos con las drogas. Por el contrario, otras caras, como su devoción religiosa, se presentan sólo como boceto.

Y aunque la idea de representar las diferentes etapas de una misma persona con distintos personajes es altamente ingeniosa, una vez plasmada no obtiene un buen resultado. Tal vez con un montaje más lineal, contando cada etapa de principio a fin, sin rupturas, el resultado hubiese tenido más cohesión y coherencia. Porque la sensación del público es que asiste a un espectáculo desordenado y desorientador, pero entretenido al mismo tiempo. Por ello, quien no sea un acérrimo seguidor del cantante de Minnesota no llegará a comprender del todo este filme de valor claramente experimental. Ahora bien, tal vez su visionado pueda sembrar la curiosidad sobre la figura de Dylan y aumentar el interés por su música.

Teniendo en cuenta que a estas alturas todo aquel que estuviera interesado en el filme ya lo habrá visto, parece que ’I’m not there’ no hará grandes cifras de recaudación, pero sin duda, es una buena ocasión para disfrutar en pantalla grande de la minuciosidad y el barroquismo de sus imágenes, además de de su exquisita banda sonora, que, como no podía ser menos, incorpora una selección de grandes composiciones del artista, versionadas para la ocasión (lo que puede restar puntos), pero es curioso escuchar el particular homenaje de bandas como Yo la Tengo, Caléxico, Sonic Youth o Antony and The Johnsons al músico estadounidense.

The Velvet Underground, memoria poética del subsuelo



Varios especialistas debaten la carga literaria de la banda



LINO PORTELA
El País



Waldo está tan enamorado de Marsha y lleva tanto sin verla que, como no tiene suficiente dinero para un billete, decide meterse en una caja y enviarse a sí mismo hasta donde ella vive. Cuando el misterioso paquete llega, Marsha utiliza un cortador de acero para abrirlo y encuentra a Waldo decapitado. Lo acaba de matar.

No es un cuento de Edgar Allan Poe sino The gift, uno de los primeros textos que escribió Lou Reed en el colegio y que años después se convirtió en canción. Incluida en el segundo disco de The Velvet Underground, el imprescindible White light / White heat, es un ejemplo de la riqueza narrativa de la banda neoyorquina que rompió las barreras entre el rock, el arte y la literatura. Ahora, la quinta edición de Poesía del rock, que organiza el Instituto Municipal del Libro de Málaga, dedica a la Velvet un ciclo de conferencias.

Abrió fuego ayer Victor Bockris, de 61 años, escritor británico especializado en biografías musicales, autorizadas y no autorizadas e incómodas para muchos. Bockris llegó a Málaga con Up tight bajo el brazo; un libro básico sobre el grupo neoyorquino escrito en 1983 y recientemente reeditado en España. También llegó sorprendido. "¿Es habitual aquí hacer conferencias sobre The Velvet Underground? Es la primera que doy", asegura Bockris. "El arte es muy categórico en Estados Unidos. Si haces música, no haces literatura. Allí es difícil que reconozcan a Lou Reed como literato. Sólo ha pasado con Bob Dylan", explica Bockris en una conversación antes de su conferencia, que se centró en la relación del grupo con Andy Warhol. "La Velvet Underground es Lou Reed escribiendo canciones folk, orquestadas por John Cale y cantadas -en ocasiones- por Nico", asegura. "Todo producido por Andy Warhol, que fue muy listo y tenía una influencia grandísima entre dos egos gigantes: Lou y John".

Otra de las indudables influencias literarias de la Velvet fue el escritor estadounidense Delmore Schwartz. "Bob Dylan también ha sido muy importante para Reed", precisa Bockris, "aunque nunca lo reconocerá". Cuando en 1964 nace The Velvet Underground, Dylan está a punto de publicar su primer disco eléctrico. "La literatura entra de lleno en el rock, pero hasta entonces pocos habían escrito canciones sobre la homosexualidad, las drogas... Fue uno de los éxitos de la Velvet". Y no sólo por Heroin, sino también por Waiting for my man, prodigio de concisión narrativa para algo tan banal como esperar a un camello en el Harlem neoyorquino.

El británico conoció a Reed en 1972. Ahora Reed le prohíbe la entrada a sus fiestas privadas. "Es un tío fantástico y muy agradable, pero tiene una personalidad depredadora. Te hace amarlo, para luego destruirte. Se ha convertido en un hombre aburrido porque se toma demasiado en serio. No es el ideal para compartir una tarde, porque estaría todo el rato hablando de sí mismo".

"Somewhere in time" Reckless Kelly (2010)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Qué ingrato es a veces el mundo de la música. Algo parecido tiene permiso a pensar el grupo Reckless Kelly. Después de más de diez años de carrera y con una lista, no extensa en cantidad pero sí en calidad, de discos sin ninguna tacha posible todavía no ha llegado el día en que sean considerados una banda importante y reconocida dentro del rock.

Norteamericanos con nombre de forajido australiano, su estilo es el country-rock más puro. Y digo lo de puro porque son expertos en representar los paisajes que cualquiera relacionaría con este tipo de música. Veredas amplias y salvajes habitadas por granjeros y por encima de todo, historias de corazones rotos y pocas ilusiones en una América llena de frustraciones y alejada de su idea primigenia.

La carrera del grupo ha llevado una velocidad lenta pero constante en su ascensión, sus últimos discos tanto de estudio como directos han puesto un listón muy elevado. Sobre todo si nos fijamos en su anterior trabajo, “Bullet Proof”, una de las mejores grabaciones del año 2008.

Su nuevo disco, “Somewhere in time”, no está compuesto por creaciones propias del grupo. En esta ocasión han decidido dedicárselo a Pinto Bennet, uno de sus mentores y estupendo músico de country tradicional, tanto en solitario como con su banda Motel Cowboys. De hecho el propio músico forma parte de la larga nómina de colaboradores con la que cuenta este álbum.

Respecto al sonido que nos vamos a encontrar, es lógico que descienda algo la parte más rock y guitarrera del grupo en detrimento de una esencia más clásica, basada en el country y el honky-tonk. Esto no quiere decir en absoluto que no se perciban las características habituales de la banda. De hecho perfectamente se podrían distinguir dos bloques en este disco, aquellas canciones basadas en el sonido de las guitarras eléctricas y otras con un deje más “campestre”.

Dentro del primer grupo nos encontramos nada más iniciar el álbum con la magnífica “Little Blossom”. Guitarras potentes al servicio de una melodía con sus dosis de épica, elementos comunes también en “The ballad of Elano Deleon”, “Pure quill” y “Some people’s kid”, donde el abanico musical va desde Tom Petty hasta los Drive by Truckers. En todas ellas queda en evidencia uno de los puntos fuertes del Reckless Kelly, la forma de cantar de Willy Braun. Sabe encontrar a la perfección un punto medio entre fuerza y sentimiento, y por su tono de voz, se hace irremediable la comparación con Steve Earle.

El lado más country y clásico del disco aparece con diferentes formas. “Bird on a wire” e “Idaho cowboy” están adornadas con instrumentos habituales en este estilo (violines y guitarra slide) que ayudan a darle un ritmo veloz y animado. “I’ve Done Everything I Could Do Wrong” y “Thelma”, en cambio, exploran la otra cara del género, más lentas y dolorosas, ambas son canciones realmente conseguidas. En la segunda es el propio Pinto Bennet el que colabora con su voz para crear una gran balada. La canción que da nombre al disco y que sirve para cerrarlo es un magnífico resumen de lo que son Reckless Kelly, emotivo tema que deja a las claras cómo se pueden tener los pies puestos en la herencia clásica del country, admirar a sus creadores, sentirles como clara influencia pero pasarlos por el tamiz de un poderoso rock. Una mezcla que el grupo norteamericano lo hace cada vez mejor y les convierte en una de los referentes de este tipo de sonidos.

Julian Barnes conjura su miedo a la muerte en ‘Nada que temer’


El libro se publicó unos meses antes del fallecimiento de la esposa del autor. El miembro del ‘dream team’ se interroga sobre Dios y la posteridad



ELENA HEVIA
El Periódico de Catalunya




Es raro que el novelista británico Julian Barnes no acuda a la presentación de uno de sus libros en Barcelona. En esta ocasión, su ausencia en la de Nada que temer (Anagrama / Angle) es la feroz consecuencia de uno de sus temores más cervales, el miedo a la muerte, que es precisamente el gran tema del libro. Siete meses después de aparecer este en las librerías británicas en marzo de 2008 fallecía, de un tumor cerebral fulminante, su esposa, la agente literaria Pat Kavanagh. Y su desaparación ilumina de forma dramática un libro que se plantea como una reflexión a muchos niveles sobre el tema. Barnes no ha venido a Barcelona porque sigue de duelo.

El Julian Barnes que escribe este libro –entre el 2005 y el 2007– se autorretrata en una necrológica ficticia que quiso ser humorística pero que se ahora se lee con dolor: «Ayer murió un londinense de más de 62 años. Durante la mayor parte de su vida gozó de buena salud y no había pasado una sola noche en un hospital hasta la enfermedad definitiva... Escribió libros y después murió. Era feliz en compañía de sí mismo siempre que supiera cuándo terminaría esta soledad. Amaba a su esposa y temía a la muerte». Es una de las pocas alusiones conyugales que pueden rastrearse en el libro.

El temor a la muerte es una de las constantes en la obra de uno de los miembros más destacados del dream team británico junto a Martin Amis y Ian McEwan. Fue el motor de sus novelas Mirando al sol y del libro de relatos La mesa limón, pero solo ahora, este libro a medias memoir, a medias autobiografía familiar, aborda el tema desde todas sus perspectivas con una gran generosidad y un británico distanciamiento. Lo primero que hace Barnes es posicionarse. «No creo en Dios pero le echo de menos», afirma en el libro al tiempo que anuncia que jamás ha tenido la menor educación religiosa. «Yo no tenía una fe que perder», explica. A diferencia del ateísmo furibundo de Bertrand Rusell, Barnes se instala en la duda sistemática, intentando huir del elitismo que, según Robespierre, arrastran los que niegan a Dios. «Probablemente soy ateo, pero tengo una gran preocupación por los dogmas. Así que no soy lo suficientemente inteligente como para asegurar que Dios no existe», afirmó en una entrevista que concedió a The Oxonian Review, una revista académica de Oxford. Y añadió con generosidad. «Si eres escritor tu trabajo es entender a los demás seres humanos».

LOS GÉNEROS

El libro es un cóctel en el que se mezclan con ligereza los recuerdos familiares –en especial cómo encararon sus padres el adiós definitivo–, el retrato de su excéntrico hermano, un profesor de filosofía que ¡viste ropa del siglo XVIII!, la introspección infantil y las conversaciones con los amigos mezcladas con citas y anécdotas de sus queridos escritores franceses, de músicos rusos y de tristes poetas británicos. El autor traiciona en cierta medida a su admirado Flaubert y se identifica aquí mucho más con Renard, un autor con un sentimiento algo más trascendente de la vida, capaz de decir cosas de este calibre: «No sé si existe Dios, pero sería mejor para su reputación que no existiera». «Dios no cree en nuestro Dios». O «Sí, Dios existe pero no sabe más sobre Él que nosotros».

LA CÓLERA DEL ATEO

¿Tiene Dios sentido del humor? Barnes, no llega, por supuesto, a ninguna conclusión pero evoca una conversación entre dos inteligentes antagonistas, el escritor yidish Isaac Bashevis Singer y el crítico Edmund Wilson, que apunta a lo mucho que valdría la pena contemplar la cólera del ateo resucitado en el caso de que Dios existiera: «Singer le dijo a Wilson que él creía en alguna clase de supervivencia después de la muerte. Wilson le dijo que por lo que a él respectaba no quería sobrevivir, no, muchas gracias. Singer contestó: ‘Si está prevista la supervivencia no tendrás alternativa’».

En el ameno remolino del libro se convocan también las últimas palabras: «Tengo que entrar, se está levantando la niebla», dijo Hegel. Los epitafios. Las formas de morir; ahí está la belle morte a la que aspiraba Zola, la muerte en el acto –«Como si a un insecto lo aplastara un dedo gigantesco»– que él no pudo lograr. Y la ironía suprema de la muerte, sobre la que puedes escribir mientras ella tiene otros planes para ti.

Dale Hawkins, el 'rockabilly' de los pantanos


El autor de la canción 'Susie Q' no ganó nada con ella


MIGUEL CALZADA
El País




Delman Dale Hawkins, temprana estrella del rockabilly (fusión de rock and roll y country), murió el 13 de febrero, a los 73 años, en Arkansas. Cantante, guitarrista y productor de éxito, sus más de 50 años de carrera quedaron resumidos en una sola canción de dos minutos: Suzie Q, cuatro acordes de cadencia oscilante y una voz que gemía por el amor de una chica.

Hawkins vino al mundo durante la Gran Depresión, en 1936, en una de las zonas más pobres y apartadas de Estados Unidos: la pequeña comunidad agrícola de Gold Mine (Luisiana). En esta región de pantanos y caimanes, el pequeño Dale creció escuchando viejas baladas francesas, el gospel de las parroquias y las letanías blues de las plantaciones de algodón. Su padre, músico de country, murió en un incendio y al niño lo mandaron a estudiar a Shreveport, en las orillas del río Rojo. Allí, una radio local emitía las primeras canciones de Elvis Presley, que empezaba a agitar las conciencias y las caderas del Estados Unidos más profundo. En Shreveport lo que se llevaba era el swamp rock, rock de pantano, crisol de rock, blues y country del que Hawkins sería uno de los primeros y más importantes exponentes.

La canción por la que todavía se le recuerda, Suzie Q, fue grabada en 1957. Hawkins ensayaba con una guitarra que se había comprado con lo que había ahorrado vendiendo periódicos por la calle. Suya era la letra, pero el memorable riff era de James Burton, que más tarde tocaría en la banda del mismísimo Elvis. La grabaron en una mañana, pagando 25 dólares por alquilar un estudio. La canción comienza con un cencerro de vaca que suena insistentemente y al que se unen las cuerdas de Burton y los aullidos de Hawkins.

Todas las versiones

Pese a que fue un gran éxito, ninguno de los dos vería un centavo, pues la discográfica se quedó con todo. Suzie Q fue versionada, entre otros, por los Rolling Stones, The Velvet Underground y Bruce Springsteen, pero fue la Creedence Clearwater Revival, en 1968 y pasándola por el tamiz de la psicodelia, la que ayudó a ponerla otra vez de moda.

Pionero entre pioneros, Hawkins fue el primer blanco en tocar en el teatro Apollo de Harlem, catedral de la música negra, en el verano de 1957, cuando alcanzaba las listas de éxitos con temas como La-Do-Dada o Back to school blues. En la cima de su carrera, presentó un programa de televisión, The Dale Hawkins Show, con actuaciones en directo e invitados de la categoría de Dizzy Gillespie.

Al remitir la fiebre del rockabilly, decidió dejar la carretera y trabajar produciendo a grupos como The Uniques y The Five Americans. Hasta la década de los ochenta, cuando su adicción a las anfetaminas le obligó a retirarse a Arkansas, el que fue su hogar desde entonces. Cuando consiguió desengancharse, vivió algún tiempo de dar charlas motivacionales para ejecutivos y abrió una línea telefónica de ayuda para evitar suicidios entre adolescentes. En 1986, instaló un estudio de grabación en su casa y regresó a la carretera. Tenía 50 años y volvía a tocar en bares y fiestas de pueblo. Después de tres décadas sin componer nuevas canciones, sacó dos discos que recibieron buenas críticas: Wildcat Tamer (1999) y Back down to Louisiana (2007).

Aunque no quede rastro del tupé de Hawkins ni de su balanceo de piernas, en las radiofórmulas todavía se deja caer de vez en cuando Suzie Q, con su aparente inocencia rockabilly y esos versos que llevan repitiéndose medio siglo: "Me gusta como andas, me gusta como hablas, dices que serás verdad, dices que serás mía...".

Werner Herzog: ""No soy un superhombre, soy completamente humano"


Werner Herzog. Director. Más de 25 años después del rodaje de 'Fitzcarraldo', publica 'Conquista de lo inútil'


GONZALO DE PEDRO
Público




Pocas películas como Fitzcarraldo (1982) arrastran una leyenda tan maldita. Un rodaje que duró varios años, infernal, sacudido por todos los problemas imaginables para poner en imágenes la historia real de un empeño casi imposible: construir un palacio de la ópera en la selva amazónica peruana. Su director, Werner Herzog (Múnich, 1942), fue anotando, en una letra microscópica, sus impresiones de aquella larga y dolorosa etapa de su carrera. Esas notas en forma de diario se publican ahora bajo el título de Conquista de lo inútil (Blackie Books). Un libro con el cine como excusa. Un viaje por lo más humano de lo inhumano que llega a las librerías españolas.

Dijo que durante 20 años no se atrevió a volver sobre los diarios de rodaje de ‘Fitzcarraldo', ni tan siquiera para leerlos u hojearlos. ¿Qué le llevó a publicarlos?

No fueron 20, sino 26 años los que pasé sin verlos, porque me resultaba duro, doloroso. Quizás sea esa la razón. Conquista de lo inútil no es sólo un libro sobre el rodaje de Fitzcarraldo, el rodaje es una pequeñísima parte de este texto.

¿De qué diría que trata el libro entonces?

No deberías preguntármelo, pero diría que es un delirio febril y poético en la jungla. El cine es el punto de partida.

¿Y por qué le resultaba tan doloroso volver a recordar, o a leer, sus propias notas de rodaje?

Quien lea el libro se dará cuenta inmediatamente.

¿Entonces, por qué decidió publicarlos?

Mi mujer, Lena, me dijo que tenía que transcribirlos, porque yo en aquel entonces escribía en una letra microscópica, y nadie podía entender una sola palabra. Estaban escritos de tal manera que nadie nunca pudiera leerlos, ni tan siquiera con un microscopio. Tras 26 años, me resultó más fácil acercarme a ellos y transcribirlos, no técnicamente, quiero decir, algo que resulto bastante complejo, sino emocionalmente. Por otro lado, si los hubiera publicado por ejemplo en 1991, todo el mundo los hubiera interpretado en clave sensacionalista, por el contenido del libro. Ahora, todo el mundo puede ver que el lenguaje fue mi último recurso ante las catástrofes que me rodeaban. No fue la religión, no fue la amistad, no fue la música, ni la gente que me rodeaba, mi salvación fue el lenguaje.

Al volver sobre sus recuerdos, tanto tiempo después, ¿descubrió cosas que había olvidado o que recordaba de manera diferente? A veces la memoria reescribe los recuerdos.

No, no, no, guardaba todo de manera muy viva en mi memoria. Y en el libro hay un salto de casi un año, que fue tan horrible, tan doloroso, tan espantoso, que decidí no incluirlo.

Leyendo el libro y la acumulación de desgracias, y aún sabiendo que todas ocurrieron, por momentos parecen fruto de su imaginación.

Sí, pero ocurrieron. Cientos de personas que las vivieron conmigo, que las sufrieron y experimentaron conmigo pueden dar testimonio de que nada de lo que cuento es mentira.

No estoy sugiriendo que pueda ser inventado, simplemente, la suma de desgracias y quizás el tono, tan seco, pero tan preciso y literario, con el que están narradas puede hacer olvidar que estamos ante algo real.

Es cierto, no hay nada emocional, no hay romanticismo en el libro. Pero sí es importante señalar que el libro es poético. Es literatura. Durante mucho tiempo, en alemán, no ha habido nada similar a esto. Es literatura.

Se desprende del libro una constante presencia de la muerte, como si fuera un libro sobre la muerte.

Sí que es cierto. Pero no es un libro tan oscuro, o no sólo oscuro. Es un libro muy humano. Y es, además, una celebración de la vida, de la jungla, un desafío [dice en castellano] a la gravedad.

Mucha gente tiende a compararle con los protagonistas más extremos de sus películas, y en concreto con el de ‘Fitzcarraldo', por su obsesivo empeño en conseguir algo que parece imposible.

No me importa lo que piense la gente. Olvida lo que piensa la gente. Yo siembre tuve clarísimo que era posible. Tenía una visión diáfana. Y la película demuestra que era posible: el barco escaló y bajó la montaña. No soy estúpido y no me arriesgo a hacer cosas que sé que nadie podría lograr. Soy un profesional, y sé lo que puedo hacer y lo que no.

¿Y qué piensa cuando la gente le retrata como una especie de superhombre?

Fitzcarraldo no tiene nada que ver con superhombres. Al contrario, trata sobre en qué consiste ser realmente humano: sobre el empeño de llevar la ópera a la jungla, al lugar donde debe estar. Eso es profundamente humano. Yo tampoco soy ningún superhombre, soy completamente humano. Y el libro Conquista de lo inútil, en cada una de sus líneas, en cada página, apunta a algo profundamente humano.

El rodaje de ‘Fitzcarraldo' ha pasado a ser considerado uno de los más desastrosos de toda la historia del cine. Se tiende a comparar con otro que también fue bastante criminal: el de ‘Apocalipsis Now' (Francis Ford Coppola, 1979).

No se pueden comparar, ni las películas y mucho menos los rodajes. En el de Apocalipsis Now todo se resolvía con dinero, con mucho dinero. Y en Fitzcarraldo no había dinero. En un momento, tuve que cambiar unos botes de champú (y acondicionador de pelo) por tres o cuatro kilos de arroz. Y ese arroz me alimentó durante un mes.

Conocíamos al Werner Herzog director de ficción, al director de documental, e incluso al actor. ¿Con este libro descubrimos al Herzog escritor?

Creo que sí. En Estados Unidos, el libro se publicó en julio y ya se ha reeditado cinco veces desde entonces. Pensándolo bien, y aunque tengo más libros publicados, unos 10 o 12, como Caminando sobre hielo, los diarios de mi caminata entre Múnich y París, Conquista de lo inútil tiene más sustancia que todas mis películas juntas. Lo que quedará de mi trabajo no serán las películas, será este libro.

¿Tiene planeado escribir más libros?

Creo que debería hacerlo. Ahora mismo estoy demasiado ocupado con otras cosas, pero debería hacerlo, escucho una voz en mi interior que me dice que debería escribir más.

¿Por qué debería?

El ejemplo perfecto es este: hay una película, Fitzcarraldo, que tiene una vida, y luego está el libro, con una vida completamente diferente. Y no se pueden comparar, no puedo elegir, es como comparar viajar en coche o esquiar, son cosas bastante
diferentes.

¿Cómo alguien que defiende tanto el caminar como medio de moverse es capaz de vivir en Los Ángeles, donde nadie camina y todo el mundo usa el coche?

[Je, je, je, je]. Para viajar a pie hay que irse fuera, es cierto. Pero no me preocupa, porque gran parte del tiempo lo paso rodando, en la Antártida, en Tailandia, en Nueva Orleans, en Perú. Y con eso me basta.

"No siempre es fácil saber gozar de lo que se tiene y valorar el presente" Ainara Legardon


RAÚL DEL OLMO
Muzikalia




El día que conocí en persona a Ainara Legardon los dos llevábamos camisa de cuadros. Inconscientemente los noventa afloraban debajo de nuestras indumentarias. Recuerdo que cuando empezamos a hablar de muchas cosas y tal me dijo que le dieran por culo a las entrevistas y a los rollos de artista y demás. Fue justo entonces cuando le dije que ni de coña, que justo a una persona así era a la que me encantaría entrevistar. Personas con fondo, arrojo y entrañas a la vista. Como todas las que muestra Forgive me if i don’t come home to sleep tonight (09). Canciones exigentes, secas y sin engaño posible, como las campurrianas, le dije.

Me llama la atención que entre tu anterior trabajo, Each Day A Lie (05) y este Forgive me if… (09) hayan pasado cuatro años. ¿Por qué te tomaste tanto tiempo para publicar material nuevo?

Me he tomado el tiempo que ha sido necesario, ni más ni menos. Tiempo para poner en orden el pequeño caos en el que estaba sumida entre el 2006 y 2007 y, cuando en el verano de 2008 todo estaba listo para grabar, sufrí una lesión de espalda que me obligó a cancelar cualquier plan musical durante casi un año. Tengo la suerte de tener mi propia discográfica, por lo que no han existido presiones contractuales de tipo temporal, y simplemente hasta que no he sentido la ilusión y las ganas de retomar la grabación, no lo he hecho.

Tu nuevo trabajo sorprende por su tono espartano, por su emoción desnuda, escupida sin ningún tapujo, casi violenta. ¿Cómo consigues enfrenarte a tus emociones y sobre todo a plasmarlas de una forma tan taxativa y directa?

Forma parte de un proceso de saneamiento…

¿Crees que los oyentes que consumen música como si fuera cualquier cosa pueden pararse a analizar y desentramar tu propuesta tan, digamos, exigente para los tiempos que corren?

Desde luego que no todos, y tampoco lo espero. Mi música está hecha con mimo, y con mimo ha ser escuchada para sacarle todo el jugo. Algunos sabrán sacárselo, dándole al disco las oportunidades que requiere y dejándose llevar por él, y otros se quedarán en lo más superficial. Soy consciente y tengo asumido que muchos oyentes se quedan a medio camino (“Eh! Ainara! el otro día me puse tu disco en el coche, y bueno, tuve que pararlo a la mitad, pero mola”…). Me tomo la molestia de editar discos para el resto de ellos, para los que se toman el tiempo necesario, se “abren de orejas” y se dejan llevar…

Líricamente sorprenden tus letras tan expuestas en ocasiones como en la bella “I won´t forget” o la quebradiza “Weightless” y el cripticismo con el que te guareces en otras como “Your own dirt” o “Stained sounds”. ¿Crees que decir lo que se siente a través de la música es el mejor ajuste de cuentas con las decisiones que uno toma?

Ajuste de cuentas, tirar de la cadena, sacar la basura, expiar las culpas… llámalo como quieras. El caso es purificarse por medio del sacrificio que implica la música.

¿Hasta qué punto tus canciones son exorcismo de las cosas que consideras errores o aciertos de tu vida?

Totalmente. Me ayudan a mantenerme cuerda y a aprender de lo vivido.

¿Podría una artista tan personal escribir canciones fabuladas no vividas en primera persona?

Supongo que sí, aunque yo nunca lo he hecho. Sí que algunas de las canciones están basadas en algo que he vivido en sueños, entretejiéndolo con retazos de realidad, pero siempre sin dejar de conjugarse en primera persona…

A través de tus letras descubrimos a una Ainara frágil, que necesita cobijo en sí misma y los demás, pero a su vez encontramos otra que te advierte de su peligro. ¿Existe esa dualidad, por otra parte tremendamente humana, dentro de ti en extremo?

Si, claro que existe. Una Ainara que, al igual que puede ofrecer mucho, puede arrebatar mucho también. Pido perdón por lo arrebatado, agradezco lo que se me ha dado y advierto a los demás y a mí misma de mi peligro, como bien dices.

Las referencias a la pérdida y la añoranza de emociones y seres son constantes en Forgive me if… ¿Sólo apreciamos lo que tenemos cuando ya no está? ¿Por qué somos tan tremendamente injustos con nuestro presente siempre?

Somos injustos con nuestro presente incluso cuando imaginamos situaciones que aún no han ocurrido. Cuando añoramos algo o a alguien a quien todavía no hemos perdido o fantaseamos con el día en que ya no podamos disfrutar de él, sufrimos tanto como cuando realmente lo perdemos. Nos basta con imaginar que lo vamos a pasar mal para pasarlo mal. Éste es uno de mis errores más frecuentes, y que ha dado lugar a muchos de los versos de éste y de otros discos. No siempre es fácil saber gozar de lo que se tiene y valorar el presente.

Los secretos y las mentiras aparecen de soslayo en tus canciones, como si no quisieran ser vistos, tal y como ocurre en la vida real ¿son el recurso más bajuno, a la vez que recurrente, del ser humano?

Yo diferenciaría los secretos de las mentiras. La mentira siempre ha sobrevolado mis trabajos. Como sabes, el anterior disco se tituló Each day a lie, “Cada día una mentira”. Las que nos cuentan y las fantasías que nosotros mismos elucubramos y finalmente queremos creer o incluso necesitamos creer. En este disco, en cambio, me posiciono en el lado más consciente de la mentira perniciosa, en el lado del que la crea, y quien al final acaba salpicado. Los secretos, en cambio, no salpican. Muchas veces aportan matices importantes o incluso conforman lo que somos. Está bien guardarnos dentro una pequeña parcela de nosotros mismos, totalmente privada.

Pasando al apartado musical, me han sorprendido la gran cantidad de detalles sutiles con un fin que contiene tu disco, la mayoría de ellos para crear inquietud en el oyente y, por otro lado el trabajo con las guitarras. ¿Estabas más preocupada en la faceta instrumental y cuidar la producción que en tus anteriores obras o siempre has mimado especialmente el sonido de tus grabaciones?

Quiero creer que siempre he mimado el sonido en cualquiera de mis grabaciones, si bien es cierto que en los discos anteriores contaba con un equipo más amplio de colaboradores. Chris Eckman se encargaba de la producción y Javier Ortiz del sonido “Brazil” que caracteriza las grabaciones de su estudio. Además, tenía a mi lado a un número más amplio de músicos invitados que imprimían su personal sonido en mis canciones.

Esta vez el equipo al frente de la producción lo hemos formado Paco Jiménez y yo, y hemos sido tan sólo tres músicos (Alfons Serra, Javier Díez-Ena y yo) los que hemos grabado en el disco. Buscaba un sonido sobrio, austero, con los detalles justos para enriquecer momentos concretos y siempre siguiendo la máxima de “menos es más”.

Tu disco ha aparecido justo casi a la vez que Irla Izan (09) de Anari, trabajos que en su concepción emocional y sinceridad cruda se dan la mano a mi entender. ¿Ves conexiones entre la obra de ambas?

Sí, desde luego me veo más cercana a Anari que a otras artistas con las que habitualmente, y yo creo que de forma errónea, se me compara.

Por cierto, que Winslow Lab, además de ser el sello bajo el que autoedito mis discos, sirve como plataforma para montar conciertos de artistas que realmente nos gustan. No solemos organizar muchas cosas, sólo tres o cuatro al año, y una de ellas va a ser, el 13 de marzo, la presentación de Irla Izan de Anari (con banda al completo) en Madrid.

¿Qué queda de la chica de 18 años que andaba por Salamanca en Onion y la mujer que muestra ese corazón lleno de remiendos que hermosamente decora tu última portada?(y no me digas que las consecuencias que motivaron esas costuras).

Queda la sensación de haber vivido momentos muy bonitos y de haber aprendido mucho, la mayor parte a base de cometer errores propios del candor de la juventud. Los remiendos demuestran que de vez en cuando aún me permito el lujo de tropezar (con elegancia, eso sí) en aquellas mismas piedras…

Y volviendo a los noventa, no puedo dejar pasar la oportunidad de que me digas lo que te marcó y significa para un espíritu profundamente “grunge” como el tuyo, por si alguien no se ha dado cuenta, la cantidad de bandas que nos encogían el corazón por aquel entonces.

La de los noventa fue sin duda una década clave para desarrollarme como músico y para llegar a ser la persona que soy ahora. Aún hoy, cuando necesito sentirme bien y para ello recurrir a algo que me traiga buenos recuerdos, me pongo discos como Ten de Pearl Jam, Dirt de Alice in Chains, Madseason, Screaming Trees, Soundgarden… y Afghan Whigs, que quizá sea la banda que más me levanta el ánimo y más “deseada” me hace sentir, a pesar de la oscuridad y lo obsesivo de sus composiciones… siento hacia ellos una atracción malsana…

Y del panorama actual ¿Qué artistas de cualquier faceta te han volado la cabeza recientemente?

El último disco/película/libro que me voló realmente la cabeza fue sin duda Into the wild (BSO de Eddie Vedder, peli de Sean Penn y libro de Jon Krakauer). De eso hace ya un par de años. Hace algo más de tiempo, los trabajos de José González, y cómo no, su directo. En cuanto a literatura, el año pasado me encantó Cineclub de David Gilmour. Lo cierto es que últimamente nada me ha volado la cabeza de cuajo como estos artistas que te he mencionado, aunque sí que puedo afirmar que me han encantado los últimos discos de Kelly Joe Phelps, Pearl Jam, Neil Young (¡nunca falla!), Glorytellers… y bueno, ver de cerca los atunes de Ayamonte que pintaba Sorolla… En directo, el último concierto en el que me emocioné de verdad fue el de Love Division en Moby Dick, el mes pasado.

Muchas gracias, Ainara. Siempre será un placer cauterizador arropar nuestros transitares con tu abrigo.

De nada. Siempre es un placer quemar heridas…

La opción nuclear de Obama

AMY GOODMAN
Democracy Now




El Presidente Barack Obama promoverá la energía nuclear. «Estamos anunciando garantías de crédito por 8 mil millones de dólares para comenzar a construir la primera nueva planta nuclear en el país en casi tres décadas» Obama está cumpliendo una promesa de campaña, al igual que cumplió sus promesas de enviar más soldados a Afganistán y de atacar Pakistán en forma unilateral. Y al igual que su estrategia de guerra basada en el eje “Afganistán-Pakistán”, la resucitación de la industria de energía nuclear en Estados Unidos financiada con fondos públicos está condenada al fracaso, y otro rescate de los contribuyentes a punto de suceder.

La oposición al plan, que implica triplicar las garantías de créditos existentes para la construcción de plantas nucleares a 54.500 millones de dólares, abarca a un amplio espectro de posiciones ideológicas. En el nivel más básico, en el plano económico, la generación de energía nuclear simplemente no tiene sentido. El costo de construir estos monstruos es tan alto, y los riesgos son tan grandes, que ningún inversor, banco, o fondo de riesgo razonable invertirá en su construcción.

Nadie le prestará dinero a una empresa de energía para construir una planta nuclear, y las empresas de energía se niegan a gastar su propio dinero. El propio Obama profesa tal pasión por el libre mercado, que incluso llegó a decirle al semanario Bloomberg BusinessWeek, “Somos firmes defensores de un libre mercado próspero y dinámico”. Bueno, el libre mercado hace tiempo que abandonó la energía nuclear. La Heritage Foundation, uno de los principales grupos de investigación de la derecha estadounidense, señaló: “Los programas expansivos de garantías de crédito…están repletos de problemas. Como mínimo, generan deuda a los contribuyentes, le dan trato preferencial a los beneficiarios, y distorsionan los mercados de capitales”. Y eso lo dijo Heritage Foundation.

Amory Lovins, del Instituto Rocky Mountain, un crítico de la industria nuclear desde hace mucho tiempo, me dijo: “Lo que haría la energía nuclear es desplazar el carbón, nuestro combustible nacional más abundante. Y esto suena bueno para el clima, pero de hecho, expandir la energía nuclear empeora el cambio climático, por un motivo muy sencillo. La energía nuclear es increíblemente cara. Los costos han subido enmormemente en los últimos tiempos. Si financiamos más plantas nucleares, vamos a obtener alrededor de dos a diez veces menos soluciones climáticas por dólar, y esas soluciones serán de 20 a 40 veces más lentas que si, en cambio, se financiara la creación de fuentes de energía más baratas y rápidas, que están superando a la energía nuclear, el carbón y el gas, todo tipo de planes de centrales en el mercado. Y esos competidores implican el uso eficiente de la electricidad y lo que se llama microenergía, que son ambas energías renovables, salvo la energía hidroeléctrica, y generar electricidad y calefacción al mismo tiempo. De hecho, en los edificios más nuevos sale la mitad del dinero, combustible y carbón que hacerlo por separado, como hacemos normalmente. Entonces, la energía nuclear no puede de hecho brindar los beneficios climáticos y de seguridad que algunos afirman. No está relacionada con el petróleo. Y es muy cara.”

La Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca, en la misma declaración que anunció los 54.500 millones de dólares para promover la energía nuclear, también incluyó “un subsidio de 500 millones de dólares para apoyar garantías de crédito de entre 3 mil y 5 mil millones de dólares para proyectos de eficiencia energética y energía renovable”. Esto significa que solo una décima parte de la cantidad de dinero destinada a energía nuclear será dedicada a la promoción de tecnologías de eficiencia energética y energía renovable. Al mismo tiempo, el gobierno de Obama tiene planeado cancelar el financiamiento para terminar la construcción del complejo de almacenamiento de desechos nucleares de Yucca Mountain, que tiene muy mala reputación. Edwin Lyman, de la Unión de Científicos Preocupados, le dijo al Christian Science Monitor que el gobierno de Obama “no tiene un plan para almacenar los desechos radiactivos de la nueva generación de plantas nucleares". "Y eso es irresponsable”, afirmó.

Los desechos de las plantas nucleares no solo son una pesadilla en términos ambientales, sino que además aumentan las amenazas de proliferación nuclear. Obama dijo en su reciente discurso anual ante el Congreso: “A pesar de que estemos involucrados en dos guerras, también estamos enfrentando al que es, quizá, el mayor peligro que debe afrontar el pueblo estadounidense: la amenaza de las armas nucleares. Apoyé la visión de John F. Kennedy y Ronald Reagan a través de una estrategia que revierte la expansión de estas armas y pretende lograr un mundo sin ellas. Para reducir nuestro arsenal y lanzamisiles, al tiempo que aseguramos nuestros elementos disuasivos, Estados Unidos y Rusia están finalizando negociaciones sobre el tratado de control de armas más abarcativo en casi dos décadas. En la Cumbre de Seguridad Nuclear en abril, reuniremos a cuarenta y cuatro naciones detrás de una meta clara: asegurar todos los materiales nucleares vulnerables en el mundo en cuatro años, para que nunca caigan en manos de terroristas”. A pesar de eso, los planes que acompañan la propuesta de Obama, su “nueva generación de plantas nucleares seguras y limpias”, incluyen un incremento del “reprocesamiento de combustible nuclear” comercial, que la Unión de Científicos Preocupados describe como “peligroso, sucio y caro” y del que concluye que aumentaría los riesgos mundiales tanto de proliferación nuclear como de terrorismo nuclear.

Tanto Amory Lovins como la Unión de Científicos Preocupados desacreditan el mito de que la energía nuclear es esencial para combatir el calentamiento global. Lovins escribe: “Cada dólar invertido en expansión nuclear empeorará el cambio climático, dado que significa invertir menos por cada dólar en una solución eficiente”. Obama dijo que la primera partida de financiamiento público, que beneficiará a la gigante energética Southern Co., “generará miles de puestos de trabajo en la construcción en los próximos años, y alrededor de 800 empleos permanentes”. Sin embargo, la inversión en tecnologías de energía solar, eólica y de cogeneración podría lograr lo mismo, creando rápidamente en Estados Unidos las mismas industrias que están floreciendo en Europa. Es más, los riesgos de falla de un molino de viento o un panel solar son minúsculos comparados con los desastres de las plantas nucleares como los sucedidos en Three Mile Island y Chernobyl.

Tanto en términos económicos, como en términos ambientales y de prevención de las amenazas nucleares, las garantías de crédito de Obama para el desarrollo de la energía nuclear fallan en todos los aspectos.

"El Jardín de los Suplicios", Octave Mirbeau


KEPA ARBIZU
Tercera Información




Cuando el comienzo de un libro es una dedicatoria con esta forma, “ A los sacerdotes, a los soldados, a los jueces, a los hombres, que educan, dirigen, gobiernan a los hombres, dedico estas páginas de asesinato y sangre”, podemos tener la certeza de que entre sus páginas no se esconde una actitud condescendiente. Además, “El Jardín de los Suplicios”, será un ejemplo claro de que no es necesario escribir un texto estrictamente político para que de su lectura se desprenda un análisis crítico de las diferentes estructuras de poder.

Octave Mirbeau, escritor francés de finales del siglo XIX y mediados del siguiente, llamó la atención por su espíritu ácrata y por su especial inquina contra los representantes religiosos. Contra ellos arremete en parte de su obra, siendo “Sébastien Roch” la más cruda por medio de un retrato de los abusos sufridos por los integrantes de un internado a mano de los sacerdotes, con claros tintes autobiográficos.

“El Jardín de los Suplicios” se puede englobar dentro de una serie de obras, “Diario de una camarera” y “Los veintiún días de un neurasténico” , creadas a raíz del famoso caso Dreyfuss y del posterior comportamiento de buena parte de la sociedad ante él. Hay que advertir que el libro tiene la peculiaridad de estar creado como un “collage”. Está formado por historias escritas en diferentes momentos y con estilos que llegan a ser contrapuestos. Esto hace que en su lectura haya altibajos y que en general no transmita sensación de perfección literaria, cosa que queda totalmente olvidada por la fuerza y el embrujo que transmite la narración.

Tres son las partes en que está dividido el libro. “Frontispicio”, la primera, recrea una reunión de la “bohemia” de la época, integrada por individuos a cada cual más extraño. Escrito de una manera ágil y coloquial, cada uno de los personajes cuenta diferentes pasajes de su vida, todos ellos dedicados a ensalzar las virtudes del asesinato y de su presencia en todos los ámbitos de la vida, incluidas las instituciones, del que es “la base misma” tal y como expresa uno de los presentes. El común denominador del pensamiento de todos ellos es la confirmación de que se nace rodeado de diferentes estamentos (religión, estados, escuelas, familia) que desde un inicio imponen una visión violenta y egoísta de las relaciones humanas, disimulada con hipocresía y revestida de moral, de ahí que ambas aparezcan a los ojos de los hombres como pulsiones “naturales”.

“En misión”, el segundo capítulo, es el momento en que se presenta al personaje que centrará la atención en lo que queda de libro. Vividor, fullero y lo que se podría entender como un mal hombre, es el encargado de hacer el trabajo sucio de un viejo amigo de la infancia, dedicado ahora a las labores políticas. Se irán describiendo diferentes “andanzas” de ambos que sirven para demostrar lo profundo de la corrupción, no sólo ya en los círculos políticos sino en buena parte del comportamiento diario. Y lo peor de todo, esos actos en muchas ocasiones, y según las manos del que los realice, son incluso dignos de admiración por la sociedad, dando por buena aquella rotunda afirmación que Quevedo expresaba en “La vida del Buscón”, “¿Por qué piensas que los alguaciles y alcaldes nos aborrecen tanto? Porque no querrían que adonde están hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros”. En el final de esta parte, escrita de una forma más oscura y angustiosa, el protagonista debe embarcarse hacia Ceilán, en una supuesta expedición científica que en verdad sólo sirve para poder desaparecer por algún tiempo debido a los diferentes chanchullos en los que está metido. En el barco que le lleva a su destino se enamorará de una enigmática mujer, Clara, de apariencia bondadosa, a la que seguirá hasta China, lugar en el ella que reside.

Allí discurrirá el último fragmento del libro (“El Jardín de los Suplicios”). Se trata del punto culminante y donde se hace más evidente la ruptura estilística. A partir de aquí será una literatura decadentista la que adquiera el control. En el país oriental, Clara mostrará su verdadera cara. Una mujer sádica y de radicales sentimientos, enganchada tanto al amor como al sufrimiento. El personaje no está alejado, en esencia, del Coronel Kurtz de Apocalipsis Now, ambos llevan hasta el paroxismo los “valores” en que han sido educados. De hecho, tanto ella como el paisaje terrorífico de “El Jardín de los Suplicios”, donde se entremezclan la belleza salvaje de la naturaleza con las torturas de los humanos, son un espejo aumentado, y limpiado de toda hipocresía, de la manera de actuar de los “seres civilizados”.

Si el Conde Lautreamont en “Los cantos de Maldoror” se servía de un ente sobrehumano para poner en evidencia la maldad de los hombres, Mirbeau, hace lo mismo pero desde un punto de vista mucho más terrenal y preocupante. Es toda nuestra educación, desde el ámbito familiar hasta las estructuras del estado, la que con sus “valores” y ejemplo, inocula en las personas una forma de entender la vida basada en el egoísmo y en la violencia, perfectamente soterrada en el modo de vida que hemos aceptado como normal y que el escritor francés pone en evidencia para bochorno del ser humano.

El «buitre» de Kevin Carter, a escena



ISRAEL VIANA
ABC



«Es la foto más importante de mi carrera, pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña», dijo el fotógrafo sudafricano, Kevin Carter, al recoger el premio Pullitzer en mayo de 1994. Dos meses después, agobiado por la presión de las críticas y deprimido por la muerte de su amigo Ken Oosterbroek, se fue a la orilla del río donde había jugado cuando era niño, antes de que supiera lo que era el apartheid ni hubiera cogido una cámara en sus manos. Allí enchufó una manguera al tubo de escape de su coche, lo introdujo por la ventanilla e inhaló, mientras escuchaba música, todo el monóxido de carbono que pudo hasta acabar con su vida.

La historia que rodea a la célebre foto de Carter –portada de «The New York Times» en 1993–, en la que puede verse a una niña sudanesa moribunda, acechada por un buitre, es la idea sobre la que gira la obra de teatro que se estrena hoy en el Centro Cultural Pérez de la Riva de Las Rozas de Madrid, titulada «La Culpa (Kevin Carter 1960-1994)».

En la obra –escrita por Javier Esteban y dirigida por José Luis Baringo–, el fotógrafo sudafricano, interpretado por Pedro Cebrino –que ha participado en películas como «El hombre de arena», de José Manuel González-Berbel, o «La noche que dejó de llover», de Alfonso Zarauza–, graba un video de despedida a su hija antes de suicidarse. En él, a través de un monólogo, afloran los viejos fantasmas que le persiguieron durante su corta e intensa vida, entre los que se encuentran las drogas, la adrenalina de la guerra, el apartheid y, como no, aquella foto, la niña y el buitre.

«He llegado a un punto en el que el sufrimiento de la vida anula la alegría. Estoy perseguido por recuerdos vividos de muertos, de cadáveres, rabia y dolor. Y estoy perseguido por la pérdida de mi amigo Ken», dejó escrito Carter en una confusa nota sobre el asiento del copiloto.

Desde que «The New York Times» publicó su foto en marzo de 1993, millones de personas se lanzaron a un debate mundial sobre la actitud del fotoperiodista al captar aquella imagen que trataba de reflejar el hambre que azotaba a aquel rincón del planeta. Miles de veces tuvo que responder a la misma pregunta: «Y después, ¿ayudaste a la niña?».

Fue la gota que colmó el vaso en la turbulenta y emocionalmente desordenada vida de Carter, adicto al «White Pipe» –mezcla de marihuana, mandrax y barbitúricos–, que formaba parte de «esa clase de reporteros que no se amilanan ni cuando la muerte les mira de cerca o la sangre les salpica la lente», explicaba a El Mundo el fotógrafo Carlos Davila, quien meses después realizó fotografías parecidas en el sur de Sudán, sin que levantaran el más mínimo revuelo.

A Carter, en cambio, le brotaron millones de detractores y defensores por todo el mundo: «Mercenarios en busca de premios Pullitzer o dinero, como demostró Kevin Carter en 1993 al fotografiar a un niño moribundo en Sudán mientras un buitre esperaba su final, sin que hiciese nada en absoluto porque, al parecer, ayudar al pequeño no habría tenido tanto impacto en las conciencias occidentales como capturar una instantánea», podía leerse en el mismo ABC hace dos años.

«Dudo mucho que Carter hiciera eso –asegura Álvaro Ybarra Zavala, reportero de guerra colaborador de ABC–. El pertenecía a un grupo llamado “bang-bang”, formado por cuatro reporteros, uno de los cueles fue asesinado cuando estaba tomando unas fotos parecidas».

Roban la vida a Doñana



Mil pozos ilegales esquilman el acuífero del parque - Los expolios quedan impunes por la pasividad de la administración y la dificultad para perseguir estas extracciones



LIDIA JIMÉNEZ
El País


El entorno del parque de Doñana es un coladero. Un millar de pozos ilegales esquilman el acuífero 27, una balsa de agua subterránea que abastece a gran parte de este espacio protegido. Las promesas incumplidas de acabar con las extracciones y la dificultad de perseguir judicialmente estas conductas han provocado que el expolio quede impune.

Ser un ladrón de agua no es muy complicado en Doñana. Primero se talan los pinos que molestan, después se perfora la tierra entre 40 y 60 metros y, mediante unos rudimentarios conductos, se extrae agua subterránea para regar las plantaciones piratas de fresa, ubicadas en territorio forestal. Un solo día sobra para pinchar el terreno y hacer rentable la operación.

Este abuso se ejecuta desde hace años en muchas de las fincas colindantes (algunas municipales, otras privadas) con el entorno protegido ante la pasividad de las administraciones. Esos 1.000 pozos ilegales de los alrededores del parque (que se extiende entre Huelva, Sevilla y Cádiz) han ido exprimiendo el acuífero, que ha perdido más del 50% de su capacidad en los últimos 30 años, según la organización ecologista WWF. La Agencia Andaluza del Agua ya alertó en un informe de 2009 del riesgo que suponía para Doñana la agricultura y el turismo. La conclusión del estudio no dejaba dudas: gran parte del acuífero se encontraba en un estado de precaución, peligro o alerta. Las disminuciones freáticas en el acuífero alcanzan hasta los 18 metros en algunos puntos calientes y la capacidad de regeneración, a pesar de las lluvias, es mucho menor que su explotación. "Pasará como en las Tablas de Daimiel y será demasiado tarde", advierte Juan Romero, portavoz de Ecologistas en Acción en Huelva.

El fiscal de Medio Ambiente de Huelva, Alfredo Flores, denuncia "una sensación de impunidad y corrupción sostenida e histórica" y culpa a "unos pocos empresarios sin escrúpulos", a la "connivencia de algunos ayuntamientos" y a una gestión "cuestionable y descuidada" por parte de la Administración autónoma. Flores puntualiza, sin embargo, que en los últimos años la Delegación de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía ha colaborado con el Seprona y la policía autonómica y "se han destapado más casos".

Hasta 2005 no se había presentado ni una sola denuncia. Desde esa fecha se han investigado en la fiscalía unos 20 casos. Entre los imputados por estos pozos ilegales se encuentran cinco agentes de Medio Ambiente, que hacían "la vista gorda".

El entorno de los municipios onubenses de Moguer y Palos es una de las zonas más afectadas por las extracciones. Según WWF, allí hay alrededor de 300 pozos. Otros dos puntos calientes son la finca Matalagrana y alrededores, ubicada al norte de El Rocío, y Los Hatos, zona arrocera de la provincia de Sevilla, donde en 2005 se cerraron algunos pozos que databan de 1997. Pero volvieron a aparecer.

La fiscalía señala dos obstáculos a la hora de procesar a los implicados: hasta 2003, cuando se aprobó el Plan de Ordenación del Territorio en Doñana (Potad), ni siquiera había herramientas para poder determinar conductas irregulares. Y, en segundo lugar, los delitos ambientales requieren que el daño sea evidente, y esto no ocurre si se analiza cada pozo de forma independiente, según la fiscalía.

Además, las sanciones administrativas -a veces de 60.000 euros- son abonadas por los empresarios, en efectivo, al día siguiente de la multa. Y el pozo sigue en su sitio. Es extremadamente difícil, añade Flores, cuantificar "qué cantidad de agua se ha extraído y cuánto beneficio ha reportado".

El alférez José Antonio Alfaro, responsable del Seprona en Huelva, cuenta 51 denuncias contra extracción de agua irregular en la provincia durante 2009. Alfaro señala otros delitos relacionados, como las 40 denuncias por incendios en las rudimentarias instalaciones eléctricas que se usan para extraer el agua. O las 60 denuncias por actuaciones contra las leyes sanitarias -al generar agua contaminada por granjas ilegales- y los 10 expedientes abiertos por talas de árboles.

Un paseo por los caminos agrícolas impresiona. Entre los municipios onubenses de Lucena y Moguer, por ejemplo, la sucesión de incendios acabó con parte de la arboleda y destapó sorpresas. Decenas de pozos surgieron de entre los matorrales. Felipe Fuentelsaz, responsable de Agricultura de WWF, mira desde el todoterreno, casi con desesperación, a ambos lados del camino de tierra. "Llevo cinco años inspeccionando la zona y he visto aparecer pozos nuevos de la noche a la mañana". De hecho, Fuentelsaz asegura que, desde la aprobación del Potad, se han creado unas 1.000 hectáreas más de cultivo en el entorno de Doñana. El monte no deja grandes beneficios económicos. La fresa, sí. La superficie bajo plástico en el entorno de Doñana es de entre 4.500 y 6.000 hectáreas, de donde sale más del 60% de la producción de fresa española, según WWF. Los beneficios de este petróleo rojo son de unos 9.000 euros por hectárea.

La Consejería de Medio Ambiente andaluza dice que está aportando más recursos hídricos para aliviar la presión que se ejerce sobre el acuífero y ordenar el territorio. "Hay que ver cuántos pozos son, si se pueden regular, conjugar los intereses de todos", explica la Junta. El delegado de Medio Ambiente en Huelva, Juan Manuel López, menciona alguno de los proyectos que saldrán "de forma inminente": el trasvase de 4,9 hectómetros cúbicos desde la cuenca del Guadiana a la zona del condado -ya anunciado en 2007- y el Plan de Ordenación de las zonas de regadío ubicadas al norte de la Corona Forestal de Doñana, también anunciado hace tres años. La Junta quiere compatibilizar la agricultura y la protección medioambiental. Según López, se abren "numerosos expedientes sancionadores". En la actualidad, en Huelva, son ocho.

Y los agricultores, por su parte, piden que no se les culpabilice del problema. Sólo algunos se aprovechan. "Como el monte no se queja, hacen lo que quieren", resumen. Los demás quieren organizarse cuanto antes y piden a la Administración que ejecuten de una vez sus planes.