Los Cardiacos: Excepcionales e irrepetibles


El box set “Integral. 30 Aniversario (1979-2009)”, repasando en cuatro CDs y un libro la historia de Los Cardiacos por medio de todas su grabaciones y algún inédito, saca a la luz, una vez más, la grandeza del legado de este maravilloso grupo Leonés, pionero en descubrir sonidos y sensacional taller de creación musical. Una banda que supo cuándo había llegado el momento exacto de desenchufar sus instrumentos… tal vez demasiado pronto


JUAN PUCHADES
Efe Eme




No lo tuvieron fácil quienes quisieron dedicarse a esto del rock en la España de La Transición: falta de medios, infraestructuras y, lo más importante, ausencia casi completa de una mínima educación pop en la sociedad española. Si a esto, además, añadimos que quien estuviera interesado en montar un grupo de rock fueran unos jóvenes de una ciudad tan poco dada a estridencias como León, el cuadro de la desolación parecía completo. Pese a ello, Los Cardiacos salieron adelante gracias al tesón de Enrique “Kike” Jiménez (guitarra y voz), Carlos Suárez (guitarra y voz), Toño Pedrada (órgano, saxo y voz) y Macario “Maco” Pérez (voz), más Chicky (bajo) y Pepe (batería). Los dos primeros componen y a su alrededor gira el núcleo principal de un grupo que nace en 1979 con las ideas muy claras: ¿para qué dar vueltas por discográficas si uno mismo puede editar su música? Así, aquel mismo año, vio la luz en formato de cinta de casete (los tiempos no daban para mayores dispendios) “Las discográficas no dan la felicidad”. Compendio de parte (ocho canciones) de las grabaciones que han ido realizando durante varios meses en un pueblo de León.

Canciones grabadas con un Revox de dos pistas (“hoy todavía se ven muchos –recuerda Kike– en las emisoras de radio, casi parece un aparato arqueológico pero sigue teniendo una calidad tremenda, es muy bueno”) que sorpenden por lo frescas que suenan en la actualidad y que muestra a un grupo versátil que desde una base rhythm and blues podía escorarse hacia el soul, inclinarse hacia la experimentación preelectrónica o mirar con ironía al ska.

Aquella cinta de casete que copian los propios componentes del grupo (“cada uno se hacía unas cuantas, grabábamos a tiempo real, preferíamos las primeras porque, como el vino, nos parecía la mejor cosecha”) y luego venden en bares y locales, les abre las puertas para tocar en Asturias, Valladolid y otras poblaciones limítrofes. Ante la demanda creciente de copias de la cinta se hizo una tirada más industrial: “Se la encargamos a una empresa, y una serie de amigos las vendían en mercados, bares y conciertos. Fue una distribución anómala, porque entonces todavía era raro vender cintas musicales en los bares. La cinta se programaba en algunos sitios con una devoción especial porque veían que estaba completamente fuera de lo que eran los circuitos habituales. Eso le daba un sabor especial al asunto, con un cierto tono clandestino, que no tiene ningún sentido, pero así se veía. Por sí mismo, el boca a boca funcionó perfectamente”.

Animados por su pequeño éxito local (y por las quinientas mil pesetas del premio) se presentan al concurso El Ritmo del Verano, que patrocinaba la marca Seat para lanzar su nuevo modelo de coche, el Ritmo. Los Cardiacos, tras varias eliminatorias llegan a la final en la plaza de toros de las Ventas de Madrid y ganan el primer premio. Tras la actuación firman un contrato con Fonogram y a finales de 1980 ponen en la calle el single ‘Salid de noche’, un divertido y sincopado ska que invitaba a la diversión y que será radiado con insistencia en algunas emisoras de radio. La etiqueta de grupo de ska, aunque errónea, ya está ahí. “Un locutor de Barcelona llegó a presentarnos como un grupo de ‘skay’… Y lo teníamos que explicar: ‘lo que pasa es que en el pop hay muchas vertientes y si uno no es confesional, y no es el caso, puede acercarse a muchos ritmos’. Era delirante, ¿cómo se podía plantear que un grupo español se especializase en ska? Piensa en grupos de la época, Romantics, por ejemplo; todos tenían algún tema en ese ritmo, era algo normal que hubiera en el repertorio un dos por cuatro tocado de esa manera. A veces llegué a decir, ‘no, no es eso, es un pasodoble’, porque, en definitiva, no hay tanta diferencia. Teníamos educación musical de muchas horas de trabajo y de ensayo, eso viene tanto de estudiar como de escuchar mucha música, y cuando quieres escuchar mucha música tienes que diversificar porque si te pones las orejeras en un solo terreno es muy aburrido. Digamos que éramos fieles pero teníamos múltiples amantes musicales, nos gustaban muchas cosas, y también tocarlas. Si recurrimos a los grandes de la música vemos que todos sus discos tienen una gran variedad, si no no podrían haber sustentado una carrera, una cosa monotemática puede dar lugar a un disco conceptual excelente, pero si el siguiente es igual difícilmente se sujeta”.

Un segundo single, el brillante ‘Noches de Toisón’, supondrá el último disco publicado con la multinacional. Ésta quiere que sigan sacando singles y ellos quieren lanzarse a por un LP; no hay entendimiento y se marchan. Por en medio quedará la experiencia de haber conocido de cerca el funcionamiento de la “industria del disco” y de haber grabado en uno de los grandes estudios de la época, los que tenía Fonogram en la madrileña avenida de América. “Fue una pena que se deshicieran de ellos. Eran una maravilla, allí metían dos sinfónicas si querían. Fue una experiencia muy fuerte porque había señores con batas blancas, les llamaban ingenieros de sonido, era como entrar en un laboratorio y la verdad es que te impresionaba. Entrabas como a un examen y pensabas ‘aquí nos van a suspender, seguro’. Llevaban los nombres puestos en los bolsillos… Era una disciplina de la que ellos no tenían la culpa, pero la empresa lo determinaba así. Luego me he enterado que se hacía igual en todos los estudios, tenían ese uniforme y esa uniformidad, que luego se perdió. Y, lo que son las cosas, tiene su lado positivo y su lado negativo, da un poco la risa, pero te colocaba en un sitio donde decías ‘aquí mandan éstos y hay que hacer lo que ellos digan, porque éste ya sabe de lo que va, por algo lleva el uniforme’. Se movía gente de Los Relámpagos, dos de ellos estaban allí de jefes, habían preparado, por si se nos iban las cosas de las manos, que uno de ellos controlara nuestro disco, pero cuando vio cómo funcionábamos se fue de allí. No lo necesitábamos para nada, habíamos hecho un master a razon de tres meses a diez horas diarias grabando nosotros, y habíamos aprendido bastantes cosas”.

LA PUESTA DE LARGO

Los Cardiacos se han quedado sin discográfica pero, ya se ha visto, eso no es problema para poner a la venta sus grabaciones. Así que en 1981 graban cuatro temas en los estudios Douwbletronics (donde se grabarían la mayor parte de los primeros discos independientes de los 80) que Jesús Gómez tenía en Madrid y que con la licencia de Fusión Records (discográfica especializada en cintas de casete) autoeditan en 1982. Será el EP “El expreso de Bengala”, que sale a la venta un mes antes que la primera referencia de Discos Radiactivos Organizados (DRO), siendo así, como si estas cosas sirvieran para algo, el primer disco independiente de la oleada que se avecinaba. Aunque el EP muestra a unos Cardiacos disparando en demasiadas direcciones, el tema principal y ‘Pepi Pop’ –que destapa la ironía de la que harán gala muchos de sus textos– solventan con notable la experiencia y sirven para que el grupo tenga un nuevo trabajo en las tiendas mientras siguen rodándose en directo.

En un par de esos conciertos coinciden con Servando Carballar y sus Aviador Dro, quien les anima a grabar en su discográfica: “Parecía nuestro sitio natural en aquel momento”, explica Kike. Aunque integrados en la escudería DRO, ellos viven ajenos a la Nueva Ola y a La Movida, siguen por su camino, adentrándose en territorios poco explorados por la mayor parte de los grupos de aquellos años: aquí hay intención, experimentación y un sentido musical que les lleva a adentrarse, casi canción a canción, en nuevos sonidos. Pero, incluso ellos, amantes del mejor pop de los años 60, tienen que programar las baterías para el primer LP: el batería ha abandonado y Macario tiene que ponerse detrás de los bombos sin preparación suficiente para grabar en el disco. “Luego hizo sesiones muy fuertes de ensayo y acabó dominando perfectamente la batería, pero no pudo estar en disco y las programaciones, hay que reconocerlo, no eran lo más apropiado para nosotros”. Cierto, y en algún momento este catálogo de buenas canciones chirría precisamente por ello, lo cual no impide disfrutar de golosinas como ‘Pánico en el hospital’ (con esa deliciosa introducción instrumental: una de las señas de identidad del grupo será esto de las largas introducciones en cada tema), ‘Que viva Hollywood’ o ‘Criaturas tropicales’ donde acechan ritmos calientes bajo la aparente superficie atonal del caos.

Reducidos a cuarteto (Carlos, Kike, Toño y Macario), graban en 1985 el maxi “La Costa Oeste” (la que tal vez sea su más lograda canción), que marcará el inicio de una nueva época, donde un peculiar (no podía ser de otra manera) sentido de la psicodelia se apodera de Los Cardiacos, culminando el proceso con el siguiente LP, “Nuevas aventuras” (que incluía una versión, ‘Te vas a enterar’, del ‘You really got me’, de sus admirados Kinks). El ataque psicodélico sirve para que en “Nuevas aventuras” sus autores se recreen en el sonido y en las posibilidades del estudio de grabación. Sin embargo, aquello no fue demasiado comprendido en su momento. “Creo que en los grupos se cubren ciclos y hay que reflexionar sobre el trabajo de creación de las canciones, de la música. Y eso fue lo que nos pasó. Era una especie de neohippismo en un tono deliberado, para nosotros era decir ‘basta ya de postmodernidad, basta ya de tabarra, vamos a ver qué pasa en los orígenes, porque a lo mejor ahí hay cosas de las que aprender’. Recuerda que luego viene lo del garaje y todo aquello. Lo que pasaba es que lo sacamos pronto, eso no cuaja hasta un par de años después, cuando Malasaña empieza a funcionar a tope de otra manera. De todas formas nosotros es en esa época cuando realmente empezamos a tocar con mucha frecuencia en Madrid”.

Sin embargo en “Nuevas aventuras” ya no está Carlos, que abandona tras el lanzamiento de “La Costa Oeste”, por diferencias musicales (más tarde publicará un mini LP a su nombre: “Sola en la catedral”. EMI, 1989). El trío formado por Kike, Toño y Macario permanecerá unido hasta el final, pero la salida de Carlos les descoloca lo suficiente como para tener que salir en 1989 con un doble disco, “Ethics & ethilics”, en el que recogen temas de los discos anteriores, inéditos y rarezas.

DE HÉROES Y VILLANOS

En 1991 publican “Héroes y villanos” (con una de sus más sonoras proclamas, ‘Dilo en español’; dos años después, como siempre, esta personalísima versión de un oscuro tema de los Easybeats alcanzaría todo su sentido) donde el arranque psicodélico ya ha entrado en franco retroceso y Los Cardiacos parecen reencontrarse con alguna de sus formas originales: más rhythm and blues para disfrutar con el calorcito de los garitos pequeños, más inmediatez y más guitarras sonando fuertes. El título parecía un premonitorio epitafio, y así fue.

Tras algo más de una década en activo, Los Cardiacos, que parecían infatigables e inasequibles al desaliento, tiran definitivamente la toalla. “Diez años es el tiempo suficiente para un grupo. Está bien medido el tiempo, hay que seguir con otras cosas. Claro, podían haber sido unas vacaciones, un reposo, pero cuando hemos pensamos en volver a tocar… Es que es imposible: hace dos años que falleció Macario, él era la voz fuerte, la de ‘Los blues de Tomás’. Murió de un cáncer de huesos. Y no hay posibilidad de retorno, no. Sin la voz que conocía la gente cantando conmigo ‘Salid de noche’, ‘Noches de Toisón’… no, no puede ser”.

No alcanzaron nunca el éxito que auguraban sus orígenes –y que ellos nunca buscaron–, y han terminado por ser considerados unos genuinos héroes de culto. Para los aficionados al buen pop quedan un puñado de canciones cuidadas hasta el mínimo detalle, con el apasionamiento de los orfebres pop enamorados del sonido y sus posibilidades. “Sí, creo que ése es el trabajo de la música. Cuando oíamos a un grupo que decía ‘nosotros ya tenemos doscientas canciones’, pero, ¿cómo puede ser? No, no puede ser, tiene que salir elaborado… El arreglo, justamente lo que le hace jugar un papel a cada instrumento, a cualquier cosa, a cualquier elemento de la batería. No es una cosa sencilla, no es una gran orquesta pero es parecido, en reducido; es como un conjunto instrumental, como si fuera algo más que un cuarteto de cuerda, incluso”.

Tras la separación del grupo, Kike se volvió a unir a Carlos y juntos crearon el sello JCK con el que sacaron discos de otra gente. Kike, en 1999, publicó un álbum (grabado dos años antes) con otro guitarrista y un percusionista con los que recuperaba la esencia de las canciones desnudas, “El Cometa Errante”; incluso se acercó a la música clásica como productor de un proyecto alrededor de un manuscrito que se descubrió en la catedral de Astorga sobre órgano barroco español del siglo XVII, grabado con unos órganos de la época que todavía se conservan en Palencia. Ahora es el responsable del área de música moderna de la Escuela Municipal de León. Por su lado, Carlos montó unos estudios de grabación, Montepríncipe, en Boadilla del Monte (Madrid). Por último, Toño, el saxofonista, estuvo tocando en Dadá Jazz, un grupo de improvisación libre.

Desde el final del grupo, diversos recopilatorios han recordado su legado musical, pero el reciente box set “Integral. 30 Aniversario (1979-2009)” es, desde luego, lo mejor publicado hasta ahora sobre el grupo ya que recoge absolutamente todas las grabaciones que de Los Cardiacos salieron en disco (propios o colectivos), además de algunas versiones inéditas, tomadas de estudio o de directo. Todo ello presentado con elegancia y con un libro que documenta pormenorizadamente la trayectoria de la banda leonesa.

Oro azul, el mercado global del agua


La extracción del agua dulce es un negocio redondo para las multinacionales. Las aguas envasadas están sustituyendo, en todo el mundo, a las políticas necesarias para garantizar el acceso a esta necesidad básica

PABLO ELORDUY
Diagonal




Las instituciones globales lo han dejado claro: el agua es cada vez más escasa, insuficiente para satisfacer la necesidad inmediata de la población mundial y tan valiosa que por su control se producirán las guerras del futuro inmediato. En el III Foro Mundial del Agua, celebrado en Kyoto (Japón) en 2003, se apuntó que dos tercios de la población no tendrán agua limpia en 2025. “Incluso en lugares donde aparentemente hay agua suficiente, los pobres tienen dificultades para acceder a ella”, reconoce el Consejo para el Acceso al Agua y a Recursos Sanitarios de la ONU. Hoy día más de mil millones de personas no tienen un acceso garantizado al agua, indica este mismo Consejo. Como denunciaron Maude Barlow y Tony Clarke, autores del libro de referencia Oro azul, organismos como el Banco Mundial y la ONU han impuesto una polémica definición que explica los problemas de acceso de millones de personas en el mundo. Para estos dos organismos el agua es una necesidad humana, no un derecho.

Hace ya más de diez años, Gustav Leven, ex consejero delegado de Perrier, expresaba su asombro por la perfección del negocio del agua: “Me chocó, que todo lo que uno tenía que hacer era recoger el agua del suelo y después venderla a un precio superior del vino, la leche o, incluso, del petróleo”. Yayo Herrero, de Ecologistas en Acción, ha explicado que “una de las mayores trampas que nos ha dejado la modernidad es hablar de producción cuando se habla de los recursos naturales. No se producen minerales, ni petróleo: se extraen. En el caso del agua ocurre lo mismo”. Cuando entran en juego las grandes empresas, apuntan Barlow y Clarke, “acaparan paquetes enteros de derechos sobre el agua, agotan los recursos hídricos de una zona y se van a otro lugar”. Pablo Chamorro, de Greenpeace, explica que los grandes propietarios están comprando latifundios para lo que será la guerra del agua: “Se están apropiando de los recursos naturales para cuando el agua escasee aún más”.

La gallina de los huevos de oro

Dentro de este proceso, que pasa por la adquisición o el usufructo de vastas áreas, en la ciudad de Cochabamba (Bolivia), se obtuvo una modesta victoria contra la privatización. En el año 2000, International Water Ltd., filial de la estadounidense Bechtel, tomó posesión de la red pública de agua, y los precios se incrementaron un 35%. En las protestas murieron seis personas, hasta que el Gobierno anuló la ley de 1999 que autorizaba la privatización. Cochabamba se quedó con el control de su agua, aunque también con las deudas de International Water. Pero la tendencia general la marcó la Organización Mundial del Comercio, en el marco de su Acuerdo sobre el Comercio de Servicios, que promovió la privatización del abastecimiento de aguas. Un negocio que, según sus cálculos, proporciona ingresos extras de cerca de un millón de euros cada año. Después de aquello, el Banco Mundial impuso en sus préstamos que el prestatario debía mostrarse dispuesto a “tratar el agua como un producto más del suelo y el subsuelo”, para favorecer una privatización de la que, además de las embotelladoras, sacan tajada multinacionales como Suez y Vivendi.

En el último ciclo de la economía, el agua se ha convertido en una atracción para los inversionistas. Un 11% de la gestión del agua dulce es particular, lo que genera 200.000 millones de euros anuales en todo el mundo. La compañía suiza Pictet, que ha creado una división especializada, estima que en 2015 se habrá privatizado el 16% del suministro global.

La incidencia de esta mercantilización se palpa en países como Indonesia, donde, según la Organización Mundial de la Salud, sólo un 15% de los hogares están conectados a la red de agua potable. En México, diez millones de personas no tienen acceso a agua pública de calidad. La solución para muchos es el agua que se embotella cerca de sus hogares: Indonesia es, tras China, la mayor consumidora de envasada de Asia, y México el tercero del mundo per cápita, sólo por detrás de Italia y Emiratos Árabes Unidos.

Una clave del éxito global del agua embotellada es que las principales multinacionales del sector (Nestlé, Danone, Coca Cola y Pepsi) se han expandido en mercados como China o India a través de aguas preparadas como Aqua, Nestlé Pure Life, Dasani o Aquafina. Las marcas preparadas, es decir, aguas del grifo tratadas con aditivos, suponen el 59% a nivel mundial. El otro 41% que se envasa es agua mineral o de manantial, las preferidas en Europa, donde se encuentran seis de los diez países con más consumo por habitante.

El investigador del Pacific Institute de California y autor del informe The World’s Water, Peter Gleich, considera probable que la disponibilidad de la envasada como alternativa al agua limpia y segura municipal frene “las presiones internacionales para proporcionar agua segura a todos los seres humanos”. Más elocuente es el presidente ejecutivo de Suez, Gérard Mestrallet cuando asegura que el agua “es un producto que normalmente debería ser gratuito, y nuestro oficio es venderlo”. Para Mestrallet se trata de “un producto eficiente”, ya que nadie puede prescindir de él por mucho que se encarezca. Y así ha sido. En 1970, se consumían mil millones de litros en todo el mundo; 40 años después, la cifra sobrepasa los 190.000 millones de litros. Como indica el Earth Policy Institute, el agua envasada es entre 250 y 10.000 veces más cara que la del grifo, a pesar de que la FAO reconoce que no es mejor que el agua de red.

La clase alta bebe mineral

El consumidor tipo de agua embotellada, que en Occidente es urbano y de clase alta y media-alta, cambia completamente en otras zonas. Como refieren Marlon y Clarke, en Perú, los pobres pagan hasta tres dólares por metro cúbico de un agua que puede estar contaminada, “en cambio los más ricos pagan 30 centavos por m3 de un agua que ha sido sometida a procesos de descontaminación y que los interesados reciben a través de los grifos en sus casas”. El agua de mala calidad y distribuida a precios abusivos en camiones cisterna es, así mismo, un foco de epidemias e intoxicaciones. Para la ONU, el 80% de todas las enfermedades en los países del tercer mundo se origina a raíz del consumo de agua en mal estado.

Además, el agua envasada supone un gasto energético palpable. Se estima que cada año se dedican 1,5 millones de barriles de petróleo a la fabricación de envases. Para embotellar un litro de agua se gastan entre cinco y siete litros de agua, sin incluir el transporte y el gasto en almacenaje. Según el Container Recycling Institute, el 86% de las botellas de agua de plástico utilizadas en EE UU, líder mundial de consumo en términos absolutos, acaban en la basura. Otras fuentes indican que cada segundo se tiran 1.500 envases que nunca son reciclados.

Mientras los vertederos del mundo rebosan de toneladas de plástico, en algunos restaurantes está en boga presentar aguas, en envases de vidrio, de los glaciares y yacimientos más vírgenes y mineralizados del planeta; líquidos que pueden llegar a costar hasta 50 euros la botella.

Cruce con The Who, el grupo que lidera el movimiento mod de los sesenta y populariza la ópera rock


Con «Tommy» y «Quadrophenia», The Who aproximan la ópera rock al gran público. Lideran, junto con otras bandas, los años más intensos del movimiento mod. Prestan «Baba O'Riley» para el inicio de «CSI: Nueva York» y dejan, entre otros, «The Who. Maximum R&B Live», como vigoroso documento visual en directo


PABLO CABEZA
Gara




The Who no alcanzan la notoriedad universal de sus coetáneos The Rolling Stones o The Beatles, quizá por ser más rockeros, salvajes y dramáticos, quizá porque los grandes debían ser dos o porque sus canciones representan el punk de la época. Sin embargo, en 1967 son invitados al primer festival multitudinario de la historia, Monterrey Pop, California, 1967, donde Jimi Hendrix, influido por el Who Pete Townshend, quema en escena su guitarra. Asimismo, The Who participan dos años más tarde en el festival Woodstock. Los británicos habían conquistado EEUU antes que su propio país, Gran Bretaña. Además, la famosa serie de televisión CSI, ha utilizado varias veces a The Who como sintonías, con canciones como «Baba O'Riley» o «Join together».

Roger Daltrey nace en 1944 en Hammersmith, Londres. De los futuros The Who, será el único que provenga de familia de clase trabajadora baja. La metalurgia londinense, al igual que otros pueblos del Reino Unido, ofrece empleos para reconstruir un país golpeado por las bombas de la II Guerra Mundial. Daltrey termina sus estudios primarios y comienza a trabajar en una cadena de montaje. No obstante, desde niño siente atracción por la música y aunque en su familia no existen antecedentes, a él le da por la guitarra y por imitar a los primeros grupos de skiffle, dulce estilo que no encaja en exceso en la vida callejera del futuro vocalista y en su pasado escolar: «Yo me había criado en la calle, en un barrio de golfos, borrachos y ladrones. Desde pequeño aprendí que para que te respeten tienes que saber dar buenas hostias. Todos esos estudiantes eran gente tan estirada, tan pija, que era inevitable no partirles la boca. Ellos lo veían como un acto de delincuencia, pero para mí era lo natural. En mi barrio los problemas se arreglaban a hostias», recuerda Daltrey. Con todo, aprende a tocar la guitarra, forma The Detours y se organiza lo suficientemente bien como para conseguir un pequeño prestigio e, incluso, sacar unas pelas al mes.

John Entwistle llora por primera vez en 1944 en Chiswick, al oeste de Londres. Su padre es funcionario del Ministerio de Hacienda, por lo que puede permitirse una educación de clase media, que incluye estudios de piano y trompeta. En la escuela secundaria coincide en el aula con Pete Townshend, circunstancia que les conduce a una buena amistad, hablar de música y formar un primer grupo de adolescentes inquietos.

Daltrey tiene la oportunidad de ver tocar a John en un club y semanas después, en un encuentro en la calle, le comenta que su banda, The Detours, necesita un bajista y que piensa en él porque le considera muy bueno. John no lo ve nada claro, pero con sus experiencias musicales anteriores no ha conseguido ninguna meta, por lo que días después se presenta en el local de ensayo de Detours y termina aceptando. Definitivamente, le convencen el local de ensayo, bien perpetrado, y el hecho de que la banda ya tenga un pequeño circuito donde les contratan y pagándoles.

Pete Townshend asoma su nariz al mundo desde Chiswick en 1945. Es el único miembro de los Who que crece dentro de un ambiente musical, pues su padre es saxofonista de una banda de jazz formada por antiguos veteranos de la RAF, además, su madre vocalista de una banda llamada The Sydney Torch Orchestra. Curiosamente, lo que cuenta Pete sobre su inclinación por la música no tiene que ver directamente con el aporte familiar, sino con el hecho de desear que la gente se fijara en él por ser un músico más que por su considerable nariz, objeto de bromas en el barrio y en la escuela: «Pensaba que si conseguía hacerme un músico famoso, la gente ya no se fijaría en mi nariz, sino en mis canciones», precisa.

Detours continúa su avance a lo largo de los primeros años sesenta. Se suceden cambios de formación, de managers, de nombre... y el momento decisivo: la cita para ver si les fichaban. Prueba que se produce ante el productor discográfico Chris Parmentier, quien sentencia al final de la actuación que The Who le han gustado y que tienen potencial, pero siempre que cambien de batería. El hecho enfrenta a varios miembros de la banda, pero al final el propio Doug Sandom (el batería cuestionado y amigo) lo entiende y no pone trabas a su sustitución. The Who prueban a varios baterías, hasta que en una actuación en el hotel Oldfield un tipo del público de imagen estrafalaria comienza a gritar que el batería era muy malo y que él era mucho mejor. Pete le reta a que lo demuestre en la segunda parte del show subiendo al escenario. Keith sube, tocan cuatro temas. Moon destroza la batería, enloquece al público y a los propios Who. Keith Moon pasa a ser el nuevo batería de la banda, para lo bueno y para lo malo, pues a sus innegables cualidades como batería habría que añadirle su pasión por el alcohol, sus extravagancias, bromas pesadas, salidas de tono... y muerte. También existe una versión más tenue sobre cómo el batería consigue el puesto, pero resulta demasiado obvia para un tipo que camina por el disparate desde sus años de infancia.

Keith Moon sonríe a todo Wenbley, Londres, en 1947. Desde la escuela, Keith fue un gamberro notable, un chaval capaz de arrojar un cubo de alcohol en la perola de la sopa del comedor del colegio, capaz de disfrazarse de Hitler y parodiarle, dispuesto a reírse de los judíos sin ser antisemita... Todas sus acciones pasan a formar parte del sentido lúdico de la vida, carácter que le conduce a ser el personaje más atractivo y sugerente de The Who, el líder de la banda a pesar de la explosiva forma de tocar la guitarra de Townshend y la personalidad de Daltrey.

Insurrección

El escritor Alain Dister comenta: «En 1964 una nueva clase media con una limitada, pero considerable capacidad de consumo y surgida del boom de nacimientos de postguerra, logró que las calles de Londres se llenaran de miles de jóvenes que en tan solo unos cuantos meses y gracias en particular a los Beatles, se dieron cuenta de la existencia de una cultura nueva creada por y para ellos. El mundo adulto envejece de golpe, y se hace insoportable. Los jóvenes prefieren abandonar los estudios y encontrar cuanto antes un trabajo que satisfaga su delirio de consumo inmediato, y dentro de ese fenómeno, el ejemplo más claro sería el de los mods».

Los mods son chicos de clase media baja, la mayoría sin demasiadas expectativas de futuro, pero convencidos de que pueden proyectar una nueva actitud ante la vida. El mod rechaza el sistema de valores tradicional, propone una ruptura estética (adiós a los rockers y sus reiterativos vaqueros) y social. Sus diversas frustraciones tornan en violencia, pero también, paradójicamente, en una forma de vestir elegante, con gusto. Los rockers representan el pasado, el inmovilismo, el rechazo a los nuevos acordes. Los mod pasan de las glorias tipo Chuck Berry, Jerry Lee Lewis o Gene Vincent, prefieren el ritmo y blues escuchado a máximo volumen y atravesado por un buen puñado de pastillas de ácido.

Pete Meaden, mánager de los Who, resulta ser un personaje astuto y visionario. Entiende que el camino para sus pupilos es acercarse al creciente movimiento mod, por lo que propone que el cuarteto se vista y frecuente el entorno de los «mod-ernos». The Who escuchan a los rockers y los Stones, pero también a The Animal, The Small Faces, Them... por lo que no ven problema alguno en renegar de los rockers y apostar por la renovación. Meaden les viste de forma elegante e influye en el cambio de repertorio, mezclando el ritmo y blues con el pop de Beach Boys o The Shadows, además de las composiciones que van naciendo de la mente de Townshend.

En realidad, durante un pequeño periodo de tiempo, The Who actúan como The High Numbers, por decisión de Meaden, donde Pete ya estrella su guitarra contra el suelo y los amplificadores y Keith patea su batería hasta dejarla en aros.

La música es ya un negocio y existen un buen número de inversores dispuestos a jugarse la pasta por un nuevo grupo. Bajo estas circunstancias, Meaden es apartado del grupo, aunque no sin numerosas discusiones de despacho, acusaciones mutuas y traiciones, y Kit Lambert se hace con el poder. A Kit no le gusta el nombre, The High Numbers, prefiere The Who, como ya se llamaron ocasionalmente. EMI les rechaza, pero Decca dice sí. A finales del 64 «I can't explain» está en la calle y funciona medianamente bien. Con todo, las rencillas entre los miembros de la banda no cesan, en especial entre Roger Daltrey y Pete Townshend, tanto por culpa de las composiciones (ambos querían componer) como por la dirección musical. De hecho, Daltrey no fue partidario de que se grabara el tema «My generation», brutal composición de Pete. Kit Lambert les advierte: «Chicos, el potencial de este grupo se basa en lo que podéis hacer los cuatro juntos, no dos y dos ni tres con uno. Tenéis que sentir las canciones como si fuesen del grupo Who, aunque las escriba Pete, Roger o quien sea. Si no tenéis claro eso, y no sois capaces de transmitir esa pasión a la gente, a vuestros fans, os podéis olvidar de la música e ir pensando en volver a la fábrica». El sermón les pone las pilas, pero no cambian mucho las cosas, pues Pete y Roger siguen discutiendo de continuo en el local de ensayo.

Con todo, cuarenta años después de los primeros disturbios, The Who continúa adelante, pero sin John Entwistle, fallecido en 2002 de un ataque al corazón relacionado con el abuso de drogas, ni de Keith Moon, muerto en 1978 por abuso de pastillas.

En la actualidad la discografía de The Who ha sido reeditada casi en su totalidad. Se puede encontrar tanto a precio económico como en ediciones especiales. Y para verles en directo nada mejor que atrapar la inmediatez y el fuego del doble DVD «The Who. Maximun R&B Live» reeditado este mismo año con mucho material inédito.

"La generación de Irak acabará explotando de ira"


Andrew Sean Greer. Novelista. Publica 'Historia de un matrimonio', retrato de la descomposición de una pareja, ambientado en unos años cincuenta marcados por el miedo, el racismo y la Guerra Fría


ÁLEX VICENTE
Público




Los hombres luchaban en Corea mientras sus mujeres se ahogaban en la desolación de los suburbios residenciales: así fueron los años cincuenta en EEUU. Las esposas decentes bebían gaseosa y las orejas de Mickey se convertían en el tocado nacional. Los electrodomésticos se multiplicaban mientras el país marchaba al ritmo del consumismo desenfrenado. La amenaza nuclear sobrevolaba, la segregación racial hacía estragos y la revolución sexual aguardaba a la vuelta de la esquina.

Este es el paisaje descrito por Andrew Sean Greer (Washington D.C., 1970) en su tercera novela, Historia de un matrimonio (Salamandra), retrato de una pareja en descomposición con regusto a melodrama a lo Douglas Sirk. Un relato lleno de sorpresas en el que toca asuntos tan espinosos entonces como el adulterio, el racismo y la homosexualidad.

¿Cómo resumir un libro con tantos giros sin revelar demasiado?

Se trata de la historia de una mujer llamada Pearlie, que recuerda su juventud como ama de casa en el San Francisco de los cincuenta. Un día, un extraño llama a su puerta para contarle un secreto sobre su marido que cambiará su existencia. Quería hablar de un momento de la historia de mi país que predetermina el estado en que nos encontramos hoy, sin olvidar problemáticas ignoradas, como la subordinación de la mujer, el antibelicismo o la situación de los afroamericanos y los homosexuales.

¿No temía que fueran demasiados conflictos para una sola novela?

Sí. Tenía mucho miedo de abrumar al lector con esta acumulación, pero todavía más de ser un cobarde y ofrecer una imagen idealizada de una década que fue todo menos ideal.

Juega tanto con las expectativas del lector que se diría que tiene alma de sádico.

Soy un escritor bastante juguetón. No sé si sabe que los críticos británicos han odiado mi libro. Dicen que los escritores no deberían ser tan manipuladores como yo y que se trata de un libro malvado. ¡Me encanta!

Triunfan Mad Men y Revolutionary Road. ¿Por qué vuelven los cincuenta y los primeros sesenta?

Quizás porque se parecen mucho a la década actual. Piense en el sentimiento de ansiedad y conformismo que sucedió al 11-S: es idéntico al de los años cincuenta. Ha sido una década dura, sobre todo tras la reelección de Bush. No suelo defender demasiado a Obama, porque soy mucho más de izquierdas que él, pero la situación ha mejorado mucho. Hasta ahora, me sentía extranjero en mi país. Vuelvo a sentirme estadounidense.

Si esta década se parece a los cincuenta, ¿la siguiente se parecerá a los sesenta?

Esa es mi teoría. Todos esos jóvenes que se han pasado diez años en silencio mientras sus hermanos se iban a luchar a Irak están increíblemente enfadados. Han entendido que ser niños buenos no les ha servido de nada. Se dan cuenta de que los valores conservadores que les inculcaron eran falsos. No encuentran trabajo ni tienen perspectivas de conseguir uno. Así que estoy esperando a que exploten de ira. Aunque no tengo muy claro qué forma adoptará su revuelta. Lo que está claro es que esta revolución no será televisada, tendrá lugar en Facebook.

La generación que describe en el libro sufrió la Gran Depresión, dos guerras y el malestar de los cincuenta. ¿Por qué no estallaron?

Porque fue una generación paralizada por el miedo, prácticamente lobotomizada. La caza de brujas del senador McCarthy tuvo mucho que ver con eso. Lograron que se creyeran que la bomba atómica estaba al caer y que tenían vecinos comunistas disfrazados de americanos normales, pero programados por la Unión Soviética para asesinarlos a plena luz del día. Fueron sus hijos los que rompieron con ese silencio durante los sesenta.

La novela no sólo habla de la difícil condición de la mujer, sino también de la del hombre.

Siento una gran lástima por las mujeres de esa época, pero también una gran compasión por los hombres. Lucharon en la guerra y vieron cosas horribles, pero luego tuvieron que callárselo por virilidad. En el libro, Pearlie dice: "Qué extraño y qué triste ser hombre. Qué horror ser castigado por la vida tanto como cualquiera y no poder decir lo que sientes". Me parece la cosa más deprimente del mundo. Los hombres son entrenados para no sentir nada y para esconder su vida interior, incluso de sí mismos. Los hombres tenemos muchas ventajas en la vida, pero esta no es una de ellas.

¿Cómo lo lleva usted?

Bueno, yo soy homosexual, así que las expectativas son más bajas en lo que respecta a contener tus sentimientos [risas]. Pero, sin lugar a dudas, esta limitación siempre supone un conflicto interior para todo hombre en algún momento de su vida, sea cual sea tu orientación sexual.

¿Qué le parece el matrimonio como institución? En el libro, parece muy crítico.

Puedo parecerlo, aunque yo también me he adherido a la causa. Me casé en California, antes de que Arnold Schwarzenegger lo ilegalizara. No era un fanático del matrimonio, aunque el hecho de que tanta gente quisiera prohibirme este derecho hizo que me entraran unas ganas tremendas de cambiar de estado civil. Los escritores solemos escribir sobre cosas que desconocemos. Debe ser mi caso: pese a llevar 13 años con la misma persona, la naturaleza de las relaciones largas me sigue pareciendo un gran misterio. Supongo que necesitamos aliados en la vida. Por esos los protagonistas de mi libro están juntos, por conveniencia mutua. No es muy romántico ni es como querría vivir yo, pero sucede.

Por último, ¿puede aclarar si es verdad que a su abuela le sucedió lo que cuenta en el libro?

La historia está libremente inspirada en algo que me contó antes de morir. En mi familia, nadie la escuchaba: la consideraban una vieja loca con peluca, atea confesa en el sur de EEUU que es como ser marciano, bastante racista y muy pesada. A mi padre no le ha hecho ninguna gracia que airee los secretos familiares. Pero su historia era importante: en los cincuenta, sin dinero, sin educación y sin opciones vitales, no tuvo otra opción que hacer lo que se esperaba de ella. Fue una mujer increíblemente inteligente a quien nadie dio ninguna oportunidad por el simple hecho de haber nacido en el momento equivocado.

Tom Petty: Ese clásico semidesconocido (guía para principiantes)


Nunca ha tocado en nuestro país, Europa no entra en sus coordenadas y, sin embargo, pese a saber poco de él (se le conoce más por su participación en los Traveling Wilburys), Tom Petty es una figura esencial del rock norteamericano, un músico de corte clásico a la altura de los más grandes. Para aquellos que no sepan demasiado de él, aquí va esta guía para introducirse en lo esencial de su discografía


JUANJO ORDÁS
Efe Eme




Tom Petty es el luminoso rock californiano de The Byrds, las perfectas melodías de The Beatles, la firmeza lírica y rockera de Dylan junto toda la amalgama de sonidos enraizados en la tradición norteamericana. Pero con más contundencia que el grupo de Roger McGuinn, más feroz que los fab four, sin la retórica del de Duluth y aglutinando blues, folk o country sin purismos.

Su temperamento musical y estilo personal hacen del de Florida (con o sin su brutal banda de acompañamiento, The Heartbreakers) un músico inimitable, famoso por su magnífica obra y por el control que ejerce sobre ella. El hecho de no haber trabajado Europa como mercado ha impedido su crecimiento como fenómeno dentro de nuestras fronteras, aunque en EEUU sea una leyenda viva que toca para multitudes. No obstante, la influencia de Petty se aprecia en los nuevos genios musicales españoles como Quique González (¿alguien recuerda ‘Fiesta de la luna llena’?) o en bandas consolidadas como Los Secretos.

La edición de la fantástica y enorme caja “The live anthology” (también en versión reducida y más económica) nos lleva a repasar algunos de los discos fundamentales del americano, puntos de inflexión en una carrera dorada. No están todos los que son pero sí son todos los que están, paradas obligadas para rememorar a un artista tan legendario como Young, Springsteen o el mismísimo Dylan o para iniciarse en su granada discografía.

EL DEBUT:
“Tom Petty and The Heartbreakers”
(SHELTER RECORDS, 1976)

Sólido y espectacular primer trabajo de Petty y sus Heartbreakers, un disco homónimo que presenta excelentes credenciales, con influencias bien diluidas y un estilo propio. La particular voz de Petty resulta sutil y aguerrida cuando es necesario, pero siempre refinada y muy distinguida. Esta inicial colección de canciones resulta perfecta –cada tema está colocado en su exacto lugar–, con distintos ambientes pero todo prensado por una producción sofisticada, cercana a la new wave. No solo contiene el luminoso clásico ‘American girl’ (tema bandera de Petty) sino también las nocturnas ‘Breakdown’ (otro clásico de su cancionero), ‘Strangered in the night’ (con su socarrón estribillo) y paradas en atardeceres taciturnos como ‘The wild one, forever’. El fraseo de Petty en ‘Anything that’s rock and roll’ y su juego de guitarras junto al solista de los Heartbreakers, Mike Campbell, indican dos cosas: Que el primero es un líder nato capaz de reactualizar el rock tradicional y que el segundo no solo es genial a las seis cuerdas, sino que como mano derecha de Petty es imprescindible. Mención a parte también merecen las teclas de Benmont Tench, quien acapara protagonismo en más de una ocasión, articulando con elegancia clásicos como el citado ‘Breakdown’ junto a la cálida batería del soberbio Stan Lynch o aportando nervio a ‘Fooled again (I don’t like it)’. El citado batería, junto a un muy buen bajista como es Ron Blair –gran trabajo el de este hombre en ‘Rockin around (with you)’– forman una sección rítmica impecable, más vibrante que precisa, con alma y rock and roll.


LA EXPLOSIÓN:
“Damn the torpedoes”
(MCA, 1979)

Fue este, su tercer disco, el que lanzó a Tom Petty and The Heartbreakers al estrellato del rock americano. Algo lógico, “Damn the torpedoes” es magnífico, aunque sus dos predecesores no le andaban a la zaga. El exultante Petty de la portada no engaña, sabe que se trae una enorme colección de canciones entre manos y que la banda echa chispas cuando toca. La antítesis entre dos singles como el oscuro ‘Refugee’ y el brillante ‘Don’t do me like that’ fueron las dos ruedas sobre las que “Damn the torpedoes” se lanzó, pero aquí había más, mucho más.

‘Here comes my girl’ proponía un modelo específico de canción, con estrofas habladas, un puente cantado y un estribillo fulminantemente hermoso. El órgano de Benmont Tench vuelve a ser parte fundamental del disco en combinación perfecta con la guitarra rítmica de Petty y la soltura de Campbell, quien completa los temas con escogidos arreglos y su alambicada guitarra solista. Buen ejemplo de todo ello son las radiantes ‘Even the loosers’ y la ya citada ‘Don’t do me like that’, ambas clásicas de sus conciertos aunque la última fuera rescatada del repertorio de Mudcrutch, banda seminal de Petty, Campbell y Tench.

“Damn the torpedoes” son buenas vibraciones constantes, un petardazo de electricidad americana preparado para dinamitar un estadio tras otro. Y eso es lo que afotunadamente hizo, pues las disputas entre Petty y la discográfica dejaron a este en una débil situación económica aunque acabó saliéndose con la suya. En cualquier caso, el disco reventó las listas y demostró a la industria que Petty defendía su obra e integridad hasta las últimas consecuencias.

EN SOLITARIO:
“Full moon fever”
(MCA, 1989)

Primer disco en solitario sin el respaldo de los Heartbreakers –tan solo Mike Campbell fue mantenido en nómina, los demás, meros invitados– y con Jeff Lynne (Electric Light Orchestra) como mano derecha. Petty precisa liberarse del peso que supone liderar a una banda y jugar con nuevas dinámicas creativas junto a Lynne. “Full moon fever” es un trabajo que los Heartbreakers jamás habrían grabado, con un sonido de autor más que de banda, moldeable y dúctil incluso en las piezas más aceleradas. Hay mucho más espacio en las canciones, más oxígeno.

Se abre con ‘Free fallin’ (una canción digna del mejor songwritter), hace hueco para la acústica y folkie ‘Yer so bad’ y cede espacio para apuntes rockeros de categoría como ‘Running down a dream’ (¡atentos a ese riff!) o la melodía de ‘Love is a long road’. En el imparable single ‘I won’t back down’ (un inmejorable medio tiempo pop de guitarras meditadas) se deja escuchar la guitarra y coros de George Harrison aunque también hay que mencionar las voces de Howie Epstein, el otro gran bajista tras la salida de Ron Blair, que contribuyó a la banda con su talento a las seis cuerdas y a las voces (él permitió que Petty pudiera jugar con aún más con armonías vocales).

Pese a tratarse de un disco en solitario, las canciones se incorporaron al repertorio de los Heartbreakers, con la banda haciendo suyas piezas con las que apenas habían tenido nada que ver. “Full moon fever” ayudó a Petty a romper fórmulas y a mantener viva a una banda que supo interpretar los deseos de su líder en solitario y adaptarlos a su historia grupal.

EL RECOPILATORIO:
“Greatest hits”
(MCA, 1994)

Para aquellos que deseen introducirse en la obra de Petty sin recurrir a ningún disco concreto existe este “Greatest hits”, editado en 1994. Hay otras recopilaciones más completas, pero esta no solo es efectiva y la más económica de todas, sino que es la que contiene dos temas inéditos, una versión de ‘Something in the air’ de Thunderclap Newman y una canción de nuevo cuño, la magnífica ‘Mary Jane’s last dance’.

Estas fueron las últimas grabaciones del batería Stan Lynch junto a la banda. El músico se sentía molesto por las escapadas en solitario de Petty, resultándole complicado asimilar que las canciones del líder formaran parte del repertorio de los Heartbreakers.

El repaso concluye con temas del que fue el disco de regreso de Petty junto a los Heartbrakers, “Into the great wide open” –en cuya gira se había incorporado como miembro permanente el multiinstrumentista Scott Thurston (Iggy Pop, Stooges)– y con las citadas inéditas, por lo que da una cobertura certera y no demasiado extensa de la carrera del músico y su banda. Además, obviamente se incluyen temas que no aparecen en los discos reseñados en este artículo y que son imprescindibles como ‘Listen to her heart’ o ‘The waiting’.

LA MADUREZ:
“Wildflowers”
(WARNER, 1994)

Tras “Into the great wide open” y el “Greatest Hits”, Petty regresa en solitario al estudio de grabación, aunque el título engaña. Firmar “Wildflowers” únicamente con su nombre viene a ser una cuestión de dominio creativo más que un golpe autoritario. Y es que para este trabajo Petty se rodeó de los Heartbreakers como acompañamiento, con él y el productor Rick Rubin controlando la grabación. Y es que parece que el líder disfruta de estas pequeñas fugas que se traducen en trabajaos más personales y menos grupales.

El legendario músico de sesión Steve Ferrone se incorpora como Heartbreaker para sustituir a Stan Lynch y dota a “Wildflowers” de uno de los mejores sonidos de batería que se hayan escuchado nunca, contundente y limpio.

“Wildflowers” es un disco campestre, aunque no necesariamente acústico. Sí, hay canciones de corte desenchufado (‘Wildflowers’) y sin distorsión (la melancólica ‘It’s good to be king’, un encuentro entre Dylan y los Fab Four) pero también piezas eléctricas de temática rural (las indómitas ‘Cabin down below’ y ‘Honey bee’ podrían ser entonadas por un red neck en un buen día) o reflexivos temas que también tiran de enchufe (el genial sigle ‘You don´t know how it feels’ o‘Time to move on’, con un gran teclado de Benmont Tench). La citada influencia de los Beatles (‘Only a broken heart’, ‘To find a friend’ con Ringo Starr de invitado) se hace sentir con más fuerza que nunca en un trabajo artesanal, hermoso y magnífico en el que Petty se consolida como un gran letrista, capaz de crear imágenes a partir de esbozos de lenguaje.

A lo largo del disco, el bajista Howie Epstein no solo ejecuta un gran trabajo a las cuatro cuerdas, sino que provee armonías vocales preciosas que se ajustan a la voz de Petty a la perfección, con una sensibilidad única. Epstein moriría por abuso de drogas en 2003. Con el dolor en sus corazones, Petty y la banda le reemplazaría por Ron Blair, su primer bajista. Nadie ha dejado jamás de hablar bien de él.

LA CAJA:
“The live anthology”
(WARNER, 2009)

Fabulosa caja que repasa en cinco CDs algunos de los mejores momentos de Tom Petty y los Heartbreakers sobre el escenario, aparte de un completísimo libreto (Petty comenta cada una de las canciones), un EP pirata facsímil, un DVD con un documental parcialmente inédito sobre la grabación del ya comentado “Wildflowers” y un DVD con un concierto del 78. Impresionante. Existe una versión sencilla compuesta por cuatro CDs, aunque el desembolso por el paquete completo bien vale la suma que cuesta.

Centrándonos en la parte exclusivamente musical, los cinco CDs se nutren de grabaciones de distintos conciertos, aunque se han tratado de tal forma que el sonido es completamente homogéneo y sin fisuras, ¡realmente no se sabe cuándo se salta de una época a otra! Quienes deseen disfrutar de un concierto completo puede hacerse con alguno de los múltiples DVDs que Petty y su banda han editado a lo largo de los años, en “The live anthology” el concepto es recorrer la historia del grupo y un buen puñado de sus mejores canciones. Hay que insistir en el trabajo que ha debido suponer para el ingeniero de sonido Ryan Ulyate empastar con tan buena mano temas que van desde los setenta hasta prácticamente la actualidad; aunque Petty y Campbell también han trabajado lo suyo junto a Ulyate escuchándose más de tres mil canciones.

Lo mejor de todo es que cada disco tiene una estructura muy pensada que hace de cada CD una pieza con ritmo propio. Claro que se pueden escuchar todos seguidos, pero individualmente funcionan a la perfección, como pequeños conciertos independientes con sus medidos inicios, sus detonaciones rockeras, sus momentos intimistas y sus estampidas finales (quizá el tercer CD se centre un tanto más en el desarrollo instrumental, que no canciones instrumentales). Una gran idea que hace de su escucha una delicia.

Pero los temas seleccionados no solo se ciñen a los clásicos. Claro que aquí se encuentran muchas de las canciones que se han citado a lo largo del presente texto (aunque en el tintero quedan algunas imprescindibles como ‘Listen to her heart’ y ‘Walls’) pero gran parte de lo atractivo del repertorio son los temas inéditos (‘Surrender’ y ‘Melinda’ son prodigiosas) y las diecisiete versiones desperdigadas a los largo del minutaje con estupendas redenciones de Grateful Dead, Willie Nixon The Byrds.

«Fiare decidirá en 2010 si se une a la Banca Popolare y a La Nef» Peru Sasia


El director del proyecto de Banca Etica Fiare, Peru Sasia, explica que en 2010 tendrán que adoptar una decisión en cuanto a crear una cooperativa de crédito en el Estado español o unirse con sus aliados Banca Popolare de Italia y la francesa La Nef para iniciar un proceso cooperativo europeo

JUANJO BASTERRA
Gara




El proyecto Fiare de Banca ética tendrá nuevos retos en 2010. El principal, decidir si avanzan en un proyecto conjunto con Banca Popolare Etica, de Italia y la francesa La Nef, para crear una cooperativa de crédito europea. También se extenderán a nivel local para fortalecer el proyecto y estar al pie de la necesidad social. Después de seis años en que la iniciativa echó a andar, Sasia destaca que el proyecto de banca ética no sólo es necesario sino que será una herramienta imprescindible para quienes quieren avanzar hacia la transformación social.

¿Va bien el proyecto Fiare?

Va bien. Es sólido. El proyecto ha cogido fuerza después de seis años del inicio. Cada día estamos más seguros de que el proyecto puede salir adelante. Es bueno porque la articulación estatal está resultando consistente. Hego Euskal Herria sigue siendo una parte importante del proyecto, es una red que tiene una alta densidad respecto de otras redes. Pero el 16 de enero se integra el primer germen de la territorial gallega y más tarde echará a andar la canaria. Estamos generando un entramado organizacional que nos acerca a las más de cuatrocientas asociaciones que nos da un suelo muy sólido. La red de social es ya muy sólida en Hego Euskal Herria, Catalunya, Comunidad Valenciana, Madrid-centro, Andalucía-Extremadura y Castilla León.

¿Por dónde debe ir el proyecto ahora que se consolida la red social de apoyo?

Sabemos que en condiciones económicas desfavorables como las actuales, el objetivo de reunir 5 millones de capital social y 100 millones entre ahorro y préstamo son punto de partida muy razonable para que el proyecto vuele con cierto grado de autonomía. Requiere de una actividad intensa para la recogida de capital social, más territoriales, que traigan volumen y recursos iniciales, pero vemos que esas son las claves para la sostenibilidad de este proyecto.

¿Con qué datos se cierra 2009?

La foto fin de año es de un capital social de 1.250.000 euros, más la suma de ahorro y préstamo estará entre 32 y 33 millones. Objetivo 2010, es conseguir 2,5 y 3 millones de capital social, para añadir al que ya tenemos.. Crecer en financiación más que en ahorro. Porque se está notando que hay más aumento de demanda de necesidades de crédito entre el colectivo que atendemos. Este año vamos a conceder tanta financiación como ahorro recogido. Es muy significativo. Quiero decir que los créditos han aumentado en todo el año y cerraremos con unos 4 millones de concesión este año. Estamos 300.000 euros mensuales para un proceso como el nuestro de articulación social y de alternativa económica es muy importante.

¿Está satisfecho?

Sí. Sólo hemos caminado dos años con actividad, y seis años desde el primer paso. Es poco tiempo, porque estamos hablando de construir un banco, que funcione de forma alternativa. Es un período corto. Estamos contentos. Hemos visto que hay necesidad, demanda y que tiene sentido Fiare, si se construye bien, va a ser un bien social, aunque ya lo está siendo.

¿La crisis genera más demanda de la Banca Etica Fiare?

Sí. Hay un cierre de grifo evidente de las entidades financieras convencionales que muchas veces no está motivado porque el solicitante no sea solvente y no tenga avales, garantías o un bien para hipotecar no; viene motivado porque el solicitante es una ONG o una asociación. Pero simplemente por eso se cierra grifo o no se renuevan créditos. Buena parte nuestras operaciones están realizadas en condiciones que la mayoría de los bancos no admitirían. No todas, hacemos operaciones bancarias estrictas. Lo hacemos así, sin aumentar la morosidad, que en nuestro caso es casi nula.

¿El sistema financiero clásico está en crisis?

Sí. Esta crisis. Fue financiera en su génesis, después ha sido un «tsunami económico». A quienes más afecta son a quienes tienen problemas porque se han quedado en paro, son organizaciones sociales, gente con riesgo de exclusión, etc. La crisis financiera ha demostrado debilidades del sistema muy evidentes. Por ejemplo, el crecimiento desmedido de las actividades especulativas y, por lo tanto, el alejamiento de la intermediación del bien social, que en el sector bancario significa conectar ahorro y préstamo. Pero en cuanto empiezas a utilizar el dinero como mercancía inicias una carrera hacia el riesgo, porque su bien social es muy difícil de mantener. Ha demostrado, no por primera vez, que tiene pies de barro, que en la medida de que puede estar basada en el incremento imparable del mercado inmobiliario se puede sostener, pero si pincha la burbuja como antes lo hicieron las `telecos' y otras, se acabó. Ese ese sistema requiere revisión.

¿Fiare qué puede hacer?

Es cierto que sobre esto siempre hay dos niveles. Requiere revisión a escala macro, pero Fiare no toca esa escala. Plantear hoy una alternativa formal y completa al sistema capitalista y neoliberal creo que es difícil. Pero es pertinente rescatar el protagonismo de la ciudadanía en las cuestiones económicas. Es necesario activar palancas de transformación, de gérmenes, de alternativas que vayan creciendo hasta donde sea, parece una exigencia de justicia en estos tiempos. Ahí estamos nosotros.

¿Qué objetivos se marca Fiare para 2010?

Es condición imprescindible para garantizar una buena banca ética crear una buena herramienta financiera que ofrezca productos y servicios, pero construyéndola al mismo tiempo que la red social, que es dueña del proyecto que es capaz de mantenerlo y seguir adelante. Hay un tercer elemento que para que se siga generando producción cultural, sensibilización, cambio de valores, se debe alimentar con esta leña esa base social, porque trabajar a contracorriente desgasta. Después de crear redes de organizaciones más territoriales, tenemos que actuar en 2010 hacia abajo creando grupos de implantación local, personas y colectivos que a nivel de pueblo desarrollen esa labor, que mantienen vivo el producto y generan interacción con la herramienta financiera, para captación de proyectos. En Gipuzkoa están funcionando ya.

¿Estar pegados al terreno?

Así es. Se trata de conseguir una intermediación financiera al servicio de la Justicia. Eso lo puede decir cualquiera. Para empezar hay que tener voluntad y hay que saber cuáles son los retos de la Justicia. El estar pegado a la calle te da esas claves diferenciales. Si no es así, podemos caer en la cantidad de barbaridades que se hacen con la intervención microfinanciera en el Sur, que se hace por grandes organizaciones europeas, y por la UE, que envían fondos sin saber cómo gestionar, sin empoderar a las contrapartes. Fiare no quiere hacer así, necesitamos grupos locales que nos digan que ese crédito hay que darlo, porque lo saben ellos, porque están al pie de calle.

¿La ficha bancaria como está?

En 2010 tendremos que tomar la decisión de si nos fusionamos con bases sociales similares, aliadas, con la italiana Banca Popolare Etica, con la la que caminamos juntos desde el inicio del proyecto, y La Nef francesa. Entre las tres analizamos la posibilidad de constituir un proyecto cooperativo europeo de banca ética implantado en esos tres estados, inicialmente. La decisión de fusionarnos o no la tomaríamos en 201o y la ejecutaríamos a inicios de 2011, antes de lo previsto en los planes.

¿Qué supondría esa alianza?

Conduciría a la apertura de oficinas en el Estado español y a que nos dotásemos de productos como cuentas corrientes, banca internet, tarjetas de créditos y cosas por el estilo. 2010 será muy importante, cerraremos las condiciones básicas de sostebibilidad del proyecto y si avanzamos a una cooperativa de crédito a nivel europeo o estatal. la línea que más trabajamos ahora es la integración europea. Es una foto que de partida permitiría en 2011 una cooperativa con 80.000 socios con los tres socios y más de 1.000 millones euros de depósitos. .

¿2010 será problemático?

Sí. Con la crisis ocurre algo doloroso, ya que procesos de inserción social que se han costado sangre sudor y lágrimas no es que se paren, sino que retroceden dos o tres años. Cuando los titulares de la prensa digan que se ha salido de la cris, habrá gente que se ha quedado dos o tres años atrás y tiene que empezar otra vez. Va a ocurrir. Organizaciones frágiles y personas que han estado en paro las veremos que se han ido a la cola del desastre. Ocurrirá en 2010.

«El capitalismo ha fracasado y es injusto»

¿Qué piensa cuando entre sus objetivos se encuentra reunir dos millones de capital social, cantidad que cualquier caja o banco la obtiene cada día?

No hay que confundir el volumen con la densidad, porque son dos variables distintas. Procesos como el nuestro van creciendo por decisiones de muchos ciudadanos, organizaciones, que son actuaciones a contracorriente del modelo actual. El proceso es lento, pero es más sólido y crece con más fortaleza. Es cierto que el mercado nos empuja al consumo, a decidir sin pensar. Si como ciudadanos estamos en manos de quienes controlan el consumo, estamos en manos de aparatajes que de una u otra maneras nos anulan como persona. Proponer alternativas que te solicitan que nades a contracorriente es muy bueno, pero cansa un motón.

¿Y que los gobiernos apoyen directamente a bancos y cajas con recursos económicos?

Varias cosas. La primera es que nos cuelan con demasiada facilidad razonamientos de índole consecuencial basados en el utilitarismo y que tienen más agujeros que un colador. Las asociaciones sobre las que se construye Fiare estamos acostumbrados a tener contactos con la Administración para proponerles convenios de colaboración, pero te ponen una cantidad de condiciones enormes. Sin embargo, un par de eslóganes en la televisión dichos por un responsable de un banco indicando que hay que salvar esta entidad porque es demasiado grande para quebrar, porque si así ocurre la gente se va a la calle y disminuye el consumo, conectan causa y efecto lo que justifica que aflore dinero que no había antes para terminar con el hambre en el mundo y contra la pobreza, objetivos de Desarrollo del Milenio, por ejemplo. No hay procesos de toma de decisiones basados en la búsqueda del bien común y de la justicia social, sino del más fuerte.

¿Ha fracasado el modelo neoliberal capitalista?

Sí. Es injusto. Ha dado fortunas a unos pocos que no tienen tiempo ni de gastárselas. Y al mismo tiempo seres humanos están muriendo de hambre y, lo que es peor, un niño cada tres segundos. Genera desigualdad. Es obsceno.

Pequeño catecismo para la clase baja – August Strindberg


SRA. CASTRO
Solodelibros




Capitán Swing Libros reúne en Pequeño catecismo para la clase baja, el texto así titulado junto con varios otros que recogen las ideas que el escritor sueco August Strindberg albergaba respecto a algunos de los temas más candentes de su época, como la lucha de clases o la cuestión femenina.

Lúcido e irreverente, Strindberg se muestra además en estos textos como un observador implacable, iconoclasta, sin pelos en la lengua y dispuesto a hacer oír su voz sin prestar atención a las consecuencias, e incluso vanagloriándose de ellas. Strindberg se jacta en algunos de estos textos —que abarcan un periodo de treinta años, aproximadamente desde 1880 a 1910—, de haberse visto obligado a auto exiliarse como consecuencia del clima contrario a su obra y su persona que respiraba en su país, o haberse visto ninguneado como autor por algunos intelectuales suecos.

Entre los escritos que recoge Pequeño catecismo para la clase baja se encuentran un texto que habla sobre lo que entonces se conocía como la cuestión femenina: el prólogo que preparó para su polémica colección de narraciones cortas dedicadas al matrimonio, publicada bajo el título de Giftas (Casarse). Strindberg fue un terrible misógino, pero no hay que perder de vista que su misoginia era fruto de varias experiencias sentimentales desastrosas. De modo que, más que en contra de la mujer, el autor se mostraba en contra del matrimonio.

Más concretamente, Strindberg era contrario al matrimonio burgués, en el que veía una condena para el hombre, obligado a trabajar y servir a una mujer de por vida. Por ello, era partidario de la educación o el sufragio femenino, es decir, de todo aquello que significara mayor igualdad entre sexos; lo que redundaría en una nueva clase de matrimonio, el cual la mujer no viera como un negocio, ni el hombre como una servidumbre.

En contra de la servidumbre se muestra también en los textos dedicados a la lucha de clase, como el que da título a esta recopilación, pero también Barrizal otoñal o Si la clase baja supiese. En estos textos defiende la existencia de una clase productiva, entendida como la que produce cosas necesarias, dotadas del valor que les confiere su utilidad; la cual vive sojuzgada por la clase improductiva, aquella formada por quienes no sólo no crea nada empíricamente útil, sino que explota a la clase productiva.

Para Strindberg la clase improductiva somete a la productiva gracias a la moral, la religión y las leyes, que el autor juzga como ardides inventados para mantener el statu quo por quienes ponen las reglas del juego deseando mantener ventaja, es decir, no perder los privilegios que se han arrogado.

Puede que Strindberg sea excesivo, su carácter rebelde roza en ocasiones lo destructivo. Pero su franqueza sin ambages dota a sus escritos de una fuerza demoledora, que puede resultar incómoda, pero es sobre todo genuina y hasta necesaria. Strindberg apuntaba a los males de su época, resaltándolos, en ocasiones incluso deformándolos bajo la lupa de aumento de su propia opinión. Y si alguna vez peca de jactancioso, casi siempre sorprende por la honradez y valentía con las que juzgó su tiempo.

El dolor hecho música, Vic Chesnutt


KEPA ARBIZU
Lumpen




Es habitual que el mundo del rock, al igual que sucede en otras artes, alabe y tenga admiración por músicos que entre su biografía cuentan con algún hecho dramático, y mucho más si este acontecimiento tiene influencia en su creación. Igual de normal es que esta situación, muchas veces, haga despertar cierto recelo en el oyente a la hora de discernir si dicho encumbramiento es motivado por motivos objetivos, artísticos, o por puro morbo. A cualquiera que le asalte esta duda respecto a Vic Chesnutt, encontrará en su música la respuesta a esta diatriba.

Y es que el día de Navidad fue el elegido, como una suerte de macabra coincidencia, por este músico de Athens, postrado en una silla de ruedas desde los 18 años como consecuencia de un accidente de tráfico, para desaparecer y confirmar la noticia que desde horas antes, y entre rumores de "estados de coma", suicidios y deudas, se estaba escuchando.

Apadrinado por Michael Stipe de REM, oriundo de la misma localidad, Chesnutt ha sido capaz de desarrollar un estilo que supera lo musical y donde la literatura sureña, su dolorosa situación y un folk adornado de multitud de influencias conformaban su profunda, no exenta de ironía, visión de la vida. Es ya con su segundo álbum, “West of Rome”, donde se destapa como un genial compositor, con una capacidad para transmitir emociones al alcance de muy pocos. Construido con un sonido clásico y donde predomina lo acústico, cantos desgarrados como “Sponge” son el aviso inequívoco de que estamos ante alguien especial. Acto seguido llegarían “Drunk” y “Speed racer”, el documental realizado por el cineasta Jem Cohen, amigo y parte importante en la carrera del músico, que hacía un acercamiento en profundidad a su figura. Respecto a su disco sirvió para demostrar la inconformidad de Chesnutt y que su sonido no estaba sujeto a ningún canon de la canción tradicional. Aquí se acerca a sonidos mucho más duros y no tiene ningún problema en poner en primer término las guitarras eléctricas. Eso sí, todo puesto al servicio de su peculiar y exclusivo mundo.

El espaldarazo definitivo para convertirse en un nombre importante, y reconocible, dentro de la escena independiente del rock se lo da el homenaje, a modo de disco, que le dedican varios de sus compañeros. Se confirma que su influencia no se reduce a la gente que se mueve exclusivamente en sus parámetros, de hecho la mayoría de la nómina de grupos que interpretan sus temas en “Sweet relief II: Gravity of the situation”, son cercanos al rock de guitarras (Garbage, REM, Cracker, etc..), salvo alguna sorpresa como la de Madonna. A los pocos meses aparecería “About to Choke”, otro sobresaliente disco que demostraba lo merecido del reconocimiento que estaba alcanzando.

Otro de los elementos claves en la figura de Chesnutt era su propensión a colaborar y participar con grupos de su agrado. Así se gesta “The Salesman and Bernadette”, con el grupo Lambchop como acompañamiento para sus temas. Un disco variado, con diferentes matices. Con los componentes de Widespread Panic decide formar un proyecto llamado Brute, de efímero recorrido y que pretende mezclar el rock sureño y el folk. Y es que a partir de esos momentos sus discos van a a estar trufados de diferentes apariciones. Por ejemplo, en “Gheto Bells” son el multidisciplinar guitarrista Bill Frisell y el magnífico, y a veces excesivo, Van Dyke Parks los elegidos. En “Merriment”, sin embargo, la composición musical corre a cargo de Kelly y Nikki Keneipp. Todos estos trabajos van reafirmando la figura de un Chesnutt que no deja de crecer en casi todos los ambientes musicales. Su facilidad para saltar de estilos dentro de esa base folk que mantiene, y su cada vez más atinada voz, serena y minimamente rasgada, hace que su número de seguidores y admiradores aumente.

Entre medias de estos discos aparece el magnífico “Silver lake”. Apoyado por un buen número de músicos curtidos en otros grupos, proporcionados por su productor Mark Howard, el resultado es un trabajo fabuloso, donde más que nunca todos los géneros pasan por su mano, y desde el soul hasta el pop quedan impregnados de su personalidad.

En el 2006 el cambio de discográfica trajo consigo la realización de “North star deserter”, al que se le podría llamar su último gran clásico. Acompañado, entre otros, por Thee Silver Mt. Zion ( o cualquiera de los nombres, a cada cual más extravagante, con los que se hicieron llamar) , grupo formado por miembros de diferentes bandas pertenecientes a la propia compañía Constellation, que ponen a la disposición de Chesnutt su peculiar sonido, resultado de influencias tan dispares como la música clásica o el punk rock. Como consecuencia, un vendaval de sensaciones donde la tranquilidad y el tono reflexivo, en muchas ocasiones, se transforma en explosiones de fuerza.

“Dark developments” es su anteúltimo trabajo de estudio, en el que la colaboración de Elf Power insufla algo de su pop-rock contagioso al sonido habitual. “At the cut” sirve como último capítulo de la discografía de Chesnutt. En él, recupera algunos colaboradores de su disco “North star deserter” y sin llegar a tener la magia de éste, se convierte en un digno final de uno de esos músicos a los que se les puede adjudicar la manida frase de que “ha creado escuela”. Es la despedida a uno de los artistas más influyentes y con más talento, dentro del rock, en los últimos años. Sus hondas melodías, su desesperación hecha música, y por encima de todo, su capacidad para crear melodías tan contagiosas (dolorosamente contagiosas), son cosas que ni su muerte podrá borrar.

Clint Eastwood: Del cero al infinito, y vuelta


En Hollywood hubo estrellas de todos los tamaños y condiciones, pero ninguna con un recorrido tan fijo y al tiempo tan errático hacia el Olimpo. La biografía de Patrick McGilligan detalla el viaje con rigor y aspereza. Eastwood lo espera armado a la salida del Saloon


E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
ABC




Patrick McGilligan, historiador y biógrafo de algunas de las piezas más prestigiosas y deseadas de Hollywood, como Robert Altman, George Cukor, Jack Nicholson, James Cagney o Fritz Lang, tiene colgada en la pared de su bibliografía la cabeza de su animal más preciado, Clint Eastwood, caza mayor, el elefante blanco que casi se lo lleva por delante en 2002 cuando apareció la biografía escrita por McGilligan y el director le interpuso una demanda por diez millones de dólares. Casi nadie que se ha enfrentado a Clint Eastwood, dentro o fuera de la pantalla, lo ha contado luego sin que le temblara la voz... Es casi un refrán de nuestra época: Cuando se pone a disparar, Eastwood nunca deja munición en el arma.

El caso es que McGilligan consiguió llegar a un acuerdo con Eastwood y se publicó en Estados Unidos con el título de «Clint, the Life and Legend». Y el próximo 22 de enero aparece en España -traducido por Eduardo García Murillo- con el de «Biografía. Clint Eastwood» (Lumen Editorial) y se han incluido en ella las últimas películas de este hombre octogenario, enérgico y diligente.

Lista de damnificados

Es un recorrido asombroso, profundo, a veces terrible por su vida y por su obra, y que ha construido McGilligan con muchos elementos, algunos de los cuales tan poco propicios al biografiado como la animadversión o el resentimiento, y no del autor, obviamente, sino de aquellos que contribuyen a la narración, y la lista de daminificados en una vida tan compleja, intensa, impetuosa y egocéntrica como la de Clint Eastwood es tan grande, al menos, como la de beneficiados y arrimados.

En cualquier caso, esta biografía (no autorizada) es el contrapunto perfecto a la que en 1996 publicó Richard Schickel, tan oficial y autorizada que su único punto de vista era el del propio Eastwood y de la que algún crítico literario malintencionado llegó a decir que la había escrito Schickel «como si Harry el sucio le hubiera estado apuntando a la cabeza con su Magnum».

El trabajo de McGilligan con la historia de Clint Eastwood empieza en la pura minería: tira del hilo genealógico del personaje hasta que llega a los primeros Eastwood irlandeses que llegan a Estados Unidos, en el siglo XVII. Y el primer varón de su estirpe nacido en suelo americano fue Lewis Eastwood, en 1746... Y así se llega hasta Clinton Eastwood Sr. que se casó con Margaret Ruth Eastwood, quien dio a luz en San Francisco, el 31 de mayo de 1930, a un niño grandote (¡seis kilos!) al que llamaron Clinton y que pronto asumió el diminutivo de su propio padre: Clint.

Persigue minuciosamente al personaje en lo que él mismo ha denominado «años de mierda», durante la Depresión y la Segunda Guerra Mundial, mientras consolidó su educación (que no fue universitaria) y consolidó sobre todo sus ciento noventa y dos centímetros y una personalidad tan prieta que crujiría en las siete siguientes décadas.

Sin perdón

El camino que toma pronto la biografía de McGilligan es tan crítico con la persona como con el profesional del cine, y atiende de modo paralelo sus grandes aventuras amorosas y cinematográficas dejando la siguiente impresión: Clint Eastwood se fue construyendo poco a poco y transformando en uno de los cineastas más grandes que ha habido nunca (este entusiasmo no se le nota a McGilligan, más cercano sin duda a las ideas sobre Eastwood de otros críticos como Pauline Kael, que siempre lo despreció abiertamente), pero, en cambio, en lo que concierne a su lado humano y masculino, fue desde el principio y siempre un triunfador, un tipo al que persiguieron (y alcanzaron) las mujeres por centenares y que tuvo hacia ellas tanta afición como inspiración, aunque se le atribuya ese tipo de arbitrariedad hacia sus parejas más propio de la climatología, en la que unos días llueve y otros hace sol.

Hay pasajes en la biografía que nos presentan a Clint Eastwood como a un William Munny en su escena final de «Sin perdón», alguien tan frío e implacable que da auténtico miedo, como por ejemplo aquel en el que se cuenta cómo despachó a Sondra Locke, actriz con la que había vivido varios años, y cómo fue capaz de pleitear contra ella con tal de no dar su brazo a torcer; en realidad, no darle la casa de Stradella Road, que le «había regalado». Porque, uno de los rasgos más visibles y abombados de la naturaleza de Clint Eastwood, más aún que su dureza, su lirismo o su tozudez, era su tacañería.

Y algunos de sus colaboradores más cercanos durante años, como el productor Fritz Manes, Bob Daley, Philip Kaufman o el montador Ferris Webster, y que salieron de Malpaso poco menos que de un puntapié del propio Clint, son parte de los narradores de esta biografía que se torna ácida según avanza.

Pero, del mismo modo que se subraya lo implacable del hombre, se deja entrever (o no se puede ocultar, al menos) su impresionante visión del cine y su personalísimo modo de afrontar una filmografía mayúscula. Se rindió el público; se rindió la crítica; se rindió Europa y el Festival de Cannes; se rindió el Oscar... Todo el mundo se ha rendido a Clint Eastwood, y él, su icono, no se ha rendido a nadie.

El gran legado musical de cinco pequeños dotados de unas cualidades vocales únicas, Jackson Five


Jackson Five es un caso único en la historia de la música popular moderna. Talento de sangre, infancia dedicada a la música y las giras y un padre que, preferentemente, vio en ellos una excelente forma de conseguir fortuna. Cuarenta años después de su primer gran éxito, «I want you back», éste es su recuerdo


ARKAITZ KORTABITARTE
Gara




La formación original del grupo contaba en sus filas con los tres hijos mayores de Joseph Jackson; Jackie, Tito y Jermaine (de 15, 12 y 11 años) que se hacían llamar The Jackson Brothers. Dos años más tarde, Joseph decidió que sus dos hijos pequeños, Marlon y Michael (de 7 y 6 años), ya estaban listos para la vorágine de la industria musical. Lo más sorprendente es que era precisamente el pequeño Michael quien desde un principio mostró las mejores aptitudes para cantar y bailar de entre todos los hermanos.

El talento del pequeño dio un aire renovado al conjunto y su padre decidió que fuera el vocalista principal. Con Michael al frente, los rebautizados «Jackson Five» ganaron numerosos concursos para jóvenes talentos y su padre, sin mostrar la más mínima preocupación por sus edades, decidió ponerles en la carretera. De esta manera, comenzarían en 1967 una serie de giras por el estado de Indiana y alrededores que eran poco menos que demoledoras para unos chicos tan jóvenes por no mencionar lo que dificultaban su educación. Pronto les llegaría la oportunidad de grabar tres singles en un pequeño sello llamado Steeltown, siendo el primero de ellos, «Big Boy», el único que tuvo algo de éxito en Indiana.

Motown

En 1968 era habitual ver a los Jackson Five teloneando a artistas afroamericanos de renombre. Una noche, en Chicago, abrieron el show para Gladys Knight & The Pips y The Vancouvers (el grupo de Bobby Taylor), y todos quedaron cautivados con el talento de los muchachos. Gladys los había visto anteriormente y había hablado a Berry Gordy sobre ellos, pero el dueño de Motown había decidido que con Stevie Wonder ya tenía suficientes adolescentes. Esta vez, Gladys estaba decidida a que se les diera una oportunidad y se llevó a los chicos a Detroit para que les hicieran una audición. Cuando Berry Gordy vio la famosa grabación en vídeo de Michael imitando a James Brown, se olvidó de su negativa anterior y se apresuró a contratarlos.

Motown anunció a bombo y platillo que les había fichado y se montó un auténtico circo alrededor de ellos. Se llegó a reinventar sus vidas, se les cambió las edades e incluso se dijo que había sido Diana Ross quien les había descubierto. Todo ello con la firme intención de fabricar otro producto para Motown que arrasara en las emisoras y en las tiendas. Y vaya si lo fabricaron. Se les puso a trabajar bajo la supervisión de un grupo de compositores y productores que respondían al nombre de «The Corporation» y que tenían como cerebro al propio Berry Gordy. Esos compositores fueron en gran medida culpables del éxito inicial del grupo ya que con sus canciones los Jackson Five lograron ser el único grupo de la historia en conseguir el número 1 en las listas de pop y el ritmo y blues con sus cuatro primeros sencillos: «I Want You Back», «ABC», «The Love You Save» y «I´ll Be There».

Toda la parafernalia y la fantasía con la que Motown y su padre rodearon a los Jackson Five, unido a su estilo de soul para adolescentes, resultaron ser una auténtica máquina de hacer dinero. Pronto llegarían las revistas semanales dedicadas exclusivamente al grupo, las líneas de ropa con el logotipo de los Jackson Five, los juguetes, las apariciones en televisión e incluso una serie de dibujos animados con ellos como protagonistas. La locura por los Jackson Five se había desatado en Estados Unidos.

Siempre dispuestos a ganar la mayor cantidad de dinero posible, Gordy y Jackson padre decidieron lanzar la carrera en solitario del pequeño Michael a partir de 1971. Como no tenían muy claro que el grupo pudiera seguir teniendo éxito sin él, sería una carrera en pararelo a la de los Jackson Five. Tristemente, el pequeño Michael acabaría viéndose sometido a una encubierta y durísima explotación infantil. Si a eso se añadían las soberanas palizas que Joseph propinaba a sus hijos cuando pensaba que no hacían bien las cosas, la infancia que tuvieron los hermanos Jackson se antoja cuanto menos traumática y triste.

El primer sencillo de Michael en solitario llevó por título "Got To Be There" y al igual que los trabajos de los Jackson Five, tuvo un gran éxito de ventas. Siguiendo los pasos de Michael, y sobre todo la codicia de su padre, Jermaine y Jackie también llegaron a publicar trabajos en solitario en Motown.

De Los Cinco a The Jackson

A partir de 1972 las ventas de los discos de los Jackson Five comenzaron a resentirse. Para recuperarse en el mercado, los hermanos querían empezar a grabar sus propias canciones y demostrar al mundo que no sólo eran unos simpáticos niños cantantes. Berry Gordy no veía con buenos ojos ese giro en la manera de trabajar del grupo y se negó a convertirlos en un «grupo adulto». Por eso, y ante la oportunidad de ganar más dinero, en 1975 Joseph Jackson firmó un contrato con CBS que le permitiría tener mayor porcentaje en las ventas de los discos de sus hijos.

Sin embargo, algo con lo que Jackson padre no contaba era con que Berry Gordy era el dueño legal del nombre Jackson Five y tras una agria disputa, tuvieron que cambiar el nombre del grupo por el de The Jacksons.

Otro revés para los planes de Joseph fue encontrarse con la decisión de Jermaine Jackson de quedarse en Motown para seguir con su carrera en solitario. Jermaine estaba casado con una hija de Berry Gordy, y el mejor trato que recibía por parte de su padre político fue determinante a la hora de tomar su decisión.

Demostrando, una vez más, lo poco o nada que le han importado siempre sus hijos, Joseph decidió entonces incorporar a otro de los pequeños al grupo, Randy, quien en anteriores ocasiones había sido rechazado por su padre por no tener las aptitudes de sus hermanos. De esta manera, los Jacksons volvían a ser cinco.

CBS

Trabajando para CBS, los hermanos recuperaron parte de la fama y el éxito que habían perdido años atrás. Se intentó que volvieran a tener el tirón de Motown dándoles entre otras cosas un programa propio en televisión (en el que también participaban algunas de las hermanas Jackson) y la oportunidad de grabar una buena cantidad de discos con composiciones tanto propias como ajenas.

Los años con CBS dieron a los Jackson (ya sin el Five) discos tan célebres como «Destiny», de 1978, «Triumph», de 1980, o «Victory», de 1984, en el que Jermaine regresó con sus hermanos y se convirtió en el primer LP del grupo que contaba con los seis hermanos Jackson.

Después de la gira de «Victory», Michael abandonó el conjunto para centarse en su carrera en solitario alentado por el gran éxito obtenido con el álbum «Thriller. El resto de los hermanos Jackson comenzaron a seguir los pasos de Michael y a sacar discos en solitario que en la mayoría de los casos no ofrecían nada de interés. En 1989 vería la luz «2300 Jackson Street», un LP que sería el último en el que colaborarían todos los hermanos en mayor o menor medida.

Desde la aparición de ese álbum hasta hoy, los Jackson se han vuelto a juntar en varias ocasiones para actuar en citas especiales, y siempre han estado acompañados de numerosos rumores sobre su posible vuelta oficial. No sería descabellado pensar en una reaparición del grupo aprovechando el morboso momento actual. El hecho de que nunca se llegara a anunciar oficialmente la disolución del grupo da fuerza a la posibilidad de que algún día no muy lejano se les pueda volver a ver compartiendo estudio y escenario. De hecho, antes de la muerte de Michael, su hermano Jermaine estaba muy interesado en la reunión, incluso sin contar con Michael, que ya se había mostrado reacio a este hecho en 2007. De momento, aún es tiempo de herencias, repartos, hijos desconocidos y especulaciones.

Lecturas infantiles subversivas


La literatura infantil a menudo sirve para canalizar las buenas intenciones de los adultos sin cumplir el deseo de niños y niñas de oír y paladear historias. Pero algunos libros como ‘Madre chillona’ o ‘Fernando Furioso’ muestran un enfoque distinto de las historias para los locos bajitos

ESTRELLA ESCRIÑA
Diagonal




Literatura infantil y pedagogía son dos términos que han estado unidos desde la creación de una literatura específica para los niños. El comienzo de este género suele situarse con la publicación de Perrault de Historias y cuentos de tiempos pasados con moraleja (1697). Se pretende con ella crear una literatura que no sólo entretenga a los niños si no que además los eduque en ciertos valores morales.

La situación no ha cambiado demasiado. En nuestro país, el mayor cliente de la literatura infantil sigue siendo la escuela. Esto no hace sino acrecentar la demanda de unos libros que sirvan a los maestros para poder cumplir con esa parte de la programación a la que suele llamarse ‘educación en valores’. Estos textos tienen en muchos casos una dudosa calidad literaria ya que no parten de una genuina vocación de contar una historia sino que su preocupación principal es transmitir un mensaje.

Hay un gran número de padres y profesores empeñados en proveer a los niños de textos que puedan dejarles una enseñanza moral, de forma más o menos explícita, con el convencimiento de que esto cambiará sus actitudes antisociales. La confianza que tienen en el poder de la literatura no deja de ser sorprenderte. Ojalá educáramos sociedades enteras a base de cuentos, pero la cosa no es tan sencilla. Principalmente porque este enfoque olvida la multiplicidad de significados que los textos tienen para cada lector. Si estos adultos escucharan verdaderamente lo que piensan los niños de cada cuento, descubrirían múltiples interpretaciones, en muchos casos contrarias a lo que se pretendía enseñar. Aunque todo esto daría para un debate extenso, lo que parece claro es que tanta insistencia en educar no hace sino alejar a los lectores de la lectura.

Piensen si no en cuántos de nosotros seguiríamos leyendo si las novelas trataran de convencernos constantemente de ser mejores trabajadores, de obedecer más a nuestro jefe y ser siempre más solidarios.

Como decía una niña de siete años en una ocasión hablando sobre si la lectura de Pedro y el lobo les había hecho no mentir más: “Si un lobo de verdad se comiera a un niño, pues a lo mejor no mentíamos más, pero un lobo en un libro...”.

Por suerte, también hay libros con una genuina vocación de contar una historia. Historias de esas que nos atrapan, nos fascinan, nos emocionan... y de las que quizás aprendamos algo, pero de forma casual e inesperada. Hay un tipo de textos que va más allá. En ellos nos encontramos con escritores y editores que no han olvidado su infancia y son capaces de posicionarse en el lugar del niño. Son textos que podríamos denominar ‘subversivos’ y que tienen en común que presentan una mirada crítica frente al mundo y cuestionan la sociedad en la que vivimos. El mundo de la infancia deja así de ser un lugar idílico y muestra lados más oscuros e inquietantes, donde todos los conflictos no siempre terminan felizmente resueltos.

Un ejemplo de esto es el pequeño Fernando, cuya furia no se detiene con las reprimendas familiares y termina provocando un terremoto universal. Además los personajes infantiles se muestran rebeldes, traviesos y no aceptan la autoridad de los adultos. A veces son incontrolables y otras tienen una creatividad que arrastra a los adultos a lugares insospechados.

Así la familia de Esto no puede ser ve cómo la fuerza y la habilidad de su hija pequeña los hace subir a un barco construido por ella para emprender una vida nueva. Los adultos, por su parte, aparecen impotentes e imperfectos y revelan la hipocresía que caracteriza muchos comportamientos sociales. El libro de las mentiras ilustradas cuenta las formas en las que engañamos a los niños mientras a su vez les decimos que no deben mentir.

El punto de vista infantil sirve al autor para tener una mirada crítica con los adultos que rodean a los niños: padres, profesores... y dejan al descubierto el conflicto de poder que existe en el mundo de los adultos.

Aun así, los textos no siempre se caracterizan por tener un tono de denuncia. Por el contrario, las críticas se esconden detrás de la ironía, el humor, el absurdo. Incluso, la estructura cambia para sorprender nuestras expectativas como lectores tanto en las vueltas que da la narración como en los finales, que no siempre resuelven los conflictos. Una pregunta abierta al lector, una madre que dice ‘perdón’ o un sonoro pedo son algunas de las formas en que pueden terminar estos libros.

Esta ruptura de las expectativas en la mayoría de los casos fascina a los lectores. Los niños saben reconocer lo lúdico y lo transgresor del texto y reclaman su lectura una y otra vez.

Si la preocupación de los adultos mediadores (padres, maestros, escritores, editores...) se centrara en que a los niños les guste leer, deberían escuchar con atención lo que ellos tienen para decir. Así confiarían más en la capacidad de los lectores para interpretar textos y entender sus múltiples significados. Si pudieran no perder de vista que los efectos de la literatura, tanto los peligrosos como los más loables, son siempre tan imprevisibles como relativos, quizá podrían centrarse más en lo que es irrenunciable: el placer que siempre debe producir la lectura.

La provocación de Henry Miller


DIEGO TABOADA
Rebelión




Hay muchos libros capaces de diagnosticar una enfermedad, pero muy pocos que se propongan curarla. Henry Miller era un especímen raro, un bardo anacrónico en plena modernidad, un profeta que se reía hasta de sí mismo. Su lenguaje profético, entre el delirio místico-religioso y la rapsodia surrealista, entre una hiperbólica exaltación de la pasión sexual y una prosa Rimbaudiana, trataba de provocar e incomodar a la conciencia de una modernidad demasiado autosatisfecha de sus logros.

Frente a la calculada racionalidad moderna, Miller se erige a sí mismo como un contador de cuentos, de delirantes historias cotidianas, prescindiendo de una estructura de principio-nudo-desenlace; se dice que en la etapa final de su vida, Valle Inclán construyó el resto de su obra acudiendo a sus recuerdos, cuando uno lee atentamente a Miller, no puede evitar esa misma intuición. La prosa de Miller, columpiándose entre la verborrea Rimbaudiana, el surrealismo, la reflexión filosófica, el existencialismo desbocado y el hiper-realismo más descarnado, tanto en la descripción de los ambientes como en el diálogo entre personajes, es una prosa autobiográfica. Miller hace una atípica pero certera sociología de la vida cotidiana en los States.

George Orwell, en sus escritos sobre literatura y política (1940-1948), resalta las semejanzas entre Whitman y Miller: los dos son profetas de la aceptación , pero la aceptación de Whitman está muy lejos de la aceptación de Miller. Lo que Miller acepta son los guetos marginales de la trastienda de Norteamérica, la guerra, la mendicidad, el alcoholismo, el desarraigo, la desorientación, la violencia, el paro masivo y la desenfrenada velocidad de la sociedad moderna. La aceptación de Whitman, sin embargo, se sitúa en un contexto diferente, en una Norteamérica que aún no conocía las consecuencias sociales y ecológicas de un capitalismo que ahora, a principios de milenio, dejaron de ser elucubraciones proféticas o poético-literarias para ser irrefutables certezas, en el sentido científico-positivo de la palabra.

Según Orwell, la Norteamérica que vivió Whitman era una Norteamérica con cierto nivel de prosperidad económica y política, a pesar de la estratificación social por clases y la exclusión racial de la comunidad afroamericana. La Norteamérica de Miller es, con sus propias palabras, ese país que :

“… estaba enteramente podrido; era tan inhumano, tan asqueroso, tan irremediablemente corrompido y complicado, que haría falta un genio para darle un poco de sentido o ponerle orden, por no hablar de bondad o consideración humanas. Yo estaba contra el sistema laboral americano, que estaba podrido por ambos extremos. Era la quinta rueda del vagón y ninguno de los dos bandos me necesitaba a no ser para explotarme. De hecho, todo el mundo estaba explotado; el presidente y su cuadrilla por los poderes invisibles, y los empleados por los ejecutivos”.

Ante la velocidad y sinsentido de esto que insistimos en llamar modernidad, la solución de Miller es una receta contra el desarraigo, pero su solución escapa de cualquier sistema filosófico-político cerrado, escapa también de recetas confesionales institucionalizadas en clave de eterna salvación. No cabe duda de que bajo la prosa de Miller subyace toda una concepción del mundo, una concepción del mundo en la que la energía, la pulsión erótica y un optimista vitalismo cobran especial relevancia, no sólo en lo que se refiere a la creación artística y literaria, sino también en todos los dominios de la vida. La subjetividad de Miller es una radical subjetividad de la aceptación, y por eso puede herir a ciertas sensibilidades marxistas, que son subjetividades de la no aceptación perpetua del actual sistema capitalista, subjetividades que apelan a la acción y a la organización colectiva para buscar la salvación en la política. A Miller, sencillamente, la política le interesaba tres pepinos. Por lo menos en lo que se refiere a la búsqueda de un camino personal de salvación.

Miller quiere redimirse a sí mismo; es consciente de los males de la sociedad moderna, tanto como cualquier persona de sensibilidad marxista, pero su elección vital es la de una irónica y bufonesca contemplación de los defectos y locuras de las personas y de la sociedad humana. El mensaje de Miller es un mensaje para individuos, no para masas o colectivos -lo mismo recalcaba, por cierto, Herman Hesse, cuando comparaba su mensaje con el de Marx-: frente al caos social imperante, un individuo puede crear su propio orden, aunque sólo sea para guiarse a sí mismo, aunque sólo sea para escapar de la locura colectiva. Frente al caos de la sociedad moderna y el delirio colectivo, un individuo aislado aún puede ser dueño de su propio destino. Es más, debería serlo, y si no lo es es porque aún está preñado de los prejuicios que nosotros mismos nos vamos construyendo cotidianamente para huir de la responsabilidad de sabernos potencialmente dueños de nosotros mismos. Lo que Miller quiere es que cada uno de nosotros nos miremos a nosotros mismos, que no confundamos los convencionalismos y prejuicios sociales con nuestros propios deseos. Tan simple como difícil.

Sin embargo, lo que resalta, por encima de todo, en la prosa de Miller, es su carnalidad, su sensualidad desbocada y, todo hay que decirlo, bastante vulgar en ocasiones. Hay un constante intento por romper con la puritana separación entre alma y cuerpo, esa separación que tanto condiciona también a la insubstancialidad de no poca de la creación artística de hoy en día, fagocitada por un estado de excepción mental global sin precedentes y por un clima de yoísmo y mercantilismo verdaderamente asfixiante:

“Cuanto más cultiva el hombre las artes, menos se empalma. Se produce un divorcio más y más sensible entre el espíritu y el bruto. Sólo el bruto se empalma bien, la jodienda es el lirismo del pueblo. Joder es aspirar a entrar en el otro… y el artista no sale jamás de sí mismo”

En fin, cada uno que juzgue según su criterio.

El individualismo de Miller no tiene nada que ver con el individualismo postmoderno; queda claro que Miller detesta el arte como ensimismamiento –lo cual no deja de ser paradójico, porque si hay alguien que se está mirando continuamente el ombligo es precisamente él-. La búsqueda de Miller es la búsqueda del hombre universal, pero no en el sentido que la ilustración daba a tal universalidad, que no era más que una falsa universalidad preñada de etnocentrismo occidental. El hombre universal que buscaba Miller era un hombre de carne y hueso, no una entelequia. Queda claro en esta líneas, preñadas de tono profético, tomando partido por los humillados y ofendidos de Dostoievsky, a quien admiraba profundamente :

“La tierra es un gran ser sensible, un planeta saturado por completo con el hombre, un planeta vivo que balbucea y tartamudea; no es la patria de la raza blanca, ni de la raza negra, ni de la raza amarilla, ni de la desaparecida raza azul, sino la patria del hombre; todos los hombres son iguales ante Dios y tendrán su oportunidad, sino ahora sí dentro de un millón de años. Nuestros hermanos morenos de Filipinas pueden volver a prosperar un día, también los indios asesinados de América del Norte y del Sur pueden revivir un día para cabalgar por las tierras donde ahora emergen ciudades vomitando fuego y pestilencia. ¿Quién dirá la última palabra? :¡el hombre! La tierra es suya porque él es la tierra, su fuego, su agua, su aire, su materia mineral y vegetal, su espíritu cósmico, imperecedero, el espíritu de todos los planetas.

La máxima de Rimbaud era que el arte debería cambiar la vida, las costumbres, el corazón de los hombres, su más íntima constitución psicológica y afectiva. La máxima de Marx era que la filosofía debería transformar el mundo. ¿Empezaremos por el hombre? ¿Empezaremos por la sociedad? ¿Y si, intentando transformar la sociedad dejamos al hombre a la deriva? ¿Y si, intentanto transformar al hombre, dejamos la sociedad tal y como está? ¿De qué sirve un mundo nuevo, un ordine nuovo, con hombres mediocres, abúlicos, intelectualmente perezosos y consumistas? ¿Qué puede hacer un hombre válido en una sociedad a la deriva? La apuesta de Miller fue claramente Rimbaudiana.

Cada uno es libre de escoger. Sin embargo, a mi modo de ver, quizás sea falsamente reduccionista, por no decir innecesario, separar la apelación a la conciencia humana individual de la apelación a la conciencia colectiva. No tiene sentido concebir a la persona como un átomo aislado de la sociedad, y menos lo tiene concebir una conciencia individual fuera de su contexto social e histórico. No hace falta ser o no ser marxista para intuir esto.

Sólo un hombre nuevo podría ser capaz de sacrificar sus intereses individuales inmediatos por un futuro colectivo incierto. Sólo las verdades del corazón podrían preparar el germen cultural para luchar por una sociedad más justa y humana en todos los ámbitos de la existencia. Mientras tanto, sin esperanza laica en el horizonte, bastante tenemos con luchar con la dictadura del consumo y el eterno presente.