Etiopía retratada


Una muestra de fotos de Castro Prieto acerca una visión conmovedora del país africano, en el Teatro Fernán Gómez

ESTHER ALVARADO
El Mundo



A Juan Manuel Castro Prieto no le gusta retratar el dolor y el hambre. En parte porque piensa que "es necesaria una étic de la representación cuando estamos fotografiando desde los países ricos a los países pobres. Estamos abusando de la miseria". Y puede qe también porque es incapaz de quedarse indiferente. Su amigo, también fotógrafo, Alejandro Castellote cuenta que en la exposición Etiopía, de la que es comisario, hay una imagen de un niño con una heida infectada en la pierna "que le hacía retorcerse de dolor". Juan Manuel hizo la foto, dejó la cámara, cogió al chaval y se lo llevó a una clínica para que recibiera tratamiento.


Por lo demás, en la muestra que acoge el Teatro Fernán Gómez no se una Etiopía de moscas y pobredumbre, sino un territorio donde "la mezcla de culturas es impresionante, tanto en su faceta religiosa como en las distintas procedencias", explica Castellote.

La intención del fotógrafo madrileño no es abundar en el patetismo que durante años se ha asociado a la imagen de este país, sino "retratar unas situaciones en las que los etíopes se sientan reconocidos".

Lo que a Juan Manuel Castro Prieto más le llamó la atención del país africano fue "la espectacularidad de los paisajes, así como la elegancia y dignidad de sus gentes.

Además, el fotógrafo se dejó arrastrar por el descubrimiento en Etiopía del homínido más antiguo, y allá se fue persiguiendo los huesos fósiles de Lucy. Pero cuando llegó, se encontró con un país que no había permanecido aislado de la "perversión iconográfica" que supone la mezcla entre lo moderno y lo anclado en el tiempo, "lo que le daba cierto toque surrealista, como se ve en la foto que cierra la muestra, de un hombre que lleva un paraguas con la cabeza del Pato Donald", explica el comisario.

Juan Manuel Castro Prieto -Premio de Fotografía de la Comunidad de Madrid en 2003- pertenece a la generación de fotógrafos españoles surgida en los 80. Etiopía es el resultado de cuatro viajes que realizó entre 2002 y 2006 al país africano, que posee una extraordinaria riqueza cultural, visible a través de las diferentes etnias que habitan su territorio y en la convivencia de cristianos, musulmans y animistas, que han generado un particular sincretismo simbólico.

Sus habitantes están orgullosos de un pasado que, salvo la ocupación italiana de cinco años entre 1936 y 1941, se ha mantenido al margen del reparto colonial que se produjo en África durante los siglos XIX y XX.

Etiopía ha sido durante la época del emperador Hailey Selassy un imperio con vocación expansiva, posteriormente pasó a ser un régimen comunista y en la actualidad es una democracia que lidia con las periódicas incursiones de las guerrillas, las hambrunas provocadas por las sequías y las secuelas de la guerra con Eritrea.

La exposición presenta 69 obras en gran formato. Se incluye en forma de Cuaderno de viaje una colección de 205 fotografías de pequeño tamaño que ilustran, de modo autobiográfico, las experiencias vividas durante la realización del proyecto.

Castro Prieto viaja con una cámara de placas de 20x25 centímetros (de las de fuelle y cortinilla que se ven en las películas), por cuyo objetivo se dejaron seducir los etíopes. Con ella, Juan Manuel no quiso robar sus almas. Las descubrió, las rescató y luego volvió con ellas a su lugar de origen para devolvérselas, impresas en papel, a sus legítimos propietarios.

Las máscaras venecianas de Arthur Schnitzler

Acantilado reedita 'Relato soñado', la novela que inspiró 'Eyes wide shut'


ÁLVARO CORTINA
El Mundo




Viena fue a principios de siglo XX y finales del XIX un hervidero de hallazgos inéditos. Zweig la llamó el "mundo de ayer", en sus memorias. Extinta y ya lejana Viena de conciertos de Mahler, cafés de poetas y dramaturgos, mujeres desveladas de arabesco de Gustave Klimt.

Hasta Hitler quiso ser artista en Viena, ciudad imperial de judíos prósperos, la misma que engendró el sionismo moderno, el psicoanálisis y las 'nouvelles' de Arthur Schnitzler. Después, en los años 30, los libros de Schnitzler arderían en el Berlín del Führer, en las grandes piras de literatura "degenerada".

Su novelita 'Relato soñado' (reeditada por Acantilado) ahonda en el trastorno ambiguo que supone caminar los callejones de entresueños. Carruajes que traquetean sobre los adoquines de algún callejón, una contraseña ("Dinamarca"), carnaval nocturno y desnudas mujeres enmascaradas, lógica terrorista de lo onírico y una trama abierta e insinuante muy pródiga en tensión. Hay que reconocer que en 131 páginas, 'Relato soñado' toca muchas teclas.

"-...Sospecho que la realidad de una noche, incluso la de toda una vida humana, no significa también su verdad más profunda.

-Y que ningún sueño- suspiró él suavemente- es totalmente un sueño".

Albertine y Fridolin son un matrimonio que habla entre las sábanas, en la semipenumbra, y parece que cada uno abre y cierra sus propias puertas mientras duerme. Cada uno yaciente junto al otro, como dos cadáveres en trance, ciegos en sus iluminaciones. Tom Cruise encarna a Fridolin y Kidman a Albertine en la adaptación neoyorquiina que hizo Stanley Kubrick de Schnitzler: 'Eyes wide shut'.

En todo caso, esa Nueva York parecía tan irreal como una gran casa de muñecas. Cuando Fridolin, médico (como Schnitzler), llega a la casa de su paciente y éste ya es fiambre, y la hija (del fiambre) se le declara (frente al fiambre), se reconoce el desvarío de un sueño. Lo representan muy bien las luces y colores de Kubrick, tan irreales de puro nítidos.

No es una novela psicológica en el sentido de que los personajes no generan la escena. Más bien al revés, de hecho: la melodía del duermevela los pone a desfilar por un carnaval que igual termina abrevando en pozos de veneno o en el soplo de un recuerdo, las escenas se imponen a las motivaciones de los personajes.

'Relato soñado' es espionaje desinformado y erotismo, es drama y somnolienta distancia a un tiempo. Contiene además un tema clásico de la novela de misterio: las sociedades secretas.

Fridolin y Jessica Fletcher

El suspense (tan empático y compartido) del tipo de a pie entrometido que quiere inmiscuirse privadamente en los ritos y en el exotismo de una secta epicúrea y letal, dirige los pasos vacilantes de esta trama. Al fin y al cabo, Jessica Fletcher, en 'Se ha escrito un crimen', describe crímenes a costa de ser una cotilla. La intriga se practica entre gente acomodada y dispuesta al ocio como Fletcher o el doctor Fridolin.

Es el calor de la noche, que parece aquí el aura propia de la aventura, el polo opuesto del trajín mundanal. Después el amanecer convierte a las putas en condesas (como en 'Belle de jour') y a las dagas en flores blancas de enredadera.

Aquí todo es muy confuso, pero el sexo y la muerte parecen venir unidos, sofisticados, solapados, esperando, carnívoros al final de un laberinto. Hasta lo grotesco se presenta velado, y las luces de los faroles parecen símbolos muy recónditos.

Son todo impresiones. Una tienda de disfraces, un salón cerrado y escénico iluminado de odaliscas lujuriosas de porcelana y melenas de oro, y extrañas músicas barrocas. O un viejo amigo que facilita una contraseña (aquí "Dinamarca", en la película, más sugestiva: "Fidelio") e incita a Fridolin al venturoso teatro del riesgo.

Schnitzler maneja los símbolos más insinuantes. Sabe dar a las máscaras venecianas todo el peso estético, toda la presencia fantasmal y psicótica y obsesiva que detentan por derecho propio.

Juan Perro presenta su 'Nebraska' particular

O lo que es lo mismo, Santiago Auserón tiene nuevos temas y está de gira


ALEJANDRO ARTECHE
Soitu




Ya está rodando de nuevo. Algunas ciudades españolas ya han tenido oportunidad de ver en sus escenarios a Santiago Auserón (Juan Perro) en una gira donde aprovecha para presentar algunos de sus temas nuevos. ¿Es un avance del repertorio de su nuevo disco? No lo sabemos, pero entre sus temas conocidos, en directo Juan Perro incluye cinco canciones inéditas.

'La gira del retorno de Juan Perro' que es como se llaman estos conciertos, comenzó el pasado 31 de enero en Las Rozas, Madrid. Acompañado por un grupo de cubanos, está haciendo un repaso a su repertorio conocido mezclándolo con los temas inéditos que forman parte de 'De un país perdido', título de la maqueta grabada por Auserón en un guiño al experimental 'De un país en llamas' de Radio Futura, que sirvió para que su estilo hiciera un giro de 180 grados y se dedicasen a experimentar con ritmos pregrabados, percusiones mecánicas y máquinas.

Por supuesto aquí no hay máquinas ni ordenadores y que nadie piense que Juan Perro se ha pasado al mundo de la música pseudoindustrial. Es cierto que, en algunos momentos, en las nuevas composiciones abandona un poco su estilo latino para adentrarse en el folclor americano y country, aunque todavía es muy pronto para asegurar cómo terminará este nuevo repertorio cuando se plasme en disco (si lo hace), ya que lo que hemos podido escuchar son grabaciones desnudas de sólo voz y guitarra en formato maqueta, un poco como hiciera Bruce Springsteen en el disco que publicó en 1982. Esta es la lista de las nuevas canciones de Juan Perro grabadas y presentadas a su público en una especie de 'Nebraska' personal, que Santiago Auserón ha puesto a disposición de sus seguidores de manera gratuita para descargarlas desde su página web La huella sonora.

'Duerme zagal'. Una nana. A ratos latina, aunque con un aire brasileño. De esas canciones lentas que queda bien le pongas lo que le pongas. Orquesta de cuerda, sólo voz y guitarra, percusiones latinas. Podría ser el 'Johnny guitar' de Peggy Lee o el 'Moon river' de la película 'Desayuno con diamantes', aunque también un nuevo

'Duerme, duerme, negrito' del cancionero popular latinoamericano. Bella y frágil. Para escuchar en respetuoso silencio y emocionarse.

'Poco talento'. El típico retrato de perdedor bueno para nada. Un primo hermano del 'Tonto Simón' de los Futura. Mientras Simón podía habitar cualquier país latino, este podría ser la versión adulta del niño del duelo de banjos de la película 'Deliverance'.

'Río negro'. Otra canción con múltiples versiones. En la maqueta suena con una guitarra hillbilly en plan Hank Williams aunque perfectamente podría tocarse en plan latino o con guitarras salvajes y percusiones rockabillies, que es un poco por donde dicen que podría ir el nuevo repertorio de Juan Perro, un poco al estilo de Woody Guthrie.

'Malasaña'. Una crítica a los revolucionarios de salón. Da igual que hable de la República o de los incidentes violentos ocurridos en el barrio madrileño hace poco tiempo cuando quedó prácticamente arrasado tras un enfrentamiento policial. Otro tema muy americano de sonido del estilo de bardos como el antes mencionado Guthrie o Dylan, aunque al final Juan Perro se 'autotraicione' y deje escapar su vena cubana y salsera.

'José Rasca'. Otro personaje carismático para añadir al universo Auserón de 'seres raros'. La historia de un ex guitarrista que fue de los mejores y hoy malvive tocando por bares de mala muerte a cambio de un trago. Los perdedores al final son los que más juego dan y José Rasca es de los que no tiene nada que perder y mira de frente al miedo, como cuando la muerte le pide fuego y Rasca con su chulería va y le regala el encendedor. También podría acelerarse para hacer un rockabilly salvaje o dejarla como balada acústica.

Lo bueno de este nuevo repertorio de Juan Perro es su versatilidad. Una canción está bien hecha cuando puede adaptarse a un sinfín de estilos sin que chirríe, y en esta maqueta 'De un país perdido' estamos ante varias composiciones que cumplen esa premisa. Ya veremos, si lo hacen, cómo resisten su paso a disco con los arreglos finales. Por ahora, tal y como están, aprueban con nota.

La otra guerra

ISABEL HERNÁNDEZ
Revista Pueblos




En el mundo globalizado de hoy; en el mundo de las nuevas tecnologías; en el mundo de la noticia instantánea, están teniendo lugar dos guerras: la guerra visible y la guerra invisible. La guerra visible es la que interesa a la economía de mercado, a los intereses de los estados del mundo global, a los señores de la guerra y del petróleo. En ésta nos rasgamos las vestiduras cuando vemos las atrocidades que se cometen, pero forma parte del juego de los Imperios, de las Naciones, y salta a los medios de comunicación y, por tanto, hablamos de una guerra estúpida y cruenta, como todas las guerras, pero, al fin y al cabo, visible, cuyos pueblos están ahí, se sabe de su existencia, se les ayuda tanto de forma directa o indirecta, con apoyo de otros gobiernos y de los medios. Estarán siendo injustamente tratados, pero existen y tienen posibilidad de solución.


Lo que no sabemos -y si así fuese, lo es tan solo de forma soslayada- es que también en ese mundo globalizado otra guerra afecta a más 300 millones de seres humanos, la “guerra invisible”, esa guerra que unos gobiernos libran, de forma casi anónima ante el resto del mundo, contra unos pueblos que han sabido conservar su cultura viviendo dignamente sin perjudicar a nadie, ni siquiera al medio ambiente y sin inmiscuirse en los asuntos del “otro”. Me refiero a los “pueblos indígenas”, esos a los que se ha ignorado durante siglos, que han sido los “grandes ausentes” en la construcción de las sociedades modernas y, lo más sangrante, han sido obviados, en la mayoría de los casos, en la Constitución de sus propios países.

Hoy, que tanto se debate sobre el cambio climático, se debería mirar hacia esos “pueblos excluidos” y aprender de su trato y respeto al entorno, a la tierra, que forma parte de su propia identidad, con la que están integrados de forma que es un solo elemento. Es su medio de vida, su hogar, su filosofía misma.

Pero los países a los que pertenecen las distintas etnias indígenas, hacen la vista ciega, ya no solo ante la madre naturaleza, a la que masacran de forma indiscriminada, sino a una ancestral cultura que, en muchos casos, ha sido el propio origen de esa Nación, aliándose con empresas multinacionales cuyo único objetivo es el de hacer negocio a costa de lo que sea: pisotear la Historia, la Cultura, el Medio Ambiente o a las personas que se pongan en su camino hacia su éxito económico, a costa de la debacle ecológica de unas tierras que son un pulmón insustituible, ya no solo del continente americano, sino del mundo en el que vivimos.

Estos países de la América Latina, que ya tienen una referencia histórica de lo que puede llegar a ser una cultura a la que se pisotea y se ignora, no se concibe que sus dirigentes y responsables políticos se dejen embaucar por personas corruptas, en muchos casos oriundos sin escrúpulos que, a la larga los van a llevar, junto con el país, a consecuencias incalculables, tanto de desastre económico, político (posiblemente también personal) y que, ecológica y antropológicamente hablando, conducen, al país entero, a la pérdida total de su identidad. ¿Qué les queda entonces? Posiblemente solo intentar salir de un “limbo” al que por la avaricia e ignorancia de unos pocos y la impotencia de los otros, han sido conducidos.

¿Qué se tiene que decir en esta orilla del Atlántico ante lo que está sucediendo en esos países que nos gusta llamar “hermanos”, que no queremos ver lo que les está sucediendo a esos ancestrales pueblos indígenas, cuya cultura desaparecerá, como ya les sucediera con nuestros conquistadores, cuyo único interés era el poder y el sometimiento a la religión? ¿Qué intereses priman hoy?

Claro que esta vergüenza no solo afecta al continente americano, incluidos los Estados Unidos, sino a Asia, Europa, África. En total son más de 300 millones de personas para las que, parece ser, que los Derechos Humanos son papel mojado, ya que con estos indígenas o etnias minoritarias, no se cumple un solo punto de dicha Declaración. Podríamos comenzar por el primer punto que dice “nosotros los pueblos” ¿qué pueblos? Si, por otro lado, estamos ante culturas ancestrales a las que habría que proteger aunque no existiese la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Como punto positivo, cabe destacar el caso de Bolivia, cuyo presidente, el indígena Evo Morales, ha devuelto la esperanza a los pueblos indígenas del país andino, estando presentes en el Congreso y amparados y reconocidos en la Nueva Constitución. Reconocimiento este que le ha llevado a granjearse enemistades y críticas de otros países, del Continente y fuera del mismo, por intereses económicos que se han visto perjudicados por ese derecho a las tierras de estos pueblos hasta ahora oprimidos. Sin duda, es el primer ejemplo de luz y esperanza que deberían seguir otros países.

Anagrama publicará los textos restaurados de Raymond Carver sin los cortes de Gordon Lish

El editor de Carver creó el minimalismo, desoyendo las súplicas del autor. Los textos originales contienen estilos y finales distintos de los que fueron publicados.

JOSEP MASSOT
La Vanguardia y Clarín



¿Qué sucedería si en un olvidado desván napolitano se descubrieran las copias originales de las obras maestras de un pintor, por ejemplo Caravaggio, y se desvelara una pintura original luminosa y clara? ¿Que su famoso claroscuro, la técnica por la que es reconocido, se debiera a la mano de un desconocido tratante de cuadros, que retocó, corrigió, añadió y manipuló a su antojo la obra? Algo similar ha ocurrido con los primeros relatos de Raymond Carver, inventor de una nueva manera de narrar, breve, fría, abrupta, cruel, a veces brutal, sin una sola palabra de más y con tantas palabras de menos que sus frases tienen el impacto de un puñetazo emocional en la conciencia de sus lectores. Sólo que no fue él, sino Gordon Lish, conocido como Captain Fiction,un veterano conocedor de todos los trucos del mundo editorial, quien inventó el estilo que hizo furor en los años ochenta y cambió la manera de escribir de una generación.

Se sabía que el minimalismo se conseguía gracias a la receta de "cortar, cortar y cortar aún más", según contaba Fernanda Pivano en sus crónicas americanas para Il Corriere della Sera. En los medios literarios neoyorquinos circulaba como un secreto a voces la severa edición a la que habían sido sometidos los primeros textos de Carver, pero hasta que los publicó el The New Yorker no se ha visto su verdadero alcance. Ahora acaban de salir en Einaudi y Jorge Herralde anuncia su publicación para el año 2010, con traducción de Jesús Zulaika.

A finales de los años setenta, Carver acababa de separarse de Maryann Burk y estaba superando su alcoholismo. Gordon Lish, el editor de Knopf, recibió una colección de 17 relatos de Carver, titulados The beginners (Los principiantes).Los leyó con el mismo entusiasmo con el que en seguida se entregó a una poda drástica y contundente. No sólo suprimió entre 4.000 y 5.000 palabras y en según qué cuentos, prescindió de una tercera parte del texto, sino que también cambió nombres, atajó caminos narrativos y añadió, de su puño y letra, frases enteras. El libro pasó a llamarse De qué hablamos cuando hablamos del amor y Carver fue entronizado como un maestro de la narrativa norteamericana, con su descripción glacial del mal y sus personajes comunes, amenazados siempre por un peligro que irrumpe de forma inesperada.

Los editores anglosajones tienen como hábito asumido la edición de los textos de sus autores. Pero a diferencia de la apasionada, bellísima, defensa con la que Malcom Lowry logró que su editor respetara la integridad de su texto de Bajo el volcán,la correspondencia entre Raymond Carver y Gordon Lish - conservada en la Universidad de Indiana, como todos los manuscritos corregidos-es angustiosa. Carver no se atreve a contradecir a Lish, le halaga, le jura agradecimiento eterno, pero también le suplica, invoca graves peligros para su salud, incluso le advierte que puede volver al alcohol... Todo para conseguir que Lish respete sus relatos y detenga el libro. No lo hace, y el éxito es fulminante.

Años más tarde, cuando Carver entregó los relatos de Catedral, ya se sentía más fuerte y se vio capaz de imponer su voluntad a Lish. Acabaron rompiendo.

El escritor, que se había definido como "un cuerpo pegado a un cigarrillo", murió de cáncer de pulmón en 1998. Aquel año preparaba una nueva colección de relatos. Era su obra póstuma y quiso recuperar tres de los relatos originales íntegros. En cambio, incluyó también cuatro historias según la versión corregida por Lish. De hecho, tras la aparición de De qué hablamos cuando hablamos del amor,Carver se hizo más prolijo, algo que no pasó inadvertido a la crítica, aunque también adoptó algunas de las enseñanzas de Gordon Lish,

Tras la muerte de Carver, su viuda, Tess Gallagher, quiso recuperar los textos originales. Knopf se negó: los relatos tenían que ser publicados sólo en el formato en que aparecieron. Tess Gallagher contrató al agente Andrew Wylie y este negoció un acuerdo con Library of America, una editorial sin afán de lucro. The New Yorker publicó toda la historia y distintas editoriales europeas se prestaron a publicar The beginners tal como los escribió Carver.

La noticia del caso ha generado un amplio debate en Norteamérica y Europa sobre si la invención del minimalismo fue o no una fabricación de laboratorio editorial. Hay quien prefiere la edición de Lish. Uno de los ejemplos más llamativos es Dile a las mujeres que nos vamos,uno de los cuentos que Robert Altman adaptó para su filme Shortcuts. Una reunión familiar, de amigos normales, un domingo cualquiera, en torno a un típico almuerzo de domingo. Después de comer, los dos amigos de infancia, Bill y Jerry, dejan sus familias y dan una vuelta en coche. Ven a dos chicas que van en bicicleta y tontean con ellas. Las siguen. Bill se detiene para fumar un cigarrillo.

Y acaba el cuento. Apenas unas cuatro líneas: "No entendió nunca lo que quería Jerry. Pero todo empezó y terminó con una piedra. Jerry usó la misma piedra con las dos muchachas, primero sobre la que se llamaba Sharon y luego sobre la que debería ser de Bill". Laconismo letal, mortífero, glacial, técnicamente perfecto. ¿Cómo era la versión original? Ni más ni menos que seis folios más. Carver daba a Jerry un pasado violento y en la escena final detallaba cómo se acercaba a las chicas, las perseguía, violaba a una de ellas, se iba, regresaba por la otra y describía cómo la asesinaba cruelmente. La mayoría de lectores prefiere la versión lacónica, pero también hay defensores -Baricco- del Carver compasivo con el dolor, sentimental, que sabe ver el revés del mal y pone humanidad a seres que viven en la devastación moral.

El lector (The reader)



AIDA M. PEREDA
Lumpen



La adaptación al cine de ‘The reader’, la novela escrita por Bernhard Schlink, juega, sin éxito, a plantear el dilema ético de un torturador, tema sumamente controvertido. A pesar de la soberbia actuación de Kate Winslet (ganadora de un Oscar por este papel), el film sólo consigue desnudarla en cuerpo, pero no en alma, ya que no indaga en el sentimiento de culpabilidad de Hanna, un personaje de un hermetismo exacerbante.

Los responsables de su manufactura, el realizador Stephen Daldry (‘Billy Elliot’) y el guionista David Hare, nominados en los Oscar al mejor director y guión por ‘Las horas’, no terminan de convencer en su intento de que el espectador sienta compasión por Hanna. Todo lo contrario, la génesis del texto fracasa, ya que pierde, en su versión fílmica, todo su poder de suscitar dudas. El espectador siente incomprensión y desprecio por el comportamiento de Hanna, al presentarla como un monstruo, como alguien carente de humanidad que no se arrepiente en ningún momento de los centenares de asesinatos en los que ha colaborado.

Tanto es así, que no basta con que Hanna sea un personaje bien construido y no exento de complejidad. La máscara de frialdad con que le da vida Winslet, que oculta al mismo tiempo el sentimentalismo de Hanna, una mujer ruda y enigmática, logra a la perfección transmitir las contradicciones de un verdugo que, a pesar de su condición, es capaz de ayudar a un chico enfermo y llorar con la canción de un coro o con las novelas que le lee su amante Michael. El problema es, que sus gestos de sensibilidad, que dan fe de su capacidad para hacer el bien, son tan nimios, que sólo se sostienen en el desconocimiento por parte del espectador de su pasado nazi y no funcionan luego, cuando se descubre su participación activa en el Holocausto.

Tampoco la belleza de Kate Winslet es suficiente para provocar cariño por una mujer de 36 años que mantiene una relación con un niño de 15 sin mostrar escrúpulo alguno. Otro de los puntos flojos es el intento de que nuestra lástima aparezca a raíz de la desigual pena a la que Hanna es condenada (la consideran cabecilla y la castigan con cadena perpetua frente a los 4 años de pena para el resto de acusadas) por los crímenes de guerra que cometió como oficial en un campo de concentración. Pero esta “injusticia” pronto se desmonta, al descubrir que, en realidad, Hanna carga con la responsabilidad de los asesinatos no por arrepentimiento, sino por orgullo (no quiere desvelar que es analfabeta).

Asimismo, durante el juicio, se hace evidente que Hanna no busca la redención, sólo se escuda en un “¿qué hubiese hecho usted en mi situación?”, frase que alega ante el juez y que deja entrever un acusado sentido del orden que le impide hacer un verdadero análisis moral del bien y del mal. Aunque su suicidio final en la cárcel, cuando está a punto de salir, pueda parecer que da muestra al fin de un esperado arrepentimiento, esconde en realidad su miedo interior, al no ser aceptada por su ex amante y ser incriminada por la sociedad.

En cambio, es el personaje de Michael, interpretado por David Kross en su juventud y por Ralph Fiennes en su madurez, quien carga con toda la culpa, la de su amante y la suya propia, por estar enamorado de una asesina. No puede olvidar la belleza de Hanna, y el trauma que supuso su inesperada desaparición, sumado ahora al descubrimiento de su pasado, son sin duda responsables de su frustrado matrimonio posterior. Es él quien realmente emociona, por su papel de víctima y su duelo entre odiar o querer, olvidar o perdonar. Decide no intervenir en el proceso de justicia, a pesar de su profesión de abogado, y finalmente trata de reparar el daño que ha causado Hanna.

Pero si hay algo por lo que merece ver la pena ‘The reader’ es por su apoyo implícito a mantener viva la memoria histórica en recuerdo del Holocausto. La conclusión que se desprende del film es que la condena de las instituciones tiene un valor meramente simbólico, pues nada puede devolver la dignidad ni borrar el horror sufrido por las víctimas.

"The airing of grievances", Titus Andronicus (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Poco hay que discutir respecto a que la música, en este caso el rock, debe tener como prioridad buscar la diversión del oyente. Para tal fin, el cantante o grupo de turno, se puede servir de los temas más dispares, desde canciones sobre coches y amoríos, hasta reflexiones más profundas. Digo esta , en aparente, obviedad por dos motivos: uno es dejar claro que Titus Andronicus no es un grupo que invente nada ni que se afane por construir grandes “atmósferas”, en principio su rock es de pegada y en ocasiones con gusto por los estribillos contundentes. Por otra parte, su patente intención de meter anotaciones culturales a sus temas, no hay más que ver el nombre shakesperiano del grupo o sus continuas referencias, más o menos obvias, a artistas como Brueguel, John Donne o Albert Camus, parece que escuecen o que no son bien vistas dentro de una actitud punk, que también la tienen.

Una vez aclarado esto, en lo estrictamente musical lo que primero llama la atención es que el tono de voz, y el modo deslabazado y algo gritón que demuestra el cantante, recuerda al de Joe Strummer. No es la única similitud con el grupo Clash, de hecho son una influencia más que obvia.

Aparte de ésta, hay otras referencias bastantes claras en sus composiciones, ya hemos dicho que no son unos innovadores y que sus gustos se reflejan con claridad. Así sucede, por ejemplo, con el tono festivo que muchas veces toman sus ritmos, recordando a los Pogues , aunque eliminando su origen irlandés. También es patente el influjo de Replacements y su rock americano diluido en guitarras punk-rock.

Junto a la herencia musical comentada hasta ahora, también hay que reflejar otro camino que suelen utilizar, a veces fusionan ambos, y es el denominado rock "indie", de hecho han girado junto a una de las sensaciones de dicho movimiento, Los Campesinos!. En este sentido, los chirriantes sonidos que emanan de la guitarra pueden recordar a los Pixies o a los propios Nirvana, a estos incluso en la manera que tiene de desgañitarse en ocasiones el cantante al estilo Kurt Cobain.

“The airing of grievances” es el título del primer disco de este joven grupo proveniente de Nueva Jersey. “Fear and loathing in Mahawa, NJ” es el tema encargado de inaugurarlo y de plasmar desde el principio sus ritmos guitarreros y con tendencia a la fiesta, pero también con un aire "indie" que inunda esta canción y su sonido en general. “Titus andronicus” y “My time outside the womb" continúan demostrando su faceta más punk y donde resuenan los Clash junto al sonido vigoroso de los Stiff Little Fingers. Tanto en “Arms against atrophy” como en “No future part two” abarcan una sonoridad algo más amplia, voz y guitarras chillan recordando a los pioneros de los nuevos sonidos (Pixies o Husker du). “Joset of Nazareth blues” es uno de los momentos más interesantes, precisamente cuando dejan a un lado el estruendo y se acercan al lado más clásico del rock, consiguen un gran resultado. “No future” es la canción más lenta de todas, también muy conseguida, y donde se pueden encontrar semejanzas con los Felice Brothers.

Lo más sorprendente y atractivo de Titus Andronicus es que consiguen acercar el recuerdo de esos fabulosos grupos que renovaron la música a mediados de los 70. Guardan en común su desparpajo y fuerza. Tendrán que lidiar con esa dicotomía entre el ruido más moderno y el salvajismo punk, pero teniendo en cuenta que este es su primer trabajo, tienen tiempo para consolidarse.

Irvine Welsh, literatura gamberra y psicotrópica

Cinco relatos delirantes integran un libro de lectura ágil y amena.El autor escocés trata temáticas alejadas de sus obras más famosas. En 'El Reino de Fife' recupera las drogas, el sexo y los antihéroes proletarios

FRAN CASILLAS
El Mundo




Irvine Welsh escribe del mismo modo que se bebe una Guinness. Las frases fluyen por sus páginas con la misma aspereza con que el zumo negro inunda su gaznate, desatando palabrería sórdida, lenguaraz y susceptible de provocar una dulce resaca. Constantes vitales en la narrativa de Welsh que convergen nuevamente en 'Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo' (Ed. Anagrama), una colección de cinco relatos llegada este mes a las librerías españolas.

El autor de la generacional 'Trainspotting' y su no menos brillante secuela, 'Porno', firma un libro atrevido y con tintes experimentales. Welsh se aparta por momentos del género escabroso y satírico que le reportó fama. Sin embargo, la obra mantiene esa actitud desvergonzada y alucinógena que dota de encanto a la literatura del escritor escocés. Y por supuesto, tampoco escatima en esas impagables frases de sabiduría libertina. "Cae la noche, de forma repentina pero previsible. Como las bragas de una puta que está de servicio".

Tan delirante como esta sentencia es el argumento de 'Serpientes de cascabel', el relato que inaugura el libro. Dos chicos y una chica, drogados hasta las cejas, regresan del festival Burning Man cuando su furgoneta sufre una avería en pleno desierto de Nevada. Sin cobertura telefónica con que pedir ayuda, montan una tienda para pasar la noche.

Felación para salvar una vida

La situación se agrava cuando una serpiente pica a uno de los chicos en su herramienta expendedora de amor. Sí, ahí. Él pretende que sea la chica quien succione el veneno, pero ella se niega alegando repugnancia. Finalmente, es el otro chico quien ofrece felación para salvar vida. Este esperpento termina de liarse cuando irrumpen en escena dos mexicanos homófobos, irascibles y convenientemente armados.

El segundo relato, que da título al libro, tiene como protagonista a Mickey, un inglés que regenta un bar en Corralejo. Su vida como 'follarín' y coleccionista de resacas se ve en peligro cuando su abrasiva ex mujer envía a su hija adolescente a pasar el verano con él. Mickey deberá aprender a ejercer como padre mientras supervisa su negocio y evita conflictos con su catálogo de amantes.

'Las DOGS de Lincoln Park' se adentra en un grupo de amigas pijas y superficiales. Welsh describe su frívola concepción de la vida, sus envidias viperinas y las sutiles zancadillas que se tienden. El hilo conductor de este hábil retrato es la desaparición del caniche de una de las chicas, que inmediatamente sospecha de su vecino. Sólo porque es un chef coreano...

En 'Miss Arizona', un joven cineasta llamado Raymond recopila información sobre su ídolo Glen Halliday, leyenda maldita del cine independiente. Para completar el rompecabezas, Raymond se reúne con Yolanda, la excéntrica ex esposa de Halliday. Pero el mítico director no fue sino el cuarto marido de esta antigua Miss Arizona, que embelesará a Raymond con sus historias y su aura de soledad desesperada antes de propiciar un desenlace al más puro estilo Poe.

Regreso a la Escocia profunda

Finalmente, en 'El Reino de Fife' Welsh rescata todas las huellas inconfundibles de su universo literario: drogas, sexo descarnado y antihéroes proletarios de la Escocia profunda que viven episodios delirantes. El relato nos habla de Jason, un jinete fracasado que malvive como parásito social en un barrio chungo. Un barrio que sin embargo está orgulloso de él por sus hazañas como as del futbolín.

En un argumento repleto de enredos, Jason intentará ligarse a Jenny, una niña bien hastiada de su familia y la hipocresía en la alta sociedad de Fife. Un romance improbable que discurre entre un desfile de situaciones y personajes estrambóticos, sublimados por las hilarantes descripciones de Welsh: "Tiene la piel de color ceniza salpicada con incongruentes pecas naranjas. Parece un pan de pita con sarampión".

'Si te gustó la escuela, te gustará el trabajo' es una lectura amena y ágil, aunque carece de la ira y el descaro que impregnan las obras mayores de Welsh. Se intuye cierta falta de ambición, o quizá un asalto frustrado a la madurez definitiva.

Ninguno de los cinco relatos dibuja en la mente del lector imágenes tan impactantes como las que desprendían anteriores trabajos del autor escocés. Eso sí, sólo por sus detalles de humor y mala baba merece la pena acercarse al libro, escrito como a golpe de Guinness. Aunque su imaginación haya confeccionado brebajes mejores, Irvine Welsh siempre merece un brindis.

Nuevos dardos de la diva ‘indie’

P. J. Harvey, reina del rock alternativo, regresa con un trabajo arrollador. Icono aclamado por la crítica, arrastra una leyenda de soledad y fragilidad.



BRENDA OTERO
El País




Conocer a P. J. Harvey (Somerset, 1969) supone sumergirse en el universo de una de las cantantes fundamentales del rock alternativo de los noventa. En 1995 asombró al mundo. Al menos a esa estirpe de melómanos que rebuscan en las tiendas de discos nuevas sensaciones. To bring you my love fue el trabajo de la cantautora británica que la catapultó, según la crítica, a ser “piedra angular” del rock contemporáneo. No es sólo por su música. Harvey explora en sus letras asuntos como el sexo, el amor y la religión con tal honestidad y con un humor negro que son su seña de identidad. Letras de madres que ahogan a sus hijos o amantes que se niegan a ser abandonados. No dejan indiferente.

La diva indie regresa acompañada en su undécimo trabajo. A su lado está su amigo John Parish, músico y coautor de su nuevo álbum, A woman a man walked by. Los dos vivían cerca del pueblo de Yeovil y se conocieron cuando Harvey pidió a Parish que actuara en su 18º cumpleaños: “John tocaba en uno de mis grupos favoritos”, recuerda Harvey. El concierto nunca llegó a tener lugar, pero Parish y la joven se hicieron amigos y colaboradores. Hasta hoy. Compusieron juntos Dance hall a louse point, en 1996. En su segundo disco juntos, A woman a man walked by, mantienen el sistema, en el que Harvey escribe las letras según la música de Parish. “Todavía nos sorprendemos mutuamente” asegura la cantante.

White chalk, el anterior trabajo de Harvey, era solitario, sellado y límpido. A woman… es lo opuesto. Un viaje abrupto y rabioso donde la artista ladra (Pig will not), se lamenta con voz de anciana (April) o juega al escondite (Sixteen, fifteen, fourteen). “Sabía que lanzándome en otro proyecto con John haría algo diferente”, apunta Harvey. “Él es impredecible y todo un personaje. Nunca sé con lo que me voy a encontrar”. Parish, además, saca en ella una desconocida faceta de humor burlón. En otro de los cortes, el que titula el disco, aparece una criatura, un “hombre-mujer” con los testículos hechos de “trozos de hígado de pollo”. Harvey prefiere no dar detalles sobre el germen de estas imágenes grotescas: “Para mí, la música de John es una bestia cambiante que viene hacia a ti como un enorme tren. En las letras traté de reforzar ese sentimiento”.

En 1992, P. J. Harvey publicó su primer disco, Dry. Por aquel entonces era una chica de campo, hija de cantero y de escultora, que se había trasladado a Londres para estudiar Bellas Artes. Le gustaba la música, pero quería dedicarse a dar clases de escultura como manera “práctica” de ganarse la vida. “Tuve la suerte de encontrar una discográfica a la que le gustó lo que hacía y me ayudó a grabar un disco”, comenta. Su rock cenagoso no pasó inadvertido. A partir de entonces se convirtió en la dama oscura del rock.

Para entender qué es lo que abre la caja de los truenos de su música, el público y la crítica han diseccionado la vida personal de Harvey. Han buscado en sus depresiones, en sus alarmantes pérdidas de peso, en su permanente soledad. Hasta en sus golpes de mala suerte: en 2001, cuando disfrutaba del éxito de Stories from the city, stories from the sea, su trabajo más optimista y comercial –inspirado en la ciudad de Nueva York–, vio cómo se hundían las Torres Gemelas.

“Cuando te gusta un artista buscas pistas en su personalidad porque crees que te harán entender mejor su trabajo. Pero probablemente esas claves no existan, porque una cosa es lo que hacen, y otra, ellos como personas”, reconoce. “Admiro a grandes letristas como Bob Dylan o Leonard Cohen porque me hacen sentir cosas que reconozco y que me consuelan. Como escritora, sé que no se trata de su diario personal; no obstante, quienes no escriben canciones pueden confundirse”.

Algo decepcionante para sus seguidores, que probablemente imaginan su obra surgiendo de las profundidades de su alma: “No es una separación tan sencilla y clínica”, dice torciendo nerviosamente la boca. “Escribo sobre cosas que me emocionan, que puedan emocionar a otros. Siempre he sido honesta con los sentimientos humanos y las observaciones sobre el mundo. Pero nunca he querido dar explicaciones. En las ocasiones en las que he escuchado a un escritor explicar su trabajo me he sentido profundamente desengañada porque eso no era lo que significaba para mí”.

La artista es conocida por proteger su intimidad con determinación: “Soy reservada, pero, probablemente, la manera en la que empezó mi carrera me hizo más protectora de mi privacidad de lo que ya era. Fue un shock para mí. Al principio me hacían preguntas muy personales, como cuándo había perdido la virginidad. Recuerdo sonrojarme de pura vergüenza”.

La única vez que volvió a bajar la guardia en público fue en 1996, durante el rodaje del vídeo Henry Lee, junto al cantante australiano Nick Cave. Las imágenes recogen cómo los dos artistas se enamoran frente a las cámaras. En un plano único de tres minutos. “No nos conocíamos bien. Fue sorprendente para los dos. Se suponía que teníamos que hacer un vídeo, e inesperadamente, algo extraño sucedió. Lo que ves es lo que hay. Fue la primera y la última vez que viví algo similar”, evoca Harvey sonriendo. “Fue precioso e inusual. Me alegro de que esté documentado”. Para Cave, son unas imágenes “maravillosas, pero difíciles de ver”. El vídeo muestra a Harvey y a Cave, pálidos y vestidos de oscuro, mirándose incandescentes, sintiendo el vértigo de lo que sucederá después. La historia no duró. Harvey tomó la decisión de terminar la relación. “Nos queríamos muy intensamente”, ha admitido. “Tanto, que nos hacíamos daño”.

Harvey en varias ocasiones ha expresado el deseo de apartarse de la música –lo que hoy describe como “su gran amor”– para dedicarse a estudiar literatura inglesa, o trabajar como enfermera. “Esas cosas salían de mi boca porque me costó aceptar que mi profesión era escribir canciones y viajar por el mundo cantándolas”, dice irónica. “Me llevó un tiempo considerarlo una manera válida de conducir mi vida. Hasta hace una década dudaba si esa era la mejor manera de contribuir en mi estancia en el planeta Tierra”.

Hamlet y el espíritu de La Colmena

JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN
El País



La abeja reina «no es la reina en el sentido en que lo entenderíamos entre los hombres. No da órdenes, sino que se encuentra sometida, como el último de los súbditos, a ese orden oculto y soberanamente sabio que llamaremos el espíritu de la colmena». Estas palabras del dramaturgo simbolista belga Maurice Maeterlinck, Premio Nobel de Literatura en 1911 y notorio también por sus ensayos de filosofía entomológica, pertenecen a La vida de las abejas, un libro delicioso y profundo que proporciona sugerentes perspectivas sobre los usos sociales del enjambre humano al hilo de las descripciones de la atareada peripecia vital de la Apis mellifera. Ese espíritu de la colmena aletea en La abeja reina, el título elegido por Verónica Forqué para su traduccción al castellano de la brillante comedia de Charlotte Jones The Humble Boy, gran éxito de la escena británica y estadounidense que, desde su estreno en el Royal National Theatre de Londres en 2001, con dirección de John Caird, y Diana Rigg y Simon Russell Beale en los principales papeles, ha recibido numerosos premios. El Teatro Lope de Vega de Sevilla acoge en estos días el estreno del montaje español dirigido por Miguel Narros en una gira cuya próxima etapa es Alicante, del 3 al 5 de abril.

Tono Sttopard. El argumento trenza varios hilos sorprendentes: la astrofísica teórica, la apicultura y los ecos de Shakespeare, para enredarnos en la almendra esencial de su trama: la dolorosa relación de una madre con su hijo y el abismo que hay entre la realidad y lo que creemos atisbar de ella. Y todo esto tan serio expresado de forma muy divertida, pues la autora lo envuelve en una ironía punzante cuya profundidad se alía con el vertiginoso humor de muchas situaciones emparentadas con el espíritu del slapstick, según algún comentario crítico, en el que se subraya asimismo el tono Sttopard de la comedia unido a algún toque Ayckbourn, un ajustadísimo ensamblaje realizado con talento por Jones, autora con pasado de actriz. Entre otras piezas ha escrito Airswimming, In Flame, The Dark, The Lightning Play y el libreto del musical The woman in White, sobre la novela de Wilkie Collins, con letras de David Zippel y partitura de Andrew Lloyd Webber. La abeja reina comienza con el regreso al hogar de Félix Humble para asistir al funeral de su padre, biólogo, botánico y entregado apicultor.

Historias no cerradas. El treintañero Félix se ocupa en Cambridge de investigar la teoría de las cuerdas, es decir, de encontrar una explicación al Universo zurciendo la física cuántica y la teoría de la relatividad de Einstein. De lo universal a lo personal, mientras busca la gran respuesta no logra encajar las piezas de su vida y huye de la iglesia incapaz de pronunciar unas palabras en el oficio religioso. La vuelta a los escenarios de su niñez ha supuesto para este Hamlet astrofísico el reencuentro con Flora, su madre, que mantiene una relación con otro hombre empeñado en casarse con ella, y también el volverse a enfrentrar a historias no cerradas, como el amor que le unió a Rosie, ahora madre soltera e hija de la nueva pareja de Flora. Narros trabaja por cuarta vez con Verónica Forqué, tras sus encuentros en la lorquiana Doña Rosita la soltera, El sueño de una noche de verano, de Shakespeare y ¡Ay, Carmela!, de Sanchis Sinisterra. El director asegura que la actriz y él se han gustado. «Verónica -explica- es una gran intérprete y me fascina la forma que tiene de hacer las cosas. Su traduccción funciona muy bien en escena». Sobre la comedia, asegura que le parece «inquietante por la forma en que, utilizando el humor, se aproxima al conflicto entre una mujer y un hijo que, como Hamlet, descubre el adulterio de su madre. Charlotte Jones ha logrado un trabajo muy personal en el que, a la vez, es perceptible la rica tradición literaria británica, Shakespeare, claro, y Tom Sttopard, pero también Agatha Christie».

Dolor y humor. En el reparto Verónica Forqué, Juan Díaz, Miguel Rellán, Marta Fernández Muro, Juan Carlos Sánchez y Alba Alonso. La protagonista ha escrito que desea que al público «le guste entender algo más sobre las madres y sus hijos y sobre el Universo. En esta obra también hay abejas, y muchísimo humor, y un dolor a veces muy, muy profundo. Como en la vida. Espero que La abeja reina sea una obra de teatro que, como decía Kafka, sirva para derretir la capa de hielo que cubre el corazón de las personas».


Artaud, el torturado


FIETTA JARQUE
El País




Hay que darle a las palabras sólo la importancia que tienen en los sueños", escribe Antonin Artaud en El teatro y su doble. Cito de memoria y es posible que lo haga de forma inexacta, pero así ha persistido en mi mente como una extraña advertencia desde que la leí en la adolescencia y, si hacemos caso a su significado, así debe quedar. Escritor, poeta, actor, dibujante, pero sobre todo un hombre atormentado e iluminado por el dolor, las drogas y la locura, Antonin Artaud (Marsella, 1896-Ivry, 1948) es uno de los grandes malditos del arte. Su leyenda está formada a partir de una existencia tan alucinada como trágica, así como por unos pocos libros que siguen siendo lecturas de referencia. La Casa Encendida, de Madrid, inicia el próximo viernes una amplia muestra sobre su vida y su obra, con dibujos, fotografías y sus cuadernos (algunos inéditos), además de actividades paralelas con películas, debates y una Radioperformance.

En tratamiento psiquiátrico casi desde la niñez, fue medicado tempranamente con opio, láudano y otros estupefacientes que lo convirtieron en adicto de por vida. Al llegar a París no tardó en ser acogido en el círculo surrealista de André Breton, gracias a su poemario Tric Trac del cielo (1924), pero poco después rompía con ellos para emprender su camino como actor en el teatro y el cine (hizo papeles secundarios en Napoleón, de Abel Gance, o en La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer, entre otras), aunque con moderada fortuna. En esa época era un joven inteligente y sociable, de enigmática belleza y mirada penetrante, con un trasfondo oscuro y un carácter apasionado y visionario, que no tardaba en aflorar.

Artaud fue un pensador radical, vanguardista, que propuso las ideas de lo que llamó el Teatro de la Crueldad, que impactara profundamente en el espectador hasta hacerlo salir de la complaciente pasividad ante el teatro de entretenimiento. Junto a ello ponía como ejemplo el teatro balinés -asistió fascinado a dos representaciones en 1922 y 1931-, basado exclusivamente en la fisicidad y el simbolismo, opuesto a los excesos del diálogo en el teatro burgués occidental. Los textos reunidos en El teatro y su doble (publicado en 1938) siguen siendo una lectura intensa y reveladora, no sólo para los amantes de este género.

Aparte de ese libro, muestra de su revulsiva lucidez, Artaud ha dejado otro, Los tarahumaras, que reforzó su leyenda. En 1936, harto de la incomprensión de sus conceptos teatrales, emprendió un viaje a México en busca de las culturas autóctonas que aún mantenían una identidad incorrupta frente a las imposiciones coloniales. Iba en busca de la magia, de cierta espiritualidad primitiva, otra de sus obsesiones. Era la primera vez que se encontraba solo, sin médicos, amigos o familiares que lo protegieran, y tuvo que superar serias dificultades, sobre todo económicas. Tras un penoso viaje llegó hasta los indios tarahumara, con los que tomó peyote (un cactus alucinógeno), experiencia mística que determinó su existencia y de la que partió para escribir, a lo largo de casi una década, distintas versiones del libro.

Salió de México conmocionado y llegó a París presa de una actividad frenética. En pocos meses tiene lista la primera versión de Un viaje al país de los tarahumara, aparte de otros escritos, pese a carecer de domicilio fijo, y refugiándose con frecuencia en edificios en ruinas. Para entonces ha adoptado un bastón de trece nudos como parte inseparable de su atuendo -con el que camina golpeando el suelo a su paso-, y un cuchillo toledano. Se siente acosado por hechiceros y espíritus, su mente sufre desvaríos y acusa los estragos de su larga toxicomanía. "Mi vida con la droga es una continua tormenta", escribe. Aficionado a videntes y tarotistas, se inventa una suerte de conjuros que consisten en dibujos a menudo quemados con cerillas y rotos por la presión desbocada de los lápices contra el papel. Los manda como cartas a sus amigos y enemigos.

En 1937 parte hacia Irlanda, por cinco -decisivas- semanas. Busca en el mundo gaélico los mitos del origen de todo. Causa diversos escándalos y es encarcelado y finalmente expulsado, con camisa de fuerza, a Francia. Al llegar es internado en un hospital psiquiátrico. Es el inicio de un infernal periplo que duraría nueve años, hasta 1946, por varios centros para enfermos mentales. Por un lado, tuvo la fortuna de caer en manos de algunos médicos cultos que apreciaban su talento y le proporcionaban lecturas. Por otro, fue sometido 58 veces a la dolorosa y devastadora terapia del electroshock. Pasa hambre. La Segunda Guerra Mundial pasa por fuera, por dentro Artaud sufre las consecuencias de un sistema casi medieval de reclusión entre los otros enajenados. La relación con su propio cuerpo es una tortura. Se ha convertido en un ser enjuto, torturado, y su voz es escalofriante, como se puede apreciar en emisiones radiofónicas posteriores. La desconfianza en el lenguaje lo lleva a utilizar glosolalias (en psiquiatría, lenguajes inventados por los enfermos), una especie de scat que usa en sus poesías, en las que el sonido prima sobre el sentido de las palabras.

A su salida del hospital de Rodez, se constituye un comité de amigos de Artaud, presidido por el escritor y editor Jean Paulhan, con el artista Jean Dubuffet como secretario, y entre cuyos miembros se encuentran Picasso, Balthus y André Gide, para garantizar su subsistencia. Algunos de los artistas donan obras para una subasta también a su favor. El 7 de junio se le hace un homenaje en París en el teatro Sarah Bernhardt, que abre André Breton. Artaud sigue escribiendo y dibujando -produce, entre otras cosas, su también célebre texto Van Gogh, un suicidado de la sociedad-, pero no puede abandonar las drogas, que le proporcionan algunos de sus amigos. No llega a alcanzar la ansiada tranquilidad y en febrero de 1948 se le detecta un cáncer inoperable. Pocas semanas después el jardinero de la residencia donde vive lo encuentra muerto, sentado en su cama, víctima de una sobredosis.

Artaud. La Casa Encendida. Ronda de Valencia, 2. Madrid. Exposición del 3 de abril al 7 de junio. Cine, los miércoles de abril y mayo. Jornadas, dirigidas por Vicente Molina Foix: 12, 13 y 14 de mayo. Radioperformance, 21 y 22 de mayo.

Léo Malet, ángel de la historia

JUAN PEDRO QUIÑONERO
ABC




Niebla en el puente de Tolbiac (Libros del Asteroide), de Léo Malet, es un libro mítico, cuya leyenda dorada forma parte capital de las metamorfosis del francés en París; una de las joyas más bellas del patriarca de la novela policíaca gala, cuyo héroe, Nestor Burma, solo es comparable con el Philip Marlowe de Raymond Chandler y el comisario Maigret de Georges Simenon.

Cantante de cabaret, vendedor de periódicos, anarquista simpatizante de la «acción directa», agitador trotskista, poeta, humorista, erotómano, autor de un centenar largo de novelas policíacas «populares» (con media docena de pseudónimos) y de panfletos pacifistas de violencia verbal, Malet (1909-1996) ocupa un puesto muy singular en la historia literaria de Francia.

Su lenguaje, de rarísima pureza popular, tan semejante al de Jacques Prévert -tan próximos el uno al otro-, marca un punto álgido en la evolución del argot parisino del periodo comprendido entre la década de los años 20 y la de los años 50 del siglo pasado. Solo Céline escribió un francés popular más rico, en la magna tradición de François Villon.

Montmartre difunto. Su obra literaria comienza con varios libros de poemas surrealistas, donde se confunden diversas tradiciones subterráneas: el lenguaje popular de los humoristas-cantantes/chansonniers ultramordaces de un Montmartre difunto, el lenguaje ácido de la Prensa underground de entreguerras (folletinesca, libertaria), y el lenguaje de la calle, mina de insondables misterios verbales.

Malet vive el destierro de los prófugos, los desertores, los apátridas, herederos de una tradición inmortalizada por Baroja en lengua castellana. Ese primer Léo Malet escribió muy pronto una pequeña obra maestra, 120 rue de Gare (1943), que lo consagrará inmediatamente como padre del personaje de Nestor Burma, protagonista de la más imprescindible serie de novelas escritas sobre los bajos fondos del París de la segunda mitad del siglo XX, cuya oficina, Fiat Lux, será el corazón de la legendaria serie Nouveaux mystères de Paris, entre los que destacan los consagrados a cada uno de los veinte distritos -arrondissements- de la capital.

Niebla en el puente de Tolbiac es la novela que corresponde al distrito XIII. Un distrito importante en la memoria literaria de París, a través de esa y otras novelas, sin olvidar el puesto que esa geografía tiene en la obra parisina de don Pío Baroja. Varios personajes de Léo Malet y varios personajes barojianos se cruzan por las mismas calles, persiguiendo los mismos fantasmas. Solo recordaré la memoria de los últimos caídos de la Comuna, cuyos herederos últimos, en La Butte aux Cailles, rescataron buena parte de la obra novelesca y surrealista de Malet, justamente.

Nido de anarquistas. Emanuel Michelle ha estudiado la transición del Léo Malet poeta surrealista al autor de Niebla en el puente de Tolbiac en una título de referencia, From Surrealism to Less-Exquisite Cadavers: Leo Malet and the Evolution of the French Roman Noir. Francis Lacassin ha recordado el puesto mayor de Malet en la historia de las mitologías populares del siglo XX, acrecentado por una docena de películas y varias series de televisión, revisadas sin cesar desde hace veintitantos años.

En ese marco, Niebla en el puente de Tolbiac quizá sea el texto más autobiográfico de su autor. Nestor Burma vuelve a la geografía iniciática de Léo Malet. El hogar vegetariano de la novela nos habla del nido de anarquistas revolucionarios que frecuentó el joven Léo, huido a París desde su Montpellier natal, en busca de la gloria, la revolución, errabundo por los cafés libertarios donde debería debutar cantando provocaciones insoportables. La gitana del relato nos habla de los desesperados amores del hombre que veía en el erotismo el refugio último de resistencia contra el Estado. «Suicidémonos haciendo el amor, querida», llega a decir un álter ego de Léo Malet.

La lengua de esa novela (tesoro de un argot parisino que preserva el misterio de otros mundos perdidos) es el hogar último y la patria amenazada de unos desterrados que contemplan cómo crecen, en la periferia de París, desérticos territorios poblados de alimañas y humanoides que copulan con ovejas y pegan fuego a comercios, automóviles, inmuebles y autobuses con ancianas inválidas dentro. «Tierra sin alma, campo de trabajo maldito» (Céline dixit). Profecía literaria de palmaria actualidad social, cultural y política. Baste recordar los pavorosos incendios del invierno de 2005.

El Nueva York del MoMA en Madrid


FABRIZIO NICOLÁS
Hoy es arte


La Casa Encendida de Obra Social Caja Madrid y el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York –con el apoyo de The Internacional Council of The Museum of MoMA– abren hoy al público la exposición Retratos de Nueva York. Fotografías del MoMA, una muestra que, a través de 140 imágenes de Nueva York –todas pertenecientes a la colección del MoMA– realizadas por 93 de los más grandes fotógrafos de todos los tiempos, rastrea la historia de la fotografía del siglo XX.

Alfred Stieglitz , Berenice Abbott, Diane Arbus, Andy Warhol, Edward Steichen, Harry Callahan, Henri Cartier-Breson, Walter Evans, Lee Friedlander, Helen Levitt, Cindy Sherman o Irving Penn son algunos de los nombres que forman parte de esta muestra que pretende dar a conocer en nuestro país la colección fotográfica del museo estadounidense, una parte esencial de su patrimonio artístico, así como la historia de la ciudad de Nueva York, tema que funciona en el imaginario colectivo del último siglo como la ciudad de la modernidad y epicentro artístico contemporáneo.

Mezcla de glamour y crudeza

Según Sarah Hermanson Meister, conservadora adjunta del Departamento de Fotografía del MoMA y comisaria de la exposición, “fotografía y Nueva York han ido modernizándose de la mano a lo largo del siglo XX. No existe ninguna otra ciudad en el mundo que pueda compararse con esta situación en la que existe un diálogo tan sostenido y fructífero”. De esta forma, 93 fotógrafos, algunos nativos, otros americanos instalados en la metrópoli y unos pocos extranjeros, quedaron fascinados por la mezcla de glamour y crudeza que caracteriza Nueva York y que, precisamente, ha constituido siempre un motivo de especial vitalidad para estos artistas que trataron de inmortalizar la actividad de esta ciudad, la integración de sus habitantes, su arquitectura o el paso del tiempo.

Para la comisaria, esta exposición “refleja ampliamente la historia de sinergias de este medio artístico y de la Gran Manzana a lo largo de un período de importantes transformaciones para ambos. Las fotografías creadas a través del inquieto y constante compromiso de numerosos fotógrafos con la ciudad de Nueva York constituyen una parte fundamental de la percepción que los neoyorquinos tienen de la ciudad y de sí mismos".

Grandes iconos de la fotografía

La mitad de las obras que se exhiben hasta el 14 de junio en La Casa Encendida de Madrid fueron adquiridas por el MoMA a partir de 1991 –hasta 2007– y muchas de ellas visitan España por primera vez. Algunas de estas imágenes son grandes iconos de la historia de la fotografía y, en gran medida, han contribuido de forma acumulativa a definir la imagen que los neoyorquinos tienen de sí mismos, facilitando una visión concreta de la ciudad en la imaginación de todos sus habitantes.

Retratos de Nueva York. Fotografías del MoMA está dividida en tres galerías. La primera, dedicada a las obras más tempranas, acoge las imágenes fechadas entre 1888 y 1969; una segunda sala, algo más temática, muestra la tradición de la fotografía nocturna e imágenes de noticias sin ninguna intención artística. Por último, una tercera parte incluye las fotografías de Nueva York más recientes, desde 1960 hasta el siglo XXI.

La política africana de Obama es la misma que la de Bush

GLEN FORD
Black Agenda Report (Traducido por Mariola y Jesús María García Pedrajas)



Al extender por un año más las sanciones de EEUU en contra de Zimbabwe, Barack Obama ha eliminado cualquier duda de que su política africana es esencialmente la misma que la de George Bush: cambio de régimen y creación deliberada de los llamados “estados fallidos.” Es la misma historia en Somalia, Sudán y el Congo, donde los Demócratas de Obama persiguen objetivos idénticos a los de los Republicanos de Bush: minar y derrocar cualquier gobierno de África que no se doblega a la voluntad de Washington, y animar el desmantelamiento efectivo de naciones-estados africanos inconvenientes. Esto es imperialismo en su forma más cruda.

La guerra económica de George Bush contra Zimbabwe es ahora la guerra de Obama, defendida con la misma lógica imperial. Al igual que las sanciones de Bush, impuestas en 2003 y expandidas en 2005 y 2008, las sanciones de Obama están dirigidas contra el Presidente Robert Mugabe e individuos y compañías asociados con su partido político. La Casa Blanca justifica esta agresión económica alegando que Mugabe y sus asociados suponen “una amenaza extraordinaria e inusual a la ‘política exterior’ estadounidense.” Ni siquiera una amenaza a los “intereses” estadounidenses, nótese, sino a la “política exterior” estadounidense. Esto es un intento descarado a plena luz del día de cambio de régimen. Obama está diciendo, en términos muy claros, que EEUU tiene el derecho de buscar la salida del poder de cualquier gobierno cuyas políticas divergen de las de Washington – esa es la definición de imperialismo.

“El presidente Obama sabotea la búsqueda de auto-determinación en el continente africano en su conjunto.”

Obama ha colocado a EEEUU en contra de la voluntad de la Unión Africana y los vecinos de Zimbabwe en el sur de África, los cuales apoyan el actual acuerdo para compartir el poder entre Mugabe y el partido de la oposición. Al empequeñecer la voluntad de la Unión Africana y los vecinos de Zimbabwe, el Presidente Obama sabotea la búsqueda de auto-determinación en el continente africano en su conjunto. Continúa el legado de George Bush como el principal desestabilizador de África.

También en contra de los deseos de la Unión Africana, EEUU, Gran Bretaña y Francia son los principales instigadores detrás de la acusación del Presidente sudanés Omar al-Bashir, por la Corte Penal Internacional (CPI), por los cargos de cometer crímenes en contra de la humanidad en Darfur. La posición de EEUU es de bancarrota moral, puesto que EEUU rehusó colocarse a sí mismo bajo la jurisdicción de la CPI, temiendo el castigo por los muchas peores crímenes en contra de la humanidad cometidos por EEUU in múltiples países alrededor del planeta – crímenes de los que Barack Obama es ahora directamente responsable.

No puede estar más claro que a EEUU le gustaría fragmentar Sudán, el país más grande de África, en piezas más pequeñas en las que controlar y explotar más fácilmente sus recursos naturales. El desmembramiento de Somalia, en el Cuerno de África, se consolidó con la invasión por parte de Etiopía respaldada por EEUU. En África central, EEUU continúa fomentando el caos a través de los ejércitos de sus estados cliente, Uganda y Ruanda, con resultados genocidas en el Congo. Existe una única cosa que la gente de buena voluntad debería demandar de la Casa Blanca de Barack Obama: ¡EEUU fuera de África! ¡Ya!

De Cézanne a Léger


ENZO AGRIGENTO
Hoy es arte




El Museo de Bellas Artes de Bilbao acoge la exposición El papel del Arte (VIII). Últimas décadas del siglo XIX - primera mitad del siglo XX. De Cézanne a Léger, que podrá contemplarse hasta el próximo 14 de junio. Esta institución conserva en su colección más de 6.000 obras sobre papel -entre acuarelas, carteles, collages, dibujos, grabados, pinturas y fotografías-, lo que demuestra el interés por las técnicas artísticas realizadas en ese soporte, cuya fragilidad impide que se expongan de forma permanente debido a su extrema sensibilidad con respecto a la luz y a las variaciones ambientales de humedad y temperatura.

A pesar de esa condición, el Bellas Artes puso en marcha en 2005, gracias al patrocinio de Bancaja, el programa El papel del Arte, que propone, precisamente, exposiciones monográficas dedicadas a la obra sobre papel con un doble objetivo: mostrar al público su propia colección u otras de interés, comenzando por los ricos fondos de Bancaja, y estudiar y dar a conocer al público general y a los especialistas esos mismos fondos.

En esta ocasión se presenta De Cézanne a Léger. Colección Museo de Bellas Artes de Bilbao, que continúa el itinerario cronológico emprendido en 2008 por De Goya a Benlliure. Si en aquella ocasión la exposición reunía un importante corpus de obras del siglo XIX, ahora se avanza en el estudio y exhibición de la colección del Museo mostrando dibujos, acuarelas, gouaches, grabados y pasteles realizados en el período comprendido entre las últimas décadas del siglo XIX y la primera mitad del XX.

El magisterio de dos genios

Son 115 obras de 43 artistas, delimitados por el magisterio de Cézanne y Léger, cuyas obras describen los inicios y la plenitud del cubismo, y sitúan una época de gran diversidad temática y estética encarnada aquí en las trayectorias de Adolfo Guiard, Anselmo Guinea, Francisco Iturrino, Ignacio Zuloaga, Georges Rouault, Joaquín Torres García, Ricard Canals, los hermanos Arrúe, Pablo Picasso, Daniel Vázquez Díaz, Louis Marcoussis, José Gutiérrez Solana y Oskar Kokoschka, entre otros.

El catálogo de la exposición, que ha contado con el comisariado de Javier Novo González, del Departamento de Exposiciones del Museo, reproduce todas las obras acompañadas por su correspondiente ficha técnica y comentario, a cargo de diversos especialistas.

Un poco de historia

Durante las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX en París, por entonces considerada capital de las artes, el desarrollo del impresionismo y de otros movimientos posteriores como el cubismo aportó una nueva visión artística, que, además, se vio favorecida por la consolidación del mercado artístico y, en el caso de las obras sobre papel, por una serie de avances en las técnicas del grabado.

Pero junto a esta actitud rupturista pervivió una estética academicista, caracterizada por los temas de costumbres e históricos, los retratos y los paisajes, elaborados en el ámbito del taller mediante una cuidada composición y un dibujo preciso. Como ejemplo, valen algunos artistas de esta exposición, entre ellos, Gonzalo Bilbao (1860-1938), cuyas obras aún mantienen el gusto decimonónico por los tipos y costumbres pintorescos.

Novedad formal

Paralelamente, otros artistas, destinaban sus temas costumbristas a un mercado conservador pero, a pesar del convencionalismo, aplicaban cierta novedad formal. Es el caso de Manuel Losada (1865-1949), conocido, sobre todo, por su amables recreaciones al pastel de un Bilbao pre-industrial.

Junto a esta visión anecdótica surgió otra, mucho más crítica, y que se ganó la férrea oposición de la pintura académica, encarnada de forma paradigmática en la obra de José Gutiérrez Solana (1886-1945), que presentaba, como en el aguafuerte y la litografía incluidos en la exposición, un panorama descarnado de la España de la época, heredero de la tradición expresionista de la escuela española y de la estética de comienzos de siglo de la España Negra representada por Regoyos y Zuloaga. Precisamente, en ese mismo contexto, y a pesar de su éxito internacional, también se acusó a Ignacio Zuloaga (1870-1945) -de quien se exponen dos retratos al carboncillo del pintor Pablo Uranga- de exaltar el atraso nacional.

Por otra parte, la pervivencia de la tradición academicista impidió valorar correctamente a ciertos artistas cuyos paisajes en sintonía con el impresionismo no fueron apreciados hasta bien entrado el siglo XX. Es el caso del bilbaíno Adolfo Guiard (1860-1916), presente en la muestra con nueve obras, entre acuarelas y tintas. Guiard, cuyos paisajes se encontraron en sintonía con el postulado impresionista de la pintura au plein air según el cual no es necesario cambiar de lugar para cambiar de paisaje, supo dar a sus obras cierta espiritualidad de carácter simbólico.

Bañistas de Cézanne

Entre las piezas más destacadas de la exposición se encuentran dos representaciones de bañistas de Paul Cézanne (1839-1906), considerado el padre del arte moderno por la influencia que sus ideas sobre la forma y el color ejercieron en generaciones de pintores. Buena parte de sus investigaciones fue recogida por el cubismo, aquí representado en la obra de Louis Marcoussis (1883-1941) y Fernand Léger (1881-1955), éste último con un bodegón de madurez. La esquematización del cubismo también influyó en Francisco Iturrino (1864-1924), cuyos dibujos sirvieron como para muchos de sus cuadros.

Junto a la esquematización formal del cubismo, otros movimientos investigaron las posibilidades expresivas del color, como es el expresionismo, presente aquí con una obra singular de Oskar Kokoschka (1886-1980). Por su parte, Georges Rouault (1871-1958) tomó como referencia el arte medieval. De él se exponen cuatro estampas de la serie Miserere, considerada uno de los trabajos gráficos más importantes del siglo XX.

A partir de la década de 1910 surgieron numerosos movimientos y colectivos de pintores, escultores, grabadores, ilustradores, escritores, filósofos, poetas… de gran inquietud artística e intelectual, y, entre ellos, el constructivismo de las obras de Joaquín Torres García (1874-1949).

Daniel Vázquez Díaz (1882-1969) ejerció un papel fundamental en la renovación de la plástica española de este periodo. En la muestra se incluyen dos espléndidos dibujos que retratan a los pintores Darío de Regoyos y Aurelio Arteta y tres aguafuertes de la serie Las ciudades mártires, en donde Vázquez Díaz consigue plasmar el horror de la guerra, que marcó este intenso período.

Pony Bravo

“Y se abre el tiempo, se abre el tiempo. Viendo la vida no se vive. Hace falta niña un poco de acción”. Acción es poco para describir lo que Pony Bravo es capaz de ofrecer con su música. Apuesta a caballo ganador


DIEGO J. CEBALLOS
Tertulia andaluza




El último número de una importante revista musical (y de tendencias) se abría con un amplio reportaje para ejemplificar lo que se movía en el nuevo indie nacional, poniendo su óptica en grupos de las escenas de Barcelona y Madrid. No voy aquí a criticar su ombliguismo ni a caer en un demagogo chauvinismo sureño, pero en Sevilla, sin haber propiamente una ‘escena’, han surgido en los últimos tiempos algunos de los proyectos musicales más originales y atrevidos del panorama nacional. Bandas como Blacanova, Las Buenas Noches, Midi Puro, o, de los que nos vamos a ocupar en las líneas siguientes, Pony Bravo, ponen de manifiesto que algo bueno se mueve por estos lares.

La mezcla de diferentes estilos musicales, eso que algunos han dado por denominar como fusión, y que bajo su paraguas se han refugiado innumerables bodrios (con algunas notabilísimas excepciones, todo hay que decirlo), no es una idea en sí misma descabellada. Eso sí, ha de hacerse con respeto, con estudio, con admiración. La música de cada pueblo va asida a su cultura, a su vida, a sus sentimientos, a su pasión. Y sólo respetando esos parámetros dicha mezcla puede fluir de forma natural. Con honestidad. Con verdad. La que Pony Bravo rebosa acaudaladamente.

Los sevillanos, entre tanto producto de catálogo, han parido una de las propuestas más originales y genuinas, a la par que estimulantes, de los últimos tiempos. Su reciente disco Si bajo de espalda no me da miedo, editado por el también novísimo sello local Discos Monterrey, y grabado en los Estudios La Mina por Raúl Pérez (miembro a su vez de The Baltic Sea, Marina Gallardo y Tweilicht), incluye doce temas en los que, además de la presencia de la sólida base rítmica característica del krautrock, se balancean y expanden con total fluidez hacia la música sureña americana, el western, vestigios del rock andaluz de los setenta (esos Triana), dejes flamencos, reggae, ritmos africanos y un acertadísimo espíritu coplero por el que siento gran debilidad. Sonidos fronterizos dispares con sensación de conjunto. Enormes canciones como El Rayo, la homónima El Pony Bravo, Trinchera, Arcanul, El guarda forestal, El piloto automático o Sunset que, gracias a la única difusión del boca a boca y de las diversas aplicaciones informáticas a su alcance (MySpace, Youtube, blogs…), llevan meses sonando sin parar y que justifican por méritos propios la expectación y admiración que provocan a su paso.

Pasando con naturalidad del castellano a la lengua anglosajona, el grupo integrado por el diseñador gráfico Daniel Alonso junto con los ex-Renochild Pablo Peña, Darío del Moral y Javier Rivera ha elaborado un discurso musical propio, experimental y cercano, aderezado además de una imagen gráfica también personal, que suma quilates al Pony tanto con el magnífico artwork que custodia el disco como con los efectistas carteles que anuncian sus actuaciones. Actuaciones en las que Pony Bravo no sólo son capaces de plasmar todo lo bueno que recoge el disco, sino que hacen crecer muchas de sus canciones con su potencia y versatilidad.

Dicho todo esto no debería quedar duda alguna de que Pony Bravo es un grupo al que hay que escuchar (y disfrutar) y seguir la pista. A mí no me queda. Pero para los escépticos, decir que la última potencial arruga de mi bigote desapareció fulminantemente de mi rostro con la satisfacción de verles en directo dando vida a una arrebatadora versión de La niña de fuego de Manolo Caracol. Mucho arte hay aquí. Arte equino. ¡Pony Bravo!

Arnaud Desplechin "Mis películas no parten de la realidad sino del subconsciente"


BEATRICE SARTORI
El Mundo




Un cuento de Navidad, el séptimo largometraje del realizador francés Arnaud Desplechin (Roubaix, 1960), contra lo que su título podría anticipar, es un ácido y coral retrato de la burguesía disfuncional. Envenenadas relaciones consanguíneas, odio, resentimiento, traición, enfermedad, desconfianza, muerte y diversas heridas psicológicas plagan un filme de 152 minutos que alberga una docena de personajes dominados por la presencia matriarcal de Catherine Deneuve (Juno). El director habló con El Cultural durante el último Festival de Cannes, donde participaba a competición.

- Logra compatibilizar la amable decoración del árbol, la compra de regalos, la misa del gallo y los banquetes con las insidias, secretos, traumas y otros venenos familiares de los Vuillard en una película que combina comedia y drama.

- Se trata de una reunión no deseada por muchos miembros de la familia con motivo de unas fiestas que socialmente son definidas como obligatoriamente “felices” A todos les une una misma sangre por la cual fluye la unión y el odio, pero también la vida y la muerte. Para mí, la imagen de las células enfermas a toda velocidad bajo la lente de un microscopio viene a resumir la historia de los Vuillard, unos burgueses ricos que viven más del pasado que del presente. Viven del recuerdo de una cierta grandeza en un sitio ¡como Roubaix! Sus aspiraciones son tan altas como sus vidas, un desastre.

- Los diálogos son francos, directos y, a menudo, brutales.

- Los Vuillard no ocultan sus hostilidades. Y pese a la dureza de sus palabras, hay momentos que resultan verdaderamente cómicos. Irónicamente, la matriarca Juno, necesita desesperadamente de un trasplante de médula ósea y sólo su detestado hijo Henri puede proporcionárselo. El apestado se convierte en el salvador en una mezcla de melancolía y diversión.

- No por eso Juno se ahorra manifestarle a Henri lo poco o nada que le quiere.

- Catherine y Mathieu disfrutaron enormemente de una escena que va contra las creencias judeo-cristianas según las que el amor de una madre por sus hijos es obligatorio. En realidad, es una convención, porque no se nace con ello. Ambos se detestan pero se quieren, a su particular manera. Y el insulto es la vía de comunicación que hallan. Por todo ello, es una película muy “sana”.

Entre el sueño y la pesadilla

- Catherine Deneuve usa su legendaria personalidad glacial al servicio de Juno.

- No escribí el personaje pensando en ella. Nunca creo roles para actores determinados, no puedo. Generalmente, creo personajes que no entiendo y les pido a los actores que me ayuden. Juno no es cruel sino que pretende serlo por la atracción de lo subversivo o escandaloso que la carencia de instinto maternal le provoca.

- Hay referencias cinematográficas muy evidentes...

- Hay tres muy obvias: Fanny y Alexander, Hanna y sus hermanas y La regla del juego pero también hay otras más sutiles: como Los diez mandamientos y Vértigo. Forma parte de las “travesuras”que me permití, como confrontar a Catherine y su hija, Chiara Mastroianni, en personajes materno-filiales que claramente se detestan. Las dos se avinieron al juego casi con delectación.

- ¿Es Cuento de Navidad un drama o una comedia, un sueño o una pesadilla?

- Lo es todo. Mis películas no parten de la realidad, sino del subconsciente. Mientras escribía el guión pensaba constantemente en El sueño de una noche de verano, donde un grupo de personajes se reúnen por una celebración y, entre la realidad y la fantasía, fornican, engañan, se enamoran y traicionan. A la mañana siguiente no pueden discernir si les ha ocurrido en realidad, o solamente lo han soñado. Ese fue el punto de partida. Después, un libro que encontré al azar , La Greffe, entre le psychanalyse et la biologie, del psiquiatra Jacques Asher y el hematólogo Jean-Pierre Jouet.

- Rodó hace dos años el documental L'Aimée y en 1991 La Vie des Morts en Roubaix. Ahora ha regresado a la ciudad en la que nació.

- Fue una ciudad industrial muy próspera y efervescente en los años 60 hasta finales de los 70. Pervive en ella hoy una grandeza arcaica y devastada. Se está cayendo a pedazos y causa dolor verlo. Era de nuevo el “plató” ideal para mostrar la decadencia de una familia rica cuya sangre mata silenciosamente. Casi nadie conoce esta ciudad y se erigió, por ello, en un territorio neutral, un solar nada exótico, un lienzo en blanco.

La inspiración de Emerson

- Parece que su intención sea darle la vuelta a todos los tópicos familiares, incluido el dolor por la muerte de un hijo.

- Fue fundamental la lectura de Experience, un libro autobiográfico del poeta norteamericano del siglo XIX Ralph Waldo Emerson, el filósofo del individualismo estadounidense, acerca de la muerte de su hijo como catarsis para reencontrarse a sí mismo. La muerte del hijo fue necesaria para su propia conquista personal. Trasladé esos sentimientos a las fiestas navideñas. A ratos, monté la estructura alrededor de un calendario de adviento en el que vamos abriendo las ventanitas de una casa cada día desde el primero de diciembre hasta llegar al 24. Cada ventana que se abre es un regalo que se recibe. O un secreto que se desvela.

- La banda sonora es apabullante: de Mendelssohn a Otis Redding, de Scarlatti a Blackalicious o Duke Ellington.

- La música es fundamental para mí, me ayuda a entender lo que he filmado. Durante el proceso de montaje, elimino todo sonido para quedarme con la razón de cada fotograma. Después, al añadir la música, todo cobra sentido.

Juan Goytisolo: generación renovada

La colección Verticales de Bolsillo recuerda 'Señas de identidad'


ÁLVARO CORTINA
El Mundo



Aquello de la "renovación de la novela española" llegó morosamente, a destiempo, ya para los 60. Por estos años fechan los manuales todas aquellas aboliciones prosísticas, y todos aquellos arreglos nuevos, tan aquilatados de intelectualismo, edificantes o aparatosos, según gustos.

Ya no es escribir en registro literario, u oral, ya se trata de escribir como se piensa, en retorcidos flujos de conciencia, se trata de hacer subversión desde algún prisma raro de las palabras. Los títulos que renovaron esa década son libros difíciles que denotan asfixia hacia las acotaciones clásicas tipo peripecia o personajes.

Juan Goytisolo fue (y va) a la cabeza de toda esta renovación, de este canon que hizo la guerra estética desde unas lecturas de Joyce o de Faulkner. El abigarrado manual de desamparos llamado 'Señas de identidad' (editada ahora por Verticales de Bolsillo) es una expresión de asfixia. Barcelona en posguerra, charlas, burguesía en fotos... todo le resulta al protagonista Álvaro Mendiola ligeramente egoísta y caduco.

Las personas verbales de la narración cambian, la puntuación se atrofia. Frases largas o sin puntos, son como una brecha abierta a una gárgola del tiempo, hemofílica y equivocada, chorro de meandros y atropello. Los personajes son impresiones estampadas o paisajes de un hilo musical que dibuja o presiente a Álvaro Mendiola.

París/Barcelona o Barcelona/París, entre estas dos distancias se intenta descubrir el universo. Las charlas se suceden y se disuelven. Goytisolo, el autor desentendido, el autor autoexiliado ataca las identidades, borra las caras y retuerce las lenguas.

Hay 'joseantonianos' y gramófonos (efluvios de voz de Katheleen Ferrier), descapotables que recogen putas del Barrio Chino, hay un pueblo, Yeste, por donde asoma el polvorín. Hay informes sobre rojos sospechosos, y hombres sin contexto, y cierta desesperanza, y cierto reproche. Todo cabe dentro de un inefable curso sospechoso, unas veces encendido, contestatario y autobiográfico, otras indefinido.

Naturalmente, esta novela conflictiva y autobiográfica ataca a los orígenes de Goytisolo, ataca al señorito decadente. Así, Barcelona cabe dentro de la metáfora de un camposanto:

"El cementerio había sido concebido en sus orígenes como una apacible y somnolienta ciudad de provincias con sus jardines y avenidas, glorietas y paseos, nichos de clase media y pobre y suntuosos panteones burgueses y aristócratas".

Incriminaciones

El reproche está casi al final de cada uno de los accesos líricos de tan fragmentada construcción: "Nos hemos preparado para algo y no ha pasado nada". 'Señas de identidad' es una obra muy coyuntural, o mejor, generacional. Trabaja en una resistencia roja y generacional, en ironía. Una novela directiva y cargada de futuro (hoy ya de pasado).

"Los españolitos de un metro y sesenta y cinco centímetros de altura con 25, treinta o 35 años de hambre y privaciones a la espalda, llegan en tren a París buscando trabajo. Toman la marcha, ellos que luego serán abuelos, de ese sistema de viejas fotos que regenera las familias en un flujo eterno".

Goytisolo hace del españolito generacional un ser grotesco e incapaz. Muy notable cómo los retrata, indefensos y heridos, frente a la liberada mujer francesa (o alemana o escandinava).

Mendiola, obvio alter ego de Goytisolo, contempla largamente, desdeñosamente, este legado de su estirpe: "En fotos desvaídas y amarillentas los espectros familiares posaban una y otra vez para ti, como en concertadas y tediosas repeticiones de una escena fallida y tu breve y ya lejana historia renacía con ellos". De fondo está aquella licencia que asemejaba cementerio y ciudad: "Charnegos pobres y barceloneses ricos, muertos dormidos y muertos despiertos".

Sarkozy planea un censo étnico en Francia

Un comité de expertos presenta al jefe de Estado un plan estadístico para "radiografiar" la población - Sectores sociales temen la vuelta de discriminaciones del pasado

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA
El País




El año pasado, Nicolas Sarkozy hizo a un hombre particular un encargo delicado. Corría el mes de diciembre y el presidente de la República francesa, tras nombrar Comisario de la Diversidad a Yazid Sabeg, un abogado de origen argelino convertido en empresario exitoso, le ordenó que se hiciera con "las herramientas estadísticas" necesarias para "radiografiar" la sociedad. Y añadió: "La igualdad de oportunidades teórica debe convertirse en algo real". La polémica estaba servida. Lo que Sarkozy estaba proponiendo a Sabeg era, a juicio de algunos, que saltase por encima de los principios de la República y rompiese uno de los tabúes franceses: el de impedir hacer estadísticas y encuestas en las que los datos relevantes sean el color de la piel, el origen u otro signo de posible discriminación racial.

El abogado de origen argelino, defensor a ultranza de las políticas de discriminación positiva y partidario, por tanto, de que el Estado regule la inclusión de un número determinado de personas pertenecientes a minorías étnicas en empresas públicas, en la universidad o en la política, entre otras instituciones, aceptó encantado y se puso manos a la obra.

Prometió que en marzo entregaría a Sarkozy un informe con el que podría llevar a la Asamblea un proyecto de ley para hacer las controvertidas encuestas, denominadas en Francia "estadísticas étnicas". Los partidarios de estas encuestas, permitidas en Estados Unidos y en Reino Unido, aseguran que su confección permite "ver" a los inmigrantes, "descubrirles" en la sociedad, en una palabra, enterarse de si existe discriminación o no, un paso previo e indispensable para poder luchar contra ella.

Sabeg, en una entrevista reciente concedida a Le Monde, las defendía así: "Estas estadísticas y encuestas permitirán medir la amplitud de la discriminación y de la eficacia de las políticas de integración".

No faltaron voces que criticaron la medida. Incluso en el mismo Gobierno o en el partido de Sarkozy. Apelaron, ni más ni menos, que a los sagrados principios de igualdad de la República Francesa. Fadela Amara, secretaria de Estado de Política de la Ciudad, esto es, la delegada del Gobierno para coordinar las políticas en los barrios pobres, saltó como un resorte al enterarse de las intenciones de Sarkozy: "Las estadísticas étnicas, la discriminación positiva, las cuotas, todo eso es una caricatura. Nuestra República no debe convertirse en un mosaico de comunidades. Nadie debe portar ya ninguna estrella amarilla", dijo en Le Parisien, en alusión a la marca que los nazis obligaron a llevar a los ciudadanos judíos durante la II Guerra Mundial, incluida Francia. Amara, feminista comprometida con los habitantes de las periferias de las grandes ciudades, y defensora sobre todo de los derechos de las chicas de origen árabe y africano, añadió: "El hecho de ser negro no es un diploma. Ser árabe no es un valor en sí. Todo lo que tienda a favorecer a sectores de población según criterios étnicos desintegra el proyecto republicano".

Coincidía con portavoces de otras organizaciones poco sospechosas de no defender a los inmigrantes, como SOS Racismo, que también se declaró desde el primer momento en contra de la medida por considerarla, precisamente, discriminatoria.

Otro miembro del Gobierno, el secretario de Estado de Relaciones con el Parlamento, Roger Karoutchi, manifestaba: "La idea original es buena, pero la ficha étnica trae malos recuerdos. Si viviéramos en un país ideal, estaría muy bien, pero en Francia, esto es un riesgo".

En vista de la polémica, Sabeg dio el lunes un paso atrás. Las "estadísticas étnicas" no se aplicarán, por lo menos, hasta junio. El Comisario para la Diversidad ha creado un comité compuesto por una decena de expertos (sociólogos, demógrafos, periodistas, especialistas en recursos humanos...) a fin de reunirse periódicamente para elaborar un informe "independiente" sobre la materia. El presidente de este comité es el director del Instituto Nacional de Estudios Demográficos, François Héran. "Ahora mismo se hacen estadísticas en las que se pregunta el origen de los padres. Pero sólo cada 10 años. Y eso no sirve. Nuestra misión es elaborar métodos estadísticos, herramientas demográficas encaminadas a desatascar la cuestión. Las preguntas versarán, por ejemplo, sobre si uno se siente discriminado por el color de piel, o si se considera dentro de un grupo étnico. Siempre será de modo anónimo y siempre con el consentimiento expreso del encuestado", explica Héran. A partir de junio, corresponderá al Gobierno decidir qué hace con el informe de los expertos.

Mientras tanto, el debate se ha trasladado a los periódicos y a la calle. Michel Varoquier, un mecánico de 20 años que trabaja en París, afirmaba ayer: "Yo no entiendo mucho de estadísticas, pero está claro que aquí estamos discriminados. No hay más que vernos. Aquí, ahora mismo, no podría haber un presidente negro como Obama".

Sin embargo, el presidente del Consejo Representativo de Asociaciones Negras de Francia, Patrick Lozès, defendió el proyecto en una tribuna: "¿Hay que entender que, cuando se es negro o magrebí, para obtener un trabajo en este país es necesario esconderse?".


Un tabú roto en otros países

- Estados Unidos. El censo étnico está permitido en Estados Unidos, y el Instituto Demográfico nacional contabiliza la presencia de las distintas razas en la población total. Las últimas estimaciones cifraban en 37 millones los ciudadanos negros (12,4%), 13 millones los asiáticos (4,3%) y 44 millones los hispanos (14,7%).

- Reino Unido. El Instituto Estadístico Nacional británico también contabiliza la población sobre base étnica. En el último censo general, de 2001, los blancos representaban el 92% de los habitantes, los asiáticos más del 4% y los negros un 1%. El censo británico también recopila datos acerca de la actitud religiosa de los ciudadanos, que en todo caso tienen derecho a no contestar a las preguntas en esta materia.

- Italia. El Gobierno de Silvio Berlusconi impulsó el año pasado un censo de la población gitana residente en el país transalpino. La medida provocó una dura polémica, al ser considerada por algunos discriminatoria. Tras algunos ajustes procedimentales, el censo recibió el visto bueno de la UE.

Entrevista a AC/DC


"¿Que deberíamos estar en un museo? Mmm..."

Angus Young se resiste a colgar el uniforme de colegial y reivindica, en vísperas de su primera gira española en nueve años, la leyenda de AC/DC como gran santuario


SANTIAGO GARCÍA
El Mundo


Un concierto de AC/DC es un rito, un show, una celebración por todo lo alto. La última vez que el grupo australiano nos visitó fue en 2000, en Madrid y Barcelona.

Nueve años después, los cañones y las campanas del infierno volverán a resonar en ambas ciudades y lo harán por primera vez en Bilbao, en una parte de la gira europea que se centra en Palacios de Deportes pero que volverá en junio a campos de fútbol: el 5 en el Vicente Calderón de Madrid y el 7 en el Estadio Olímpico de Barcelona.

Los cinco miembros de AC/DC, nacidos entre 1947 y 1955, han vuelto a la carretera para presentar su decimoquinto disco de estudio, 'Black Ice'. Compuesto como siempre por los hermanos Angus y Malcolm Young y producido por Brendan O’Brien, ha sido número uno de ventas en casi 30 países (entre ellos, España) y lleva vendidas más de seis millones de copias desde que salió a la venta, en octubre del año pasado.

PREGUNTA.- Después de 35 años tocando y de 200 millones de ejemplares despachados de todos sus discos, ¿qué lleva a empezar a trabajar en un nuevo álbum?

ANGUS YOUNG.- No pensamos en cuantos discos hemos vendido, ¡ups!, mi estómago, perdón... Si te paras a pensar en cada detalle acabas juzgando todo. De cara a un nuevo álbum la idea es preguntarte cómo de buenas son tus canciones.

P.- ¿Y cómo se sabe qué canciones merecen estar en un disco?

A.Y.- Para AC/DC es casi como un proceso de edición: puede que tengas 100 ideas pero sólo unas pocas sobrevivirán. Habitualmente, son ellas mismas las que empiezan a despuntar respecto a las demás. Vas apartando, escogiendo y así...

BRIAN JOHNSON.- Y de vez en cuando aparece una maravilla como 'Anything Goes', que surgió al final de la grabación, de repente. Ya habíamos decidido las canciones que irían en el álbum y de repente apareció ese riff. Dices: "¡joder, bingo!".

P.- Es el secreto del rock & roll. ¿Ustedes ya lo han descubierto?

A.Y.- El secreto es que no hay secreto (ríe). Hombre, el tiempo y el esfuerzo que le dedicas cuentan, y también el hecho de que nosotros tenemos mucha experiencia y éso es un grado. Pero es imposible predecir las ideas. A lo mejor estás en casa durmiendo y te viene una gran idea: entonces te levantas y la apuntas o la grabas. Lo mismo te puede pasar mientras vas en un taxi, así, de repente. Claro que luego también te puedes tirar meses esperando a que te salga el estribillo, lo mismo que puedes volver a ideas antiguas que tenías guardadas...

B.J.- Gran parte del secreto es la pasión. Cuando te metes en un estudio, encerrado en cuatro paredes con cuatro tíos, si no tienen pasión, no funciona. ¡Yo soy bastante apasionado!(Ríe). Diría que ésa es la cuestión, ser apasionado. Sé que no es gran secreto, pero es importante.

P.- Muchos grupos evolucionan con cada disco a lo largo de los años, pero de AC/DC se espera que siga siendo igual. ¿Es 'Black Ice' puro AC/DC?

A.Y.- Bueno, es AC/DC versión 2008. ¡Pero claro que es AC/DC!Ése es nuestro gran objetivo, que cuando alguien escuche una canción sepa que es nuestra a la primera... Es lo que buscamos: un sonido inconfundible.

P.- Rock duro, rock pegadizo, heavy rock... ¿Cómo definen su música?

A.Y.- No sé, yo creo que simplemente somos una buena banda de rock & roll.

P.- ¿Cuál ha sido la aportación del productor, Brendan O’Brien?

A.Y.- ¡Es un gran músico!

B.J.- Sí, y tiene un vicio con las cartas que no veas, nos ha dejado sin pasta.

A.Y.- Es un tío con el que es muy fácil trabajar. Hubo muy buen entendimiento y eso es fundamental para tomar decisiones.

P.- ¿Es verdad que después de todo este tiempo en la carretera tocan y cantan mientras duermen?

B.J.- ¿Cantar mientras duermo? (Ríe). Yo me parto de risa cuando sueño. Así soy yo.

A.Y.- Sí, es posible, puede que de vez en cuando toque la guitarra mientras duermo.

B.J.- Joder, no te lo vas a creer, pero con este disco me ha pasado. Hace poco estábamos haciendo entrevistas en Nueva York; trataba de dormir y había una canción del disco que no se me iba de la cabeza (tararea entre dientes), así acostado... Pero es un buena señal, ¿no? Significa que estás viviendo el disco a tope... No sé a cuento de qué venía todo esto (ríe) ¡Vaya montón de paridas!

P.- Siempre han creído que la música principalmente debe entretener y divertir a la gente y no ser utilizada para fines políticos o sociales. ¿Todavía opinan igual?

A.Y.- Sí, sí, es que para nosotros la música es entretenimiento. Todo lo demás, como la política, es otro trabajo. Si eres músico y no piensas así, es mejor que te dediques a otra cosa.

Los curiosos uniformes de colegial

P.- Angus, ¿cuántos uniformes de colegial tiene?

A.Y.- ¿Cuántos? Es difícil de decir, probablemente unos 100, creo… Los tengo ordenados por colores. Lo bueno del uniforme es que no me tengo que preocupar por las modas, sólo tengo que elegir un color. Por ejemplo, si antes de un concierto veo que el público tiene pinta de estar animado, digo: "venga hoy me pongo el rojo…". Así, para darle un poquito de "fuego" al asunto.

P.- ¿Es verdad que por el calentamiento global sus pantalones son ahora más cortos?

B.J.- Parece una pregunta de Monty Python...

A.Y.- En realidad, cuando toquemos en un país caluroso me pondré bañador. No, en serio, yo no pienso en el calentamiento global. Cuando era niño nos metían miedo en el colegio con el enfriamiento global y ahora es calentamiento. Pues vale.

P.- Cuándo dejen la música, ¿quién sustituirá a AC/DC?

A.Y.- Supongo que hay por ahí bastantes grupos jóvenes tocando. Cada generación produce buenos músicos, sobre todo de rock, y el testigo va pasando de unos a otros. Cuando nosotros empezamos nos fijábamos en el rock de los años 50 y principios de los 60. De igual modo, nosotros inspiraremos a alguien y así sucesivamente.

P.- Habrá gente que piensa que deberían estar en un museo, como los dinosaurios. ¿Qué les dirían?

B.J.- ¡Que les den! Éso es lo primero que me viene a la cabeza.

A.Y.- O sea que deberíamos estar en un museo, ¿no? Mmm...

B.J.- ¡Qué desperdicio! Es como el típico tío que se compra un cochazo clásico y lo tiene en un garaje y no lo conduce. Odio a esa gente, es una pérdida de tiempo.

P.- ¿Qué opinan de videojuegos como 'Guitar Hero' o 'Rockband 2', que ofrecen canciones inéditas de grupos muy conocidos?

A.Y.- Bueno, es la tecnología y los nuevos tiempos. En el fondo es otro vehículo para que la música llegue a la gente: puede que haya personas que no te conozcan y que te descubran jugando con la consola. En todo caso, nosotros no tenemos mucho que ver con la música digital. A nuestros fans les gusta el disco físico y siempre hemos hecho elepés.

B.J.- A mí me molesta un poco esto… iTunes está bien, pero que una compañía pueda hacerse con todo me inquieta. Por ejemplo, si no encuentras un disco raro al final tienes que ir a la tienda de la esquina a buscarlo, aunque ésas también están desapareciendo por culpa de estas compañías multinacionales.

A.Y.- Sí, como la nuestra (ríe).

B.J.- Perdón (sonríe).

P.- 'Black Ice' es su primer disco desde 'Stiff Upper Lip'(2000). ¿Qué han aprendido y olvidado en estos ochos años?

B.J.- Tampoco hemos estado descansando. Hemos sacado los DVDs 'Family Jewels'(2005) y 'Plug Me In'(2007) y hemos cambiado de compañía, lo cual ha sido un parto: correos electrónicos para arriba y para abajo, abogados... Eso quita bastante tiempo. Además también necesitábamos un respiro: llevábamos trabajando a tope 28 años…

A.Y.- Los últimos conciertos fueron en el año 2000 y después hemos pasado mucho tiempo escribiendo, que es la base para tener buenas canciones. No te metes en el estudio hasta que no tienes buenas canciones. Además, esta vez ha sido distinto porque no teníamos la presión de entregar nada nuevo. Eso nos ha permitido hacer el disco que queríamos.

P.-Después de tener una calle llamada AC/DC en Leganés, ¿hay planes para más homenajes similares?

A.Y.- ¡Sí, es cierto! Estuve allí y la inauguré... Bueno, a lo mejor podríamos cambiarle el nombre a Washington DC y ponerle Washington AC/DC.

B.J.- (Carcajadas)Me gusta, ¡tiene más sentido así!

P.- ¿Siguen yendo de gira "para viajar gratis"?

A.Y.- (Ríe).

B.J.- Mira, te voy a decir cómo funciona. Lo único bueno de estar de gira es cuando estás en el escenario, el resto es perder el tiempo y que te persiga gente disfrazada de colegial… La clave de una gira son los conciertos, donde te encuentras con todos tus amigos, aunque no conoces a todos por su nombre ni personalmente: éso es lo mejor. Ver a gente joven, ir a sitios dónde nunca has actuado... Por ejemplo, cuando se cayó el Muro de Berlín fuimos para allá. ¿Pero viajar?, eso te lo puedes meter donde te quepa…

P.- Si tuviera que elegir otra banda de hermanos, ¿con cuál se queda, Oasis o Carpenters?

A.Y.- No, no, AC/DC es un grupo de cinco personas. Trabajamos juntos y dependemos los unos de los otros.

Regreso a España

P.- El año pasado se reeditó el vídeo en directo 'No Bull'. ¿Cómo creen que será su regreso a España?

A.Y.- No sé lo que nos tienen preparado en España, lo que sí te digo es que no será fácil repetir aquellos conciertos, aunque siempre tratamos de hacerlo lo mejor posible.

B.J.- La Plaza de Toros (de Las Ventas) fue mágica. Acostumbrado a tocar en sitios modernos como estadios, llegas a un lugar como ése y te dices: "¡qué pasada!".

A.Y.- Sí, fue genial.

B.J.- ¿Y te acuerdas cómo gritaba la gente? Era como un muro de sonido: la leche (ríen).

P.- ¿Conocen alguna banda española?

B.J.- La verdad es que no. Vivo en Estados Unidos y no nos llega ni la radio ni los grupos de España, pero viendo el público, seguro que hay músicos muy buenos.

P.- ¿Un mensaje para los fans españoles?

B.J.- ¡Espabilad, cabroncetes!

A.Y.- Que se animen y escuchen el nuevo disco, esperamos que les guste tanto como a nosotros nos gustó hacerlo. Y que cuando vayamos a tocar, no se lo pierdan.