Lars von Trier: "Más que controversia, genero hostilidad"

Tras superar una depresión que lo llevó al hospital, Lars von Trier rodó Anticristo, en la que a través de la odisea de una pareja que acaba de perder a su hijo explora sus propios demonios. Sexo salvaje y violencia brutal son los ingredientes de una producción que surge del subconsciente, como explica el cineasta a El Cultural. Una combinación que provocó una bronca en el Festival de Cannes como hacía años que no se recordaba. Odiado por unos y amado por otros, lo indiscutible es que el personalísimo von Trier es uno de los directores con mayor peso e influencia del mundo


BEATRICE SARTORI
El Mundo




Con él llegó el escándalo. El formidable pateo que siguió al primer pase en el Festival Internacional de Cine de Cannes de Anticristo no se recordaba desde hace años. Lars Von Trier (Copenhague, 1956), el genial danés, se llevó como "premio" unos insultos brutales. Lo llegaron a acusar de "tarado" y de que su película era "una provocación barata". "Grotesca y autoindulgente", escribió Variety. Pero al famosísimo creador del movimiento Dogma o filmes como Rompiendo las olas y Dogville las críticas no le minaron en absoluto su autoestima. Siempre adicto a una buena controversia, aún resuenan los ecos de aquella incursión filmada que agitó Cannes en 1998 cuando presentó Los idiotas. Este maestro de la ironía y el sarcasmo recibió a El Cultural para hablar del proceso de una película que, más allá del ruido y la furia de la primera reacción, ha causado un vivo debate allí por donde ha pasado. El filme, una crudísima exposición de los avatares que atraviesa una pareja en crisis que se refugia en el bosque para superar la muerte de su hijo, no se fue de vacío de la Costa Azul ya que su protagonista femenina, Charlotte Gainsbourg, recibió el premio a la Mejor Actriz.

- Hace dos años, declaró que una gran depresión le apartaba de hacer cine. ¿Qué le hizo cambiar de opinión?

- ¡Dios! No fui yo el que lo eligió, sino el dedo de Dios. Yo soy el mejor director del mundo y sin embargo, nadie está seguro de que Dios sea el mejor dios.

- Diciendo este tipo de exabruptos usted sabe que va a provocar. ¿Se considera un profesional de la transgresión?

- Desde luego que no. Creo que cada cineasta lleva en su ADN la provocación, aunque si me encargaran una película "polémica"... pues no sabría hacerla. Más que controversia, lo que he detectado en algunas ocasiones ha sido verdadera hostilidad. Mi personalidad y mis películas son una herramienta más. Por eso, yo las uso según mis necesidades.

- ¿Qué "necesidades" tenía con Anticristo?

- Volviendo a su primera pregunta, fue combatir o, mejor, tratar de entender mi depresión. Me atrapó por sorpresa, no me había ocurrido antes. Tuve que ser hospitalizado. Me sentí como un folio en blanco. Todo me parecía superfluo y banal. No quería trabajar. Estuve catatónico durante medio año, funcionando a la mitad de mis capacidades físicas e intelectuales. La mayor parte del tiempo lo pasé tumbado en la cama mirando al techo. Fue un verdadero infierno. Y, entonces, decidí escribir un guión como ejercicio, como terapia, para entrar de nuevo en acción y salir del letargo.

- ¿Fue Anticristo esta terapia?

- En cierto modo, sí. Primero se me ocurrió el título, fue la chispa de inicio. Después, me inspiré en August Strindberg y Edgar Allan Poe.

Al filo del escándalo

- ¿En qué sentido le inspiraron estos escritores?

- Strindberg amaba a las mujeres. Y siempre le interesó explorar las relaciones de éstas con los hombres. Me entusiasma su muy negra exploración de la guerra de los sexos, particularmente en La señorita Julia. Poe era un romántico y considero Anticristo próxima a su universo.

Genio y figura, Von Trier ha convertido sus propias neurosis en parte de su popular personaje. Con la excusa de que siente fobia por los aviones (su tradicional viaje a Cannes es de las poquísimas veces que sale de su amada Dinamarca) no ha pisado jamás Estados Unidos, cosa que no le ha impedido haber dedicado nada menos que dos películas al país, Dogville (2003) y Manderlay (2005). Ambas, para más inri, ofrecen una visión desoladora de un país que se adivina inmoral y racista. Ambas deberían tener continuación con Washington, filme que cerraría su anunciada trilogía sobre el país más poderoso del mundo y cuyo rodaje está anunciado para este mismo año . Claro que todo depende de que la protagonista de Dogville, Nicole Kidman, quiera retomar su personaje ya que su sustitución por Bryce Dallas Howard en la secuela al parecer no dejó muy satisfecho al director. De momento, Anticristo es una película excesiva que dejará saciados a sus incondicionales. Hay escenas controvertidas: ablación de un clítoris, orgías sangrientas, piernas atravesadas por una broca... Para algunos, un descenso a los infiernos de la mente. Para otros, simple boutade de un niño mimado.

-Las reacciones con Anticristo no han podido ser más enfrentadas. Se le acusa de misógino y también, de lo contrario, de odiar a los hombres.

-Creo que es bueno que cualquier película genere las opiniones más encontradas. Una película debe dividir a la gente que la ve. Tal y como yo lo percibo, la acusación de misoginia no tiene ningún sentido. "él", el marido, es un idiota. Yo siempre me identifico con mis personajes femeninos. Siempre he preferido a mis actrices antes que a mis actores.

- No se corresponde con su fama. Bjürk echa pestes de usted y Nicole Kidman tampoco parecía muy contenta...

- Con Bjürk sólo nos peleábamos fuera del plató. No me consta que hubiera problemas con Charlotte, entramos en una comunicación sin palabras, casi en trance. De hecho, Charlotte estaba mucho más asustada con Willem (Dafoe) porque, dada su intensidad como actor, tenía pesadillas con que la asfixiara.

Son, de hecho, los personajes femeninos los que han brillado con mayor luz en los filmes del director de El elemento del crimen (1984) y Europa (1991). Son ellas las que más han sufrido, casi siempre por culpa o a causa de los hombres. En Rompiendo las olas (1996), Emily Watson sufría brutales agresiones sexuales para salvar la vida del hombre que ama; en Bailando en la oscuridad (2000), Bjürk se condena a sí misma a la pena capital para asegurar el futuro de su hijo (el filme ganó la Palma de Oro de aquel año) y en Dogville, Kidman interpreta a una rica heredera que va a parar al lugar equivocado huyendo de su padre y termina siendo víctima de una violación masiva.

-Charlotte Gainsbourg es una actriz intensa y honesta. ¿Cómo se fijó en ella?

-Mi primera elección fue Eva Green (Los soñadores). Lo que ocurrió es que Eva, que hizo audiciones también con Charlotte, tenía una agenda y unas demandas muy peculiares y complicadas. ¡Quería enseñar sólo sus pezones y nada más que en cuatro ocasiones! Elegí a Charlotte al comprobar cómo se sumergía en el proyecto pese a su natural timidez. No había visto muchos trabajos suyos antes. Apenas hablé con ella de su personaje, pero lo interpretó desde el primer momento de forma muy precisa. Para Charlotte fue un reto muy grande y también una liberación.

La naturaleza y el infierno

-Muchos se preguntan el sentido de las escenas más controvertidas de Gainsbourg. ¿Era necesario que hubiera una ablación y un empalamiento?

- Quizá es que hay que buscar el origen de todo ello en el subconsciente. Puede ser que eso suceda en ese lugar. Lo contrario es confundir su sentido de culpa por la muerte de su hijo con su sexualidad.

-Hablemos del marido: "él", un psiquiatra. Sus habilidades como terapeuta quedan en entredicho en cuanto comienza a tratar a su mujer y no ve lo que se le viene encima. ¿Usted confía en la psiquiatría?

- (Risas). Creo que ahí, en ese psiquiatra cognitivo, he vertido muchas de mis fobias y de mi propia experiencia con los tratamientos que he seguido. Desde luego, he sido algo sarcástico. No sé por qué tengo aversión a las entrevistas y me cuesta hablar de mis películas, pero no tengo problema en hablar de mis "debilidades" mentales. Déjeme decirle que, por lo que yo mismo he vivido, la psiquiatría cognitiva funciona. No hace milagros pero funciona de una forma inmediata.

- Durante la segunda mitad de la película la pareja se enfrenta en una batalla bestial.

-En esto vuelvo un poco a Strindberg, pero ésta no es una película sobre la guerra de los sexos. O creo que no. Me satisface la escena final en la que “él” ha sido absolutamente engullido por "Ella". De nuevo, me siento identificado con "Ella";“él” es más bien una caricatura de proto-hombre.

- ¿Qué tal fue el reencuentro con Dafoe tras la experiencia de Manderlay?

- Buena. Después de varios años de aquella experiencia se dirigió a mí preguntándome si tenía algo para él. Le envié el guión y se desconcertó. Bente, mi mujer, lo convenció.

- ¿Cuál es el sentido de ese zorro robótico que, en plena psicosis sexual, se vuelve y dice: “El caos reina”?

- Se explica solo: el bosque en que se halla la cabaña de la pareja, llamada Edén, es un paisaje mental y físico. Esa cabaña es “la iglesia de Satanás en la que el caos reina” como anticipa Ella. Yo siempre he amado la naturaleza. Pero los bosques me parecen infiernos en los que las diversas especies luchan a muerte por la supervivencia. Fascinante. La naturaleza es un solar de sufrimiento y muerte. La naturaleza parece una creación de Satanás.

- En esa opinión coincide usted con otro visionario del cine moderno, el alemán Werner Herzog...

- Sí, y lo he comentado con él: la naturaleza es cruel, feroz y viciosa. El lleva años levantando acta de ello.

- Los exteriores en el bosque son de una belleza sobrecogedora. ¿Dónde rodó?

-Estuve tentado de hacerlo en las afueras de Copenhague. Finalmente, rodamos en los bosques de Renania-Westfalia. De hecho, el enorme árbol de grandes raíces estuvo cerca de mi casa y lo transportamos a Alemania para la película.

- ¿Cómo fue trabajar con tan sólo dos actores?

- Hacía años que tenía ganas de hacerlo. Lo realmente complicado de esta película es que no pude operar la cámara al necesitar imágenes para ser transformadas digitalmente. Todo estuvo en manos de mi director de fotografía, Anthony Dod Mantle. Me frustraba no poder ver el resultado inmediato, creo que es un sentimiento generalizado entre los directores de mi generación. Siempre he manejado la cámara estando muy cerca de los actores. Esta vez me sentí algo paralizado.

- El título es también el de una de las obras de Friedrich Nietzsche.

- Tengo El Anticristo en la mesilla de mi dormitorio desde que tenía 12 años, pero no lo he estudiado a fondo. Lo cual no impide que ocupe un lugar predominante en mi estudio, siempre a mano. Elegí la palabra para la película porque me parece un gran título. De todos modos, no es una elección demasiado original. Hay óperas, obras de arte, alguna película de horror...

Lars von Trier no quiere hablar de futuros proyectos. De momento, lo cierto es que ha escrito el guión de Caroline Mathildas ar, para un compatriota, el director Nikolj Arcel, más conocido por haber realizado el megataquillazo Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres. Ahí está también Washington, que pondría el broche a su "trilogía americana". Y se anuncia un misterioso proyecto, The Erotic Man. Mucho von Trier para el futuro próximo si, claro está, una depresión de caballo no vuelve a paralizarlo.

Travellin' brothers, desde el blues a toda la música negra


TXEMA MAÑERU
Paisajes eléctricos magazine



El sexteto vasco TRAVELLIN' BROTHERS alcanza su mayoría de edad con su tercer y más personal disco "RED, HOT & BLUE" (Gaztelupeko Hotsak). Tras una trayectoria de 6 años y dos discos previos más cargados de versiones blues, abren su abanico a toda la música negra metiendo un destacado número de temas propios. Todo con la producción del maestro Kaki Arkarazo (Negu Gorriak, Manta Ray) y con jugosas colaboraciones sobre todo en la sección de vientos. Nos contesta su guitarrista Aitor Cañíbano.

¿Por qué aparcasteis proyectos anteriores y os embarcasteis en este nuevo "Viaje" con Travellin' Brothers?

R- Bueno, la verdad es que no los aparcamos, más bien fue algo natural, los proyectos en los que estábamos cada uno de nosotros estaban tocando a su fin y de una manera más o menos natural decidimos finiquitarlos definitivamente y comenzar esta nueva andadura que es Travellin' Brothers.

¿Desde cuándo estáis funcionando con esta formación actual de sexteto con tanto jugo?

R- Travellin' Brothers se forma a principios de 2004 en formato de quinteto, con Jon, Aitor, Eneko, Ander e Isi. Con esta formación grabamos el primer disco, para el segundo disco en 2007 se incorporó Alain al saxo, y ahora en 2009, para este tercer disco, se han incorporado Carlos al trombón, Alfonso a la trompeta, y Estíbaliz al violín, percusiones y coros.

Vuestros dos primeros discos iban más enfocados al blues. Ahora os abrís más a toda la música negra en general.

R- Efectivamente, según la formación ha crecido, los gustos musicales de todos se han enriquecido, además con una formación de nueve músicos las posibilidades son mayores, asi que los estilos musicales en el nuevo disco son más amplios, siempre partiendo desde el blues, que es nuestro hábitat natural, se puede encontrar desde swing, hasta soul, pasando por el jazz o el country.

¿Se nota la disposición de más medios en la grabación merced a Gaztelupeko? La presentación está francamente coqueta.

R- El contar con el apoyo de un sello como Gaztelupeko Hotsak es un lujo para nosotros, a nivel de edición, distribución, y sobre todo de promoción, hemos notado un gran empujón, y un gran interés por parte de los medios. Aunque la grabación, producción y el diseño del disco ha sido algo totalmente gestionado por nosotros, que además teníamos bastante claro lo que queríamos para este disco.

Un lujazo la producción del gran Kaki Arkarazo. ¿Satisfechos por fin con los resultados obtenidos?

R- Muy, muy satisfechos. Kaki es un autentico crack, es perro viejo y se las sabe todas. Ha conseguido un sonido propio de una producción americana. Le saca mucho partido a la acústica del estudio, y el grabarlo en analógico es un puntazo. Además en Garate hemos estado como en casa. Mikel es otro crack, les estamos muy agradecidos a los dos.

Analizando el disco. ¿Cómo se os ocurrió abrir con un swing a lo Brian Setzer Orchestra como "Swing & Jive"?

R- Queríamos que la primera canción fuese un torbellino, y que a la gente se le pusiera el pelo para atrás, asi que la que cumplía todos los requisitos era "Swing & Jive", que además es un fiel reflejo de lo que la gente se puede encontrar a lo largo del disco. Por otro lado, que nos comparen con Brian Setzer, que es una estrella mundial, es un honor.

Aún sigue habiendo selectas versiones blues como "I just wanna make love to you" de Willie Dixon o "Sweet Little Angel" de BB King. Pero también tenemos buenos blues propios como "Into the blue" o la estupenda balada "Wait for me".

R- Sí, el disco, como te decía antes, tiene un poco de todo. Siempre tomando como referencia el blues le pegamos a todo. Nuestra prioridad son nuestros temas propios, queremos aportar algo al mundo del blues, donde la gran mayoría se dedican a hacer versiones. Eso no quita que también queramos homenajear a nuestros ídolos, y mostrarle a la gente de dónde venimos, y de dónde hemos aprendido nosotros a amar el blues. Por eso en este disco de once temas, siete son de cosecha propia y cuatro son homenajes a nuestros maestros.

También tenemos mucho aroma a jazz, sobre todo en la sección de viento, guiños soul a Sam & Dave en "I thank you" o gospel a Louis Armstrong en el tema propio de aire country (violín incluido) "Midnight Train".

R- Sí, la sección de viento y metales son el núcleo jazzero de la banda, y eso se nota en los arreglos, nos gusta explotar la mezcla de nuestros gustos. Creo que el resultado es muy bueno, toques jazzeros sobre una base muy bluesera; le dan un toque de calidad al producto final. La aportación de Esti al violín, es otro toque de calidad, además es una manera más de sorprender al oyente, que en cada canción se sorprende aún más. Por eso el disco se escucha muy fácil, y es muy agradecido para el oyente.

Las otras dos versiones también se salen. Preciosa "Rocket to the moon" de Colin James y más oscura "C.O.D." de Leo Gooden.

R- Estamos contentos de cómo han quedado las versiones, son un homenaje con el máximo respeto al original, pero aportando ese toque Travellin' que nos caracteriza. Siempre tratamos de rebuscar un poco las versiones y no hacer siempre las más evidentes, creo que hay demasiados "Sweet Home Chicago", "Mojo working", etc.

¿Qué tenemos en www.travellinbrothers.com y cómo se puede contactar para vuestros calientes directos?

R- En nuestra web podréis encontrar todo, absolutamente todo lo que tenga que ver con la banda. En unos días estará activa ya que la estamos remodelando por completo. Está quedando muy completa, con una imagen bastante modernita en línea con el diseño del CD. Tendrá fotos, vídeos, info de la banda, la agenda de bolos, etc. Además en portada habrá un apartado de noticias en el que informaremos sobre todo, absolutamente todo lo que tenga que ver con Travellin' Brothers. También nos podéis seguir en myspace y en facebook.

Por cierto, ¿Cómo fue el compartir recientemente escenario en vuestra ciudad con una leyenda como Junior Watson Band?

R- Pues un lujo, qué te voy a contar... compartir escenario, mesa y mantel con un grande de la historia del blues fue un placer y un honor, un personaje increíble. Acabamos de llegar del festival de Cazorla, en el que hemos actuado con Robben Ford, Billy Branch, Susan Tedeschi, etc. Hemos compartido camerino con ellos y es increíble, nos estamos acostumbrando a lo bueno...esperemos que siga durante mucho tiempo.

Algo que queráis añadir para vuestros seguidores o para animar a más gente a escuchar vuestros discos o a acudir a vuestros conciertos?

R- Que somos muy felices haciendo música, sobre todo en directo, y animamos a todo el mundo a que se compre nuestros discos y que estén atentos a la agenda de conciertos, realmente se sorprenderán. Un saludo muy especial a toda la gente que nos ha apoyado siempre, estamos en deuda con ellos.

Pesadillas de ciencia ficción

El mundo de 2006 ya no existe, ha dicho un economista recientemente. La ciencia ficción regresa para decirnos “ya os lo dije”. El miedo al futuro y el progreso como culpable de ese miedo, y de ese futuro, nos devuelve al escenario de las peores distopías imaginadas

ALBERTO-GARCÍA TERESA
Diagonal



Es obvio que la literatura no cambiará el mundo; el mundo lo cambian las personas. Pero las personas pueden ser lectoras; y en los libros se transmiten ideas. Y las ideas pueden conseguir movilizar a las personas a base de ofrecer nuevas miradas, plantearles nuevos horizontes o, sencilla y complejamente, sugerir. La ciencia ficción puede contribuir a esa nueva mirada desde el momento en que trabaja con mundos posibles. En la ciencia ficción, la utopía es posible; cualquier cosa es posible. Y el simple hecho de mostrar su posibilidad otorga una perspectiva de realidad –mental– que llega a ser ilusionante: puede ser cierto. En un mundo, el nuestro, donde la caída del Muro de Berlín trajo consigo la Teoría del Fin de la Historia y la fe en que el capitalismo globalizado es “el mejor de los mundos”, el simple hecho de plantear, en principio sólo de manera retórica, aunque plasmado plásticamente, otras posibilidades, de ofrecer a las mentes de los lectores (amputar el pensamiento es abortar la acción; enriquecerlo es fomentar caminos para llevarla a cabo) la sugestión de que existen otras muchas maneras de organizar la sociedad y de relacionarnos entre nosotros es ya un ejercicio de estímulo a la reflexión, a plantearse si se está de acuerdo o no con lo que nos rodea.

Afirmar que la literatura, que cualquier manifestación artística, está exenta de ideología, es como aseverar que sus autores no están insertados en una sociedad. Su forma de relacionarse, de entender el mundo, de estructurarlo a él y a la sociedad, de posicionarse frente a cualquier acto humano (incluida la pasividad o la indiferencia como respuesta) es una manifestación política que se extiende a sus acciones. Y la escritura, ejercicio intelectual, no va a ser menos. Y la ciencia ficción, ejercicio especialmente intelectual por cuanto de desarrollo imaginativo y especulativo posee, mucho más.


Estímulo y participación

Cuando se opta –entre su plurifuncionalidad– por una función transformadora del arte (función que debe ser la básica en un momento histórico lleno de injusticia, sufrimiento innecesario y desigualdad), la literatura tiene en su mano la oportunidad de poder arrojar preguntas. No de dar respuestas, sino de estimular para que el lector sea un receptor partícipe y activo, que deba implicarse, tomar decisiones... Pensar y hablar con su propia voz, en definitiva.

En ese sentido, la ciencia ficción es un mecanismo inigualable para plantear preguntas que no podrían ser formuladas de otra manera (al no limitarse a tiempos y mundos ya existentes). Los panoramas especulativos que plasma el género son universos repletos de ellas: ¿Cómo funcionará una sociedad con tales principios? ¿Qué pasaría si…? ¿Cómo sería la vida en estas condiciones? Son laboratorios de ideas, pues permiten poner en práctica (aunque sólo de manera ficcional) juicios teóricos con gran flexibilidad. Por parte del escritor, la búsqueda del principio de verosimilitud aristotélico, pilar de toda narración de ciencia ficción, y de coherencia interna del mundo ficcional provocan un importante ejercicio intelectual en el autor para darles vida y consistencia a tales ideas. De este modo, obliga a una necesaria y profunda reflexión, un replanteamiento continuo del sentido. Para el lector, sumergirse en ese nuevo universo le permite observar su mundo y sus posibilidades con una dislocación espléndida para poder ganar distancia y perspectiva y, de este modo, analizar su realidad con detenimiento.

Ideologías subyacentes

El mayoritario uso conservador que se ha dado a esta herramienta (aunque no es la parte que más ha trascendido el género), en temas, iconos, símbolos y enfoques, no invalida en absoluto sus capacidades. De hecho, es muy significativo que los primeros autores de ciencia ficción la utilizaran para mostrar otros mundos posibles (utopías socialistas, básicamente), con la transformación social como horizonte. Hay autores suficientes como ejemplos para caminar con esa perspectiva sin tener que partir de cero. Sólo hace falta voluntad, autocrítica y reflexión para evitar la reproducción automática e inconsciente de elementos reaccionarios asimilados en la tradición de la ciencia ficción. La distopía, con su carácter de hiperbolización de los asuntos socioeconómicos y políticos del presente más negativos para el autor, con su proyección desde el “si esto sigue así…”, es una herramienta importantísima para arrojar luz sobre los claroscuros de nuestros días. De hecho, es el subgénero de la ciencia ficción que más aceptación y difusión ha tenido (1984, de George Orwell, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Farenheit 451, de Ray Bradbury) y el que mayor atención ha conseguido del público no especializado (hasta el punto de perder la etiqueta de “ciencia ficción”). La renuncia a ella, que puede palparse en buena parte de los escritores y lectores del género en la actualidad, es sólo una muestra del conformismo imperante. Pero su fuerza sigue estando vigente, y sus características no han dejado de poseer una potencia única, como demuestran brillantes distopías recientes (Jennifer Gobierno, de Max Barry, Oryx y Crake, de Margaret Atwood) , más aún en un mundo de desinformación por sobreinformación, de ceguera por exceso de focos.

Por otra parte, la necesidad de autoexigencia estética es un componente intrínseco a la creación literaria. Reducirse a ella es una opción válida (por más que éticamente insuficiente), pero se debe ser consecuente con lo que se renuncia con ello, con lo que se está dejando de lado. Afirmar, por tanto, que son incompatibles la voluntad de transformación y la búsqueda de belleza estética es una forma burda y torpe de tratar de desprestigiar la primera. Las novelas críticas que son malas lo son porque son deficientes técnicamente, pobres estéticamente, pero no por el mero hecho de ser críticas. Los desposeídos o La mano izquierda de la oscuridad, ambas de Ursula K. Le Guin, Todos sobre Zanzíbar, de John Brunner, Limbo, de Bernard Wolfe, demuestran que se puede lograr un artefacto artístico impecable, incluso con riesgo en el plano formal, que contenga una fuerte carga disidente y de posibilidad de cambio. Frente a la resignación actual, la desolación y la desilusión, frente a la homogeneización, la ciencia ficción muestra caminos, alternativas, posibilidades sobre las que sus lectores, tornándose en integrantes activos de una comunidad, pueden reflexionar y utilizar como pistas de despegue en la consecución de una sociedad distinta; justa, igualitaria y cooperativa.

La revancha de los perdedores

Steve Jacobs estrena Desgracia, adaptación de la novela de J. M. Coetzee protagonizada por John Malkovich


GUILLAUME FOURMONT
Público


Sin ofender a René Descartes, el decano de la filosofía moderna, el sentido común no es la cosa "mejor compartida del mundo". Son el odio, el egoísmo y la soberbia los que guían los pasos de una sociedad injusta.

El diagnóstico asusta, aterroriza, aunque es lo único que queda no hay esperanza tras leer Desgracia, de John Maxwell Coetzee. Y es lo único que queda tras ver la adaptación al cine de la obra del Premio Nobel de Literatura sudafricano. Es el retrato sin concesiones de la supuesta nueva sociedad post Apartheid. La película, dirigida por SteveJacobs, se estrena hoy.

"Quiero mostrar la paradoja del protagonista quien, cuando abusa de los demás, no ve nada malo, aunque no lo acepta cuando los que abusan son los otros", explicó Steve Jacobs durante una reciente visita a Madrid. El protagonista es David Lurie (JohnMalkovich), profesor de Poesía Romántica en la Universidad de Ciudad del Cabo. Su cargo lo dice todo: cuando no aburre a en clase con sus versos, los declama en clasesprivadas con sus alumnas.

La cámara sigue el punto de vista de Lurie, un hombre blanco y dominador. Divorciado, sólo se acuesta con prostitutas, osa enamorarse de ellas, su soberbia es inaceptable,inaguantable. "Es una película sobre la identidad del hombre, sobre el sexo, el placer y los abusos de poder", añadió Jacobs.

Desgracia, publicada hace ahora diez años, es una de las novelas más aclamadas deCoetzee. Para su adaptación, Jacobs contó con la ayuda de su productora y esposa, Anna Maria Monticelli. "Cuando fuimos a ver a Coetzee, ya había recibido ofertas de ingleses y estadounidenses para hacer el filme. Esperamos un año antes de volver a proponerle nuestro guión. Y aceptó", recordó Jacobs.

Racismo

Y la cámara da la vuelta. El buen profesor cruza una frontera peligrosa: la de la raza. Desde la llegada de los holandeses en África del Sur en el siglo XIX hasta 1991, la segregación entre blancos y negros rigió la sociedad del país africano. Era, claro estaba, para proteger la raza blanca, defender el poder de los blancos.

Antes del rodaje de la película,Jacobs nunca había estado en Sudáfrica, "un país maravilloso", aunque no se atreve a hacer comentarios políticos. Porque "soy un director de películas", argumentó.

Tras perseguir a una de sus alumnas (mestiza), Lurie dimite de la Universidad y huye de Ciudad del Cabo. Busca lo que considera importante y se refugia en el campo, en la casa de su hija Lucy.

Los perros desempeñan un papel fundamental en el filme: cuando Lurie narra a su hija la historia de un perro adiestrado para controlar sus instintos sexuales y su violencia, tres hombres (negros) surgen de la nada y se dejan llevar por sus pulsiones: violan a Lucy. Para Jacobs, "el protagonista se ve entonces ante la complejidad de los deseos y de la justicia". ¿Justicia? En Desgracia, "no hay ninguna", dijo Jacobs. Sólo hablan la rabia, la soberbia y el racismo de los hombres, blancos o negros, ricos o pobres.

"No es un filme sobre la violencia", insistió. Tiene claro que en todos los países del mundo "la Policía no ayuda a la gente pobre y Lurie entiende lo que significa estar del lado de los pobres". Lurie abusó y abusaron de él. A Jacobs le impresionó la labor de Malkovich: "Su inteligencia le permitió dar credibilidad a las dos caras del profesor de poesía".

Jacobs, hasta entonces conocido por La Spagnola, no quería hablar de política, aunque reconoció la fuerza de su filme, que da la vuelta a la Historia, "escrita siempre por los vencedores. ¿Qué pasa cuando ganan losperdedores?".

"Josephine", Magnolia Electric Co. (2009)


KEPA ARBIZU
Lumpen




Existen grupos que tienen que sobrevivir con el estigma de que su música, actitud, voz o la característica que sea, es, inevitablemente, equiparada con la de algún nombre ilustre. Poco importa si es real o un simple mecanismo del crítico de turno que al final ha terminado por “institucionalizarse”. Nada pueden hacer ante este hecho salvo asumirlo o convertirlo en una pesada carga. A Magnolia Electric Co, siempre le ha acompañado la sombra alargada, en forma de comparación, de Neil Young. Que la influencia del canadiense es obvia nadie lo niega, otro tema será hasta qué punto esencial.

Sería totalmente injusto despachar a este grupo con clichés poco meditados y dejarles escapar sin prestarles la atención que se merecen. Detrás de ese nombre se encuentra Jasón Molina, auténtico geniecillo inquieto que desde su primer grupo Songs: Ohaio, lleva realizando un country rock de alta calidad. Para nada se encarga únicamente de repetir formas clásicas e interpretarlas con solvencias. Al contrario, ha sabido añadirle elementos propios hasta convertirse en una voz, y palabra, muy personal y reconocible. Su música destila un halo de oscuridad y dramatismo, no en vano su mentor es Will Oldham, perfectamente ensamblado con formas más tradicionales. Además, otra característica que le hace peculiar es que sus letras no se centran en pérdidas, redenciones y demás “abecedario” habitual, sus obsesiones van más allá y suele tener una visión más social de los temas, centrándose a menudo en las vivencias de diferentes tipos de perdedores.

Tres años han pasado desde su anterior referencia, “Fading trails”. Para nada quiere decir que en ese intervalo de tiempo haya estado parado. Son varios Eps, además del Box-set lleno de “demos” y “caras b”, los que han visto la luz en estos años. A esto hay que sumarle, en sus propias palabras, las diferentes colaboraciones con otros artistas realizadas en este intervalo y que irán viendo la luz.

“Josephine”, su nuevo disco, de nuevo producido por el ya habitual Steve Albini, nace con la peculiaridad de que fueron Jasón Molina junto al bajista Evan Farrel, fallecido en el 2007, quienes idearon este trabajo. Este hecho hace que rápidamente se le haya considerado como un álbum conceptual, basado en la imagen, y recuerdo, del desaparecido. El propio cantante se ha encargado de negar tal hecho, o por lo menos no considerarlo como eje central. Con todo, es difícil no imaginarse, de manera romántica si se quiere, que hay cierto homenaje de despedida en todo él. Volviendo a lo estrictamente musical, lo que ambos pretendieron fue crear un disco más minimalista, cosa que para nada supone una precariedad de instrumentos, al contrario. Lo que sí es verdad es que sus melodías, sus ritmos, son más reflexivos, poco dados a los excesos (aunque el grupo nunca se haya distinguido por ese hecho).

Todo empieza con la delicada “ O! Grace”, donde piano y guitarra, con la aparición del saxofón, se conjuntan para crear un aire relajado con un deje sureño. Igual sucede con la más pausada “The rock of ages” o con “Song for Willie”. Tres ejemplos de la profundidad que pueden alcanzar las composiciones de Molina sin grandes alardes aparentes.

El adelanto del disco fue “Josephine”, en la que se descubre la siempre recurrente influencia de Neil Young, muy presente también en la áspera “The handing down”. “Whip-poor-Will” representa el lado más tradicional del grupo, guitarra acústica y slide para recrear un sonido netamente country.

El lado más “oscuro” e hiriente llega de la mano de “Knoxville girl” y de “Map of the falling sky”. Dos muy buenos temas que demuestran esa hondura que destilan las composiciones de este grupo, perfectamente manejadas con continuos cambios de intensidad. “Heartbreak at ten paces” también con su dosis de desasosiego, se perfila como el mejor tema del disco, una impresionante canción de desamor.

Estamos ante uno de esos discos que ya desde su portada nos indica que el camino que hay que recorrer para su disfrute está repleto de pequeños detalles que guardan grandes dramas. Jasón Molina sigue en su tarea de construir canciones que expanden de manera milimétrica su visión de la vida, muchas veces dolorosa pero siempre resguardada en un envoltorio placentero.

Japón primigenio, amoríos y muertos de Mishima

Alianza reedita 'El rumor del oleaje' del novelista nipón


ÁLVARO CORTINA
El Mundo




Yukio Mishima (1925-1970) describió en 'El rumor del oleaje' (Alianza) un hábitat arcádico en la isla de Utajima, en el Pacífico. Mujeres desnudas buceando, cogiendo conchas, como en una aparatosa coreografía silenciada de Busby Berkeley. Esta novela, como la obra completa del autor, se sitúa en la posguerra del imperio nipón humillado, pero aquí eso importa menos.

Es cierto que Utajima tiene su piedra caliza mellada por los obuses, pero la suya es una inercia de atolón descabalgado del progreso desde hace mucho. El protagonista crece en una familia decapitada por parte de padre, pero es primordial el discurrir elemental de la naturaleza. El templo shintoísta, culto primitivo del Japón, preside las montañas.

La historia de Shinji y Hatsue es la novela rosa de los progenitores opuestos, como en los amantes de Verona. Es la historia del pobretón que encandila a la chica bien y del sentido rito de presentes y de la intriga febril de las cartas una y otra vez leídas. El entorno es aquél de las mujeres buceadoras en el hechizo de un fondo coral, o el trazo errático que describen los pesqueros en su tránsito de faena.

El shintoísmo reconoce dioses en las bahías, en los desfiladeros, en el bosque y en la brisa. El océano o una avispa, por ejemplo, tienen un papel activo e imprescindible en esta trama. Sobre un acantilado se levanta el cementerio donde yace el padre, y día a día Shinji va a pescar meros y pulpos como un albañil del agua salada. Y un día se cruza con Hatsue y se monta el lío.

Es una isla donde reinan los gatos como mascota única, y donde se desconoce el hurto. Mishima se recrea en el animismo representativo del paisaje, aquí pone su tino y su ornamento. Cuando Shinji llora, la isla se moja con unas súbitas precipitaciones meteorológicas, como en aquella lluvia triste del poema de Verlaine. La piel esmaltada del mar embravecido es, por caso, un reto para lucir virilidad.

Como en 'El marinero que perdió la gracia del mar', hay también una piña de niños, que son hojarasca donde no prendió la guerra. Sus coloquios contienen leyendas innúmeras y fascinación por eso de inconcluso que tiene el conocimiento de lo real. La infancia y el misterio y las pioneras exploraciones: "Los días 16 y 18 de la sexta luna 7 tiburones de un blanco inmaculado aparecían de improviso en el pozo que daba al mar".

Se decía antes que los lagos son una ventana por la que miran los muertos a la vida, pero las islas comparten también imaginario con las tumbas del Hades. Acuérdense de esa pintura romántica de Arnold Böcklin, 'La isla de los muertos'. Cuentan las mujeres de la isla de Mishima que una de las buceadoras murió por haber visto algo en los fondos que los vivos no deben ver.

Hombre, un océano es el hermano mayor de un lago, y una isla es como un lago pero a la inversa, por un lado y por el otro se sugiere el territorio apartado que es frontera y encuentro entre los que sufren y aman y los que descansan el sueño eterno. El mar es un sepulcro que brama.

El rumor del oleaje se orquesta sobre los arrecifes y las piedras, y arriba yace el padre de Shinji, con los otros locales ancestros malogrados. La vida guarda siniestras relaciones con la muerte, y ambos bailan en ciclos perennes. Hay quien piensa en esto como en una de las formas de la melancolía. Este idilio contiene dosis importantes de este runrún trascendental.

De cuervos y gaviotas

Es el cuervo el animal funeral, y la gaviota es la esperanza del náufrago. El uno del panteón musgoso de Poe y la otra del puerto de Alberti, de la playa remota de Stevenson. La gente habla de las gaviotas como de ratas de mar, pero su canto es uno de los más bellos y evocadores. El mundo se hace más ancho y más ventoso, más oxigenado con gaviotas. Estas aves, sobrevolando el espigón, se harían inspiradoras para los enamorados imposibles (o posibles) de la isla Utajima, Shinji y Hatsue.

Este peñasco sostenido sobre el charco inmenso del Pacífico pacificado (con dos bombas nucleares) es escenario de amorío y hálito de ancestros ya idos y despliegue natural. Quizá haya una ventana en el agua quieta donde los muertos miran y allí se encuentran con las buceadoras desnudas y se miran a los ojos.

Sería ésa una estampa de marcado modernismo y simbolismo, con la sensualidad y la muerte entreverados. En 'Confesiones de una máscara' Mishima recuerda el éxtasis que le produjo ver el cuadro de San Sebastián asaetado.

Todo lo que enseña también alza otros velos, y entre velos tiene el autor a sus amantes Shinji y Hatsue, entre la feliz plenitud y la duración que se impone. Ya dijo Vinicius de Moraes que el amor es eterno mientras dura. El mar está lleno de cadáveres con peces dentro, pero a veces, venturosamente, regala besos:

"El agua fría y salobre se deslizaba por sus mejillas enrojecidas, recorriendo los pliegues de su nariz, y el muchacho recordó el sabor de los labios de Hatsue".

El negocio de ‘sol y playa’ se desplaza a Marruecos

Las macroestructuras turísticas que han devastado la costa española se desplazan al litoral marroquí con la complicidad del Gobierno y las empresas españolas

CAROLINA YACAMÁN
Diagonal




La zona del Magreb se ha convertido en los últimos años en un destino de creciente inversión de las empresas españolas, especialmente las del negocio turístico. En Marruecos, este proceso se ha fortalecido gracias al plan turístico Visión 2010 entre el Estado español y el país vecino, cuyo objetivo es llegar a tener para 2010 la cifra de 10 millones de turistas.

El Plan Azur, incluido dentro de esta alianza interestatal, tiene como finalidad modernizar los hoteles existentes, construir nuevas infraestructuras turísticas y desarrollar nuevas infraestructuras de transporte y comunicación.

Se tiene previsto construir en los próximos siete años seis nuevos complejos turísticos para fomentar el turismo de ‘sol y playa’, principalmente procedente de Europa. Todos estos balnearios además de hoteles, tendrán apartamentos turísticos o villas, así como un gran número de infraestructuras de ocio como campos de golf, centros comerciales y puertos deportivos en primera línea de playa.

En julio de 2008 se inauguró el primer complejo turístico, Mediterrania Saïda, situado el Norte de Marruecos frente a la costa de Almería, con una inversión de 1.691 millones de euros. Ha sido posible gracias a la inversión pública-privada en la que participan empresas españolas como Martin-Fadesa, Iberostar y Barceló. El próximo mes de octubre se inaugurará el segundo complejo Magazan, ubicado a 80 kilómetros de Casablanca y con una inversión de 600 millones de euros.

A lo largo de 2010 y hasta 2016, entrarán en funcionamiento los cuatro restantes complejos turísticos: Lixus, Essaouira Mogador, Cala Iris y Oued Chbika. Diversos grupos ecologistas, agrupados en la Plataforma Ecológica del Magreb, denuncian la clara amenaza a la que están sometidas las costas del sur del Mediterráneo y del Atlántico debido al avance de la expansión turística ligada a favorecer el turismo de ‘sol y playa’.

Consorcios españoles, holandeses, belgas y estadounidenses tienen el camino abierto para invertir en parajes naturales sin casi ninguna restricción en materia ambiental. Tal es el caso del complejo Mediterrania Saïda, inaugurado recientemente, que según el comunicado publicado por la mencionada plataforma ecologista ha transformado un área de bosque bajo y de dunas de alto valor ecológico, además de poner bajo amenaza la desembocadura en el Mediterráneo del río Mouluya. El complejo tiene prevista la construcción de tres campos de golf que extraerán el agua de la desembocadura del río Mouluya para regar estos campos, lo que causaría un grave impacto sobre los aportes de agua del río que es el más grande de la cuenca mediterránea en la región del Magreb, así como el de más longitud de Marruecos. Además tiene uno de los estuarios más importantes del Magreb. Este ecosistema es vital para la migración de diversas especies de peces, cuya supervivencia estaría amenazada, y también es un lugar de descanso, nidificación e hibernación para muchas especies de aves de interés mundial. Asimismo, dos tercios de todas las aves conocidas en Marruecos tienen en el estuario su hogar, según fuentes de la plataforma. Dentro del citado proyecto turístico se prevé la construcción de un colector para verter aguas residuales y fecales del complejo al río, lo que provocaría un aumento irreversible de la contaminación del agua.

Las previsiones sobre el aumento de las inversiones de empresas españolas en suelo marroquí no se limitan a la construcción de macroinfraestructuras turísticas. El pasado diciembre se firmó un nuevo acuerdo de financiación por valor de 500 millones de euros entre España y Marruecos que servirá para financiar proyectos sobre infraestructuras, energía y medio ambiente. Este nuevo acuerdo permitirá a las empresas españolas desarrollar los proyectos de financiación pública en suelo marroquí.

Uno de los proyectos que ya está en marcha es la construcción de 1.200 micro-centrales fotovoltaicas por la empresa española Isofotón. También se concedió el pasado mes de marzo por parte del Ministerio de Industria de España, 100 millones de euros que servirán para financiar la construcción de una central termoeléctrica por la empresa española Abengoa. Resulta paradójico que muchas de estas ayudas provienen del crédito Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD).

Miklós Bánffy, autor de 'Los días contados', es el novelista que Chéjov habría podido ser


Una de las sorpresas con las que se cierra la temporada literaria es ‘Los días contados’, la monumental primera parte de una trilogía que recupera el mundo perdido de la nobleza húngara que seguía bailando mientras a su alrededor un imperio, y con él todo un mundo, se hundía. La obra del político y escritor Miklós Bánffy es la última de las audaces recuperaciones de Libros del Asteroide


JOAN-DANIEL
El periódico de Catalunya




Lo que más añoro de mi juventud es el entusiasmo, la capacidad de asombro ante un libro. A partir de cierta edad, las novelas aburren o decepcionan al lector. Cuando me han llegado a las manos Los días contados de Miklós Bánffy (1873-1950), me he asustado ante este tocho húngaro de 666 páginas, un novelón de aquellos tiempos en que los novelistas solo querían escribir novelas, y no epatar al público con experimentos malsanos. Pues bien: me ha rejuvenecido.

Visitaréis una Transilvania aún húngara en la que cualquier campesino era un políglota. Como en las novelas de Tolstoi, los personajes pasan de una lengua a otra sin darse cuenta, como el viento que salta las montañas. Cada lengua tiene un papel en la novela: el húngaro es la lengua de la vida, del amor; el alemán, la lengua de la política y de la guerra; el francés, la lengua de la cocina y del juego; el italiano, de la ópera; el inglés, del futuro.

LOS RETRATOS

Bánffy anima una plétora de personajes pintorescos con detalles balzaquianos. Analiza, por ejemplo, la manera de renegar de dos primos. A menudo aflora un humor ligero y melancólico, nunca agresivo. Los personajes no son títeres como en tantas novelas contemporáneas. Existen de verdad, incluso los secundarios. Viven entre bastidores mientras el narrador enfoca nuestra atención en Lázló, Bálint Abády y Adrienne. Pero el autor no olvida ningún personaje y con detalles sin importancia nos hace sentir en un universo novelesco sólido, donde todo está en su sitio.

No sé húngaro, pero la traducción de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes Gaviño fluye en un castellano plástico y natural, elegante, como si estuviese en casa en la descripción de una Transilvania perdida. Una poesía nostálgica aparece en cada momento.

El autor, ministro de Asuntos Exteriores entre las dos guerras mundiales, recrea un mundo desaparecido: la Transilvania aristocrática al final del imperio Austrohúngaro que se embriaga con los valses de Johann Strauss y Franz Lehár, los duelos pasados de moda, recepciones con jovencitas escotadas, las copas de champán y de vino Tokaji. Un mundo grácil como un verso de Louise de Vilmorin. A la manera de estas provincias fronterizas del imperio, los personajes se mueven entre diversas identidades sin saber bien a qué país pertenecen. «No se encontraba en casa en ninguna parte, lo trataban siempre como a un forastero, como a un extraño que no fuera de los suyos» (pàg 46). En cambio, los húngaros de la metrópolis lo tienen claro: «La caótica discusión cambió de tono cuando Tihamér Abonyi (…) pretendió hablar seriamente. Pensaba que por ser húngaro de Hungría, hijo de la madre patria, sabía más de política exterior que los de Transilvania» ( pàg 59).

BÁNFFY Y CHÉJOV

A lo largo de la novela, en la que se entrecruzan muchas acciones, seguimos el relato de los amores contrariados de Bálint Abády y de la malcasada Adrienne Milóth. No quiero desflorar el final del libro pero las últimas páginas tienen los mismos acentos desesperanzados, la misma pequeña música que la última escena de La dama del perrito de Chéjov. «De lejos les llegó la melodía de una serenata tardía. La brisa nocturna sacudía la mosquitera de la ventana» ( pàg 654). Miklós Bánffy es el novelista que Chéjov habría podido ser si no se hubiese dedicado al teatro y al cuento, el poeta de un mundo perdido y reencontrado por los caminos soleados de la memoria.

Érase una vez un fontanero nominado al Mercury Prize


SEBAS ALONSO
Soitu




La semana pasada se dieron a conocer los nominados al premio Mercury Prize, pero lo bueno ha venido en los días sucesivos, con las reacciones de los artistas. Lily Allen diciendo que no está nominada porque el jurado la odia o el líder de Sweet Billy Pilgrim reconociendo penosamente que cuando se enteró de su nominación estaba trabajando. ¿Componiendo? ¿Dando un concierto? No: colocando un váter.

Tim Elsenburg nunca ha tenido demasiada suerte en el mundo de la música. No sólo con respecto a su banda Sweet Billy Pilgrim, sino con respecto al resto de sus trabajos musicales. Él y sus compañeros han tocado en discos y directos de The Boy Least Likely To o James Dean Bradfield de Manic Street Preachers, pero el bueno de Tim nunca ha conseguido librarse de su trabajo como fontanero.

La nominación al Mercury Prize, uno de los galardones más prestigiosos de las artes en Reino Unido, le ha pillado completamente por sorpresa, llegando a declarar: "Mis dos realidades chocaron y tiempo y espacio formaron un conjunto extraño. Tuve que repetir improperios durante intervalos regulares de tiempo durante los primeros minutos".

Es fácil imaginarse a un completo desconocido exclamando "¡joder, joder!", mientras trata de adaptarse a su posible estatus de estrella, pero a ningún seguidor de estos premios extrañará la nominación después de escuchar el álbum que ha hecho. En primer lugar, 'Twice Born Men' responde al mismo sonido que el premiado disco de Elbow el año pasado. Mientras la juventud británica busca continuamente el nuevo hit joven para las emisoras de radio, la crítica adulta se reconforta en un tipo de pop más pausado, de origen medio folk y medio electrónico, más pensado para escuchar sentado. En segundo lugar, el Mercury Prize siempre nomina a artistas completamente desconocidos frente a otros consolidados (este año The Horrors, Kasabian, La Roux), aunque a la hora de fallar el premio, suele decantarse sin excepción por estos últimos.

Los tres miembros de Sweet Billy Pilgrim, Anthony Bishop, Alistair Hamer y Tim Elsenburg se conocieron en el colegio. Formaron una banda llamada Cordisto y en 2003 cambiaron su nombre por el actual, inspirándose en un personaje de la novela 'Matadero cinco' de Kurt Vonnegut, llevada al cine por George Roy Hill y consiguiendo el Gran Premio del Jurado en Cannes en 1972.

A los Sweet Billy Pilgrim, en cambio, nadie les hacía caso, ningún sello ni indie ni gigante se fijo en ellos, y por tanto decidieron comprarse un Power Book, bajarse un programita y grabar todo ellos solos en su casa. Pronto sacaron un single llamado 'Experience', ya agotado, y después su primer disco, 'We Just Did What Happened and No One Came', en 2005, que incluía canciones como 'Stars Spill Out Of Cups'.

Más allá de unas casi anecdóticas buenas críticas en revistas, eso sí, muy conocidas, nunca pasó gran cosa con Sweet Billy Pilgrim. Y sería raro que pasase ahora. 'Twice Born Men' no es un disco de singles. Contiene sólo ocho pistas, pero ninguna es demasiado amiga de sonar en la radio. La inicial 'Here It Begins', con guiños a la indietrónica de Mùm y a las bandas sonoras de Gustavo Santaolalla, desconcierta. Contiene, de hecho, un extracto de la película 'La música del azar', inspirada en un libro de Paul Auster.

El grupo nunca duda en tomar prestado lo ajeno para desarrollar su talento. Si Billy Pilgrim era un personaje bélico, el título de su segundo disco tiene un origen parecido. Twice Born Men ("hombres nacidos por segunda vez") fue el nombre de una asociación de veteranos del Vietnam que buscaban la reinserción en la sociedad. Según explicaba en una entrevista reciente, Tim considera que cuando te enamoras también es como si tuvieras que volver a nacer. "Nadie es el mismo después de enamorarse. Si el amor dura y florece o si se quema y se transforma en veneno, vuelves a nacer igualmente mientras tratas de acostumbrarte a una vida con ese alguien o sin ese alguien".

Estas inquietudes tan profundas encuentran su sitio en las texturas de 'Longshore Drift', que podrían haber pertenecido a Angelo Badalamenti, o en la cadencia folk de canciones como 'Joy Maker Machinery'. En la final 'There Will It End' suena un coro duplicado más de 30 veces y comprendes por qué Tim dice que no puede transportar lo que graba en su casa, sin las prisas del estudio, durante horas y horas, al directo, que presenta un sonido muy distinto. No será cuestión sólo de técnica, también de lo irrepetible de la pasión.

Julia, outlet indi


BLANCA VÁZQUEZ
La República cultural




Cuando los estrenos de cine producen una desgana anímica que puede agravar aún más la crisis zozobrante en la que nos encontramos, conviene dirigir la mirada a otros estrenos, también de cine, pero en otro formato o plataforma, el digital para el disfrute privado, ya sea en DVD o en Blue-ray para los más florecientes tecnológicamente. Ocurre que para nuestro solaz de cinéfilos, siempre encontramos buen material en la pantalla digital, ya sea en los lanzamientos para compra o para alquiler. Por lo tanto nos vamos Direct to Video.

Estos días tenemos la enhorabuena de contar con dos beneméritas joyas, la impresionante “Déjame entrar” de Tomas Alfredson, de la que mi compañero Luis Rueda dio excelente cuenta de ella en esta vuestra revista: … La poderosa carga carnal de este filme denso y contemplativo contrasta con el retrato sofocante de una comunidad del extrarradio del gélido Estocolmo en el que los adultos lucen como seres a la deriva, como una raza hibernada a la que la niña protagonista recurre para alimentarse…

No menos impresionante es Julia del cineasta francés Érick Zonca retornado de su largo silencio después de su gran éxito de 1998 La vida soñada de los ángeles. Una vuelta que supone una mirada atrás en todos los sentidos, estéticos y de planteamientos creativos en torno a su nuevo filme, un volver a degustar un cine puente entre las hechuras indis de los setenta y la coyuntura comercial actual. Un cine, que todo hay que decirlo, libera la opresión mental en la que se va introduciendo el espectador con tanta sutil y no tan sutil imposición de modas absolutamente bastardas de entretenimiento pueril.

Zonca, a su manera, ha hecho un mestizaje con todas las marcas de agua del cine de autor, las aventuras independientes de un, pongamos por caso, Cassavetes, pero también Jarmusch, Smith, Van Sant, DiCillo, o Buscemi, al que como guinda comercial (al fin y al cabo se vive de esto) ha dado unos toques de thriller con virutas a lo tándem Iñárritu/Arriaga, para lograr un producto que tiene mayor interés de lo que a primera vista pueda parecer.

Decía hace unos meses Hilario J. Rodríguez a propósito de Julia, que “esta es una película que entrega sus tesoros al cabo del tiempo y no pocos minutos después de haberla visto, ni siquiera después de varios días o meses”. Bien, clavado en la diana. Estamos, (además de absolutamente de acuerdo con Hilario), ante una de esas pièces que va macerando calidad en el tiempo después, en el devenir de su visión. Enhorabuena a Zonca, nada mejor para un realizador que saltar el charco de las charangas olvidadas en el mismo instante de salir por la puerta de atrás del cine, o al rozar el play-off del video.

Con buen juicio Zonca ha escogido para el protagonismo absoluto de esta cinta, que formó parte de la sección oficial de la Berlinale 2008, a una mujer, algo sumamente arriesgado en taquilla hoy día, donde el éxito de cualquier inversión cinematográfica se sigue midiendo por el carisma masculino del superprotahéroe, vaya de buen salvador o malo carismático. Todos sabemos a estas alturas (Orlando, The War Zone, The Beach, Vanilla Sky, Broken flowers, The Chronicles of Narnia, Michael Clayton, Burn after Reading) que carisma no le falta a nuestra prota, Tilda Swinton, actriz en la cumbre de la calidad, una no novia de América, un valor añadido frente a un realizador que el espectador, probablemente, había olvidado. Es decir que Swinton vende más que Zonca, por el momento. Pero ambos juntos venden mucho, interés de entrada, que queda certificado más tarde al toparnos con otro retrato de la Ámerica de fronteras, la que se deja balancear al borde del precipicio.

El mismo Zonca admite que se vio influenciado por el cine de Cassavetes y sobre todo la fotografía de Helmut Newton, a lo que él imprimió su lado salvaje, la confusión en estado puro. La confusión de una alcohólica, Julia, que se siente cada vez menos dueña de sus actos, absolutamente histriónica, deshumanizada y peligrosa para sí misma. Entre noches sin fin, fiestas sobradas, y resacas huracanadas de cartón piedra, recibe la propuesta de una mujer desequilibrada, (Kate del Castillo): raptar a su propio hijo que vive con el abuelo millonario. Julia acaba aceptando tan desatinada idea, a la que añadirá planes de su propia cosecha centrados en conseguir un buen puñado de dólares. Pero con lo que no contaba un acto criminal tan improvisado es con las consecuencias que los propios desatinos de Julia le depararán, jugando la historia a varias bandas, desde ser un thriller, un retrato de mujer que se aleja de las mermadas siluetas de Hollywood que acaban convirtiendo a la hembra en una santa redimida, hasta una manera de filmar diferente, con más de un momento políticamente incorrecto que se parece más a la realidad que a la realidad que nos quiere presentar el cine. En todo caso no hay moralina en esta cinta, ni la pretende, como dice su autor. Sí hay una Swinton muy viva, plástica, absolutamente carismática, tanto como una Gena Rowland de antaño, o un George Clooney de hoy.

Entreleo que el cineasta francés nos habla de como las drogas, del tipo que sean, nos provocan una ceguera absoluta sobre la realidad, que solo cuando se nos pone de frente con la fuerza de los hechos la palpamos en su brutalidad, donde toca hacer acopio de la humanidad que aún quede, aunque luego volvamos a la habitual ceguera.

Bien por Zonca, (a pesar de ciertos saltos un tanto irregulares en la trama), y suerte la nuestra por contar con estos antídotos.

Keith Richards, el auténtico jefe de los Rolling Stones


ALEJANDRO ARTECHE
Soitu




Del liderazgo bicéfalo de los Rolling Stones, la figura de Keith Richards es quizá la menos conocida por el gran público, que no los fans. De hecho, Richards no concedió ninguna entrevista de importancia hasta 1971. Todas las hacía Mick Jagger. Ahora, y para solucionar esto, llega a las librerías la 'Biografía desautorizada' de Keith Richards. Escrita por Victor Bockris, la edición que se publica es la corregida y ampliada.

La primera versión del libro abarcaba hasta el periodo de 1993, fecha en que fue publicado. Una nueva versión actualizada hasta 2002 es la que podemos disfrutar ahora en castellano por parte del autor de otras biografías de artistas tan ilustres como Andy Warhol, Lou Reed, Patti Smith o el boxeador Muhammad Ali.

En ningún momento el guitarra de los Stones concedió ninguna entrevista para este libro pero sí muchos de sus conocidos, colaboradores y allegados, entre ellos su ex pareja y madre de sus hijos Anita Pallenberg. Una extensa entrevista que Victor Bockris le realizó para el High Times en 1977 poco después del arresto de Keith Richards en Barbados por posesión de drogas y las innumerables entrevistas que se han publicado a lo largo de su carrera son el eje central del libro.

Escrito de manera muy amena, ágil y en formato de reportaje, esta biografía desautorizada nos lleva a conocer la verdadera personalidad del príncipe de las tinieblas del rock 'n roll. Su pasión por la familia y sus hijos, los libros sobre historia nazi, sus problemas con las drogas y la bebida y su pasión por la música.

A través de 500 páginas vamos a descubrir que si los Rolling Stones siguen hoy en activo es gracias a Keith Richards, que desde la fundación de la banda ha hecho lo imposible por mantenerla siempre unida, a pesar de las zancadillas que le ha puesto más de una vez el ególatra de Jagger, sobre todo en la década de los 80. Con su aspecto de colgado y pasota, ha sido Keith Richards el que ha removido cielo y tierra para conseguir que la formación siguiera junta grabando discos y saliendo de gira.

Lo que por muchos de los colaboradores del grupo ha sido definido siempre como "una extraña pareja" o un matrimonio donde la tensión sexual siempre ha estado presente, una relación homosexual aunque no existiera sexo por medio y una lucha interna entre dos gallos por controlar el corral, se deja ver en este libro como una aventura apasionante.

Dos egos enormes intentando dirigir una nave. Luchas internas de poder, maniobras para derrocar los proyectos del otro, subterfugios para conseguir hacer lo que uno quiere… La vida interior de los Rolling Stones es como un pequeño país en constante guerra civil para conseguir el mando. Leer cómo se consigue reunir a los músicos para intentar grabar un nuevo disco cuando algunos están más interesados en sus proyectos en solitario o cómo intentar convencer a la prima donna de Mick Jagger de la necesidad de salir de gira están narrados en el libro de forma tan majestuosa, que casi parece que estemos asistiendo a la narración de una batalla naval.

No sé si decir de primera mano porque ya digo que Keith Richards no ha participado en el proyecto, pero con las declaraciones de gente afín y la prensa de la época, en el libro recibimos mucha información de algunos sucesos desagradables en la historia del grupo como la caída en desgracia entre el resto de los Stones y posterior muerte de Brian Jones; el concierto con los Angeles del Infierno que terminó con un espectador muerto a manos de los motoristas; las constantes detenciones en los 70 de Richards y su mujer por culpa de su desmesurado consumo de heroína, y los problemas y juicios que tuvieron en varios países…

¿Buen rollo?

Aunque parece que entre Jagger y Richards hay buen rollo, o al menos se toleran, en esta biografía no es que salga muy bien parado el cantante. Se comenta mucho su tan cacareada bisexualidad —sobre todo en los 60/70—. Anita Pallenberg cuenta como Mick Jagger se acostó con Brian Jones en el piso que compartían junto a Richards. Claro que también cuenta que John Lennon fue una vez de visita y pilló juntos a Keith y Mick. ¿Promiscuidad o ganas de probarlo todo? En el libro, Paul McCartney cuenta que durante una temporada a Jagger se le podía ver por la calle maquillado como si fuera un travesti.

Keith Richards es un apasionado de la música en general. En su colección de discos se mezclan Chaikovski y Andrés Segovia con Elvis Presley y los Beatles. Amante del blues, su principal pasión es conocer a otros músicos y pasarse días enteros encerrado en los estudios de grabación probando cosas. Son su parque de atracciones, mientras que Mick Jagger siempre ha sido más de relaciones públicas, famoseo, y escalada social.

En esta biografía de Victor Bockris se detalla como el propio Richards cuenta que el famoso logotipo de la lengua no pertenece a la boca de Mick Jagger, sino que está basada en la diosa hindú Kali. Creado a finales de los 60, Richards no estaba muy seguro de él y decía que era un símbolo que no iba a quedarse así siempre. "Quizá vaya convirtiéndose lentamente en una polla", declaraba con muy poca visión de futuro porque más de treinta años después, ahí sigue la famosa lengua.

El tema del diseño y la estética -¡quien lo iba a decir con el aspecto tan desaliñado que lleva siempre, aunque sea un desaliño cuidadosamente estudiado!- está presente en otras partes del libro. Richards, que se declara ateo, habla de religión y sobre su última mujer, devota cristiana que reza y bendice antes de sentarse a la mesa, y comenta que el crucifijo católico le incomoda tremendamente. ¡Un tío muerto clavado en un trozo de madera! ¡Menudo logotipo!, suele decir Keith Richards para zanjar las discusiones sobre religión.

Otra de las famosas leyendas urbanas que han seguido a tantas estrellas del rock drogadictas durante los 70 fue la del famoso 'cambio de sangre'. Se dijo de Eric Clapton y de Keith Richards, que iban a una clínica Suiza regularmente a cambiarse la sangre para limpiarse de los excesos de la heroína. En el libro Richards cuenta como es la historia y por fin podemos saber que sí, que la clínica existe, que es carísima y que en menos de una semana estás completamente limpio de droga sin necesidad de pasar un síndrome de abstinencia. También es cierto que se hace una serie de tratamientos en la sangre del paciente pero para saber como es el proceso y si verdaderamente se les cambia o no la sangre, eso mejor que lo lean.

Y sí, también habla de sus famosas caídas de cocoteros y ataques de bibliotecas enfurecidas que le obligaron a suspender algunos conciertos de las últimas giras y que tanta risa le causó a más de uno.

Las mujeres son imposibles

NICOLE THIBON
Público



“¡Las mujeres son imposibles! ¡Hay que ver cómo nos esquivan!” –Aristófanes–

Decididamente, la vida en 2009 es estupenda. Dos mil años de filosofía, más de dos siglos hablando de igualdad, y a las mujeres se las sigue discriminando en el trabajo, se les paga menos, y están sub-representadas en todos los centros de decisión; y ello, en la mayor parte de los países desarrollados del planeta. El 12 de mayo de 2009, los ministros de los 47 estados miembros del Consejo de Europa lo dijeron, esta vez de manera muy clara y contundente: “¡Hay que consolidar en los hechos la igualdad entre mujeres y hombres!”. Pero los hechos son testarudos y hablan más claramente que las palabras.

Según el informe Grésy de julio de 2009, el 47% de los trabajadores de Francia ya son mujeres. Con un 54% de diplomadas, están además mejor preparadas que sus colegas masculinos. Y las cosas parecen ir a más: este año obtienen el bachillerato el 70% de las muchachas, contra el 59% de los muchachos.

Pero hay que leer la primera página de Le Monde del pasado 13 de julio: “¿Un 40% de mujeres a la cabeza de las grandes sociedades?”. Una lectura demasiado rápida podría pasar por alto los signos de interrogación. No se trata de una realidad sino de imponer una cuota en los sectores privado y público, objetivo eminentemente positivo y que manifiesta una loable buena voluntad, pero que subraya lo desastroso de la situación actual. En Francia sólo hay un 10,5% de mujeres en los consejos de Administración de las empresas que cotizan en Bolsa; en los de las primeras 500 empresas, sólo un 8%.

Pero las francesas no se pueden quejar, si se las compara con el 6,6% en las 300 grandes empresas españolas, el 2,1% de las italianas y el 0,8 de las portuguesas. Sólo algo más de la mitad de los países del mundo publican datos estadísticos. “La contribución de las mujeres no aparece aún en las estadísticas oficiales”, dice un informe de Naciones Unidas de 2008. Es lo que púdicamente suele llamarse “la invisibilidad de las mujeres en los centros de decisión”.

Cuando las cosas no se hacen según la lógica y el sentido común, queda la ley. Es así que la solución tendrá que volver a ser la imposición de una cuota –que por otra parte da siempre excelentes resultados en política, en todos los países en que se la aplica–. Las empresas francesas tienen seis años para arreglar las cosas, y el sector público sólo cuatro. Las empresas noruegas sometidas a la cuota han llegado rápidamente a un 44,2% de mujeres en sus consejos de Administración. Se calcula que, si no se impusiera una cuota, se necesitarían 50 años para alcanzar cierta igualdad en los países normalmente desarrollados. Lo importante es no perder la paciencia.

El asunto es aún más cómico en el plano salarial. Pese a todas las recomendaciones y requerimientos, “las diferencias de salario se mantienen”, afirma el informe Grésy, y la remuneración global media de las mujeres es un 27% inferior a la de los hombres o, si se quiere, la de los hombres es un 37% superior a las de las mujeres. Es más: la diferencia máxima se halla en el sector de los ejecutivos; un 30,8%. Y más todavía, cuanto más diplomas o años de edad tiene una mujer, menos se le paga con respecto a su equivalente varón: un 32% de diferencia.

La situación no es menos divertida en Estados Unidos. Según un estudio de los sindicatos AFL-CIO, “la mujer de 25 años que trabaje a tiempo completo todos los años hasta que se jubile a la edad de 65, ganará 523.000 dólares menos que el trabajador masculino promedio”.

No es consuelo el que en otras partes sea peor. Según estimaciones recientes, las mujeres africanas constituyen el 70% de la mano de obra agrícola y producen el 90% de los alimentos. Su tasa de actividad económica es 61,9% superior a la de todos los países de la OCDE en su conjunto. Y, eso sí, son las más pobres y maltratadas.
España mantiene valientemente su posición en las estadísticas. Según un informe sobre el mercado laboral publicado por Manpower, las mujeres ganan un 50% menos que los hombres en el sector privado español y un 10,7% en el sector público, lo que significa que el salario medio de la mujer en España es un 34,7% inferior al del hombre. Todo se explica, según el analista, porque el tiempo de trabajo de la mujer es un “13% inferior al del hombre”, porque existen “diferencias en las características individuales” y porque cuando aumenta la experiencia laboral la diferencia salarial “se incrementa”, dado que la mujer “tiende a abandonar” su presencia en el mercado, sobre todo entre los 35 y los 40 años. ¡Cuando las cosas se explican bien todo se comprende! Lo que se comprende mucho más fácilmente es la acentuada tendencia a crear cooperativas de mujeres un muchas partes del mundo y, en particular, en España. Como lo exponía María Carmen Martín García, durante el reciente y brillante coloquio internacional Voces Mediterráneas III en Granada, estas cooperativas se basan en “los valores de ayuda mutua, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad…, una ética de honestidad, transparencia, responsabilidad social y preocupación por los demás”. Movimiento originado en el Reino Unido en 1883, la Alianza Cooperativa Internacional reúne hoy 218 cooperativas de 78 países, y representa a más de 800 millones de personas. La Asociación de Mujeres Empresarias Cooperativistas española se dirige a mujeres que quieran poner en marcha un negocio bajo la fórmula empresarial de una cooperativa.

Podemos imaginar fácilmente que, harta de ser discriminada, mal pagada y con pocas posibilidades de promoción real en relación con su capacidad, la mujer activa, cada vez más educada y diplomada, y consciente de su dignidad, se encuentra más a gusto en un ambiente igualitario y transparente. Una no lo dudaría.

'El club de los estrellados', Joaquín Berges. De la metamorfosis y los cometas


LUIS BORRÁS
Aragónliterario




Que alguien te confunda con otro es la ocasión perfecta para vivir una aventura. Imagínatelo.

Por error un tipo te entrega un sobre y tu trabajo consiste en encontrar al destinatario.

La oportunidad para dejar de ser un vulgar insecto y creerte un agente secreto en misión especial. Muchos hemos querido alguna vez protagonizar ese sueño peliculero.
Que una casualidad ponga a una mujer adorable en la órbita de un solitario es un golpe se suerte. Como encontrarte un billete de lotería premiado en mitad del desierto. Lo malo es que el décimo tenía un hilo atado en un extremo y el dueño tan sólo tiene que dar un tirón para recuperarlo y dejarte a ti con las manos vacías.
Pero “El club de los estrellados” no es una simple aventura urbana ni una triste historia de amor intimista. Son dos amigos, dos hombres, dos historias, dos líneas que parten del mismo punto muerto. Y que como en esos gráficos de las cotizaciones en bolsa, llevan el mismo camino pero en sentidos opuestos, mientras una sube la otra baja. Los dos se arriesgan, pero uno vence y el otro pierde. Uno actúa, el otro contempla y escucha. Mientras uno -jamesbond narizotas, orejón y peludo- vive su propia aventura repleta de sexualidad y valor que le hará ganar el amor, el otro pasa los días coleccionando por entregas un monólogo devastador y cruel que al final le dejará sin premio.

Los dos forman parte de un club de solteros, divorciados o viudos que se dedican los sábados por la noche a observar estrellas para huir de alguna de las múltiples versiones de la soledad. Lo que pasa es que uno -fetichista de la ropa interior femenina, hermafrodita y voyeur que combate la depresión de su rutinaria soledad con ansiolíticos y que duerme recurriendo a la química- se lanza por un tobogán que le hará transformarse en un kamikaze enamorado; mientras que el otro –tímido crónico- apuesta al amor con la desventaja del gafe y el destino del pagafantas: ser el perfecto confidente, el amigo fiel. A uno la casualidad le lleva hasta la mujer adecuada, al otro la casualidad le trae junto a él a una mujer herida de cáncer y amor incurable. Uno es capaz de entrar en territorio enemigo y liberar rehenes, el otro tendrá que contemplar las típicas sonrisas, la emoción del reencuentro, los nervios frente al armario y el espejo dedicados a la cita con otro hombre.

Los dos asisten a un striptease emocional: uno al propio, otro a uno ajeno. Uno encuentra la mirada, el cuerpo y el sabor, las caricias y el silencio que llenan el vacío de su vida, el alumbramiento que le llevará a luchar en una guerra a la inversa, a luchar no para sobrevivir sino para dejar de estar muerto. El otro contemplará sin sexualidad ni deseo el cuerpo desnudo de una mujer y tendrá que soportar la dolorosa exhumación del pasado, escuchar resignado las palabras que le dejan fuera de juego. Los dos descubren algo: uno lo que no sabía y llevaba tiempo buscando y el otro la confirmación de lo que ya conocía.

La novela de Joaquín asombra y divierte, desgarra y duele, habla de liberación y secretos, conquistas y despedidas, de aves migratorias y crisálidas; hace posible lo increíble y dolorosamente real lo imposible. Habla de la metamorfosis animal de un hombre, un extraño héroe con peluca, liguero y tacones; y de un solitario melómano, astrónomo privilegiado, que tuvo la suerte de contemplar, sin telescopio y a plena luz del día, a un hermoso cometa, una estrella fugaz e inalcanzable, que quizás, porqué no, algún día regrese.

Por qué los estadounidenses no quieren un sistema de salud pública

CRISTINA F. PEREDA
Soitu




Más de 47 millones de norteamericanos vive sin seguro médico. A estos se suman 14.000 cada día. Sin embargo, 1 de cada 6 dólares que consume Estados Unidos lo hace en gastos médicos. El 62 por ciento de las familias que se declaran en bancarrota lo hacen arrastradas por facturas médicas. El coste de un parto roza los 10.000 dólares. Y el de una analítica completa, los 700.

Esto se traduce en la costumbre de ver por la calle a gente que va al trabajo en condiciones en las que en España les darían la baja. Pocos van en muletas si necesitan una escayola en una pierna. Si tienen un brazo escayolado, trabajan con el otro. Si se quedan en casa, trabajan desde casa. Si tienes gripe o fiebre, lo normal es mandar un email al jefe dando cuenta de la temperatura exacta. Todo por no perder el trabajo. Ni el seguro médico. Pero, ante una situación así, ¿por qué los americanos son tan contrarios a una cobertura médica universal?

El primer obstáculo para conseguir cobertura para todos son los 200 millones de norteamericanos que sí tienen seguro. El segundo obstáculo son los 60 millones que tienen un seguro insuficiente: Obama tiene que convencerles de que las nuevas opciones serán mejores. El tercer impedimento es el individualismo estadounidense. Un sistema público implica que los costes médicos corren a cargo del estado gracias a los impuestos de los ciudadanos. La lectura que hacen algunos norteamericanos es que no quieren pagar con sus impuestos los medicamentos al vecino de al lado. Ni a los más pobres. El país ya cuenta con un sistema para los gastos médicos de aquellos que ganan menos de 10.000 dólares al año, llamado Medicaid y que Obama quiere extender a mayor parte de la población.

Y cuarto. El complejo sistema sanitario y legal que enmarca las reglas del juego de las aseguradoras, los altos costes de cualquier tratamiento y los miles de millones de dólares que gastan al año las compañías farmacéuticas en financiar las campañas de los políticos. Para que después no lleguen al congreso y firmen por un plan que reduzca sus ingresos. Como podría pasar con un sistema universal.

Para resolver todos estos problemas de un plumazo, Obama no apoya un sistema de salud universal o público sino un sistema de pago compartido. Para el que tenga trabajo y su empresa le proporcione un seguro, podrá quedarse con él. Para el que no tenga trabajo ni seguro, el estado —mediante un sistema como el español— mantendrá cubiertos sus gastos médicos.

La propuesta de Obama sonaba perfecta durante su campaña electoral. Pero la situación es mucho más complicada que decir a una audiencia entregada que habrá "seguro médico para todos".

En estos momentos hay tres propuestas de ley en el Congreso y en el Senado para reformar el sistema actual. Las dos cámaras tendrán que ponerse de acuerdo, pero los senadores ya han dicho que no llegarán a la fecha límite deseada por el presidente, que quería ver resultados antes de las vacaciones de la semana que viene. Antes de que Obama pueda aprobar cualquier reforma, varios comités dentro del parlamento tendrán que ponerse de acuerdo. Dentro de cada comité, además, cada congresista y senador tiene un ojo en la legislación y otro en sus intereses electorales personales.

La economía puede ser la clave

Si hay una preocupación que ciudadanos y legisladores tienen en común es el coste de la reforma. Aunque no todos lo vean desde el mismo punto de vista. Estados Unidos gasta casi tres billones de dólares al año en cuidados médicos. Para cada familia se traduce en una media de 1.800 dólares anuales sólo en la póliza sanitaria. Cualquier enfermedad por sencilla que sea empieza a multiplicar la cifra. El argumento de Obama es que si las familias están endeudadas de esta forma, no pueden contribuir a la recuperación de la economía estadounidense. Sus opositores le contestan que endeudando más al país para que todo el mundo tenga cobertura tampoco va a sacar a Estados Unidos del agujero.

La propuesta de los más liberales —recordemos que cualquier opción universal es tachada en Estados Unidos de "socialista"— incluye que los ricos paguen más impuestos para contribuir a la cobertura de los más pobres, que las empresas estén obligadas a proporcionar un seguro a sus empleados a partir de cierta cantidad de beneficios; que las aseguradoras médicas no puedan negar una póliza a ningún ciudadano por enfermedades o condiciones pre-existentes, y que tampoco puedan cobrar más por el mismo seguro a una persona enferma que a una sana (en el momento de contratarlo).

Los conservadores no sólo se oponen a un sistema universal porque no quieren que el gobierno se interponga entre médico y paciente. Tampoco quieren que los empresarios estén obligados a proporcionar el seguro a sus empleados ni que los contribuyentes paguen con sus impuestos la cobertura de otros.

Como ejemplo de la complejidad del asunto, dos comités del congreso están enredados estos días en discusiones sobre la cifra que separa a una empresa con suficientes ingresos como para asegurar a sus empleados de otra a la que no se puede obligar a hacerlo.

La salud de los americanos empeora

Las numerosas apariciones públicas y ruedas de prensa de Obama, así como de los demócratas, no ayudan a deshacer el embrollo. Tampoco han hecho que los ciudadanos tengan más claras las diferencias entre una y otra propuesta. Pero el contexto económico puede que sea la única diferencia —y el único factor de ventaja para Obama— entre esta reforma y todas las que han fracasado en el pasado. El último intento protagonizado por el matrimonio Clinton tuvo lugar en un contexto en el que la salud de los norteamericanos mejoraba cada año. Sin embargo, 2008 fue el cuarto año consecutivo en que la salud nacional se estancó por el aumento de la obesidad, la falta de cobertura médica entre la población y el abuso de malos hábitos alimenticios y tabaco (según el Centro de Control de Enfermedades).

No hay nada que convenza mejor a los norteamericanos sobre la necesidad de un cambio que sentirse amenazados individualmente. Las cifras de 14.000 personas sin seguro cada día les recuerdan que el siguiente puede ser cualquiera. Y ese cualquiera puede tener un accidente de coche o ser diagnosticado con una enfermedad grave mañana mismo.

Para los más críticos con el asunto, el problema de la reforma es que está basada en un sistema que ya se ha demostrado que no funciona. Los costes médicos son demasiado altos y la simple reducción en los precios de pruebas y medicamentos ayudaría a extender la cobertura médica. Pero esto significa que las compañías aseguradoras verían reducidos sus ingresos. Por el momento, una misión imposible. Por eso Obama parece convencido en que poner un parche sobre los agujeros del sistema actual servirá como solución.

Estoy desnudo y otros cuentos, de Yasutaka Tsutsui (Ed. Atalanta, 2009)


JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ
Deriva




Hasta el año pasado, Yasutaka Tsutsui era un perfecto desconocido en nuestra lengua. Y sin embargo, tiene detrás una obra importante y popular en su país: escritor de culto cuyos relatos han sido adaptados al cine, tanto de animación como con actores de carne y hueso. Una primera colección de cuentos, Hombres salmonela en el planeta porno, nos lo daba al fin a conocer. Ahora se edita Estoy desnudo y otros cuentos, antología personal del autor seleccionando sus mejores cuentos. “Yo soy el espíritu de la Astracanada”, proclama alguien cerrando uno de sus relatos, no sabemos si el propio autor o el protagonista de este relato, un personalidad múltiple cuyas dieciocho voces se dejan oír, cada uno con su perfectamente distinta caracterización –el Cursi, el Salido, el Currante…- en la aventura que supone, a lo largo de todo el cuento, “echar un polvo”.

Es el que cierra el volumen. Antes de llegar a él, y como sucedía en la entrega anterior, también publicada por Atalanta -nueva y ya imprescindible casa editorial de Jacobo Siruela-, Tsutsui alterna en sus relatos argumentos sacados de la cotidianidad urbana, poblada de oficinistas trepas y lujuriosos, con argumentos de la ciencia ficción; añadiendo en esta colección, por ejemplo, la figura tradicional japonesa de un oni -demonio, mal genio o duende con cuernos, aclara el traductor en una de sus necesarias, justas y bien traídas notas al pie-. En el relato que abre el libro, una pareja abandona desnuda uno de esos hoteles a los que los japoneses son tan aficionados dadas las escasas dimensiones, y la escasa intimidad, de sus viviendas; van desnudos porque un incendio les ha sorprendido en pleno acto sexual. Porque ella está casada, tiene más miedo de que la vean mirones que a morir abrasada; él, soltero, no solo teme que lo vean desnudo sus compañeros de trabajo: además, tiene una imperiosa necesidad e ir al baño; se avecina diarrea, para más señas.

Por su gusto por la ciencia ficción y también por la metaficción, se le ha calificado de Philip K. Dick japonés. Lo cierto es que esa metaficción la practica de forma diferente a Dick, menos paranoica, digamos; más psicótica que paranoica. Si algo tiene en común con el escritor estadounidense es un humor que desborda, cual riada imparable, cualquier dique que le salga al paso. Humor metafísico y delirante en el caso de Dick; en el de Tsutsui, yo no he dejado de recordar los cómics de nuestro Vázquez.

El sexo, la violencia, el egoísmo y los peores resortes del ser humano son elementos que Tsutsui podría haber sacado de su declarado amor por el psicoanálisis. También es admirador de los hermanos Marx. Esos elementos conviven en este libro con, por ejemplo, dos descacharrantes ilustraciones, en distanciadora clave de ciencia ficción, del (mal)entendimiento entre culturas diferentes: como Stanislaw Lem en su Diario de las estrellas, sus personajes nos vienen del futuro o visitan distantes planetas para practicar un humor corrosivo e ilustrativo sobre nuestro presente; con él comparte el gusto por el absurdo; aunque, a diferencia del autor polaco, Tsutsui hace gala en todo momento de un humor que deviene de sal gorda. “Es en estos casos en los que se revela la naturaleza humana”, reflexiona aquel primer personaje que atraviesa en pelotas una gran avenida y en busca de un taxi, tratando de aguantar su diarrea.

Y lo extraño es que el resultado no arroje un sabor vulgar, sino todo lo contrario. En el siglo XX nos ha llegado la tradición novelística japonesa a través, fundamentalmente, de Yasunari Kawabata y Yukio Mishimia: nos dejaron el testimonio de una extraordinaria sensibilidad aliada a una extraordinaria perversidad. Tsutsui resulta un extraño precipitado, tras leer a los autores anteriores: otra faceta, o rostro, de dicha herencia. El de la portada de este nuevo libro, por ejemplo: un personaje del teatro tradicional Kabuki sacándonos la lengua.

Es curioso que el manga o cómic japonés sea un medio que tienda a los argumentos difusos, cuando no confusos, y generalmente inacabables: Tsutsui también ha sido adaptado a dicho medio, pero sus argumentos, por el contrario, son exactos; al igual que su estilo diáfano y certero, juzgando a través de la traducción que se nos sirve: teje sin ambages ni circunloquios, sin cesar, sus avatares. Antes citábamos a Vázquez y pienso en él porque el autor español nos dio su versión de lo que era una historieta desde los grises y encerrados en sí mismos años del franquismo con el agente secreto Anacleto y celebraba, en el último tramo de su obra -tiempos más benignos para narrarlos, con su mismo estilo de siempre pero ahora en primera y supuestamente autobiográfica persona-, sus (des)venturas con el fisco o con numerosas y furibundas compañeras de escarceos sexuales. Yasutaka Tsutsui es una suerte de Philip K. Dick mezclado con Vázquez, la versión subversiva de nuestra sociedad; con un omnipresente capitalismo que Deleuze calificaba de esquizofrénico y que en Japón ve acentuados sus rasgos al paroxismo, quizás en contraste con -¿potenciados por?- las viejas costumbres de este país. Nos resulta por fuerza singular una literatura que, como la nipona, tiene la primera muesca de su canon narrativo en una obra de más de mil seiscientas páginas, La Historia de Genji, escrita por una mujer a mediados del siglo X y que se adelanta además en siglos a los grandes ciclos novelísticos occidentales. “Mujer loca que espanta espíritus maléficos”, tal personaje recibe al lector de este volumen de Yasutaka Tsutsui: una mujer sacando la lengua; un personaje tradicional del teatro Kabuki.

En inglés ya se le ha adaptado al teatro y han empezado a publicarse algunas de sus novelas; solo resta que en español continúe esta labor y sigamos disfrutando de este nuevo, para nosotros, e inmenso talento satírico.

Los 'traidores' de Hitler serán rehabilitados

Alemania anulará las condenas de los soldados del Ejército que conspiraron contra el nazismo

ANNA-MARIA HOLLAIN
El País



Pocos días antes del 70º aniversario de la invasión de Polonia en septiembre de 1939, el próximo 26 de agosto, el Bundestag [Cámara baja del Parlamento] alemán rehabilitará por fin a los llamados traidores de guerra: los soldados de la Wehrmacht acusados de haber favorecido al enemigo y perjudicado a las propias tropas. Los nacionalsocialistas equiparaban con ese término la solidaridad con judíos acosados, la resistencia política, los comentarios negativos sobre Hitler en un diario o las posturas críticas con la guerra de miembros del Ejército.

Los sectores más conservadores del país han esgrimido siempre la presunta puesta en peligro de los compañeros de armas para rechazar cualquier intento parlamentario de revocar los fallos. Pero el análisis de sentencias conservadas no ha sacado a la luz caso alguno con esas características. En el libro Das letzte Tabu , publicado en 2007, un equipo de investigadores liderado por el historiador Wolfram Wette analiza 33 juicios por "traición de guerra" contra más de 60 soldados. La conclusión: no existía delito colectivo. "El único rasgo común de todos estos casos es la aplicación indiscriminada de la pena de muerte", explica Wette.

El 22 de diciembre de 1942, el teniente de las fuerzas aéreas Harro Schulze-Boysen, el tirador Kurt Schumacher, así como el operador de radio Horst Heilmann mueren como traidores de guerra en la horca de la prisión Berlín-Ploetzensee. Junto a estos militares se ejecuta también a varios civiles: tres mujeres -una de ellas la esposa del teniente Libertas Schulze-Boysen- y tres hombres son guillotinados, Otros dos hombres, ahorcados. La justicia nazi aplica un término distinto para el supuesto crimen de los civiles, se trata de "alta traición". Pertenecían al grupo de resistencia Rote Kapelle, nombre que acuñó el Gobierno de Hitler para un conjunto de diversos círculos de oposición. Desde agosto de 1942 hasta marzo de 1943 el Reichskriegsgericht

[el Tribunal Supremo Militar] y el Volksgerichtshof condenan a muerte a más de 60 de los alrededor de 150 miembros ubicados en Berlín. Fue uno de los grupos de resistencia más numerosos del III Reich y sus objetivos comunes radicaban en conseguir el fin inmediato de la guerra y la restitución de los derechos humanos.

Gracias a Harro Schulze-Boysen, la Rote Kapelle tenía acceso a documentos secretos de la Wehrmacht: intentaba pasar esas informaciones a representantes de las embajadas norteamericana y soviética. La labor de los activistas, provenientes de todos los estratos sociales, incluía la ayuda a ciudadanos amenazados por los nazis tanto como a trabajadores forzados. Asimismo, la documentación de crímenes violentos de los alemanes en las zonas ocupadas y la difusión de panfletos antibelicistas. Esas actividades constituían infracciones inaceptables para "una jurisdicción elástica, sostenida por jueces autorizados por Hitler a endurecer la ley", precisa el historiador militar Manfred Messerschmidt. Los trabajos de este autor fueron fundamentales para que en 1995 el Tribunal Supremo pudiera sentenciar que los magistrados del régimen nazi "deberían haber respondido de prevaricación y comisión de crímenes capitales".

Los traidores de guerra representan los últimos damnificados por la justicia militar del III Reich a la espera de una absolución simbólica, pues ninguno de ellos la vivirá. "Anular las sentencias de manera global significa revocar también los fallos legítimos. Así se deslegitima a los jueces y se les califica como criminales", responde tajante Norbert Geis, diputado del ala más tradicionalista de la bávara Unión Social Cristiana (CSU) y miembro de la Comisión de Derecho del Bundestag. Esa objeción no convence, sin embargo, al experto Wolfram Wette: "No es que se desacredite a los jueces, es que están deslegitimados".

La "traición de guerra" constaba ya en el Código Penal Militar de 1872. En 1934, Hitler decidió generalizar la pena de muerte para los supuestos traidores en el Ejército, aunque la ley de 1872 sólo la preveía para casos precisos. Se eliminaron todas las definiciones concretas, así que se conservó únicamente el párrafo 57, que exigía la pena capital.

En 1998 el Gobierno de CDU/CSU y FDP aprobó la llamada Ley para la Anulación de los Fallos Injustos Nacionalsocialistas contra las personas "condenadas por razones políticas, militares, racistas, religiosas e ideológicas". La coalición excluyó de manera consciente a los desertores y traidores, argumentando que no quería poner en la picota al resto de los veteranos. Pero la opinión pública que antes había tachado de cobardes a los desertores, objetores de conciencia y traidores, ya había cambiado gracias a exposiciones sobre los crímenes del Ejército alemán de 1939 a 1945, además de testigos como Ludwig Baumann, desertor de la Wehrmacht y presidente de la Asociación Federal de Víctimas de la Justicia Militar del Régimen Nazi, organismo que cuenta con el asesoramiento de expertos en la materia como Wette y Messerschmidt.

De los 30.000 condenados a muerte por la justicia militar nazi, 20.000 fueron ejecutados y Baumann quería recuperar la dignidad de todos ellos, no sólo la suya. La creciente presión pública llevó al Gobierno de SPD y Los Verdes a anular también, en 2002, las sentencias contra los desertores, los objetores de conciencia, así como los homosexuales, con los votos en contra de CDU/CSU y FDP.Pero aún quedaban fuera los traidores de guerra. En 2006, la ministra de Justicia Brigitte Zypries (SPD) escribió a Baumann que no se les podía incluir en la ley de 1998 puesto que no se podía descartar que perjudicaran a otros soldados alemanes. Los comparó además con militares que maltrataron a sus subordinados, con saqueadores y con profanadores de cadáveres. A Baumann aquella carta le "escandalizó": "No todos los soldados alemanes eran asesinos, evidentemente. Todos servían, sin embargo, en los ejércitos que perpetraron una guerra de exterminio y de agresión. Me parece increíble que se valore más el posible peligro para los soldados alemanes que la salvación de millones de presos en los campos de concentración, de civiles e incluso de los mismos soldados".

Baumann se dirigió entonces al partido Die Linke [la Izquierda] donde encontró apoyo para su última lucha. Sesión tras sesión, durante más de tres años, el diputado Jan Korte (Die Linke) proponía, en la Comisión de Derecho, un proyecto de ley para rehabilitar a los traidores de guerra. A principios de 2009 la ministra de Justicia pidió un informe sobre la legitimidad del párrafo 57 al ex juez del Constitucional Hans Hugo Klein, afín a la CDU. Éste concluyó de forma inequívoca que el artículo era "incompatible con los principios de un Estado de derecho" ya que únicamente establecía la pena de muerte sin tener en cuenta la gravedad de cada caso.

Pero los políticos aún tardaron varios meses en ponerse de acuerdo. Hasta finales de junio, Jan Korte y varios diputados de Los Verdes y del SPD consiguieron las firmas de más de 160 diputados de diversos partidos para un proyecto de ley conjunto. Como la CDU siguió con su actitud de bloqueo, una parte del SPD abandonó por fin su resistencia a rehabilitar a los traidores de guerra con Die Linke y Los Verdes. Esto llevó a la CDU a cambiar de rumbo, para no quedarse sola en la oposición a una ley mayoritariamente apoyada por la población. Pero en lugar de sumarse al proyecto de ley conjunto, propuesto por Die Linke, creó otro igual con el SPD, compañero de coalición de Gobierno. "No importa quién haya escrito la ley. Lo que importa es la señal que da 64 años después de la guerra", afirma Jan Korte.

Ahora sólo queda por incluir a los verdugos en la recuperación de la memoria histórica. Ninguno de los magistrados fue condenado por los juzgados alemanes después de la guerra. "Habría que revisar el papel de los jueces en la posguerra. Muchos lograron puestos importantes en tribunales desde los cuales rechazaron todas las peticiones de indemnización de las víctimas", subraya Messerschmidt.